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Centros Chilenos en el Exterior


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Se muestran los artículos pertenecientes a Enero de 2014.

Chile: La batalla de los trabajadores del mar

“¿Por qué me desenterraste del mar?” Rafael Alberti

Andrés Figueroa Cornejo

1. Mientras por arriba se espera el fallo oficial de la Corte de la Haya respecto de las reyertas limítrofes entre los Estados de Perú y Chile, y en una maniobra de sainete se ‘desintegra-depurándose’  el partido del presidente Piñera, Renovación Nacional, en la vida real la huelga de los trabajadores portuarios hace historia.

Sobre el dictamen internacional a favor de Perú, cuyos efectos concretos no se verán salvo en las tiras cómicas y mapas escolares, los capitales transnacionales de asentamiento chileno en plena expansión en el mercado peruano, como el pronorteamericano tratado de libre comercio Alianza del Pacífico (Chile, Perú, México, Colombia y Panamá), organizan y ponderan las reacciones de ambas cancillerías. Los más pacientes sabrán escuchar las bravatas abanderadas de rigor, y habrá algún incidente menor para ilustrar las querellas.

En cuanto al partido de gobierno, Renovación Nacional –variante aparentemente menos conservadora que la derecha militarizada (UDI)-, su desmantelamiento es un ejercicio de oportunismo y espléndida reformulación, tal cual un banco quebrado cuyos accionistas más audaces retiran los pocos papeles con algún valor que restan ante el desastre del emprendimiento. Un modelo de resiliencia y capacidad de flotación que puede seguirse por televisión abierta.

Pero la huelga portuaria es lo importante.

2. Las condiciones salariales, laborales y contractuales de los trabajadores portuarios en Chile son paradigma de una de las formas que el capitalismo emplea en la actual fase para intentar amortiguar la caída tendencial de sus utilidades a través de la intensificación de la explotación del trabajo humano en el área de las exportaciones, clave y sentido de la economía dependiente chilena.

 En términos inmediatos, las demandas de los hombres de mar y de la comunidad que gira y sobrevive a su alrededor sintetizadas en la paralización de faenas que arrancaron en los puertos de San Antonio y Mejillones tienen que ver con los sistemáticos incumplimientos de las administraciones del Estado, tanto de la ex Concertación, como de la Alianza (*). La reivindicación de fondo apunta al fin del subcontratismo, la tercerización, el subempleo. Esto es,  al término de uno de los modos capilares de acumulación, concentración y reproducción capitalista a escala mundial.

 Debido a lo anterior la artillería estatal, empresarial y sus extensiones representativas en el sistema de partidos políticos funcional, se ha descargado con saña sobre el movimiento que comenzó la última semana de 2013. La represión, amenaza y hostigamiento se han manifestado a través de los cercos de la policía militarizada y la Armada,  las penas del infierno de la Confederación de la Producción y el Comercio (CPC, gremio empresarial) debido a las ‘pérdidas millonarias’ en materia de exportación, daño a imagen-país a la hora del examen de las evaluadoras de riesgo internacionales por ‘falta de disciplinamiento laboral’ y eventual retraso de compromisos comerciales; y el tradicional chantaje de los camioneros –peonada y carne de cañón del capital-, que dramatizan presiones de ‘solución urgente’ sobre el gobierno para que intervenga con mayor protagonismo. Naturalmente, y como si fuera poco, la lucha portuaria ha debido encarar rompehuelgas, dirigentes falsos, distorsión mediática de sus objetivos, etc.

 En tanto, la solidaridad activa de sectores mineros y estudiantiles al interior del país (y solidaridad amplia de otros ámbitos del trabajo, de formaciones de DDHH del siglo XXI y de pueblo organizado), como internacional, se multiplica por minuto. Sin embargo, aún resulta insuficiente.

 3. Si bien las revoluciones sociales no las hace el sindicalismo, sino que el conjunto mayoritario de los oprimidos -donde los trabajadores cumplen un rol estratégico por su situación objetiva, sentido y posibilidades de aportar a la ingobernabilidad y a la conducción política de un pueblo insurrecto-, la lucha portuaria hoy, con su solo movimiento y resistencia, construye las condiciones de la superación de la mansedumbre, resignación, fatalismo y ausencia de disposición combativa de la fuerza asalariada en Chile  e incluso de sus instituciones convencionales.

 En este sentido, la incorporación subsidiada electoralmente de la dirección del PCCh a la ex Concertación (hoy, Nueva Mayoría) a cambio de vaciarse poli-éticamente, se ha expresado en la conducta del directorio de la Central Unitaria de Trabajadores (CUT), cuyo silencio frente al conflicto portuario descubre su funcionalidad sistémica para la contención social. Y atención, que el descrédito de la militancia bacheletista que hegemoniza el directorio de la CUT no tiene nada que ver con alguna conspiración solapada y febril del también ineficaz ‘sindicalismo rojo’. La prioridad estratégico destructiva contra los trabajadores organizados (ejecutada con venganza cerebral, criminal y luego legal) desde la madrugada de la contrarrevolución capitalista inaugurada por la dictadura militar de 1973 y profundizada durante los gobiernos civiles desde los 90’, debilitó hasta la propia posibilidad de existencia de un sindicalismo economicista tradicional.

 Por ello la batalla de los portuarios marca una inflexión histórica. Y por eso los portuarios en particular son promesa de polo, eje tractor y puesta al día del nuevo sindicalismo chileno.

 4. Así como los niños no salen de un repollo, los movimientos sociales no son espontáneos. Tienen historia. Y la historia de la batalla de los trabajadores portuarios ha cumplido plazos, quemado alternativas, combatido muchas veces. El pueblo trabajador del mar privatizado de Chile (cuyo lugar en el mundo es apenas un borde costero apretado contra la armadura andina) es hoy resultado y resumen de las transformaciones capitalistas llevadas a su propio límite. De allí la radicalidad de la organización portuaria, su escepticismo ante las promesas de las administradoras ejecutivas del Estado, del empresariado y del sistema político. Si bien siempre existen los peligros de la cooptación de sus liderazgos, esta vez los portuarios han tomado precauciones, adoptando la arquitectura democrática de los estudiantes secundarios y del pueblo mapuche: vocería en permanente evaluación y potencial revocabilidad.

 Las articulaciones políticas anticapitalistas no pueden restarse de semejante experiencia. De hecho es precisamente en el movimiento real que resiste y en cuyo seno están los materiales de la superación del sindicalismo de la obsecuencia, donde debe navegar la rebeldía cuando se trata del territorio del trabajo. Poniéndose a disposición y ofreciendo destrezas complementarias, compartiendo y sistematizando aprendizajes en la práctica concreta, politizándose mutuamente. Hermanándose.

 También de esa reunión infatigable, auténtica y fraterna amanece la conducción política autorizada para revolucionar la vida.  

 *Respecto de los antecedentes generales, contexto y aspectos del proceso que enmarcan el actual conflicto, pueden revisarse las siguientes entrevistas con dirigentes portuarios  realizadas durante los últimos 7 años:

http://www.rebelion.org/noticia.php?id=144478,

http://www.rebelion.org/noticia.php?id=107875,

http://www.rebelion.org/noticia.php?id=105483,

http://www.rebelion.org/noticia.php?id=100113,

http://www.rebelion.org/noticia.php?id=56187

 

 

 

 

20/01/2014 21:06. Publicado por: Arístides Chamorro Rivas #. Andrés Figueroa No hay comentarios. Comentar.

Negociación para el siglo XX1:

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  Por: Omar Villanueva Olmedo Director Gral. OLIBAR Consultores Int´l, Lic. Ciencias Ec. & Adm. (FEN) Universidad de Chile   

 Las negociaciones por conflictos  entre dos o más partes, instituciones o individuos, se pueden describir y analizar desde varios puntos de vista: 

  1. ¿No es mejor que un conflicto entre partes se arregle entre ellas,  en vez de elegir otros procesos en que intervienen otros intereses - y muchos  otros objetivos – que  para algunas partes son generalmente monetarios y de lucro o de espurios prestigios internacionales? 

  2. ¿Una  negociación no es una relación entre dos o más partes, que tienen objetivos diversos y tienen diferencias, y por la cual una de las partes quiere u obliga a la otra a negociar? 

  3. ¿No es conveniente que las instituciones importantes  negocien de acuerdo a su   estrategia superior (del  país, corporación, empresa u otra), y para eso no hay que disponer,  primero, de una estrategia desarrollada, conocida y explícita para negociar en función de ella?  

  4. ¿No es conveniente que los negociadores tengan diferentes profesiones, no sólo legales, de manera de considerar  otras variables y desarrollar los  objetivos, los planes principales, los planes contingentes y que los negociadores tengan  experiencia acreditada y con éxito anterior en negociaciones de semejante naturaleza? 

  5. ¿Acaso la negociación -sin límites- no tiene incertidumbres y riesgos, dado  que el proceso  puede recorrer muy diferentes caminos, se pueden dar muy diferentes escenarios, pueden ocurrir muy diferentes cambios en las tendencias y llegar a acuerdos a veces ni vislumbrados desde un comienzo? ¿No es acaso indispensable contar con la participación constante de expertos en los "métodos sobre anticipación del futuro", tan escasos en casi todas las actividades nacionales de un país que todavía no cuenta con Agencia de Estudios del Futuro (ADEF) para sustentar su estrategia de largo plazo? 

  6. ¿Se puede olvidar, acaso,  que la  implementación de los acuerdos  es una continuación de la negociación, puesto que las interpretaciones de los acuerdos pasan por el sentido de las palabras, por los estilos de negociación, por los elementos culturales de cada parte y por los diferentes recursos que se pongan a disposición para la resolución del conflicto? ¿Se reconoce que esta etapa puede durar décadas y siglos, con futuros muy inciertos y con potenciales nuevos y aún más críticos  conflictos y costos asociados? La negociación no tiene límites. 

  7. Según nuestra larga experiencia en la materia, un acuerdo directo y o con facilitadores entre dos partes en vez de un juicio permite: a) Que se llegue en el peor de los casos a un regateo que tiene como límite máximo u óptimo para las partes el dividir la diferencia. b) Que se construyan soluciones "ganar ganar" en que las partes usan la fuerza para lograr lo suyo, pero que además  ponen: propuestas creativas de valor que sean de beneficio para el otro y que permitan ir más allá de un juego limitado de suma cero en que lo que gana uno lo pierde el otro.   

  8. Se olvida que, en el caso de ir a juicio ambas partes pueden incluso obtener aún menos que el total en juego, por las repercusiones posteriores del veredicto, sin dejar de considerar los altos costos de los procesos judiciales de sociedades reconocidas por sus altos precios y honorarios.     

  9. Recordar que, si se va a un litigio (en vez de negociar directamente como lo recomienda: el saber popular, la literatura, los investigadores en negociación, los sistemas expertos e incluso una asociación de magistrados en el siglo pasado) es posible que "los fallos fallen" y se produzca un conflicto emergente aún mayor. Al  ir a los tribunales la complejidad para llegar a un buen acuerdo -satisfactorio para las partes- es aún más difícil, esto se deriva, en parte, porque  en  vez de dos parte ahora serán cinco los actores con sus propios intereses en juego: los jueces, los abogados de las dos partes, y las dos partes -ahora en litigio y no en negociación- que pierden totalmente el control del proceso sin otra salida posible que empatar, perder o ganar con el veredicto final que siempre será inferior a lo que  se pueda lograr con un buen acuerdo  multi win.  

  10. Finalmente, como dice un adagio y el sentido común cuando más: "Amenace con los tribunales, pero nunca cruce sus puertas, pues los únicos que ganarán serán: los  abogados y los jueces".  

Conclusión: Los conflictos entre dos o más partes son reales o se crean, y todos los días se pueden crear otros nuevos, pues el que crea el conflicto - tomando la iniciativa -  tiene la ventaja de la anticipación. La estrategia debe servir de guía a la negociación - y no confundirla con modalidades, técnicas, tácticas, modalidades y los talentos improvisativos. Los métodos de anticipación permiten auscultar los futuros escenarios de la negociación. Sus procesos y los riesgos se aminoran con: mejor información, la preparación profesional y con más recursos para mejorar la capacidad y poder de negociación de las partes y de llegar a acuerdos de beneficio mutuo.  Se negocia mejor con una contra (otra) parte que sabe "el arte del buen negociar" y las posibilidades de encontrar un acuerdos superiores y de calidad a través de la negociación no tiene límites, pero los juicios si.

 

Cualquiera semejanza con la realidad que la haya... es pura coincidencia.

 

 Omar Villanueva Olmedo

Lic. Ciencias Económica y Adm. (FEN) 

Universidad de Chile  

Director Gral. OLIBAR Consultores Int.

 

 

 


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26/01/2014 21:29. Publicado por: Omar Villanueva Olmedo #. Opinión No hay comentarios. Comentar.

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