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Centros Chilenos en el Exterior

Opinión

SOBRE LOS EMPEÑOS ANTICAPITALISTAS CHILENOS (II)

 

  1. Como ha planteado un allegado militante histórico chileno de los trabajadores y el pueblo, "hoy nuestra Sierra Maestra es la lucha ideológica y política". A lo cual resultaría adecuado agregar, "y de masas". Esta definición descansa sobre la formulación de la hegemonía de las fuerzas anticapitalistas de inspiración revolucionaria.
  2. Pero, ¿Qué es la hegemonía de los trabajadores del pueblo y de sus intereses objetivos?  Es la lucha incesante por imponer, desde abajo, al conjunto de los potenciales aliados de los sujetos protagónicos de las transformaciones fundamentales de la sociedad, una nueva epistemología, una nueva forma de conocer, interpretar y transformar Chile, totalmente contraria al "sentido común" y a las supuestas "certezas" y "saberes" dominantes provenientes de la minoría privilegiada. Aquí se habla del combate histórico y necesario contra el fetiche del mercado, la mercancía, la inviabilidad fatal de construir un orden distinto al actual, y hacerle frente al conjunto de ilusiones alienantes que reproduce la clase en el poder a través de mil dispositivos, entre los que sobresalen los medios de comunicación de masas (casi sin excepción), la instrucción escolar y superior conservadora, la mitología nacionalista, las versiones religioso medievales del alto clero más retrógrado, el racismo, el sexismo, la xenofobia. En resumen, el diseño multifacético, disciplinario, altamente ideológico del poder que tiene por objeto inocular en la conciencia de la totalidad social que el actual orden de cosas es "natural", está predeterminado, es inmóvil e infalible.
  3. La hegemonía de los intereses y la visión de mundo de los trabajadores y el pueblo se construyen mediante la relación interdependiente entre el alza de la lucha de clases y sus múltiples expresiones, y la armadura política porosa y ancha que la justifica racional y sensiblemente  ante las grandes mayorías. La igualdad; la solidaridad emancipadora y no mendicante; la tolerancia -no como indolencia frente al entorno, sino como capacidad de empatizar con los intereses y demandas del conjunto de segmentos sociales y culturales castigados por el capitalismo en todos los planos-; la posibilidad cierta de enfrentar de igual a igual a la clase patronal mediante la organización; la convicción racional y fraterna de poder transformar el actual orden de cosas para el bienestar de la mayoría expoliada y haciendo trizas el miedo y la superstición impuestas desde arriba, son algunas de las matrices epistemológicas que, flexible, franca y creativamente, como el agua, deben inundar a amplios territorios sociales. Al respecto, tanto la memoria popular, como las formas y contenidos en manos de las nuevas generaciones en rebeldía, son el material sensible desde donde ya vienen y vendrán las claves de la recomposición de una mirada global integral, cultural y política que debe funcionar como plataforma compleja y en permanente recreación, crítica y autocrítica, para elaborar las pistas profundas del proyecto liberador en construcción.
  4.  Naturalmente, la labor titánica que reivindica la recomposición de la hegemonía compleja de los intereses de los trabajadores y el pueblo, no sólo puede ser tarea de un partido anticapitalista de inspiración revolucionaria. Al respecto, la organización política tiene roles específicos y especiales, que están asociados a tareas de conducción, orientación, blindaje orgánico y producción política íntimamente ceñidos al estadio actual de las lucha de clases, al análisis concreto de la situación concreta; muy lejos del aparatismo, los ideologismos de naturaleza sectaria, o de "instrumentos vanguardistas". Por el contrario, siempre se formula codo a codo desde el pueblo profundo. De alguna manera, el partido anticapitalista de inspiración revolucionaria chileno será el resumen de la flora rica e inagotable de la historia no escrita de los trabajadores y el pueblo, y sus mejores hijos constelados, organizados, con los pies anclados en la geografía popular y la mirada puesta en la sociedad del futuro. La labor de la reconstrucción de la hegemonía de los intereses de los trabajadores y el pueblo, es fruto de la lucha amplia, es creación profusa e imaginación en tensión de millares de populares. Pueden existir vigas centrales respecto de la hegemonía popular, pero jamás, por el propio carácter de su movimiento, estará encorsetada por manuales, órdenes verticales, recetarios sin contexto o artificios instrumentales.
  5. Lo cierto es que el partido anticapitalista de inspiración revolucionaria sí tiene labores concretas ligadas al ámbito de la lucha política. En este sentido, la lucha contra cierto movimientismo de origen postmoderno, muy conveniente como pura plataforma electoral de contenidos populistas, pero totalmente insuficiente para la toma del poder y el establecimiento del gobierno de los trabajadores y el pueblo es un punto de lucha inmediato a enfrentar. Asimismo, la perspectiva de sectores progresistas que reifican  las instituciones burguesas de representación como arena medular de la resolución de la lucha de clases, e incluso como campo mediatizador, subordinador o ralentizador de la construcción de la fuerza social transformadora y sus expresiones, son materia de combate franco y honesto. En este sentido, siguiendo la historia implacable de Chile y otras costas, la participación en el plano prefabricado y superblindado por la burguesía luego de la experiencia de la Unidad Popular en el frontis de cartón piedra de la democracia sin pueblo actualmente reinante, sólo resulta una táctica accesoria de acuerdo a ciertas condiciones determinadas, muy asociadas a las correlaciones de fuerza y a la reconstitución de la arquitectura popular. Lo demás es pirotecnia que confunde; pobre intento de reedición de experiencias cuyos amargos resultados se conocen ampliamente, o franca colaboración de clases e hipoteca sobre las posibilidades de construir el socialismo en Chile y el mundo. El nuevo orden de cosas, comandado por los intereses de los trabajadores y el pueblo, no es el resultado aritmético de la lucha electoral más la lucha social. Más bien está asociado a un proyecto y horizonte de lucha a largo plazo que estratégicamente dinamice el derrotero de la creación del poder popular. Es decir, que acentúe sus mejores empeños a la recomposición de fuerzas por abajo, más que por arriba. Porque "la historia la hacen los pueblos"; porque las características totalmente otras del Estado burgués y sus ejes de dominación respecto de 1970 han transformado el escenario político y sus instituciones radicalmente contra las posibilidades que ofrecía una democracia burguesa -todavía tiznada por los estados de bienestar y el desarrollismo- tal como se conoció hasta el golpe de Estado de refundación capitalista de 1973. Porque las correlaciones de fuerzas internacionales; el contexto mundial; la caída de los llamados "socialismos existentes"; el capitalismo monopólico, hiperconcentrado y fundado en la industria armamentista y el capital financiero y especulativo; y el concierto regional, mandatan la constelación de fuerzas superiores a la hora de enfrentar un auténtico proceso liberador con posibilidades de éxito. Y porque, si no existe  lucha por construir una alternativa socialista a nivel nacional y continental, sólo habrá capitalismo más o menos salvaje, más o menos "humanizado", más o menos criminal. Se acabó la época de los frentes populares alentados por la guerra fría; se acabó el Estado de Bienestar (si es que, en rigor, existió alguna vez en Chile); se acabaron las batallas electorales por sí solas o que tras sus objetivos, digitan a su antojo las luchas sociales. Un parlamento ampliado con una izquierda tradicional aminorada "tácticamente" en sus pretensiones ni siquiera será capaz de testimoniar las injusticias del modelo.
  6. Estamos sólo en los titulares balbuceantes de la emancipación definitiva. La convicción de poder, la vocación de mayorías, la lucha combinada y compartida, la creación de amplios movimientos de trabajadores y pueblo con independencia política de clase y horizonte socialista; la majadera y urgente creación de hegemonía desde abajo; la alta sintonía política necesaria entre los incipientes empeños anticapitalistas de inspiración revolucionaria existentes y las presentes coordenadas populares; la construcción del partido o los partidos -continuación y superación con creces de los valiosísimos esfuerzos del pasado-, son apenas parte de la obra gruesa para transformar el doloroso panorama mundial y criollo impuesto por una sociedad de clases. Este artículo es sólo un compacto numerado de las tantas tareas pendientes para la organización de la mayoría descontenta, explotada, que pende injustamente en la sobrevivencia. Que se tome como la ilustración parcial de un empeño colectivo. Siempre será mejor y decorosa  la reflexión articulada desde la práctica -por ingenua o distante que parezca-, que la autocomplacencia, la comodidad, la mala conciencia o la traición.

Andrés Figueroa Cornejo

Polo de Trabajador@s por el Socialismo

Mayo de 2008

 

SOBRE LOS EMPEÑOS ANTICAPITALISTAS CHILENOS (I)

  1. El conflicto esencial de la sociedad chilena y mundial para los empeños anticapitalistas de inspiración revolucionaria se ubica en el socialismo versus la barbarie imperialista, hegemonizada por el capital financiero y especulativo, cuyo desenvolvimiento caótico y de crisis sucesivas, pone en peligro la propia sobrevivencia del planeta. La democracia burguesa y representativa es sólo la forma arbitraria y premeditada que adquiere la dominación de clase para sostener y multiplicar sus tasas de ganancias en un momento dado. Antes fue la dictadura militar; hoy es una democracia sin pueblo, jurídica y políticamente legitimada por las elecciones generales y un sistema de partidos políticos que comparte los aspectos nucleares de un mismo patrón de acumulación y explotación capitalista.
  2. El antagonismo de intereses irreconciliables entre el capital y el trabajo, entre la minoría dominante y la mayoría trabajadora y pobre, se expresa en las relaciones de fuerza producto de la lucha de clases. Y la lucha de clases es la dimensión sintética, dialéctica y dinámica de las condiciones objetivas y subjetivas de la sociedad y sus características condicionadas por el actual período histórico.
  3. La situación de los empeños anticapitalistas de inspiración revolucionaria está sobrediagnosticada, y tiene que ver con el penoso archipiélago de microorganizaciones que no logran su constelación, pese a ciertos avances menores al respecto. Al igual que el conjunto de fuerzas en pugna que da origen a la realidad actual en todas sus dimensiones, el estado de los empeños anticapitalistas está condicionado al propio devenir de la lucha de clases. El proyecto emancipador, la reestructuración del intelectual orgánico (el Partido de la clase trabajadora y el pueblo) y el surgimiento -en tanto necesidad histórica- de la organización propia de las clases dominadas, también están asociados al estadio actual y futuro de la lucha de clases. La voluntad es fundamental, pero insuficiente. Las condiciones objetivas son fundamentales, pero insuficientes. Aquí lo central es hacer rimar ambas variables generales.
  4. La marginalidad política de los luchadores anticapitalistas no se mide por su presencia relativa en la arquitectura antipopular de los costados de representación electoral del Estado burgués, sino en la capacidad de construirse, desde y con el pueblo profundo, en conducción compartida e intervención concreta en procesos de lucha de clases. La recomposición de la política, independiente y socialista, de los trabajadores y el pueblo no se resuelve desde arriba, sino que se origina desde abajo, independientemente de que, decisiones tácticas del complejo popular, mañana determinen accesoriamente participar en alguno o todos los niveles de representación electoral. Pero ya está claro que la lucha de clases no se sintetiza en las municipalidades, el parlamento, o el propio Ejecutivo. Se sintetiza “abajo, abajo, cerca de las raíces, en donde la memoria ningún recuerdo omite”.
  5. Fórmulas puramente electorales, de integración sistémica; proyectos de asambleas constituyentes o plataformas de lucha maximalistas, corresponden a papel mojado de no construirse la hegemonía política de los trabajadores y el pueblo expresada mediante correlaciones de fuerza compensadas a su favor. La reciente experiencia boliviana así lo demuestra, para no ir más lejos. En este sentido, las demandas en torno a las cuales puede desenvolverse una plataforma de lucha integral, descartando el “posibilismo” ineficiente para los fines liberadores, debe corresponderse a la sintonía y estados de conciencia popular concretos que, al mismo tiempo, comporten las pistas políticas que construyan condiciones para brincos cualitativos de la lucha y sus sujetos de avanzada.
  6. Si se conviene que la contradicción elemental de la sociedad chilena y mundial se resume en el combate entre capital y trabajo, los empeños anticapitalistas de inspiración revolucionaria tienen que poner especial acento en la construcción de amplios movimientos de trabajadores –sindicalizados o no- cuyas vigas maestras sean la independencia política de la clase y el horizonte estratégico puesto en el establecimiento de un gobierno de los trabajadores y el pueblo o democracia popular con incuestionable hegemonía popular. Naturalmente, esta tarea debe resultar complementaria respecto de la formulación de poder local (no “localismo”), y la atención a la organización de actores altamente sensibles como los estudiantes y segmentos sociales estructuralmente excluidos de sus derechos fundamentales (los pobres del campo y la ciudad, los inmigrantes, las mujeres, los jóvenes sin porvenir).
  7. La construcción del Partido u Organización anticapitalista de inspiración revolucionaria chilena no será un producto de laboratorio, encapsulado, esculpido a puerta cerrada. Tiene el deber y la necesidad política de formularse en la lucha concreta y en apuestas orgánicas amplias, mestizas, heterodoxas, multisensibles, unitarias, sencillas y flexibles. Allí se juega su voluntad de transformación genuina, ajusta sus análisis e influye materialmente en la lucha de clases. Independientemente de que sea una organización o Partido compuesto por cuadros, es decir, que reúna a los mejores hijos del pueblo en su confección.
  8. Asimismo, los prolegómenos o embrión de la organización anticapitalista de los trabajadores y el pueblo debe atender con “pupila insomne” las relaciones de fuerza internacionales; la dinámica de los gobiernos y movimientos pro populares del Continente, así como imponerse, especialmente, el análisis crítico de las experiencias de construcción, desarrollo y debacle de los destacamentos de inspiración revolucionaria de los 60 y 80 del siglo pasado, para constituirse en su superación racional, política y orgánica, considerando siempre aquellas claves que, impuestas por la violencia patronal para cautelar sus privilegios, hasta ahora, no piensan pasar de moda.
  9. Nunca la lucha por la emancipación y el socialismo adquirió carácter mundial más incuestionable que hoy. Las tensiones de la organización chilena anticapitalista de inspiración revolucionaria, por tanto, debe contemplar su impronta política y orgánica a niveles continentales y mundiales desde su nacimiento. La liberación de los pobres de la Tierra demanda la reagrupación y reconstitución de las rebeldías anticapitalistas en todos sus rangos y puestos de lucha. Para intervenir y potenciar la lucha de clases; para reunir la dispersión conveniente al capital; para construir el instrumento de avanzada capaz de articular desde abajo la nueva hegemonía popular con convicción de poder, vocación de mayorías; política ética y práctica insobornables. Sin soberbia, pero con claridad estratégica y coherencia táctica. En fin, una fuerza creciente y convocante, amigable y disciplinada, inteligente y ofensiva;  y  en disputa permanente contra la minoría dominante que prohíbe la felicidad de las mayorías chilenas y mundiales a punta de alienación, confusionismo, cooptación, cultura de la resignación y represión.    

 

Andrés Figueroa Cornejo

Miembro del Polo de Trabajador@s por el Socialismo

Mayo de 2008

 

 

¿Y LOS CHILENOS POR QUÉ NO?

¿Y LOS CHILENOS POR QUÉ NO?

*Por Javier Fuenzalida A.

Codelco está asociado a 15 empresas extranjeras, dando paso a una velada privatización. ¿Por qué no lo hace con nacionales? Con su política perjudica a los chilenos. Escribe el economista Javier Fuenzalida.   

                         La Concertación se niega a privatizar empresas estatales, mientras en Europa y Asia continúa ese proceso. Sólo Venezuela y Ecuador van marcha atrás. En Chile son 108, sin contar hospitales, escuelas y otros servicios que pueden ser privatizados. Lo que se busca es eficiencia y modernización del estado. El proyecto para modernizar el SEP excluye a Codelco, Enap y BancoEstado porque la presión por privilegios de políticos y dirigentes sindicales puede más que las intenciones de los ministros partidarios de la eficiencia.

            Sin embargo, cuando se trata de asociarse con empresas extranjeras, se guarda al dogma estatal dando paso a una velada privatización. Codelco ha destinado US$1.000 millones para asociarse con 15 empresas extranjeras: Pecobre (México), Cyprus (EE.UU.), ABB (Suecia), Homestake (EE.UU.), Suez Energy (Francia),  Enel (Italia), Honywell (EE.UU.), Phelps Dodge (EE.UU.), Nippon Mining (Japón) Minmetals (China), etc. Todos felices con la alta rentabilidad de Codelco.  En 2007 produjo utilidades por US$4.681 millones (incluyendo  participación de las FF.AA.) sobre un patrimonio de US$4.774. ENAP está asociada con 29 empresas, Enami con 16, etc. Todas sin licitación pública.

            ¿Por qué el estado discrimina, asociándose con inversionistas extranjeros y no con los nacionales si la experiencia con portuarias, sanitarias, carreteras, prisiones, terminales aéreos ha sido socialmente rentable? Se dice que la asociación directa aporta "know how" y tecnología, argumento pobre porque ambas son hoy transables.

            Los fondos mutuos y de inversiones nacionales tienen recursos invertidos por US$25 mil millones.  Las AFP US$123 mil millones. Empresas chilenas que sobrepasaron el mercado interno y buscan en el exterior nuevos mercados y junto con los inversionistas institucionales han invertido en el exterior US$72 mil millones, en total US$220 mil millones, 1,3 vez el PIB.  El modelo acabó con la escasez de ahorros domésticos que demandaba capital extranjero.

            Si las AFP hubieran tenido acceso a Codelco, para lo que tienen recursos suficientes sin alterar la diversificación de la cartera, habrían participado del "boom" del cobre en beneficio de sus afiliados.  En menor escala el beneficio se repite en Enap y Banco Estado, resultados mejores que obtener una rentabilidad de 3% ó 4 % de los valores de renta fija. El regalo que Codelco le está haciendo a China, por el menor precio que Minmetals pagará, cifrado en US$3.500 millones, ha sido un castigo notorio para los imponentes de las AFP.

             Incomprensiblemente, el socialismo gobernante prefiere ampliamente a los Jones,  Bouchard, Coccinelli, Yamamoto o Kung-fu despreciando a los González, Soto o Pérez y violando, de paso, la disposición constitucional que prohíbe la discriminación. 

*Economista, Universidad Finis Terrae

 http://www.temas.cl/enero/columnistas/108.html

HISTORIA ECONÓMICA CHILENA

HISTORIA ECONÓMICA CHILENA

El libro del ex ministro de Hacienda Hernán Büchi es comentado por el economista Javier Fuenzalida.

             Ayer De Castro, hoy Büchi, dos lecturas obligadas para comprender nuestra historia económica desde 1964. De Castro debió sanar un Chile en ruinas, Büchi tuvo que reparar los destrozos de la recesión internacional de 1982-84, ambos con una fe inquebrantable en la inventiva del hombre, introdujeron la economía de mercado. La tenacidad pudo más que la crítica de los escépticos que pensaban que Chile post-Allende era un país moribundo y que la crisis del 82 lo haría terminal.

            El libro describe la unidad de pensamiento del equipo que tenía la convicción de que, junto con las transformaciones económicas, había que reformular el gasto social.  El mapa de la extrema pobreza fue el punto de partida.  Por primera vez fue posible focalizar el gasto social, llegando realmente a los pobres y no a los grupos de poder como sucedía antes.

            En los últimos 50 años vivimos tres mundos. La Revolución en Libertad, un coro desafinado. Nunca arribó a puerto porque careció de unidad intelectual (de la economía de mercado a la vía no capitalista) e indisciplina en la gestión. Contradictoriamente, la revolución en libertad mutiló la libertad y la propiedad (Art. 10 Nº 10 de la Constitución de 1925), agrandó el Estado, jibarizando la iniciativa individual. Fracasó. El socialismo de Allende hizo lo que su doctrina sabe hacer. Empobreció al país e hizo un uso abusivo, cuando no ilegal, del poder.

            La revolución del libre mercado devolvió las libertades y los derechos cercenados, liberó la fuerza creadora de la  iniciativa privada, disciplinó el Estado y consiguió que los pobres se beneficiaran realmente del gasto social. Como dice Büchi, no hubo milagros. Hubo liderazgo, realismo y orden. La DC, UP y su continuadora Concertación aún creen que el liderazgo puede ser sustituido por la maquinaria estatal. Craso error.

            Algunos críticos sostienen que hubo contradicciones en como combatir el estatismo y a su vez usarlo para gobernar. Cierto, pero se alcanzó el objetivo: achicar el Estado para que los recursos fuesen usados eficientemente por el sector privado.  Que fueron poco ortodoxos porque "dirigieron el sistema" con controles como fijaciones del dólar, bandas de precios, encajes, etc. Cierto, pero como bien lo explica Büchi, nunca se perdió el rumbo ni las metas, y el crecimiento económico de 1985 a 1997 así lo atestigua.

            Los capítulos IV a VI son una clase magistral acerca de la transformación de los diversos sectores de la economía, implementando simultáneamente programas sociales, unos más rápidos que otros pero manteniendo la consonancia entre ambos. Positivos índices como el aumento en la esperanza de vida, mortalidad infantil, desnutrición, la escolaridad, el acceso a la educación superior, disminución de la pobreza, juntos al alto crecimiento económico, son pruebas indiscutibles.

Javier Fuenzalida A.

Economista,

Universidad Finis Terrae

Fuente Aquí

 

 

La historia que duele

La historia que duele

Un nuevo adelanto de su nuevo libro Espejos. Una historia casi universal

Eduardo Galeano

Las clases sociales

En los primeros tiempos, tiempos de hambre, estaba la primera mujer escarbando la tierra cuando los rayos del sol la penetraron por atrás. Al rato nomás, nació una criatura.

Al dios Pachacamac no le cayó nada bien esa gentileza del sol y despedazó al recién nacido. Del muertito brotaron las primeras plantas. Los clientes se convirtieron en granos de maíz, los huesos fueron yucas, la carne se hizo papa, boniato, zapallo...

La furia del sol no se hizo esperar. Sus rayos fulminaron la costa de Perú y la dejaron seca para siempre jamás. Y la venganza culminó cuando el sol partió tres huevos sobre esos suelos. Del huevo de oro salieron los señores. Del huevo de plata, las señoras de los señores. Y del huevo de cobre, los que trabajan.

Organización Internacional del Comercio

Había que elegir al dios del comercio. Desde el trono del Olimpo, Zeus estudió a su familia. No tuvo que pensarlo mucho. Tenía que ser Hermes. Zeus le regaló sandalias con alitas de oro y le encargó la promoción del intercambio mercantil, la firma de tratados y la salvaguarda de la libertad de comercio.

Hermes, que después, en Roma, se llamó Mercurio, fue elegido porque era el que mejor mentía.

División del trabajo

Dicen que fue el rey manu quien otorgó prestigio divino a las castas de la India. De su boca brotaron los sacerdotes. De sus brazos, los reyes y los guerreros.

De sus muslos, los comerciantes. De sus pies, los siervos y los artesanos. Y a partir de entonces se construyó la pirámide social, que en la India tiene más de tres mil pisos.

Cada cual nace donde debe nacer, para hacer lo que debe hacer. En tu cuna está tu tumba, tu origen es tu destino: tu vida es la recompensa o el castigo que merecen tus vidas anteriores, y la herencia dicta tu lugar y tu función.

El rey Manu aconsejaba corregir la mala conducta: si una persona de casta inferior escucha los versos de los libros sagrados, se le echará plomo derretido en los oídos; y si los recita, se le cortará la lengua.

Estas pedagogías ya no se aplican, pero todavía quien se sale de su sitio, en el amor, en el trabajo o en lo que sea, arriesga escarmientos públicos que podrían matarlo o dejarlo más muerto que vivo. Los sincasta, uno de cada cinco hindúes, están por debajo de los de más abajo.

Los llaman intocables, porque contaminan: malditos entre los malditos, no pueden hablar con los demás, ni caminar sus caminos, ni tocar sus vasos ni sus platos.

La ley los protege, la realidad los expulsa. A ellos, cualquiera los humilla; a ellas, cualquiera las viola, que ahí sí que resultan tocables las intocables. A finales del año 2004, cuando el tsunami embistió contra las costas de la India, los intocables se ocuparon de recoger la basura y los muertos. Como siempre.

Fundación religiosa del racismo

Noé se emborrachó celebrando la llegada del arca al monte Ararat. Despertó incompleto. Según una de las diversas versiones de la Biblia, su hijo Cam lo había castrado mientras dormía.

Y esa versión dice que Dios maldijo a Cam y a sus hijos y a los hijos de sus hijos, condenándolos a la esclavitud por los siglos de los siglos. Pero ninguna de las diversas versiones de la Biblia dijo que Cam fuera negro. África no vendía esclavos cuando la Biblia nació, y Cam oscureció su piel mucho tiempo después.

Quizá su negritud empezó a aparecer allá por los siglos XI o XII, cuando los árabes iniciaron el tráfico de esclavos desde el sur del desierto, pero seguramente Cam pasó a ser del todo negro allá por siglos XVI o XVII, cuando la esclavitud se convirtió en el gran negocio europeo. A partir de entonces se otorgó prestigio divino y vida eterna al tráfico negrero.

La razón al servicio de la religión, la religión al servicio de la opresión: como los esclavos eran negros, Cam debía ser negro.

Y sus hijos, también negros, nacían para ser esclavos, porque Dios no se equivoca. Y Cam y sus hijos y los hijos de sus hijos tendrían pelo motudo, ojos rojos y labios hinchados, andarían desnudos luciendo sus penes escandalosos, serían aficionados al robo, odiarían a sus amos, jamás dirían la verdad y dedicarían a las cosas sucias su tiempo de dormir.

Fundación científica del racismo

Raza caucásica se llama, todavía, la minoría blanca que ocupa la cúspide de las jerarquías humanas. Así fue bautizada en 1775 por Johann Friedrich Blumenbach. Este zoólogo creía que el Cáucaso era la cuna de la humanidad y que de allí provenían la inteligencia y la belleza.

El término se sigue usando, contra toda evidencia, en nuestros días. Blumenbach había reunido 245 cráneos que fundamentaban el derecho de los europeos a humillar a los demás. La humanidad formaba una pirámide de cinco pisos. Arriba, los blancos.

La pureza original había sido arruinada, pisos abajo, por las razas de piel sucia: los nativos australianos, los indios americanos, los asiáticos amarillos. Y debajo de todos, deformes por fuera y por dentro, estaban los negros africanos. La ciencia siempre ubicaba a los negros en el sótano.

En 1863, la Sociedad Antropológica de Londres llegó a la conclusión de que los negros eran intelectualmente inferiores a los blancos, y sólo los europeos tenían la capacidad de humanizarlos y civilizarlos.

Europa consagró sus mejores energías a esta noble misión, pero no tuvo suerte. Casi un siglo y medio después, en el año 2007, el estadounidense James Watson, premio Nobel de Medicina, afirmó que está científicamente demostrado que los negros siguen siendo menos inteligentes que los blancos.

Inseguridad ciudadana

La democracia griega amaba la libertad, pero vivía de sus prisioneros. Los esclavos y las esclavas labraban tierras, abrían caminos, excavaban montañas en busca de plata y de piedras, alzaban casas, tejían ropas, cosían calzados, cocinaban, lavaban, barrían, forjaban lanzas y corazas, azadas y martillos, daban placer en las fiestas y en los burdeles y criaban a los hijos de sus amos.

Un esclavo era más barato que una mula. La esclavitud, tema despreciable, rara vez aparecía en la poesía, en el teatro o en las pinturas que decoraban las vasijas y los muros.

Los filósofos la ignoraban, como no fuera para confirmar que ése era el destino natural de los seres inferiores, y para encender la alarma. Cuidado con ellos, advertía Platón. Los esclavos, decía, tienen una inevitable tendencia a odiar a sus amos y sólo una constante vigilancia podrá impedir que nos asesinen a todos. Y Aristóteles sostenía que el entrenamiento militar de los ciudadanos era imprescindible, por la inseguridad reinante.

Las agencias de noticias

Napoleón fue definitivamente derrotado por los ingleses en la batalla de Waterloo, al sur de Bruselas.

El mariscal Arthur Wellesley, duque de Wellington, se adjudicó la victoria, pero el vencedor fue el banquero Nathan Rothschild, que no disparó ni un tiro y estaba muy lejos de allí. Rothschild operó al mando de una minúscula tropa de palomas mensajeras.

Las palomas, veloces y bien amaestradas, le llevaron la noticia a Londres. Él supo antes que nadie que Napoleón había sido derrotado, pero hizo correr la voz de que la victoria francesa había sido fulminante, y despistó al mercado desprendiéndose de todo lo que fuera británico, bonos, acciones, dinero. Y en un santiamén todos lo imitaron, porque él siempre sabía lo que hacía, y a precio de basura vendieron los valores de la nación que creían vencida.

Y entonces Rothschild compró. Compró todo, a cambio de nada. Así Inglaterra triunfó en el campo de batalla y fue derrotada en la Bolsa de Valores. El banquero Rothschild multiplicó por veinte su fortuna y se convirtió en el hombre más rico del mundo.

Algunos años después, a mediados del siglo XIX, nacieron las primeras agencias internacionales de prensa: Havas, que ahora se llama France Presse, Reuters, Associated Press... Todas usaban palomas mensajeras.

Los campos de concentración

Cuando Namibia conquistó la independencia, en 1990, se siguió llamando Göring la principal avenida de su capital. No por Hermann, el célebre jefe nazi, sino en homenaje a su papá, Heinrich Göring, que fue uno de los autores del primer genocidio del siglo XX.

Aquel Göring, representante del imperio alemán en ese país africano, había tenido la bondad de confirmar, en 1904, la orden de exterminio dictada por el general Lothar von Trotta. Los hereros, negros pastores, se habían alzado en rebelión.

El poder colonial los expulsó a todos y advirtió que mataría a los hereros que encontrara en Namibia, hombres, mujeres o niños, armados o desarmados. De cada cuatro hereros murieron tres. Los abatieron los cañones o los soles del desierto adonde fueron arrojados. Los sobrevivientes de la carnicería fueron a parar a los campos de concentración, que Göring programó.

Entonces, el canciller Von Bülow tuvo el honor de pronunciar por primera vez la palabra konzentrationslager.

Los campos, inspirados en el antecedente británico de África del Sur, combinaban el encierro, el trabajo forzado y la experimentación científica. Los prisioneros, que extenuaban la vida en las minas de oro y diamantes, eran también cobayos humanos para la investigación de las razas inferiores.

En esos laboratorios trabajaban Theodor Mollison y Eugen Fischer, que fueron maestros de Joseph Mengele. Mengele pudo desarrollar sus enseñanzas a partir de 1933. Ese año, Göring hijo fundó los primeros campos de concentración en Alemania, siguiendo el modelo que su papá había ensayado en África.

Las desapariciones

Miles de muertos sin sepultura deambulan por la Pampa argentina. Son los desaparecidos de la última dictadura militar. La dictadura del general Videla aplicó en escala jamás vista la desaparición como arma de guerra. La aplicó, pero no la inventó.

Un siglo antes, el general Roca había utilizado contra los indios esta obra maestra de la crueldad, que obliga a cada muerto a morir varias veces y que condena a sus queridos a volverse locos persiguiendo su sombra fugitiva.

En Argentina, como en toda América, los indios fueron los primeros desaparecidos. Desaparecieron antes de aparecer. El general Roca llamó conquista del desierto a su invasión de las tierras indígenas.

La Patagonia era un espacio vacío, un reino de la nada, habitado por nadie. Y los indios siguieron desapareciendo después. Los que se sometieron y renunciaron a la tierra y a todo fueron llamados indios reducidos: reducidos hasta desaparecer.

Y los que no se sometieron y fueron vencidos a balazos y sablazos, desaparecieron convertidos en números, muertos sin nombre, en los partes militares. Y sus hijos desaparecieron también: repartidos como botín de guerra, llamados con otros nombres, vaciados de memoria, esclavitos de los asesinos de sus padres.

La democracia

En 1889 murió la democracia en Brasil. Esa mañana, los políticos monárquicos despertaron siendo republicanos. Un par de años después se promulgó la Constitución que implantó el voto universal. Todos podían votar, menos los analfabetos y las mujeres.

Como casi todos los brasileños eran analfabetos o mujeres, casi nadie votó. En esa primera elección democrática, 98 de cada 100 brasileños no acudieron al llamado de las urnas. Un poderoso hacendado del café,

Prudente de Morais, fue elegido presidente de la nación. Llegó de São Pablo a Río y nadie se enteró. Nadie fue a recibirlo, nadie lo reconoció. Ahora goza de cierta fama, por ser calle de la elegante playa de Ipanema.

 

El imperio del consumo

El imperio del consumo

Eduardo Galeano • Aporrea  

El derecho al derroche, privilegio de pocos, dice ser la libertad de todos.

Esta civilización no deja dormir a las flores, ni a las gallinas, ni a la gente. En los invernaderos, las flores están sometidas a luz continua, para que crezcan más rápido. En las fábricas de huevos, las gallinas también tienen prohibida la noche. Y la gente está condenada al insomnio, por la ansiedad de comprar y la angustia de pagar.

La explosión del consumo en el mundo actual mete más ruido que todas las guerras y arma más alboroto que todos los carnavales. Como dice un viejo proverbio turco, quien bebe a cuenta, se emborracha el doble.

La parranda aturde y nubla la mirada; esta gran borrachera universal parece no tener límites en el tiempo ni en el espacio. Pero la cultura de consumo suena mucho, como el tambor, porque está vacía; y a la hora de la verdad, cuando el estrépito cesa y se acaba la fiesta, el borracho despierta, solo, acompañado por su sombra y por los platos rotos que debe pagar.

La expansión de la demanda choca con las fronteras que le impone el mismo sistema que la genera. El sistema necesita mercados cada vez más abiertos y más amplios, como los pulmones necesitan el aire, y a la vez necesita que anden por los suelos, como andan, los precios de las materias primas y de la fuerza trabajo. El sistema habla en nombre de todos, a todos dirige sus imperiosas órdenes de consumo, entre todos difunde la fiebre compradora; pero ni modo: Para casi todos, esta aventura comienza y termina en la pantalla del televisor. La mayoría, que se endeuda para tener cosas, termina teniendo nada más que deudas para pagar deudas que generan nuevas deudas, y acaba consumiendo fantasías que a veces materializa delinquiendo.

El derecho al derroche, privilegio de pocos, dice ser la libertad de todos. Dime cuánto consumes y te diré cuánto vales. Esta civilización no deja dormir a las flores, ni a las gallinas, ni a la gente. En los invernaderos, las flores están sometidas a luz continua, para que crezcan más rápido. En las fábricas de huevos, las gallinas también tienen prohibida la noche. Y la gente está condenada al insomnio, por la ansiedad de comprar y la angustia de pagar. Este modo de vida no es muy bueno para la gente, pero es muy bueno para la industria farmacéutica.

EE.UU. consume la mitad de los sedantes, ansiolíticos y demás drogas químicas que se venden legalmente en el mundo, y más de la mitad de las drogas prohibidas que se venden ilegalmente, lo que no es moco de pavo si se tiene en cuenta que EE.UU. apenas suma el cinco por ciento de la población mundial.

«Gente infeliz, la que vive comparándose», lamenta una mujer en el barrio del Buceo, en Montevideo. El dolor de ya no ser, que otrora cantara el tango, ha dejado paso a la vergüenza de no tener. Un hombre pobre es un pobre hombre. «Cuando no tenés nada, pensás que no valés nada», dice un muchacho en el barrio Villa Fiorito, de Buenos Aires. Y otro comprueba, en la ciudad dominicana de San Francisco de Macorís: «Mis hermanos trabajan para las marcas. Viven comprando etiquetas, y viven sudando la gota gorda para pagar las cuotas». Invisible violencia del mercado: la diversidad es enemiga de la rentabilidad, y la uniformidad manda. La producción en serie, en escala gigantesca, impone en todas partes sus obligatorias pautas de consumo. Esta dictadura de la uniformización obligatoria es más devastadora que cualquier dictadura del partido único: impone en el mundo entero, un modo de vida que reproduce a los seres humanos como fotocopias del consumidor ejemplar.

El consumidor ejemplar es el hombre quieto. Esta civilización, que confunde la cantidad con la calidad, confunde la gordura con la buena alimentación.

Según la revista científica The Lancet, en la última década la «obesidad severa» ha crecido casi un 30 % entre la población joven de los países más desarrollados. Entre los niños norteamericanos, la obesidad aumentó en un 40% en los últimos dieciséis años, según la investigación reciente del Centro de Ciencias de la Salud de la Universidad de Colorado. El país que inventó las comidas y bebidas light, los diet food y los alimentos fat free, tiene la mayor cantidad de gordos del mundo. El consumidor ejemplar sólo se baja del automóvil para trabajar y para mirar televisión. Sentado ante la pantalla chica, pasa cuatro horas diarias devorando comida de plástico.

Triunfa la basura disfrazada de comida: Esta industria está conquistando los paladares del mundo y está haciendo trizas las tradiciones de la cocina local. Las costumbres del buen comer, que vienen de lejos, tienen, en algunos países, miles de años de refinamiento y diversidad, y son un patrimonio colectivo que de alguna manera está en los fogones de todos y no sólo en la mesa de los ricos. Esas tradiciones, esas señas de identidad cultural, esas fiestas de la vida, están siendo apabulladas, de manera fulminante, por la imposición del saber químico y único: la globalización de la hamburguesa, la dictadura de la fast food. La plastificación de la comida en escala mundial, obra de McDonald's, Burger King y otras fábricas, viola exitosamente el derecho a la autodeterminación de la cocina: sagrado derecho, porque en la boca tiene el alma una de sus puertas.

El campeonato mundial de fútbol del 98 nos confirmó, entre otras cosas, que la tarjeta MasterCard tonifica los músculos, que la Coca-Cola brinda eterna juventud y que el menú de McDonald's no puede faltar en la barriga de un buen atleta. El inmenso ejército de McDonald's dispara hamburguesas a las bocas de los niños y de los adultos en el planeta entero. El doble arco de esa M sirvió de estandarte, durante la reciente conquista de los países del Este de Europa. Las colas ante el McDonald's de Moscú, inaugurado en 1990 con bombos y platillos, simbolizaron la victoria de Occidente con tanta elocuencia como el desmoronamiento del Muro de Berlín.

Un signo de los tiempos: Esta empresa, que encarna las virtudes del mundo libre, niega a sus empleados la libertad de afiliarse a ningún sindicato. McDonald's viola, así, un derecho legalmente consagrado en los muchos países donde opera. En 1997, algunos trabajadores, miembros de eso que la empresa llama la Macfamilia, intentaron sindicalizarse en un restorán de Montreal en Canadá: el restorán cerró. Pero en el 98, otros empleados de McDonald's, en una pequeña ciudad cercana a Vancouver, lograron esa conquista, digna de la Guía Guinness.

Las masas consumidoras reciben órdenes en un idioma universal: la publicidad ha logrado lo que el esperanto quiso y no pudo. Cualquiera entiende, en cualquier lugar, los mensajes que el televisor transmite. En el último cuarto de siglo, los gastos de publicidad se han duplicado en el mundo. Gracias a ellos, los niños pobres toman cada vez más Coca-Cola y cada vez menos leche, y el tiempo de ocio se va haciendo tiempo de consumo obligatorio. Tiempo libre, tiempo prisionero: las casas muy pobres no tienen cama, pero tienen televisor, y el televisor tiene la palabra... Comprado a plazos, ese animalito prueba la vocación democrática del progreso: a nadie escucha, pero habla para todos. Pobres y ricos conocen, así, las virtudes de los automóviles último modelo, y pobres y ricos se enteran de las ventajosas tasas de interés que tal o cual banco ofrece.

Los expertos saben convertir a las mercancías en mágicos conjuntos contra la soledad. Las cosas tienen atributos humanos: acarician, acompañan, comprenden, ayudan, el perfume te besa y el auto es el amigo que nunca falla.

La cultura del consumo ha hecho de la soledad el más lucrativo de los mercados. Los agujeros del pecho se llenan atiborrándolos de cosas, o
soñando con hacerlo. Y las cosas no solamente pueden abrazar: ellas también pueden ser símbolos de ascenso social, salvoconductos para atravesar las aduanas de la sociedad de clases, llaves que abren las puertas prohibidas. Cuanto más exclusivas, mejor: Las cosas te eligen y te salvan del anonimato multitudinario. La publicidad no informa sobre el producto que vende, o rara vez lo hace. Eso es lo de menos. Su función primordial consiste en compensar frustraciones y alimentar fantasías: ¿En quién quiere usted convertirse comprando esta loción de afeitar?

El criminólogo Anthony Platt ha observado que los delitos de la calle no son solamente fruto de la pobreza extrema. También son fruto de la ética individualista. La obsesión social del éxito, dice Platt, incide decisivamente sobre la apropiación ilegal de las cosas. Yo siempre he escuchado decir que el dinero no produce la felicidad; pero cualquier televidente pobre tiene motivos de sobra para creer que el dinero produce algo tan parecido, que la diferencia es asunto de especialistas.

Según el historiador Eric Hobsbawm, el siglo XX puso fin a siete mil años de vida humana centrada en la agricultura desde que aparecieron los primeros cultivos, a fines del paleolítico. La población mundial se urbaniza, los campesinos se hacen ciudadanos. En América Latina tenemos campos sin nadie y enormes hormigueros urbanos: las mayores ciudades del mundo, y las más injustas. Expulsados por la agricultura moderna de exportación, y por la erosión de sus tierras, los campesinos invaden los suburbios. Ellos creen que Dios está en todas partes, pero por experiencia saben que atiende en las grandes urbes. Las ciudades prometen trabajo, prosperidad, un porvenir para los hijos. En los campos, los esperadores miran pasar la vida, y mueren bostezando; en las ciudades, la vida ocurre, y llama. Hacinados en tugurios, lo primero que descubren los recién llegados es que el trabajo falta y los brazos sobran, que nada es gratis y que los más caros artículos de lujo son el aire y el silencio.

Mientras nacía el siglo XIV, fray Giordano da Rivalto pronunció en Florencia un elogio de las ciudades. Dijo que las ciudades crecían «porque la gente tiene el gusto de juntarse». Juntarse, encontrarse. Ahora, ¿quién se encuentra con quién? ¿Se encuentra la esperanza con la realidad? El deseo, ¿se encuentra con el mundo? Y la gente, ¿se encuentra con la gente? Si las relaciones humanas han sido reducidas a relaciones entre cosas, ¿cuánta gente se encuentra con las cosas?

El mundo entero tiende a convertirse en una gran pantalla de televisión, donde las cosas se miran pero no se tocan. Las mercancías en oferta invaden y privatizan los espacios públicos. Las estaciones de autobuses y de trenes, que hasta hace poco eran espacios de encuentro entre personas, se están convirtiendo ahora en espacios de exhibición comercial.

El shopping center, o shopping mall vidriera de todas las vidrieras, impone su presencia avasallante. Las multitudes acuden, en peregrinación, a este templo mayor de las misas del consumo. La mayoría de los devotos contempla, en éxtasis, las cosas que sus bolsillos no pueden pagar, mientras la minoría compradora se somete al bombardeo de la oferta incesante y extenuante. El gentío, que sube y baja por las escaleras mecánicas, viaja por el mundo: los maniquíes visten como en Milán o París y las máquinas suenan como en Chicago, y para ver y oír no es preciso pagar pasaje. Los turistas venidos de los pueblos del interior, o de las ciudades que aún no han merecido estas bendiciones de la felicidad moderna, posan para la foto, al pie de las marcas internacionales más famosas, como antes posaban al pie de la estatua del prócer en la plaza. Beatriz Solano ha observado que los habitantes de los barrios suburbanos acuden al center, al shopping center, como antes acudían al centro. El tradicional paseo del fin de semana al centro de la ciudad, tiende a ser sustituido por la excursión a estos centros urbanos. Lavados y planchados y peinados, vestidos con sus mejores galas, los visitantes vienen a una fiesta donde no son convidados, pero pueden ser mirones. Familias enteras emprenden el viaje en la cápsula espacial que recorre el universo del consumo, donde la estética del mercado ha diseñado un paisaje alucinante de modelos, marcas y etiquetas.

La cultura del consumo, cultura de lo efímero, condena todo al desuso
mediático. Todo cambia al ritmo vertiginoso de la moda, puesta al servicio de la necesidad de vender. Las cosas envejecen en un parpadeo, para ser reemplazadas por otras cosas de vida fugaz. Hoy que lo único que permanece es la inseguridad, las mercancías, fabricadas para no durar, resultan tan volátiles como el capital que las financia y el trabajo que las genera. El dinero vuela a la velocidad de la luz: ayer estaba allá, hoy está aquí, mañana quién sabe, y todo trabajador es un desempleado en potencia. Paradójicamente, los shoppings centers, reinos de la fugacidad, ofrecen la más exitosa ilusión de seguridad. Ellos resisten fuera del tiempo, sin edad y sin raíz, sin noche y sin día y sin memoria, y existen fuera del espacio, más allá de las turbulencias de la peligrosa realidad del mundo.

Los dueños del mundo usan al mundo como si fuera descartable: una mercancía de vida efímera, que se agota como se agotan, a poco de nacer, las imágenes que dispara la ametralladora de la televisión y las modas y los ídolos que la publicidad lanza, sin tregua, al mercado. Pero, ¿a qué otro mundo vamos a mudarnos? ¿Estamos todos obligados a creernos el cuento de que Dios ha vendido el planeta a unas cuantas empresas, porque estando de mal humor decidió privatizar el universo? La sociedad de consumo es una trampa cazabobos. Los que tienen la manija simulan ignorarlo, pero cualquiera que tenga ojos en la cara puede ver que la gran mayoría de la gente consume poco, poquito y nada necesariamente, para garantizar la existencia de la poca naturaleza que nos queda. La injusticia social no es un error a corregir, ni un defecto a superar: Es una necesidad esencial. No hay naturaleza capaz de alimentar a un shopping center del tamaño del planeta.

Reflexiones sobre la doctrina Cheyre

Reflexiones sobre la doctrina Cheyre

17 de Febrero de 2008

Por  Carlos Gutiérrez P*

Sorprendentes, por decir lo menos, han sido las continuas declaraciones del ex comandante en jefe del Ejército Juan Emilio Cheyre sobre nuestra historia reciente, a propósito de la renuncia del General Santelices, vinculado con actos atentatorios a los derechos humanos.

El debate público que ha generado este posicionamiento político nos muestra en toda su crudeza las aristas y el carácter de nuestra democracia: la arrogancia de la corporación militar que, desde el púlpito de la neutralidad, encara al conjunto del sistema político por sus responsabilidad en el quiebre de la democracia; la pusilánime actitud de los gobiernos de la Concertación que no han encarado en profundidad una reforma a las instituciones militares para su apego intachable a la democracia; la visión parcial sobre los derechos humanos, que lo han hecho un tema del pasado, en vez de la enorme carga de futuro que tiene en la construcción de una sociedad democrática; el blanqueamiento de la derecha golpista, que en su travestismo político no duda en asumir una faceta autoritaria o republicana según su conveniencia; la consolidación de una élite política-militar-económica que ha instalado la idea hegemónica de un gobierno militar que realizó una obra refundacional para instalar un Chile exitoso, en la cual solo se lamentan los excesos cometidos, casi como daños colaterales.

El conjunto de opiniones de Cheyre constituyen casi un ordenamiento doctrinario del pensamiento de la familia militar, que sigue siendo un obstáculo real para una consolidación democrática. La piedra angular está dada por el carácter de "Obra" que asumen con el Golpe Militar y, por lo tanto, como institución que está por sobre las contingencias políticas, que las llevó a plantearse constitucionalmente como garantes de nuestra institucionalidad.

Las recientes declaraciones de los ex comandantes en jefe de la Armada, Jorge Arancibia y Miguel Vergara, muestran aún con mayor nitidez esta falsedad ideológica que prima entre las instituciones castrenses.

Si no se desmitifica el Golpe de 1973, difícilmente podremos llegar a constituir pilares sobre el "nunca más". Para eso, es necesario poner en el tapete el carácter autoritario de la derecha chilena que, ante el peligro de la pérdida de cuotas de poder, no trepidó en usar la conspiración nacional e internacional; el rol que tiene Estados Unidos en la conformación ideológica de nuestra región, que se vive a diario, como lo demuestran las actuales experiencias políticas heterodoxas; que hay una consideración fundamental sobre el rol político de los militares, teniendo en cuenta que un levantamiento contra la Unidad Popular y su candidato presidencial Salvador Allende se venía construyendo desde fines de los años sesenta, como lo demuestran documentos de la CIA, el levantamiento del General Viaux, el asesinato del comandante en jefe, René Schneider, etc.; que las Fuerzas Armadas deben hacerse cargo de ese profundo sentimiento anti izquierdista incubado durante todo el siglo XX, que fue codificado en la doctrina de la Seguridad Nacional que regó de violaciones a los derechos humanos por todo el hemisferio; que las Fuerzas Armadas realizaron un acto inédito al violentar un gobierno constitucional, legítimamente amparado en la soberanía popular y que todo su accionar se enmarcó en los cánones legales de la época.

Por eso que es absolutamente inconducente la insistencia de Cheyre del "empate moral" sobre la crisis de 1973. Una cosa es haber sido un actor protagónico en un período de crisis del modelo de desarrollo chileno, pero otra muy distinta es haber actuado dirigida y planificadamente para interrumpir un proceso constitucional y llevar adelante un genocidio de su propio pueblo. Para esto es bueno recordar que en el seno de las Fuerzas Armadas y de grupos ultraderechistas se crearon instituciones de inteligencia y represión interna, de coordinación internacional con grupos terroristas europeos, como lo demuestran los juicios llevados adelante en Italia, España y Francia, la coordinación del cono sur con la Operación Cóndor y acciones terroristas de asesinatos de líderes en distintas partes del mundo.

El quiebre profesional, legal y moral de las Fuerzas Armadas durante la dictadura es una herencia muy pesada que todavía subyace en las instituciones. Sigue siendo una tarea pendiente la "despinochetización", que no se ha resuelto con las mesas de diálogo, ni con medidas parciales que efectivamente se llevaron a cabo bajo la conducción de Cheyre. No es viable el perdón sin la verdad y la justicia. Y todos sabemos que las Fuerzas Armadas han colaborado en forma insuficiente con la verdad, que solo sigue siendo posible justamente por la epopéyica labor de las personas e instituciones vinculadas a los derechos humanos.

La búsqueda de la verdad y la justicia no es un acto de odiosidad, sino de convicción ética y política como fundamento de la sociedad democrática. Para esto tenemos innumerables ejemplos contemporáneos que nos dan los juicios sobre los nazis en varias democracias occidentales, o como la reciente Ley sobre la memoria promulgada en España que después de más de treinta años de transición y democracia se sigue preguntando por sobre su pasado y se atreve a reparar histórica y moralmente a la república española interrumpida por militares golpistas y una derecha integrista.

Si bien la convicción democrática es una exigencia real para todos los actores del sistema político, es perentoria para el caso de los militares, justamente por el carácter de su función pública. No basta la formalidad de la subordinación al poder político democrático, sino su absoluta intachabilidad que debe estar permanentemente abierta al escrutinio público. Tenemos varios ejemplos, en plena transición, que nos dejan dudas sobre la honorabilidad, integridad y convicción democrática de muchos oficiales.

El debate sigue abierto. Pero debemos estar atentos a dos fenómenos negativos: por una parte el impacto que puede tener sobre los actuales alumnos de las escuelas matrices de las fuerzas armadas, las recientes declaraciones públicas emitidas por ex comandantes en jefe de sus respectivas instituciones que siguen insistiendo en tesis que avalan el Golpe Militar; y por otra parte que los acontecimientos y discursos realizados por Cheyre y Santelices no signifiquen un reposicionamiento de los sectores más retrógrados al interior de las fuerzas armadas, que pueden estar cantando victoria por esta cuña entre el oficialismo y el comandante en jefe que fue glorificado como la personificación de la modernización.

Carlos Gutiérrez P. Director del Centro de Estudios Estratégicos

 

El cuento de nunca acabar

1 de Febrero del 2008

*Por Osvaldo Torres *

Uno se pregunta cómo es posible que a 17 años de construcción democrática podamos tener en el alto mando de las Fuerzas Armadas, responsables de la defensa nacional, a funcionarios que estuvieron involucrados directamente en violaciones a los derechos humanos a ciudadanos de su patria.

La respuesta no está ahora en que la transición ha sido difícil por la presencia de Pinochet y su poder fáctico, pues ahora se argumenta la juventud que tenían en esa época los hoy generales. Los argumentos son distintos pero el resultado es el mismo: la debilidad de la institucionalidad democrática para imponer una ética a sus funcionarios.

Este punto, particularmente en el plano de los derechos humanos, es muy grave. Lo que se ha trizado y está a punto de romperse, es la idea que nuestros funcionarios miembros del gobierno que hemos elegido, son parte de una historia que se remonta al 11 de septiembre de 1973. Esa fecha, que incomoda a muchos, es la que está marcada en la historia del país como el momento del quiebre de la institucionalidad y el inicio de un período de violencia unilateral jamás antes vivida por tan largo tiempo en la sociedad chilena.

Esa fecha es fuente de lecciones políticas profundas y variadas, pero una que no se puede olvidar, es que la democracia tiene una base sustantiva en el reconocimiento de la igualdad de derechos y de la dignidad humana. En esto no hay democracias a medias y las instituciones respetan esto o no lo respetan.

El general Gonzalo Santelices, responsable del Ejército en la Región Metropolitana -y no del aseo de la Municipalidad de Peñalolén-, está vinculado en los crímenes de la Caravana de la Muerte. Él no debió ascender jamás hasta el lugar que lo hizo; esto reglamentariamente puede ser responsabilidad del Ejército, pero no es menos cierto que los gobiernos democráticos a través de sus ministros de Defensa, visaron todos los pasos.

Es inaceptable la tolerancia a la vulneración del criterio con el cual se asciende al grado de oficial superior en las instituciones armadas. Pareciera que no importa tener en su trayectoria, sucesos vinculados al atropello de los derechos humanos de chilenos.

Además tenemos el justo derecho a dudar del resto de los generales en los que se han depositado las máximas responsabilidades militares del país. Estas dos cosas debilitan el sistema democrático y sus estándares de calidad.

En Chile hay muchos que resisten el seguir debatiendo sobre los temas de derechos humanos, o buscan situarlos como "pieza de museo", resto arquelógico de una sociedad que ya no existe; un pasado de una sociedad no moderna, primitiva, superada por el actual estadio civilizatorio.

Quienes así piensan valoran la paz actual y no quieren "más  conflictos". Pues bien, ese enfoque como discurso desde los funcionarios de la Concertación, debilita a la propia Concertación.

Dicho directamente: la Concertación está en el Gobierno porque aquellos que fusilaron sin juicio previo, que torturaron e hicieron desaparecer, vulneraron derechos de ciudadanos nuestros, de amigos y compañeras de luchas y ello deslegitimó sus posibilidades de conducir una sociedad democrática.

Si ciertos dirigentes y/o funcionarios de la Concertación rompen su vínculo con la historia de nuestros muertos, romperán con lo que nos forjó como coalición democratizadora. Si ciertos dirigentes siguen relativizando los criterios democráticos sobre los que se sostiene el sistema democrático ayudarán a demoler la confianza de la gente en las formas pacíficas de resolver los conflictos. Si ciertos funcionarios creen que engañan a la opinión pública declarando que los jóvenes oficiales criminales no tenían criterio cuando mataban a otros jóvenes, están degradando el valor del respeto a la democracia entre los propios jóvenes de hoy.

Esta historia de nunca acabar podrá ser una lección política democrática cuando se enfrente la realidad: el criterio democrático no debe aceptar criminales en las filas de las FFAA, ni tampoco legitimar a quienes le dieron sustento político y jurídico.

*Osvaldo Torres es concejal del PS.*