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Centros Chilenos en el Exterior


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Se muestran los artículos pertenecientes a Abril de 2014.

POLI DÉLANO, UNA PLUMA QUE NO SE DETIENE


Un año cargado de libros nos trae el novelista Poli Délano. Para el martes 15 de abril se espera el lanzamiento del libro de relatos "Según pasan los años", a realizarse en Sala Teatrocinema, ubicada en Ernesto Pinto Lagarrigue 179, Barrio Bellavista, a las 19.30 horas.

Por Ximena Troncoso*

Poli Délano (Madrid, 1936), es un escritor que no improvisa y pese a los cambios que su vida ha experimentado en el último tiempo, que fácilmente podrían haber desviado su atención o estresar a cualquiera, sigue adelante por la ruta que se forjó hace bastantes años, escribir con una disciplina muy particular, sorprendiendo cada año con alguna nueva publicación. El 2014 no es la excepción, pues ya tienen fecha de lanzamiento un nuevo libro de relatos, una nueva novela, además de reediciones y traducciones.

Ya es noticia, aunque aún no en “la tele”. Editorial Ceibo prepara el lanzamiento del libro de relatos "Según pasan los años" (168 pág.), obra compuesta por 17 cuentos que será comentada por su compilador y prologuista, el traductor John J. Hassett, y el director de la editorial Galinost, Hugo Galleguillos. La presentación se llevará a cabo el martes 15 de abril, en la Sala Teatrocinema, ubicada en Ernesto Pinto Lagarrigue 179, barrio Bellavista, a las 19.30 horas.

De partida, llama la atención el título de la obra, traducción de As time goes by, tema principal de la película Casablanca, y que más bien parece una invitación del autor a ponernos en ambiente para recorrer las páginas de su nuevo libro. 

Su compilador, confiesa que no ha sido nada fácil “montar una colección que le haga justicia”, en gran medida, dado el gran número de cuentos escritos por Poli Délano a lo largo de su carrera. Y en resumen, lo que este libro entrega es “un panorama de la evolución de su narrativa, incluyendo cuentos que se publicaron tan temprano como 1971 y tan recientemente como 2012”, como se consigna en el prólogo.

Para Hassett, “nadie escribe como Délano”, y explica que su singular y reconocible estilo radica en que “establece una relación inmediata y personal con el lector y logra esta cercanía rechazando estructuras tradicionales que tienden a crear una distancia estética entre los eventos y el acto de leer”. 

La vigencia de Délano, no deja de sorprender pues hace un par de meses conocimos la noticia de que su novela “Como si no muriera nadie”, editada por Planeta en 1987, había sido publicada en Estados Unidos, esta vez, traducida por Maggie Russell-Ciardi y editada por McNally Jackson Books (2014), de Nueva York.

También, Dauno Tótoro, Director de Ceibo, adelanta la publicación de un segundo libro. Se trata de de una nueva novela de Poli, titulada "Afuera es noche”, que sus lectores podrán disfrutar muy pronto.

Por otra parte, Catalonia, no se queda atrás y lanzará, en los próximos meses, una nueva edición de la célebre novela "En este lugar sagrado" (1977), que fuera traducida a varios idiomas y publicada en México, Cuba, Chile, con varias ediciones en cada país. Sin lugar a dudas, un acierto digno de festejar, pues se trata de un libro con sus  ediciones agotadas y cuya lectura, además de necesaria, resulta un deleite, ante el magistral uso de la parodia que hace el novelista.  

Poli Délano (1936) es autor de una exitosa obra literaria, que la componen fundamentalmente, más de una veintena de novelas y cuentos, pero su genio creativo y vivaz pluma no se limita ahí y a su extensa obra, se suma el autobiográfico, inaugurado con Memorias Neoyorquinas; su incursión en la literatura infantil, con Humo de trenes y la serie dedicada a Policarpo; además de un reconocido trabajo antológico, tales como “Cuentos Centroamericanos”, “Cuentos Mexicanos”, "Diez grandes cuentos chinos" y “Cuento Chileno Contemporáneo”,  entre otras tantas publicaciones que con lo han convertido en un maestro del género.

Délano, ha dedicado toda una vida a la creación literaria, haciendo un gran aporte a la Literatura Nacional, desde diversas aristas. Fue profesor de literatura inglesa y norteamericana en la Universidad de Chile durante 15 años; Su taller literario es muy valorado por otros exitosos novelistas que reconocen haberse impregnado de su experiencia. Y en otro aspecto, su apoyo irrestricto a las demandas gremiales, desde la SECH, institución que presidió y de la que ha sido director en varios periodos.

Residió por largos años en México: 1940-1946 (infancia) y de 1974 a 1984, vivió el exilio,  en Nueva York, Beijing, Estocolmo. Todo un periplo de intensa vida intelectual que trasunta en su vasta producción literaria. Actualmente, y desde 1984, vive en Santiago de Chile dedicado a escribir, lo que resulta una cuestión muy seria, cuando se ha decidido vivir de este oficio, a riesgo de ser presa de la risa contagiosa del autor, que difiere de toda gravedad de argumentos, imagino por el mágico anecdotario que también forma parte de su vida.

Parece no haber plan en Délano, porque en esta travesía, de navegante incansable, los tiempos son vividos a su antojo, dejando un espacio, no menos importante, para reunirse con sus amigos, deleitarlos con su especialidad culinaria que llama salmón vikingo, conversar y sucumbir a una tarde de tango o jazz o frecuentar el Bar Heminway de la Plaza Pedro de Valdivia, donde por cierto, no pasa desapercibido.

Durante el 2013, dio un vuelco a su vida. A riesgo de quedar cercado de edificios, organizó una mudanza que dejó atrás la magnífica casa familiar de sus padres, los Delano-Falcón, de calle Valencia, Después de meses de hacer decenas y decenas de cajas, regalar bastantes libros, se trasladó a vivir a un departamento en la comuna de Providencia, pero a pasos de Ñuñoa, su barrio de toda la vida.

Actualmente, su escritorio se ubica en una luminosa terraza que roza las copas de los árboles, sus objetos de arte van buscando el lugar preciso. En la sala principal, destaca un cuadro de "gran formato" del mexicano Lionel Maciel y por las tardes, cuando cae el sol, ciertas figuras traídas de sus viajes, se proyectan en la pared donde cuelga el retrato que Mario Carreño pintara de su padre (el novelista y gran cronista Luis Enrique Délano), mientras en este nuevo hábitat, con la escenografía perfecta, frente al computador, Poli, no para de teclear.

Su ágil pluma que traspasa los límites del mundo literario nacional, su cálida personalidad y sofisticado humor, que se cuela por las páginas de sus obras, resultan ser la combinación perfecta que es manifiesta en lúdicas presentaciones de sus libros, exentos  de todo formalismo y latos discursos, como es lo que se espera en Teatrocinema, con record de taquilla.

 

Ficha:

Según pasan los años, Poli Delano

ISBN: 978-956-9071-66-9

Páginas: 168

P.V.P: $ 10.000

 

*Poeta y periodista, Abril 2014

 

 

 


 

14/04/2014 18:56. Publicado por: Ximena Troncoso #. Cultura No hay comentarios. Comentar.

REFORMAS TRIBUTARIAS, INNOVACIÓN E INCERTIDUMBRE

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Dos reformas tributarias (RT) en dos años. La nueva con tres objetivos simples: reforma educacional, políticas de protección social y ayuda al déficit estructural. Es elogiosa por el sentido de distribución, pero no por el cúmulo de cambios que tendrán efectos imprevisibles sobre todos. La lectura del mensaje y de algunas opiniones emitidas hasta ahora lleva a preguntarse:

¿Cuál es la estrategia país al desarrollo para que esta RT sea la más adecuada?

 ¿Se trata de una Reforma Tributaria Innovadora (RTi), o es más de lo mismo, es decir, reformas que prometen, pero que no lo logran y sólo hacen  postergar por décadas el anhelado desarrollo, manteniendo la pobreza, salarios mínimos y corrupción?   

¿Si los efectos de la RT, de una manera u otra, llegan a toda la población nacional por qué no se tuvo la prudencia de consulta previa a la ciudadanía o comunicárselo con anterioridad, siendo que es la comunidad la que pagará las alzas de precios y la subida de impuestos?  

¿Es cierto que en el 2009 se gastaron alrededor de 9 mil millones de dólares de las reservas? Si fue así, eso se hizo sin ninguna reforma (RT), entonces  ¿Por qué no se usan las reservas para invertirlas en educación y en protección social ahora?

Las decisiones se toman dadas las incertidumbres: ¿Está meridianamente claro  en qué escenario, de los probables, se recaudará los 8,2 miles de millones de dólares? ¿Cuáles son los planes alternativos frente a escenarios adversos o mas positivos? Esto es importante puesto que su aplicación plena se hará a contar del 2017.

Educación del pasado para un mundo post moderno. ¿Se intenta desincentivar el aumento de la inversión en industrias o servicios de nivel internacional, con personas de competencias y alta capacidad y con remuneraciones de nivel OECD, que es fundamental para el desarrollo? La reforma educacional (RE) -aún no conocida- por moderna que sea, demorará años en entregar personal preparado para llegar ser competitivos a nivel internacional.  Descansar en que la RE será exitosa es otra incertidumbre, aunque fuera innovadora diseñada y aplicada  por personas ajenas a los tradicionales grupos de poder y antiguos modelos.  Habría que esperar por lo menos quince o veinte años para ver sus frutos y, por lo tanto,   descansar sólo en ella es una manera directa  de postergar casi al infinito el desarrollo.  

Esperábamos una RTi que, por ejemplo, devolviera el IVA que se  prometió bajar; o que pusiera fecha de término a las concesiones camineras, para dar más libertad para recorrer el país; o que quizás una mayor cobertura y que “todos” pagarán menos en promedio y proporcionalmente a sus ingresos y o en que se pusiera término a los eternos subsidios transitorios,  jubilaciones tempranas, regalías de todo tipo –a personas e instituciones con sin fines de lucro- que hacen tan discriminatorio el sistema de ingresos e impuestos; o tributar  a todos los usuarios de los combustibles, o  se ajustará a nivel nacional de país aún no desarrollado las rentas de los altos funcionarios gubernamentales y representantes públicos; o se redujeran los gastos exagerados que no aportan al bienestar de los ciudadanos ni valor agregado; o se informara sobre las rentas que los ciudadanos obtienen del Estado y los impuestos que pagan. 

¿No sería posible una RTi que impulse el crecimiento y el desarrollo para todos?

Omar Villanueva Olmedo Director OLIBAR Consultores Contador Auditor Lic. Ciencias Económicas (FEN) Universidad de Chile

 

 

 

 


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14/04/2014 18:58. Publicado por: Omar Villanueva Olmedo #. Economía No hay comentarios. Comentar.

Argentina y el Día Internacional de los Prisioneros Políticos: El combate que no cesa

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 “Recordar es fácil para el que tiene memoria.

Olvidarse es difícil para quien tiene corazón.”

Gabriel García Márquez

Por Andrés Figueroa Cornejo

 A pesar del ajuste antipopular y las políticas del oficialismo por contener policial y jurídicamente el creciente descontento social, como gesta en medio del otoño precipitado de Buenos Aires, el jueves 17 de abril y en la calle, en Callao y Corrientes, se conmemoró en Día Internacional del Prisionero Político.

 La solidaridad reunida en una de las ciudades más cosmopolitas de Latinoamérica tuvo como caso y reclamo inmediato la liberación del periodista peruano avencindado en Argentina, Osvaldo Quispe, en arbitrario cautiverio en la cárcel de Ezeiza  desde hace más de cuatro meses ante una petición de extradición del gobierno de Ollanta Humala (http://www.rebelion.org/noticia.php?id=183273&titular=%93si-el-gobierno-y-la-justicia-argentina-me-extraditan-en-per%FA-me-desaparecen%94-).

 PARAGUAY, EL SAHARA OCCIDENTAL Y COLOMBIA

 La continuidad del acto ofrecido por el internacionalista argentino Carlos Aznárez, director de la Revista Resumen Latinoamericano, dio paso a los jóvenes paraguayos del Movimiento 138 que reivindicaron como consecuencia de la Masacre de Curuguaty a “las 12 personas detenidas injustamente, a los 60 imputados, a un presidente constitucional desplazado, y a la violación de los derechos básicos de los acusados”. Inmediatamente dieron lectura a una misiva enviada especialmente para la ocasión por los 6 campesinos prisioneros desde hace casi 8 años en las celdas de Tucumbú y cuya extradición fue lamentablemente facilitada por la mandataria argentina en ejercicio. En su carta, los campesinos paraguayos enfatizaron que “está en manos del pueblo organizado nuestra libertad y la libertad de todos los presos políticos”.

 Por su parte, el representante la República del Sahara Occidental  en el país de origen de Ernesto Guevara de la Serna, el diplomático Salem Bachir, acusó la infamia del Estado monárquico de Marruecos, “el muro de la vergüenza” –la prisión a cielo abierto más grande del planeta- fuertemente militarizado por la soldadera de ocupación y las millares de minas antipersonales en el desierto extenso y vacío  que mantiene encerrado a todo un pueblo por décadas, pese a la voluntad internacional y la épica resistencia saharaui. “Del millón de seres humanos que forman mi pueblo, 750 personas han sido detenidas desaparecidas”, informó a la concurrida asistencia Salem Bachir y añadió que “un numeroso  grupo de jóvenes luchadores del Sahara Occidental está condenado a cadena perpetua y penas añosas por los tribunales militares marroquíes”.  Bachir denunció la ironía amarga de que, como nunca en la historia, una Misión de Paz de la ONU constituida por 34 países ha verificado las violaciones de los Derechos Humanos contra la humanidad saharaui, “pero carece de competencia en la materia y, por tanto, hasta el momento resulta funcional a los intereses espurios del colonialismo marroquí”.

 La representante del Movimiento Político y Social  Marcha Patriótica de Colombia denunció la existencia de 9.500 prisioneros políticos en uno de los territorios del mundo  más golpeados por el imperialismo norteamericano y la oligarquía nativa y afirmó que “La terrible noche de violencia sociopolítica, de terrorismo de Estado disfrazado de democracia ‘santista’, llegará a su fin bajo la bandera de la unidad de los movimientos sociales; llegará a su fin mediante la paz con justicia social como mandato constitucional del pueblo mediante una Asamblea Nacional Constituyente”.

 PALESTINA, GEORGES IBRAHIM ABDALAH Y EUSKAL HERRIA

 Tilda Rabi, legendaria militante de la causa Palestina, evidenció que “Cada año la Israel sionista arresta a miles de palestinos en un intento de reprimir cualquier resistencia, pacífica o armada, a la ocupación y la colonización sistemática e ilegítima, encarcelando a  alrededor de 800 mil personas desde 1967”. Asimismo apuntó que sólo desde el 2013 “han muerto 12 palestinos durante las operaciones de captura por las fuerzas de ocupación israelíes, mientras que otros tres han fallecido como resultado de la falta de atención médica y de la tortura”. Particular mención hizo Rabi al héroe prisionero Georges Ibrahim Abdalah encarcelado en Francia desde 1984, “habiendo cumplido su pena en 1999”. De los actuales 5.224 prisioneros por el sionismo, “210 son niños, 183 detenidos administrativos, y 11 miembros del Consejo Legislativo Palestino, entre ellos, el secretario general del Frente Popular para la Liberación de Palestina, Ahmed Saadat”. No es posible en estas pocas líneas realizar el recuento de los crímenes y los negocios antisociales de uno de los Estados más y mejor armados de la Tierra contra un pueblo de campesinos y pastores.

 La activista de la emancipación del País Vasco, visiblemente emocionada, representó que “pese a que hace más de tres años la organización armada ETA abandonó esa forma de lucha para privilegiar la batalla estrictamente política, todavía en España y Francia hay aproximadamente 500 presos, víctimas del ensañamiento y de condenas infinitas. Hasta ahora los jóvenes luchadores pacíficos por la independencia y la libertad de Euskal Herria son detenidos”, y terminó con el mensaje de “¡Presos y presas vascas a casa! ¡Amnistía y viva Euskal Herria libre!”.

 ARGENTINA, PERÚ, OSVALDO QUISPE Y LOS DEMÁS

 Resulta imposible en la prisión periodística  de un número de caracteres determinados extender a los lectores una crónica más pormenorizada de una acción política desafiante ante el recrudecimiento de la represión social y política de los poderes del Estado argentino contra el disenso. Manotazos duros contra un pueblo que multiplica su protesta frente al empeoramiento objetivo de sus condiciones de vida. Casi está de más recordar que cuando los motivos de la movilización social son genuinos, no existen las cárceles ni las fuerzas del orden capitalista que sean capaces de detener su curso. Por el contrario: el castigo de los pocos que mandan contra las mayorías activas y en creciente toma de conciencia sólo agudiza el combate social y reanima la memoria insurrecta de los oprimidos.

 Durante la manifestación conmemorativa y dolorosamente actual, participaron e intervinieron los miembros del Movimiento por Amnistía y Derechos Fundamentales de Perú; Chile y la causa centenaria del pueblo Mapuche; el Comité argentino por la Libertad de los Héroes Cubanos en cautiverio imperialista.

 Fue el propio Carlos Aznárez quien se encargó de referirse a la represión y criminalización de la lucha social en la Argentina ‘de los Derechos Humanos’. Así el periodista denunció a “los más de 5 mil procesados por luchar, los petroleros de Las Heras condenados a cadena perpetua, los dirigentes políticos Boli Lescano y Fernando Esteche encerrados”, y a muchos otros.

 Desde la jaula de Ezeiza en Buenos Aires, el comunicador social peruano Osvaldo Quispe envió unas palabras expresamente destacadas para el encuentro efectuado el 17 de abril. Esas palabras dicen que “Los espíritus nobles, elevados y sinceros perciben y respetan la solidaridad histórica de sus esfuerzos y de sus obras. Sólo los mezquinos sin horizonte, las mentalidades dogmáticas que buscan petrificar la vida a través de fórmulas rígidas quedan atrás de la historia”.

 

 

 

 

 

18/04/2014 21:59. Publicado por: Arístides Chamorro Rivas #. Andrés Figueroa No hay comentarios. Comentar.

Chile, el golpe y los gringos

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Escrito por Gabriel García Márquez .

A fines de 1969, tres generales del Pentágono cenaron con cuatro militares chilenos en una casa de los suburbios de Washington. El anfitrión era el entonces coronel Gerardo López<Angulo, agregado aéreo de la misión militar de Chile en los Estados Unidos, y los invitados chilenos eran sus colegas de las otras armas. La cena era en honor del Director de la escuela de Aviación de Chile, general Toro Mazote, quien había llegado el día anterior para una visita de estudio. Los siete militares comieron ensalada de frutas y asado de ternera con guisantes, bebieron los vinos de corazón tibio de la remota patria del sur donde había pájaros luminosos en las playas mientras Washington naufragaba en la nieve, y hablaron en inglés de l0 único que parecía interesar a los chilenos en aquellos tiempo: las elecciones presidenciales del próximo septiembre. A los postres, uno de los generales del Pentágono preguntó qué haría el ejército de Chile si el candidato de la izquierda Salvador Allende ganaba las elecciones. El general Toro Mazote contestó: “Nos tomaremos el palacio de la Moneda en media hora, aunque tengamos que incendiarlo”

 Uno de los invitados era el general Ernesto Baeza, actual director de la Seguridad Nacional de Chile, que fue quien dirigió el asalto al palacio presidencial en el golpe reciente, y quien dio la orden de incendiarlo. Dos de sus subalternos de aquellos días se hicieron célebres en la misma jornada: el general Augusto Pinochet, presidente de la Junta Militar, y el general Javier Palacios, que participó en la refriega final contra Salvador Allende. También se encontraba en la mesa el general de brigada aérea Sergio Figueroa Gutiérrez, actual ministro de obras públicas, y amigo íntimo de otro miembro de la Junta Militar el general del aire Gustavo Leigh, que dio la orden de bombardear con cohetes el palacio presidencial. El último invitado era el actual almirante Arturo Troncoso, ahora gobernador naval de Valparaíso, que hizo la purga sangrienta de la oficialidad progresista de la marina de guerra, e inició el alzamiento militar en la madrugada del once de septiembre.

Aquella cena histórica fue el primer contacto del Pentágono con oficiales de las cuatro armas chilenas. En otras reuniones sucesivas, tanto en Washington como en Santiago, se llegó al acuerdo final de que los militares chilenos más adictos al alma y a los intereses de los Estados Unidos se tomarían el poder en caso de que la Unidad Popular ganara las elecciones. Lo planearon en frío, como una simple operación de guerra, y sin tomar en cuenta las condiciones reales de Chile.

El plan estaba elaborado desde antes, y no sólo como consecuencia de las presiones de la International Telegraph & Telephone (I.T.T), sino por razones mucho más profundas de política mundial. Su nombre era “Contingency Plan”. El organismo que la puso en marcha fue la Defense Intelligence Agency del Pentágono, pero la encargada de su ejecución fue la Naval Intelligency Agency, que centralizó y procesó los datos de las otras agencias, inclusive la CIA, bajo la dirección política superior del Consejo Nacional de Seguridad. Era normal que el proyecto se encomendara a la marina, y no al ejército, porque el golpe de Chile debía coincidir con la Operación Unitas, que son las maniobras conjuntas de unidades norteamericanas y chilenas en el Pacífico. Estas maniobras se llevaban a cabo en septiembre, el mismo mes de las elecciones y resultaba natural que hubiera en la tierra y en el cielo chilenos toda clase de aparatos de guerra y de hombres adiestrados en las artes y las ciencias de la muerte.

Por esa época, Henry Kissinger dijo en privado a un grupo de chilenos: “No me interesa ni sé nada del Sur del Mundo, desde los Pirineos hacia abajo. El Contingency Plan estaba entonces terminado hasta su último detalle, y es imposible pensar que Kissinger no estuviera al corriente de eso, y que no lo estuviera el propio presidente Nixon.

Chile es un país angosto, con 4.270 kilómetros de largo y 190 de ancho, y con 10 millones de habitantes efusivos, dos de los cuales viven en Santiago, la capital. La grandeza del país no se funda en la cantidad de sus virtudes, sino el tamaño de sus excepciones. Lo único que produce con absoluta seriedad es mineral de cobre, pero es el mejor del mundo, y su volumen de producción es apenas inferior al de Estados Unidos y la Unión Soviética. También produce vinos tan buenos como los europeos, pero exportan poco porque casi todos se los beben los chilenos. Su ingreso per cápita, 600 dólares, es de los más elevados de América Latina, pero casi la mitad del producto nacional bruto se lo reparten solamente 300.000 personas. En 1932, Chile fue la primera república socialista del continente, y se intentó la nacionalización del cobre y el carbón con el apoyo entusiasta de los trabajadores, pero la experiencia sólo duró 13 días. Tiene un promedio de un temblor de tierra cada dos días y un terremoto devastador cada tres años. Los geólogos menos apocalípticos consideran que Chile no es un país de tierra firme sino una cornisa de los Andes en una océano de brumas, y que todo el territorio nacional, con sus praderas de salitre y sus mujeres tiernas, está condenado a desaparecer en un cataclismo.

Los chilenos, en cierto modo, se parecen mucho al país. Son la gente más simpática del continente, les gusta estar vivos y saben estarlo lo mejor posible, y hasta un poco más, pero tienen una peligrosa tendencia al escepticismo y a la especulación intelectual. “Ningún chileno cree que mañana es martes”, me dijo alguna vez otro chileno, y tampoco él lo creía. Sin embargo, aún con esa incredulidad de fondo, o tal vez gracias a ella, los chilenos han conseguido un grado de civilización natural, una madurez política y un nivel de cultura que son sus mejores excepciones. De tres premios Nobel de literatura que ha obtenido América Latina, dos fueron chilenos. Uno de ellos, Pablo Neruda, era el poeta más grande de este siglo.

Todo esto debía saberlo Kissinger cuando contestó que no sabía nada del sur del mundo, porque el gobierno de los Estados Unidos conocía entonces hasta los pensamientos más recónditos de los chilenos. Los había averiguado en 1965, sin permiso de Chile, en una inconcebible operación de espionaje social y político: el Plan Camelot. Fue una investigación subrepticia mediante cuestionarios muy precisos, sometidos a todos los niveles sociales, a todas las profesiones y oficios, hasta en los últimos rincones del país, para establecer de un modo científico el grado de desarrollo político y las tendencias sociales de los chilenos. En el cuestionario que se destinó a los cuarteles, figuraba la pregunta que cinco años después volvieron a oír los militares chilenos en la cena de Washington: “¿Cuál será la actitud en caso de que el comunismo llegue al poder? – La pregunta era capciosa. Después de la operación Camelot, los Estados Unidos sabían a cierta que Salvador Allende sería elegido presidente de la república.

Chile no fue escogido por casualidad para este escrutinio. La antigüedad y la fuerza de su movimiento popular, la tenacidad y la inteligencia de sus dirigentes, y las propias condiciones económicas y sociales del país permitían vislumbrar su destino. El análisis de la operación Camelot lo confirmó: Chile iba a ser la segunda república socialista del continente después de Cuba. De modo que el propósito de los Estados Unidos no era simplemente impedir el gobierno de Salvador Allende para preservar las inversiones norteamericanas. El propósito grande era repetir la experiencia más atroz y fructífera que ha hecho jamás el imperialismo en América Latina: Brasil.

El 4 de septiembre de 1970, como estaba previsto, el médico socialista y masón Salvador Allende fue elegido presidente de la república. Sin embargo, el Contingency Plan no se puso en práctica. La explicación más corrientes es también la más divertida: alguien se equivocó en el Pentágono, y solicitó 200 visas para un supuesto orfeón naval que en realidad estaba compuesto por especialistas en derrocar gobiernos, y entre ellos varios almirantes que ni siquiera sabían cantar. El gobierno chileno descubrió la maniobra y negó las visas. Este percance, se supone, determinó el aplazamiento de la aventura. Pero la verdad es que el proyecto había sido evaluado a fondo: otras agencias norteamericanas, en especial la CIA y el propio embajador de los Estados Unidos en Chile, Edward Korry, consideraron que el Contingency Plan era sólo una operación militar que no tomaba en cuenta las condiciones actuales de Chile.

En efecto, el triunfo de la Unidad Popular no ocasionó el pánico social que esperaba el Pentágono. Al contrario, la independencia del nuevo gobierno en política internacional, y su decisión en materia económica, crearon de inmediato un ambiente de fiesta social. En el curso del primer año se habían nacionalizado 47 empresas industriales, y más de la mitad del sistema de créditos. La reforma agraria expropió e incorporó a la propiedad social 2.400.000 hectáreas de tierras activas. El proceso inflacionario se moderó: se consiguió el pleno empleo y los salarios tuvieron un aumento efectivo de un 40 por ciento.

El gobierno anterior, presidido por el demócrata cristiano Eduardo Frei, había iniciado un proceso de chilenización del cobre. Lo único que hizo fue comprar el 51 por ciento de las minas, y sólo por la mina de El Teniente pagó una suma superior al precio total de la empresa. La Unidad Popular recuperó para la nación con un solo acto legal todos los yacimientos de cobre explotados por las filiales de compañías norteamericanas, la Anaconda y la Kennecott. Sin indemnización: el gobierno calculaba que las dos compañías habían hecho en 15 años una ganancia excesiva de 80.000 millones de dólares.

La pequeña burguesía y los estratos sociales intermedios, dos grandes fuerzas que hubieran podido respaldar un golpe militar en aquél momento, empezaban a disfrutar de ventajas imprevistas, y no a expensas del proletariado, como había ocurrido siempre, sino a expensas de la oligarquía financiera y el capital extranjero. Las fuerzas armadas, como grupo social, tienen la misma edad, el mismo origen y las mismas ambiciones de la clase media y no tenían motivo, ni siquiera una coartada, para respaldar a un grupo exiguo de oficiales golpistas. Consciente de esa realidad, la Democracia Cristiana no solo no patrocinó entonces la conspiración de cuartel, sino que se opuso resueltamente porque la sabía impopular dentro de su propia clientela.

Su objetivo era otro: perjudicar por cualquier medio la buena salud del gobierno para ganarse las dos terceras partes del Congreso en las elecciones de marzo de 1973. Con esa proporción podía decidir la destitución constitucional del presidente de la república.

La Democracia Cristiana era una grande formación inter-clasista, con una base popular auténtica en el proletariado de la industria moderna, en la pequeña y media industria moderna, en la pequeña y media propiedad campesina, y en la burguesía y la clase media de las ciudades. La Unidad Popular expresaba al proletariado obrero menos favorecido, al proletariado agrícola, a la baja clase media de las ciudades.

La Democracia Cristiana, aliada con el Partido Nacional de extrema derecha, controlaba el Congreso. La Unidad Popular controlaba el poder ejecutivo. La polarización de esas dos fuerzas iba a ser, de hecho, la polarización del país. Curiosamente, el católico Eduardo Frei, que no cree en el marxismo, fue quien aprovechó mejor la lucha de clases, quien la estimuló y exacerbó; con el propósito de sacar de quicio al gobierno y precipitar al país por la pendiente de la desmoralización y el desastre económico.

El bloqueo económico de los Estados Unidos por la expropiaciones sin indemnización y el sabotaje interno de la burguesía hicieron el resto. En Chile se produce todo, desde automóviles hasta pasta dentífrica, pero la industria tiene una identidad falsa: en las 160 empresas más importantes, el 60 por ciento era capital extranjero, y el 80 por ciento de sus elementos básicos importados. Además, el país necesitaba 300 millones de dólares anuales para importar artículos de consumo, y otros 450 millones para pagar los servicios de la deuda externa. Los créditos de los países socialistas no remediaban la carencia fundamental de repuestos, pues toda industria chilena, la agricultura y el transporte, estaban sustentados por equipo norteamericano. La Unión Soviética tuvo que comprar trigo de Australia para mandarlo a Chile, porque ella misma no tenía y a través del Banco de la Europa del Norte, de París, le hizo varios empréstitos sustanciosos en dólares efectivos. Cuba, en un gesto que fue más ejemplar que decisivo, mandó un barco cargado de azúcar regalada. Pero las urgencias de Chile eran descomunales. Las alegres señoras de la burguesía, con el pretexto del racionamiento y de las pretensiones excesivas de los pobres, salieron a la plaza pública haciendo sonar sus cacerolas vacías. No era casual, sino al contrario, muy significativo, que aquel espectáculo callejero de zorros plateados y sombreros de flores ocurriera la misma tarde que Fidel Castro terminaba una visita de treinta días que había sido un terremoto de agitación social.

LA ÚLTIMA CUECA FELIZ DE SALVADOR ALLENDE

El Presidente Salvador Allende comprendió entonces, y lo dijo, que el pueblo tenía el gobierno pero no tenía el poder. La frase más alarmante, porque Allende llevaba dentro una almendra legalista que era el germen de su propia destrucción: un hombre que peleó hasta la muerte en defensa de la legalidad, hubiera sido capaz de salir por la puerta mayor de la Moneda, con la frente en alto, si lo hubiera destituido el congreso dentro del marco de la constitución.

La periodista y política Rossana Rossanda, que visitó a Allende por aquella época, lo encontró envejecido, tenso y lleno de premoniciones lúgubres, en el diván de cretona amarilla donde había de reposar el cadáver acribillado y con la cara destrozada por un culatazo de fusil. Hasta los sectores más comprensivos de la Democracia Cristiana estaban entonces contra él. “¿Inclusive Tomic?” – le preguntó Rossana. -”Todos”, contestó, Allende.

En vísperas de las elecciones de marzo de 1973, en las cuales se jugaba su destino, se hubiera conformado con que la Unidad Popular obtuviera el 36 por ciento. Sin embargo, a pesar de la inflación desbocada, del racionamiento feroz, del concierto de olla de las cacerolinas alborotadas, obtuvo el 44 por ciento. Era una victoria tan espectacular y decisiva, que cuando Allende se quedó en el despacho, sin más testigos que su amigo y confidente, Augusto Olivares, hizo cerrar la puerta y bailó solo una cueca.

Para la Democracia Cristiana, aquella era la prueba de que el proceso democrático promovido por la Unidad Popular no podía ser contrariado con recursos legales, pero careció de visión para medir las consecuencias de su aventura: es un caso imperdonable de irresponsabilidad histórica. Para los Estados Unidos era una advertencia mucho más importante que los intereses de las empresas expropiadas; era un precedente inadmisible en el progreso pacífico de los pueblos del mundo, pero en especial para los de Francia e Italia, cuyas condiciones actuales hacen posible la tentativa de experiencias semejantes a las de Chile: Todas las fuerzas de la reacción interna y externa se concentraron en un bloque compacto.

En cambio los Partidos de la Unidad Popular cuyas grietas internas era mucho más profundas de lo que se admite, no lograron ponerse de acuerdo con el análisis de la votación de marzo. El gobierno se encontró sin recursos, reclamado desde un extremo por los partidarios de aprovechar la evidente radicalización de las masas para dar un salto decisivo en el cambio social, y los más moderados que temían al espectro de la guerra civil y confiaban en llegar a un acuerdo regresivo con la Democracia Cristiana. Ahora se ve con mucha claridad que esos contactos, por parte de la oposición no eran más que un recurso de distracción para ganar tiempo.

LA CIA Y EL PARO PATRONAL

La huelga de camioneros fue el detonante final. Por su geografía fragorosa, la economía chilena está a merced de su transporte rodado. Paralizarlo es paralizar el país. Para la oposición era muy fácil hacerlo, porque el gremio del transporte era de los más afectados por la escasez de repuestos, y se encontraba además amenazado por la disposición del gobierno de nacionalizar el transporte con equipos soviéticos. El paro se sostuvo hasta el final, sin un solo instante de desaliento, porque estaba financiado desde el exterior con dinero efectivo. La CIA inundó de dólares el país para apoyar el Paro Patronal, y esa divisa bajó en la bolsa negra, escribió Pablo Neruda a un amigo en Europa. Una semana antes del golpe se había acabado el aceite, la leche y el pan.

En los últimos días de la Unidad Popular, con la economía desquiciada y el país al borde de la guerra civil, las maniobras del gobierno y de la oposición se centraron en la esperanza de modificar, cada quien a su favor, el equilibrio de fuerzas dentro del ejército. La jugada final fue perfecta: cuarenta y ocho horas antes del golpe, la oposición había logrado descalificar a los mandos superiores que respaldaban a Salvador Allende, y habían ascendido en su lugar, uno por uno, en una serie de enroques y gambitos magistrales a todos los oficiales que habían asistido a la cena de Washington.

Sin embargo, en aquel momento el ajedrez político había escapado a la voluntad de sus protagonistas. Arrastrados por una dialéctica irreversible, ellos mismos terminaron convertidos en ficha de un ajedrez mayor, mucho más complejo y políticamente mucho más importante que una confabulación consciente entre el imperialismo y la reacción contra el gobierno del pueblo. Era una terrible confrontación de clases que la habían provocado, una encarnizada rebatiña de intereses contrapuestos cuya culminación final tenía que ser un cataclismo social sin precedentes en la historia de América.

EL EJÉRCITO MÁS SANGUINARIO DEL MUNDO

Un golpe militar, dentro de las condiciones chilenas, no podía ser incruento. Allende lo sabía. No se juega con fuego, le había dicho a la periodista italiana Rossana Rossanda. Si alguien cree que en Chile un golpe militar será como en otros países de América, como un simple cambio de guardia en la Moneda, se equivoca de plano. Aquí, si el ejército se sale de la legalidad. habrá un baño de sangre. Será Indonesia. Esa certidumbre tenía un fundamento histórico.

Las fuerzas armadas de Chile, el contrario de lo que se nos ha hecho creer, han intervenido en la política cada vez que se han visto amenazados sus intereses de clase y lo han hecho con un tremenda ferocidad represiva. Las dos constituciones que ha tenido el país en un siglo fueron impuestas por las armas y el reciente golpe militar era la sexta tentativa de los últimos cincuenta años.

El ímpetu sangriento del ejército chileno le viene de su nacimiento, en la terrible escuela de la guerra cuerpo a cuerpo contra los araucanos, que duró 300 años. Uno de los precursores se vanagloriaba, en 1620, de haber matado con su propia mano, en una sola acción, a más de 2.000 personas. Joaquín Edwards Bello cuenta en sus crónicas que durante una epidemia de tifo exantemático, el ejército sacaba a los enfermos de sus casas y los mataba con un baño de veneno para acabar con la peste. Durante una guerra civil de siete meses en 1891, hubo 10.000 muertos en una sola batalla. Los peruanos aseguran que durante la ocupación de Lima, en la guerra del Pacífico, los militares chilenos saquearon la biblioteca de don Ricardo Palma, pero que no usaban los libros para leerlos, sino para limpiarse el trasero.

Con mayor brutalidad han sido reprimidos los movimientos populares. Después del terremoto de Valparaíso, en 1906, las fuerzas navales liquidaron la organización de los trabajadores portuarios con una masacre de 8.000 obreros. En Iquique, a principios del siglo, una manifestación de huelguistas se refugió en la teatro municipal, huyendo de la tropa y fue ametrallada: hubo 2.000 muertos. El 2 de abril de 1957 el ejército reprimió una asonada civil en el centro de Santiago causando un número de víctimas que nunca se pudo establecer, porque el gobierno escamoteó los cuerpos en entierros clandestinos. Durante una huelga en la mina de El Salvador, bajo el gobierno de Eduardo Frei, una patrulla militar dispersó a bala una manifestación y mató a seis personas, entre ellas varios niños y una mujer encinta. El comandante de la plaza era un oscuro general de 52 años, padre de cinco niños, profesor de geografía y autor de varios libros sobre asuntos militares: Augusto Pinochet.

El mito del legalismo y la mansedumbre de aquel ejército carnicero había sido inventado en interés propio de la burguesía chilena. La Unidad Popular lo mantuvo con la esperanza de cambiar a su favor la composición de clase de los cuadros superiores. Pero Salvador Allende se sentía más seguro entre los carabineros, un cuerpo armado de origen popular y campesino que estaba bajo el mando directo del presidente de la república. En efecto, sólo los oficiales más antiguos de los Carabineros secundaron el golpe. Los oficiales jóvenes se atrincheraron en la escuela de Sub-oficiales de Santiago y resistieron durante cuatro día, hasta que fueron aniquilados desde el aire con bombas de guerra.

Esa fue la batalla más conocida de la contienda secreta que se libró en el interior de los cuarteles la víspera del golpe. Los golpistas asesinaron a los oficiales que se negaron a secundarlos y a los que no cumplieron las órdenes de represión. Hubo sublevaciones de regimientos enteros, tanto en Santiago como en la provincia que fueron reprimidas sin clemencia y sus promotores fueron fusilados para escarmiento de la tropa. El comandante de los coraceros de Viña del Mar, coronel Cantuarias, fue ametrallado por sus subalternos. El gobierno actual ha hecho creer que muchos de esos soldados leales fueron víctimas de la resistencia popular. Pasará tiempo antes de que se conozcan las proporciones reales de esa carnicería interna, porque los cadáveres eran sacados de los cuarteles en camiones de basura y sepultados en secreto. En definitiva, sólo medio centenar de oficiales de confianza, al frente de tropas depuradas de antemano, se hicieron cargo de la represión.

Numerosos agentes extranjeros tomaron parte en el drama. El bombardeo del palacio de la Moneda, cuya precisión técnica asombró a los expertos, fue hecho por un grupo de acróbatas aéreos norteamericanos que habían entrado con la pantalla de la operación Unitas, para ofrecer un espectáculos de circo volador el próximo 18 de septiembre, día de la independencia nacional. Numerosos policías secretos de los gobiernos vecinos, infiltrados por la frontera de Bolivia, permanecieron escondidos hasta el día del golpe y desataron una persecución encarnizada contra unos 7.000 refugiados políticos de otros países de América Latina.

Brasil, patria de los gorilas mayores, se había encargado de ese servicio. Había promovido , dos años antes, el golpe reaccionario en Bolivia que quitó a Chile un respaldo sustancial y facilitó la infiltración de toda clase de recursos para la subversión. Algunos de los empréstitos que han hecho los Estados Unidos al Brasil han sido transferidos en secreto a Bolivia para financiar la subversión en Chile. En 1972, el general William Westmoreland hizo un viaje secreto a La Paz, cuya finalidad no se ha revelado. No parece casual, sin embargo, que poco después de aquella visita sigilosa, se iniciaran movimientos de tropa y material de guerra en la frontera con Chile y esto dio a los militares chilenos una oportunidad más de afianzar su posición interna y de hacer desplazamientos de personal y promociones jerárquicas favorables al golpe inminente.

Por fin, el 11 de septiembre, mientras se adelantaba la operación Unitas, se llevó a cabo el plan original de la cena de Washington, con tres años de retraso, pero tal como se había concebido: no como un golpe de cuartel convencional, sino como una devastadora operación de guerra.

Tenía que ser así, porque no se trataba de tumbar a un gobierno, sino de implantar la tenebrosa simiente del Brasil, con sus terribles máquinas de terror, de tortura y de muerte, hasta que no quedara en Chile ningún rastro de las condiciones políticas y sociales que hicieron posible la Unidad Popular. Cuatro meses después del golpe, el balance era atroz: casi 20.000 personas asesinadas; 30.000 prisioneros políticos sometidos a torturas salvajes, 25.000 estudiantes expulsados y más 200.000 obreros licenciados. La etapa más dura, sin embargo; aún no había terminado.

LA VERDADERA MUERTE DE UN PRESIDENTE

A la hora de la batalla fina, con el país a merced de las fuerzas desencadenadas de la subversión, Salvador Allende continuó aferrado a la legalidad. La contradicción más dramática de su vida fue ser al mismo tiempo, enemigo congénito de la violencia y revolucionario apasionado y él creía haberla resuelto con la hipótesis de que las condiciones de Chile permitían una evolución pacífica hacia el socialismo dentro de la legalidad burguesa. La experiencia le enseñó demasiado tarde que no se puede cambiar un sistema desde el gobierno sino desde el poder.

Esa comprobación tardía debió ser la fuerza que lo impulsó a resistir hasta la muerte en los escombros en llamas de una casa que ni siquiera era la suya, una mansión sombría que un arquitecto italiano construyó para fábrica de dinero y terminó convertida en le refugio de un presidente sin poder. Resistió durante seis horas, con una metralleta que le había regalado Fidel Castro y que fue la primera arma de fuego que Salvador Allende disparó jamás. El periodista Augusto Olivares, que resistió a su lado hasta el final, fue herido varias veces y murió desangrándose en la Asistencia Pública.

Hacia las cuatro de la tarde, el general de división Javier Palacios logró llegar al segundo piso, con su ayudante, el capitán Gallardo y un grupo de oficiales. Allí, entre las falsas poltronas Luis XV y los floreros de dragones chinos y los cuadros de Rugendas del salón rojo, Salvador Allende los estaba esperando, estaba en mangas de camisa, sin corbata, y con la ropa sucia de sangre. Tenía la metralleta en la mano.

Allende conocía bien al general Palacios. Pocos días antes, le había dicho a Augusto Olivares que aquel era un hombre peligroso que mantenía contactos estrechos con la Embajada de los Estados Unidos. Tan pronto como lo vio aparecer en la escalera, Allende le gritó: “Traidor” y lo hirió en una mano.

Allende murió en un intercambio de disparos con esta patrulla. Luego, todos los oficiales, en un rito de casta, dispararon sobre el cuerpo. Por último, un suboficial le destrozó la cara con la culata del fusil. La foto existe: la hizo el fotógrafo Juan Enrique Lira, del periódico El Mercurio, el único a quien se permitió retratar el cadáver. Estaba tan desfigurado, que a la señora Hortensia Allende, su esposa, le mostraron el cuerpo en el ataúd, pero no permitieron que le descubriera la cara.

Había cumplido 64 años en el julio anterior y era un Leo perfecto: tenaz, decidido e imprevisible. Lo que piensa Allende sólo lo sabe Allende, me había dicho uno de sus ministros. Amaba la vida, amaba las flores y los perros y era de una galantería un poco a la antigua, con esquelas perfumadas y encuentros furtivos. Su virtud mayor fue la consecuencia, pero el destino le deparó la rara y trágica grandeza de morir defendiendo a bala el mamarracho anacrónico del derecho burgués, defendiendo una Corte Suprema de Justicia que lo había repudiado y había de legitimar a sus asesinos, defendiendo un Congreso miserable que los había declarado ilegítimo pero que había de sucumbir complacido ante la voluntad de los usurpadores, defendiendo la libertad de los partidos de oposición que habían vendido su alma al fascismo, defendiendo toda la parafernalia apolillada de un sistema de mierda que él se había propuesto aniquilar sin disparar un tiro. El drama ocurrió en Chile, para mal de los chilenos, pero ha de pasar a la historia como algo que nos sucedió sin remedio a todos los hombres de este tiempo y que se quedó en nuestras vidas para siempre.

Gabriel García Márquez, 2003

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21/04/2014 21:49. Publicado por: Arístides Chamorro Rivas #. Salvador Allende No hay comentarios. Comentar.

Nuevo Periodico Electronico - El Desertor

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Estimados Chilenos repartidos por el mundo

Comunico a ustedes la aparicion  de un nuevo Periodico (semanal) con Noticias que no salen en TV - Versiones alternativas y un nuevo enfoque.

www.eldesertor.web44.net

Sientanse en libertad de escribirme para publicar sus avisos clasificados en forma gratuita. Si desean publicidad toda la información esta en la web o contactenme directamente

un abrazo

Daniel Moreira

Editor

 

 

 

 


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29/04/2014 22:40. Publicado por: Daniel Moreira #. Chilenos en el Mundo No hay comentarios. Comentar.

Juan Pablo II: un santo impresentable

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El Martes, 29 de abril, 2014

Estimados todos:

¿Sabían ustedes que en el mes de agosto de 1979, después del asesinato de 5 sacerdotes católicos entre 1977 y 1979, Monseñor Romero viajó al Vaticano para presentarle un dossier minucioso sobre la brutal represión que venían sufriendo la iglesia y el pueblo salvadoreño, el papa Juan Pablo II rehusó ver el dossier y hablar sobre el tema? Poco tiempo después, en marzo de 1980, Monseñor Oscar Arnulfo Romero fue asesinado por un sicario del partido gobernante (ARENAS) mientras celebraba misa.

Saludos,

DAPE

 

Editorial de LA JORNADA

Juan Pablo II: un santo impresentable

La canonización de Karol Wojtyla, quien ejerció el papado con el nombre de Juan Pablo II entre 1978 y 2005, constituye un factor de disenso y debate al interior de la Iglesia católica y fuera de ella, tanto por cuestiones de procedimiento como por razones de fondo que llevan a poner en duda no sólo la pretendida santidad, sino incluso la ética del primer pontífice polaco de la historia.

En el primero de esos aspectos, lo que salta a la mente es la insólita celeridad con que el Vaticano dio curso y consumó la santificación, poniendo la causa de Juan Pablo II por delante de procesos más fundados y consensuados. Para citar un ejemplo, baste con decir que en 2000 –hace 14 años– se propuso la beatificación de fray Bartolomé de las Casas, figura histórica cuya ética cristiana resulta más clara que la de Wojtyla, sin que hasta la fecha el obispo defensor de los indios haya sido declarado beato.

 Otro hecho que resulta desconcertante es que se haya llevado a los altares a Juan Pablo II al mismo tiempo que a Juan XXIII, dos papas que, en muchos sentidos, resultan contrapuestos: Wojtyla mantuvo a la Iglesia apegada a posturas oscurantistas, regresivas e incluso de corte medieval, y gobernó con mentalidad de cruzado; Angelo Guiseppe Roncalli, Juan XXIII, en cambio, procuró reconciliar al Vaticano con la modernidad histórica, impulsó el Concilio Vaticano II, en el que la jerarquía eclesiástica se asomó, al menos, al humanismo contemporáneo, y mantuvo en todo momento un discurso de conciliación, entendimiento y apertura. Pero entre la muerte de ese pontífice y su canonización tuvieron que pasar casi 50 años –un plazo de todos modos breve, según los usos y costumbres de Roma–, en tanto que el expediente de Juan Pablo II realizó el mismo trayecto en nueve.

 Más allá de estas contradicciones, es cierto que Karol Wojtyla gozó durante su pontificado de popularidad mediática, pero también fue objeto de incontables señalamientos críticos por su evidente afiliación a la causa de la llamada revolución conservadora, inicio de la implantación global del neoliberalismo, que estuvo encabezado por Augusto Pinochet, Margaret Thatcher, Ronald Reagan y el propio Juan Pablo II, unidos por su anticomunismo visceral.

 Adicionalmente, el Papa polaco reprimió sin ningún escrúpulo –por conducto de quien habría de ser su sucesor, el cardenal alemán Joseph Ratzinger– las corrientes de la Teología de la Liberación, fundamentadas en el Concilio Vaticano II, que pregonaban la orientación de la Iglesia hacia los pobres y las causas de emancipación de los pueblos; ello, en un momento histórico en que América Latina padecía un ciclo de dictaduras militares que cometieron toda clase de violaciones a los derechos humanos y para las cuales Wojtyla fue, al menos, tolerante.

 Un tercer factor de impugnación a Juan Pablo II fue su beligerancia dogmática contra los derechos reproductivos y sexuales: en su papado la misoginia y la homofobia de la jerarquía elcesiástica católica alcanzaron un nivel de discurso oficial y el tradicionalismo del pontífice se convirtió en sistemático sabotaje de las campañas de salud pública para contener la epidemia de VIH, sobre todo en África y en América Latina.

 Pero la falta más grave del difunto Papa polaco fue la decisión de encubrir las prácticas de pederastia y las agresiones sexuales cometidas por centenares o miles de sacerdotes católicos en diversos continentes: decenas de miles de niños violados, y un número indeterminado de mujeres –religiosas, en su mayoría– reducidas a la servidumbre sexual no merecieron la compasión de Wojtyla; éste, por el contrario, buscó por todos los medios acallar los escándalos. Al menos en el caso más indignante de abusos sexuales, el del depredador Marcial Maciel, fundador y director de Legionarios de Cristo, Juan Pablo II dispuso de la información fehaciente –así lo ha admitido públicamente el que fue su portavoz, Joaquín Navarro-Vals– y decidió, sin embargo, guardar silencio.

 La canonización choca frontalmente con los posicionamientos progresistas y de sensibilidad social del actual pontífice, Francisco, así como con sus abiertas invectivas contra la curia romana. Es razonable suponer, en consecuencia, que la decisión de elevar a los altares a Wojtyla al mismo tiempo que a Roncalli –con cargas simbólicas opuestas– constituye un acuerdo salomónico entre las corrientes renovadoras, encabezadas por el Papa argentino y las resistencias de una burocracia vaticana inmovilista, oscurantista y mafiosa. De ser así, Juan Pablo II habría sido elevado a las alturas no porque hubiese estado cerca de la santidad, sino como resultado de la pugna intestina y del jaloneo cada vez más abierto en el Vaticano. Pero aun así, y por las razones arriba señaladas, Wojtyla es un santo impresentable.

 

 

 

 

29/04/2014 23:00. Publicado por: Arístides Chamorro Rivas #. Internacionales No hay comentarios. Comentar.

Dos nuevos santos

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La historia negra de Juan Pablo II, encubridor de pedófilos, canonizado

junto a Juan XXIII

 Eduardo Febbro*

 Desde Roma

"¿Víctimas? ¿Qué víctimas?", preguntó el cardenal Velasio de Paolis.Luego agregó: "No sólo están esas víctimas". Después hubo un silencio de cuerpo y alma seguido por la mirada un tanto extraviada del superior general de los Legionarios de Cristo, nombrado en 2010 a ese cargo por el entonces papa Jozef Ratzinger. A la pregunta de De Paolis le siguió una respuesta: las víctimas no eran sólo los miles de menores que sufrieron los apetitos sexuales de las sotanas hipócritas, sino también el mismo Vaticano. Las víctimas no eran únicamente los menores o adultos abusados y violados por el padre Marcial Maciel, el fundador de esa industria de los atentados sexuales que fue, durante su mandato, los Legionarios de Cristo. La víctima era la Santa Sede, que fue "engañada".

 Juan Pablo II, el Papa que, entre otros tantos horrores, promovió y encubrió a los pedófilos y violadores de la Iglesia, recibió, al mismo tiempo que Juan XXIII, la canonización. Más allá del espectáculo obsceno montado para esta ocasión, del millón de fieles en la plaza San Pedro, de los tres satélites suplementarios para difundir el acto, más allá de la fe de mucha gente, la canonización del Papa polaco es una aberración y un ultraje para cualquier cristiano del planeta. Declarar santo a Karol Wojtyla es olvidarse del abrumador catálogo de pecados terrestres que pesan sobre este pontífice: amparo de los pedófilos, pactos y regateos con dictaduras asesinas, corrupción, suicidios jamás aclarados, asociaciones con la mafia, montaje de un sistema bancario paralelo para financiar las obsesiones políticas de Juan Pablo II –la lucha contra el comunismo–, persecución implacable contra las corrientes progresistas de la Iglesia, en especial la de América Latina, o sea, la frondosa y renovadora Teología de la Liberación.

 La frase "¿Víctimas? ¿Qué víctimas?" pronunciada en Roma por el cardenal Velasio de Paolis encubre toda la impunidad y la continuidad aún arraigada en el seno de la Iglesia. Jurista y experto en derecho canónico, De Paolis formaba parte de la Congregación para la Doctrina de la Fe en la época en que –años 80– se acumulaban las denuncias contra Marcial Maciel. Sin embargo, fue él quien firmó la segunda absolución del sacerdote mexicano. El ex padre mexicano Alberto Athié contó a Página/12 cómo Maciel solía repartir sobres con dinero y favores para comprar el silencio de las jerarquías. Athié renunció en el año 2000 al sacerdocio y se dedicó a la investigación y denuncia de los abusos sexuales cometidos por clérigos y organizaciones. El destino de Maciel lo selló Benedicto XVI a partir de 2005. En 2004, antes de la muerte de Karol Wojtyla, Maciel fue honrado en el Vaticano. Ese mismo año Ratzinger reabrió las investigaciones contra los legionarios.

 El dossier Maciel había sido bloqueado en 1999 por Juan Pablo II y mantenido en estado de invisible por otra de las figuras más turbias de la curia romana, Angelo Sodano, el ex secretario de Estado de Giovanni Paolo. Sodano es una perla digna de figurar en un curso de maniobras sucias. Angelo Sodano, que es decano del Colegio de Cardenales, tenía negocios con los Legionarios de Cristo. Un sobrino suyo fue uno de los asesores nombrados por Maciel para construir la universidad que los Legionarios de Cristo tienen en Roma, la Universidad pontificial Regina Apostolorum.

 Sodano, quien fue el número dos de Juan Pablo II durante casi 15 años, tenía un enemigo interno, Jozef Ratzinger, un club de simpatías exteriores cuyos dos miembros más eminentes eran el dictador Augusto Pinochet y el violador Marcial Maciel. Sodano y Ratzinger libraron una batalla sin tregua: el primero para proteger a los pedófilos, elsegundo para condenarlos.

 En 2004, Jozef Ratzinger obligó a Marcial Maciel a dimitir y retirarse de la vida pública. Dos años después, ya como Benedicto XVI, el Papa lo suspendió a divinis. Las investigaciones reabiertas por Ratzinger demostraron que Maciel era un pederasta, tenía dos mujeres, tres hijos, se movía con varias identidades y manejaba fondos millonarios. Las denuncias previas nunca habían pasado el paredón levantado por Sodano y el hoy santo Juan Pablo.

 La carrera de Sodano es toda una síntesis del papado de Karol Wojtyla, en donde se mezclan los intereses políticos, las visiones ideológicas ultraconservadoras, la corrupción y las manipulaciones. Angelo Sodano fue nuncio en Chile durante la dictadura de Pinochet. El diplomático mantuvo una relación amistosa con el dictador y ello le permitió fraguar la visita a Chile que Juan Pablo II hizo en 1987. Su hermano Alessandro fue condenado por corrupción tras la operación Manos Limpias. Su sobrino Andrea corrió la misma suerte en Estados Unidos. La FBI descubrió que Andrea y un socio se dedicaban a comprar –mediante información privilegiada– por un puñado de dólares, las propiedades inmobiliarias de las diócesis de Estados Unidos que estaban en bancarrota debido a los escándalos de pedofilia.

"Se ha promovido a santo a un hombre con las manos sucias, que encubrió a violadores de niños y legitimó a dictadores que dejaron millares de muertos en el camino"

 Pero el mundo sucumbió al grito de "santo súbito" que reclamaba la canonización de un hombre que presidió los destinos de la Iglesia en su momento más infame y corrupto. El Papa "viajero", el Papa "amable", el Papa "de los jóvenes", el Papa "catódico" era un impostor ortodoxo que desprotegió a las víctimas de los abusos sexuales y a los propios pastores de la Iglesia cuando éstos estuvieron en peligro de muerte. Su visión y sus necesidades estratégicas siempre se opusieron a las humanas.

 Ocurre que en la trama de esta historia hay también mucha sangre y no sólo la de los banqueros mafiosos como Roberto Calvi o Michele Sindona con quienes Juan Pablo II se asoció para alimentar con fondos, secretos las arcas del IOR (banco del Vaticano), fondos que luego servirían para financiar la lucha contra el comunismo en Europa del Este o la Teología de la Liberación en América Latina. Juan Pablo II dejó sin protección a los sacerdotes que encarnaban en Latinoamérica la opción por los pobres frente a las dictaduras criminales y sus aliados de las burguesías nacionales.

 En 2011, 50 destacados teólogos de Alemania firmaron una carta en contra de la beatificación de Juan Pablo II, por no haber respaldado al arzobispo salvadoreño Óscar Arnulfo Romero, asesinado el 24 de marzo de 1980 por un comando paramilitar de la extrema derecha salvadoreña mientras celebraba una misa. Romero sí que es y será un santo. El

arzobispo enfrentó a los militares para rogarles que no asesinaran a su pueblo, recorrió barriales, zonas castigadas por la represión y la violencia, defendió los derechos humanos y a los pobres. En suma, no esperó a que Bergoglio llegara a Roma para hablar "de una Iglesia pobre para los pobres". No. La encarnó en su figura y lo pagó con su vida, como tantos otros sacerdotes a quienes el Vaticano tildaba de marxistas o comunistas sólo porque se implicaban en causas sociales.

 Juan Pablo II es un santo impostor que traicionó a América Latina y a quienes, desde una modesta Iglesia, osaron decirle no a los asesinos de sus pueblos. Si Juan Pablo II contribuyó en Europa del Este a la caída del bloque comunista, en América Latina favoreció la caída de la democracia y la permanencia nefasta de las dictaduras y su ideología apocalíptica. Un detalle atroz se suma a la ya incontable deuda que el Vaticano tiene con la justicia y la verdad: el expediente de beatificación de monseñor Óscar Arnulfo Romero sigue bloqueado en los meandros políticos de la Santa Sede. Juan Pablo II beatificó a Josemaría Escrivá, el polémico fundador del Opus Dei y uno de sus protegidos. Pero dejó afuera a Romero, incluso cuando estaba con vida y las amenazas contra él se precisaban cada semana. "Cada vez más soy el pastor de un país de cadáveres", solía decir Romero.

Juan Pablo II fue electo en 1978. Al año siguiente, monseñor Romero le entregó un informe sobre la espantosa violación de los derechos humanos en El Salvador. El Papa lo ignoró y le recomendó a Romero que trabajara "más estrechamente con el gobierno". Como lo recuerda a Página/12 Giacomo Galeazzi, vaticanista de La Stampa y autor de una magistral investigación, "Wojtyla secreto", en "sus 25 años de pontificado ningún obispo latinoamericano ligado a la acción social o a la Teología de la Liberación fue nombrado cardenal por Juan Pablo II". La respuesta está en una frase de otro de los más dignos representantes de la "Iglesia de los pobres", el fallecido arzobispo brasileño Hélder Câmara: "Cuando alimenté a los pobres me llamaron santo; pero cuando pregunté por qué hay gente pobre me llamaron comunista".

 El show universal de la canonización ya fue lanzado. La prensa blanca de Europa tiene la memoria muy corta y su cultura del otro es estrecha como un pasillo de hospital. Todos celebran al gran Papa. Se ha promovido a la categoría de santo a un hombre que tiene las manos sucias, que ha cometido la infamia de encubrir a violadores de niños, de besar a dictadores y legitimar con ello el tendal de muertos que dejaban en el camino, de negociar beneficios con la mafia, que ha sacrificado en nombre de los intereses de una parte de un continente, el este de Europa, la misericordia y la justicia de otros, entre ellos los de América Latina. Se canoniza a un embaucador. El colmo de laligereza, del error inmemorial. ¿Ante quién se arrodillarán en adelante las víctimas de los abusadores sexuales y de las dictaduras? Podemos levantar todos juntos un lugar apacible y justo en la memoria con las imágenes del padre Mugica o de monseñor Romero para rencontrarnos con la beatitud y el sentido de quienes, por un ideal de justicia e igualdad, enfrentaron la muerte sin pensar nunca en sí mismos o en bajos beneficios humanos.

 *[1]efebbro@pagina12.com.ar

 References

 1. mailto:efebbro@pagina12.com.ar

 Guillermo C. Cohen-DeGovia

 

 

 

 

 

 

29/04/2014 23:14. Publicado por: Arístides Chamorro Rivas #. Internacionales No hay comentarios. Comentar.

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