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Centros Chilenos en el Exterior

Opinión

UNA REFLEXIÓN DE JORGE COULON, INTILLIMANI

UNA REFLEXIÓN DE JORGE COULON, INTILLIMANI

Por Jorge Coulon

La elección que se nos presenta el 17 de Enero del 2010 es una nueva elección. La del 13 de Diciembre del 2009 ya pasó y las urnas dieron su veredicto. Los análisis son muchos, necesarios y apasionantes. Hagámoslos y saquemos nuestras conclusiones, yo mismo me siento tentado de entrar en ellos, creo que es un resultado que deja pocos vencedores, entre esos pocos sin duda el PC es el más evidente, también, evidentemente, los electos a los cargos a que postularon y en cierta medida el pueblo de Chile que asiste al fin de una era.

Digo en cierta medida porque siempre es bueno poner fin a largos períodos de inmovilidad que llevan necesariamente a la descomposición, las aguas deben correr para mantenerse vivas y ser fuente de vida, las aguas estancadas son fuente de enfermedades... el fin de un período de estancamiento abre la posibilidad de renovación del aire, del ambiente, es la posibilidad de un mejoramiento.

Pero así como el paso del tiempo no es sinónimo de progreso, los cambios en si mismos nada quieren decir, el futuro es un ejercicio de construcción permanente y depende de las acciones humanas, el futuro será mejor sólo si lo hacemos mejor, el futuro en si es una idea abstracta, carente de significado.

La elección pasó, ahora lo único que está en juego es si le vamos a entregar Chile a la derecha.

 Me parece ecuchar ya la avalancha de argumentaciones, yo mismo podría argumentar al infinito, Frei ya gobernó y privatizó todo lo que pudo, la concertación no se diferencia mucho de la derecha, que Escalona, que la ministra Jimenez, que Harboe, que Shilling, que los profesores, que la salud...

Si, todo eso y mucho más, pero yo no facilitaré que la derecha asuma el gobierno de Chile, no votaré o dejaré de votar para permitir que Cardemil vuelva al gobierno, que Novoa vuelva al Gobierno, que el patrón Larraín sea ministro, que Flores y Shaulsson sean ministros... Para mi no es lo mismo, no quiero mejorarme de una uña encarnada cortándome el pie.

Nunca pensé que ME-O pasaría a segunda vuelta, no me gustó su aventura personalista que a quien más dañó fue sin duda a la izquierda, a los que queremos una izquierda fuerte, seria, capaz de condicionar la vida nacional a favor de la justicia social, pero si por un extraño caso fuera ME-O el que enfrentara a Piñera yo habría estado contra Piñera, contra lo que el representa, contra el ejército de espectros que lo acompaña, contra la sombra de Pinochet y su aliento a sepultura.

Por eso es que la pregunta a ME-O no es si endosa sus votos o no, no tendría ninguna posibilidad de hacerlo, la pregunta es si él, personalmente, va a votar o no a favor de la derecha.

La derecha saca cuentas alegres para la tele, su triunfalismo es instrumental y propagandístico, ellos saben que el 44% que obtuvieron en la primera vuelta es inferior a los resultados en primera vuelta de Lavín frente a Lagos y la suma de los dos frente a Bachelet... ellos saben que mucho más allá no van a llegar, a menos que convenzan a un sector de que hay que votar nulo y a menos que hagan creer a los muchos descontentos de la concertación que habemos en Chile que la elección del 17 es entre Frei y otro...

 El 17 de Enero se plebiscita si le entregamos Chile a la derecha, no habrá otras opciones en el voto... y a eso hay que responder, Si o No...

Publicado en http://www.lalegua.cl  

 

 

Las fuerzas progresistas somos mayoría

Las fuerzas progresistas somos mayoría

Tengo muy claro que la ciudadanía, con su voto, ha expresado un rechazo a ciertas prácticas políticas. Comparto esa crítica y me hago cargo de ese malestar y exigencia de renovación.

Por Eduardo Frei Ruiz-Tagle - 

 Los resultados de la primera vuelta de las elecciones presidenciales demostraron, una vez más, que las fuerzas democráticas progresistas del país siguen siendo mayoría en Chile. Las mismas que han decidido que el candidato de la Concertación encarne esos valores en la segunda vuelta, que tendrá lugar el 17 de enero próximo.

Asumo, sin ambigüedades, con orgullo, pero a la vez como una gran responsabilidad, representar esas ideas. Por eso, hago un llamado a quienes no votaron por mí a que se sumen a nuestra opción. A ellos les digo que hemos escuchado su mensaje y me comprometo a integrar a nuestra campaña sus energías, sus esperanzas y sus propuestas. En los planteamientos formulados por las candidaturas de Jorge Arrate y Marco Enríquez-Ominami encontramos más puntos de coincidencia que de discrepancia, como profundizar nuestra democracia, derrotar la exclusión y la discriminació n, fortalecer la educación y la salud pública y ampliar la protección social a la clase media, entre otros. Este debe ser el momento del reencuentro y de la unidad, para dar cauce a la mayoría progresista que se ha expresado en las urnas.

Son estas ideas y valores que representamos los que pueden garantizarle a la ciudadanía que podemos seguir conduciendo el país por la senda de un progreso más humano, en el que las personas sientan que tienen un gobierno cercano y que los protege. Chile no puede optar a cualquier tipo de desarrollo y a la oferta de un cambio que no está pensado para beneficiar a los que tienen menos, a los excluidos o para profundizar nuestra democracia.

Tampoco sería bueno para el país que un sector minoritario concentre el poder económico, el poder de los medios de comunicación y el poder político. Sería un retroceso histórico, después de todo lo que hemos logrado avanzar en los últimos 19 años, entregar el destino de Chile a los más fieles exponentes de la crueldad del mercado.

Sin perjuicio de lo anterior, tengo muy claro que la ciudadanía, con su voto, también ha expresado un rechazo a ciertas prácticas políticas y estilos de ejercer el servicio público que no dan para más y a los que debemos prestar máxima atención para enmendarlos. Así como el país se ha desarrollado y así como hemos conseguido importantes conquistas sociales y económicas, también es cierto que la política no se ha renovado a ese mismo ritmo.

Comparto esa crítica y me hago cargo de ese malestar y de esa exigencia de renovación. Por eso ayer incorporé nuevos rostros a nuestra campaña y me he comprometido con medidas concretas a modernizar la política y a que los jóvenes y las mujeres asumirán un rol protagónico en nuestro futuro gobierno.

En momentos en que iniciamos un nuevo desafío, reitero mi compromiso de continuidad y cambio. Me siento orgulloso de representar a las fuerzas progresistas de nuestro país. Juntos hemos afrontado con éxito las grandes tareas que hoy hacen de Chile un país admirado y respetado. Juntos derrotamos a la dictadura, conducimos con responsabilidad y sin revanchismos una transición compleja. Nos hicimos cargo del drama de las violaciones a los derechos humanos y hemos luchado por profundizar nuestra democracia, por disminuir la pobreza y por hacer de Chile un país más inclusivo, justo y generoso.

Nos hemos ganado el derecho de seguir compitiendo y, con humildad, les pedimos a los chilenos que nos sigan brindando su confianza, porque, en definitiva, representamos el progreso y el bienestar de las familias de nuestra patria.

 

 

Elecciones de hoy en Chile

Me levanté temprano. Iré luego a votar en el Liceo Carmela Carvajal de Prat, situado en Avenida Italia 990, Providencia. Me pidieron ser apoderado, pero no pude aceptar. Será un día con bastante calor. La temperatura llegará a los 31 grados. Muchas mesas (son más de 34.000 en todo Chile) ya están constituidas. Pueden votar más de 8 millones de personas. Más de 3 millones no votarán por no estar inscritos o por no poder votar, como es le caso de los chilenos residentes en el extranjero. Hay que señalar que miles de residentes extranjeros votarán hoy en Chile, lo que es legítimo. Sin embargo, la derecha nos niega este mismo derecho. Qué contradicción!
 
 Desde las 19 horas (17 horas en Montreal) se empezarán a dar  resultados. Se espera el primer cómputo oficial hacia las 19h30 de la tarde, anunciado por el Subsecretario del Interior. Las encuestas predicen que el ganador será Piñera. El segundo sería Frei. El tercero Enríquez Ominami y el cuarto, Arrate.
 
He tratado de informar a los medios de comunicación chilenos sobre las iniciativas de votos simbólicos que se llevarán a cabo en Montreal y en varios países europeos. No es fácil. Se han obenido algunos resultados. Seguiremos insistiendo para la segunda vuelta.  Ni la prensa ni los políticos muestran una gran preocupación e interés por los chilenos del exterior.
 
Hecho interesante: el gobierno argentino otorgó asueto el viernes pasado y el lunes próximo a los ciudadanos chilenos que se desempeñan en la administración pública de ese país, para que puedan viajar a Chile y votar hoy domingo en las elecciones. El decreto fue ordenado por la Presidenta Cristina Fernández. Entre los argumentos del texto figuran que el Ejecutivo estima 'valioso alentar la participación democrática no solamente de los ciudadanos argentinos, sino también de los residentes extranjeros cuando deban cumplir sus deberes cívicos'. Se calcula que más de 500 mil chilenos viven de manera estable en Argentina.La actitud del gobierno argentino debería constituir un ejemplo para Chile.
 
Hago un llamado a todos los compatriotas del exterior para voten simbólicamente hoy o expresen, de otras maneras, su malestar porque senos impide votar en el extranjero.
 
Osvaldo Núñez osvaldonunez@sympatico.ca
Comité Exterior Chile Somos Todos
Santiago, 13 de diciembre de 2009

 

 

CHILE: DATOS DE LA CAUSA

De acuerdo a un conjunto de cuadros otorgado por el académico chileno, Alejandro Saavedra, al 2002, las relaciones y porcentajes de las clases en Chile se dividían en un 62 % de trabajadores que viven de un salario a cambio de la venta de su fuerza laboral a uno o más capitalistas; un 7 % de empleadores; un 2,9 % de empleados públicos; un 0,4 % de directivos del Estado; un 5,1 % de directivos de la empresa privada; un 16,6 % de trabajadores por cuenta propia; y un 5,4 % de empleados domésticos.

En términos convencionales, de acuerdo a la distribución de la población, la burguesía correspondería a casi un 7 %; la pequeña burguesía a un 30,46 %, y los trabajadores asalariados a un 62, 6 %.

En general, la población urbana económicamente activa es casi un 90 % respecto de un 11 % de población económicamente activa que se desempeña en el campo.

Según datos ofrecidos por el diario La Tercera en octubre de 2006, en Chile existen a lo menos 6 familias multimillonarias (patrimonio superior a los mil millones de dólares); 126 familias de grandes millonarios (patrimonio entre 20 y 100 millones de dólares); 506 familias de millonarios consolidados (5 a 20 millones de dólares líquidos); y 3.417 familias de millonarios emergentes (entre 1 y 5 millones de dólares). Lo anterior correspondería a la composición de la denominada “gran burguesía” chilena, donde se encontrarían las familias Angelini, Matte, Lucsik, Solari, Paulmann; Piñera, Cueto, Saeih, etc.

 Las propiedades diversificadas de la burguesía mandante se encuentran en las industrias minera, forestal y celulosa, bancos, electricidad, telefonía, grandes tiendas, transporte aéreo, vapores, agua potable, bebidas y vino, gas, combustible y pesca. Los capitales funcionan combinadamente entre los propietarios nativos (de tendencia expansiva hacia los países aledaños) y los transnacionales (especialmente españoles, canadienses y norteamericanos, entre otros). Datos de 2004, afirman que las 20 mayores empresas exportadoras son extranjeras en un 40 %, privadas chilenas en un 22 %, y del Estado en un 38 %.

La naturaleza rentista de la clase que domina en Chile y que determina el contenido del Estado se encuentra en el despojo privatizador del subsuelo (especialmente para el extractivismo minero); los recursos marinos, los acuíferos, y los ligados al suelo y la propiedad territorial. Los monopolios en el ámbito de los servicios funcionan de manera especial en las industrias de la electricidad, gas y agua; teléfonos y comunicaciones; gran comercio; servicios financieros: transporte aéreo y autopistas.

Al 2002, la mediana y pequeña burguesía organizaba su propiedad en casi un 20 % en el sector primario; casi un 20 % en la industria manufacturera y la construcción; y un 60 % en servicios. Este sector de la sociedad chilena, hace 7 años, correspondía a 500 mil personas.

En el mismo año, los trabajadores asalariados se dividían en un 14,8 % en el sector primario; un 26, 6 % en la industria manufacturera y construcción; y un 58, 6 % en servicios. Hace 7 años, en total sumaban a más de 3 millones 600 mil personas. Si se estima tendencialmente el movimiento del capital asociado al aumento de la población y la incorporación de mujeres y jóvenes al trabajo, al número anterior es preciso agregarle alrededor de 500 mil asalariados más, de un universo que todavía no llega a los 7 millones de personas. El diferencial se completa con la proliferación de los trabajadores por cuenta propia y la informalidad laboral creciente.

Hacia el 2010, la tendencia del capitalismo en Chile obra concentrando la propiedad, proletarizando formal, pero más informalmente a un gran número de personas provenientes del empleo ampliado de mano de obra femenina y juvenil, cuyo precio promedio de sueldo es ostensiblemente inferior que el de los asalariados hombres por las mismas tareas. Al respecto, la movilidad social en la actualidad no está asociada al ascenso social, sino, por el contrario, a la migración, la precarización de las relaciones contractuales, la flexibilidad laboral y la intensificación de la explotación. En este sentido, vale relevar la ausencia de derechos sociales adecuados, los cuales, simplemente, reproducen las relaciones polares de clase: una minoría tiene educación, salud, vivienda y recreación de “primer mundo”, mientras la inmensa mayoría está condenada a los mismos servicios, pero de “tercer mundo”.

Con un casi un 10 % de cesantía oficial en Chile producto de los efectos de la crisis capitalista, la contracción de la oferta laboral disminuye drásticamente el precio de los salarios; propala el endeudamiento plástico y usurero de las casas comerciales (las cuales han reconocido que ya más de la mitad de sus utilidades provienen de los préstamos caros, más que de la propia venta de mercancía tradicional). La gran mayoría de la gente en Chile no se endeuda para hacerse de mercancías suntuarias, sino para comprar los alimentos básicos en medio de la proliferación de supermercados altamente segmentados socialmente.

La organización del trabajo cada vez más fragmentada; leyes laborales antipopulares y que destruyen las posibilidades de organización sindical en cualquiera de sus formatos posibles (aun en ellos más inofensivos y con nimia capacidad de negociación); el endeudamiento asfixiante, y el control unidimensional de los medios de comunicación de masas (entretención barata que encabeza el panorama recreativo de las grandes mayorías), operan con violencia en el campo de la alienación social fundado en el miedo, el consenso forzado y la resignación.

De este modo, la lucha de clases se expresa soterrada y episódicamente, facilitando el aumento de una verdadera industria delincuencial –con división muy bien organizada de tareas-, conflictos laborales aislados que pocas veces alcanzan el reajuste salarial, multiplicación de psicopatologías ligadas a la incertidumbre, un movimiento popular que no alcanza a revelar sus intereses históricos y que es presa fácil del clientelismo político; la insatisfacción generalizada, el descrédito del debate y hacer en el ámbito público como automovimiento y regulación desde abajo; la desorientación y el subsecuente acuartelamiento en los intereses inmediatos de la sobrevida a escala individual.

Los diagnósticos (donde se incluyen vergonzosamente estas mismas líneas) se multiplican a puerta cerrada, toda vez que se precisa de la construcción simbólica y resignificación –de acuerdo a los tiempos políticos y la propia conciencia popular- de los aspectos convocantes y que ofrezcan sentido contemporáneo a las claves de la emancipación social. Sobre lo último, la asociación entre ética y política es una matriz desde donde enarbolar la edificación del paradigma propio de la liberación de las mayorías. Ahora mismo, las elecciones presidenciales y parlamentarias del próximo fin de semana han contado con la indiferencia más extendida desde el comienzo de los gobiernos civiles. La competencia entre tres candidatos estratégicamente de la Concertación (más allá del programa del candidato Arrate de la izquierda tradicional, finalmente llamará a votar por Frei en la segunda vuelta) y uno de la derecha convencional, ha provocado una suerte de confusión e indolencia electoral. Lo cierto es que iniciativas políticas anticapitalistas, como el MPT, pronto deben ser capaces de establecer superiores niveles de sintonía popular, superando la reagrupación inicial que lo justifica. Razón y fuerza siempre van de la mano. Y no hay más remedio que apelar al peruano luminoso, reunir y propiciar el movimiento real de los pueblos y los trabajadores territorializados en Chile, y provocar, una vez más, “la creación heroica”, ya no más copia, ya no más calco. Adiós manuales, facilismos y “vías rápidas”. Sólo lucha, inteligencia, disciplina y corazón.

Andrés Figueroa Cornejo

Diciembre 7 de diciembre.

 

 

POSTAL DE CHILE A FINES DE 2009

1. En el call center del Banco Santander de la capital chilena, trabajan 300 telefonistas. Ellas atienden a los eventuales clientes de la empresa por un salario que nunca supera los $ 250 mil pesos (poco más de 500 dólares en un territorio donde ese monto equivale a la mensualidad de las carreras baratas de las universidades privadas y “públicas”). Si contactan a un cliente que quiere hacerse de algún instrumento crediticio, lo derivan a la fuerza de venta de la empresa. Más allá de las pésimas condiciones laborales en las que se desempeñan, las telefonistas son la primera línea de “enganche” para los consumidores. Por ello obtienen un número que mensualmente va a una tómbola donde, si la fortuna es su amiga, pueden llegar a “ganar” una taza para el café, lápices, un cojín o una entrada al cine.

2. Según el críptico Instituto Nacional de Estadísticas, durante el trimestre móvil agosto-octubre, el desempleo cayó a 9, 7 %, el menor del año, en virtud de crecimiento del trabajo informal y por cuenta propia, y a costa de la destrucción de 130 mil trabajos con contrato, es decir, con algún beneficio en materia de estabilidad, previsión y salud. El crecimiento de 6,1% en los trabajadores por cuenta propia significó empleo para 90.140 personas. Del total, 50.870 son hombres y 39.270 mujeres. Este empleo, estructuralmente precario, aumentó en sectores como la construcción (23.120); industria manufacturera (20.160); comercio (19.710); transporte, almacenaje y comunicaciones (11.910) y servicios comunales, sociales y personales (9.480). En agricultura, caza y pesca el aumento fue de 3.550. El gobierno central explicó el fenómeno a través de la dotación de recursos (crédito) a los denominados “micro empresarios” y a la facultad “emprendedora” de la gente. La desaparición de puestos de trabajo asalariado afectó sólo a los hombres, con una caída de 5%. Las mujeres en Chile obtienen por el mismo trabajo realizado por los hombres, un tercio menos de remuneraciones, por lo cual se justifica desde el capital plenamente la preferencia por la fuerza laboral femenina. En rigor, el gobierno de la Concertación (en abierto período de descomposición y emergencia de su recomposición por medio de su ampliación hacia la izquierda tradicional) procura capear la cesantía provocada por los efectos de la crisis capitalista en el país, a través de pésimos y baratos empleos. A ojos de la componenda en el Ejecutivo, ello postergaría el disgusto social creciente y su organización peligrosa. Y, por extensión, atraería inversionistas y serían la base de las buenas notas de las calificadoras de riesgo internacionales, y el cumplimiento de la aspiración del pronto ingreso a la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE).

3. Detrás de la mercancía está el trabajo; detrás del trabajo, las relaciones sociales de producción, la lucha de clases y, en último término, la propiedad privada de los medios de reproducción de la vida. La contrarrevolución capitalista que comenzó con la dictadura militar y se mantiene hasta hoy, transformó, primero por el terror y ahora por la represión y la alienación (asociada al fetiche de la mercancía de manera ampliada y totalizante), a amplios sectores de pueblo para sí, conocedor y luchador de sus intereses históricos, hasta convertirlos en clientes y sujetos de consumo. Aspectos ligados a los programas sociales de gobierno (estratégicamente contenedores de la organización popular y promotores de la proletarización de la marginalidad social) y de su discurso público dominante hablan hoy de “construcción de ciudadanía”, en el sentido de promover la creación de sectores de trabajadores y pueblo como “sujetos de derecho”. La fraseología de los representantes políticos de los propietarios únicamente oscurece la intención de formar una masa de, en el mejor de los casos, “consumidores críticos”. El discurso de la participación ciudadana tiene más de asistencialismo social, clientelismo político a corto plazo, funcionalismo económico, multiplicación de los cuentapropistas y comunidad medianamente informada de los acotados beneficios sociales destinados a las franjas más pobres del país. La ilusión del Estado de bienestar –que, en buenas cuentas, jamás ha existido en Chile en propiedad- opera tras objetivos de disciplinamiento social para gloria de los intereses del bloque en el poder y Estado corporativo reinante. Al respecto, el actual –y al borde de los 40 años- patrón de acumulación capitalista persiste, en el marco general de la división internacional del trabajo organizado por el imperialismo y su hegemonía planetaria, en sostener su tasa de utilidades sobre la privatización absoluta de la antigua propiedad social (incluyendo el despojo de los recursos naturales como el agua, el aire, el borde costero, los espacios públicos, etc.),la precarización de las relación contractuales de los trabajadores, la deslocalización productiva, y la perpetuación de la condición extractivista de bienes naturales y energéticos de Chile. Así, la característica fundamental de la burguesía nacional, dependiente de los polos mandantes del capital transnacional y la hegemonía de sus fracciones aliadas financiera y explotadora de commodities, es el rentismo, es decir el arriendo o venta de la tierra rica en productos minerales, silvícolas y agrarios, asociada a la especulación financiera; el comercio minorista; la desindustrialización y el comercio exterior en condiciones asimétricas. La propiedad del cobre, la madera, la agroindustria, la banca y la expansión del retail, y sus puestos clave en el movimiento del capital en Chile, encuentra allí su determinación. Asimismo, la burguesía dependiente y transnacionalizada de Chile, en su propia constitución histórica, ofrece esos contenidos y no otros, al Estado.

Andrés Figueroa Cornejo
Diciembre 1 de 2009

Frei y la transnacional Barrick Gold - Kaos en la Red

Diversas investigaciones indican que para lograr apoyo transnacional y terminar con la dictadura militar -- algunos líderes políticos de la recién formada Concertación (1988) negociaron el subsuelo nacional. No es casual que la explotación minera masiva comenzara en 1990, al asumir la DC el Gobierno. En esos años se modificaron las leyes mineras existentes y se redujeron los impuestos de  extracción y exportación, favoreciendo el saqueo minero transnacional.

Desde esa fecha -y durante todo el período de la Concertación- quienes  realmente mandan en Chile, son las grandes mineras extranjeras.

Fue en esa política de entrega del patrimonio nacional, que Eduardo Frei firmó en 1997 con su amigo Carlos Menem, un convenio de remate del país: el Tratado Binacional  Minero, herramienta jurídica en la que se enmarca -el proyecto Pascua Lama de explotación de oro más grande  del mundo- así como otras futuras explotaciones, que se proyectan en las  alturas  de Los Andes.

En la práctica, las transnacionales  "dejarán el hoyo" en la Cordillera , desde Antofagasta  hasta Magallanes y la Antártica.

Este Tratado crea una "zona franca" entre Chile y  Argentina -donde antes era frontera- para que las transnacionales mineras hagan y deshagan, sin ningún tipo de fiscalización.

Desde que Frei firmó ese "Tratado", se puede decir que Chile ya no limita al Este con la  Argentina. Como si fuera poco, están en peligro de extinción todas las nacientes de aguas del país, o sea, los glaciares que riegan las cuencas hidrográficas chilenas.

Fue el propio millonario canadiense-norteamericano Barrick  (entre cuyos socios está la familia Bush ) quien redactó el "Tratado", hizo lobby y logró las firmas de Frei y Menem, para obtener el marco jurídico, para poder explotar el subsuelo de la frontera chileno-argentina, en las altas cumbres de Los Andes.

La ex-Canciller Soledad Alvear estampó también su firma en dicho texto jurídico y fue la gran lobbista de este despojo a Chile y a los chilenos.

¿Nadie pedirá cuentas de este saqueo al patrimonio nacional?.

Sin embargo, parece que Frei "no tenía idea de lo que había hecho". Por lo menos así quedó escrito, cuando el año 2000, en la Comisión de Minería del Senado que revisaba el texto legal, le preguntaron en su calidad de ex Presidente:

¿Por qué el Tratado Binacional involucraba el sur del país, si allá no existía minería?

Al parecer, Frei no sabía lo que había firmado. Fue tan vergonzosa esta comprobación, que el Senado no incluyó dicha pregunta (menos la respuesta) en la memoria del Congreso.

  Este acuerdo Frei - Barrick  ha sido nefasto ya para  la comunidad  del valle del Huasco, que lucha desde hace 10 años contra Pascua Lama. En Enero del 2007, en la  localidad de Chollay, la gente cortó la ruta porque veían pasar vehículos mineros, pero fueron desalojados violentamente por Carabineros.

 ¿Quién dio la orden?, ¿La Presidenta Bachelet?.

 Frei ha colocado como coordinador general y vocero de su campaña presidencial a Sebastián Bowen, director social de "Un Techo para Chile", quien además es hombre de Barrick Gold  en Chile. Junto a Bowen ha colocado a otro amigo de Barrick, a Belisario Velasco, que tiene a dos de sus hijas como socias fundadoras de Extend  Comunicaciones, empresa comunicacional asesora de Barrick en Chile.

 Preguntas que Frei debiera contestar antes de proclamarse candidato:

 1.-  ¿Seguirá mintiéndole al país con el slogan del Consejo Minero que dice "la riqueza eres tú"?

Porque ya sabemos que los "Mineros de Chile" es el gremio que reúne a Codelco y a más de 16 transnacionales que operan en nuestro territorio y que el año pasado se llevaron 20 mil millones de dólares de nuestra tierra (el presupuesto de Chile es de 30 mil millones de dólares).

2.- ¿Sigue usted amarrado a las transnacionales mineras Barricak Gold, que se roban las riquezas mineras gracias a su gestión como Presidente de Chile, con las cuales firmó Tratados en contra de los intereses del país?  ¿Por eso designó a Sebastián Bowen Coordinador General y Vocero de su campaña, que es el hombre de Barrick Gold en Chile?

3.- ¿Algún día sabremos por qué firmó el Tratado de Integración y Cooperación Minera entre Chile y Argentina y que, por error, incluyó desde la región de Antofagasta hasta Magallanes y la Antártica Chilena?

De esa forma vendió el país a las transnacionales.

EL PAIS ESPERA UNA RESPUESTA MISTER   FREI,

 

 

La caída del muro de Berlín: lecciones de un trastorno

La caída del muro de Berlín: lecciones de un trastorno

Publicado por El Mostrador el 10 de Noviembre de 2009

Opinión

La falta de debates públicos y análisis sobrios sobre el pasado (incluido el reconocimiento de los crímenes contra la humanidad de las autoridades en las dictaduras comunistas), son una silenciosa fuente de malestar que facilita la ascensión al poder de nuevos demagogos. Un claro ejemplo de ello es el régimen de Vladimir Putin en Rusia.

Por Vladimir Tismaneanu*

Han pasado dos décadas desde los extraordinarios acontecimientos comúnmente conocidos como "el trastorno del Este", la dramática cadena de eventos que llevó a lo que muchos de nosotros creyó impensable: el colapso de los regímenes comunistas y el final de un sistema que parecía destinado a la eternidad. A pesar de los juicios restropectivos más críticos, las revoluciones de 1989 plasmaron nuestras más profundas aspiraciones ya que estas despedazaron categóricamente el leninismo y abrieron el camino para la realización personal de los ciudadanos de Europa del Este. No obstante, sin lugar a dudas, el legado más importante que esos increíbles sucesos nos legaron fue la reevaluación de una nueva idea, "el concepto de ciudadano".

En efecto, los nuevos desafíos a enfrentar luego de la caída del comunismo se centraron fundamentalmente en los conceptos de civilidad y responsabilidad (responsabilidad cívica) ya que las más importantes relaciones sociales, como la política y la cultura, quedan atadas, de una manera u otra, a conceptos y definiciones ligadas a lo que significa ser un ciudadano. Las consecuencias inmediatas a los eventos de 1989 nos dejaron dos posibles caminos a seguir: el camino de la responsabilidad y participación (cívica) o el del desinterés y  apatía cívica. Por ello, el brillante concepto formulado por Ralf Dahrendof, "Ciudadanos en busca de un sentido", captura perfectamente el sentimiento de esos años. El desafío al que nos vimos enfrentado era el de no solo ser capaces de construir una sociedad política basada en la verdad y la moral, sino que además estos valores se plasmasen en instituciones confiables y predecibles.

Las sociedades post-comunistas no son perfectas, pero, en las palabras del historiador polaco Adam Michnik, están hechas de ciudadanos comunes y corrientes que se ven enfrentados a conflictos "normales". Ken Jowitt argumenta que para sobrevivir "la democracia necesita héroes comunes". En el ethos democrático subyace una contradicción y una paradoja: sin heroísmo, las virtudes públicas no pueden ser mantenidas ya que gradualmente se van degenerando en un meticuloso calculo social, económico, y político sembrado por el egoísmo. El individuo es reemplazado por el yo. Sin embargo, al mismo tiempo, el líder carismático se aborrece y es incapaz, de apreciar democráticamente las deficiencias de la gente promedio".

Las revoluciones de 1989 destruyeron el antiguo régimen, pero también dieron espacio para la ardua y difícil construcción del extraño, ajeno y desconcertante mundo de la democracia liberal. Esta "Ruta de Damasco" de las transiciones llevaron a los países de Europa de Este a desencantarse con las "extravagantes esperanzas de un mundo nuevo caracterizado por la libertad de expresión, igualdad, y fundamentalmente por la democracia. Sin embargo, esto no significó el fracaso de estas transiciones. Muy por el contrario, estas abrieron el camino para la normalidad democrática y la revitalización de una sociedad que aún vive con el estigma de la experiencia comunista totalitaria. Finalmente lo que prevaleció fueron instituciones democráticas, no formas apocalípticas de radicalismo. La mal llamada "revolución moral" proclamada por los gemelos Kaczynski en Polonia, no condujeron a una catarsis nacional. Al contrario, la gente expresó su fatiga, exasperación e irritación al descubrir una farsa de manejo político con tintes populistas.

Inmediatamente después de 1989 la realidad de la región era inevitablemente ecléctica. El vacío dejado por la estrepitosa caída del leninismo fue gradualmente reemplazado por tradiciones pre-comunistas y comunistas: nacionalismos (cívico o étnico), neo-leninismos y cuasi-fascismos. No es de extrañarse entonces, que durante los últimos 20 años hayamos sido testigos de una serie de innumerables creencias y partidismos políticos de las más variadas tendencias. De alguna manera se podría decir que la antigua Unión Soviética sigue siendo un lugar para experimentos políticos.  

Un aspecto que aún se destaca en la mayoría de la región es el problema de su incapacidad para manejar y lidiar con su pasado totalitario. Sin lugar a dudas, éste ha demostrado ser el impedimento más formidable para lograr establecer una conexión duradera entre democracia, memoria, y activismo cívico. A pesar de todo, pienso que uno todavía puede ser capaz de remodelar tanto la identidad colectiva como la individual bajo la base de las lecciones negativas que nos ha entregado la historia. Además del traumático legado totalitario de Stalin, todos los países de Europa del Este han tenido y siguen viviendo con lo que Tony Judt llama "el velo gris de la ambigüedad moral", que fue la principal característica del experimento soviético conocido como "socialismo con cara humana". Estas sociedades y la mayoría de sus ciudadanos aún son perseguidos por lo que guarda su conciencia en relación al pasado. Una nueva solidaridad basada en el deber del recuerdo esta todavía "in situ", pero su existencia se ve sujeta al avance de metas políticas que están por encima de las prioridades actuales, presas de una transición turbia e interminable.  

Sin embargo, los efectos negativos arraigados en una amnesia social no pueden ser subestimados. La falta de debates públicos y análisis sobrios sobre el pasado (incluido el reconocimiento de los crímenes contra la humanidad de las autoridades en las dictaduras comunistas), son una silenciosa fuente de malestar que facilita la ascensión al poder de nuevos demagogos. Un claro ejemplo de ello es el régimen de Vladimir Putin en Rusia. Uno de los ingredientes esenciales de su "democracia controlada" es la institucionalización de la amnesia, la falsificación y distorsión de la historia del siglo XX, en beneficio del pasado soviético, y en particular, del genocidio estalinista.

En su relato de la historia post-guerra de Europa, el historiador Tony Judt escribe que el post-comunismo trajo consigo un nuevo "lenguaje público carente de sentido alguno e importancia para mucho ciudadanos de Europa del Este". Sin embargo, uno no puede olvidar que las ilusiones de 1989 fueron de vital importancia para derrotar al "leninismo". Ese fue el año en que los ciudadanos de Europa del Este dejaron de temer, cuando su frustración moral e impotencia política  desaparecen, recuperando así un lugar central en la esfera política. La prueba más contundente de esto último, es que la mayoría de los terribles y pesimistas vaticinios en la región, alimentados por la guerra en Yugoslavia, resultaron ser erróneos. En su lugar, las lecciones de los trastornos de 1989 sirven como irrenunciable evidencia de los valores que actualmente consideramos definen una democracia.

*Vladimir Tismaneanu es profesor de política en la Universidad de Maryland en Estados Unidos y autor de numerosos libros, incluidos: Reinventing Politics: Easern Europe from Stalin to Havel and Fantasies of Salvation: Democracy, Nationalism, and Myth in Post-communist Europe.

Lo que el muro se llevó

Lo que el muro se llevó

Por Manuel Guerrero Antequera

En estos días se conmemoran 20 años de la caída del Muro de Berlín. Hay un modo dominante de recordar ese acontecimiento como gesta civilizatoria semejante a la conquista de la luna por el Hombre. Tal versión puede ser cierta, pero no es toda la verdad.

Por los avatares del binomio dictadura/resistencia chilena, para el 89 me encontraba con 18 años de edad en Berlín oriental finalizando mi cuarto medio en la secundaria Emmanuel Kant de la comuna de Lichtenberg. Un día a inicios de noviembre estando con amigos en un club de literatura cerca de las diez de la noche, se oyó por radio el comunicado de Günter Schabovski, en que el gobierno permitía -tras cuarenta años- cruzar libremente a Berlín Occidental por una noche. Con mis amigos alemanes nos miramos atónitos por la noticia. Nadie sabía muy bien qué hacer, era una resolución insólita, fuera del cotidiano. Como Alicia a través del espejo, masas de "Osis" comenzaron a cruzar al "West" para conocer de primera fuente lo que por durante tanto tiempo había sido demonizado en casa o endulzado por los canales de televisión occidentales ZDF y Sat 1.

Ya en julio cientos de alemanes de la RDA habían decidido emigrar a la RFA vía Austria, a través de la frontera abierta por Hungría. En octubre eran unos 50 mil los que habían ocupado ese paso. Marchas multitudinarias de la sociedad civil por la democratización de la RDA se sucedían por el centro de Berlín cruzando la Alexander Platz, bordeando el Palacio de la República, ante la observación atenta de la puerta de entrada de los Jardines Colgantes de Babilonia, construida por Nabucodonosor, que desde alguna conquista prusiana ahora pendían del Museo Pergamon a orillas del Spree.

Yo militaba desde los 14 años en las Juventudes Comunistas de Chile. A fines de 1988, cuando comenzó el movimiento social alemán, solicité que nuestro Partido, en tanto organización revolucionaria internacionalista, se hiciera parte del reclamo contra el estalinismo enquistado en el aparato del Estado que era cada vez más abierto de parte de las mayorías antes silenciosas de la RDA. El socialismo es democrático o no es, nos había enseñado a través de sus discursos Salvador Allende, y ahora nos tocaba a los revolucionarios chilenos acompañar y formar parte de esa ciudadanía que pujaba por más democracia en su país, ayudados por el contexto de la Glasnost y la Perestroika de Gorbachov en la URSS. Ante mi apasionado argumento un dirigente del Partido me respondió lacónicamente "no se meta en huevás compañero". Lo que hice fue salirme del Partido e ingresé a los Antifa Gruppen, a pelear en las calles contra los cabeza rapadas y organizar la defensa del socialismo pero reconquistándolo para la gente.

En una línea menos radical, pero más propositiva y transversal, la escritora Christa Wolff compartía la necesidad de darle un contenido auténticamente democrático al socialismo, por lo que organizó el Nuevo Foro que logró, con mucha efectividad en razón de la ética probada de sus integrantes, convocar a amplios sectores ciudadanos a movilizarse pacíficamente, a constituirse en sociedad civil activa. El 19 de septiembre de 1989 solicitó al Gobierno el certificado de reconocimiento de su asociación, el que fue rechazado bajo la acusación de "enemiga del Estado".

Cuando llegué a mi colegio no había un centro de alumnos elegido democráticamente. La calidad de la enseñanza era espectacular, también del deporte y de las artes, todos de acceso universal y gratuito para cualquier hijo de vecino. Pero la única organización que estaba permitida era la Juventud Libre Alemana, en la que militaban casi el 100% de mis compañeros. Si no estabas ahí era muy difícil generar luego una trayectoria laboral exitosa, me explicaban. La solidaridad con Chile contra Pinochet era generosa y comprometida, ¿pero porqué no actuaban por democratizar, por mejorar su propio país? "No te metas en huevadas", me respondían antes del 89 mis amigos alemanes, "solo conseguirás que te corten la beca en el colegio y te quedarás sin Bachillerato". Ellos no temían tanto a la ahora mítica Stasi, la seguridad interior del Estado, sino que no creían en la política como capacidad colectiva de transformación social. Habían perdido la fe en su propia capacidad de incidir en su destino.

El 25 de septiembre del 89, en la ciudad de Leipzig, miles de personas se decidieron a realizar una marcha todos los lunes. En Berlín las protestas pacíficas eran cada vez más frecuentes y las plazas bullían de debates. El 7 de octubre fuimos convocados por la directiva de nuestros colegios a asistir a la celebración del 40 aniversario de la RDA. Pasarían lista. Bordeando las calles nos dispusieron con banderitas de cartón a saludar a los jerarcas de los países socialistas del Este que venían a dar una señal de unidad del Pacto de Varsovia. Recuerdo haber visto pasar saludando a Gorbi con su mancha  en la calvicie -el mapa de Afganistán comentaban mis amigos-, y a Ceaucescu, quien moriría fusilado a los pocos meses por una revuelta en su contra en Rumania.

A la noche, frente al Palacio de la República, el histórico líder de la resistencia antifascista alemana y Jefe de Estado, Erick Honecker, arengó en un discurso con la voz quebrada por la avanzada edad a la Juventud Libre Alemana que había llegado con sus camisas azules y antorchas encendidas. Solo días después, el 18 de octubre, Honecker dimitiría de su cargo presionado por las movilizaciones sociales.

El 4 de noviembre, medio millón de personas nos reunimos en el centro de Berlín convocados por la Asociación de Artistas. Christa Wolff dio un discurso de defensa del socialismo, con fuertes críticas a quienes abandonaban el barco yéndose a la RFA, la tarea era recuperar el país para las mayorías, no hacerlo desaparecer. El 8 de noviembre el gobierno comunicó que habría elecciones libres y que se le otorgaba estatuto legal al Nuevo Foro. La esperanza en el cambio social se podía tocar con las manos. Obras de teatro antes prohibidas se exhibían, el Decálogo de Kiszlovszki se daba en el cine con traducción simultánea en vivo, regresaban artistas de izquierda disidentes como Wolf Biermann y revolucionarios como Walter Janka, antiguo comunista y combatiente de la guerra civil española, entregaban sus testimonios sobre el estalinismo y la necesidad de un socialismo democrático. El 9 de noviembre, estando en el club de literatura que frecuentábamos con mis amigos oímos el comunicado oficial de Schaboski: había permiso para pasar a Berlín Occidental.

Salimos del club pasadas las diez de la noche. Éramos miles de personas. Yo tenía visa múltiple por mi calidad de extranjero, lo que me permitía ir y volver entre los dos Berlines en forma continua. Pero ese extraño privilegio no lo tenían mis amigos. Yo pasaba "al otro lado" y les traía exquisitos sándwich turcos, los Kebab de Kreuzberg, libros de Nietzsche, Schopenauer y Sartre, y vinilos de los Stones y Neil Young. Esta vez sí se podía, y junto a Jirka, André, Thomas y Frank cruzamos la frontera. Mi intención era mostrarles la pobreza disimulada en occidente, sus prostíbulos en que las mujeres eran tratadas como objetos, la decadencia de los consumidores de drogas con sus jeringas en las calles, los cesantes vagando pidiendo limosna. Deseaba mostrarles las maldades del capitalismo para que no se arrepintieran de tener un país socialista, pero que faltaba democratizar.

No obstante, mis amigos caminaban entre las masas de Osis que se tomaron pacíficamente las calles principales de West Berlin, y miraban las construcciones, los negocios que a las once de la noche abrieron extraordinariamente sus puertas arrojando productos gratis a la gente. Con ojos grandes miraban a los alemanes del otro lado que también los miraban a ellos con ojos desorbitados. No oían mis plegarias militantes, mis observaciones radicales y sesudas sobre la estratificación social capitalista en clases distinta a la estratificación burocrática del Este. Caminamos cuadras y cuadras durante la noche. Los vi felices y tristes a la vez. Era Alemania también, pero no la de ellos, aunque tampoco sentían la RDA como propia.

Fuimos al cine, comimos en un restaurant chileno -donde había palta y muchos productos que escaseaban en la RDA-, brindamos por la amistad y a la madrugada regresamos para llegar a la hora al colegio. A las 8:30 estábamos puntuales todos en clases. Profesores y estudiantes con ojeras, todos habían cruzado por la noche. Nadie comentaba mucho, había la voluntad que la vida siguiera su curso normal, retomar las movilizaciones, generar propuestas. Sin embargo ya nunca más fue lo mismo. El mundo había cambiado. Las certezas por años aprendidas como axiomas, que otorgaban algún tipo de tranquilidad, se habían hecho añicos sin encontrar reemplazo. Lo que vieron al otro lado no era tan malo pero tampoco tan espectacular como para perder lo propio, pero esto ya era irreversible.

Una sorda desesperanza noté en ellos, no un entusiasmo revolucionario como soñaba Kant la experiencia moderna e ilustrada de la libertad y la autonomía. "Sé libre, usa tu razón" vociferaba el filósofo de Königsberg entusiasta del componente anímico de la revolución francesa. Pero aquí ocurría lo contrario. Algo había en el aire que los alemanes del Este notaban, algo que escapaba a su control. Un silencioso desencanto con todo, con lo propio y lo ajeno. Aún no desaparecía la RDA como país, pero ya se vivía el cambio, se observaba la canalización del proceso democratizador en otra cosa extraña que se jugaba no en la calle, en la plaza, en lo público, sino tras bambalinas de otra magnitud geopolítica. El proceso de anexión había comenzado.

A los años de ocurrido el 9 de noviembre mi amigo Thomas se suicidó. Su hermana también lo hizo. Y mi director del colegio también. Y varios más. No es que no celebraran la democracia, no es que quisieran regresar a lo que había. El mundo les cambió radicalmente, de haber logrado constituirse en pocos meses en actores sociales protagonistas de una posible nueva historia colectiva, pasaron a ser ciudadanos de segunda categoría de una sociedad y sistema económico preexistente, al cual fueron entregados en bandeja bajo el nombre de reunificación alemana por medio de las hábiles manos del canciller Kohl y el camarada Gorbachov. En la ex RDA advino el momento de desaprender colectiva e individualmente todo para aprender a seguir viviendo de una manera no escogida libremente.

Hay una memoria victoriosa del 9 de noviembre de 1989. A quienes escriben la historia les gusta poner hitos temporales y esa fecha simboliza la caída de la cortina de hierro, y el fin del muro de Berlín sirve de alegoría de lo que vendría con la desaparición de todo el bloque soviético. La conclusión del siglo XX corto, como le llama Hobsbawm, o directamente el fin de la historia, como clamó apurado Fukuyama por el triunfo del libremercado a escala planetaria. Sin embargo, eso no es todo.

Dicen que es muy probable que Neil Amstrong jamás pisara la luna y que toda aquella travesía no fue más que un montaje televisivo del genial Kubrick. En este otro caso el muro sí cayó, no cabe duda, pero no fue lo único que allí se derrumbó. Y tal vez lo principal: la destrucción quita lo que había, pero por sí misma no genera lo nuevo. Esa apertura a lo inédito, la conquista colectiva de una sociedad democrática y solidaria que no es el "capitalismo con rostro humano", es lo que el muro también se llevó. Pero la memoria de haber hecho la experiencia libertaria no se borrará y a no dudar habrán nuevos intentos, por muchos muros que se levanten en el camino. Persistir en el intento, abiertos con memoria a lo nuevo, quizá en eso consiste ser humanos.

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