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Centros Chilenos en el Exterior

Otorgan libertad a oficiales uruguayos en caso Berríos

Otorgan libertad a oficiales uruguayos en caso Berríos

Corte analiza mañana si confirma o rechaza decisión de ministro Madrid

El beneficio con una fianza fijada en 500 mil pesos es para el coronel (R) Tomás Casella y los oficiales activos Wellington Sarli y Eduardo Radaelli, quienes fueron extraditados desde abril de este año a Chile.

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Foto: El coronel activo del Ejército Uruguayo, Wellington Sarli, cuando fue interrogado por primera vez por el ministro Alejandro Madrid, en abril de 2005, podría quedar en libertad el viernes.

Aunque falta que la Corte de Apelaciones la confirme, el ministro en visita Alejandro Madrid otorgó ayer la libertad bajo fianza a los tres oficiales uruguayos procesados por asociación ilícita y secuestro del químico de la DINA, Eugenio Berríos Sagredo.

Los abogados Carlos Portales (defensor) y Álvaro Varela (querellante) relataron que el magistrado otorgó el beneficio fijando una fianza de 500 mil pesos al coronel (R) Tomás Casella y los oficiales activos Wellington Sarli y Eduardo Radaelli.

Los oficiales se encuentran detenidos en distintos centros militares de Santiago, luego que fueran extraditados en abril pasado desde Uruguay.

La decisión de Madrid se enmarca en que el derecho constitucional de la libertad se debe otorgar a los procesados una vez que las diligencias se hayan terminado de hacer en el proceso.

Sin embargo, otra de las condiciones para el beneficio es que los liberados no sean “un peligro para la sociedad”. Por esta razón es que este viernes, cuando la decisión de Madrid llegue a la Octava Sala de la Corte de Apelaciones de Santiago, se verá cuál es la opinión de los ministros.

Hermes

Eugenio Berríos trabajó en la Brigada Mulchén de la DINA, creando el gas sarín. Durante los ochenta se relacionó con narcotraficantes y en octubre de 1991, agentes de la Unidad Especial de la Dirección de Inteligencia del Ejército (DINE) lo sacaron de Chile con destino a Uruguay donde vivió clandestinamente hasta aproximadamente 1993.

En abril de 1995 el cuerpo con dos tiros en la cabeza fue encontrado en una playa cercana a Montevideo.

Este proceso en Chile es tramitado actualmente por el ministro Madrid y está relacionado también con otras muertes, donde Berríos habría sido el nexo necesario. Por ejemplo, el homicidio del diplomático español Carmelo Soria ocurrido en 1976; la muerte del ex agente de la DINA; Manuel Jesús Leyton Robles; el envenenamiento de miristas en la cárcel pública en 1981 y la misteriosa muerte del ex Presidente Eduardo Frei Montalva.

Los procesados

En esta causa están sometidos a proceso los ex directores de la DINE, generales (R) Hernán Ramírez Rurange y Eugenio Covarrubias; los oficiales del Ejército Raúl Lillo Gutiérrez, Manuel Pérez Santillán y Mario Cisternas y el ex jefe del Batallón de Inteligencia del Ejército (BIE), Manuel Provis Carrasco.

Por el delito del artículo 295 bis del Código Penal -la obligación de los funcionarios públicos de denunciar un delito-, a los suboficiales Marcelo Sandoval, Nelson Román y a la ex secretaria de la Unidad Especial, Erika Silva.

Por último, como autores de delito de obstrucción a la justicia procesó al ex agregado cultural de Chile en Uruguay, entre 1990 y 1993, Emilio Rojas Gómez.

El magistrado estudia por estos días la solicitud del Consejo de Defensa del Estado (CDE) para encausar al ex auditor general del Ejército, Fernando Torres Silva y su ex subordinado, el coronel (R) de justicia, Enrique Ibarra Chamorro. LN

Libro reúne polémicos dichos de Lula sobre Chile, Kirchner y Batlle

Libro reúne polémicos dichos de Lula sobre Chile, Kirchner y Batlle

OBRA FUE ESCRITA POR PERIODISTAS QUE CUBREN LAS ACTIVIDADES DEL PRESIDENTE BRASILEÑO

Chile es una mierda, Chile es una broma. Ellos hacen acuerdos con los estadounidenses. Quieren que uno se joda por aquí. Ellos se cagan en nosotros”. Esto habría dicho el Mandatario en el año 2005, durante una cena muy regada.

www.lanacion.cl Agencias

Foto: Polémico libro fue escrito por dos periodistas brasileños que realizan la cobertura informativa en el Palacio de Planalto, sede de la Presidencia brasileña.

Quienes lo conocen aseguran que sobre todo es un hombre esforzado y luchador. Sin embargo, el Presidente Luiz Inácio Lula da Silva también es un hombre al que le gusta gozar de la vida y darse, de vez en cuando, algunas “licencias”. En este plano, en Brasil es archiconocido que su actual Mandatario sólo se exhibe en público con trajes de diseñadores top, que está obsesionado con verse joven, que es un fanático de los asados, y que tiene una especial “atracción” por la cerveza, la cachaza y el whisky.

Según informó ayer el diario “Folha de Sao Paulo”, esta última “debilidad etílica” le habría echo irse de lengua al Jefe de Estado durante una cena generosa en manjares y licores que tuvo lugar en la embajada de Brasil en Tokio, en mayo de 2005, episodio que es reproducido con lujo de detalles en el libro “Viajes con el Presidente”.

De acuerdo con la publicación, ante unos veinte comensales y con tres whiskys en el cuerpo, Lula se habría salido de madre al emitir un rosario de duros epítetos y diatribas contra Chile; el actual Presidente argentino, Néstor Kirchner, y el ex Mandatario uruguayo, Jorge Batlle.

“Chile es una mierda. Chile es una broma. Ellos hacen acuerdos con los estadounidenses. Quieren que uno se joda por aquí. Ellos se cagan en nosotros”, habría señalado durante el banquete un achispado Lula siempre según el libro, escrito por los periodistas Eduardo Scolese y Leonencio Nossa, que realizan la cobertura informativa en el Palacio de Planalto, sede de la Presidencia brasileña.

Asimismo, el Jefe de Estado brasileño se habría referido en términos poco académicos hacia su par argentino. “Hay momentos, mis queridos, que tengo ganas de mandar a Kirchner a la puta que lo parió”, habría afirmado Lula, quien también habría orientado su artillería verbal hacia Batlle, quien había dejado el Gobierno uruguayo en marzo: “No es uruguayo, carajo. Aquél fue criado en EEUU. Es cachorro de los estadounidenses”.

Según “Viajes con el Presidente”, los estancieros brasileños tampoco se habrían salvado de los improperios de Lula. “Hay que acabar con esa mierda de los estancieros que a cada rato vienen a pedirle dinero al Gobierno”, habría apuntado.

Las sombras de tres clínicas

Hoy + MAÑANA

La London, The Clinic y la Santa María se proyectan sobre la figura del general (R) Augusto Pinochet. Hoy sólo falta acreditar el vínculo directo entre el químico Berríos y la operación de inteligencia en torno a Frei.


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Por Hugo Meri 

Una de las confirmaciones más espeluznantes que arroja la investigación de la muerte del ex Presidente Frei Montalva es el grado de sofisticación que alcanzaron los métodos del régimen militar para eliminar a sus “indeseables”. Tejió, para ello, una red clandestina de profesionales de alta calificación -con médicos, sicólogos y bioquímicos, entre otros- que operó en las sombras de centros de detención y tortura y clínicas preparadas tanto para cuidar la vida de sus agentes y familiares como para procurar la muerte de los adversarios, y en ciertos casos la de algunos de aquellos también.

El alcance de esta maquinaria para los ciudadanos corrientes es que esos profesionales atendían, al mismo tiempo, en clínicas privadas, hospitales públicos y laboratorios e institutos bacteriológicos. Pacientes y familiares tuvieron la oportunidad de estremecerse años después, cuando, por la publicación de estas vidas dobles, comprobaron que su salud o la de los suyos estuvo en manos tan tenebrosas. Doctores de actitud preocupada y afable saltaron al tapete como agentes y criminales encubiertos, a la manera de esos mafiosos y sicópatas de los cuales el cine y la literatura han proporcionado arquetipos clásicos.

En el caso de la muerte de Frei Montalva, hubo al menos dos médicos que trabajaron en la clínica clandestina London de la Dina y también en la Santa María, el prestigioso centro privado donde fue operado el ex Presidente. Sus nombres están consignados en el proceso y el juez Alejandro Madrid investiga su exacta participación en los hechos: los doctores Sergio Vélez Fuenzalida y Pedro Samuel Valdivia Soto. Al menos éste último ejercía en la Santa María el 18 de noviembre de 1981, cuando Frei se internó allí por primera vez.

La conclusión del abogado de la familia, Álvaro Varela, es que el Estado usó toda su capacidad de maldad para ejecutar, con los numerosos medios a su alcance, una compleja operación de inteligencia que se fraguó al más alto nivel. Para acoger estas palabras basta remitirse al hecho cierto, comprobado histórica y judicialmente, de que el régimen militar tuvo una alta tasa de criminalidad durante sus 17 años. Pero, ¿cómo demostrar que, a todos sus delitos, agregó el asesinato de un ex Presidente de la República y líder -el más formidable de todos- de la oposición a la dictadura?

A partir de las sospechas hechas públicas recién 24 años después por el médico que lo operó -Augusto Larraín- de que hubo una “mano negra” en el deceso, las dos posibilidades -muerte natural o inducida- se han puesto sobre la mesa, con una cantidad atiborrante de elementos. El inicio de la investigación judicial tuvo relación con el secuestro y detención del químico de la Dina Eugenio Berríos, pero ya mucho antes -a partir del segundo ingreso del ex Presidente al quirófano, el 4 de diciembre de 1981- se comenzó a tejer una trenza de hechos, desde denuncias anónimas y libros sugerentes (“Siembra vientos” de Mariana Callejas) hasta diversos episodios presuntamente vinculados.

Hoy, según nos dijo el abogado Varela, sólo falta acreditar el vínculo directo entre el químico Berríos y la operación de inteligencia en torno a Frei, que por lo demás había comenzado mucho antes de su muerte, ocurrida el 22 de enero de 1982. Para que la verdad se establezca judicialmente y el magistrado emita un fallo se calcula un plazo que va desde fines del presente año hasta los primeros meses del próximo. Antes de que estalle dicha verdad, Carmen Frei apuntó sus sospechas hasta el propio Pinochet, mientras que su hermano Eduardo ha preferido decir que “la familia tiene la convicción de que hubo una sospechosa intervención externa en el fallecimiento”, no sin advertir de que “no tengan dudas de que vamos a llegar a toda la verdad”.

Una verdad en cuya trabajosa construcción -por un juez “excepcional”, según la familia Frei- el Ejército no ha prestado ninguna colaboración. El anterior comandante en jefe, Juan Emilio Cheyre, siempre contestó secamente que su institución no tenía antecedentes al respecto, pese a que algunos de sus miembros sí los aportaron efectivamente en el proceso. Su sucesor, el general Óscar Izurieta, halló una oportunidad propicia para referirse a un asunto implícitamente conexo: los honores que el Ejército contempla rendir a Pinochet cuando éste fallezca.

Si de Pinochet se trata, la trama de la realidad tejida en los 12 tomos del caso Frei no deja de aportar coincidencias que parecen más bien de una historia de ficción: los médicos-agentes de la Santa María ejercieron en la clandestina clínica London, que inevitablemente evoca a The Clinic, el establecimiento médico de Londres donde, 16 años después de la muerte de Frei, fuese detenido Pinochet, iniciándose en contra de éste una cadena de procesos donde ha sido desaforado, detenido en su domicilio, pero nunca condenado. Las sombras de las tres clínicas siguen proyectándose sobre la vida y la próxima muerte de quien encabezara implacablemente el régimen militar.

Juez Garzón emplaza a senadora Matthei y afirma que Pinochet está cuerdo

Juez Garzón emplaza a senadora Matthei y afirma que Pinochet está cuerdo

MAGISTRADO HISPANO ESTUVO AYER EN LA CIUDAD DE LA SERENA

Según Garzón, “tendríamos que preguntarles a los médicos que hablaron de la cordura de Pinochet. Para mí, la cordura de Pinochet es perfecta. Lo dije el año 2000, cuando se le entregó a las autoridades chilenas en Londres”.

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Foto: El magistrado que ordenó el arresto del general (R) Augusto Pinochet en octubre de 1998 en Londres estuvo ayer en La Serena, en la capital de la Cuarta Región, donde efectuó diversas actividades.  

El juez español Baltasar Garzón emplazó ayer a la senadora UDI Evelyn Matthei a entregar ante los tribunales hispanos evidencias sobre la inocencia de su padre, el general (R) Fernando Matthei, quien tiene una orden de detención internacional emitida por el magistrado. “Si lo que alega (la senadora) es que no hay elementos suficientes para juzgar a su padre, debería de cooperar con el Juzgado Central de Instrucción N° 5 de la Audiencia Nacional, suministrar esa información que probablemente el juzgado desconoce, porque no la tiene a su disposición, y para ello no hace falta ni ir a España, solamente empleando los canales diplomáticos, a través de la embajada chilena”, afirmó Garzón en la Cuarta Región.

De esta manera, el juez español salió al paso de las críticas que la senadora gremialista ha realizado a su visita al país y por tener vigente una orden de captura internacional en contra de su padre. Ese dictamen frena la posibilidad de que el ex comandante en jefe de la FACH viaje fuera del país y -por tanto- impidió que la familia Matthei cumpliera el último deseo de la madre de la senadora, quien murió de cáncer en 2004.

“Cuando mi mamá estaba con cáncer, lo único que quería era poder viajar con mi papá algunos días fuera del país y no pudo hacerlo por culpa de este desgraciado”, ha manifestado la parlamentaria gremialista.

La orden -emitida por Garzón hace siete años- afecta a más de una treintena de ex colaboradores del régimen del general (R) Augusto Pinochet y fue dictada por los asesinatos de ciudadanos españoles, entre ellos los sacerdotes Juan Alsina y Antonio Llidó y el diplomático Carmelo Soria.

REIVINDICACIÓN

En este contexto, Garzón reivindicó el ejercicio de la justicia a nivel internacional, sin límites geográficos para su aplicación, en casos de delitos contra los derechos humanos. A su juicio, ningún crimen de lesa humanidad debería quedar sin sanción. “Da igual quién sea el juez, pero tiene que haber al menos uno que lo haga”, indicó.

“Los crímenes internacionales”, afirmó, “no tienen nación. Se sufren directamente donde se producen, pero las consecuencias son para todos. Eso es lo que a veces muchos políticos, personas vinculadas a dictaduras, no entienden. Piden la aplicación de la ley, pero cuando les beneficia, y piden que no se aplique cuando les perjudica”.

A renglón seguido, explicó que “cuando una dictadura despliega sus efectos no tiene en cuenta las fronteras, se masacra adentro y, si se puede, se masacra afuera, se quita la vida o la libertad y se obliga a miles a exiliarse, y ahí no hay fronteras. Entonces, ¿por qué tiene que haberlas cuando se trata de perseguir a aquellos que violaron la norma más básica de un pueblo, que es la confianza?”.

Según Garzón, la justicia “no puede renunciar a perseguir delitos que hayan podido cometer políticos, porque todos somos iguales ante la ley”.

Informes

Asimismo, Garzón se refirió a la salud de Pinochet, a quien ordenó detener en octubre de 1998 en Londres: “Tendríamos que preguntarles a los médicos que hablaron de la cordura de Pinochet. Para mí, la cordura de Pinochet es perfecta. Lo dije el año 2000, cuando se le entregó a las autoridades chilenas en Londres”.

En este sentido, recordó que “encargué siete informes médicos de todas las ramas que posiblemente podían afectar y todos los especialistas españoles coincidieron en forma individual y luego conjunta en que estaba perfectamente para soportar un juicio con sesiones cortas”.

“Si después aquí en Chile luego se establece que está consciente para afrontar un juicio de una complejidad como puede ser de un presunto delito económico, pues no tengo que decir nada más. Soy juez y no siquiatra. Existen todos los elementos para que se actúe con contundencia”, añadió.

Garzón –además- admitió que el caso Pinochet “internacionalmente significó un antes y un después en mi vida profesional y también en el ámbito de la aplicación del principio de justicia penal universal”.

Garzón, que viajó a la Cuarta Región –zona que precisamente representa Evelyn Matthei- acompañado del fiscal español Carlos Castresana y el ex juez de la Corte de Apelaciones de Santiago Juan Guzmán, visitó el monumento en memoria de las víctimas del régimen militar en el Parque Pedro de Valdivia, donde se reunió con representantes de las organizaciones locales de familiares de detenidos desaparecidos. LN

SOBERANÍA NACIONAL

El abogado de Augusto Pinochet, Pablo Rodríguez, criticó la visita a Chile del juez español Baltasar Garzón. Afirmó que éste vino a Chile para “dar las instrucciones y a pautear a los jueces chilenos cómo deben fallar”. “¿Quién es este señor que viene incluso a sobrepasar nuestra soberanía?”, se preguntó Rodríguez.

“Seguramente se va a ir muy defraudado, porque no lo va a atender Casimiro Marcó del Pont, que fue el último gobernador, ni tampoco lo va a recibir la Real Audiencia, porque nosotros tenemos Corte Suprema, porque somos un país soberano”, añadió.

Garzón, que llegó a Chile el sábado 26, afirmó que hay que agilizar los procesos en Chile contra Pinochet para así responder a las expectativas de quienes sufrieron durante el régimen militar. “Lo único que habrá que pedir es que esos procesos se agilicen para que la respuesta penal, la respuesta judicial sea efectiva y que la justicia no sea nuevamente una frustración para las víctimas”, recalcó.

Recordando a Allende, Garzón y Castresana dijeron que jueces deben tener opinión política

Recordando a Allende, Garzón y Castresana dijeron que jueces deben tener opinión política

Declarados doctores honoris causa por la Universidad Central

Afuera, en la calle Lord Cochrane, diez mujeres pinochetistas llegaron con sus desempolvadas banderas y afiches del “salvador”. En la vereda del frente, unos doscientos jóvenes esperaban a las visitas españolas para manifestarles su aprecio y agradecimiento. La guerra de epítetos fue sabrosa.

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Por Jorge Escalante

Foto:  Tomándose de las manos, Guzmán, al centro, Garzón y Castresana, representaron la victoria sobre los crímenes de lesa humanidad

Baltasar Garzón y Carlos Castresana no encajan con la cultura chilena, al menos con la de los jueces. Para que Garzón haya dicho ayer por la tarde en la conferencia de la universidad Central que “cuando escucho decir que los jueces no deben tener ideología ni opinión política me río, porque debemos tenerla, yo me voy cada día a mi despacho con ellas, y eso no significa juzgar con parcialidad”, significa que pertenecen a otro mundo. Lo curioso es que no lo pifiaron los más de dos mil invitados, al contrario, lo aplaudieron fuerte. O sea, estaban de acuerdo.

En Chile, a un juez que diga eso, el pleno de la Corte Suprema al menos le llama la atención y lo pone en remojo para echarlo. Algo así sucedió con el ex ministro Juan Guzmán. Sin embargo, todos comentan en los pasillos de los tribunales que los jueces chilenos tienen ideología y opinión política, pero la esconden -según el concepto de la justicia de Garzón y Castresana- “para hacer creer que no la tienen y que por ello son imparciales”, comentó un ex miembro del Poder Judicial presente en la conferencia.

Por la mañana, el fiscal Castresana sorprendió con otra opinión cuando la referida universidad le entregó, junto a Garzón, el doctorado honoris causa: “las víctimas, nuestros seres queridos, no pierden la vida cuando mueren, sino cuando los olvidamos, y entonces es cuando nosotros también empezamos a morir”. Hablaba del olvido a las atrocidades cometidas por las dictaduras, incluyendo a la de Franco en España, donde hasta ahora todavía no se investigan sus crímenes.

Preguntas

“¿Será que la visita de Garzón y Castresana también tendrá que abrirnos los ojos para no olvidar el horror, además de habernos abierto el camino para atrevernos a juzgar a Pinochet en Chile”?, se preguntaban algunos abogados chilenos de derechos humanos asistentes a las ceremonias.

Por la mañana, la ceremonia con la que el juez Baltasar Garzón y el fiscal Carlos Castresana fueron declarados doctores honoris causa, revivió las pasiones desatadas cuando el dictador Augusto Pinochet fue arrestado en Londres en octubre de 1998.

Afuera, en la calle Lord Cochrane, diez mujeres pinochetistas llegaron con sus desempolvadas banderas y afiches del “salvador”. En la vereda del frente, unos doscientos jóvenes esperaban a las visitas españolas para manifestarles su aprecio y agradecimiento. La guerra de epítetos fue sabrosa. El momento culmine fue al final del acto, cuando Garzón y Castresana optaron por salir por donde habían entrado, y no por una puerta lateral para evitar la trifulca.

Un momento

Salieron por el ingreso principal y Garzón puso en jaque a su seguridad diciendo a los custodios: “¡déjenme, déjenme un momento, voy a ir a saludar a esos jóvenes chilenos que me están llamando!”. Cruzó la calle entre pisotones de los guardias, cámaras, fotógrafos, periodistas y policías de las fuerzas especiales que llegaron al lugar, y dio la mano a quienes lo vitoreaban.

“Siempre voy a estar del lado de las víctimas, nunca de los victimarios, y eso no me inhabilita como juez”, había dicho el magistrado español.

Por la mañana, Castresana dijo otra frase que retrató la independencia de opinión de los magistrados españoles (pertenece a la Unión Progresista de Fiscales de España): “en 1996, Chile era el paradigma de la impunidad, y la impunidad es el fracaso de los juristas, es la inefectividad del derecho, y es la otra ofensa a las víctimas”.

Y aludiendo a los avances de los procesos en contra de Pinochet y recordando el aporte entregado por él y Garzón desde España con el arresto de Pinochet en Londres, recordó a Allende: “Presidente Allende, puede usted descansar, porque ya se han abierto las grandes alamedas”.

Por la tarde, para la conferencia “Justicia sin fronteras”, los presentó el ex juez y actual decano de la Facultad de Derecho de esa universidad, Juan Guzmán. Cuando estuvieron los tres arriba del escenario con las dos mil personas ovacionándolos, Guzmán les tomó las manos y se las levantó.

“Esa es la imagen de lo que estos tres hombres representan para la dignidad y la justicia internacional”, comentó uno d e los invitados de las primeras filas.

“A veces me han dicho que me parezco a don Quijote peleando contra los molinos de viento, pero si esos molinos amenazan a las sociedades, siempre prestaré mi lanza para combatirlos”, dijo Garzón. LN

Programa

Baltazar Garzón y Carlos Castresana continúan hoy sus actividades en La Serena, todavía en el marco de las actividades con la universidad Central. Por la mañana serán investidos como “hijos ilustres” de la ciudad por la alcaldía.

Luego de un almuerzo en el hotel Costa Real con autoridades de la universidad y de la ciudad, por la tarde ambos darán una clase magistral en el hotel La Serena. A las 18.00 regresan a Santiago.

El miércoles ambos asisten a la universidad Arcis, donde serán investidos como doctores honoris causa. Luego asistirán a un almuerzo con las autoridades de la universidad y abogados querellantes en los juicios por violaciones a los derechos humanos.

Por la tarde, a las 16.00 horas visitarán el Memorial de los Detenidos Desaparecidos y Ejecutados en el Cementerio General, donde estarán acompañados por organismos de derechos humanos y las agrupaciones de los familiares de las víctimas.

Más tarde, a las 20:30 asistirán a un acto masivo en la universidad Padre Hurtado, en Alameda con Eleuterio Ramírez, organizado por la Asamblea Nacional de Derechos Humanos.

Castresana deja el país el miércoles, mientras Garzón viaja el jueves a Aysén, invitado por el comité de los desaparecidos de esa ciudad y el obispo de la ciudad. Regresa el viernes a Madrid.

Garzón y Castresana emocionados en Villa Grimaldi

Garzón y Castresana emocionados en Villa Grimaldi

Visitaron el principal centro de tortura y exterminio de la dictadura

El juez Baltasar Garzón y el fiscal Carlos Castresana, la dupla española que hizo temblar a los criminales chilenos y argentinos durante las dictaduras, escucharon relatos de los sobrevivientes y recibieron detalles de los tormentos.

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Jorge Escalante

Foto: Baltasar Garzón y Carlos Castresana ante el memorial que recuerda a los desaparecidos y asesinados en Villa Grimaldi por los agentes represivos durante la dictadura de Pinochet. 

Baltasar Garzón y Carlos Castresana se emocionaron. Por primera vez llegaban a Villa Grimaldi, el principal centro de tortura y exterminio durante la dictadura de Pinochet.

La dupla, Castresana como fiscal acusador y Garzón como juez investigador, abrió en 1996 en España la senda para que en Chile a Pinochet la prensa le comenzara a llamar dictador, y la justicia le echara abajo la inmunidad para juzgarlo, aunque todavía está pendiente si lo condenará.

Los esperaban ex prisioneros para contarles lo vivido, y acompañarlos en su visita por lo que hoy es el Parque de la Memoria, lugar que Pinochet y su régimen intentaron también hacer desaparecer, sin lograrlo.

Atentos a los relatos, con las manos cruzadas en muestra de respeto y recogimiento, escucharon cada historia, cada detalle, y palparon cada lugar del campo de la avenida José Arrieta.

Los casi doscientos asistentes a la ceremonia les demostraron repetidamente su cariño con aplausos y abrazos, pero sobre todo su agradecimiento por lo que un día, casi sin pensarlo como ambos lo reconocen, habían logrado, además de echarle el guante al dictador: revivir el concepto de la jurisdicción penal internacional, que actúa por encima de las fronteras de cada país para perseguir los crímenes en contra de la humanidad.

El concepto, dicen ambos magistrados, “era tan antiguo desde los tiempos del juicio de Nürenberg contra los nazis”, pero los intereses políticos de las potencias de la guerra fría, Estados Unidos y la Unión Soviética, se encargaron de sepultarlo porque vieron que un día también les caería encima. Por algo, Estados Unidos todavía no firma el tratado de Roma que creó el Tribunal Penal Internacional (TPI).

“La sensación de estar en este lugar donde se produjeron tantas y tan atroces torturas y donde tantas personas fueron vejadas y humilladas, es difícil de describir. Hace sentir un dolor especial”, dijo Garzón, después de bajar desde la torre de castigo de la villa, que debió ser reconstruida porque allí casi todo fue destruido por los militares para tratar de borrar las huellas del pasado.

“He escuchado los relatos de las personas que pudieron salvar con vida para contarlo, y hace que todo se convierta en algo horroroso. Es difícil entender cómo la mente humana se puede degradar hasta tal límite para permitir y diseñar centros de este tipo en una época como la que se produjeron. Lo bueno de esa historia es que hoy se puede contar, desgraciadamente, pero sirve de ejemplo para todos los que forman parte del pueblo chileno y los que venimos desde afuera”, afirmó el juez Garzón, bajo los árboles que hoy dan al lugar un ambiente de paz.

El magistrado no desaprovechó la oportunidad para demostrar su autonomía de opinión: “Sobre todo esto es un ejemplo para las autoridades, de cualquier tipo, que deberían tomar buena nota de esto y venir aquí en forma obligada para sentir directamente lo que aquí se sufrió y se padeció. Es necesario que estos lugares de tortura, como ocurrió en otros países, se conozcan y se vean, se sientan y se sufran”.

“En el caso de los jueces, siempre tenemos que cumplir una diligencia fundamental que es la inspección ocular. Y cuando esto se ve y se comprueba, es algo diferente a cuando simplemente se escribe. La percepción cambia. Y venir a ver Villa Grimaldi, aunque la percepción estuviera muy perfilada sobre el papel, cambia, es un dolor en directo”, dijo.

A su turno, a quienes lo recibieron con abrazos, Castresana dijo que “es una sensación muy especial llegar a este lugar, donde tanto se sufrió”, mientras recibía las palabras de bienvenida de la secretaria ejecutiva de la Agrupación de Familiares de Detenidos Desaparecidos, Viviana Díaz, y el anfitrión del lugar, Rodrigo del Villar. LN

Cuando Hipócrates dio vuelta la cara

Cuando Hipócrates dio vuelta la cara

EDUARDO FREI MONTALVA ESTUVO EN MANOS DE MÉDICOS DE LA DINA

El ministro en visita Alejandro Madrid descubrió que doctores que trabajaron en la clínica London de la DINA también prestaron servicios en la clínica Santa María. De hecho, uno de ellos, intervino en el equipo médico que estuvo en la última operación al ex Mandatario, según revela el expediente judicial.


www.lanacion.cl Domingo
 

Por Jorge Molina

Si en 1977 alguien hubiera dicho que un ministro de la Corte de Apelaciones llegaría a establecer cómo murió un agente de la DINA a manos de sus camaradas de armas en la Clínica London, de seguro lo habrían tildado de iluso.

Igualmente, si en 1982 alguien hubiera tenido conocimiento que parte del equipo médico que trabajaba en la Clínica Santa María, donde se operó al ex Presidente Eduardo Frei Montalva, formó parte de la Clínica London, de la DINA, quizás su muerte habría sido evitada.

Si en 1990, tras el retorno de la democracia, alguien hubiera siquiera levantado la sospecha de que estas dos muertes estaban relacionadas entre sí, quizás en parte le hubieran creído, pero era impensable obtener resultados concretos.

Por esta razón, el ministro Alejandro Madrid Crohare ha acreditado que una serie de muertes anteriores a la de Frei son un nexo necesario para llegar a establecer el que pudiera ser el primer magnicidio de la historia de Chile.

El magistrado Madrid, en un documento al que tuvo acceso exclusivo LND, tiene identificado a todo el personal que trabajó en las clínicas de la DINA, pasando por Santa Lucía y luego London, desde guardias, enfermeros, doctores, auxiliares, conductores y telefonistas. Este listado secreto, nunca antes publicado (ver recuadro), consta en el expediente que el juez tramita por la muerte del ex cabo del Ejército y ex agente de la DINA Manuel Jesús Leyton Robles, asesinado en marzo de 1977. Caso ligado a la muerte de Frei.

Este hecho, si se toma en perspectiva, ha dado pistas que han ayudado a fortalecer la convicción del magistrado en cuanto a que la muerte de Frei no fue una mera casualidad.

A lo anterior se suman otros dos sucesos que también han sido reveladores para el magistrado. En primer lugar, que en 1993 uno de los principales imputados en el crimen del diplomático español Carmelo Soria -ocurrido el 14 de julio de 1976-, el brigadier (R) y ex secretario general del Ejército, Jaime Lepe, utilizó a los agentes del Batallón de Inteligencia del Ejército (BIE) para que siguieran y detuvieran al suboficial (R) José Remigio Ríos San Martín. Se reunió con él en un restaurant, donde le conminó a retractarse de la declaración que lo inculpaba a cambio de una camioneta (ver La Nación 21.8.06). La volumen de medios que Lepe utilizó para esta operación, a instancias del propio Pinochet, revela que no sólo se trataba de proteger su carrera o de encubrir una muerte como tantas otras, sino más bien de ocultar información sobre fabricación de venenos para eliminar a sus opositores durante la dictadura militar.

En segundo lugar, otra vertiente conduce al envenenamiento con toxina botulímica de los miristas en la cárcel pública en 1981 (ver La Nación 23.8.06), traída especialmente a Chile por el Instituto de Salud Pública (ISP) para el Laboratorio de Guerra Bacteriológica del Ejército (LGBE), con el aval del entonces representante en Chile de la Organización Panamericana de la Salud (OPS), doctor Virgilio Scuttia. En aquel año, el LGBE dependía operativamente de la Dirección de Inteligencia del Ejército (DINE).

Por último, la salida de Chile del químico de la DINA Eugenio Berríos Sagredo -quien huyó del país con ayuda del Ejército en octubre de 1992- y su posterior asesinato en 1993 en Uruguay, constituyen en conjunto un rompecabezas al que sólo le faltarían algunas piezas por encontrar en el oscuro universo de las operaciones de inteligencia de la dictadura de Pinochet. Y Berríos, en toda esta trama, aparece como el nexo necesario.

“Por culpa de este hueón traidor”

La muerte del cabo Leyton Robles, ocurrida en marzo de 1977, resulta un ejemplo palpable de lo que significaba la palabra “traición” para el director de la DINA, Manuel Contreras: un vocablo impronunciable.

Leyton Robles buscaba junto a otros agentes repuestos para una renoleta, ya que los fondos de la DINA eran exiguos y no había cómo reparar el vehículo. El problema lo resolvieron robando un auto similar al ciudadano francés Marcel Duhalde. Éste denunció los hechos a carabineros, los que ubicaron la renoleta y detuvieron a los responsables, el propio Leyton Robles y Heriberto Acevedo, ambos miembros de la DINA, los cuales fueron trasladados a una comisaría. Y allí comenzó todo. La DINA ordenó liberarlos. Carabineros se opuso. Los agentes del servicio rodearon la unidad policial. Crisis. Manuel Leyton Robles seguía preso. Sin embargo, minutos antes había revelado el secreto mejor guardado de la DINA: la existencia de detenidos desaparecidos y su destino final, el mar.

Una vez liberado, la DINA, al tanto de sus declaraciones, lo recluyó en uno de sus recintos. Murió días más tarde de un misterioso ataque cardíaco. Tenía sólo 24 años. Hasta aquí llega lo que hasta ahora es de dominio público.

“Viene paquete”

Sin embargo, el quién, el cómo, el cuándo y el dónde fue asesinado resultó ser un misterio y un secreto guardado en las bocas de muy pocos. Pero sólo hasta ahora, ya que Madrid y el detective Nelson Jofré tienen el caso del todo esclarecido.

Leyton Robles no fue llevado a un lugar cualquiera, sino a la Clínica London. Al respecto, el testimonio del suboficial (R) del Ejército y enfermero Carlos Norambuena Retamales resulta elocuente para ilustrar el recinto ubicado en Almirante Barroso 76.

“En esta clínica pude observar hechos que me marcaron para siempre mi vida. Comprobé que había un grupo de médicos involucrado en hechos de muerte de los detenidos que llegaban a la clínica. De estos episodios me percaté cuando hacía turno de noche, los cuales eran habituales”.

Según este ex enfermero DINA, los involucrados eran el doctor Osvaldo Leyton, Werner Zanguellini y la enfermera jefa Eliana Borumburu Taboada. “Había una clave en la clínica, que era un aviso: ‘viene paquete’. Significaba que venía un detenido y uno entendía que no tenía que involucrarse en nada, solamente los ya citados. Llegaba un vehículo de la DINA y gente que no conocíamos bajaban en camilla al detenido, luego lo ingresaban a una sala, le suministraban algo y después el paciente salía fallecido”.

Norambuena Retamales relata además la fórmula usada por los facultativos: “Suministraban ocho miligramos de Pentotal, lo que al paciente le provocaba inmediatamente una arritmia, seguido de un paro cardiorrespiratorio, falleciendo en la clínica, y como a la hora y media lo sacaban de noche medio camuflado”.

Este ex funcionario de la DINA tuvo acceso privilegiado a varios oscuros episodios de la dictadura junto a la enfermera Borumburu. “Pude conocer accidentalmente ‘la torre’ (Villa Grimaldi) en una oportunidad en que el mayor Gerardo Ulrich estaba procediendo a quemarle los pezones con alcohol a una mujer totalmente desnuda”.

El “doctor tormento”

La auxiliar de enfermería de la Clínica London Jazna Larrecheda Valdés contó un segundo detalle gravitante para el juez y la primera pista concreta sobre la muerte de Leyton. La mujer relató a Madrid que en marzo de 1977, “a eso de las 2 a.m., llegaron hasta la Clínica London unas ocho personas a cargo de un oficial y otros dos agentes a quienes identifiqué como Armando Cabrera y el cabo Manuel Leyton. En un instante todo el grupo entró a la oficina del jefe administrativo y a los pocos minutos llegó un sujeto conocido como el doctor Pinchetti”. Este último, también conocido como el “doctor tormento”, era el hipnotizador de la DINA.

Luego de algunas horas vio a Leyton fumando y paseándose de un lugar a otro, “tocándose la cabeza en señal de nerviosismo y desesperación, al mismo tiempo que acariciaba el arma de servicio que llevaba al cinto (...) Transcurrieron algunos minutos y salió Cabrera de la habitación. Inmediatamente ingresó Leyton hasta donde permanecía Pinchetti”, declaró la auxiliar de enfermería.

A los pocos minutos, el hipnotizador llamó por teléfono y dijo: “El primero (Cabrera) negativo, el segundo (Leyton) positivo”, cuenta Larrecheda.

Por otra parte, el ex empleado civil del servicio Julio Huerta Gutiérrez relató que Leyton quedó entonces en la clínica detenido con un guardia externo de la DINA, con subametralladora en mano en caso que quisiera escapar. Huerta era responsable, según su testimonio, de llevarle el almuerzo. También le daba cigarrillos cuando Leyton se los pedía, haciendo caso omiso de las órdenes del jefe de seguridad, el entonces teniente Hernán Sovino Maturana: no tener contacto con los presos.

Los hechos continuaron su cauce cuando el conductor de ambulancia de la Clínica London, suboficial mayor activo del Ejército S.A.C.V, vio cómo llegaba una ambulancia y subían a un paciente al box de urgencia. “Al ingresar veo a un sujeto joven sobre la camilla, desconocido para mí hasta ese instante, y veo al doctor Pedro Valdivia y otra persona que no recuerdo (...) El paciente estaba inconsciente y con un paro cardiorrespiratorio (...) Yo estuve presente y cooperé transportando un desfibrilador y un reanimador. Recuerdo que quedé muy choqueado, era la primera vez que veía fallecer a una persona. Me encontraba muy mal y salí al pasillo”.

Otra de las personas que participó en este episodio fue la ex auxiliar de enfermería de la DINA Silvia Valdés Uribe, quien confirma los hechos, y agrega que se trató de reanimar a Leyton, pero todo indica que la tortura aplicada por Pinchetti con el pentotal, más las sesiones de interrogatorio, terminaron con sus signos vitales.

A las pocas horas, Jazna Larrecheda Valdés comprobó con sus propios ojos este mismo hecho. “Le pregunté a un auxiliar qué había pasado con el paciente y me dijo que había fallecido; entonces entré a la sala de yeso, donde constaté que sobre una camilla yacía un cuerpo desnudo. Era el cabo Leyton”.

Esa misma noche llegó hasta la clínica el comandante Vianel Valdivieso, uno de los hombres del círculo de hierro de la DINA, junto al mayor Juan Morales Salgado, quienes se llevaron el cadáver.

Hermenéutica judicial

Cuando Madrid y la policía tuvieron esta historia completamente clara, se abocaron a establecer estos nexos médicos con la muerte de Frei y se encontraron con sorpresas.

Profesionales que trabajaron en la DINA integraron el equipo médico que trató a Frei, como también hubo otros de la central de inteligencia que trabajaban en la Clínica Santa María mientras el ex Mandatario permaneció internado allí.

Una de las principales pistas de los investigadores provino de la declaración -a fojas 656 del expediente judicial- del último doctor que atendió al ex Presidente, Patricio Silva Garín.

Este último, en 1982 se desempeñaba en el Hospital Militar, aunque era un hombre muy cercano a Frei Montalva.

Silva Garín relató al ministro Madrid que conformó su equipo con los doctores Eduardo Weinstein (quien también trabajaba en el Hospital Militar) y el doctor Rodrigo Vélez.

Este último, según el relato del suboficial mayor activo del Ejército S.A.C.V., también prestó servicios en la Clínica London. El equipo estaba integrado, asimismo, por el médico Pedro Valdivia, quien estuvo presente al momento de la muerte del cabo Leyton en las dependencias de la DINA.

Pero había más. La enfermera jefe de la DINA, Eliana Borumburu, tenía por aquellos años una prima, Ana María Borumburu, que trabajaba precisamente en la Universidad Católica, donde trabajaban los médicos Hermal Rosemberg y Sergio González Bombardiere, los que fueron encargados de la autopsia no autorizada -según la versión de la familia- de Frei.

Dentro de los documentos incautados por Investigaciones no quedó registro de las últimas operaciones quirúrgicas hechas al ex Presidente, salvo la primera de ellas, realizada en diciembre de 1981. LND


Los casos relacionados:

Los procesos que Madrid vincula a la muerte de Eduardo Frei Montalva

1.- Carmelo Soria:Diplomático Español

Homicidio: 14 de julio de 1976.

Autores: DINA.

Principales imputados:

Brigadier (R) Jaime Lepe Orellana.

Mayor (R) Patricio Quilhot.

Suboficialk (R) José Remigio Ríos San Martín.

Químico Eugenio Berríos.


2.- Cabo de Ejército Manuel Jesús Leyton Robles

Agente de la DINA

Homicidio: marzo de 1977.

Autores: DINA

Principales imputados:

- Hipnotizador, Osvaldo Pinchetti.

- Comandante (R) Vianel Valdivieso

- Coronel (R) Juan Morales Salgado

- Dr. Sergio Valdés.

- Dr. Osvaldo Leyton.

- Enfermera Eliana Borumburu Taboada

- Químico Eugenio Berríos


3.- Ricardo y Elizardo Aguilera, Guillermo Rodríguez Morales “El Ronco” y Adalberto Muñoz Jara.

- Militantes del MIR

- Envenenamiento por botulismo.

- Autores: se sospecha que fue la CNI.

- Principales imputados: químico de la DINA, Eugenio Berríos.

- General (R) doctor Eduardo Arraigada Rehren y el coronel (R) de Sanidad Sergio Rosende Ollarzu, ambos funcionarios del Laboratorio de Guerra Bacteriológica del Ejército (LBGE), dependiente entonces de la Dirección de Inteligencia del Ejército (DINE).

- Químico Eugenio Berríos

- Hartmut Hopp (Colonia Dignidad)


4.- Eduardo Frei Montalva.

- Ex Presidente de Chile

- Muerte por septicemia generalizada: 21 de enero de 1982.

- Autores: se sospecha del LGBE, la DINE y la CNI.

- Principales sospechosos: general (R) doctor Eduardo Arraigada Rehren y el coronel (R) de Sanidad Sergio Rosende Ollarzu, ambos funcionarios del Laboratorio de Guerra Bacteriológica del Ejército (LBGE), dependiente de la Dirección de Inteligencia del Ejército (DINE).


5.- Eugenio Berríos Sagredo

- Ex químico de la DINA

- Homicidio: entre enero y marzo de 1993, en Uruguay

- Autores: agentes de la DINE.

- Principales procesados:

- General (R) Eugenio Covarrubias ex jefe de la DINE

- Mayor (R) Arturo Silva Valdés.


Hablan los médicos

Las declaraciones de los médicos que participaron en la operación ante el ministro Madrid, están llenas de tecnicismos, explicando cómo operaron al ex Mandatario. Aquí algunos de sus párrafos más importantes de sus testimonios judiciales.

Augusto Larraín:

“En esta segunda operación donde participé como observador vi una mesenteritis alta de intestino delgado del tipo inflamatorio que nunca antes encontré en las cirugías digestivas que he realizado”.

Alejandro Goic:

“Con respecto a la pregunta de una posible intervención de terceras personas en la infección, debo señalar que no puedo pronunciarme sobre ello. Todo lo que aconteció en el período post operatorio tiene una explicación médica lógica sin necesidad de factores externos”.

Dr. Patricio Silva Garín:

“El doctor Augusto Larraín fue partidario de la cirugía, yo fui partidario de tratarlo médicamente, ya que la úlcera de Barré, por mi experiencia profesional, mejoraba con un tratamiento con remedios”.

Dr. Eduardo Weinstein Baranovsky:

“El grado de riesgo en esos años con el cuadro que tuvo el paciente de obstrucción intestinal, la mortalidad operatoria podría llegar al 60 por ciento. Como corolario de la secuencia y complicaciones que se fueron dando, debo señalar que lo principal lo atribuyo a la tardanza a pesar del diagnóstico que había dado el doctor Patricio Silva en que se efectuara la operación de obstrucción intestinal. De ahí para adelante hay toda una secuencia de un problema séptico en un hombre de edad y que al final desencadenó una falla multisistémica”.

Dr. Guillermo Steading Valenzuela:

“Mi opinión es que cuando Frei fue ingresado por segunda vez a la clínica, debió haber sido operado de inmediato y no esperar al doctor xx Larraín que se encontraba fuera de Santiago

Dr. Carlos Zavala Urzúa:

“La evolución de Eduardo Frei Montalva fue el de una enfermedad muy grave producto de un shock séptico que ocurre en una persona de 72 años y que tiene una alta mortalidad”.


Los funcionarios de las clínicas de la DINA

Doctores:

Jorge Fantini

Osvaldo Leyton Bahamondes

Horacio Taricco Lavín

Vittorio Orvietto

Juan Pablo Figueroa

Pedro Samuel Valdivia Soto

Sergio Virgilio Bocaz

Sergio Muñoz Bonta

Chistian Emhart Araya

Camilia Azar Saba

Jorge Bassa Salazar

Rodrigo Velez

Enfermeras-Auxiliares:

María Eugenia Pérez

Irma Aguilera Mitchel

Jazna Larrecheda Valdés

Fernanda Segura Jara

Melanie Soto Cubillos

Empleados civiles:

Silvia Valdés Uribe

Ramón Alvarez Martínez

Luis Araya Aguayo

Luis Espinoza Tapia

Luis Orellana Lara

Igor Poblete González

Jorge Aceituno Cruz

Alberto Arriagada Martínez

Luis Barrera Fuentes

Enrique Carreño Morales

José Guerrero Guerrero

Julio Huerta Gutiérrez

Roberto Nuñez Zenteno

Carlos Pulgar Albornoz

Claudio Sanhueza Sanhueza

Jaime Leiva Olguín

Andrés Naranjo Riquelme

Lorenzo Toro Olivares

Militares:

Hernán Sovino jefe de seguridad

Subobficial mayor (R), Ramón Muñoz Rojas

Subobficial mayor (R) Raúl Cerda Sagardía (enfermero)

Subobficial mayor (R) Leonel Martínez Faúndez

Subobficial mayor (R) Santiago Matteo Galleguillos

Suboficial (R) Luis Olguín Ortiz

Suboficial (R) Alfredo Naranjo Riquelme

Suboficial (R) Manuel Lucero (enfermero)

Suboficial (R) Carlos Norambuena (enfermero)

Suboficial (R) Oscar Aceituno Carvajal

Sargento 1º (R) Alfonso Bravo Cifuentes

Sargento 1º (R) Jorge Aravena

Sargento 1º (R) Delberto Esparza Lillo

Sargento 1º de Carabineros, Bernardo González González

Sargento 2º Vicente Alvarez Ramírez

Sargento de la FACh, Luis Pechuante Núñez