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LOS ROSTROS CÓMPLICES

LOS ROSTROS CÓMPLICES

Por Pamela Jiles

Las pantallas de la tele son usadas en estos días por rostros que aparecen en el matinal, el noticiero, el programa prime-time o en su puesto cualquiera, conmovidos hasta las lágrimas al enterarse -recién hoy- de ciertos horrores que ocurrieron durante diecisiete años en este país.

Los mismos que callaron antes, se convierten en protagonistas inesperados de la información contenida en el informe Valech. Ellos son las víctimas mucho más que los propios chilenos sometidos a tormentos. Ellos ocupan minutos al aire para arrepentirse someramente en cámara, en vez de dar a conocer el testimonio de quienes tuvieron ratas en su vagina o sufrieron el pau de arara. Están allí, en vivo y en directo, compungidos, horrorizados, dando explicaciones por su silencio, su desconocimiento, su complicidad que en este caso ha pasado a llamarse oficialmente ingenuidad.

El canal Trece hace un curioso "mea culpa" por alguien que no trabaja en sus filas. ¿Ninguno de los rostros actuales del canal católico pecó de negligencia o complicidad con la tortura que debían denunciar?

Jorge Hevia no sabía absolutamente nada. Pecó de ingenuo. En Dinacos nadie le contó lo que estaba pasando.

Claudio Sánchez denuncia que intentan asesinar su imagen y habla de moral.

Mauricio Israel recobra sorpresivamente la memoria -en cámara- y ahora sí recuerda que un amigo le contó lo que había sufrido en el Estadio Nacional…

Santiago Pavlovic, guarda cauto silencio, pero no tuvo ningún problema en ser Director del Departamento de Prensa de TVN al servicio de Pinochet. No se le escuchó padre respecto de la suerte de sus compañeros que fueron apresados, perseguidos, torturados y muertos en ese período. Por el contrario, sin demora y en cuanto le fue posible ocupó el espacio que dejaron periodistas tan respetables como Augusto Olivares y José Miguel Varas, el primero muerto y el segundo exiliado.

Francisco Javier Morandé y César Antonio Santis fueron maestros de ceremonias en las jaranas del dictador.

Pedro Carcuro abrazó jubiloso y en cámara al máximo responsable de la política estatal de los apremios ilegítimos.

Estos y otros muchos colegas míos, entre los que hay algunos a los que aprecio a pesar de sus graves faltas, han permanecido como rostros televisivos gracias a que callaron o aplaudieron. Su coartada de que nada sabían no sirve porque otros muchos colegas suyos arriesgamos el pellejo para informar. Su silencio fue una elección. No son víctimas sino victimarios, cómplices de la tortura.

Yo sé, me consta, que eligieron mostrarse carentes de opinión sobre los muertos flotando en el Mapocho, los adolescentes asesinados en falsos enfrentamientos, las mujeres presas con hijos en el vientre. Arriscaban la nariz cada vez que mencioné a Eduardo Jara y José Carrasco, periodistas torturados y asesinados. Decían que intentaba "pasar goles"… ¿Te acuerdas?.

Te hiciste el leso cuando me tomaron presa por publicar lo que tú ocultaste. Te molestaba que yo trabajara en tu mismo canal. Muchas veces me calificaste de sesgada, politiquera, conflictiva, comunista porque no estuve dispuesta a callar, como tú.

No demostraste inconveniente para televisar a personas torturadas, grabadas en casas de tortura, diciendo que no habían sido torturadas, como la joven Karen Eittel a pantalla completa, ¿se te olvidó?

Los que sí ejercimos el periodismo honestamente, a pesar de todas las dificultades, los que denunciamos la tortura por todos los medios posibles con tremendos costos personales y profesionales, estamos fuera de pantalla. Tú estás sentado en nuestra silla. Tú ocupas nuestro lugar. Estás exitosamente enquistado en los medios de comunicación, como si fuera por tus méritos y no por tu obsecuencia y cobardía.

Pero ninguna historia llega a tener un buen final sin el requisito del castigo a los que actuaron mal, los que aprovecharon la caída de otros en su propio beneficio, los que se permitieron no ver ni escuchar a pesar de ser periodistas -es decir profesionales cuyo deber ineludible es ver y escuchar-, los que aislaron a sus colegas que no callaron, los que continúan hasta hoy en pantalla sin hacerse cargo de la exclusión de cientos de profesionales que sí denunciamos los mismos antecedentes que contiene el informe Valech.

Esos colegas cómplices de la tortura y el dolor son fáciles de identificar a pesar de sus disfraces. Eres tú, el que está leyendo esta columna y piensas que hablo por la herida… sin sentir ninguna responsabilidad sobre esa herida ni el más mínimo interés de aliviarla.

Seguiré esperando, porque puedes borrarme de la pantalla pero no de tu conciencia.

3 comentarios

Wence Orrego -

SANTIAGO PAVLOVIC RESPONDE A PAMELA JILES
Respuesta de Santiago Pavlovic a la columna de Pamela Jiles ("Rostros Cómplices", nº143) donde ella le reclamaba haber sido director del Departamento de Prensa de TVN "al servicio de Pinochet" y no haber dicho nada "respecto de sus compañeros apresados, perseguidos, torturados y muertos en ese período".

Señor Director:

La inefable Pamela Jiles se erige en juez de algunos "rostros" de la televisión chilena y de alguna manera pide un Mea Culpa, y en esta suerte de neomaccarthismo me alude.

¿Qué puedo decir antes de replicar con mis propias andanadas a este emplazamiento con pretensiones de superioridad moral?

En muchas ocasiones he hablado del tema. Empecé a trabajar en Televisión Nacional en 1970 y seguí laborando allí después de 1973. Me desempeñé en ese período en TVN y no es algo de lo cual me sienta particularmente orgulloso. Pero tampoco estoy muy orgulloso de haber trabajado en el período en que el Canal era administrado por la UP. En ambos períodos se le utilizó como trinchera política y los criterios periodísticos pluralistas, propios de las sociedades democráticas, no fueron respetados. El error como dice don Ricardo dio paso luego al horror. Teníamos censores uniformados que dictaminaban lo que se podía emitir al aire. Pero, como muchos chilenos, necesitaba trabajar, tenía esposa e hijos, y además albergaba el sueño desde mis tiempos estudiantiles: escribir en un medio de comunicación que alguna vez pudiera convertirse en una voz distinta a la prensa empresarial, como creo TVN lo es hoy.

Después del 11 de septiembre seguimos laborando en el Canal periodistas como las hermanas Colodro, Patricio Caldichoury – actual Jefe de Informaciones de Chilevisión- , Gazi Jalil –actual Editor-Jefe de TVN-, René Schneider, Alipio Vera y muchos otros que nunca fuimos simpatizantes del Golpe de Estado.

En los meses que estuve como jefe interino –mis amigos de entonces en el canal, Gonzalo Bertrán y Emilio Benavides, me persuadieron para asumir el cargo y evitar eventuales abusos- no despedí a ningún periodista y a ningún camarógrafo. Efectivamente, algunos profesionales se exiliaron y otros fueron detenidos, entre ellos Dennis Jones, quien siguió reporteando en Televisión Nacional hasta su arresto y al que visité en la cárcel. Recuerdo incluso que Lucía Sepúlveda, periodista del Mir, fue a mi departamento en la Villa Portales a retirar sus últimas remuneraciones.

Junto a mí trabajaron también profesionales de distintas corrientes, incluida mi amiga Patricia Politzer, a quien yo traje al Canal en 1973 y quien años después sería también amiga y jefa de Pamela Jiles en TVN, pero cuyo nombre no menciona en este avieso ajuste de cuentas.

Ciertamente solo duré algunos meses como Jefe interino de Prensa pues se me acusó formalmente, y con razón, de no participar de los principios de la Junta de Gobierno y el propio Director del Canal , el coronel FACH Eduardo Sepúlveda, un hombre bonachón y buena persona, me informó que el general Augusto Pinochet me consideraba un "infiltrado". Fui reemplazado y "submarineado" un tiempo mientras trataba de conseguir una beca para estudiar en el extranjero; comencé a efectuar reportajes especiales que nunca fueron emitidos, trabajé como editor y luego obtuve una beca para estudiar cine y televisión en Alemania. Viene posteriormente una larga historia curricular...

Hoy, Pamela está dedicada a la caza de brujas y no me extraña. Es parte de su estilo ex post, algo canalla y a la segura. Cuando estuvo en Informe Especial y en TVN nunca reclamó por nada, nunca firmó una carta de protesta por alguna censura o por alguna diferencia editorial con la dirección del Canal, o con el Directorio de TVN. Nunca tuvo una reacción pública frente a determinados medios de comunicación que nos atacaban por nuestra cobertura de derechos humanos. Nunca nos acompañó en una pelea periodística, nunca se mojó su emplumado culo por algo o por alguien. Siempre se la veía profitando de sus buenas relaciones con el Director del Canal, Jorge Navarrete, el mismo que fue Agregado de Prensa en tiempos de Pinochet en Londres, pero que ella se cuida de mencionar en su crónica.

Yo creo que muchas personas decentes, buenas, brillantes muchas de ellas, no están felices con la memoria de aquellos años. Debieron trabajar en una hora amarga, hubo equivocaciones, pero hablar de complicidad es echar sal en la herida, es mentir a sabiendas e infamar gratuitamente.

Inefable Pam... Siempre alardeando de su contactos y relaciones familiares con empinados y entorchados militares como su pariente, el general Izurieta Caffarena...

Siempre sugiriendo que no le interesaba el sueldo del Canal porque ella percibía mensualmente un cheque de varios millones de la empresa Caffarena de la cual era socia o heredera (obviamente sin haber trabajado un día en ella)...

Siempre abusando con su trato despectivo y procaz de camarógrafos, compaginadores y asistentes que terminaron por odiarla. Suavecita con los de arriba y caraja con los de abajo. (Curiosamente ha sido Pam, la única periodista que ha salido del Canal sin que nadie lo lamente, sin una cena de despedida, sin que alguien la recuerde con afecto y consideración).

Los camarógrafos nunca han olvidado sus "creativas" rendiciones de gastos. (¡Qué dama más buena para transgredir!)

Uno acota casi con admiración: "Si la flojera y la deshonestidad fueran virtudes, Pam sería una santa".

El trabajo, la perseverancia, la rigurosidad informativa – al menos en TVN- fueron siempre valores ajenos y cargas insoportables para Pam. Por eso, algunas veces la ayudé y enmendé sus despliegues de abrumadora ignorancia. Siendo su Jefe, la envié más de una vez a reportear al extranjero para que tuviera cierto roce internacional y aunque fuera por osmosis se le pegara algo de inglés o francés (¡nada!)...

Pam se queja hoy de no estar en la televisión, pero ella ha sido una de las que más oportunidades ha tenido en Televisión Nacional y muchas de esas oportunidades las tuvo en Informe Especial y en otros programas pero generalmente las desaprovechó porque siempre buscó el camino fácil, explotando a camarógrafos y asistentes de producción, descargando en ellos su responsabilidad indelegable... Si hubiera gastado en reportear con seriedad el mismo tiempo que empleaba en maquillarse, teñirse de rubio, mirarse al espejo y emplumarse el trasero podría haber hecho algo medianamente rescatable. Pero no, prefiere pasar y posar por perseguida política cuando, en definitiva , todo indica que fue despedida por haraganeo sistemático. En cualquier caso, eso le sirvió para dedicarse con éxito a la pornografía, la opinología y la farandulogía...

En una ocasión la envié a entrevistar a Muhammar Gaddafi en Libia y le vino crisis de pánico. Al tercer día me llamaba desde su Hotel en Trípoli, histérica, llorosa y asustada, porque le iban a practicar un examen de sangre, previo al encuentro con Gaddafi. Por supuesto, la entrevista acordada de antemano no se efectuó. Un fiasco más de esta valiente trasgresora al pedo, cuya superioridad moral huele a podrido.

Atentamente, Santiago Pavlovic U.

Ricardo Cifuentes Aldunate -

Valiente artículo,saludo a los corajosos profesionales que no se callaron.
la verdad al final,siempre aparece.

Krolania -

Excelente analisis. Ojala lo leyeran más personas para abrir ojos que pemanecen cerrados. Aunque ha pasado tiempo de esta columna, me apena decir que la situación no ha cambiado.
Saludos.