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Centros Chilenos en el Exterior

Opinión

Argentina treinta años después...

Argentina treinta años después. Treinta nos han pasado desde la llegada de Videla instaurando la más sangrienta y feroz represión hacia su propio pueblo y a todo el subcontinente sudamericano. El dominó de la llamada política de Seguridad Nacional implantada por los USA  basada en los regímenes dictatoriales y represivos, donde la tortura, la desaparición de personas, los escuadrones de la muerte, la prisión y el terror fueron su sostén y sustento. Esa política represiva, abarcó a todos los países del denominado, cono sur del continente. Fue una represión común de todos los regímenes dictatoriales.
 
En Argentina fue donde este sistema represivo tuvo su mayor violencia, en la desaparición y muerte de treinta mil  personas. Y ha sido en este país, donde la investigación de la violación de los DDHH, por parte de la Justicia, ha sido más intensa, pese a la Ley de Amnistía. Militares argentinos han sido detenidos en España, México y otras partes del mundo, y muchos de ellos están con orden de detención internacional.
 
La preocupación de los organismos de defensa de los DDHH , organizaciones como las Madres de Plaza de Mayo, la Justicia argentina y el actual gobierno, no solo han ido contra la acusación, detención y procesos judiciales  de los culpables  y responsables de la represión, sino que también en hacer justicia hacia las víctimas de la represión institucionalizada.
 
Desde hace largos años Argentina ha estado luchando la forma para buscar,  dar y hacer justicia. Es cierto que los miles y miles de desaparecidos víctimas de la dictadura, los miles y miles de detenidos  y torturados, otros tantos millares de argentinos obligados de exiliarse, no van a recuperar toda esta etapa de sus vidas ni van a borrar los sufrimientos vividos, pero si es cierto, que a nivel judicial  y en los otros estamentos de la sociedad argentina, ha habido una preocupación  constante ,en el tema de buscar una solución, más que simbólica en lo referente a la violación de los DDHH.
 
Prisión para los culpables. Reparaciones de tipo moral, ayuda social, apoyo médica, reinserción individual y también significativas reparaciones de tipo económica, han sido una constante en la actual sociedad argentina, deseosa de restaurar su convivencia nacional, pidiendo perdón por los crímenes cometidos y orientando su camino a un futuro donde no vuelvan a repetirse todos esos hechos que desangraron la vida de la Argentina. Sin olvidos.
 
Estos treinta años, no es solo el aniversario de la implantación de la dictadura de Videla y su secuela de represión y muerte. Es también el del recuerdo de las víctimas de esa dictadura y la noble tarea de su actual gobierno, en conjunto con la sociedad argentina, en hacer justicia y fortificar la democracia, para lo que sucedió hace treinta años no vuelva a suceder. Nunca más.
 
¿Y nosotros en Chile por donde vamos? La justicia ha ido poco a poco, como en cuenta gotas. Como diciéndonos que estamos y llevamos un retardo en comparación a nuestros vecinos al otro lado de los Andes.
 
Tuvo que pasar la detención de Pinochet en Londres y la testadures de algunos jueces  para poder ir  a denunciar la violación de los DDHH en Chile. El Estado, como tal nunca lo ha hecho, salvo la creación de algunas comisiones encargadas de investigar lo que pasó en el país. Sin buscar ni denunciar a la Justicia a los culpables. Con miles de víctimas, que vienen a ser reconocidas, en parte, como tales treinta años después.
 
Lo que pasó  entre 1973 y 2003, quedó en un paréntesis, para no decir olvido. No va ser una mísera y simbólica pensión otorgada, más de treinta años después, la que va hacer olvidar lo que pasó en nuestro país, ignorando los treinta años de sufrimientos de miles y miles de chilenos. En otras palabras para el Estado chileno, las víctimas de la dictadura seguirán en la realidad siendo culpables, puesto que en su nombre y en su institucionalización, fueron asesinados, hechos desaparecer, torturados, aprisionados, expulsados del país, exiliados, etc., etc. y también olvidados.
 
Pasarán otros treinta años para que Chile, el ¿Estado de Chile, tome al fin verdaderas medidas, para poder hacer justicia y reparar verdaderamente todo el perjuicio en su nombre hecho?

CRITICA CON SORNA

CRITICA con SORNA

SECRETARIO DE FEDACH (o Carlos Méndez)
 

            ¡Energúmeno! (y que conste que estoy usando un eufemismo) Pense que había aprendido la lección, pero vuelve a meter la pata.Como se le ocurre presentar semejante libelo, a tan altas autoridades, pretendiendo encima que lo tomen en serio. Se ha convertido en un caso perdido y le aconsejo que mate pronto a su EGO o este terminara con Ud. Cuando busque enfrentar a alguien tiene que procurar no maltratar a sus acólitos, es lo que esta haciendo con esta carta.. Es tanta la vulgaridad que contiene, que difícilmente sus amigos se identifiquen con sus expresiones, a no ser que practiquen el viejo dicho referido a la solidaridad de los mediocres. (¿Lo conoce?).


             Decididamente no lo puedo tomar en serio(al menos por ahora) lo intente, pero no pude. Me mato lo del aire acondicionado. Lo de los mozos retirándose antes de tiempo es casi aceptable, lo considero un desaire hacia su persona y esta bien que lo mencione. ¡Pero lo del aire!, ¡y lo de los baños sucios! Me imagino que también abra observado las cortinas, el piso, ¿ a qué fue en realidad a la embajada ese día?. Yo esperaba de Ud., que pusiera su atención en lo sustancial de dichas reuniones; como por ejemplo, el discurso de los presentes y el análisis echo por Ud. como un aporte  suyo para con sus seguidores. Nada de eso, se puso el delantal y al mejor estilo “lita de lazari”, paso a inspeccionar los quehaceres domésticos de la embajada.

             Es inadmisible en un dirigente de su talla, que incurra en estos errores, Máxime cuando se tiene la pretensión de postularse como diputado de los chilenos residentes,(me acabo de enterar por un articulo publicado en la pagina web denominada “entrechilenos”) escrita seguramente por uno de esos “dóciles” a los que Ud. hace referencia en su carta. Por que no hizo pública esta intención suya a la colectividad en los medios que dispone su federación; por que quiero creer que en diez años de ejercer la presidencia de fedach Ud. habrá dotado de algún medio gráfico, virtual o radial a esa organización que representa, que le sirva como medio para exponer su pensamiento, ¿nada de eso?.

             De todas maneras entiendo su rabia, lo que no entiendo es porque la focaliza. Si su idea consiste en que lo inviten a la embajada cuando venga nuestra querida presidenta, con solo mostrar cierta dignidad y coherencia sé lo estaría mereciendo. No tengo duda alguna que existe en las autoridades chilenas en la argentina, la capacidad de ver estas virtudes en las personas, (también se dan cuenta cuando no existen) por lo que le aconsejo meditar acerca de lo que hace y dice, y quizás con un poco de suerte, le prendan el aire acondicionado, le limpien los baños y hasta puede ser que los mozos se queden hasta que Ud. se retire.

             Mire, la verdad es que me cae simpático a pesar de todo y ahora que se ha animado a escribirme, podríamos decir que somos amigos y como tal me animare a darle algunos consejos que creo le servirán. El primer consejo que le daré, es el siguiente. Vea urgente a un medico para que le recete algún medicamento para la memoria, le queda tan poca que me asusta. Se lo digo por el planteo que hace sobre no perturbar la visita de la Dra. Michelle Bachelet a la Argentina. No ha sido Ud. el que a  querido llamar la atención de la presidenta, enviándole cartas continuamente para llamar su atención. Incluso en uno de sus documentos invita “ a manifestarse públicamente en chile” una ves que esta allá asumido. Para exigirle de manera ¡intransigente! cuanto reclamo se le ocurra.. Esto lo dice en uno de sus documentos, ¿guarda copia de ellos? (o no se acuerda donde los dejo).Este a sido su comportamiento desde hace bastante tiempo. Sin mencionar la carta escrita por Ivon Vidal, con guión suyo, dirigida expresamente a la Dra. Michelle Bachelet, hace poco mas de dos semanas.(Recuerde que le faltan las firmas de las 80 organizaciones adheridas a fedach) Y ahora resulta que en el documento enviado por Ud. a mi correo, señala todo lo contrario. Diciendo que esta visita debe darse en un “estricto marco protocolar, que nadie debe interpelar a la presidenta con un pliego de quejas y demandas”. Para que todo ese barullo, si al final va a terminar como una mansa ovejita retractándose de todos sus berrinches anteriores.(Y discúlpeme esta mención un tanto peyorativa) pero Ud. empezó primero con estas alusiones, cuando dice que los chilenos somos apartados como “ganado” en la embajada.

             En uno de los puntos de su carta en donde habla del contexto en el que se da esta visita, propone Ud. que a este efecto, se cree una comisión análoga a la que existió en anteriores visitas presidenciales y menciona como ejemplo la del presidente Lagos en el año2000, que según su criterio, fue impecable y agrega que dicha comisión estaba representada por; “Pablo Romero de la embajada, Enrique Melkonian del consulado y Magali Millán de fedach”. (¿Y EL RESTO?) ¿Por que mete la pata de esta manera? Hasta una vaca, se da cuenta que todo el discurso sobre democracia, participación, pluralismo etc. que pretende instalar, se desvanece como el aire (¡dije aire!) No existían acaso otros dirigentes para conformar esta comisión, de forma tal que la hiciera más democrática y participativa, salvando así con la práctica  sus declamaciones.

            Y que es esto de que, “no nos olvidemos que la Argentina fue usada como plataforma estratégica para conseguir la democracia en chile” Le diré con toda sinceridad, que me ha dejado perplejo con esta parte conceptual del texto, en donde analiza el contexto en el que se da la visita de nuestra presidenta. Y arremete como un calificado analista político, queriendo convencernos de que estuvo pensando (Fíjese en el lío que se mete por conseguir una invitación). Lo único que hace es forzar sus propios argumentos sin importarle un pepino, lo que esta diciendo. Lo  que busca en realidad es que toda esta charlatanería concuerde con la parte siguiente del libelo, haciendo coincidir como vulgar compositor de cambias, el estribillo de los “Miles” (y acá no le quito méritos seria una muy buena cambia). Esto dice Ud. en la carta que me envía “Son miles los ciudadanos chilenos residentes en la argentina, son miles los ciudadanos que participaron de los chile democrático y Caschi, son miles los ciudadanos chilenos que fueron a votar por el no en el plebiscito, son miles los chilenos que fueron a chile a votar por lagos, son miles los chilenos que están organizados legalmente en asociaciones chilenas (ya termino recién van cinco mil). Y la frutillita del postre, “son miles los chilenos de estas asociaciones que pertenecen a fedach” ¡Genial!

              En el párrafo anterior al estribillo de los miles, había usado este retorcido método de análisis para referirse a lo siguiente. “Después de su estrepitoso fracaso de traslado de votantes en la segunda vuelta presidencial, tenemos como resultado lo que la DINA y Pinochet no consiguieron en 17 años de dictadura. Ahora desde la Embajada, con la Concertación y en democracia, en un plazo de dos años, se ha logrado: intrigar, infiltrar, indisponer, desavenir y fraccionar a la comunidad  chilena residente en Argentina”. 

            Acá me fuerza a contestarle de manera seria. De donde saca que los más de 460.000 chilenos que viven en la Argentina, forman parte de una masa ideológica homogenea, que no estamos divididos por factores de orden social, político, religioso etc. solo su estupidez no le permite ver que la intriga y la infiltración, fueron los métodos empleados por la dictadura asesina y corrupta encabezada por Pinochet, y su herencia cultural son la desavenencia y el fraccionamiento del pueblo chileno, donde quiera que este se encuentre. Y que el único mal nacido que practica este método es Ud.,  en contra de la concertación y del sistema democrático. El hacer, conlleva implícito aciertos y errores, la magnitud de los mismos esta dada por su importancia en determinado contexto, y cuando accionamos como grupo humano, manifestamos como es lógico, en mayor o menor medida estos defectos, heredados de un pasado brutal producto de casi dos décadas  de la mas sanguinaria de las dictaduras militares que nos allá tocado vivir, potenciada por una mala y deformante participación en el espacio democrático. Y Ud. es un caso patético de esta herencia cultural y de esta deformación.

             Y no me venga a refutar con el argumento de que hace 16 años que estamos en democracia, por que volvería a mostrar su estupidez. Lo que permite la corrección de esta herencia cultural, es la participación plena en este proceso democrático, en conjunto con el ejercicio de las facultades atribuidas al mismo, como el derecho a voto. La negación de este y otros tantos derechos de igualdad y justicia, corresponden de igual manera a esa herencia cultural con origen en la dictadura militar. Despojarnos de este lastre tiene la misma importancia que el derecho a voto y las dos cosas se resuelven en la participación activa (no simbólica) de los chilenos en el exterior. 

              Tomemos como ejemplo su caso (acá lo usare de conejillo de indias y no de oveja) Hace diez años que esta al frente de fedach, nunca le a rendido cuentas a nadie ¿sabe por que? Por que nunca nadie se lo ha pedido, y si lo hicieron Ud. se hizo el tonto (que es lo que mejor sabe hacer) Como vera este es un error garrafal que atenta contra la participación democrática, existe en este sentido una participación viciosa, responsabilidad tanto de dirigentes como de dirigidos y esto ocurre ahora, en democracia. No digamos que dentro de la colectividad esta todo podrido, estoy seguro que existen dirigentes serios coherentes  responsables, que con humildad trabajan todos los días del año procurando concretar sus objetivos y le puedo asegurar que son a los que menos les interesa trascender. 

            Espero que su próximo intento de querer decir algo, se oriente en el sentido exacto, de lo que tendría que ser el debate que nos esta faltando. Para esto, le propongo que difunda sus ideas en algún medio que podría ser una pagina web, y le doy dos direcciones de estas para que las use sin restricciones.(www.chilenosenlapatagonia.blogia.com y www.entrechilenos.blogia.com) invite a sus
Amigos a que lo hagan, de esta forma pueden decir lo que ahora le soplan al oído para que ud.las diga. Le propongo dos temas para que los considere; Participación Democrática y decimocuarta Región. De esta forma superaremos los estribillos con ritmo cumbianchero y  los alegatos sobre quehaceres domésticos. Un amigo.
            
             
              
                                                                      Roberto Tello
                                                                     Mail; chilevivo2000@yahoo.com.ar

Olvídese (total, a Ud. no le cuesta nada) de que es; fiscal, diputado, dirigente, analista político y concéntrese en los diez años que tiene a su cargo la presidencia de fedach y ya que estamos ablando de herencias, pregúntese que les ha dado y que les dejara a las mas de 80 organizaciones de chilenos residentes en la argentina que Ud. dice tener a su cargo. Y si le quedan ganas de seguir mandando cartas, trate de elevar el nivel de sus ideas (¡esto! solo si las tiene) olvídese de los aire acondicionados, de los baños sucios y de los mozos haraganes. Concéntrese en lo sustancial, no focalise su resentimiento (heredado de la dictadura) en personas. Y tampoco piense y accione en nombre de los demás.

LA CHILENIDAD NO ACABA EN LAS FRONTERAS DEL PAIS

Esta reflexión quiere ser una respuesta a las voces que desde la derecha chilena se alzan para defenestrar a priori el intento que se quiere hacer para permitir que los cientos de miles de chilenos que vivimos en el exterior podamos ejercer nuestro derecho a voto.

por Rafael Araya Masry    

Para muchos han sido razones de índole económica o laboral. Para otros, el forzado o forzoso exilio que en su momento significó casi con seguridad salvar la vida. La propia y la de los más cercanos para preservar de ese modo el derecho de los que vendrían después, aquellos que habrían de nacer y crecer en una cultura diferente de esa que conocieron sus padres. La que enseñó a añorar el color y el sabor de nuestra geografía, de nuestras canciones, nuestra gente. Aquella que muchas veces significó más de una lágrima en medio de un mar de añoranzas, o de una añoranza en medio de un mar de lágrimas, la misma que nos hizo permanecer siempre cerca de equipajes nunca del todo desechos y atentos a la posibilidad de un regreso visto y esperado quizás a
la vuelta de la esquina como una forma de que la esperanza perviviera, alimentada por deseos que sólo la identidad primaria puede darnos, la de sentirnos chilenos. Tanto como el que más y no menos que ninguno.

Por todo esto es que duele más aún que hoy alegremente se diga que quienes vivimos fuera de nuestro país no podemos gozar de las mismas prerrogativas que quienes sí lo hacen, como si el hecho de no residir en Chile implicara necesariamente un estigma
que nos ubica como chilenos de segunda categoría, condenándonos a una situación de ser verdaderos parias ante nuestros legítimos derechos ciudadanos.

Cuando el Senador Hernán Larraín afirma  que “quienes viven en el extranjero no pueden votar en las elecciones ya que no sufren directamente las consecuencias de lo que elige el país”, se olvida el Honorable que muchos de los que enfrentan esa
situación -tal vez la gran mayoría- no residen en Chile porque personajes como él fueron partícipes y cómplices directos de un modelo de represión y de exclusión económica, política y social de una gran mayoría de compatriotas en momentos en que
decir “voto” era mala palabra.

Pero al parecer, el trasfondo de esas lamentables afirmaciones provenientes desde la más anquilosada derecha política, tiene su justificación en alegres cuentas de orden aritmético respecto a la esencia y tendencia del voto que pudiera emitirse desde el exterior.

Y es ahí donde puedo darles la razón, porque sin duda el más alto porcentaje de quienes hoy estamos fuera de Chile, casi con seguridad no apoyaríamos a esa derecha excluyente y autoritaria, es decir, contribuiríamos a sostener y avalar con nuestro
sufragio una forma de ejercer el gobierno que garantice las más caras aspiraciones de equidad, de crecimiento con justicia social y de inclusión de los más desvalidos.

Peso toda esta oscurantista posición del H. S. Larraín y Cía. tiene que ver con la vigencia de un sistema electoral perverso que no contempla la voluntad esencial de las mayorías electoras, el sistema binominal, verdadera última trinchera de una
forma de entender al país a partir de la conservación de prebendas emanadas desde los tiempos de la dictadura militar y de las cuales, sin duda, son los únicos y grandes herederos y beneficiarios.

El libre ejercicio de los derechos ciudadanos es inherente a la condición primaria de ser chilenos independientemente del lugar en donde nos toque vivir. Es demasiado tiempo y demasiada historia lo que avala esta premisa esencial. La búsqueda de la  sobrevivencia política por parte de la derecha ha encontrado un camino absolutamente favorable en la vigencia del actual sistema electoral. Porque no sé en dónde estarían hoy unos cuantos parlamentarios de las fuerzas políticas que la representan si ése sistema fuera de representación proporcional. Porque escudarse en una supuesta forma de “dar gobernabilidad al país” no alcanza. Es sólo retórica destinada a justificar su incapacidad de ganar en juego limpio y una forma mañosa para preservar aquellos nichos de poder donde sus intereses no se vean amenazados.

Ya conocemos bien lo que significa quitar sus derechos ciudadanos a muchos compatriotas exiliados por diversas razones. Sin ir más lejos se me viene a la memoria la figura de Orlando Letelier, a quien ellos quitaron inclusive su nacionalidad a días de ser asesinado a manos de la siniestra DINA en una calle de Washington por expresa orden de Augusto Pinochet. Ni hablar del auto exilio del Libertador luego de su abdicación al poder para evitar una segura guerra civil, dirigida por esa misma derecha conservadora que veía en sus posiciones liberales una amenaza en ciernes para sus privilegios. También le fueron cercenados sus derechos.

Es hora entonces de terminar de una buena vez con esta injusticia de años que sólo ha significado un profundo sentimiento de frustración entre quienes desean ejercer su sagrado derecho a voto desde el exterior. Es hora de que el sistema electoral en Chile sea modificado en aras de garantizar la igualdad de oportunidades para elegir y ser electo. No nos basta a los que estamos lejos con añorar nuestra patria desde la memoria y regocijarnos con el sabor de nuestras comidas, con un encuentro deportivo o con la simple evocación de la patria. Necesitamos sentirnos iguales a todos los chilenos a partir del libre ejercicio de nuestros derechos.

Porque nuestra condición de chilenos no puede ser prisionera del capricho de una clase política que desde la derecha nos ve tan sólo como una amenaza a sus cálculos proselitistas. Tenemos el derecho de ser y sentirnos iguales a todos nuestros compatriotas, porque aún desde la distancia tenemos vivo el fuego de ser chilenos a cabalidad con los mismos deberes y derechos que  cualquiera que hoy habite nuestra larga y angosta faja de tierra. 

Chile se ha despertado caminando por las nuevas y amplias alamedas

Chile se ha despertado caminando por las nuevas y amplias alamedas, abiertas en el anhelo y en las expectativas de su gente. El nuevo gobierno tiene la tarea de hacer realidad su compromiso para abrirlas y poner en camino los nuevos desafíos en esta historia ?
   
Por Mario Miguel González Valdés maminigonzaval@yahoo.es
El 11 de marzo 2006 ha sido  una larga y significativa jornada en las expectativas y en la esperanza de la gran mayoría de los chilenos, en especial de sus mujeres.
 
La mañana  despertaba en La Moneda con la partida del Presidente Lagos, aclamado por una multitud agradecida de su labor en el gobierno. a popularidad del Presidente estaba simbolizada en toda esa gente que vino y fue a saludarle en los alrededores del palacio y por las calles donde iba a dirigirse a Valparaíso, para entregar su gobierno.
 
Su popularidad, es mucho mayor que sus propios éxitos. Nunca antes un presidente, en la historia contemporánea, no solo de Chile, si no que en el mundo también, había llegado a cuotas tan altas, l final de algún gobierno o mandato. Sin duda era y es el nacimiento de un gran mito o de una significativa leyenda viviente.
 
El día se anunciaba diferente. Especial. No era ni sábado, ni final de verano. La multitudinaria alegría inundaba las calles, anunciando que ese 11 de marzo 2006, iba a ser otra cosa. Parecía que Chile despertaba en medio de una larga noche. Nunca en la reciente memoria del país, se había visto esa desbordada alegría y esas multitudes despidiendo a su presidente. Era el día que toda esa gente lo hacían entrar, y entraba también, en la historia. El día que Chile y los chilenos, esperaban desde tanto tiempo.
 
Gracias Presidente. Solo es el inicio de una leyenda. El comienzo de la apertura de aquellas grandes alamedas y de ese cambio que empieza a vislumbrarse a lo largo y ancho de Chile. También el término, de una época donde Chile quería y buscaba reencontrarse con su propio destino.
 
El camino sigue, y la historia, como decía Salvador Allende, la hacen los pueblos. Es ese pueblo que salió a la calle anunciando su cita histórica con su futuro.
 
 No sólo, este 11 de marzo, era el del cambio de un gobierno, ni la despedida de un presidente, ni la llegada de una mujer a la presidencia. Es el anuncio inequívoco, de y para un nuevo tiempo. Me recordaba, mirando esa entusiasta  multitud, unos versos de una canción cantada en Chile, por allá en los comienzos de los setenta  "...porqué esta vez no se trata, de cambiar un presidente..."
 
El traspaso del mando presidencial es un cambio de orientación en la actual política chilena. El fin de una época y el comienzo de una nueva historia, más amplia para la convivencia y hacia una anhelada reconciliación nacional. El camino ha quedado abierto y no queda más que cumplir en esas expectativas, en esas esperanzas abiertas,  despertadas, en la gran mayoría de los chilenos.
 
 “El pasado es pasado y no lo olvidaremos nunca..."  Hoy, es un presente y es un futuro.,  sin olvidos. Mucho ha costado llegar hasta hoy. Mucho ha sido el esfuerzo, y demasiado doloroso, el precio pagado en el tiempo reciente. Por ello la ilusión despertada, la de un verdadero sueño reflejado en los rostros y en la alegría de esas  multitudes que han salido a saludar, y a esperar, la llegada de Michelle Bachelet a la presidencia.
 
Chile se hizo una gran fiesta y en él, soplan vientos distintos. Vientos de dignidad, de justicia, de democracia y de libertad.
 
Acá lejos, al otro lado del mundo, donde el duro invierno se resiste en partir y la primavera en venir, veíamos las impresionantes y contagiosas imágenes de la TV  Chile Internacional y de Telesur, al igual que los reportajes en las diferentes noticiarios en las TV locales, mostrando e informando, la llegada y la investidura de nuestra presidente a la cabeza de nuestro país. Su entrada triunfal por la Alameda camino a La Moneda.
 
Que ganas, que deseos haber estado ahí. Seguro que en medio de la euforia colectiva, no me habría dado cuenta, al oír las palabras de la nueva y flamante presidente, desde los balcones de palacio gubernamental, el haber olvidado, omitiendo, el recuerdo de ese casi millón de chilenos que seguimos viviendo fuera del país, en las mil fronteras de la imaginaria e inexistente XIV Región. Ninguna palabra. Una lástima, porque Chile también somos nosotros y nuestro país, también es el nuestro.
 
Chile. Sigue viviendo su verano de alegrías. El otoño tiene aún tiempo para pedir su paso. Acá lejos, en el frío invierno seguiremos transitando en las heladas avenidas del olvido, abrigado por la ilusión de ver a miles de compatriotas, y una gran cantidad de mujeres, participando en la llegada de este nuevo tiempo donde ellas, y ellos, chilenos todos, esperan cristalizar sus propias esperanzas., sus anheladas expectativas, donde " no habrá ciudadanos olvidados "  y donde también esperamos, o desearemos, que la tierra de nuestras raíces, no se aleje ,en nuestra multiplicada geografía exterior.
 
Soplan vientos distintos. Chile, sin duda,  por fin parece despertar de sus largos años de transición, recuperando su dignidad. Las alamedas están y han quedado abiertas para comprometerse con la historia y con su inmediato futuro, el que con su propio presente se ha puesto en marcha.

PARA ENTENDER EL SOCIALISMO: UNA NUEVA ERA ES NECESARIA.

OCIALISMO DEL SIGLO XXI: PARA ENTENDER EL SOCIALISMO: UNA NUEVA ERA ES NECESARIA. Por Mario Sanoja y Iraida Vargas-Arenas, de Question.

"…La sociedad se encuentra en un estado de momentánea barbarie…hay demasiada civilización, demasiados medios de subsistencia, demasiada industria, demasiado comercio…" (3).

I

La nueva Era de la Humanidad

Al acercarse los años finales del primer lustro del siglo XXI, podemos constatar con esperanza que se está construyendo una nueva era de la humanidad. Esta nueva era se caracterizará por el colapso del imperio hegemónico mundial de Occidente, encarnado en su última representación, el gobierno de los Estados Unidos en su forma más decadente: George W. Bush y su mafia de mercaderes mentirosos y corruptos.

Es posible que nazca una nueva visión de las relaciones mundiales fundamentada en la formación de bloques regionales cuyas relaciones estarían basadas en la solidaridad y el intercambio, convirtiendo las desigualdades económicas en fuente de colaboración entre estados para así resolver el peor flagelo de la humanidad: el hambre que genera violencia social, miseria material y espiritual.

Desde finales del siglo XVIII, la burguesía triunfante con la Revolución Francesa impuso a la sociedad una visión del mundo basada en la aceptación de los cambios políticos como un hecho normal del desarrollo de la sociedad, y del poder popular como fundamento de la soberanía de las naciones. De esa nueva visión del mundo nacieron las tres ideologías decimonónicas que habrían de dominar posteriormente las luchas políticas del siglo XX: el conservatis¬mo, el liberalismo y el socialismo.

La consideración de los cambios políticos como un proceso normal del desarrollo social se sumó hacia mediados del siglo XIX con la ideología del progreso social y la teoría de la evolución, biológica o social. De esta manera, se conformó el darwinismo social, paradigma que ha servido para justificar la hegemonía mundial y la expansión colonialista de las potencias capitalistas que conformaban y conforman la civilización occidental.

La ideología del Darwinismo Social consideraba que todos los organismos y sociedades humanas progresaban naturalmente desde las formas más simples de organización hasta las más complejas. En su razonamiento lógico circular, las formas sociales más adaptadas, las más capaces, se hallaban en la parte superior de aquella estructura jerárquica; ello significaba que pueblos más perfectos eran los que habían logrado progresar hasta alcanzar los peldaños más altos de la escala evolucionista.

Referida al mundo político, dicha ideología permitía sostener que aquellas naciones que durante un largo período habían producido el mayor número de individuos altamente desarrollados intelectualmente, energéticos, valientes, patriotas y benevo¬lentes, serían naturalmente las llamadas a dominar a las menos favorecidas, las menos desarrolladas. Este concepto que subyace el pensamiento racista que fundamenta la noción de pueblo británico y del estadounidense como los elegidos por Dios para guiar la Humanidad, se apoya en un axioma según el cual los logros de la raza anglo-sajona, de la cual descienden los ciudadanos británicos y los estadounidenses no han sido superados por ninguna otra raza que haya existido jamás.

III

Civilización, Progreso y Recursos Energéticos

De lo anterior se deduce que los pueblos que vivimos en la periferia de esa raza privilegiada que dicen ser los anglo-americanos, somos todos pueblos bárbaros, menos desarrollados. Según los pensadores griegos y romanos de la antigüedad clásica, como fue el caso de Tito Lívio, los bárbaros eran enemigos del Estado metropolitano, cuya autoridad imperial muchas veces desconocieron hasta finalmente llegar a liquidar el Imperio Romano mismo. Un pensamiento similar parece fundamentar la actual terminología utilizada por los voceros del Departamento de Estado de U.S.A. para desprestigiar a quienes no se humillan ante sus órdenes. Esto se evidencia cuando dicen repetidamente a través de los medios que el proceso de liberación nacional que lidera el Presidente Chávez tiene como finalidad última desestabilizar el Estado Metro politano, esto es, el estadounidense.

Por supuesto, desconocer la autoridad imperial que Estados Unidos dicen tener por derecho sobre América Latina desestabiliza las bases mismas del imperio, abriendo el camino para reconstruir la Patria Grande y reformular nuevos bloques y alianzas regionales entre los latinoamericanos.

Hoy podemos ver que, bien sea debido a procesos naturales y geológicos, o quizá a secretos designios de la voluntad de Dios, la mayor parte de los principales recursos energéticos y materias “primas que mueven y mantienen la vida del bloque de países que se llaman "civilizados", se hallan en territorios situados, con excepciones, fuera del ámbito territorial del denominado Primer Mundo, en países donde vivimos los pueblos que aquéllos consideran como "bárbaros. Esto es verdad –particularmente- en relación con el petróleo y el gas, recurso energético que mueve y sostiene la economía, la industria, las finanzas, la cultura y la calidad de la vida cotidiana de los países del llamado primer mundo y en general de la sociedad mundial. Pensando incluso en el futuro, las fuentes de energía alte rnativa y el futuro sustento de la vida de la era post-petrolera, el sol y el agua, se hallan también en la región tropical del planeta, habitada por pueblos "bárbaros".

Por las razones ya expuestas, desde la década de los años cuarenta, el paradigma del Progreso, del evolucionismo social, del darwinismo social dejó de ser explicado, tal cual decía John D. Rockefeller Sr., dueño de la gran transnacional Standard Oil Company, como una expresión de las leyes naturales y divinas [4]. Dentro de esta nueva versión de la ideología neocolonial, el Progreso pasó de ser una cualidad etérea determinada por la excelencia ética e intelectual de un pueblo escogido, a convertirse en una calidad concreta, en una magnitud relacionada con la capacidad que tuviesen los pueblos: a) para aumentar la energía controlada (apropiada, consumida) per capita y por año, b) por el aumento de la eficiencia o la economía de los medios para controlar la energía o ambos. Una sociedad ( civiliz ada ) progresa, según dichas premi¬sas, en la medida que aumente el consumo de energía no humana y abandone el uso de energía humana ( bárbaros ). De ello se sigue que el progreso se evaluaría a) como la relación existente entre el producto y el trabajo humano invertido para lograrlo (costo beneficio), b) según como se incremente la cantidad de bienes y servicios que sirven para satisfacer las necesidades producidas por, o extraídas de, cada unidad de trabajo humano (mayor plusvalía) [5].

Dicho en otras palabras se trata de aumentar el nivel de explotación del trabajador. El progreso social se aceleraría, pues, en la medida que, disminuyendo el capital invertido, se pueda incrementar la plusvalía extraída de cada trabajador(a).

Los teóricos de la escuela estadounidense de la Culturología consideraban la evolución de la sociedad como un proceso mediante el cual la utilización de los recursos del planeta por parte de la materia viviente se hacía más y más eficiente, determinando que se produjese un flujo máximo de la energía total extraída del ambiente utilizando al máximo la capacidad de la fuerza de trabajo.

Otros teóricos modernos del evolucionismo social añadieron una importante consideración a dicho concepto, estableciendo que si bien la evolución de la materia y del universo marchaba hacia un aumento en la organización y la concentración de la energía, la cultura y la vida marchaban hacia una creciente heterogeneidad [6]. Ello implicaría que el proceso de concentración y organización del uso de la energía en estas circuntancias no determinaría necesariamente la construcción de un sistema social hegemónico sino de diversos sistemas sociales no hegemónicos, tal como está ocurriendo hoy día con la formación de un mundo multipolar.

Hacia finales del siglo XX, sociedades capitalistas del primer mundo desarrollaron el concepto de la llamada Mundiali¬zación, con el globalismo como ideología que justifica su expansión neocolonial [7], bien sea mediante tratados asimétricos de comercio -tales como al ALCA- o simplemente la ocupación militar de los países, como es el caso de Irak y Afganistán. El objetivo fundamental de la Globalización es controlar y concentrar en manos de las transnacionales la explotación de los recursos de punta tales como la energía fósil (petróleo y gas), el agua y la biodiversidad existentes en los territorios ocupados por los pueblos (bárbaros) de su periferia, utilizar su fuerza de trabajo barata para extraerle el máximo de plusvalía con poca inversión, y disminuir la contaminación de sus propios espacios ubicando las maquilas en los territorios de los "bárbaros".

Las ganancias obtenidas en los países pobres por las transnacionales se reciclan a través de los centros de poder financiero de los países metropolitanos y se vuelve a invertir especulativamente como préstamos en los mismos países pobres. De esta manera, se estrecha la dominación neocolonial y se agranda la brecha existente entre la minoría de países ricos y la mayoría de países pobres, convirtiendo la desigualdad y la injusticia social en una especie de orden natural que le asigna a los pueblos pobres (bárbaros) el papel de consumidores de mercancías, sin ninguna capacidad de decidir sobre su destino.

La entronización del neoliberalismo, de la ideología de la mundalización neocolonial vino aparejada con la teoría del supuesto fin de la historia [8], ya devenida obsoleta, con lo cual se pretendía poner término a la vieja concepción liberal de la naturalidad de los cambios sociales. De acuerdo con esta tesis, la relación de desigualdad social y económica entre el núcleo de países ricos del primer mundo y los países bárbaros de su periferia quedaría, pues, sellada por una ley de hierro cimentada en la superioridad tecnológica y militar del mundo desarrollado.

IV

Cambio Social, Progreso y Socialismo

El Manifiesto Comunista de Carlos Marx también recogió y reformuló en 1847 las propuestas liberales de la Ilustración sobre la naturalidad de los cambios sociales, pero expresados específicamente como el concepto de la lucha de clases:

"…los comunistas apoyan en los diferentes países todo movimiento revolucionario contra el estado de cosas social y políticamente existente…tienen la conciencia de defender ante todo los intereses de la clase obrera por ser la clase que más sufre… Desean mejorar las condiciones materiales de la vida para todos los miembros de la sociedad, hasta para los más privilegiados… no cesan de llamar a la sociedad entera sin distinción, y así mismo se dirigen con preferencia a la clase dominante. Porque, además, basta comprender su sistema para reconocer que es el mejor de todos los planes posibles de la mejor de todas las sociedades posibles…"

Hacia mediados del siglo XIX, la Liga de los Comunistas consideraba que ya existían condiciones revolucionarias en diversos países del hemisferio norte que formaban parte del mundo industrial desarrollado de la época : Estados Unidos, Inglaterra, Suiza, Polonia y sobre todo Alemania la cual se encontraba en vísperas de una revolución burguesa que acentuaría la lucha de clases, preludio, a su vez, de una revolución proletaria. La crisis del capitalismo que precipitó la Primera Guerra Mundial, determinó que la revolución proletaria se produjese en la Rusia Zarista, con un territorio enorme, pero uno de los países tecnológica y socialmente más atrasados de la Europa de entonces.

La tarea del movimiento revolucionario soviético no fue fácil, ya que no se trataba de construir el socialismo sobre las bases del progreso organizativo alcanzado por la clase proletaria en su victoria sobre la revolución burguesa del capitalismo industrial, como hubiese ocurrido si la revolución se hubiese producido en alguno de los países desarrollados como Alemania.

El concepto de revolución elaborado en el siglo XIX por Marx, Engels y otros pensadores marxistas, partía de una concepción evolucionista lineal según la cual las nuevas fases del progreso se iniciarían partiendo desde la forma anterior más compleja. Según esta premisa, la etapa del socialismo industrial, fase superior del progreso social, sólo podía, pues, desarrollarse en los países industriales más avanzados.

El triunfo de los bolcheviques en una sociedad campesina y atrasada como la rusa, contrariamente a lo que esperaban Marx y Engels, planteó un grave problema teórico a sus dirigentes. El Poder Soviético se vio obligado a construir desde su base la infraestructura de una sociedad moderna, al mismo tiempo que enfrentaba militar y económicamente las burguesías de los países capitalistas donde debería haber surgido la revolución proletaria.

Razonando sobre aquel dilema, Trostky [9], avanzó la premisa que el llamaba "el privilegio del atraso histórico". Según dicha premisa, las naciones o civilizaciones "subdesarrolladas" tienen un potencial para evolucionar del cual carecen las naciones desarrolladas. Aunque se vean obligadas a ir a la zaga de los países mas "desarrollados", el privilegio de aquellas "históricamente más atrasadas" es el poder adoptar cualquier conocimiento producido por las más avanzadas. De acuerdo con la ley del Desarrollo Desigual y Combinado, los países "atrasados" no tendrían que repetir obligatoriamente todas las etapas y procesos cumplidos por los "desarrollados", adaptando sus últimos descubrimientos a su propio nivel de retardo histórico tal como está haciendo Venezu ela con la ayuda de Cuba en los campos de la organización social, la salud, la educación, el deporte y la producción agrope¬cuaria, entre otros, donde su desarrollo era deficitario.

De esta manera, puede saltarse etapas, saltarse el cumplimiento de procesos productivos técnicos que otros países tardaron décadas para lograr, acelerando el desarrollo de sus fuerzas productivas. Los dirigentes revolucionarios soviéticos, particularmente Lenin, Trosky y Stalin pasaron largos años discutiendo y experimentando sobre la naturaleza del régimen social que debería adoptar la revolución proletaria, etapa que culminó, como todos sabemos, con el triunfo de la propuesta estalinista.

La construcción del socialismo en un solo país se fundamentó en el dominio, control y desarrollo de los vastos recursos naturales y humanos que existían en el territorio de la Unión Soviética, vía un proceso de enorme organización y concentración de la energía de las fuerzas productivas.

Debido a las circunstancias de aislamiento político, económico y tecnológico en las cuales se produjo el desarrollo de la sociedad soviética, éste se manifestó como un proceso específico para las condiciones históricas existentes en Rusia, razón por la cual no pudo tener éxito cuando se trató de imponer a otras naciones de Europa Central y Oriental.

Al no poder tener acceso fácil a las innovaciones científicas y tecnológicas que se producían en los países capitalistas, el costo material del desarrollo fue inmenso, cumplido a costa de la calidad de vida de los pueblos soviéticos. El proceso coercitivo de concentración y organización del uso de la energía fuese humana o no-humana, cono dijimos antes, no consolidó la construcción de un sistema social hegemónico, sino de diversos sistemas no hegemónicos que tuvieron sus epicentros en las diversas repúblicas soviéticas y países del bloque socialista, acelerándose la implosión de todo el sistema cuando ocurrió el colapso del poder soviético central.

En las sociedades de Europa Oriental que formaban la periferia de la Unión Soviética, existían también diversas y antiguas tradiciones culturales muy consolidadas. Existían igualmente burguesías financieras, industriales y campesinas que histórica, política y económicamente estaban muy vinculadas a los países de Europa Occidental, las cuales no habían sido derrotadas por el proletariado de sus respectivos países, sino sometidas por el poder soviético.

Tratar de cambiar súbitamente la naturaleza de dichas naciones, sólo era posible si se les encuadraba dentro de un sistema político que reprimiese las antiguas formas liberales burguesas, como efectivamente ocurrió, pero sin exito. Por esas razones, la ofensiva ideológica y mediática desatada por Estados Unidos, se dirigió particularmente a los eslabones más débiles del bloque socialista: Hungría, Polonia, Checoslovaquia y la República Democrática Alemana. El colapso de los regímenes impuestos a estas naciones se produjo cuando, luego de la muerte de Stalin, la integridad el Poder Soviético había comenzado a agrietarse.

La nueva dirigencia que asumió el poder luego de la desaparición de José Stalin, no tuvo la suficiente claridad ideológica para conducir los cambios sociales que se habían puesto en marcha dentro de la misma URSS hacia un sistema más democrático, el cual hubiese podido conservar los innegables progresos materiales y sociales logrados en siete décadas de construcción socialista.

Al colapsar súbitamente la URSS, sin que existiese un proyecto bien estudiado de transición hacia una situación histórica nueva, dejó al descubierto la debilidad teórica de la praxis socialista soviética, frente al poder material avasallante del capitalismo anglosajón y su ideología neoliberal liderada por Margaret Thatcher y Ronald Reagan. Los centros académicos y las corporaciones transnacionales de Estados Unidos, ya habían comenzado a organizar desde la década de los años treinta del siglo XX think tanks con la participación de destacados(as) científicos(as) sociales: politólogos(as), sociólogos(as), antropólogos(as), economistas, etc. para investigar y teorizar la naturaleza de los cambios históricos, la dinámica de los sistemas culturales, tecnoló gicos y sociales desde la óptica tanto del positivismo y el neopositivismo, como del marxismo y los neomarxismos que se producían en Europa y en Estados Unidos, Asia y América Latina, como medio de producir una respuesta política y económica global frente a un eventual colapso del bloque soviético.

Los(as) intelectuales de izquierda, particularmente los latinoamericanos(as), fueron tomados por sorpresa por el colapso del campo socialista y posteriormente de la Unión Soviética. Perdidas las referencias ideológicas frente al poderoso movimiento totalitario neoliberal que parecía haber sellado toda salida progresista, toda posibilidad de salvar la utopía socialista, muchos(as) optaron por pasarse alegremente, con armas bagajes, al campo del antiguo enemigo capitalista.

V

En 1987 nuestro gran amigo, el desaparecido sociólogo ecuatoriano Agustín Cueva [10], acuciado por la agonía teórica del pensamiento de izquierda en Europa y en América Latina, escribía: "… Nada garantiza que nuestra razón de pueblos oprimidos y subdesarrollados vaya a salir triunfante, al menos en el corto plazo; más esa dosis de incertidumbre inherente a toda lucha tampoco justifica el que claudiquemos de antemano …". Su incertidumbre reflejaba el escepticismo sobre la posibilidad real de contener la formidable expansión económica del capitalismo neoliberal, encarnada para entonces en el régimen hegemónico mundial liderado por Margaret Thatcher y el antiguo artista de cine Ronald Reagan. El colapso del Bloque Socialista, cuyas señales ominosas habían comenzado a manifestarse a raíz de la rebelión de Hungría en 1951 y la Primavera de Praga en 1968, sumergió a los(as) pensadores(as) y dirigentes políticos vinculados a la izquierda marxista en una actitud mezcla de desencanto y desconfianza hacia el futuro que les había prometido el socialismo del siglo XX.

En América Latina, el colapso de la antigua utopía socialista promovió también el ascenso político de una clase político-empresarial neoliberal integrada por antiguos comunistas y socialistas economistas, sociólogos(as), filósofos(as), etc., asocia¬dos(as) con bandas de administradores y gerentes " yuppies " formados e indoc¬trinados en universidades estadounidenses.

Esta claque de funcionarios y gerentes comenzaron a desmantelar y a regalar prácticamente a las transnacionales las empresas productivas y los servicios estatales de salud, educación, comunicaciones, los ahorros de los(as) trabajadores(as), etc., cuya construcción y desarrollo le había costado a los gobiernos nacionales millardos de dólares. Argentina fue un caso emblemático de este pillaje organizado de las propiedades y bienes pertenecientes a los pueblos. México, libre-asociado al Área de Libre Comercio de Estados Unidos y Canadá, representó, además, la triste claudicación de los principios de una Revolución Social que había sido señera para todos los pueblos de América Latina. Por el contrario Venezuela, considerada hasta entonces por muchos latinoamericanos, norteamericanos y europe os como una simple estación de gasolina en el Caribe, fue testigo el 27 de Febrero de 1989 de la primera Rebelión Social contra el neoliberalismo: el Caracazo.

Progreso y liberación nacional

El 4 de Febrero de 1992, día de la rebelión liderada por el comandante Hugo Chávez contra el gobierno neoliberal de Carlos Andrés Pérez, quedará en los anales de la historia de Venezuela como el punto de quiebre que marca el final de nuestro estatus como república libre asociada a los Estados Unidos y el inicio del proceso de descolonización, de liberación nacional y de la inclusión social de la mayoría de pobres que desde hacía siglos estaba excluida de la vida misma.

El camino recorrido pasa por la conquista del gobierno por la vía electoral, la creación de un nuevo proyecto de democracia participativa, protagónica y socialista plasmado en la Constitución Bolivariana de 1999. La conquista del poder entre 2002 y 2003, el cual estaba en manos de una oligarquía político empresarial estrechamente asociada a las corporaciones transna¬cionales que gobiernan Estados Unidos, está marcada fundamentalmente por la recuperación por nuestro pueblo de Petróleos de Venezuela, la consolidación del sistema impositivo, la estabilización política y social del modelo social de gobierno boliva¬riano y la recuperación de nuestra soberanía como país liberado de la neocoloni¬zación imperialista.

Este cambio ha servido para mostrar a nuestro(a)s compañero(a)s de todo el mundo que el socialismo venezolano del siglo XXI puede ser posible, una utopía concreta , enmarcado dentro de un proyecto de integración regional que reúne las posibilidades positivas y creativas de los pueblos de Cuba, Venezuela, Brasil, Uruguay y Argentina. De manera correlativa, la periferia del imperio se ha fracturado después de la Cumbre de los Pueblos en Mar del Plata, Argentina, mientras la metrópolis, Estados Unidos, se acerca al límite de sus posibilidades de expansión acosada por su enorme deuda externa e interna, la incapacidad manifiesta y la inmoralidad de su actual gobierno y la actitud soberbia y belicista de sus élites dirigentes que no alcanzan a comprender la realidad del mundo en el cual viven.

El futuro de Estados Unidos en esta hora, parece ser análogo al auge y caída de los imperios que le precedieron. Estados Unidos, sin embargo no será exterminado como lo fue Roma. Esperemos que simplemente cumplan para sí mismos con lo que reza la introducción de la Constitución de los Estados Unidos de América: "... establecer justicia, asegurar la tranquilidad doméstica, proveer para la defensa común, promover el bienestar general y asegurar las bendiciones de la libertad para nosotros y para la posteridad ..."

Para el logro de esos fines, sería necesario que los estadounidenses cambiasen su estilo de vida actual y se conviertiesen en el pueblo de gente austera, honesta, trabajadora y democrática que siempre fueron. Abolir las causas del belicismo, el despotismo y el militarismo que afectan la sociedad estadounidense actual, no significa cavar la tumba de su nación, sino de las élites irresponsables que, comandadas por George Bush, se convirtieron en émulos del nazifascismo.

La única manera de salvar a Estados Unidos de un colapso económico y social que nos afectaría a todos, es hacer que su gobierno cese de intervenir en la vida y los destinos de los otros pueblos del mundo, que cese de apoyarse en los sectores políticos más reaccionarios, sanguinarios y oscurantistas como es el caso en Venezuela y los otros países del mundo no desarrollado, que trate de abolir las tarifas y cuotas contra la importación de productos y servicios procedentes de países menos industrializados para que estos puedan, a su vez, competir o hasta complementar sus ventajas comparativas.

Si Estados Unidos aprende a compartir solidariamente con el resto de la Humanidad sus logros tecnológicos y científicos, ganará sin duda la raza humana, ganaremos todos, ganará la democracia mundial, se superarán las causas del terrorismo, la violencia y las tiranías. Si no lo hace, habrá desperdiciado estúpidamente su única posibilidad de supervivencia, nuestra posibilidad de supervivencia.

Muy probablemente las corporaciones que gobiernan a Estados Unidos, no aceptarán cambios sustanciales como los propuestos y la Humanidad continuará viviendo en terrible peligro de extinción por muchos años todavía. Sin embargo, para lograrlo es necesario seguir luchando por la construcción social de una Nueva Era solidaria, libre, socialista y democrática para que pueda nacer otro mundo de libertad, de verdadera fraternidad.

[1] Carlos Marx. 1948. El Manifiesto Comunista .

[2] Carlos Marx. 1948. El Manifiesto Comunista .

[3] Carlos Marx. 1948. El Manifiesto Comunista .

[4] Thomas Patterson. 1997. Inventing Western Civilization .

[5] Leslie White. 1959. The Evolution of Culture.

[6] Marshall Sahlins y Elman Service. Evolution and Culture.

[7] Samir Amín. 1997/8. Capitalism, Imperialism, Gobalization.

[8] Francis Fukuyama. 1992. El fín de la historia y el último hombre.

[9] León Trostky. 1963. La Revolución Permanente .

[10] Agustín Cueva. El Viraje Conservador: Señas y Contraseñas. Tiempos Conservadores: America latina en la Derechización de Occidente

Mario Sanoja. Doctor en Antropología. Profesor Titular Jubilado, UCV. Individuo de Número y Segundo Vicepresidente de la Academia Nacional de la Historia. Investigador Nacional Nivel IV Fonacit-Fvpi. Premio Nacional de Humanidades. (**) Iraida Vargas-Arenas. Doctora Cum Laude en Historia. Profesora Titular Jubilada UCV. Investigadora Nacional Nivel IV Fonacit-Fvpi. Premio Municipal de Literatura.

PUERTO RICO: NUESTRO SOCIALISMO DEL SIGLO XXI.

SOCIALISMO DEL SIGLO XXI:
PUERTO RICO: NUESTRO SOCIALISMO DEL SIGLO XXI.
Por Juan Mari Brás.

Hablar de socialismo para el Siglo XXI es una idea que tiene razón de ser. Sobre todo en el Caribe y la América Latina. La región del mundo donde el socialismo ha comenzado a renacer es la del Caribe y América Latina. Ese renacimiento se irradia ahora desde un triángulo estratégico que apunta claramente su diversidad; Cuba, Venezuela y Bolivia.

La característica primaria del nuevo socialismo es la ausencia de vaticanos que dicten las rutas táctico-estratégicas desde centros de poder fuera de los límites nacionales de cada país.

En este Caribe nuestro, y sus dos archipiélagos, el de las Antillas Mayores y Menores, fue donde los conquistadores europeos levantaron la Babel moderna, impuesta por el tráfico de esclavos, el colonialismo más persistente y las pugnas que mezclaron durante siglos los intereses y objetivos de imperios y corsarios. Pero al mismo tiempo, fue en estos mares donde surgieron piratas benefactores de los nativos y los primeros libertadores de la América Nuestra.

De este conjunto de contradicciones surgieron en la segunda mitad del Siglo XX, los dos polos opuestos de nuestros movimientos de aliento popular. Estos fueron precisamente en las dos islas de las Antillas Mayores que han sido las últimas colonias de España en América: Cuba y Puerto Rico.

La Revolución Cubana, nacida el 26 de julio de 1953 y triunfante el primero de enero de 1959, abrió el camino del socialismo en América. Fue un proceso autóctono de profunda raíz en la propia historia revolucionaria de luchas de ese pueblo. Comenzó con las guerras de independencia libradas durante el siglo XIX contra el decadente y temerario imperio español.

Por otro lado, el estado libre asociado en nuestro país fue creado en 1952. Fue resultado de una componenda entre los aspirantes a reformistas nativos con el imperio de Estados Unidos. Éste mantuvo durante todo el siglo XX una faena continua para convertir al Mar Caribe en su mar imperial, siguiendo el patrón de los Romanos con el Mediterráneo. Así, el ela se convirtió en la respuesta yanqui a la Revolución Cubana en esta región.

En ambos polos caribeños de la época de la Guerra Fría, la cual no siempre fue tan fría por estos lares, se incurrió en equívocos retóricos en las constituciones de la Cuba Socialista y del estado libre asociado en Puerto Rico. En lo sustantivo, son obvias las diferencias establecidas en ambos regímenes. Vamos primero a lo retórico.

Los cubanos decían en el preámbulo de su primera constitución socialista: “APOYADOS en el internacionalismo proletario, en la fraternal amistad, la ayuda y la cooperación de la Unión Soviética y otros países socialistas y en la solidaridad de los trabajadores y los pueblos de América Latina y del mundo…”. Pero más adelante definen con cabal integridad lo siguiente: “DECLARAMOS nuestra voluntad de que la ley de leyes de la República esté presidida por este profundo anhelo, al fin logrado, de José Martí: “Yo quiero que la ley primera de nuestra república sea el culto de los cubanos a la dignidad plena del hombre.” Y esta declaración, que es de carácter sustantivo, prevaleció sobre la equivocación de ubicar en el texto de la constitución el apoyo de la Unión Soviética como uno de los pilares de su carta magna. Cuando colap só la Unión Soviética, Cuba no siguió el rumbo de los países del campo socialista de Europa. Pudo sobrevivir por esfuerzo propio, y manejarse en períodos especiales sumamente difíciles hasta alcanzar la consolidación plena del país y de la Revolución.

En Puerto Rico, el equívoco ha ido más allá de la mera retórica. Esto dice el preámbulo de la constitución del estado libre asociado: “Que consideramos factores determinantes en nuestra vida la ciudadanía de los Estados Unidos de América y la aspiración a continuamente enriquecer nuestro acervo democrático en el disfrute individual y colectivo de sus derechos y prerrogativas; la lealtad a los postulados de la constitución federal; la convivencia en Puerto Rico de las dos grandes culturas del hemisferio americano...”.

En Cuba se obvió el exceso retórico con la eliminación de una oración en el preámbulo de su constitución. Y se asumió la admonición Martiana, retomando el carácter autóctono de su Revolución. En Puerto Rico, el incondicionalismo colonialista llevó a pretender elevar a rango constitucional la fidelidad absoluta a una ciudadanía ajena a nosotros, que nos fue impuesta por encima de la voluntad de los representantes del pueblo puertorriqueño en el momento de la imposición, y cuya vigencia no ha añadido un ápice de derechos a nuestro pueblo y ha operado únicamente como freno a la voluntad libertadora de los puertorriqueños.

El resultado neto es ya obvio. La Revolución Cubana se ha consolidado e irradia su extraordinaria inspiración hacia toda la región del Caribe y el continente suramericano. El estado libre asociado de Puerto Rico no solamente se ha estancado en sus aspiraciones de crecer hacia una autonomía mayor, sino que va camino del colapso. Seguir dándole vida artificial a ese engendro de una componenda mal habida en los primeros años de la Guerra Fría es condenar a Puerto Rico a convertirse en vertedero de los peores chanchullos en la última mitad del Siglo XX en el Caribe.

Ya no hay espacio para nuevas lucubraciones autonomistas y muchísimo menos de carácter anexionista o de buscar integraciones con Estados Unidos. Esto lo comprobará la historia, que es implacable en sus enseñanzas.

Los socialistas debemos agruparnos políticamente en camino a lo que será la meta victoriosa de la América Nuestra en esta nueva época: el socialismo del siglo XXI. Ahora, más que nunca antes, tenemos que juntar independencia y socialismo en una sola aspiración de futuro. Será, ciertamente, un socialismo bastante diferente al que se conoció en el siglo XX bajo la hegemonía soviética. Será resultado de un novedoso conjunto de fuerzas sociales y políticas. Será un socialismo resultado de una alianza estratégica entre los trabajadores asalariados, los pequeños y medianos empresarios y aun grupos del sector bancario y el comercial importador, del empresariado puertorriqueño.

En la última parte del siglo XX señalábamos en nuestras tesis políticas los socialistas boricuas que no debíamos buscar alianzas con la burguesía criolla porque ésta había perdido su carácter nacional y al reducirse a ser únicamente importadora, era aliada incondicional del imperio. Eso ya no es así.

La burguesía bancaria y la importadora de aquí andan buscando “más amplios horizontes”. Y éstos están en la América Nuestra. El ALCA propuesto por Estados Unidos a los países del hemisferio les abrió algunas compuertas a varias capas de las poblaciones caribeñas y latinoamericanas. Muy pocas, por cierto. Pero en todo caso, a los empresarios puertorriqueños lo que les ha hecho el ALCA es cerrarles la exclusividad que tuvieron bajo el ela en el mercado de Estados Unidos. Dicho sea de paso, también fue muy poca, pero suficiente para prender la ilusión de que nuestro “mercado común”, que nunca llegó a ser común de verdad, les aseguraba el progreso y bienestar de la ciudadanía americana.

Ahora es el ALBA, que originan Cuba, Venezuela y Bolivia, el diseño continental con mayores posibilidades de expansión. Probablemente entrarán en él Argentina, Brasil, Uruguay, Chile y Panamá. Podrá ampliar su influencia a varios países adicionales, sobre todo en aquellos pueblos de nuestra región donde se anticipan este año cambios dramáticos en sus regímenes actuales.

Los trabajadores asalariados irán buscando aquí alianzas y solidaridades donde éstas son propiciadas por aspiraciones comunes y complementarias.

Está bien que dirijamos las miras a establecer una estructura económica fundada en el trabajo diestro y especializado que convierta a Puerto Rico en un verdadero centro de alta tecnología en el Caribe, con un hemisferio entero para la expansión de la industria, el comercio y las finanzas de aquí. Para eso necesitamos reclamar poderes. Y en esa necesidad coincidimos unos y otros. Por eso estarán en orden las alianzas tácticas y estratégicas correspondientes.

Hay que subrayar, en esa misma dirección, que hace falta, mucha falta, el intelectual colectivo que sólo puede proporcionar una colectividad de orientación socialista que se abra a todas las alianzas convenientes y posibles, pero manteniendo siempre nuestra identidad ideológica. Esta es, sin duda, que sólo la independencia nos proveerá los poderes que necesitamos para avanzar. Y sólo con una orientación socialista es que la Independencia será funcional en este país. Lo demás son ilusiones. Dejemos a los que las cultivan que se vayan convenciendo según transitan por las realidades del mundo. Y hagamos nosotros lo que nos corresponde: Ni colonialismo, ni neo-colonialismo: soberanía plena sin cortapisas: ALBA SÍ; ALCA NO. Echemos atrás las fórmulas gastadas de la vieja Europa. Busquemos inspiración en las nuevas luchas americanas que se inspiran en l as gestas de épocas pasadas, como las Bolivarianas en América del Sur; las Martianas y Betancinas en Las Antillas y que en nuestro suelo patrio han mantenido la resistencia por siglos. Ahora tenemos la oportunidad de pasar de la resistencia a la ofensiva, para hacer aquí, con nuestra lucha incesante, el Puerto Rico al que todos aspiramos.

Nuestro socialismo del siglo XXI será muy amplio. Estará abierto a todas las corrientes que van trazando el rumbo del mundo por la vía de la diversidad y no del calco de fórmulas ajenas. Deberá ajustarse al nivel de desarrollo de nuestro pueblo y a las formas y sustancias más perdurables de nuestra cultura nacional. Sin xenofobias ni encerronas chauvinistas. Pero con firme asidero en nuestra idiosincrasia y echando a un lado los modismos y esnobismos que nieguen nuestra propia naturaleza. Será un socialismo ajustado a nuestra adhesión a los principios fundamentales de la democracia. Éstos se recogerán en un sistema participativo de toda la población en los múltiples procesos que conducen a las decisiones más importantes que afectan a toda la sociedad. No meramente en la mentira del voto recortado y mutilado por la corrupción y la incompetencia de políticos de o ficio y mercaderes de las comunicaciones. Se abrirá a la participación, dentro del mismo socialismo, de todas las corrientes filosóficas y religiosas que fluyan naturalmente en el país, sin negar ni afirmar ninguna de ellas. Evitará todo asomo de caudillismo, pero sin negar la necesidad de promover el liderato auténtico de quienes se hagan merecedores del respaldo general por sus actos, más que por sus dichos.

Será, en síntesis, un socialismo al nivel de la nueva humanidad que queremos impulsar desde nuestro propio punto de Partida, que es —y lo será por siempre— la patria puertorriqueña, que es la única que tenemos y queremos retener.

¿SOBRA TERRITORIO O FALTA POBLACIÓN?

(Con un nota final sobre la vergonzosa inequidad social)

Por Juan Gabriel Labaké - jglabake@telviso.com.ar
 

 La principal característica socio-económica de nuestro país, que condiciona su estrategia nacional y el consiguiente modelo de desarrollo integral, es su escasa densidad demográfica, fruto de dos fenómenos que son las dos caras de la misma moneda: un extenso territorio y una escasa población.
Entre los países importantes de Europa, el menos densamente poblado es España (contando, además, a Francia, Alemania, Gran Bretaña, Italia y Polonia). España tiene una densidad de 78 habitantes por km2. Para llegar a esa densidad demográfica (la del país grande menos densamente poblado de Europa, insisto), nosotros deberíamos tener unos 220 millones de habitantes, sin  contar la fracción argentina de la Antártida.
Lamentablemente, los argentinos no tenemos asumido en forma cabal el dato de nuestra baja densidad de población que es, más que condicionante, definitorio de cualquier estrategia nacional de desarrollo. Baste pensar en la inversión que requerirá la construcción del ferrocarril transpatagónico (me refiero a la deseada traza cordillerana), y su más que problemática rentabilidad. En Europa, cualquier ferrocarril de esas dimensiones (unos 2.000 km) atraviesa zonas que albergan varios millones de personas. El nuestro recorrerá un semidesierto habitado por no más de 500.000 argentinos.
Tampoco otorgamos a nuestro territorio la importancia vital que tiene para el futuro del país. Es más, entre 1810 y 1827 (Dorrego), y de 1853 (Mitre) a 1880 (Roca), la extensión del territorio era percibida por la dirigencia nacional como un inconveniente. Por ello, conciente o inconscientemente, “corrimos” a los paraguayos, dejamos que nos separaran de Uruguay, cedimos las  cuatro provincias hoy bolivianas (ante el asombro y la contrariedad manifiesta del propio Simón Bolívar, que no podía creer tanta “generosidad” de nuestra parte), etc. Sarmiento llegó a pregonar que la enfermedad de la Argentina era su exceso de territorio…
La otra cara de la misma moneda, la población y sobre todo su racional distribución en el territorio nacional, muy pocas y contadas veces ha sido objeto de la preocupación oficial y de los institutos de estudio. Hasta hace unos 20 ó 25  años, existió OIKOS, un grupo privado de especialistas entre quienes cabe mencionar a Patricio Randle, su “alma mater”, Rey Balmaceda, Marcelo Lascano y Arias Pelerano. OIKOS redactó y editó importantes obras sobre política territorial. Al disolverse OIKOS, su material pasó al CONICET, donde la Lic. Analía Conte y su equipo prosiguieron los estudios. Por otro lado, el Dr. Juan Roccatagliata, desde algunos cargos oficiales no siempre estables, y con la permanente ayuda de la Fundación Hernandarias que dirige el Dr. Eugenio Gómez, edita sus trabajos geográficos. Los tres nombrados (Conte, Roccatagliata y Gómez) hacen lo que pueden y algo más. Pero ello no basta. No tienen el apoyo y la comprensión indispensables del Estado. Menos aún tienen la posibilidad de que sus recomendaciones se concreten en políticas racionales y de largo aliento.
 

Son dignos de apoyo. Comprendo su impotencia.
 

Mientras fui embajador y asesor presidencial de Menem (1989/1992) dediqué todo mi tiempo y mis esfuerzos a elaborar e impulsar un plan de nuevos asentamientos en 19 puntos de las llamadas zonas de frontera de todo el país. El objetivo era crear 19 polos agroindustriales integrados, desde la producción agraria y su industrialización “in situ”, hasta su comercialización en los mercados internacionales. Busqué los 19 puntos (en otras tantas provincias), los países que pudieran  dar población apta, los grupos que financiaran el operativo, unos más que distribuyeran los productos manufacturados. Por cada puesto de trabajo para un inmigrante que aportara su cuota de capital necesaria (de él, de su país, o de terceros, en préstamo o en subsidio), otro puesto sería para un argentino desocupado, preferentemente provincianos emigrados a las grandes ciudades que quisieran regresar. Cuando todo estuvo previsto y estudiado, hasta la financiación (de empresas alemanas distribuidoras de alimentos envasados, para tres planes piloto de 200 familias inmigrantes cada uno) lo presenté a Menem. Se opuso sorpresiva y tenazmente la Dirección Nacional de Migraciones, a cuyo frente estaba el capitán de navío Carlos Aurelio “Za-Za” Martínez. Logré descubrir el motivo de tal oposición: en cuatro meses (enero a abril de 1990) habían ingresado ilegalmente al país 3.000 chinos como “empresarios y hombres de negocios”… de China comunista, pagando una coima de 6.000 dólares cada uno. 3.000 dólares quedaban en el Consulado argentino que daba los papeles falsos en China. Los otros 3.000 se perdían en algún bolsillo de la Dirección  N. de Migraciones que hacía la vista gorda ante tal falsificación. Denuncié todo a Menem y a su ministro del Interior, Mera Figueroa. Mis proyectos murieron. “Za-Za” Martínez permaneció en su cargo porque “era inocente, lo habían engañado” y, además, “lo protege el comandante en jefe de la Marina”…
En 1992 me dejaron cesante por criticar la política oficial.
En 1995, el tándem Menem-Cavallo-Ruckauf modificó la legislación sobre zonas de fronteras, y desde entonces una empresa extranjera puede comprar libremente la cantidad de hectáreas que desee en la zona que le guste y convenga. El país no tiene siquiera un  registro de esas ventas.
Cuando asumió este gobierno, presenté desinteresadamente un detallado informe al nuevo canciller, Rafael Bielsa. Se mostró entusiasmado, me pidió carpetas y un proyecto de Ley General de Tierras (por sugerencia mía), para evitar de paso la venta masiva a extranjeros. Le  entregué todo a Bielsa en junio de 2003.  Insistí 5 ó 6 veces. Aún estoy esperando alguna respuesta.
Quizás llegue… tarde.
Para que se tenga una idea de la magnitud de este tema y de nuestro despilfarro de recursos territoriales, consigno los datos comparativos de Suiza y de nuestra región lacustre cordillerana patagónica (aunque son cifras viejas, de 1980, sirven a este fin comparativo):
Suiza tiene una superficie de 41.378 km2; nuestra región, 32.000; ambas tienen muy semejante proporción de tierras aptas para pastoreo, para agricultura y estériles.
En Suiza vivían 6 millones de habitantes; en nuestra región, sólo 200.000 (hoy, quizás sean 300.000 ó un poco más).
Ellos producían un millón de ton. de granos, otro tanto de papas, 500.000 ton. de manzanas, y criaban 2 millones de vacunos, 330.000 ovejas, 2.100.000 cerdos y 7 millones de aves. Nosotros sólo teníamos cantidades insignificantes de tales producciones.
¿Nos sobra territorio o nos falta conciencia territorial?
 
Buenos Aires, 20 de febrero de 2006.
 
Nota:
Varias veces he afirmado que la reforma impositiva es una de las medidas clave para mejorar la inhumana distribución  de la riqueza existente en nuestro país. El gobierno (INDEC) ha debido reconocer que la cifra es espantosa, como nunca en nuestra historia. Hoy, el 10% más rico gana 30 veces más que el 10% más pobre.
Para tener una idea de la magnitud de esta atrocidad, se debe tener presente que en 1975, el peor año del último gobierno que merece ser calificado de peronista, ese índice era de 4,5 veces, aunque hoy parezca increíble. Éramos el cuarto país del mundo en  cuanto a equidad social, incluyendo los países comunistas. Con Martínez de Hoz-Videla, llegó a 9,5. Con Alfonsín trepó bien por encima de 10. Menem hizo lo suyo para que superara la barrera de 20. De la Rúa y Duhalde siguieron la corriente. Y Kirchner logró dos récordes históricos:
1.- hizo trepar ese maldito índice a un poco más de 30, y
2.- tal “hazaña” la logró gracias al país serio y a la nueva política que supo conseguir para nuestra felicidad…
Insisto, una medida básica para comenzar a revertir ese atropello a la dignidad humana es una profunda reforma impositiva, que fuerce la redistribución de la riqueza y fomente la inversión verdaderamente productiva.
Hace dos días, los voceros oficiales anunciaron que, ¡al fin!, esa reforma sería encarada. Pero 24 horas después, el presidente en persona se creyó en la obligación de desmentir la esperanzadora noticia. “No habrá reforma impositiva”, dijo. Conviene leerlo bien: “No habrá redistribución de la riqueza”. La próxima estadística del INDEC demostrará que habremos batido nuevamente nuestro propio récord en materia de injusticia social. Para un gobierno que se dice de “izquierda” y “progresista”… no está mal, aunque va a estar peor. Al menos, ya no se proclama peronista.
 

Juan Gabriel Labaké

Recuerdos de un día de invierno en Ginebra.

Recuerdos de un día de invierno en Ginebra.
En un café cercano a la estación de trenes, la Gare, de Ginebra, me encontré por sorpresa, con un viejo conocido, de aquellos años de las hermosas utopías. Años sin vernos. Años cargando las mismas ilusiones nacidas en un día por allá hacia los finales de los sesenta, trás una corrida de cercos en los campos de Cautín.
 Encuentro, o reencuentro sorpresa,  a pesar que ambos continuamos en el exilio y viviendo en la misma ciudad. No es que Ginebra sea una gran urbe, a pesar de su importancia que pudiera decir o creerse lo contrario. Ni que hay que tomar algún metro para ir de un lado a otro de su geografía. Es que con el paso de los años los seres humanos tendemos a desdibujar las líneas paralelas de los caminos seguidos.
 Y pese a todo, aunque parezca contradictorio, seguimos pensando más o menos lo mismo.
 Chile, Chile, siempre Chile...pareciera que fuera el único país que existiese en el mundo, fuera de las fronteras inmediatas donde vivimos. No hay otro. No existe otro.
 Llevamos más de una treintena de años pensando y viviendo con nuestra memoria, pese al tiempo y a este mundo globalizado, cada vez menos humano y solidario. Aquí dentro de estas fronteras, las nuestras, el olvido no ha pasado.
Seguimos viviendo un presente que nunca se ha borrado y mantenemos en nosotros.  Y con ello nuestras experiencias para conservarla por más que el tiempo haya pasado y siga pasando.
 Cada vez somos menos. Cada vez hay menos testigos y testimonios de esa época maravillosa que vivimos en el calor de nuestros sueños y de nuestras añoradas utopías.
 No es que no hayamos cambiado, ni que Chile, no siga siendo el mismo en la lejanía de aquellas ilusionadas alamedas. Es que aquella verdad se hizo más verdad que nosotros mismos y la de nuestras propias existencias. Demasiado para permanecer cerca. Demasiado para estar lejos del olvido y de la ignorancia, por muchos, de la historia vivida.
 Nada es igual. Hasta el exilio se ha hecho diferente, se ha hecho más exilio, más lejano y más incomprendido.
 El exilio de ahora es el exilio individual. Marginado. La última isla de una época, donde las fronteras de Chile estallaron en mil archipiélagos. La isla de los últimos poetas y de las últimas utopías. Cada vez más isla, en medio de ese océano de las espumas del olvido, donde los cercos se cierran lentos pero ferozmente con el paso del tiempo.
Seguimos en el mismo lado de la barricada. En la última trinchera de lo que fue y ha sido nuestra historia, a la izquierda de nuestra última isla y al oriente de la memoria, en la tormenta del olvido. El occidente, a la derecha de nuestra geografía, ha hecho el límite a la esperanza.
Nuestra izquierda, la misma de los archipiélagos, fue absorbida por el continente. Se transformó en una gran isla, lejos de la memoria, de su propia memoria, a la derecha de aquellas utopías y a la izquierda de las fronteras del neoliberalismo, disfrazada con los pálidos colores del conformismo como forma de gobierno.
¡A la izquierda del neoliberalismo!  Me quedó golpeando esa pequeña y significativa frase, pronunciada por mi viejo conocido, amigo y compañero.
 No alcanzo siquiera decir o pensar en el sustantivo populista, ni tampoco el de progresista. Que lejos está aquella época, cuando nos decíamos socialistas y hasta revolucionarios.
 Cuanto sacrificio. Sacrificio vano, costó nuestra nostálgica utopía. De ese sueño y de la ilusión dispersa de aquellos archipiélagos en las mil fronteras del mundo y de nuestra historia. Hasta quedar en una sola isla. Una sola. La de los nostálgicos de aquellas alamedas, que seguimos soñado, como aquel presente, que sigue existiendo en nuestra memoria... y contra el olvido.
 
Como ha pasado el tiempo con su rastro y su huella.
 

Del café y de la conversación no queda nada. Las tazas hacen rato habían quedado vacías, a la izquierda de nuestras mentes y a la derecha de aquella mesa donde estábamos sentados, para dejarla abandonada y seguir nuestros caminos paralelos en la profundidad del exilio...hasta otro reencuentro.

En un café cercano a la estación de trenes, la Gare, de Ginebra, me encontré por sorpresa, con un viejo conocido, de aquellos años de las hermosas utopías. Años sin vernos. Años cargando las mismas ilusiones nacidas en un día por allá hacia los finales de los sesenta, trás una corrida de cercos en los campos de Cautín.
 Encuentro, o reencuentro sorpresa,  a pesar que ambos continuamos en el exilio y viviendo en la misma ciudad. No es que Ginebra sea una gran urbe, a pesar de su importancia que pudiera decir o creerse lo contrario. Ni que hay que tomar algún metro para ir de un lado a otro de su geografía. Es que con el paso de los años los seres humanos tendemos a desdibujar las líneas paralelas de los caminos seguidos.
 Y pese a todo, aunque parezca contradictorio, seguimos pensando más o menos lo mismo.
 Chile, Chile, siempre Chile...pareciera que fuera el único país que existiese en el mundo, fuera de las fronteras inmediatas donde vivimos. No hay otro. No existe otro.
 Llevamos más de una treintena de años pensando y viviendo con nuestra memoria, pese al tiempo y a este mundo globalizado, cada vez menos humano y solidario. Aquí dentro de estas fronteras, las nuestras, el olvido no ha pasado.
Seguimos viviendo un presente que nunca se ha borrado y mantenemos en nosotros.  Y con ello nuestras experiencias para conservarla por más que el tiempo haya pasado y siga pasando.
 Cada vez somos menos. Cada vez hay menos testigos y testimonios de esa época maravillosa que vivimos en el calor de nuestros sueños y de nuestras añoradas utopías.
 No es que no hayamos cambiado, ni que Chile, no siga siendo el mismo en la lejanía de aquellas ilusionadas alamedas. Es que aquella verdad se hizo más verdad que nosotros mismos y la de nuestras propias existencias. Demasiado para permanecer cerca. Demasiado para estar lejos del olvido y de la ignorancia, por muchos, de la historia vivida.
 Nada es igual. Hasta el exilio se ha hecho diferente, se ha hecho más exilio, más lejano y más incomprendido.
 El exilio de ahora es el exilio individual. Marginado. La última isla de una época, donde las fronteras de Chile estallaron en mil archipiélagos. La isla de los últimos poetas y de las últimas utopías. Cada vez más isla, en medio de ese océano de las espumas del olvido, donde los cercos se cierran lentos pero ferozmente con el paso del tiempo.
Seguimos en el mismo lado de la barricada. En la última trinchera de lo que fue y ha sido nuestra historia, a la izquierda de nuestra última isla y al oriente de la memoria, en la tormenta del olvido. El occidente, a la derecha de nuestra geografía, ha hecho el límite a la esperanza.
Nuestra izquierda, la misma de los archipiélagos, fue absorbida por el continente. Se transformó en una gran isla, lejos de la memoria, de su propia memoria, a la derecha de aquellas utopías y a la izquierda de las fronteras del neoliberalismo, disfrazada con los pálidos colores del conformismo como forma de gobierno.
¡A la izquierda del neoliberalismo!  Me quedó golpeando esa pequeña y significativa frase, pronunciada por mi viejo conocido, amigo y compañero.
 No alcanzo siquiera decir o pensar en el sustantivo populista, ni tampoco el de progresista. Que lejos está aquella época, cuando nos decíamos socialistas y hasta revolucionarios.
 Cuanto sacrificio. Sacrificio vano, costó nuestra nostálgica utopía. De ese sueño y de la ilusión dispersa de aquellos archipiélagos en las mil fronteras del mundo y de nuestra historia. Hasta quedar en una sola isla. Una sola. La de los nostálgicos de aquellas alamedas, que seguimos soñado, como aquel presente, que sigue existiendo en nuestra memoria... y contra el olvido.
 
Como ha pasado el tiempo con su rastro y su huella.
 

Del café y de la conversación no queda nada. Las tazas hacen rato habían quedado vacías, a la izquierda de nuestras mentes y a la derecha de aquella mesa donde estábamos sentados, para dejarla abandonada y seguir nuestros caminos paralelos en la profundidad del exilio...hasta otro reencuentro.