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Centros Chilenos en el Exterior

Chile es la caperucita roja de la región

Opinión
Entrevista al Cientista Político Eduardo Bustelo Graffigna

Por Juan Francisco Coloane
 www.argenpress.info

Dicho con el respeto al proceso de la Concertación en Chile, Chile actúa en la región a veces como una especie de Caperucita Roja; demasiado pendiente por donde viene el lobo.

Nuestra invitación fue para conversar sobre la “tensión” entre Chile y Argentina generada a partir del gas, a sabiendas de que el tema responde a una situación energética más amplia, dentro de un contexto de transiciones políticas y financieras a escala mundial.

Para el cientista político argentino Eduardo Bustelo (London School of Economics), Chile tiene que buscar una definición más clara frente a los nuevos escenarios de las relaciones de poder en la región. Profundo conocedor de la situación internacional y de los procesos políticos en Chile y en la región, ha tenido una vasta trayectoria académica, así como en funciones de dirección y asesoría en organismos internacionales, y en el gobierno argentino. Actualmente dirige el programa de magister en políticas públicas en la Universidad de San Juan, (Argentina) y es director de varias fundaciones humanitarias.

Sus escritos críticos de los años 90 sobre los programas del ajuste económico de los años 80 promocionados por el Banco Mundial, son hasta hoy referentes obligados. Más aún, pronosticaron las crisis sociales agudas que se perfilan en el presente.

Bustelo es un ejemplo atípico del funcionario internacional. A mediados de los años 90, siendo Director de la Oficina de UNICEF para la Argentina, enfrentó con fuerza inusual las políticas del ajuste económico y social aplicadas por el ex presidente Carlos Menem. Advirtió del inevitable aumento de la pobreza y su efecto en la infancia. Como resultado, el ex presidente hizo un reclamo en la dirección central de UNICEF, “aconsejando” su salida en caso de persistir con su crítica. El tiempo le dio ampliamente la razón a Bustelo.

Juan F. Coloane: Lo del problema del gas entre Chile y Argentina que viene desde hace tiempo, es una tensión sobre el gas, o es el contorno de una situación política más amplia, más global...

Eduardo Bustelo: En lo del gas, para ambos países tiene que haber un ajuste de la ecuación vía importación, pero también vía acuerdos políticos más amplios. Esta importación es más crítica para Chile porque Argentina sería también como un “pasaje” del gas boliviano. Bolivia alzó las tarifas en un 56 % para la Argentina. De que venía esta alza, se sabía, y más aún, en cualquier análisis económico y político de tendencias futuras, es la ecuación que hay que “ajustar”. La energía en un porcentaje importante de la ecuación en el sentido económico, pero también en ésta hay un componente político.

JFC: Un cientista político estadounidense Michael Lynch, experto mundial del tema energético, señala que, en el análisis de las “crisis energéticas”- sean por alza de precios o fallas de manejo en la oferta o la demanda-, el uso unilateral del punto de vista político (la geopolítica), o del económico (recurso vital no ilimitado), ha sido fuente de distorsiones. La tendencia es que un enfoque domine al otro. La intersección equilibrada ha sido esquiva, y se difunden síntomas de crisis que no son tales. Lynch plantea que en general, no hay crisis energéticas, sino que lo que hay, son países sin el recurso, y con problemas para comprar el insumo y absorber las alzas de los precios. Las reservas energéticas están, y es la información estratégica más protegida.

EB: Precisamente, hay una intersección de las dos consideraciones, y el país que tiene dinero para comprar gas no debería tener problemas, así como economías sanas con empleos de calidad y bien pagados, no deberían tener problemas para absorber alzas de precios. Argentina tiene que elevar las retenciones para equiparar el costo de la exportación a Chile. Es una decisión económica, pero que atraviesa por una opción política.

JFC: Hasta qué punto el panorama en la región sur de América Latina 2006 es diferente. ¿No será una pátina o un espejismo, y que las relaciones de poder no han cambiado?

EB: Hay que reconocer existe una coyuntura especial en América Latina.

No estoy seguro si en Chile, me refiero a algunos sectores influyentes, reconocen la existencia de una nueva polaridad, por llamar así de alguna forma a una situación que abre un futuro de relaciones políticas diferente. Aunque se podrá argumentar que es incierto, pero está, y no se puede desconocer.

Los fenómenos políticos que representan presidentes como Morales, Chávez, Lula y Kirchner, abren un espacio de negociación más amplio, y menos unilateral. Distinto del que existe. Claramente este espacio tiene vida, funciona, establece acuerdos y relaciones, e incide en políticas locales y externas. Se descubre un tipo de pragmatismo desde un ángulo que siempre estuvo subordinado a una política central. Se palpó con la elección del Secretario General de la OEA.

México se “pega” a los EEUU; no le queda otra alternativa. Centro América también. Para contrarrestar EEUU trata de formar un nuevo eje con Ecuador, Colombia, Perú que es el juego de los equilibrios. Hay que ver donde está Chile.

En una forma de decir, cuando se examina a Chile, uno piensa si “Chile está con el MERCOSUR o no está”. “Está con la Comunidad Europea o no está”. “Está con China o no está”. Esto dicho más allá de los acuerdos comerciales, sino conjugando la variable política que impregna las relaciones a una asociación de intereses más amplio.

JFC: Es cómo que el acuerdo comercial “avasalla” el sistema de relaciones entre dos países, aunque las “relaciones” implican muchas otras cosas.

EB: No puede crearse una nueva ortodoxia de los acuerdos comerciales en los cuáles sólo priman las conveniencias comerciales y no se consideran los otros aspectos.

Dicho con todo el respeto que le tengo al proceso de la Concertación en Chile, Chile se presenta a veces con su sigilo, en una especie de Caperucita Roja que está pendiente por donde viene el lobo. Chile sabrá lo que hace, pero la percepción es que se tiene que definir políticamente en esta especie de nueva polaridad, que no es más que acceder a espacios nuevos de negociación y grados mayores de autonomía.

La palabra polaridad tal vez no sea la más apropiada, pero cuando el sistema multilateral está golpeado por la forma en que ha sido golpeado, y cuando prevalece la vía unilateral, nuevas formas de alianza a través de formas no tradicionales, no es una polarización para la confrontación. Es una realidad de un sistema de relaciones políticas diferente. Todos sabemos donde está el lobo y no es precisamente en la región sur. Y no todos los espacios de relaciones deben estar determinados por esta situación.

JFC: Y los tratados entre Chile y Argentina, que hay de ello.

EB: Claro que hay límites políticos en los TLCs. Es notorio como Chile hace tratados con casi todo el mundo, menos con Argentina que está al lado. Eso es raro. Nadie puede hacerse el desentendido, con un país que comparte toda una frontera inmensa. Chile tiene tratados de libre comercio con más de 50 países menos con Argentina. Eso no pasa inadvertido, debe tener una razón de peso.

JFC: Y la salud del lobby anti Kirchner. ¿Se desactivó?

EB: Es fácil ser antiargentino en la región. En parte es responsabilidad nuestra por la tradicional soberbia del argentino, y al vernos tan golpeados en la economía, hace algunos años atrás, claro, estaba allí la posibilidad de “devolvernos” esa soberbia. Pero ahora es una situación diferente. Todos hacen su juego, los presidentes Lula, Vázquez de Uruguay...

JFC: Y las empresas españolas le siguen haciendo la vida difícil al Presidente Néstor Kirchner?

EB: No. Con el cambio de Gobierno, de Rodríguez Zapatero, se encuadraron en un marco político, y este marco político es regional, no solo argentino o español. Los gobiernos se entienden entre gobiernos, y las empresas se enmarcan en las relaciones de estado.

JFC: ¿Por qué eso de que Chile se está pareciendo a la Caperucita Roja y el cuento del lobo, obviamente es el tema de Chávez y su itinerario internacional y el poder del petróleo?

Hay que entender que con Chávez, “se abrió la cancha”. Extendió los espacios. Con los presidentes Lula, Morales y Kirchner se formó un marco de espacios políticos más abiertos. Son formas de alianzas diferentes en tiempos diferentes. No es el lobo. Ahora en Chile, como en Argentina, al sector empresarial y de derecha más tradicional, le conviene mantener esa perspectiva de que es el lobo cuando aparecen nuevos actores en el plano comercial e internacional. Se ha demostrado que la política llevada exclusivamente a términos comerciales, tiene límites, y no puede ser sustento de una política internacional.

JFC: Y el respeto a los acuerdos asumidos por el precio del gas. En Chile se dice que Argentina no los respeta. Se habla de los derechos internacionales no respetados

EB: El Presidente Argentino no ha asumido acuerdos más allá de que los acuerdos son concebidos como parte de un proceso político continuo. No existe un “metaderecho” de los acuerdos. No puede haber acuerdos fuera de la política. No existe una ecuación política, que esté basada fuera de las relaciones de poder. Como que las relaciones de poder estuvieran enmarcadas por una especie de metaderecho.

La ecuación energética en Chile es que por el momento va a tener que comprarle gas a Argentina bajo nuevas condicionantes. Está el gobierno de Evo Morales, hay otras opciones, nuevos protagonismos en el plano energético y eso atraviesa por un proceso político de negociaciones, y buscar una salida energética en el largo plazo. Chile sabe que se han abierto otras opciones energéticas en la región.

JFC: El tema Hugo Chávez pone nervioso a mucha gente

EB: Como dije. Chávez, abre la “cancha”, él aumenta las posibilidades en las relaciones de poder. La idea del Gasoducto Sur es un proyecto donde hay complementariedad política junto a ella. Se le puede llamar integración. Y no es solo Chávez y solo gas. Están los otros países que desean nuevos espacios de relaciones. El MERCOSUR es muy anterior a la situación de unilateralidad excesiva por los TLCs.

No se pueden llevar a cabo las relaciones internacionales en la región por el tradicional eje vertical Norte-Sur.

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