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Centros Chilenos en el Exterior

Asesinato mediático de la lucha del pueblo mapuche

Asesinato mediático de la lucha del pueblo mapuche

Jorge G. Péfaur

Rebelión

Por si no bastara con la represión que sufre el pueblo mapuche en sus comunidades, que descarga sobre hombres, mujeres y niños todo el poder del Estado -policías, servicios de inteligencia y poder judicial-, hoy está en curso una operación mediática para desacreditarlo, digitada desde el Ministerio del Interior y entusiastamente encabezada por el Sr. Patricio Rosende. De ella por supuesto se hace eco la prensa de derecha y lamentablemente también el diario La Nación, que intenta vender una imagen de pluralismo y apego a la democracia, pero que a la hora de cerrar filas en la estigmatización de los mapuche, no se queda atrás.

Titula La Nación en su edición del lunes 2 de noviembre: Rosende califica de "brutales" uso de niños como escudos en La Araucanía. Y agrega más adelante, refiriéndose al video que acompaña la noticia: "La grabación muestra a un comunero que presumiblemente porta un arma entre sus ropas, caminando detrás de un niño y una niña de corta edad".

Si analizamos el video, vemos en las primeras escenas a "comuneros" arrojando piedras con boleadoras, supuestamente a carabineros, ya que sólo se alcanza a ver la cabeza de uno de ellos. Es imposible para el lector saber si atacaban a un solo carabinero, cuántos carabineros había en realidad y qué armamento portaban las fuerzas policiales. Así, nadie puede dimensionar la desigualdad manifiesta del "enfrentamiento".

Seguidamente se muestra a un "comunero" acompañado de dos niños. Cabe preguntarse: ¿corresponden al mismo momento las dos imágenes? Además, el video desmiente absolutamente la afirmación de la noticia, ya que en ningún momento el comunero camina detrás de los niños. Y al asegurar en forma tan manipuladora "un comunero que presumiblemente porta un arma entre sus ropas", se intenta presentar como verdad una interpretación que hace de la imagen el redactor de la noticia.

Los autores de esta maniobra saben perfectamente que las imágenes y el texto no guardan ninguna relación, pero apuestan a que la mayoría de los ciudadanos que lean la noticia no harán esa distinción, y en sus mentes quedará el concepto de que los mapuches usan a sus niños como "escudos humanos". Ellos saben que cualquier padre o madre condenaría este hecho y por eso juegan en forma innoble con los sentimientos de la gente, manipulándolos para lograr como resultado una matriz de opinión pública que condene a los mapuches por "inhumanos", al hacer con sus hijos algo que los "buenos" chilenos no haríamos jamás.

Logrado este fin, la opinión pública ya no será conmovida por las noticias de la represión en La Araucanía y se tendrá vía libre para actuar impunemente.

Las enseñanzas del Almirante Merino - ¿lo recuerdan? - parecen vigentes en democracia: quizás el próximo paso sea declarar a los mapuche "humanoides" y así poder exterminarlos con más facilidad.

Rebelión ha publicado este artículo a petición expresa del autor, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.

 

 

Muere alcalde hondureño en atentado cuando realizaba campaña electoral

Muere alcalde hondureño en atentado cuando realizaba campaña electoral

El funcionario viajaba en un vehículo no blindado, algo que no acostumbraba porque dos de sus hermanos ya habían sido asesinados. No llevó su vehículo de seguridad por lo intrincado de la zona donde se produjo el atentado en su contra.

Foto: El alcalde de Jocón, Nelson Javier Portillo, fue asesinado a balazos en una emboscada por desconocidos. (Foto: El Tiempo)

TeleSUR

Cuando hacía parte las actividades de su campaña electoral para los comicios generales previstos para el próximo 29 de noviembre, fue asesinado la tarde del día lunes el alcalde de la localidad hondureña de Jocón (norte), Nelson Javier Portillo, junto a uno de sus escoltas.

De acuerdo con la Policía Nacional del país centroamericano, Portillo y su escolta fueron muertos a balazos durante una emboscada perpetrada por desconocidos.

"Hubo un atentado criminal contra el alcalde, que se conducía con sus escoltas. Inicialmente se reportaba la muerte sólo de uno de los escoltas, pero recientemente nos informaron de que el alcalde también murió", aseguró el portavoz del cuerpo policial, Orlín Cerrato.

"De igual manera resultó otro guardaespaldas herido y se supone que una de las personas que atentaron contra su vida también murió y otro resultó herido", agregó Cerrato.

Cerrato explicó que la emboscada contra el regidor, perteneciente al opositor Partido Nacional, se produjo en un lugar del departamento norteño de Yoro de muy complicado acceso, al que sólo se puede llegar a pie, por lo que todavía no disponía de una información completa de los hechos.

Por su parte, el jefe policial de Yoro, Aloy Mejía, sostuvo que también murió uno de los atacantes del alcalde, quien aspiraba a la reelección por el opositor Partido Nacional (PN).

Según Mejía, Portillo se desplazaba en un vehículo no blindado, algo que no acostumbraba porque dos de sus hermanos ya habían sido asesinados, "y en una quebrada que queda en una hondonada sufrió el atentado".

El atentado tuvo lugar en la localidad de Limares, en el sur del departamento de Yoro, y que el alcalde asesinado, que llevaba tres días de gira electoral no había llevado su automóvil blindado habitual por lo inaccesible de lugar.

Las primeras hipótesis señalan que la acción criminal no tendría nada que ver con la actual crisis política que vive Honduras a raíz del golpe de Estado militar del pasado 28 de junio, ya que las autoridades investigan actualmente el reciente asesinato de los otros dos hermanos Portillo, el cual, según indagaciones previas, se debió a una venganza personal.

teleSUR-Efe-Afp/MFD

 

 

La caída del muro de Berlín: lecciones de un trastorno

La caída del muro de Berlín: lecciones de un trastorno

Publicado por El Mostrador el 10 de Noviembre de 2009

Opinión

La falta de debates públicos y análisis sobrios sobre el pasado (incluido el reconocimiento de los crímenes contra la humanidad de las autoridades en las dictaduras comunistas), son una silenciosa fuente de malestar que facilita la ascensión al poder de nuevos demagogos. Un claro ejemplo de ello es el régimen de Vladimir Putin en Rusia.

Por Vladimir Tismaneanu*

Han pasado dos décadas desde los extraordinarios acontecimientos comúnmente conocidos como "el trastorno del Este", la dramática cadena de eventos que llevó a lo que muchos de nosotros creyó impensable: el colapso de los regímenes comunistas y el final de un sistema que parecía destinado a la eternidad. A pesar de los juicios restropectivos más críticos, las revoluciones de 1989 plasmaron nuestras más profundas aspiraciones ya que estas despedazaron categóricamente el leninismo y abrieron el camino para la realización personal de los ciudadanos de Europa del Este. No obstante, sin lugar a dudas, el legado más importante que esos increíbles sucesos nos legaron fue la reevaluación de una nueva idea, "el concepto de ciudadano".

En efecto, los nuevos desafíos a enfrentar luego de la caída del comunismo se centraron fundamentalmente en los conceptos de civilidad y responsabilidad (responsabilidad cívica) ya que las más importantes relaciones sociales, como la política y la cultura, quedan atadas, de una manera u otra, a conceptos y definiciones ligadas a lo que significa ser un ciudadano. Las consecuencias inmediatas a los eventos de 1989 nos dejaron dos posibles caminos a seguir: el camino de la responsabilidad y participación (cívica) o el del desinterés y  apatía cívica. Por ello, el brillante concepto formulado por Ralf Dahrendof, "Ciudadanos en busca de un sentido", captura perfectamente el sentimiento de esos años. El desafío al que nos vimos enfrentado era el de no solo ser capaces de construir una sociedad política basada en la verdad y la moral, sino que además estos valores se plasmasen en instituciones confiables y predecibles.

Las sociedades post-comunistas no son perfectas, pero, en las palabras del historiador polaco Adam Michnik, están hechas de ciudadanos comunes y corrientes que se ven enfrentados a conflictos "normales". Ken Jowitt argumenta que para sobrevivir "la democracia necesita héroes comunes". En el ethos democrático subyace una contradicción y una paradoja: sin heroísmo, las virtudes públicas no pueden ser mantenidas ya que gradualmente se van degenerando en un meticuloso calculo social, económico, y político sembrado por el egoísmo. El individuo es reemplazado por el yo. Sin embargo, al mismo tiempo, el líder carismático se aborrece y es incapaz, de apreciar democráticamente las deficiencias de la gente promedio".

Las revoluciones de 1989 destruyeron el antiguo régimen, pero también dieron espacio para la ardua y difícil construcción del extraño, ajeno y desconcertante mundo de la democracia liberal. Esta "Ruta de Damasco" de las transiciones llevaron a los países de Europa de Este a desencantarse con las "extravagantes esperanzas de un mundo nuevo caracterizado por la libertad de expresión, igualdad, y fundamentalmente por la democracia. Sin embargo, esto no significó el fracaso de estas transiciones. Muy por el contrario, estas abrieron el camino para la normalidad democrática y la revitalización de una sociedad que aún vive con el estigma de la experiencia comunista totalitaria. Finalmente lo que prevaleció fueron instituciones democráticas, no formas apocalípticas de radicalismo. La mal llamada "revolución moral" proclamada por los gemelos Kaczynski en Polonia, no condujeron a una catarsis nacional. Al contrario, la gente expresó su fatiga, exasperación e irritación al descubrir una farsa de manejo político con tintes populistas.

Inmediatamente después de 1989 la realidad de la región era inevitablemente ecléctica. El vacío dejado por la estrepitosa caída del leninismo fue gradualmente reemplazado por tradiciones pre-comunistas y comunistas: nacionalismos (cívico o étnico), neo-leninismos y cuasi-fascismos. No es de extrañarse entonces, que durante los últimos 20 años hayamos sido testigos de una serie de innumerables creencias y partidismos políticos de las más variadas tendencias. De alguna manera se podría decir que la antigua Unión Soviética sigue siendo un lugar para experimentos políticos.  

Un aspecto que aún se destaca en la mayoría de la región es el problema de su incapacidad para manejar y lidiar con su pasado totalitario. Sin lugar a dudas, éste ha demostrado ser el impedimento más formidable para lograr establecer una conexión duradera entre democracia, memoria, y activismo cívico. A pesar de todo, pienso que uno todavía puede ser capaz de remodelar tanto la identidad colectiva como la individual bajo la base de las lecciones negativas que nos ha entregado la historia. Además del traumático legado totalitario de Stalin, todos los países de Europa del Este han tenido y siguen viviendo con lo que Tony Judt llama "el velo gris de la ambigüedad moral", que fue la principal característica del experimento soviético conocido como "socialismo con cara humana". Estas sociedades y la mayoría de sus ciudadanos aún son perseguidos por lo que guarda su conciencia en relación al pasado. Una nueva solidaridad basada en el deber del recuerdo esta todavía "in situ", pero su existencia se ve sujeta al avance de metas políticas que están por encima de las prioridades actuales, presas de una transición turbia e interminable.  

Sin embargo, los efectos negativos arraigados en una amnesia social no pueden ser subestimados. La falta de debates públicos y análisis sobrios sobre el pasado (incluido el reconocimiento de los crímenes contra la humanidad de las autoridades en las dictaduras comunistas), son una silenciosa fuente de malestar que facilita la ascensión al poder de nuevos demagogos. Un claro ejemplo de ello es el régimen de Vladimir Putin en Rusia. Uno de los ingredientes esenciales de su "democracia controlada" es la institucionalización de la amnesia, la falsificación y distorsión de la historia del siglo XX, en beneficio del pasado soviético, y en particular, del genocidio estalinista.

En su relato de la historia post-guerra de Europa, el historiador Tony Judt escribe que el post-comunismo trajo consigo un nuevo "lenguaje público carente de sentido alguno e importancia para mucho ciudadanos de Europa del Este". Sin embargo, uno no puede olvidar que las ilusiones de 1989 fueron de vital importancia para derrotar al "leninismo". Ese fue el año en que los ciudadanos de Europa del Este dejaron de temer, cuando su frustración moral e impotencia política  desaparecen, recuperando así un lugar central en la esfera política. La prueba más contundente de esto último, es que la mayoría de los terribles y pesimistas vaticinios en la región, alimentados por la guerra en Yugoslavia, resultaron ser erróneos. En su lugar, las lecciones de los trastornos de 1989 sirven como irrenunciable evidencia de los valores que actualmente consideramos definen una democracia.

*Vladimir Tismaneanu es profesor de política en la Universidad de Maryland en Estados Unidos y autor de numerosos libros, incluidos: Reinventing Politics: Easern Europe from Stalin to Havel and Fantasies of Salvation: Democracy, Nationalism, and Myth in Post-communist Europe.

Fiesta en Berlín para recordar la caída del muro

Fiesta en Berlín para recordar la caída del muro

La Nación

Alrededor de cien mil personas participaron en el último día de conmemoración del término simbólico de la división alemana y planetaria. La capital germana se preparó para un maratón artístico, que finalizó en la Puerta de Brandenburgo. El mensaje de los representantes de las potencias que lideraron la guerra fría fue uno solo: unidad.

Martes 10 de noviembre de 2009

Foto: Mil fichas revivieron el recorrido del muro a través de Berlín. Su caída en cascada simbolizó el fin de la división planetaria que siguió al término de la Segunda Guerra Mundial.

Ni la lluvia ni el frío impidieron que miles de alemanes y extranjeros se congregaran para conmemorar los 20 años de la caída del muro de Berlín, símbolo de un conflicto ideológico que no sólo dividió a Alemania, sino que a todo el orbe en dos.

Y ayer el mensaje de los representantes de las potencias que lideraron la guerra fría fue uno solo: unidad. Nada de críticas al pasado, nada de revivir una fragmentación que, si bien se cree extinta, aún sigue viva en millones de personas.

“Es un día de fiesta, no sólo para Alemania, sino para toda Europa”, afirmó ayer la Canciller Angela Merkel, primera líder germana oriunda de la extinta República Democrática Alemana (RDA).

La Puerta de Brandeburgo, que hasta el 9 de noviembre de 1989 estuvo cercada por el murallón y alambradas, fue el principal punto de reunión.

El Mandatario de Estados Unidos, Barack Obama, sorprendió a los más de cien mil asistentes con un mensaje proyectado en pantallas gigantes.

En horas de la tarde, la atención se concentró en el antiguo puesto fronterizo interbelinés de la Bernauer Strasse. Merkel, junto al ex líder soviético Mijail Gorbachov y al ex dirigente polaco y Premio Nobel de la Paz, Lech Walesa, y un centenar de alemanes orientales revivieron el camino que recorrieron veinte años atrás al cruzar el primer paso que levantó la barrera la noche que cayó el muro.

Dominó

Walesa fue el encargado de dar inicio a la actividad central de la conmemoración: volcó la primera de las mil fichas de un dominó pintadas por aficionados de todo el mundo.

Su caída en cascada simbolizó el desplome del muro, bajo el clamor del público y las luces de cientos de proyectores. Tras caer la última pieza, la noche berlinesa se iluminó con fuegos artificiales.

Poco antes, una pieza musical recordó que también ayer fue el aniversario de la Noche de los Cristales Rotos, cuando el 9 de noviembre de 1938 cientos de sinagogas ardieron en toda Alemania. Era el inicio del Holocausto. LN

 

 

El recuerdo de un viaje sin retorno

El recuerdo de un viaje sin retorno

Por RAFAEL POCH/LA VANGUARDIA

Hasta la construcción del muro de Berlín en 1961, tres millones de ciudadanos del este pasaron al oeste, la inmensa mayoría de los cuales lo hizo porque, según la propaganda occidental, se vivía mejor y había más oportunidades económicas.

Lunes 9 de noviembre de 2009

Para los dieciséis millones de ciudadanos de la República Democrática Alemana (RDA), la posibilidad de salir del país era un sueño sin parangón con los de sus semejantes de otros países del este. Desde 1972 se podía viajar a Polonia y la extinta Checoslovaquia con el carné de identidad, pero a partir de 1980 la aparición del sindicato no gubernamental polaco contra el Estado socialista, Solidaridad, eliminó a Polonia. Para ir a Hungría, Rumania y Bulgaria se precisaba un permiso de la policía que, a excepción de los disidentes, casi siempre se otorgaba al solicitante.

Excluyendo a la corona checa, el cambio de moneda se limitaba a una pequeña cantidad, lo que convertía el turismo en ejercicio de precariedad y lo condenaba a prácticas de intercambio. Los viajes a otros países del bloque, desde la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas (URSS) hasta Vietnam, pasando por Cuba, eran complicados, casi siempre organizados y oficiales. El viaje a la República Federal Alemana (RFA) era capítulo aparte.

PERMISOS ESPECIALES

Desde 1964, los jubilados con parientes en el otro lado podían visitar la RFA una vez al año, posibilidad a la que se acogían 1,3 millones de personas. A partir de 1972, varios miles de jóvenes también podían viajar por “razones familiares especiales”, como bautizos, bodas, enfermedades o fallecimientos de parientes occidentales.

En 1986, por ejemplo, la ahora Canciller Angela Merkel -que entonces trabajaba en un instituto científico de Berlín este- viajó a Hamburgo para asistir a la boda de su prima, oportunidad que aprovechó para recorrer la RFA de punta a punta.

El año anterior, 185 mil alemanes orientales habían usado dicha posibilidad que, como la de los jubilados, era consecuencia de iniciativas negociadas por los políticos de la RFA. En la misma época se registraban entre tres y ocho millones de visitas a la RDA desde la RFA y Berlín oeste.

La media de ciudadanos orientales huidos ilegalmente a través de la frontera era de unos tres mil anuales entre 1980 y 1985. Antes, la menor sofisticación del muro interalemán había permitido traspasar la frontera a más gente.

Hasta la construcción del muro de Berlín en 1961, tres millones de ciudadanos del este pasaron al oeste, la inmensa mayoría lo hizo porque, según la propaganda occidental, se vivía mejor y había más oportunidades económicas. De ellas, 33 mil eran encarcelados que el gobierno de la RFA “compró” a un precio que en 1988 alcanzó a algo más de 148 mil dólares por cabeza.

La frontera entre ambas Alemania se cobró más de 900 vidas de gente que intentó cruzarla por los medios más diversos. Varios centenares el número exacto se desconoce, murieron tiroteados por guardias fronterizos o instalaciones de disparo automático.

 

La apacible vida de la ex dama de hierro de la RDA en Chile

Margot Honecker, ex dama de hierro de la República Democrática Alemana y viuda del ex jerarca alemán Erich Honecker, lleva una vida apacible y discreta en Chile, donde vive desde hace 17 años.

Rodeada por un pequeño círculo íntimo conformado por líderes comunistas y ex refugiados chilenos en la RDA, y con su salud vigilada por el mismo médico que atiende a la Presidenta Michelle Bachelet, Honecker -de 82 años- evita las opiniones políticas y asistir a actos públicos.

Tras la caída del muro y un paso por la Unión Soviética, Margot viajó a Chile en 1992 acompañada por su hija Sonja, quien estaba casada con el chileno Leonardo Yáñez. Erich Honecker llegó a al país un año después, tras ser liberado de un juicio en Alemania por razones de salud. Murió de cáncer en Santiago el 29 de mayo de 1994.

La revista Qué Pasa reveló que la también ex ministra de Educación lee mucho, camina, se entera de las noticias a través de internet y tiene una gran nostalgia del régimen comunista.

Según el medio, el 7 de octubre Margot participó en la celebración en Santiago de los 60 años de nacimiento de la RDA, organizada por una veintena de chilenos que se exiliaron allí. En dicha reunión, leyó un manifiesto en que reivindicó el gobierno de su esposo.

"Ella vive tranquila y quiere seguir viviendo así. No quiere aparecer en los diarios, en la prensa, nada", comenta Luis Corvalán, ex secretario general del PC chileno y gran amigo de Margot Honecker.

 

El "Solidarpakt" ya no sería necesario

Veinte años después de la caída del muro de Berlín, la República Democrática Alemana (RDA) no necesitará de las inyecciones financieras del Pacto de Solidaridad, pero deberá olvidar la utopía de que alcanzará el mismo nivel de la Alemania occidental, según economistas.

Las nuevas tecnologías deben volverse el motor económico de la ex RDA, afirmó Ulrich Blum, director del Instituto IWH, en una entrevista con el semanario Wirtschaftswoche. "No hay razón alguna para prolongar el SOLI (o Pacto de Solidaridad) después de 2019", enfatizó a su vez Michel Hüther, director del Instituto de Investigación IW.

El "Solidarpakt" es el instrumento por el que el Estado alemán financia desde 1991 la reconstrucción de la ex RDA, por medio de un impuesto establecido para ello.

En total, los "nuevos Länder" (estados federados de la ex RDA) recibirán por esa vía unos 371 mil millones de dólares hasta 2019, fecha en que se prevé dejará de aplicarse el SOLI. Esto, pese a los desastrosos indicadores, como por ejemplo el del desempleo, que en los "nuevos Länder" llega a ser dos veces superior a la del oeste.

Ahora, según un estudio de la IW, la riqueza de la ex RDA es equivalente al 70% de la de la ex República Federal (en términos de Producto Interno Bruto por habitante), mientras que en 1991 era de sólo 30%. El instituto calcula que este porcentaje aumentará a 80% en unos diez años, pero considera que la igualdad perfecta es utópica.

La causa no reside en la división alemana, sino que se remonta a tiempos anteriores: el este siempre fue más rural y menos industrial que el oeste. Y esto sin tener en cuenta la emigración masiva hacia al oeste.

  

 

CONCERT de MARIELA GONZALEZ au SATELLIT CAFE

CONCERT de MARIELA GONZALEZ au SATELLIT CAFE

CONCERT de MARIELA GONZALEZ au SATELLIT CAFE

Mariela González (Chili) en concert au Satéllit Café  44, rue de la Folie Méricourt - 75011 Paris, 01 47 00 48 87 -  Métro : St Ambroise ou Oberkampf  le 18 novembre à 21h00

Auteur,compositeur et interprète, a connu les difficultés de vivre pendant la dictature mais toujours dans la résistance culturelle 

Cette artiste chilienne, auteur-compositeur, interprète de chansons urbaines aux racines latino-américaines, est invitée à cette prestigieuse salle des musiques du monde.

 

C’est une intéressante opportunité de l’apprécier sur scène.

 

L’expressivité de sa voix et la poésie de ses textes vagabondent entre le quotidien et la nostalgie sur un fond d’intimité.


Depuis les années 1970, elle participe aux plus importantes manifestations culturelles du Chili, parmi lesquelles, le Festival international de Viña del Mar. Elle est à nouveau selectionée, parmi 500 participants au concours, comme l’une des six finalistes au Festival de Viña del Mar 2010, pour réprésenter le Chili dans le genre folklorique.  Cette finale se fera dans un programme de la TV chilienne le 27 novembre 2009.

 

Ses chansons ont été interprétées et enregistrées par de nombreux musiciens chiliens.
En 2003, Mariela GONZALEZ reçoit au Chili, le prix Altazor (équivalent des Victoires de la musique en France).

Elle sera accompagnée de son groupe composé par Simon Gonzalez (Guitare solo, voix et arrangements) Tato Seves (percussions, voix guitare , cuatro) et Matias Riquelme (Violoncelle).

Nous serions heureux de vous accueillir à cette soirée exceptionnelle.

 

Pour l'entendre et savoir plus :
www.myspace.com/marielasinfronteras

Lo que el muro se llevó

Lo que el muro se llevó

Por Manuel Guerrero Antequera

En estos días se conmemoran 20 años de la caída del Muro de Berlín. Hay un modo dominante de recordar ese acontecimiento como gesta civilizatoria semejante a la conquista de la luna por el Hombre. Tal versión puede ser cierta, pero no es toda la verdad.

Por los avatares del binomio dictadura/resistencia chilena, para el 89 me encontraba con 18 años de edad en Berlín oriental finalizando mi cuarto medio en la secundaria Emmanuel Kant de la comuna de Lichtenberg. Un día a inicios de noviembre estando con amigos en un club de literatura cerca de las diez de la noche, se oyó por radio el comunicado de Günter Schabovski, en que el gobierno permitía -tras cuarenta años- cruzar libremente a Berlín Occidental por una noche. Con mis amigos alemanes nos miramos atónitos por la noticia. Nadie sabía muy bien qué hacer, era una resolución insólita, fuera del cotidiano. Como Alicia a través del espejo, masas de "Osis" comenzaron a cruzar al "West" para conocer de primera fuente lo que por durante tanto tiempo había sido demonizado en casa o endulzado por los canales de televisión occidentales ZDF y Sat 1.

Ya en julio cientos de alemanes de la RDA habían decidido emigrar a la RFA vía Austria, a través de la frontera abierta por Hungría. En octubre eran unos 50 mil los que habían ocupado ese paso. Marchas multitudinarias de la sociedad civil por la democratización de la RDA se sucedían por el centro de Berlín cruzando la Alexander Platz, bordeando el Palacio de la República, ante la observación atenta de la puerta de entrada de los Jardines Colgantes de Babilonia, construida por Nabucodonosor, que desde alguna conquista prusiana ahora pendían del Museo Pergamon a orillas del Spree.

Yo militaba desde los 14 años en las Juventudes Comunistas de Chile. A fines de 1988, cuando comenzó el movimiento social alemán, solicité que nuestro Partido, en tanto organización revolucionaria internacionalista, se hiciera parte del reclamo contra el estalinismo enquistado en el aparato del Estado que era cada vez más abierto de parte de las mayorías antes silenciosas de la RDA. El socialismo es democrático o no es, nos había enseñado a través de sus discursos Salvador Allende, y ahora nos tocaba a los revolucionarios chilenos acompañar y formar parte de esa ciudadanía que pujaba por más democracia en su país, ayudados por el contexto de la Glasnost y la Perestroika de Gorbachov en la URSS. Ante mi apasionado argumento un dirigente del Partido me respondió lacónicamente "no se meta en huevás compañero". Lo que hice fue salirme del Partido e ingresé a los Antifa Gruppen, a pelear en las calles contra los cabeza rapadas y organizar la defensa del socialismo pero reconquistándolo para la gente.

En una línea menos radical, pero más propositiva y transversal, la escritora Christa Wolff compartía la necesidad de darle un contenido auténticamente democrático al socialismo, por lo que organizó el Nuevo Foro que logró, con mucha efectividad en razón de la ética probada de sus integrantes, convocar a amplios sectores ciudadanos a movilizarse pacíficamente, a constituirse en sociedad civil activa. El 19 de septiembre de 1989 solicitó al Gobierno el certificado de reconocimiento de su asociación, el que fue rechazado bajo la acusación de "enemiga del Estado".

Cuando llegué a mi colegio no había un centro de alumnos elegido democráticamente. La calidad de la enseñanza era espectacular, también del deporte y de las artes, todos de acceso universal y gratuito para cualquier hijo de vecino. Pero la única organización que estaba permitida era la Juventud Libre Alemana, en la que militaban casi el 100% de mis compañeros. Si no estabas ahí era muy difícil generar luego una trayectoria laboral exitosa, me explicaban. La solidaridad con Chile contra Pinochet era generosa y comprometida, ¿pero porqué no actuaban por democratizar, por mejorar su propio país? "No te metas en huevadas", me respondían antes del 89 mis amigos alemanes, "solo conseguirás que te corten la beca en el colegio y te quedarás sin Bachillerato". Ellos no temían tanto a la ahora mítica Stasi, la seguridad interior del Estado, sino que no creían en la política como capacidad colectiva de transformación social. Habían perdido la fe en su propia capacidad de incidir en su destino.

El 25 de septiembre del 89, en la ciudad de Leipzig, miles de personas se decidieron a realizar una marcha todos los lunes. En Berlín las protestas pacíficas eran cada vez más frecuentes y las plazas bullían de debates. El 7 de octubre fuimos convocados por la directiva de nuestros colegios a asistir a la celebración del 40 aniversario de la RDA. Pasarían lista. Bordeando las calles nos dispusieron con banderitas de cartón a saludar a los jerarcas de los países socialistas del Este que venían a dar una señal de unidad del Pacto de Varsovia. Recuerdo haber visto pasar saludando a Gorbi con su mancha  en la calvicie -el mapa de Afganistán comentaban mis amigos-, y a Ceaucescu, quien moriría fusilado a los pocos meses por una revuelta en su contra en Rumania.

A la noche, frente al Palacio de la República, el histórico líder de la resistencia antifascista alemana y Jefe de Estado, Erick Honecker, arengó en un discurso con la voz quebrada por la avanzada edad a la Juventud Libre Alemana que había llegado con sus camisas azules y antorchas encendidas. Solo días después, el 18 de octubre, Honecker dimitiría de su cargo presionado por las movilizaciones sociales.

El 4 de noviembre, medio millón de personas nos reunimos en el centro de Berlín convocados por la Asociación de Artistas. Christa Wolff dio un discurso de defensa del socialismo, con fuertes críticas a quienes abandonaban el barco yéndose a la RFA, la tarea era recuperar el país para las mayorías, no hacerlo desaparecer. El 8 de noviembre el gobierno comunicó que habría elecciones libres y que se le otorgaba estatuto legal al Nuevo Foro. La esperanza en el cambio social se podía tocar con las manos. Obras de teatro antes prohibidas se exhibían, el Decálogo de Kiszlovszki se daba en el cine con traducción simultánea en vivo, regresaban artistas de izquierda disidentes como Wolf Biermann y revolucionarios como Walter Janka, antiguo comunista y combatiente de la guerra civil española, entregaban sus testimonios sobre el estalinismo y la necesidad de un socialismo democrático. El 9 de noviembre, estando en el club de literatura que frecuentábamos con mis amigos oímos el comunicado oficial de Schaboski: había permiso para pasar a Berlín Occidental.

Salimos del club pasadas las diez de la noche. Éramos miles de personas. Yo tenía visa múltiple por mi calidad de extranjero, lo que me permitía ir y volver entre los dos Berlines en forma continua. Pero ese extraño privilegio no lo tenían mis amigos. Yo pasaba "al otro lado" y les traía exquisitos sándwich turcos, los Kebab de Kreuzberg, libros de Nietzsche, Schopenauer y Sartre, y vinilos de los Stones y Neil Young. Esta vez sí se podía, y junto a Jirka, André, Thomas y Frank cruzamos la frontera. Mi intención era mostrarles la pobreza disimulada en occidente, sus prostíbulos en que las mujeres eran tratadas como objetos, la decadencia de los consumidores de drogas con sus jeringas en las calles, los cesantes vagando pidiendo limosna. Deseaba mostrarles las maldades del capitalismo para que no se arrepintieran de tener un país socialista, pero que faltaba democratizar.

No obstante, mis amigos caminaban entre las masas de Osis que se tomaron pacíficamente las calles principales de West Berlin, y miraban las construcciones, los negocios que a las once de la noche abrieron extraordinariamente sus puertas arrojando productos gratis a la gente. Con ojos grandes miraban a los alemanes del otro lado que también los miraban a ellos con ojos desorbitados. No oían mis plegarias militantes, mis observaciones radicales y sesudas sobre la estratificación social capitalista en clases distinta a la estratificación burocrática del Este. Caminamos cuadras y cuadras durante la noche. Los vi felices y tristes a la vez. Era Alemania también, pero no la de ellos, aunque tampoco sentían la RDA como propia.

Fuimos al cine, comimos en un restaurant chileno -donde había palta y muchos productos que escaseaban en la RDA-, brindamos por la amistad y a la madrugada regresamos para llegar a la hora al colegio. A las 8:30 estábamos puntuales todos en clases. Profesores y estudiantes con ojeras, todos habían cruzado por la noche. Nadie comentaba mucho, había la voluntad que la vida siguiera su curso normal, retomar las movilizaciones, generar propuestas. Sin embargo ya nunca más fue lo mismo. El mundo había cambiado. Las certezas por años aprendidas como axiomas, que otorgaban algún tipo de tranquilidad, se habían hecho añicos sin encontrar reemplazo. Lo que vieron al otro lado no era tan malo pero tampoco tan espectacular como para perder lo propio, pero esto ya era irreversible.

Una sorda desesperanza noté en ellos, no un entusiasmo revolucionario como soñaba Kant la experiencia moderna e ilustrada de la libertad y la autonomía. "Sé libre, usa tu razón" vociferaba el filósofo de Königsberg entusiasta del componente anímico de la revolución francesa. Pero aquí ocurría lo contrario. Algo había en el aire que los alemanes del Este notaban, algo que escapaba a su control. Un silencioso desencanto con todo, con lo propio y lo ajeno. Aún no desaparecía la RDA como país, pero ya se vivía el cambio, se observaba la canalización del proceso democratizador en otra cosa extraña que se jugaba no en la calle, en la plaza, en lo público, sino tras bambalinas de otra magnitud geopolítica. El proceso de anexión había comenzado.

A los años de ocurrido el 9 de noviembre mi amigo Thomas se suicidó. Su hermana también lo hizo. Y mi director del colegio también. Y varios más. No es que no celebraran la democracia, no es que quisieran regresar a lo que había. El mundo les cambió radicalmente, de haber logrado constituirse en pocos meses en actores sociales protagonistas de una posible nueva historia colectiva, pasaron a ser ciudadanos de segunda categoría de una sociedad y sistema económico preexistente, al cual fueron entregados en bandeja bajo el nombre de reunificación alemana por medio de las hábiles manos del canciller Kohl y el camarada Gorbachov. En la ex RDA advino el momento de desaprender colectiva e individualmente todo para aprender a seguir viviendo de una manera no escogida libremente.

Hay una memoria victoriosa del 9 de noviembre de 1989. A quienes escriben la historia les gusta poner hitos temporales y esa fecha simboliza la caída de la cortina de hierro, y el fin del muro de Berlín sirve de alegoría de lo que vendría con la desaparición de todo el bloque soviético. La conclusión del siglo XX corto, como le llama Hobsbawm, o directamente el fin de la historia, como clamó apurado Fukuyama por el triunfo del libremercado a escala planetaria. Sin embargo, eso no es todo.

Dicen que es muy probable que Neil Amstrong jamás pisara la luna y que toda aquella travesía no fue más que un montaje televisivo del genial Kubrick. En este otro caso el muro sí cayó, no cabe duda, pero no fue lo único que allí se derrumbó. Y tal vez lo principal: la destrucción quita lo que había, pero por sí misma no genera lo nuevo. Esa apertura a lo inédito, la conquista colectiva de una sociedad democrática y solidaria que no es el "capitalismo con rostro humano", es lo que el muro también se llevó. Pero la memoria de haber hecho la experiencia libertaria no se borrará y a no dudar habrán nuevos intentos, por muchos muros que se levanten en el camino. Persistir en el intento, abiertos con memoria a lo nuevo, quizá en eso consiste ser humanos.

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Celebración de los 50 años como escritora de nuestra amiga ALEJANDRA ZARHI

Celebración de los 50 años como escritora de nuestra amiga ALEJANDRA ZARHI

La ONG REENCUENTRO tiene el agrado de invitar a Usted a la celebración de los 50 años  como escritora de nuestra amiga ALEJANDRA ZARHI, esperamos contar con vuestra asistencia, le saluda atentamente, Graciela Arevalo Cruz, Presidenta, Ong Reencuentro. Adjuntamos invitacion.