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Centros Chilenos en el Exterior

Salvador Allende

*Un pueblo llamado Salvador Allende*

En la sierra mexicana de Nayarit, había una comunidad que no tenía nombre. Desde hacía siglos, esa comunidad de indios huicholes andaba buscando uno.

Carlos González, uno de ellos lo encontró de pura casualidad. Este indio huichol había ido a la ciudad de Tepic para comprar semillas y visitar parientes. Al atravesar un basural, recogió un libro tirado entre los desperdicios.

Sentado a la sombra de un alero, empezó a descifrar páginas. El libro hablaba de un país de nombre raro, que Carlos no sabía ubicar, pero que debía estar bien lejos de México, y contaba una historia de hace pocos años.

En el camino de regreso, caminando sierra arriba, Carlos siguió leyendo. No podía desprenderse de esta historia de horror y de bravura. El personaje central del libro era un hombre que había sabido cumplir su palabra.

Al llegar a la aldea, Carlos anunció, eufórico:* ¡por fin tenemos nombre!* Y leyó el libro, en voz alta, para todos. La tropezada lectura le ocupó casi una semana. Después, las ciento cincuenta familias votaron. Todas por sí.

Con bailares y cantares se selló el bautizo. Ahora tienen como llamarse. Esta comunidad lleva el nombre de un hombre digno que no dudó a la hora de elegir entre la traición y la muerte.

*"Voy para Salvador Allende"*, dicen ahora los caminantes.

*Eduardo Galeano. in La memoria del fuego, 1984.

Salvador Allende es un pueblo situado en el municipio de Tepic, capital del estado mexicano de Nayarit*

 

Un pueblo llamado Salvador Allende

Un pueblo llamado Salvador Allende

En la sierra mexicana de Nayarit, había una comunidad que no tenía nombre. Desde hacía siglos, esa comunidad de indios huicholes andaba buscando uno. Carlos González, uno de ellos lo encontró de pura casualidad. Este indio huichol había ido a la ciudad de Tepic para comprar semillas y visitar parientes. Al atravesar un basural, recogió un libro tirado entre los desperdicios.

Sentado a la sombra de un alero, empezó a descifrar páginas. El libro hablaba de un país de nombre raro, que Carlos no sabía ubicar, pero que debía estar bien lejos de México, y contaba una historia de hace pocos años.

En el camino de regreso, caminando sierra arriba, Carlos siguió leyendo. No podía desprenderse de esta historia de horror y de bravura. El personaje central del libro era un hombre que había sabido cumplir su palabra.

Al llegar a la aldea, Carlos anunció, eufórico: "¡por fin tene mos nombre!" Y leyó el libro, en voz alta, para todos. La tropezada lectura le ocupó casi una semana. Después, las ciento cincuenta familias votaron. Todas por sí.

Con bailares y cantares se selló el bautizo. Ahora tienen como llamarse. Esta comunidad lleva el nombre de un hombre digno que no dudó a la hora de elegir entre la traición y la muerte.

"Voy para Salvador Allende", dicen ahora los caminantes.

"Eduardo Galeano. in La memoria del fuego, 1984. Salvador Allende es un pueblo situado en el municipio de Tepic, capital del estado mexicano de Nayarit"

 

 

Vote por Allende como el mas grande de los chilenos

Vote por Allende como el mas grande de los chilenos

PDTE. ALLENDE A DECIMAS DE LIDERAR PREFERENCIAS EN "GRANDES CHILENOS" DE TVN

El 18 de septiembre concluye programa de TV. Continúe votando en www.grandeschilenos.cl

El Presidente Salvador Allende es uno de los personajes históricos que aparece liderando las preferencias del público en el programa " Grandes chilenos " de Televisión Nacional.

A pocos días de que concluya esta emisión de TVN, el compañero Allende ha mantenido una alta votación entre el público.

Continúe votando en www.grandeschilenos.cl, para asegurar la victoria de nuestro gran líder.

(PRENSA PS)

 

La Escuela de Salud Pública de la Universidad de Chile tomará el nombre de Salvador Allende

   
Radio Universidad de Chile
Rebelion.org

La Decana de la Facultad de Medicina de la Universidad de Chile, Cecilia Sepúlveda, encabezó la celebración de los cien años del natalicio del ex Presidente el Doctor Salvador Allenede, formado en está Casa de Estudios.

Una ceremonia marcada por la emoción y el recuerdo de la figura del Doctor y ex mandatario. La Decana Sepúlveda destacó la importancia de traer al presente los aportes de "este ilustre egresado" en el área de la salud, "dimensionando su influencia en el avance de la medicina".

La Decana valoró "el estilo de Allende al momento de identificar problemas y aplicar planes de acción, con una preocupación permanente por la expansión del Estado benefactor". A su vez, anunció que próximamente la Escuela de Salud Pública de la Casa de Bello llevará por nombre Doctor Salvador Allende en homenaje al destacado rol que él cumplió en la Corporación.

La Diputada Isabel Allende agradeció "el homenaje a los valores de justicia social que su padre encarnó". "El legado del Presidente Allende está vigente", expresó, agregando que "el compromiso con lo público marcó su vida" y que "constituye parte de nuestra identidad cultural, por la fuerza con que defendió sus principios de lealtad y consecuencia".

Agradecida por el homenaje de parte de los "colegas" de su padre, la parlamentaria dijo que la imagen simbólica de Allende "se unió con la necesidad de buscar verdad y Democracia, entendida ésta última como un bien superior". Finalmente, destacó su herencia "como médico, como luchador social por la salud de la población".

La Ministra de Salud, María Soledad Barría, destacó el valor de este personaje de la historia de Chile. "La reconquista de la figura de Salvador Allende como médico, salubrista y formador, dejó un legado en lo político y en lo sanitario de este país". También, compartió su emoción por el nuevo nombre que llevará "una Escuela de Salud Pública que ha formado a tantos profesionales en Chile y Latinoamérica".

Simposio

Ennio Vivaldi, Vicedecano de Medicina y moderador del Simposio Doctor Salvador Allende y la Medicina Social -realizado en el marco de esta conmemoración- precisó que todos "ganamos mucho retomando el pasado de Chile, discutiendo y asumiendo la historia", pues "es esencia de la Universidad de Chile que más allá de las fuerzas disociadoras encontremos un sentido del bien común".

Sergio Grez , historiador, académico de la Facultad de Filosofía y Humanidades y Director del Museo Nacional Vicuña Mackenna, resaltó la "continuidad histórica y la línea central del movimiento popular encarnado por Allende".

El Doctor Giorgio Solimano, Director de la Escuela de Salud Pública de la Facultad de Medicina, relevó la sostenida "denuncia de las desigualdades por parte del ex mandatario; su participación en el proceso de unificación de los diferentes servicios de salud, y la búsqueda de soluciones concretas para el mejoramiento de las condiciones de vida de las mayorías en el país".

Finalmente, el Doctor David González, estudiante del Programa de Magíster en Salud Pública, destacó "la actitud visionaria que Allende tuvo en el análisis de la relación entre pobreza y salud", recordando su llamado a "ponerse siempre en el lugar del otro".

Salvador Allende ingresó a los 18 años a la Escuela de Medicina de la Casa de Bello. Proveniente de una familia ligada al servicio público, uno de sus bisabuelos, Vicente Padín, fue Decano de la Facultad.

En el segundo año de estudios fue elegido Presidente del Centro de Alumnos y, en cuarto año, Vicepresidente de la Federación de Estudiantes de la Universidad de Chile (FECH).

Cursando el quinto año, se convirtió en el representante de los estudiantes de la Escuela de Medicina ante el Consejo Universitario.

Egresó en mayo de 1933, presentando una controvertida memoria para optar al título de médico-cirujano, titulada Higiene mental y delincuencia, en la que analizó las causas de la criminalidad, a la luz de los progresos científicos de la época. Fue ayudante de Anatomía en la Casa de Orates y trabajó en la Asistencia Pública de Valparaíso y en Anatomía Patológica en el Hospital Van Buren. Años después de su paso por el citado centro asistencial, señaló: "Con estas manos he hecho mil quinientas autopsias. Sé qué quiere decir amar la vida y sé cuáles son las causas de la muerte".

Además de Senador de la República -escaño desde el cual impulsó variadas iniciativas de salud y contribuyó a la expansión del Estado benefactor en la salud pública- también fue Ministro de Salubridad, Previsión y Asistencia Social Pública en el gobierno de Pedro Aguirre Cerda, época de la que data su reconocida publicación La Realidad Médico-Social Chilena. Durante su gestión en la citada cartera, Allende logró realizar parcialmente uno de sus principales proyectos: la unificación de las estructuras asistenciales, que llegaría a ser realidad en 1952 con la Ley del Servicio Nacional de Salud.

 

¿QUÉ HACER EL PRÓXIMO 11 DE SEPTIEMBRE?

1. En un sondeo latinoamericano realizado entre el 7 de diciembre de 2007 y el 9 de enero de 2008 por el Instituto de Ciencia Política de la Universidad Católica de Chile (una de las instituciones más conservadoras del país), en una escala de 1 a 7; 6,05 fue la nota que recibió la afirmación de que el “El Estado chileno debe implementar políticas para reducir la desigualdad de ingresos entre ricos y pobres, aun cuando esto castigue el esfuerzo individual”. Con puntuación 5,8, los encuestados suscribieron que “El Estado chileno, más que la empresa privada, es el principal responsable de crear empleos”. 5,76 que “El Estado chileno, más que los individuos, es el principal responsable de asegurar el bienestar de la gente”. Y 5,03 obtuvo el enunciado de que “El Estado chileno debería ser el dueño de las empresas e industrias más importantes del país en lugar del sector privado”. Según el estudio de la Universidad Católica entonces, alrededor de un 80 % de los chilenos encuestados demanda mayor presencia del Estado en el complejo económico actual, dominado por la empresa privada y las corporaciones transnacionales. Pese a los 35 años desde la refundación capitalista, la inmensa mayoría de los chilenos confía mucho más en la regulación y propiedad estatal, que en el espejismo de la mano invisible del mercado. Sin duda, los números ponen en vitrina un salto de calidad en la mirada y sentido común de los chilenos ante la crisis de la liberalización y privatización extrema de la economía nacional, y sus consecuencias. Por otra parte, los problemas más graves que está enfrentando el país son para los encuestados, la delincuencia (hija de la miseria y la ignorancia), con un 39,4 %; el desempleo, con un 20,9 %; y el Transantiago, con un 12,3 %. Asimismo, sólo un 20,6 % de los chilenos afirma que siente simpatía por alguna colectividad política, contra un 75,4 % que dice rotundamente que no; mientras el gobierno de Bachelet es calificado como “Bueno” únicamente por un 31, 6 %. De alguna manera, el supuesto consenso social respecto del modelo económico imperante, se revela en crisis ante la investigación, por un lado, al igual que el agotamiento y descrédito del sistema de partidos políticos hegemónico, por otro. Los datos, una vez más, acreditan la viabilidad de potenciar con mayor celeridad proyectos políticos de impronta anticapitalista. Si bien, las encuestas son un medio sociológico empleado por el poder para la elaboración de sus relatos políticos, también expresan, en esta y otras ocasiones, el enorme descontento de la mayoría del país con la conducción político burguesa pactada por arriba. Claramente, los resultados no son por sí solo, fuerza social para las transformaciones profundas que demanda la crisis del capital en Chile, pero van construyendo las condiciones del malestar social y las eventuales posibilidades de nuevas alternativas políticas, en tanto ellas sean capaces de hacer rimar el clima social con reivindicaciones de alta sintonía popular, organización y lucha.

2. Bajo el capitalismo, toda victoria de los trabajadores y el pueblo es parcial. Y bajo el modo de producción capitalista –hoy desplegado en su versión más brutal- la pelea dura por provocar modificaciones sustantivas en el régimen tutelado por una minoría en el poder, requiere amplios continentes de fuerza popular organizados y con convicción de lucha. La recomposición paulatina de las clases subalternas es un movimiento dinámico que se construye de modo flexible, inclusivo, mestizo y ampliamente poroso. El gran debate sobre la educación chilena abierto el 2006 por la denominada “rebelión pinguina” provocó el cuestionamiento radical de una de las columnas medulares de la refundación capitalista (o contrarrevolución patronal) titiriteada desde el Pentágono y ejecutada por la dictadura pinochetista. Hoy, la hegemonía compleja y sin báscula relevante todavía de la burguesía busca, a través de la aprobación de la Ley General de Educación (que puede ocurrir antes del próximo 11 de septiembre), generar algunas reparaciones cosméticas a la tragedia del sistema de enseñanza en Chile, prácticamente privatizado en un 50 %. En rigor, los pobres asisten a lo que queda de educación pública, los menos pobres a la particular subvencionada y de co-pago familiar, y los sectores medios y medios altos, a la enseñanza particular-privada. Los verdaderos ricos, al igual que en el período colonial, envían a sus hijos a estudiar fuera del país. Si bien el contenido del Estado es burgués y expresión de los intereses de las clases dominantes, corresponde a unos de los campos de lucha significativos para los trabajadores y el pueblo. Naturalmente, su naturaleza no cambiará hasta que, en medio de un proceso contradictorio y extenso de acumulación de fuerzas, no se edifique la hegemonía potente y multidimensional de los de abajo. La reificación de la estatización, tanto de las relaciones de producción existentes y los servicios básicos, no resuelve el problema ni social ni ontológico de la libertad y la construcción de una sociedad de iguales, superación material y simbólica del actual orden de cosas. Sin embargo, en los hechos, el maximalismo de ciertos empeños anticapitalistas que propugnan la destrucción inmediata del Estado (es decir, del Ejército, las leyes y su soporte burocrático), a vista de las actuales condiciones de fuerza, no alcanzan sino para iniciativas marginales, espejismos de islotes sociales o locales que, observados de cerca, se sustentan sobre una ética notable, pero incapaces de constituirse en fuerza auténtica que enfrenta al capital. Es decir, los principios, por sí solos, resultan materia impotente a la hora de edificar una táctica con posibilidades de construir altas convocatorias, mayor frecuencia, y crecimiento y organización superior de los trabajadores y el pueblo. Ningún socialista auténtico podría dibujar la construcción de un país, una región y un planeta profundamente justo, de iguales, centrado en la mujer y el hombre, libre de explotación y miseria, en una sociedad gobernada por un super Estado, panóptico económico, militar y social de todo el quehacer humano. Ello se acerca más a una pesadilla, que a la combinación necesaria de la igualdad y la libertad como paradigma dominante del futuro. No obstante, el período actual está signado por el fetiche de la mercancía, la alienación a escala bíblica, la supremacía del capital financiero especulativo, los imperialismos nacionales y corporativos y las relaciones de poder estructuralmente asimétricas entre una minoría mundial y una mayoría expoliada. ¿Cómo se construye una táctica, un paso significativo que permita, en el actual contexto, reunir fuerzas, constelar descontentos, volver corriente y pan diario la lucha? Tanto para las láminas progresistas chilenas que persiguen impulsar reformas redistributivas y una democracia participativa capaz de cohabitar con un capital bajo cierto control de los intereses ciudadanos, como para los empeños anticapitalistas, que aventuran la pelea larga por revolucionar el modo de producción dominante, existen nudos de confluencia que no están asociados necesariamente a la colaboración de clases y que cruzan sus demandas, al menos, transitoriamente. En este sentido, aspectos como el término de la subcontratación y el trabajo precario; la renacionalización del cobre y el transporte colectivo; y volver a convertir la educación pública en propiedad social administrada por el Estado, deberían constituir una plataforma de lucha común. Los puntos arriba anotados no están sacados del laboratorio intelectualoide de alguna izquierda enfrascada; por el contrario, contienen demandas populares altamente concluyentes; son resultado de mil encuentros del pueblo disperso; son reivindicaciones históricas de los de abajo. Pero, ¿Por qué apostar a una educación pública de propiedad social administrada por el Estado? La ofensiva de la burguesía fuertemente escoltada por las milicias durante la dictadura (y prestas a concitar su asistencia cuando se vuelvan a requerir), desmanteló la propiedad fiscal y privatizó los derechos sociales con el fin de recuperar y aumentar sus tasas de ganancia respecto del período anterior, aplicando con brutalidad el recetario neocapitalista promovido por el imperialismo anglosajón hacia finales de los 70 del siglo pasado. En la estrategia ejecutada, la educación tenía y tiene un papel medular. Mientras en el mundo, la educación de propiedad pública se acerca al 90 %, en Chile, la privada subvencionada y la particular-privada corresponde a la mitad del modelo. ¿Es que el resto del mundo es socialista, menos Chile? La apuesta de las clases dominantes mundiales, y en especial de los países desarrollados, en general, está ligada a la reproducción de cuadros profesionales y trabajadores funcionales a los intereses de las clases dominantes. Sin embargo, la relación capital / trabajo (conflicto esencial) mantiene todavía la enseñanza como un derecho social a cargo del Estado, garantizando, de algún modo, ciertos grados de igualdad de oportunidades entre sus ciudadanos. Está claro, que la escuela, el liceo y la educación superior mantienen sus contenidos burgueses, pero su oferta es gratuita, con cobertura plena, y más amplia en su espectro ideológico que la chilena. Ello no es extraño, toda vez que los dispositivos ligados a la alienación individual y social han alcanzado un refinamiento que puede permitir a los que mandan, el lujo de la democracia aparente en el aula, sin arriesgar conflictos relevantes. Los estudiantes están altamente “integrados” a la estrategia del capital, y la cuota de rebeldes está contemplada en las estadísticas. En Chile, la ultra liberal implementó la municipalización del sistema escolar y la explosión de la educación superior privada, como maneras radicales hacia la liberalización completa del sistema. Es decir, en Chile, tanto en su forma como en su contenido, está consagrada la educación de clases. Esto es, tanto en su propiedad como en su currículo. Al respecto, si bien el punto de llegada necesario para establecer una enseñanza integral y liberadora, al servicio del bien común, subordinada a los intereses de los trabajadores y el pueblo, y no al capital; sólo es posible en un gobierno de mayorías; para llegar allí es preciso arrancar de demandas concretas, de alta sintonía popular, y que atenten contra los intereses y la reproducción del capital por abajo. Cuando se habla de educación de propiedad social y administración estatal, se quiere decir, un sistema de enseñanza que pertenezca al conjunto social a través de su propiedad fiscal y cuyo horizonte curricular y de sentido último contravenga el actual panorama educativo, poderosamente dirigido por la división del trabajo organizada por la burguesía para su beneficio. La lucha por retornar el sistema educativo al Estado va de la mano con la propulsión de nuevos currículos asociados a la emancipación humana, la reflexión crítica, la readecuación de los saberes. Por cierto, la enseñanza es otro campo de batalla de la lucha de clases. En este sentido, los combates por la destrucción de la educación particular subvencionada y la hegemonía de la educación pública con participación colectiva en la elaboración de sus currículos son rostros interdependientes de una lucha única. ¿Cuáles son las condiciones de la demanda? Que parte sustantiva del superávit fiscal devenido de las utilidades del cobre multipliquen el pobre financiamiento para el área; que la formación inicial docente incorpore modos de organizar el conocimiento desde una mirada que cautele los intereses de las mayorías; que la comunidad formada por los más se la juegue en la arena de convenir criterios para el establecimiento de currículos al servicio del desarrollo íntegro de los niños y jóvenes; y que los actores directamente asociados al ámbito (estudiantes, profesores, apoderados) conviertan la demanda en un tema de país, de mayorías. ¿Se ganará completamente? Ello depende de la hegemonía de clases realmente existente en Chile, y la dinámica que adquiera en el período. Toda victoria popular bajo el capitalismo es parcial. Sin embargo, en la lucha tras una demanda justa, ancha, inteligente y masiva también se aceran las convicciones, se crece, se descubre al enemigo principal, se afina la puntería y se fabrican los contenidos de los intereses colectivos de la sociedad necesaria.

3. Una de las principales conclusiones del Congreso de la Asamblea de Derechos Humanos realizado a fines de 2007, tiene que ver con la actualización del territorio temático que busca y requiere enfrentar el conjunto de organizaciones agrupadas en la Asamblea. Es decir, poner en el centro del quehacer de los Derechos Humanos en Chile, la colaboración con las actuales luchas de los trabajadores y el pueblo. Más allá de la tarea necesaria y noble de pugnar por el juicio y castigo a los culpables de las violaciones a los derechos humanos durante la dictadura militar, el objetivo concluido es hacerse parte de las presentes demandas populares. Al respecto, y considerando la preeminencia que ha cobrado la reivindicación por la educación pública en el país en los dos últimos años, es dable sugerir que la Asamblea de Derechos Humanos el próximo 11 de septiembre –fecha de un simbolismo de enorme potencia popular- conviniera promover una iniciativa ligada a las demandas de los trabajadores y el pueblo, y en especial a la lucha de los estudiantes ante la crisis de la enseñanza en el país. Daniel Viglietti, el extraordinario cantor uruguayo, dice sobre las víctimas de las dictaduras latinoamericanas que “Cantan conmigo, conmigo cantan”. El recuerdo de los luchadores y sus motivos vigentes cobran continuidad genuina en la recomposición pausada de los intereses de las grandes mayorías. ¿Qué mejor homenaje para los hijos del pueblo asesinados y desaparecidos bajo el pinochetismo que la recontextualización de los resortes profundos que inspiraron su compromiso social y político? ¿Qué mejor manera de honrar su memoria viva sino es colocando a disposición de las luchas actuales, de las generaciones nuevas del pueblo despierto y en organización, la conmemoración del golpe de Estado? La afrenta ominosa de las clases dominantes contra el pueblo en 1973 jamás perderá su lugar en la historia de los siempre castigados, de los dueños de nada, de los nadie. Pero esa fecha ruin sólo se convertirá en aprendizaje y esperanza para los jóvenes que vienen y que ya están cuando no sólo recordemos a los inolvidables, sino también cuando el 11 de septiembre sea hora presente, lucha actual, continuidad de la larga batalla de los trabajadores y el pueblo por alcanzar su emancipación. La estrategia del poder es osificar el 11 de septiembre, monumentalizarlo, hacerlo catarsis de un día. La estrategia de los de abajo es volver el 11 de septiembre materia sensible, llena de sentido, tradición ininterrumpida para manifestar las demandas urgentes. Y allí están los estudiantes. Con la energía y las razones. Con el corazón lleno de porvenir. Y esperando, también, la solidaridad de sus mayores.

Andrés Figueroa Cornejo Agosto 25 de 2008

 

 

La trayectoria y el gesto de Salvador Allende

La trayectoria y el gesto de Salvador Allende
Hoy día no es un fantasma agobiado, más bien es la bandera de un combate que sigue vivo


Tomás Moulian

La Nación

Allende no ingresa a la historia por su muerte, ingresa en ella por su vida, aunque su final lo convierte en un mito. Por su instinto político y su realismo histórico el Presidente mártir fue la expresión simbólica de una “nueva forma” de acceder al socialismo, en un momento en que los síntomas de crisis de los socialismos reales ya empezaban a apreciarse.

El análisis de la trayectoria global de Salvador Allende y en especial de sus posiciones en el agitado periodo de la Unidad Popular se hace necesario para interpretar de manera adecuada el término de su vida.

En una izquierda que desde temprano se coloca al amparo del marxismo y en un partido que en los ’60 deriva hacia el maximalismo, Allende representó un tipo particular de político revolucionario, aquel que cifraba esperanzas en el poder electoral como una de las expresiones del poder de masas y que creyó que era posible en Chile acumular fuerzas para el socialismo desde dentro del propio sistema político.

Allende no fue un tribuno revolucionario amante de la retórica, sino un político forjado en las luchas cotidianas por conseguir espacios para una política popular dentro de un sistema democrático representativo, en el cual las alianzas eran factibles para una parte de la izquierda de los cincuenta pero no para las de los sesenta del siglo XX. Pero, pese a eso, nunca abandonó la crítica al capitalismo y el deseo del socialismo. En este punto reside la gran diferencia de las posiciones de Allende con las del partido actual. Que fuera un gran político realista no significa que negara el futuro como posible realización de una alternativa y que se conformara con una política pragmática.

Su visión de la política empezó a fraguarse desde 1933, cuando siendo todavía un joven universitario militó en el grupo Avance y participó en Valparaíso en la fundación del Partido Socialista, pero en especial se elaboró en el período de las coaliciones de centro izquierda (1938-1947), en particular en el Gobierno de Pedro Aguirre Cerda, del cual fue ministro de Salud en 1939.

En esa actividad gubernamental plagada de contradicciones y más tarde en 1943 como secretario general del PS, dio los primeros pasos hacia la búsqueda de unidad entre los dos grandes partidos populares, el PS y el PC, una práctica que desde 1952 en adelante sería el centro de su estrategia.

Para realizar la política de unidad socialista-comunista Allende se vio obligado en 1952 a un gesto paradójico, abandonar su partido. La pequeña organización socialista a la que se incorporó había quebrado el partido madre cuando éste se opuso a la ilegalización de los comunistas. Como se observa, la ruptura original tuvo motivaciones de derecha, pero cuando Allende se retiró del partido socialista mayoritario al volcarse éste al ibañismo, impulsó a la organización a trabajar con los comunistas aún en la ilegalidad. Con ellos creó el Frente de la Patria, del cual surgió, en 1952, su primera candidatura presidencial.

La política llevada a cabo desde esa fecha convirtió al futuro Presidente en el líder de la unidad de acción entre las dos grandes formaciones populares. Esa estrategia fue favorecida por la influencia en el PCCh del 20º Congreso del PCUS, realizado en 1956, que elaboró la política de la coexistencia pacífica y, por ende, creó las bases de una estrategia de tránsito pacífico al socialismo, en un momento en que no existía aún en el continente latinoamericano una experiencia confrontacional exitosa, como la cubana.

Los resultados electorales de 1958, donde Allende casi obtuvo el triunfo, lo convirtieron en el líder de los ’60.

Siguió siéndolo aunque su realismo lo alejó de las posiciones de su partido y lo colocó más cerca del PC. No se dejó arrastrar por el viraje a la izquierda que los socialistas emprendieron después de la derrota en la campaña presidencial de 1964. Entonces muchos se apresuraron a decretar el cierre de las posibilidades electorales y anunciaron la necesidad de cambiar de estrategia sin darse el trabajo de estudiar las especificidades del caso chileno. Se mantuvo al margen. Sin dejar nunca de valorar y apoyar a Cuba, siguió pensando, casi en solitario, que era posible triunfar en las presidenciales y desde allí impulsar un tránsito institucional al socialismo. Esa actitud lo hizo blanco de muchas críticas, en especial de la acusación de tradicionalismo.

La mentalidad triunfalista de la década del ’60, un período optimista respecto a la actualidad de la revolución y a su necesidad para superar las incapacidades del capitalismo, impidió que los partidos y los intelectuales marxistas se plantearan las preguntas que requería la construcción del socialismo en Chile por la vía institucional. ¿Era posible en condiciones de aislamiento de los sectores progresistas del PDC, potenciados por el liderazgo de Tomic? Dicho de otro modo, ¿cómo conseguir mayoría estatal y de masas, requisito esencial, sin construir un bloque por los cambios, un amplio arco progresista?

Durante el intenso período de la UP, Allende fue más allá que nadie en la definición del horizonte estratégico. En su discurso del 21 de mayo de 1971, hablando de la meta y no sólo de la fase, definió el socialismo chileno como libertario, democrático y pluripartidista. Esa concepción lo transformó en vanguardia, en adelantado de las tesis del eurocomunismo. Avanzó más allá que los comunistas chilenos, porque éstos no abandonaron la concepción ortodoxa y fueron por ello atrapados por la lógica del momento decisivo, aquella coyuntura en el cual por fin se obtendría el "poder total". Los comunistas, eso sí, prolongaban esa fase en el tiempo, lo que era un mérito político, pero no prescindieron de ella. La famosa metáfora de Luis Corvalán sobre el destino final del tren, lo decía con precisión: llegaría hasta Puerto Montt, aunque algunos aliados transitorios decidieran desembarcarse antes.

Pero Allende, aun teniendo claro que no había tránsito institucional exitoso sin la creación de una alianza estratégica con los sectores progresistas que generara una sólida mayoría, no fue capaz de imponer esas políticas. Su lucidez fue vana. Nunca quiso abandonar su ética humanista para usar los recursos autoritarios del poder, como lo hicieron casi todos los Presidentes entre el ’32 y el ’70. Actuó correctamente, aunque con eso privara a su "revolución" del recurso de atemorizar. De otro modo, el avanzado grado de desarrollo de la crisis de principios de 1973 lo hubiese obligado no sólo a reprimir legalmente a ciertos opositores sino a los grupos de izquierda.

Fue siempre un político democrático, aun en aquellos tiempos de constantes amenazas a la gobernabilidad.

Creo que sin llegar al autoritarismo debió haber jugado más a fondo el papel tradicional del Presidente fuerte, que adquiere autonomía de las orgánicas e impone sus decisiones. Fueron las vacilaciones de los partidos y la lentitud del Jefe de Estado lo que precipitó el final e hizo el golpe más fácil para los enemigos. Lo que sucedía es que la UP estaba desgarrada por el empate catastrófico entre quienes aceptaban la necesidad de negociar y quienes postulaban el "avanzar sin transar".

Allende no ingresa a la historia por su muerte, ingresa en ella por su vida, aunque su final lo convierte en un mito. Por su instinto político y su realismo histórico el Presidente mártir fue la expresión simbólica de una "nueva forma" de acceder al socialismo, en un momento en que los síntomas de crisis de los socialismos reales ya empezaban a apreciarse.

Como hoy se sabe de manera indudable, Allende se suicidó. No se entiende ahora por qué se ocultó durante tantos años. Optó por una muerte intencional, no una procurada por el azar. Fue un acto de combate. En esa terrible mañana del 11 el Presidente pasó del dolor a la lucidez. Primero lo abrumó la traición. Múltiples testigos hablan de su preocupación por "Augusto". En uno de los discursos de esa mañana conminó a los militares leales a salir en defensa del Gobierno. ¿En quién otro podía haber pensado que en Pinochet?

Allende había dicho en un discurso en el Estadio Nacional en presencia de Fidel Castro que no saldría vivo de La Moneda. En el escenario de los bombardeos, buscó conseguir el mayor efecto político. Descartó el avión que le ofrecían los golpistas y preparó la respuesta más adecuada, que debía ser la mejor expresión de sus ideales y que debía producirle el mayor daño al general desleal que ejecutó la tragedia. Ese es el gesto del suicidio. Aquel acto salpicó a Pinochet para siempre con la sangre de Allende. Esa fue su primera marca, huella indeleble.

En el mismo momento de triunfar, Pinochet comenzó a caminar hacia donde terminó, como soldado sin honor, que huyó de su responsabilidad. Otra hubiese sido la suerte de este hombre si no se hubiera embarcado en la máxima crueldad, si hubiese aplacado las fuerzas oscuras que lo condujeron a bombardear La Moneda y forzar el suicidio de Allende. Con la muerte de Allende, Pinochet quedó para siempre manchado. Aparente triunfador, no podrá tener jamás el sitial del héroe, porque, como lo dice la tragedia griega, héroe puede ser Agamenón pero no Egisto, el traidor.

Allende perdió la primera batalla por un nuevo socialismo. Pero hoy día no es un fantasma agobiado, más bien es la bandera de un combate que sigue vivo, pues el socialismo del siglo XXI tiene que ver con su ideario, con sus luchas por una democratización profunda y también gradual y no violenta de las sociedades capitalistas.

 

 

Fue un tremendo error de la izquierda vender el mito de que a Allende lo habían matado

Fue un tremendo error de la izquierda vender el mito de que a Allende lo habían matado

Max Marambio adelanta el nuevo capítulo de "las armas de ayer"

La Nación

Por Boris Bezama

Nunca se imaginó al Presidente subiendo a un avión en pijama, ni menos envejeciendo en México junto al PRI. El ex jefe de seguridad del Presidente socialista habla de las primeras impresiones que tuvo Fidel cuando se enteró de la muerte que enlutó a medio mundo.

Vivió un año y medio, día y noche, junto a Salvador Allende cuando el Presidente era un súper star y conoció de cerca todos sus secretos políticos y personales. Protagonista principal de una época extremadamente convulsionada que hasta hoy divide a los chilenos, Max Marambio fue el jefe de seguridad del Presidente Salvador Allende y también estuvo con él en la madrugada del fatídico 11 de septiembre, aunque ya no ejercía esa función.

En un adelanto del nuevo capítulo "Las armas de ayer", que narra los últimos momentos del Presidente, el hoy exitoso empresario con estrechos vínculos en Cuba, rememora detalles inéditos de esos mil días que marcaron la vida de Chile. Y cuestiona a la izquierda que por décadas alimentó la tesis de que Allende no percutó el tiro que lo convirtió en mito.

-¿Usted sabe cómo reaccionó Fidel Castro ante la noticia de la muerte de Salvador Allende?

-Fidel estaba en la India y en la madrugada debía continuar viaje a Viet Nam. Cenaba con Indira Gandhi cuando comenzaron a llegar noticias bastante confusas respecto a lo que sucedía en Chile. Indira le dijo que se había recibido un cable de prensa que señalaba que Allende había salido hacia el exilio en unión de su familia y Fidel respondió de inmediato: "No creo eso. Si de algo estoy seguro es que Allende resistirá hasta el final en La Moneda".

-¿Y al igual que muchos, Fidel creyó también que a Allende lo habían matado?

-Desconozco las informaciones que recibió en los primeros momentos, pero en un discurso que se realizó en La Habana, el 28 de septiembre de 1973, Fidel recalcó que si se hubiera disparado a sí mismo, ello no le quitaba ningún mérito a la heroicidad de su gesto, legitimando el valor político de su decisión.

-Pero en los primeros años del golpe y hasta hace poco se manejó la versión épica del crimen.

-Es verdad, por décadas la izquierda construyó el mito de que a Allende lo habían matado en el combate. Pero, ignorar la dimensión de su gesto fue un insulto gigante y una muestra de falta de sensibilidad política, fue atropellar una decisión personal sublime, algo que elevó la dimensión ética de los chilenos a un nivel que concitó la admiración y la solidaridad de todo el mundo.

-En todo caso, esa imagen del Presidente mártir sirvió para congregar a la resistencia.

-Él no tenía vocación de mártir, pero demostró ser un hombre consecuente hasta el último momento. Había dicho que a él lo tenían que sacar con los pies por delante de La Moneda, porque su posición encarnaba la soberanía del pueblo chileno. ¿Te lo imaginas montando en avión vestido en pijama para ser enviado a cualquier parte como un fardo bochornoso? ¿Qué habría sido de nosotros? ¿De nuestro país con Allende como exiliado político envejeciendo en cualquier parte del mundo?

-Habría sido una historia totalmente distinta con un protagonista más y no con un héroe como la izquierda mundial lo concibe.

-Gracias al gesto de Allende el mundo miró a este país a través de su sacrificio.

-¿Cómo califica entonces que la izquierda haya "vendido" esa versión?

-Fue un error tremendo. A mi modo de ver, la trascendencia política y ética de Allende fue elegir la muerte para honrar la vida. Aunque lo que escogió para él trató de evitárselo al pueblo chileno: nunca estuvo de acuerdo en un proyecto que no fuera la legalidad y finalmente fue uno de los pocos que la defendió con las armas en la mano. Cuando en medio del combate la gente llamaba a La Moneda les decía: "Usted dedíquese a lo suyo". Sólo cuando lo llamó Miguel Enríquez, le dijo: "Ahora es su oportunidad, ahora llegó su momento". Ese fue el tributo a lo que creía, fue un acto gigante.

-¿Fue su suicidio una forma de pagar el "error" de haber estimado que la vía pacífica era la alternativa para llegar al socialismo?

-No. La muerte de Allende fue la consecuencia final de su propio legado político. Transgredir la legalidad y terminar encabezando la lucha en un barrio, como San Miguel, tal cual le ofrecimos, no era lo suyo. Ya en junio de 1973 la seguridad le planteó esa alternativa al ver que el golpe era inevitable y que se debía ir a otra parte, donde hubiera posibilidades de que el proceso continuara. La respuesta fue siempre "yo me muero en La Moneda. El que quiera me acompaña; el que no, está en libertad de irse".

-¿Esos pasajes son relatados en el nuevo capítulo de su libro? ¿Está entre ellos la ayuda ofrecida por los cubanos para combatir en Chile?

-Sí, los cubanos de la embajada le ofrecieron combatir a su lado si él lo solicitaba. Pero siempre repitió lo mismo: "Dedíquense a lo suyo, ustedes tienen que proteger su embajada, yo me voy a quedar aquí". Ni siquiera aceptó que la gente fuera para La Moneda, porque él lo veía como parte de su legado político.

MACUQUERÍA ALLENDISTA

-¿Por qué cree que Allende lo nombró jefe de seguridad?

-Por su macuquería típica, por su famosa muñeca negociadora. Durante las elecciones, las acciones directas del MIR se convirtieron en un problema para su campaña. Entonces, negoció con nosotros. Y el MIR acordó, con una lógica inspirada en cierta condescendencia, darle una oportunidad para que perdiera tranquilo y no nos echara la culpa, ya que teníamos la convicción absoluta de que no iba a ganar. Él nos dijo: "Muy bien, hagamos una cosa, si yo gano, ustedes se hacen cargo de mi seguridad". Tenía el feeling de que iba a ganar, y así nos lo hizo saber el día de la elección: "Acuérdense que tenemos un compromiso". Era una manera de "

-Darles una oficina en el subterráneo.

-Más bien en el segundo piso, para mantenernos cerca. Pero no nos tenía mala voluntad, sino simpatía gruñona, como papá con los hijos díscolos.

-¿Cómo fue ese día para ustedes?

-Fue como un traspié a nuestras tesis revolucionarias y nos decíamos "qué curioso que ganó en los votos, pero ahora le darán un golpe de Estado". Y la verdad así fue. De tan anunciado nadie se preparó realmente para el golpe, ni siquiera el MIR, que terminó teniendo muchas contradicciones con Allende

-En el tiempo que fue encargado de la seguridad de Allende, ¿cómo fue cambiando su estado de ánimo desde la toma del poder con todo el fervor del triunfo de la UP a la caótica situación que vivía el país en 1973?

-Allende era un tipo extraordinariamente fuerte, era un resistente, un combatiente. La broma usual que él hacía antes de ganar las elecciones era preguntar qué iba a decir su lápida: "Aquí yace Salvador Allende, futuro Presidente de Chile". Llevaba cuatro campañas presidenciales.

-Pero debe haber estado bastante preocupado con los últimos acontecimientos.

-Nunca lo vi desalentado, deprimido, asustado, ni acorralado. Jamás. Ni siquiera cuando nos encontramos la noche previa al golpe, en que lo noté serio y preocupado, incluso sombrío, ante las perspectivas nefastas que se le mostraban a un político tan agudo como él, pero aún así no era un hombre disminuido.

-¿Y cómo era en sus relaciones sentimentales?

-La confianza que Allende depositó en mí, no me da la libertad de poder hablar con entera franqueza de estos aspectos de su vida. Uno adquiere obligaciones éticas y yo tengo mis propios límites al respecto. Sólo digo que Allende era un tipo muy vital y la vitalidad también tiene lo vigorizante del poder. Es obvio que cuando las cosas no salen bien esa vitalidad también baja. El último tiempo no tenía demasiadas ganas, ni demasiadas posibilidades de tener diversiones personales. Estaba muy cerca de la Payita y en sus escasos momentos de descanso buscaba tranquilidad y sosiego.

 

Allende Porteño

Allende Porteño

Memorias del ex alcalde Sergio Vuskovic rescatan la figura de Allende en Valparaíso

 Por Nelson Muñoz Mera

Salvador Allende nació en Santiago y vivió en Valparaíso. También amó profundamente a este puerto, a su gente y sus costumbres. Dos porteños que fueron muy cercanos suyos recuerdan ahora esa relación con una ciudad que lo conserva en su historia.

La figura de Ramón Allende Padín, abuelo del Pesidente, ya tenía una clara y definida participación social. Pertenecía a la masonería y llegó a ocupar el cargo de Serenísimo Gran Maestro, con un gran legado en el terreno educacional. En medio de un sector popular del puerto y en las cercanías de la Iglesia La Matriz, adquirió un terreno y construyó la Escuela Blas Cuevas. Su padre, Salvador Allende Castro, abogado y Notario porteño, también integraba la masonería y se casó con Laura Gossens Uribe.

Allende Gossens, figura como fundador del Partido Socialista en Valparaíso, ciudad en donde creció y se formó para la vida política.

Pese a que Allende desarrolla una intensa actividad en la zona como candidato y mandatario, era considerado un porteño más. La memoria tangible no está presente, solo quedan los recuerdos de ex colaboradores y amigos que rescatan parte de su memoria.

Ex Alcalde y amigo personal

 Sergio Vuskovic Rojo fue nombrado alcalde de Valparaíso desde 1970 hasta 1973 y pertenece a la larga lista de autoridades del gobierno de la Unidad Popular que pasaron a ser "presos políticos" durante la dictadura.

Vuskovic conoció la Esmeralda en su calidad de alcalde y como detenido y torturado. Posteriormente, permaneció ocho meses en la isla Dawson y los campos de concentración de Puchuncaví y Ritoque, antes de partir a Italia donde permaneció en el exilio hasta el año 1989.

Su labor como catedrático le ha permitido dar a conocer la figura de Allende, su obra y pensamientos -corresponde a cumplir con una  responsabilidad histórica que tenemos quienes le conocimos y participamos durante su gobierno, afirma- al momento de terminar de escribir un libro sobre Allende "El Porteño Universal", proyecto en el cual el autor ha trabajado por espacio de cinco años.

Vuskovic participó en la campaña presidencial del 52. Allí conoció a Allende, integrando el comando juvenil. Como candidato debía tener un local propio y lo consiguió en un viejo edificio ubicado en la parte posterior de la Catedral, donde se arrendaban unas oficinas pertenecientes al arzobispado. Allende personalmente arrendó y pago de su bolsillo -el comando no tenía dineros-, además se preocupó de comprar unas 20 sillas y una mesa que resultó estar apolillada; y hasta un par de ampolletas tuvo que comprar para iniciar la primera reunión en dicho local.

Durante las campañas del 58 y 64, las relaciones políticas y la amistad de Allende y Vuskovic se van consolidando. Hoy, a sus 80 años, éste le recuerda como un amigo leal, irónico, rápido en las respuestas y con gran sentido del humor.

Valparaíso durante la Unidad Popular

"En su gobierno hubo un preocupación especial por el puerto, el Presidente se encargaba personalmente que así fuese, desarrolló obras en la educación, lo mas significativo fue la nueva construcción del Liceo Eduardo de la Barra; las obras de instalación de agua, alcantarillado y luz eléctrica en los diversos cerros del puerto; la edificación del hospital Van Buren y un sinnúmero de obras y acciones en materias de orden político, administrativo y social", recuerda Vuskovic.

"Él estaba orgulloso de las obras del puerto; se emocionó al momento de inaugurar "El parque del Pueblo Lenin", con una casa comunitaria, tres piscinas y áreas verdes, que estaban abiertas a la gente de los cerros. Luego de ese acto me comentó con firmeza: ‘Sergio, te aseguro que el 76 me presentaré como candidato a senador por Valparaíso'. Se le salía el alma porteña, tal como él lo reconocía", rememora.

Vuskovic mantuvo una larga amistad con Allende, esta se cultivó en el plano político y personal. En muchas ocasiones el Presidente estuvo en la casa de Sergio Vuskovic; incluso compartieron fiestas de fin de año con Hortensia Bussi, además de prolongadas comidas en medio de las campañas políticas. Durante su mandato, Vuskovic era invitado con su esposa al palacio del Cerro Castillo donde las opiniones políticas diversas se cruzaban en los salones.

En ocasiones, el alcalde y el Presidente iban a un restaurant en Viña llamado "El Turco Talip", donde él siempre pedía carne a la olla, ensaladas y una botella de vino."Solíamos hablar durante horas de variados temas, él quería siempre saber lo que ocurría en los diversos ámbitos del quehacer regional, estaba siempre preocupado por la ciudad por la cual sentía mucha admiración, particularmente porque siempre obtuvo una alta votación. Por ejemplo, el año 70, la votación favoreció a Allende dejando atrás a Radomiro Tomic por 36 mil votos de diferencia, él se sentía porteño y estaba permanentemente reconociendo el apoyo brindado por sus seguidores", cuenta.

Debilidades de Allende

"Es verdad que tenía sus preferencias al momento de estar aquí en el puerto. Los erizos y los locos mayos eran su debilidad, siempre pedía esa entrada y luego el caldillo de congrio o pescado frito. Pese a que siempre le invitaban a comer a casa de dirigentes, el prefería ‘las picadas'. Las encontraba más auténticas y se rodeaba de gente que lo saludaba en las mesas; los garzones y los dueños se sacaban fotos con él", recuerda Vuskovic.

En muchas ocasiones, Allende señalaba: "cada vez que vengo no me puedo perder las calugas de pescado del loco Raúl", un pescador que tenía un restaurante frente a la Caleta El Membrillo. A la llegada, Raúl Quezada saludaba a su clientela de un modo muy agradable. En ocasiones, Pablo Neruda también le acompañaba en estas incursiones culinarias que duraban largas horas de conversaciones.

"Saliéndose de todo protocolo, lo que preocupaba a la seguridad, Allende acudía a los lugares que ya había conocido. Por ejemplo iba al local ‘Los guatones Ochoa', ubicado en el barrio chino del puerto; sus dueños, un matrimonio y su hijo, eran notoriamente gorditos y preparaban el pescado y los mariscos de una manera muy sabrosa. Allí llegábamos, junto al Presidente, Armando Barrientos, alcalde de Viña; Armando Giudice, abogado y masón, uno de sus amigos más antiguos en la zona; dos amigos médicos (uno de ellos Humberto Casalli), Luis Guastavino, que fue regidor y diputado; y Gloria Fernández, de la Cámara de Comercio, entre otros".

"Luego de los almuerzos en medio de las campañas, él pedía un sillón o una cama para dormir la siesta, que no perdonaba nunca. Debo enfatizar que nunca pasaba más de tres copas de vino tinto, y luego por la noche se tomaba un wisky, hubo toda una historia torcida acuñada por la dictadura sobre el tema".

"En muchas ocasiones, íbamos a celebrar los actos en el "Club Valparaíso" de plaza Aníbal Pinto. Su amplitud permitía realizar los actos en medio de los comedores. Lo mismo ocurría con los encuentros en el Hotel Prat, profesionales, comerciantes e industriales de la zona se reunían en actos políticos, con discursos y comida".

Vamos a ver a Neruda

Vuskovic recuerda que una mañana del 72, luego de inaugurar unas viviendas en uno de los cerros de Valparaíso, el Presidente lo llamó para un lado y le pidió que lo acompañara a ver a Neruda. "Casi inmediatamente de confirmar por radio que éste se encontraba en casa, nos dirigimos al helicóptero y llegamos casi a mediodía a su casa. En la casa del poeta nos recibió Matilde. Pablo estaba sentado en el sillón frente a un ventanal, con corbata y terno; se sentía un poco enfermo, lo que no impidió compartir un vino tinto especial que mandó a buscar. Unas empanaditas de mariscos y otros picadillos permitieron un grato encuentro entre grandes conversadores por excelencia, fue la ultima vez que les vi juntos, ambos se respetaban y apreciaban notoriamente, se tenían gran confianza", relata.

En su casa oficina con vista al mar, Vuskovic evoca a Allende en medio de libros y recuerdos "una persona muy conversadora y agradable; hablaba de cualquier tema, sin prepotencia. Sabía escuchar a la gente, que le rodeaba; su educación y conocimiento le hacían merecedor de un gran respeto. Siempre supo ganarse la admiración de ateos, católicos, independientes, pastores evangélicos, masones, independientes y, en general, de todos los partidos. Llamaba la atención el cariño que la gente sentía por él, siempre profundo y reflexivo"

El interés por Valparaíso y la amistad con Vuskovic permitían una línea directa entre ambos. Los llamados desde La Moneda eran motivados por saber opiniones políticas o qué pasaba en el puerto, saber de qué manera se avanzaba en los proyectos desarrollados en beneficio de los habitantes de los cerros. En otros momentos, la amistad tendía alguna invitación para que el alcalde y su esposa, Elena Villanueva, le apoyaran en las actividades generadas por la invitación de niños de diversos colegios a pasar sus vacaciones en el cerro Castillo y así probar la comida preparada por el mayordomo de la Armada que frecuentemente le traía a Allende una fuente de mariscos.

El regalo que nunca recibió Allende

"Todos sabían de su afición por las corbatas, -esa es una corbata presidencial-, sentenciaba Allende a Vuskovic. Este hizo el comentario a un amigo común y dueño de una textil, Elías Maluk, cónsul de Siria, quien se comprometió a regalarle al Presidente una docena de corbatas con diseños exclusivos. El 8 de agosto de 1973 se inauguraba "La Feria del Mar". Allende no pudo asistir y en su representación lo hizo la Tencha. Al querer entregarle a ella las corbatas, me indicó, eres tú quien personalmente debe hacerlo".

Por mas de 30 años, este ex alcalde porteño ha guardado con celo y silencio las corbatas que representan un nostálgico recuerdo. Sólo dos de ellas ha regalado: durante su exilio en Italia, a un profesor de la universidad de Bologna; y otra al porteño Federico Raby.