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Centros Chilenos en el Exterior

Salvador Allende

ACTO DE FIRMA DE PROTOCOLO EN MONTREAL

ACTO DE FIRMA DE PROTOCOLO EN MONTREAL

SE FIRMÓ ACTA DE PROTOCOLO OFICIAL PARA LA REALIZACION DE UNA OBRA COMMEMORATIVA AL PRESIDENTE SALVADOR ALLENDE EN LA CIUDAD DE MONTREAL

César Carrasco Caviedes- Chileinforma.com

En una emotiva y significativa ceremonia , se firmó el protocolo oficial entre el alcalde de Montreal Gérald Tremblay  y el presidente de la Asociación de chilenos de Montreal Nelson Ojeda en representación de la Instancia de Coordinación de Organismos Chilenos en un proyecto conjunto con la Fundación Salvador Allende Montreal.

Con la participación de numeroso público, autoridades y representantes diplomáticos latinoamericanos, en el hall central de la Municipalidad, hicieron uso de la palabra el Presidente de la Fundación Salvador Allende. André Jacob, el cónsul de Chile Patricio Victoriano, el presidente de la Asociación de Chilenos Nelson Ojeda y finalmente el alcalde de la ciudad Gerald Tramblay en un fuerte y emotivo discurso destacó la importancia de preservar y transmitir  los valores del pensamiento de Salvador Allende que deseaba una sociedad mas justa, mas solidaria, mas humana y fraternal para todos los seres humanos.

Además de la destacada actuación del  conjunto musical "Acalanto", también se presento el video "Allende Vive" de César Carrasco director de Chileinforma.

En esta oportunidad la comunidad chilena y latinoamericana en forma generosa compró bonos de cooperación que se editaron para financiar esta obra que marcará la presencia de la comunidad chilena en Montreal,

 Fotos Chileinforma 10 nov 2008

 

 

 

Para EEUU, Salvador Allende era agente pagado por la KGB

Para EEUU, Salvador Allende era agente pagado por la KGB

Cine | 15.10.2008

Foto: Soldados llevan el ataúd del presidente Salvador Allende. 

La cinta “Henry Kissinger, secretos de una superpotencia”, del cineasta alemán Stefan Lamby, sostiene que EEUU creía que Salvador Allende era agente soviético. El documental será mostrado en la televisión franco-germana.

El gobierno de Estados Unidos intervino directamente contra el entonces presidente chileno Salvador Allende porque éste "era un agente pagado por el KGB" soviético, se había convertido en "una pesadilla personal" para el presidente Richard Nixon y "para evitar que se formara un segundo Cuba" en América.

Las explicaciones las ofrecen varios funcionarios de la administración Nixon en el documental "Henry Kissinger - secretos de una superpotencia", del realizador alemán Stefan Lamby, que se ofrece hoy en el canal de televisión franco-alemán "Arte". Kissinger, en aquel entonces consejero de Seguridad de la administración en Washington y después secretario de Estado, narra en el documental que Nixon tenía una obsesión para evitar que "Allende se convirtiera en un segundo (Fidel) Castro".

Foto: Fidel Castro a su llegada al aeropuerto de Santiago de Chile, el 10 de noviembre de 1971.

Fenómeno Castro

Para Nixon (presidente entre 1969 y 1974), "el fenómeno Castro era una cuestión muy emocional. Creía que había perdido las elecciones presidenciales de 1960 y también las elecciones a gobernador de California (1962) por culpa de Castro", sostiene Kissinger, detallando que "evitar en la figura de Allende un segundo Castro fue una obsesión (para Nixon), ese tema le preocupaba mucho más que cualquier otro", a pesar de la Guerra Fría con la Unión Soviética, el escándalo Watergate y el ataque militar de Egipto a Israel.

Alexander Haig, jefe de gabinete de Nixon que después sería jefe de la OTAN y secretario de Estado del gobierno bajo Ronald Reagan, afirma con vehemencia en el documental de Lamby que "Allende era un zurdo, trabajaba para el KGB, estaba pagado por ellos", refiriéndose al servicio de inteligencia soviético.

Foto: Richard Nixon durante una visita en Alemania.

Acciones encubiertas de la CIA

Para evitar la asunción de Allende a la presidencia en 1970 y después, para desestabilizar su gestión, Estados Unidos organizó, recuerda Haig, "una serie de acciones encubiertas a través de la CIA, similares a otras previas en América Latina, que habían sido muy exitosas incluso bajo administraciones anteriores, por ejemplo evitando la asunción de comunistas en Brasil y Guatemala. Y ese tipo de actividades fueron las que lanzó la CIA contra Allende".

Brent Scowcroft, estrecho asesor de Kissinger entre 1969 y 1975, confirma las acciones de desestabilización: "Apoyamos con dinero a gente que protestaba, para complicarle la situación a Allende. Las acciones encubiertas siempre fueron parte de la política de Estados Unidos".

Kissinger afirma en el documental que "personalmente no tuvo ningún plan" contra el gobierno socialista. "Nixon daba órdenes directas a los servicios de inteligencia, a las que yo por supuesto no me oponía".

Según Haig, existía "un comité en el que se analizaban las acciones contra Allende, y Kissinger era miembro e incluso lo dirigió". Además, "las actividades de la CIA son controladas por el Consejo de Seguridad, en el que estaba Kissinger", añade el ex general. "La CIA apoyaba, también económicamente, a un grupo como alternativa.

Foto: Hace más de 30 años que Henry Kissinger no ocupa ningún puesto político, pero su legado sigue siendo controvertido.

Asesinato de Schneider

Pero secuestraron a uno de sus allegados militares, el general (René) Schneider (jefe del Ejército leal a Allende) y lo mataron, fue una acción muy estúpida. No fue un plan de la CIA, no fue un plan americano, pero realizado por gente pagada por la CIA y, por lo tanto, según muchos de nuestros legalistas, ahí cabía nuestra responsabilidad", analiza Haig en el informe.

El propio Kissinger evade en el informe su responsabilidad directa en los hechos y recomienda al realizador "leer al respecto algún libro serio y no dejarse llevar por las tergiversaciones que se han hecho". A modo de explicación, se retrotrae a la época y defiende lo hecho en Chile:

"Era importante ocuparse porque en 1962 vimos cómo los rusos instalaron cohetes en Cuba y se construyó una base para submarinos en Cienfuegos. En Argentina había prácticamente una guerra civil. Esa política no fue un invento de Nixon, (los presidentes) Kennedy y Johnson también la practicaron, con la diferencia de que fueron más exitosos. Habían hecho lo mismo. Es todo lo que diré al respecto, no voy a hablar mas sobre ese tema".

Foto: Acuerdo de paz de París, que valió a Kissinger y su homólogo vietnamita, el premio Nobel de la Paz en 1973.

Papel de Kissinger

El documental, en el que además se analiza el rol de Kissinger en otros conflictos, como la guerra de Vietnam, y su vigente influencia como asesor del presidente George W. Bush, cita como testimonio la transcripción oficial de una llamada de Nixon a Kisinger cinco días después del golpe del general Augusto Pinochet contra Allende.

Según la transcripción, se produjo el siguiente diálogo:

Nixon: ¿Hay algo de importancia?

Kissinger: Nada que tuviera mayores consecuencias... La cosa en Chile se está consolidando y, por supuesto, los diarios critican porque se derrocó a un gobierno pro-comunista. En vez de festejarlo. En la era de (el presidente) Eisenhower hubiéramos sido héroes.

Nixon: Bueno, como sabe, no lo hicimos. Esta vez, no metimos nuestras manos en el asunto.

Kisinger: Bueno, no lo hicimos, pero ayudamos... a crear las condiciones favorables.

DPA

DW-WORLD.DE

 

La subterránea disputa por homenajear a Allende

La subterránea disputa por homenajear a Allende

3 de Octubre de 2008

El PS versus la Fundación

A cien años de que naciera, su nombre se ha convertido en una codiciada marca que inspira a dos corrientes separadas: la Fundación Salvador Allende, que controla la familia por un lado, y el Partido Socialista, por el otro. Ambas representan las facciones heridas después de las elecciones internas de la colectividad, que llevan el conflicto fuera de la sede y se enfrentan por capitalizar un trozo del ícono más potente de la izquierda chilena. Cada bando hará su propio concierto.

Por Felipe Saleh / Diario elctrónico El Mostrador

Si del Che Guevara quedó la fotografía que tomó Alberto Korda, como la imagen inmortal del guerrillero mirando al horizonte, plasmada en chapitas y camisetas, de Allende los interesados en conmemorarlo rescataron sus anteojos negros de marco grueso para estamparlo en los afiches con los que promocionan dos recitales en honor de su cumpleaños numero cien.

No es difícil confundirse. Mientras el Partido Socialista auspicia un concierto titulado "100 años de Allende, 100 años de Chile", promocionado por un afiche con los anteojos sobre un fondo rojo, la Fundación Salvador Allende (FSA) presentó el pasado miércoles los diseños con que publicitan el evento programado para el 7 y 8 de noviembre en el Estadio Nacional. No hay mucho espacio para darse vueltas, el evento se llama "Cien años, mil sueños", y también usa los anteojos, pero esta vez sobre un fondo de colores y con los ojos dentro de los marcos.

La armada española

Puede que el pueblo se enrede, pero los organizadores tienen bien claro quién es quién. Según la diputada Isabel Allende, quién tiene el control de la FSA, el homenaje de mañana "es parte de lo que el Partido Socialista está haciendo un poquito retrasado, porque nosotros comenzamos las actividades del centenario en enero". La parlamentaria toma distancia del partido dejando al descubierto que las heridas siguen abiertas desde que la facción de las "Grandes Alamedas", a la que ella pertenece, perdiera las elecciones internas de abril, a manos de la "Nueva Izquierda", encabezada por el senador Camilo Escalona. En efecto, el concierto de mañana fue articulado por un equipo encabezado por el "tercerista" Marcelo Schilling y Francisco Aleuy, presidente del directorio del diario La Nación. Según Patricia Espejo, directora de la FSA "hubiera sido muy bueno hacer un concierto juntos pero la razón hay que preguntársela a Marcelo Schilling, por el que tengo mucho cariño". Ahora, el ambiente no es confrontacional como en las "sangrientas" elecciones internas.

Isabel Allende sabe que esta vez tiene todo el poder de su lado. En enero viajó a España para hablar personalmente con Víctor Manuel, que hará de productor del show y también con Miguel Bosé. Ambos cada vez que vienen se juntan a comer con la diputada y visitan a la viuda Hortensia Bussi. Bosé logró el fichaje del colombiano Juanes, una demostración de fuerza para la competencia. La hija del ex mandatario señala relajada que "no puedo evitar que florezcan las flores, pero este homenaje no tiene ningún afán de lucro".

Mientras el partido se asoció con el productor Alfredo Troncoso, para armar una parrilla exclusivamente local (Los Tres, Denisse Malebrán, Manuel García, Chinoy), detrás de "Cien Años Mil Sueños" está la empresa Romero & Cambell, favorita del oficialismo a la hora de la gestión cultural. Dueños de una red inmejorable en el ambiente artístico la agencia de Carmen Romero logró convocar a más de 50 artistas, incluyendo una decena de actores que harán una versión musicalizada del discurso que Allende dio después de asumir el mando.

Cuatro millones de clientes

La última vez que los dos bandos estuvieron juntos fue el 21 de junio de este año en que la formación de Inti Illimani liderada por Jorge Coulon dio un concierto gratuito en la Plaza de la Constitución. La consecuencia natural era que en la producción del evento en el Nacional participara Troncoso, responsable de "Allende, el sueño existe", montado para recordar los 30 años. Pero la fundación por razones "logísticas" según explicó en septiembre la directora de la FSA Patricia Espejo, se decidió seguir con Romero & Cambell. Sin embargo, fuentes cercanas a la producción asocian la salida de Troncoso a su historial de malos manejos consignado en la página del Poder Judicial, que incluye demandas recientes, presentadas el año pasado.

En la superficie hay una separación amistosa. "Nosotros hemos mostrado lo que vamos a hacer a la diputada Isabel Allende y tenemos excelentes relaciones con la fundación, incluso les prestamos el video promocional que grabamos", dicen en Macondo. La versión de la FSA, conserva los buenos modales, pero desmiente que el video disponible en el sitio asociado al evento PS, pero con los artistas que participarán en el concierto de la fundación, sea propiedad del equipo comandado por Troncoso. "Fueron ellos los que nos pidieron nuestra sala de archivo para grabar el video", dice Patricia Espejo. Dejando ver el fondo del asunto que se ve más claro teniendo en cuenta la rentabilidad asociada a Allende en las últimas semanas.

Con 4 millones de votos, el ex presidente fue elegido ganador entre los "Grandes Chilenos" en el concurso organizado por TVN. A eso se suma la elección de Allende como el político más admirado según una encuesta del gobierno que incluyó otros cuatro personajes (Frei Montalva, Pinochet, Alessandri Palma y Diego Portales). En junio Correos lanzó un sello postal para conmemorar el centenario. La presidenta Bachelet restauró el salón donde el ex presidente murió y la fundación planea seguir festejando hasta el próximo año, con el lanzamiento de documentales, libros y un seminario laboral.

Aunque el aparato del PS encargado de homenajear al más ilustre de sus militantes cuenta con algunos medios de comunicación, como The Clinic, para distribuir su propio merchandising, la familia representada en la fundación es la que tiene los aliados más poderosos, empezando por la viuda de Roberto Matta, que donó un cuadro del pintor surrealista, que se suma a los otros 3 mil piezas de arte contemporáneo que Isabel Allende quiere meter en la bodega y los salones que serán construidos con los excedentes del concierto.

Por lo demás hace cuatro años la hija de Allende ganó un round con la galerista Carmen Waugh esposa del senador Ricardo Núñez para decidir si el Estado o la FSA se quedaba con las obras donadas después del ’73. Ganó la parlamentaria. A Waugh no le sirvió su estrecha amistad con Luisa Durán, que consiguió la mediación de Lagos, pero que terminó alejándose de la fundación. Pero si aún es difícil matricularse en algún bando, la FSA en su página web ofrece la posibilidad de escribir: "¿Cuál es tu onda con Allende?

Canción para el "Chicho"

Canción para el "Chicho"

La Nación

Jueves 2 de octubre de 2008   

Músicos chilenos escriben sobre Salvador Allende en su centenario

¿Qué imágenes los asaltan cuando piensan en el Presidente? ¿Cómo le contarían el Chile de hoy? o ¿qué le pedirían si se lo encontrasen en sueños? Denisse Malebrán, Manuel García y Chinoy dedican algunas líneas al "Chicho", a días de participar en "Allende 100 años", el concierto que se realizará el 4 de octubre a las 21 horas en el Estadio Víctor Jara.

 Foto:  Denisse Malebrán: "La historia no se olvida, se aprende y se enseña"

Allende guarda un lugar en mi casa desde siempre. Como una animita que obliga a contar a mis descendientes que la historia no se olvida, se aprende y se enseña. A mí me la enseñó mi madre, quien abandonada por la pobreza y el abandono, se escapó de la vida campesina cuando era una nenita. Desde Viluco llegó a vivir a Paine, específicamente a la casa de unos parientes lejanos, la cual fue la sede del PS de esa localidad. Su vida y la de todos se marca a partir de esa suerte de adopción. Conoció al Presidente como un señor amable y generoso.

Y a partir de eso, sin saber nada de política, salió a la calle a pintar la alegría de sentirse parte de un mundo, negado hasta ese entonces, para los más humildes. Cuando me contó su historia, yo ya llevaba meses en manifestaciones contra la dictadura, con apenas 11 años. Ahora imagino a Allende viajando y recorriendo el país en tren, algo que otros políticos parecen nunca haber puesto en marcha. También imagino la gente en la calle, disfrutando del arte y la cultura, con los grandes de la Nueva Canción Chilena cantando para el pueblo. Y los carteles de los hermanos Larrea adornando el gris de nuestro amargo Santiago. Si tuviese la oportunidad de hablarle, le preguntaría si imaginó que el golpe militar duraría tantos años. Y que éste sería tan nefasto para un país completo, con tantos muertos por creer en sus sueños, con tantos desaparecidos sin rastros en 35 años. Acusaría a quienes alzan su misma bandera, pero con fines opuestos a sus ideales. Y le diría que debe estar orgulloso de su hija Isabel, quien ha sido una gran defensora de su obra y destacada mujer política.

FOTO_02 W:200 H:150 9 kb Foto: Manuel García: "Me encantaría lucir unos lentes como los de él"

Cuando pienso en Salvador Allende me imagino un hombre que puede estar en mil partes a la vez: en La Moneda en llamas, conversando con sus amigos, comiendo con su familia, dando un discurso en un país lejano, dentro de un poema, flotando por la historia, haciéndose parte de la sangre de una canción o mirando el suelo con un grupo de obreros. Veo su bigote, sus lentes y sus manos y siento nostalgia por mi abuelo, porque definitivamente su olor era el de Allende.

Si me lo encontrara en sueños, él sería un campesino y yo un pescador. Le pediría que me escuchara, miraría el fondo de sus ojos, trataría de adivinar cosas en su silencio, y le pediría que me enseñara a sembrar la tierra. Le diría que en el Chile de hoy hay hombres que todavía se pierden en las líneas de sus propias manos. Y que me encantaría lucir unos lentes como los de él. Sobre el homenaje que realizaremos este 4 de octubre, siento profunda emoción. No todos los días la poesía cumple 100 años. Y será como asistir al cumpleaños de un amigo. ¿El regalo? Será una sorpresa.

Pero ¿cuándo fue la primera vez que escuché su nombre? Su cara me es familiar desde el año 73. En ese entonces se asomó por la ventana de la casa de cholguán una mujer a muy mal traer. Le decían o se llamaba Loli. Le gritó a mi madre: "¡Vecina!", pero se asomó mi padre y la mujer dijo: "Saquen eso de ahí o van a venir los milicos y se los van a llevar cagando". Por fuera de la casa alguien había pegado un afiche de Salvador Allende. Fue la primera vez que lo vi.

FOTO_05 W:200 H:150 9 kb Foto: Chinoy: "Allende era una especie de superhéroe"

Como no lo conocí directamente me hice de cosas de él: cuentos, cosas que se ven en la tele. En San Antonio, que es donde crecí, viví cerca de cabros que tenían viva la imagen de este caballero. Una especie de mesías, cuyos discursos tocaban la conciencia de todos y que gobernaba desde el corazón, el cual siempre es un buen lugar para vivir y morir. Allende es de esos tipos que no se ven ahora en la política, una especie de superhéroe y de pensador adelantado que imagino divertido y preciso, entre otras virtudes que lo pusieron en la historia como un hombre que flexibilizó los ideales para no alcanzarlos por la vía armada, que construyó un ideal de país de manera amigable. Bajo sus pies cayó el peso de toda una época. Era un pequeño Dios, un artista de la política. Si tuviera la posibilidad de encontrármelo, le pediría que me prestara su chaqueta de cuero. Se la vi en una fotografía y creo que no le molestaría pasármela. Yo le tengo un sobrenombre que esperaría no le molestara: Cara de tapir, esos elefantes pequeños que por lo demás traen buena suerte. Además le contaría que siempre van a estar naciendo pequeños Allende en la Tierra, aunque con una mínima aparición en la historia. Que para vivir en esta mala tierra, hay que ser una planta dura Me invitaron a tocar para los 100 años de su nacimiento y estoy contento. Porque la idea de colaborar con la memoria, ésa que está ramificada en todos nosotros es siempre un buen motivo. Y porque creo que se tiene que seguir cantando a gente como él. Supongo que podría dedicarle una canción: "Ángel de la cuadra".

 

Salvador Allende fue un verdadero revolucionario

Salvador Allende fue un verdadero revolucionario

Intervención en la presentación de "Compañero Presidente. Salvador Allende, una vida por la democracia y el socialismo"

 Jorge Arrate

Reflexión y Liberación

Rebelión

Han transcurrido cuarenta años desde mayo de 1968, cien desde el nacimiento de Allende. Pero sólo dos años separan el "mayo francés" del triunfo de la Unidad Popular en septiembre de 1970. Ambos acontecimientos --muy diversos entre sí-- se inscriben en el registro de las luchas de quienes han querido cambiar el mundo y la vida, construir otra convivencia, una nueva humanidad. Son también parte de un mismo tiempo, aquel en que proponer una sociedad distinta, más justa y libre, no pudo ser prohibido o acallado por sistemas políticos excluyentes o por los medios controlados por los dueños del gran capital. Esa fue una época en que la utopía era una tensión indispensable en el ejercicio de la política de izquierda. En esos tiempos emergió Allende y alcanzó las mayores alturas su proyecto político.

Ambos procesos --ese "mayo" con su rebeldía y especialmente Allende y su idea de un Chile popular-- marcaron a mi generación. Aplicar ese legado para diseñar futuro, en un mundo como el actual, es un desafío que aún no hemos sido capaces de superar. Es una deuda política y moral.

He traído a colación el "mayo francés" particularmente para recordar que Sartre atribuyó a aquel movimiento la capacidad de generar lo que él llamó la "expansión del campo de lo posible". En esa expresión nos hizo ver aquello que los mecanismos de disciplinamiento y control social impuestos por los grupos dominantes intentan ocultar: lo "posible" y lo "imposible" son construcciones. Por eso uno de los desafíos a superar es construir "posibles" y vulnerar supuestos "imposibles".

En el Chile del 2008 tratan de convencernos ---y han tenido éxito con una parte sustancial de la ciudadanía--- que estamos cercados de imposibles. Constatamos, sin embargo, que lo que ellos llaman "imposibles", son muchas veces aspiraciones razonables, sensatas, cuando no elementales. Una Constitución consagrada mediante voto popular, ¿no es acaso razonable? ¿No es sensato plantearse políticas de defensa de las riquezas básicas cuando una transnacional del cobre obtiene en un año más ganancias que todas las minas que nacionalizó Allende? ¿No es elemental terminar con las exclusiones en el Congreso Nacional? ¿No es razonable que la ley habilite a la gran mayoría de los trabajadores para negociar colectivamente? ¿No es sensato fortalecer la educación pública --la pública, quiero decir, la auténticamente pública y no la que se afana por el lucro-- y levantar las trabas económicas para ingresar a la educación superior? Sinceramente, esto y más, es razonable y posible en el Chile de 2008.

Amigas y amigos críticos, rebeldes, esperanzados, imaginativos: Creo que Mario Amorós, a quien había leído pero no conocía personalmente, ama a Chile, seguramente desde que nació en 1973. Ha dedicado a nuestro país y a nuestra izquierda mucha reflexión y varios textos. Creo que uno de los motivos principales de su amor por nuestra historia, es Salvador Allende.

En el libro que hoy presentamos Amorós recorre la vida política de Allende con pluma segura y sin dejar escapar ni un instante significativo. Demuestra cómo en su incansable transcurrir vital, desde su iniciación a los textos revolucionarios gracias al zapatero anarquista italiano Juan Demarchi, hasta el instante de su muerte, Allende expandió el campo de lo posible, no se dejó intimidar por los "imposibles" aparentes, construyó un horizonte viable de cambio social radical.

De particular interés es la reconstrucción que realiza Amorós sobre el período de gobierno de la Unidad Popular y sus múltiples conflictos y opciones. Hay en el libro una mirada comprometida pero suficientemente distante como para evitar prejuicios o juzgamientos. En este sentido, Amorós no toma partido definitivo con alguno de los actores de la izquierda social y política, más bien nos expone diferencias, alternativas, reacciones. Encuentros y desencuentros.

Es también apropiada la claridad con que Amorós registra la intervención estadounidense en el periplo político de Allende y luego en su derrocamiento. Nunca será suficiente subrayar cómo la acción del gobierno de los Estados Unidos fue de significativa para el destino de la Unidad Popular. Y --- ¡qué duda cabe! ---- la acción desestabilizadora, ilegal, terrorista en muchos casos, de sectores significativos de la derecha chilena. A ello se suman las debilidades y errores nuestros, de la Unidad Popular, y las vacilaciones y compromisos de la Democracia Cristiana.

La injerencia desvergonzada de la CIA en Chile comenzó su período de máximo vigor luego de la Revolución Cubana. Por una parte, el triunfo revolucionario de Fidel Castro en 1959 impactó fuertemente a Allende. Quizá si el Allende antes de Fidel fuera un político más tradicional, más "reformista", como se usaba decir, con tono peyorativo, en una época en que ser tal era un claro signo de moderación y en que el dilema reforma-revolución continuaba siendo eje de los debates de la izquierda mundial y particularmente de la latinoamericana. En todo caso, más allá del impacto personal, la Revolución Cubana significó un cambio radical en las circunstancias que rodeaban el proyecto allendista y muy especialmente en la percepción que generaba. Me atrevería a decir que el proyecto de Allende en las elecciones de 1952 y 1958 fue percibido más cercano a la idea central que animó al Frente Popular de 1938, que al de un proceso revolucionario destinado a dar inicio a la construcción del socialismo. En cambio, ya en las elecciones de 1964 y 1970 Allende y su programa adquirieron otro significado. El continente estaba conmocionado por la experiencia cubana. Algo ocurría en el "patio trasero" de la gran potencia norteamericana.

El libro de Amorós, por otra parte, contribuye a reponer los términos del debate siempre vigente sobre Allende y la Unidad Popular. La pregunta clave que los detractores eluden es: ¿por qué existió Allende y la Unidad Popular? Algunos han dicho que fue un accidente en la historia de Chile. Eso quisieran. Uno podría coincidir con una cierta interpretación de este aserto, que no es obviamente la de quienes lo formulan: la historia de Chile fue, hasta Allende, la historia del predominio de un pequeño sector de la sociedad sobre la mayoría. Encomenderos, latifundistas y oligarcas, rentistas del salitre y del cobre e industriales protegidos por el estado, condujeron --- con estremecimientos, como el triunfo del Alessandri popular en 1920 y el del noble Pedro Aguirre Cerda en 1938 -- cuatro siglos de historia.

Entonces, el fuerte enfrentamiento social que se produjo durante el gobierno de Allende tiene una explicación primaria: los intereses y privilegios centenarios de los grupos dominantes corrieron, por primera vez, un riesgo serio. La masa allendista, el pueblo de Allende, comunistas, socialistas, radicales, cristianos revolucionarios, sindicalistas, jóvenes, mujeres, pobladores, obreros y campesinos, creyeron que podían mandar, que su opinión y participación tenían un valor irreemplazable, que eran dignos para gobernarse y gobernar, que eran capaces de construir un Chile distinto.

La combinación de esos dos factores, el largo y laborioso desarrollo del movimiento de masas y la radicalización de los procesos sociales en América Latina, dieron lugar a aquel empeño por cambiar el signo del poder económico, social y político en Chile. Es la única oportunidad en nuestra historia en que un proyecto de esa naturaleza ha tenido posibilidades de realizarse. Es, por tanto, un gran momento histórico, pienso que el más importante del siglo XX.

En ese esfuerzo digno y justo creo que, como ya señalé, la izquierda ---el gran protagonista colectivo--- mostró debilidades y cometió errores. Era un camino inexplorado. Todos los actores políticos tuvieron vacilaciones, dudas no resueltas, percepciones no suficientemente afinadas. Incluso Allende, que fue un héroe, un pertinaz elaborador de un proyecto histórico de izquierda, un líder social imbatible y, también --no lo olvidemos--, un ser humano. En el libro de Mario Amorós surgen con claridad aquellos momentos decisivos, cuando algo distinto pudimos hacer para evitar el destino fatal que algunos presagiaban y que la derecha procuraba con afán.

Sigo pensando que la democracia y el socialismo deben complementarse imaginativa y eficazmente, como Allende creyó. Pienso también que Allende fue un verdadero revolucionario, un revolucionario que creía en la democracia. Marxista y revolucionario. Así se consideró a sí mismo, así lo sostuvo mil veces. Fue un revolucionario por la radicalidad de sus objetivos, en la mejor tradición de la izquierda chilena que Eugenio González había sintetizado: "Se es revolucionario por los fines, no por los medios que se emplean".

Al comienzo de aquellos mil días, tuve el privilegio de trabajar como joven asesor económico de Allende en La Moneda antes de ser destinado al sector minero, donde viví con intensidad el proceso de nacionalización del cobre. Compartíamos oficina, a pasos del despacho presidencial, con mi inolvidable amigo Arsenio Poupin, que era el asesor jurídico, hasta hoy desaparecido. Hablábamos con el Presidente varias veces durante la jornada y a veces terminábamos el día escuchando sus reflexiones o comentarios, en ocasiones llenos de humor, sobre los acontecimientos del día. Éramos jóvenes y admirábamos a Allende. Pero, mirados los hechos en retrospectiva, éramos algo presuntuosos, algo impetuosos, también. De allí que concibiéramos la idea de someterlo a la sutileza de nuestro lenguaje. Cuando no concordábamos con sus decisiones nos dirigíamos a él como "Presidente". Cuando no éramos negativos pero tampoco entusiastas nos referíamos a Allende como "Doctor". Y cuando participábamos plenamente de sus ideas o acciones le decíamos "Compañero".

Allende, perceptivo como era, receptivo como era, se dio cuenta de nuestro juego. Nunca nos dijo nada, a veces esbozó una sonrisa irónica. Nosotros llegamos a creer ingenuamente que aquella táctica tenía en él alguna influencia. Pero un repaso de acontecimientos indica que en muchos casos no hizo como nuestro ímpetu hubiera deseado. Y esos recuerdos de juventud me dicen además que Allende tenía razón, que hizo bien. Bien, digo yo, la mayoría de las veces, casi siempre, en aquellos inolvidables mil días. El título que Mario Amorós ha elegido para su texto sobre Salvador Allende es entonces justo y preciso, y es la fórmula que a él lo enorgullecía: "Compañero Presidente".

- Intervención en la presentación del libro de Mario Amorós Compañero Presidente. Salvador Allende, una vida por la democracia y el socialismo (Publicaciones de la Universidad de Valencia, 2008. 372 págs.) en el Instituto de Ciencias Alejandro Lipchstuz (Santiago de Chile) el 24 de junio de 2008.

- Jorge Arrate fue ministro de Minería del Presidente Salvador Allende, secretario general del Partido Socialista de Chile y desde 1990 ministro y embajador de distintos presidentes.

http://www.jorgearrate.cl/

 

 

Allende fue elegido como el chileno más grande de la historia

Allende fue elegido como el chileno más grande de la historia

Lanacion.cl 

Miércoles 17 de septiembre de 2008  | 23:55   

Con un estrecho 38,81 por ciento, el ex presidente Salvador Allende fue elegido esta noche como el más grande chileno de la historia, secundado por el capitán Arturo Prat, quien llegó al final de la jornada con un 38,44 por ciento.

La vida y obra de la artista y folclorista Violeta Parra cerró la serie de documentales en los que cada uno de los defensores de los diez personajes chilenos expuso en la pantalla de TVN sus razones para elegirlo como el más destacado.

Héroes como Manuel Rodríguez, José Miguel Carrera y Lautaro junto a los poetas Pablo Neruda y Gabriela Mistral, el Padre Hurtado, el cantautor Víctor Jara y la Violeta compitieron junto a Prat y Allende por más de dos meses hasta llegar al cierre de las votaciones, previo el último debate de sus defensores.

Finalmente, el ex mandatario se situó en el primer lugar.

 

Mi pueblo ha sido el más traicionado de este tiempo.

Mi  pueblo ha sido el más traicionado de este tiempo.

De los desiertos del salitre, de las minas submarinas  del carbón, de las alturas terribles donde yace el cobre  y lo extraen con trabajos inhumanos las manos de mi  pueblo, surgió un movimiento liberador de magnitud  grandiosa. Ese movimiento llevó a la presidencia de  Chile a un hombre llamado Salvador Allende, para que  realizara reformas y medidas de justicia inaplazables,  para que rescatara nuestras riquezas nacionales de las  garras extranjeras.

Donde estuvo, en los países más lejanos, los pueblos  admiraron al presidente Allende y elogiaron el  extraordinario pluralismo de nuestro gobierno. Jamás en  la historia de la sede de las Naciones Unidas, en Nueva  York, se escuchó una ovación como la que le brindaron al  presidente de Chile los delegados de todo el mundo.

Aquí en Chile se estaba construyendo, entre inmensas  dificultades, una sociedad verdaderamente justa, elevada  sobre la base de nuestra soberanía, de nuestro orgullo  nacional, del heroísmo de los mejores habitantes de  Chile. De nuestro lado, del lado de la revolución  chilena, estaban la Constitución y la ley, la democracia  y la esperanza.

Del otro lado no faltaba nada. Tenían arlequines y  polichinelas, payasos a granel, terroristas de pistola y  cadena, monjes falsos y militares degradados. Unos u  otros daban vueltas en el carrusel del despecho. Iban  tomados de la mano el fascista Jarpa con sus sobrinos de  "Patria y Libertad", dispuestos a romperles la cabeza y  el alma a cuanto existe, con tal de recuperar la gran  hacienda que ellos llamaban Chile. Junto con ellos, para  amenizar la farándula, danzaba un gran banquero y  bailarín, algo manchado de sangre; era el campeón de  rumba González Videla, que rumbeando entregó hace tiempo  su partido a los enemigos del pueblo. Ahora era Frei  quien ofrecía su partido demócrata - cristiano a los  mismos enemigos del pueblo, y bailaba además con el ex  coronel Viaux, de cuya fechoría fue cómplice.

Estos eran los principales artistas de la comedia.  Tenían preparados los viveros del acaparamiento, los  "miguelitos", los garrotes y las mismas balas que ayer  hicieron de muerte a nuestro pueblo en Iquique, en  Ranquil, en Salvador, en Puerto Montt, en la José María  Caro, en Frutillar, en Puente Alto y en tantos otros  lugares. Los asesinos de Hernán Mery bailaban con  naturalidad santurronamente. Se sentían ofendidos de que  les reprocharan esos "pequeños detalles".

Chile tiene una larga historia civil con pocas  revoluciones y muchos gobiernos estables, conservadores  y mediocres. Muchos presidentes chicos y solo dos  presidentes grandes: Balmaceda y Allende.

Es curioso que los dos provinieran del mismo medio, de  la burguesía adinerada, que aquí se hace llamar  aristocracia. Como hombres de principios, empeñados en  engrandecer un país empequeñecido por la mediocre  oligarquía, los dos fueron conducidos a la muerte de la  misma manera.

Balmaceda fue llevado al suicidio por resistirse a  entregar la riqueza salitrera a las compañías  extranjeras. Allende fue asesinado por haber  nacionalizado la otra riqueza del subsuelo chileno, el  cobre. En ambos casos la oligarquía chilena organizó  revoluciones sangrientas. En ambos casos los militares  hicieron jauría. Las compañías inglesas en la ocasión de  Balmaceda, las norteamericanas en la ocasión de Allende,  fomentaron y sufragaron estos movimientos militares.

En ambos casos las casas de los presidentes fueron  desvalijadas por órdenes de nuestros distinguidos  "aristócratas". Los salones de Balmaceda fueron  destruidos a hachazos. La casa de Allende, gracias al  progreso del mundo, fue bombardeada desde el aire por  nuestros heroicos aviadores.

  Sin embargo, estos dos hombres fueron muy diferentes.  Balmaceda fue un orador cautivante. Tenía una complexión  imperiosa que lo acercaba más al mando unipersonal.  Estaba seguro de la elevación de sus propósitos. En todo  instante se vio rodeado de enemigos. Su superioridad  sobre el medio en que vivía era tan grande, y tan grande  su soledad, que concluyó por reconcentrarse en si mismo.  El pueblo que debía ayudarle no existía como fuerza, es  decir, no estaba organizado. Aquel presidente estaba  condenado a conducirse como iluminado, como un soñador:  un sueño de grandeza se quedó en sueño. Después de su  asesinato, los rapaces mercaderes extranjeros y los  parlamentarios criollos entraron en posesión del  salitre: para los extranjeros, la propiedad y las  concesiones; para los criollos las coimas.

Recibidos los treinta dineros todo volvió a su  normalidad. La sangre de unos cuantos miles de hombres  del pueblo se secó pronto en los campos de batalla. Los  obreros más explotados del mundo, los de las regiones  del norte de Chile, no cesaron de producir inmensas  cantidades de libras esterlinas para la City de Londres.

 Allende nunca fue un gran orador. Y como estadista era  un gobernante que consultaba todas sus medidas. Fue el  antidictador, el demócrata principista hasta en los  detalles. Le tocó un país que ya no era el pueblo bisoño  de Balmaceda; encontró una clase obrera poderosa que  sabía de que se trataba.

  Allende era dirigente colectivo; un hombre que, sin  salir de las clases populares, era un producto de la  lucha de esas clases contra el estancamiento y la  corrupción de sus explotadores. Por tales causas y  razones, la obra de que realizó en tan corto tiempo es  superior a la de Balmaceda; más aun, es la más  importante en la historia de Chile. Sólo la  nacionalización del cobre fue una empresa titánica, y  muchos objetivos más se cumplieron bajo su gobierno de  esencia colectiva.

  Las obras y los hechos de Allende, de imborrable valor  nacional, enfurecieron a los enemigos de nuestra  liberación. El simbolismo trágico de esta crisis se  revela en el bombardeo del Palacio de Gobierno; uno  evoca la Blitz Krieg de la aviación nazi contra  indefensas ciudades extranjeras, españolas, inglesas,  rusas; ahora sucedía el mismo crimen en Chile; pilotos  chilenos atacaban en picada el palacio que durante  siglos fue el centro de la vida civil del país.

 Escribo estas rápidas líneas para mis memorias a sólo  tres días de los hechos incalificables que llevaron a la  muerte de mi gran compañero el presidente Allende. Su  asesinato se mantuvo en silencio; fue enterrado  secretamente; sólo a su viuda le fue permitido acompañar  aquel inmortal cadáver. La versión de los agresores es  que hallaron su cuerpo inerte, con muestras de visible  suicidio. La versión que ha sido publicada en el  extranjero es diferente. A renglón seguido del bombardeo  aéreo entraron en acción los tanques, muchos tanques, a  luchar intrépidamente contra un solo hombre: el  Presidente de la República de Chile, Salvador Allende,  que los esperaba en su gabinete, sin más compañía que su  corazón, envuelto en humo y llamas.

Tenían que aprovechar una ocasión tan bella. Había que  ametrallarlo porque nunca renunciaría a su cargo. Aquel  cuerpo fue enterrado secretamente en un sitio  cualquiera. Aquel cadáver que marchó a la sepultura  acompañado por una sola mujer que llevaba en si misma  todo el dolor del mundo, aquella gloriosa figura muerta  iba acribillada y despedazada por las balas de las  metralletas de los soldados de Chile, que otra vez  habían traicionado a Chile.

 

- Vota por Allende -

Porque es un granchileno y por La defensa del cobre

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La nacionalización traicionada

Por Hernán Soto Henríquez

En diciembre de 1970, en el mensaje enviado al Congreso para nacionalizar la gran minería del cobre, el presidente Salvador Allende constataba los “niveles increíbles de falta de información” del país en torno al cobre, a su explotación y a su significado. Casi cuarenta años después -tanto con dictadura como con gobiernos democráticos- esa desinformación continúa, porque conviene a los intereses de las transnacionales mineras que intervienen en la explotación y aprovechamiento de los yacimientos de cobre.

La nacionalización del cobre, en julio de 1971, fue la principal medida económica y de cambio estructural del gobierno de Salvador Allende. Para muchos especialistas constituye la principal medida económica adoptada en Chile en el siglo XX. El cobre fue tema central en la vida política de Allende. Estuvo presente en todas sus campañas presidenciales.

La nacionalización constituyó un éxito histórico. En el período posterior, Codelco se ha convertido en una de las empresas más importantes del mundo, con cuyos excedentes desde la nacionalización, de sesenta mil millones de dólares, Chile ha financiado infraestructura, gasto social y hasta armamento y equipos para las FF.AA. Manejada por técnicos chilenos, pasó a ser una empresa de alta eficiencia y tomó en sus manos la comercialización de una producción cuyo valor al momento de ser nacionalizada representaba el 70 por ciento de las exportaciones chilenas.

Sin embargo, y debido al golpe militar y sus secuelas y a la pasividad de los gobiernos de la Concertación, no se convirtió en el centro y motor de la economía, como era la idea original, dinamizando investigación, avance tecnológico, empresas encadenadas y crecientes grados de agregación de valor mediante manufactura del cobre y metales asociados y/o derivados de la explotación.

A partir de los años 90 la penetración de las transnacionales se hizo abrumadora. A la fecha, más de dos tercios de la producción de la gran minería proviene de empresas cupríferas privadas -casi todas transnacionales- que han obtenido enormes ganancias. Sin embargo, produciendo dos veces más que Codelco, pagan menos impuestos que la empresa estatal. Incluso se las arreglan para evadirlos. En estos momentos el Servicio de Impuestos Internos investiga a las mineras que declararon y pagaron un veinte por ciento menos de impuestos que el año 2006.

Uno de los objetivos del golpe militar de 1973 fue recuperar el favor de las compañías norteamericanas del cobre y del gobierno presidido por Richard Nixon. En este afán de “normalización” (y pago de favores conspirativos) se indemnizó a las cupríferas norteamericanas (Anaconda, Kennecott y Cerro Corporation) con varios cientos de millones de dólares. Se vulneró el proceso de nacionalización que había aprobado unánimemente el Congreso en 1971, conforme al cual ni Anaconda ni Kennecott recibieron en su oportunidad pago por la expropiación, debido a rentabilidades excesivas que fueron descontadas del valor de los activos. Estimando utilidades normales hasta de un 12 por ciento, esas empresas norteamericanas las habían excedido ampliamente: Braden (filial de Kennecott) había tenido un promedio anual, entre 1955 y 1970, de 52 por ciento en el conjunto de sus negocios y Anaconda una utilidad media del 21,5 por ciento, en igual período.

Junto con cancelar indemnizaciones a gusto de las compañías, la Junta Militar decidió estimular aún más la inversión extranjera, mediante el Decreto Ley 600 que otorgó privilegios y granjerías que sólo podrían haberse establecido en dictadura, por no existir posibilidad de crítica ni menos de oposición. Sin embargo, ni el pago de indemnización a las empresas mineras norteamericanas ni el nuevo Estatuto del Inversionista Extranjero (DL 600) lograron la anhelada afluencia de capitales foráneos.

Apelando a la memoria

Con la nacionalización del cobre durante el gobierno de Salvador Allende culminó una lucha que se había prolongado por decenios. Se había generalizado la conciencia de que la acción de las compañías norteamericanas que controlaban el cobre era nefasta para Chile. Con un aporte inicial de solamente treinta millones de dólares se habían llevado del país más de 4 mil millones de dólares. Su gravitación en la economía nacional limitaba la soberanía de Chile a tal punto, que en varias ocasiones las compañías y el gobierno estadounidense habían fijado al cobre chileno precios inferiores a los del mercado mundial, como ayuda a Estados Unidos durante la segunda guerra mundial y en los conflictos de Corea y Vietnam.

Las empresas no sólo habían obtenido utilidades muy superiores a las normales en materia minera, sino habían intervenido también en maniobras políticas para impedir el avance de la Izquierda. En los procesos de “chilenización” y “nacionalización pactada” logrados con el presidente Eduardo Frei Montalva, se habían beneficiado preferentemente las empresas. En esas formas de asociación, las compañías terminaron ganando más que cuando actuaban solas, sin tener de socio al Estado chileno. Así, en el caso de El Teniente, Kennecott a través de su filial Braden Copper, con el 100 por ciento de las acciones había obtenido una utilidad promedio entre 1960-1964 de 12 millones de dólares anuales. Desde 1964 a 1968, con el 49 por ciento de las acciones, Braden obtuvo 26 millones de dólares anuales de ganancia. Anaconda (Chuquicamata, El Salvador, Exótica) entre 1960 y 1968 ganó 45 millones de dólares en promedio anual, y entre 1969 y 1970 casi 82 millones de dólares anuales. A pesar de la “asociación”, las empresas siguieron manejadas por ejecutivos norteamericanos y controlando ventas y adquisiciones.

La operación de las minas, al acercarse la posibilidad de una nacionalización -como era evidente desde hacía un par de años, ya que dos de los tres candidatos a las elecciones presidenciales de 1970 se habían comprometido a abordarla-, empezó a desviarse. Había que obtener las mayores ganancias en el más breve plazo. Para ello se empezaron a “florear” las minas, es decir, a explotar las zonas de más alta mineralización, aunque ello dañara la explotación futura. Se dejaron de hacer obras indispensables para los planes de expansión o no se corrigieron las que estaban defectuosas. 

 Al consumarse la nacionalización en 1971, los técnicos chilenos se encontraron ante una situación grave, que fue confirmada por informes técnicos de consultores de especial calificación. A ellos se agregaba el retiro de especialistas extranjeros y chilenos, estimulados por las empresas que abandonaban el país, y la oposición de elementos contrarios al gobierno -especialmente supervisores-, que llegaron incluso a intentos de sabotaje.

Todos los obstáculos fueron superados. Trabajadores y técnicos chilenos se abocaron a una tarea que se vio como un compromiso de la nación. Las minas funcionaron mejor que antes. En tres años, la producción aumentó en un 14%, mientras en los tres anteriores había crecido solamente en un 4,2%. Un nuevo clima laboral favoreció la participación e incluso el trabajo voluntario -muy inusitado en actividades dominadas por el economicismo promovido por las empresas-.

En medio de crecientes dificultades derivadas del bloqueo norteamericano a repuestos e insumos, y en un clima político cada vez más enrarecido, los minerales se mantuvieron en actividad desafiando huelgas de transporte y acciones de sabotaje a oleoductos y línea eléctricas. Fue una verdadera gesta que involucró al conjunto de los trabajadores, incluyendo a muchos que no seguían a los partidos de la Unidad Popular. Fue una hazaña unitaria y patriótica que explica, también, que la Caravana de la Muerte que recorrió el norte en octubre de 1973 haya asesinado en forma especialmente cruel a ejecutivos y dirigentes sindicales de El Salvador y Chuquicamata.

La nacionalización del gobierno de la Unidad Popular se visualizaba como parte de un proyecto de largo plazo. Se nacionalizaban las empresas existentes, pero al mismo tiempo se reafirmaba el dominio “absoluto, exclusivo, inalienable e imprescriptible de todas las minas” por parte del Estado. Eso significaba que respecto de los yacimientos que se explotaran en el futuro, el Estado podía actuar directamente o bien podría entregarlos en concesión, bajo ciertas y determinadas condiciones y plazos, a empresas privadas cuyos planes se integraran al proyecto general de desarrollo de la gran minería como clave de la economía chilena en transición al socialismo. Todo eso quedó inconcluso. Y lo que es peor, fue distorsionado y reemplazado por el predominio de las transnacionales.


La dictadura y la Concertación en el cobre

A pesar de sus esfuerzos, la dictadura no consiguió inversiones significativas en el cobre. Con una excepción, que explica la mayor parte de los 2 mil 400 millones que llegaron a la minería en los diecisiete años de Pinochet. Esa excepción fue la empresa Exxon, que adquirió Disputada, que había sido comprada antes del golpe por la Empresa Nacional de Minería (Enami) a Peñarroya, transnacional francesa. Exxon hizo un ambicioso plan de expansión y elevó considerablemente la producción. Fue la propietaria, durante 22 años, hasta 2002, de Disputada y no pagó nunca impuestos. Nunca. Finalmente, vendió la empresa y el yacimiento a la transnacional anglosudafricana Anglo American en mil 300 millones de dólares.

Aprovechando las disposiciones del DL 600, Exxon durante su gestión aceleró las amortizaciones -lo que permite postergar los impuestos, lo que en los hechos equivale a un préstamo sin intereses que le hace el Fisco- y, además, obtuvo financiamiento con créditos obtenidos en bancos ligados a su casa matriz, que cobraron intereses más altos que la tasa normal y cuyo servicio hizo desaparecer las utilidades, y con ello no hubo impuestos que pagar.

Con todo, la inversión de Exxon fue la excepción. Las transnacionales no querían negocios con Pinochet. Sobre todo por la incertidumbre en que quedarían sus privilegios en caso de un cambio de gobierno. Por ello, la oportunidad se les dio con la dictación de la Constitución de 1980. Repitió la norma sobre el dominio patrimonial del Estado sobre las minas, pero en la Ley Orgánica Constitucional Minera se estableció el derecho real de concesión que, en los hechos, es un verdadero derecho de propiedad, tan absoluto, que sustituye al dominio del Estado sobre las minas. Es transferible, transmisible por herencia, indefinido en el tiempo -a menos que se agote el yacimiento-, imprescriptible y, virtualmente, a salvo de expropiaciones, ya que exige el pago anticipado al concesionario del valor actual del mineral del yacimiento, como si hubiera sido explotado hasta su agotamiento.

La duración indefinida de la concesión es una anomalía que muy pocos países conservan. En América Latina sólo dos o tres; lo general es que las concesiones duren entre 20 y 25 años. Otra anomalía es que en Chile no existe royalty -porque a lo que se llama así es un simple impuesto sobre utilidades-, un derecho que debe el concesionario sobre el valor de la producción, como pago por el uso del recurso natural no renovable.

Con esas garantías y con el cambio a un gobierno democrático los capitales de las transnacionales comenzaron a afluir. Si en 1980 el 94 por ciento de la producción de cobre correspondía a Codelco y a la otra empresa estatal, Enami, en 1990 el 84 por ciento correspondía a Codelco más Enami, y había bajado al 35 en 2000 y al 31 por ciento en 2007. El 69 por ciento restante corresponde a la producción de las transnacionales. Producción que, por lo demás, está constituida en parte muy importante, virtualmente más del 50 por ciento, por concentrados, que es la forma más primitiva de obtención de cobre, con un contenido de solamente un 30 por ciento de fino, lo que hace que más de dos tercios del material sea tierra y piedra chancada, lo que favorece, además, a las fundiciones del exterior y al transporte marítimo, que a menudo es controlado por los conglomerados transnacionales.

El saqueo

Diversos investigadores han dimensionado la magnitud del saqueo que significa la actuación transnacional en el cobre. Orlando Caputo y Graciela Galarce, Hugo Fazio, Manuel Riesco, Julián Alcayaga, Jorge Lavandero y otros, han hecho aportes significativos. Uno de los principales fue la estimación de la pérdida que significó para Chile la exportación de cobre producido por las transnacionales en volúmenes que excedieron largamente a la demanda, y con ello provocaron una fuerte caída de precios. Representó una pérdida para Chile de más de 10 mil millones de dólares, que comenzó a ser revertida cuando Codelco anunció que restringiría su producción. En todo caso, las empresas no perdieron como lo hizo Chile, ya que vendían cobre a precio bajo a sus fundiciones y refinerías: así recuperaban la pérdida en el precio final del metal procesado y en los subproductos.

Fazio fijó la atención en las rentabilidades excesivas de Escondida. “El año 2007, la rentabilidad de Minera Escondida sobre su patrimonio fue de 165,89 por ciento. En 2006 alcanzó a 190,03 por ciento, o sea, en sólo dos años obtuvo el equivalente de más de dos veces y media la inversión realizada, que por lo demás, desde que se inició el boom en el precio del cobre, ya había recuperado”. Manuel Riesco ha destacado que las utilidades de las transnacionales fueron de más de 9 mil millones de dólares a 2005 y de casi 20 mil millones al año siguiente. Ello significa que en sólo dos años, las mineras privadas recibieron utilidades que superan el total de las inversiones extranjeras directas (IED) en la minería chilena desde 1974 a 2006.


Conclusión

El cobre vive bajo una amenaza que tiende a agravarse por la docilidad de los gobiernos frente al poder de las transnacionales. Chile tiene todavía, como riqueza inmensa, un tercio de la reserva mundial de cobre, que debería estar al servicio de su pueblo. Codelco está también en permanente riesgo de privatización y debe ser defendida a pesar de sus defectos, que deben corregirse. La renacionalización del cobre es la tarea patriótica que se perfila en el horizonte.

Entretanto, corresponde la denuncia y el esclarecimiento de la actual situación, la vigilancia ante el accionar de las transnacionales y la movilización por objetivos específicos. El control tributario, la exportación de cobre fundido y/o refinado en vez de concentrado, el establecimiento de un verdadero royalty minero, el control para evitar la sobreproducción que haga caer los precios, son algunos de esos objetivos.

El cobre para los chilenos es el imperativo, que sigue el rastro histórico del gran proyecto de Salvador Allende y la Unidad Popular y marca un rumbo soberano que no debe olvidarse.