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Centros Chilenos en el Exterior

Salvador Allende

Nos hace falta Allende

Nos hace falta Allende

Nuestro deber es concluir la tarea inconclusa

Por Mireya Baltra

Especial La Nación

Al día siguiente de su derrota, llegó como a las diez de la mañana a la población Exequiel González Cortés, en avenida Grecia. Allí los pobladores habíamos construido una plaza, habíamos hecho un escenario y él, sin avisar, llegó al bloque 12 donde yo vivía. Verlo allí en la plaza construida por el trabajo voluntario de los pobladores fue impresionante, sin decirlo nos decía sigamos adelante. Era su tercera derrota.

Mucha gente me pregunta ¿cuándo conociste a Salvador Allende? No es fácil una rápida contestación. Por primera vez lo vi de cerca cuando como senador se dirigió al local de la Central Única de Trabajadores (CUT), en calle Compañía, para entregarnos las condolencias por el asesinato de siete hombres y una mujer en la población José María Caro. Lo vi apesadumbrado, pero a la vez sus ojos expresaban indignación. Se sentó en la mesa grande de las reuniones diarias de la CUT para decirnos que había ido a entregar una firme protesta a la Guarnición del Ejército de Santiago y que desde el hemiciclo realizaría una intervención contra la represión brutal descargada el 19 de noviembre de 1962.

Al parecer antes lo había visto desde lejos en las concentraciones y mitines, en la campaña presidencial de 1958, donde junto a mi compañero Reinaldo montando una motoneta Lambretta, yo sosteniendo en el asiento de atrás una gran bandera chilena, íbamos a escucharlo así como los cristianos van a escuchar el sermón de la iglesia. Éste era un sermón revolucionario, que encendía la sangre y te enseñaba a leer en las palabras de un discurso lo que los libros a veces te negaban.

Salvador Allende nos inspiraba cariño, afecto, yo lo sentía igual en los enigmáticos parentescos políticos.

La segunda vez que recuerdo haber estado tan cerca de él en un momento que podríamos llamar crucial para la vida de un hombre fue en 1964, cuando fue derrotado por la Revolución en Libertad que encabezó Eduardo Frei Montalva.

Al día siguiente de su derrota, llegó como a las diez de la mañana a la población Exequiel González Cortés, en avenida Grecia. Allí los pobladores habíamos construido una plaza, habíamos hecho un escenario y él, sin avisar, llegó al bloque 12 donde yo vivía. Verlo allí en la plaza construida por el trabajo voluntario de los pobladores fue impresionante, sin decirlo nos decía sigamos adelante. Era su tercera derrota.

Otra de las respuestas que te solicitan es que definas el perfil del Presidente Allende, pensando quizás que tú tienes la capacidad en tres frases de definir el perfil político y humano de uno de los estadistas más destacados del siglo XX, que alumbra hoy el pensamiento de la izquierda pensante, no nostálgica ni abjuradora de lo que ayer fue.

Como la historia nos fue negada y arrebatada de los libros, para que los niños jamás aprendieran a deletrear el nombre de Allende, así la noche oscura de la dictadura quiso sepultar a Allende bajo cien lápidas. Allende se le escapó y ha vuelto a situarse en el más alto escaño de la nobleza revolucionaria que sin títulos nobiliarios tiene el cetro de la memoria viva, del nítido ejemplo de la transformación social, del ímpetu y la perseverancia por conducir al pueblo a su emancipación, separando las aguas y dejando sumergidos en el olvido, en la mediocridad y la ignorancia a los reaccionarios de ayer y hoy.

Cuando Allende me designó su ministra del Trabajo y Previsión Social me convocó a conversar privadamente varias veces. Su gran preocupación era darle continuidad a la formación de las comisiones tripartitas por ramas de producción y servicio, cuestión que había empezado al asumir este cargo el compañero José Oyarce, creando la comisión tripartita de los gráficos, marina mercante y textiles. Éstas consistían en una suerte de negociación colectiva moderna, donde participaban gobierno, empresarios y trabajadores.

Para el Presidente, el cumplimiento del programa era la piedra angular de su gobierno y debía ser respetado y jamás transgredido: "Mireya, debes devolver todas las pequeñas empresas que no pertenecen ni al área social, ni al área mixta de la economía. Son empresas insignificantes con maquinarias viejas y en la mayoría de ellas se adeudan años de imposiciones previsionales. Deben ser devueltas a sus propietarios".

Cumplí sus instrucciones y le daba cuenta periódicamente del cumplimiento de esta tarea ministerial. Devolví como cien empresas que fueron tomadas.

Los que se creían más revolucionarios que los revolucionarios daban bote, se tomaban pequeñas confiterías, desde una fábrica de cola de hueso en Chillán hasta el Cementerio Metropolitano. Para ellos eso era avanzar sin transar y crear de esta manera el poder popular paralelo y equidistante al gobierno del Presidente Allende. Los imperialistas estaban de fiesta y la derecha chilena aplaudía en la cofradía reaccionaria de los planes elaborados en Washington y que ellos cumplían como fieles funcionarios del país "más democrático del mundo". Directa e indirectamente la ultraizquierda chilena les echaba una manito.

En carta dirigida y hecha publica el 31 de julio de 1972 a los jefes de los partidos de la coalición de gobierno, Allende expone con claridad y firmeza su pensamiento: "El poder popular no surgirá de la maniobra divisionista de los que quieren levantar un espejismo lírico surgido del romanticismo político al que llaman al margen de toda realidad ‘Asamblea Popular ’".

En esa carta, que constituye hoy un documento histórico, hace una pregunta dirigida a la médula del hueso de los empecinados en subirse al carro de la victoria transgrediendo el programa e increpa: "¿Qué dialéctica aplican los que han propuesto la formación de tal asamblea? ¿Qué elementos teóricos respaldan su existencia?". Y responde a los jefes de los partidos y principalmente a los trabajadores y al pueblo:

"Una asamblea popular auténtica, revolucionaria, concentra en ella la plenitud de la representación del pueblo. Por consiguiente, asume todos los poderes. No sólo el deliberante, sino también el de gobernar. En otras experiencias ha surgido como ‘un doble poder’, contra el gobierno institucional reaccionario sin base social y sumido en la impotencia. Pensar en algo semejante en nuestro país es absurdo, si no crasa ignorancia o irresponsabilidad. Porque aquí hay un solo gobierno, el que presido, y que no es sólo el legítimamente constituido, sino que, por su definición y contenido de clase, es un gobierno al servicio de los intereses generales de los trabajadores. Y, con la más profunda conciencia revolucionaria, no toleraré que nadie ni nada atente contra la plenitud del legítimo gobierno del país".

Entonces, cuando me preguntan que defina a Allende, digo: Allende se define a sí mismo, cada discurso es una línea orientadora, una acumulación de más conciencia, una dinámica social nunca vista antes en Chile, plena de valores morales y éticos. La verdad fue un principio de Estado, nada nunca se le ocultó al pueblo. Lamentablemente, muchos gobernantes discuten y acuerdan a puertas cerradas lo concerniente a la vida, al trabajo, a la salud, a la educación de las mayorías hoy desplazadas por un sistema que profundiza las relaciones de producción capitalista.

A lo mejor muchos no estarán de acuerdo con estas páginas, pero qué diablos, las cosas sucedieron así. Y así las relato. Los que aún no estamos idiotizados por los mensajes y las imágenes televisivas de los crímenes, las violaciones, los asaltos que inmovilizan a los ciudadanos con el miedo, que ocultan con premeditación y alevosía lo bueno, lo positivo, lo cultural, los valores aún no perdidos de la ciudadanía víctima de la aldea global, nos rebelamos, porque los canales de televisión dan espacio superlativamente a estos impactos diarios como dosis de veneno que impiden al estado llano pensar, analizar, cuestionar, transformarnos en masa crítica, activa, cuestionadora del sistema que nos condena a cargar la cruz del mercado todos los días.

No nos detengamos. Aquí hablemos de quien debemos hablar, del Presidente Allende, un hombre concreto, un revolucionario cabal, un luchador incansable por la justicia de nuestro pueblo, un ministro de Salubridad en el gobierno del Presidente Pedro Aguirre Cerda, quien señalaba que gobernar es educar. Allende dio continuidad a esa antigua y sabia consigna. Nos enseñó a luchar uniendo la teoría y la práctica.

Si quieren saber lo que pienso, podría apretarlo en cuatro palabras: nos hace falta Allende. Busco en la juventud chilena el rostro, la voz sonora, el pensamiento claro, el método acertado, los valores que no debemos dejar escapar en este tumultuoso mundo de la dispersión, la exclusión y la confusión política. Nuestro deber es concluir la tarea inconclusa. No hay otra alternativa.

Mireya Baltra, dirigenta del Partido Comunista, fue ministra del Trabajo del Presidente Salvador Allende.

 

Bachelet encabezó el principal acto por natalicio de Allende

Bachelet encabezó el principal acto por natalicio de Allende

Viernes 27 de junio de 2008   

 Por F.O. / R.M. / La Nación 

Al mediodía hubo tensión en concentración frente a La Moneda

 La Presidenta de la República fue la principal oradora anoche en la apertura de una exposición organizada por la Fundación Salvador Allende en el Centro Cultural Palacio de La Moneda. La Jefa de Estado subrayó que el legado del primer Mandatario socialista -a quien llamó "compañero y colega Presidente"- está plenamente vigente.

 Al momento de la muerte del Presidente Salvador Allende en La Moneda, el 11 de septiembre de 1973, Michelle Bachelet estudiaba Medicina en la Universidad de Chile. Nada podía presagiar que casi 35 años después esta militante socialista ocuparía el mismo cargo que Allende y sería la responsable de encabezar la ceremonia institucional por los cien años del natalicio del Mandatario anoche en el Centro Cultural Palacio de La Moneda.

En la ocasión, la Mandataria -a quien pudo llamar con propiedad "compañero y colega Presidente"- recordó que siguiendo el ejemplo allendista ella estudió Medicina y se dedicó también a la política desde el PS. Bachelet reveló que el 4 de septiembre de 1973 asistió a la concentración final de la Unidad Popular y que lo hizo desde la comuna de Providencia.

"Ésta es una gran lección para nosotros, para quienes dirigimos nuestros pueblos: cumplir el compromiso con el pueblo, cumplir con el programa de gobierno y ser fiel a la palabra empeñada".

Agregó que Allende era "un hombre de izquierda, un socialista, un progresista, un demócrata, pero fue más; fue un hombre de su tiempo, pero no pertenece sólo a su tiempo, porque mientras existan hombres y mujeres que luchen por una vida más digna para su pueblo, entonces el ejemplo de Salvador Allende tendrá vigencia; el ejemplo de Salvador Allende es hoy de todos. Mientras tenga valor la defensa de la libertad, entonces muchos verán un símbolo de consecuencia en este Presidente".

"Entregamos un hombre cabal al mundo, un hombre que se ha hecho universal", añadió la Mandataria.

El principal acto partidario en memoria de Allende se registró al mediodía en la Plaza de la Constitución. A la esquina donde se ubica el monumento al Mandatario convergieron alrededor de 1.500 personas.

La actividad, en todo caso, estuvo marcada por las diferencias que hoy separan al PS -inserto en la Concertación y en una alianza de base amplia con la DC- con el PC, alineado en la izquierda extraparlamentaria opositora a la Concertación.

FOTO_04 W:200 H:150 10 kbLa tensión entre las dos almas de la izquierda hizo que hubiese pifias contra el presidente del PS, Camilo Escalona, y el representante de la falange, su vicepresidente Claudio Huepe, aunque éste es uno de los firmantes de la carta de los 13 democristianos que se opuso al golpe de Estado de 1973.

Debido a la composición dura del auditorio, sólo el presidente del PC, Guillermo Teillier, fue ovacionado sin fisuras. Éste, en una referencia que evocó la Unidad Popular, afirmó que "los comunistas fuimos y seguiremos siendo el partido leal al Presidente Salvador Allende" y luego reclamó justicia en los casos de violaciones de los derechos humanos.

Agregó que si Allende viviera, "estaría luchando por una democracia como la que él planteó siempre, sin desigualdades extremas". Teillier, de hecho, opinó que a Allende "no le gustaría nada el Chile de hoy".

En su opinión, los chilenos ven en Allende "un símbolo de sus anhelos, de sus sueños y luchas por alcanzar mejores condiciones de vida y de relaciones humanas".

FOTO_05 W:200 H:150 7 kbLuego del discurso de Huepe -que pidió "reconciliarse con la historia" y recordó su oposición a la intervención militar- habló el presidente del PS, Camilo Escalona, que respondió de modo indirecto a Teillier: "Si hoy viviera, Allende sería un militante socialista y su principal figura".

El senador también enfrentó a quienes protestaban y apartándose de su texto dijo que los asistentes debían sentirse unidos por la admiración a Allende.

"Estamos aquí los que queremos que nunca más un Presidente democrático sea avasallado", indicó, subrayando que "los socialistas chilenos recordamos hoy con gratitud al primero y más grande de los socialistas".

Al término de la ceremonia, el ministro de la Presidencia, José Antonio Viera-Gallo, destacó que "si Allende viviese apreciaría el cambio que ha tenido el país desde situaciones de una extrema pobreza a mayor holgura y de dictadura a situación de libertad, esto sin duda que lo apreciaría".

FOTO_06 W:200 H:150 9 kbEn La Moneda, el ministro del Interior, el DC Edmundo Pérez Yoma, comentó que el acto "es una muestra de cómo la democracia es capaz de que las fuerzas políticas salten distancias que ayer parecían imposibles de saltar".

Uno de los momentos más emotivos ayer se produjo cuando la viuda del pintor Roberto Matta, Germana Ferrari, entregó a las hijas de Allende, Isabel y Carmen Paz, una chaqueta que el ex Presidente le había regalado al artista. Además, Ferrari regaló un cuadro a la Fundación Salvador Allende.

Asimismo, el intelectual cubano Eusebio Leal entregó a la entidad una serie de documentos relacionados con el Mandatario que se encontraban en su país.

 

Escalona hace recuerdo de caídos

“Estoy seguro que cuando los nuestros en la ex Villa Grimaldi, en una celda, en una cámara de tortura se enfrentaron a sus verdugos, estoy seguro que tenían a Allende en su memoria. Cuando el líder socialista de Iquique, en Pisagua, fue fusilado, estoy seguro que Allende estaba en su memoria.

Cuando Carlos Lorca, el secretario general de la Juventud Socialista, fue ajusticiado en Villa Grimaldi, tenía a Allende en su memoria. Cuando Exequiel Ponce, el jefe de los socialistas en la clandestinidad, fue también torturado hasta morir, sus labios se mantuvieron cerrados, sin entregar a sus compañeros, sin delatar a nadie, porque tenía a Allende en su memoria.

Cuando miles de los nuestros salieron a la calle a protestar contra la dictadura, cuando rompieron el silencio, cuando en la Alameda se enfrentaron con las fuerzas represivas, tenían a Allende en su memoria”, afirmó en su mensaje Camilo Escalona.

 

Correos lanzó sello de homenaje

En una emotiva ceremonia, realizada en su histórica sede de Plaza de Armas, Correos de Chile llevó a cabo el lanzamiento del sello postal en homenaje al centenario del natalicio del Presidente Salvador Allende.

En la ceremonia estuvieron el presidente del PS, Camilo Escalona, la diputada y vicepresidenta del partido, Isabel Allende, junto con su hermana Carmen Paz, así como la directora ejecutiva de la Fundación Salvador Allende, Patricia Espejo, y el presidente del directorio de Correos, Sergio Henríquez. Asimismo, asistieron a la actividad el presidente del Partido Comunista, Guillermo Teillier; la madre de la Presidenta Michelle Bachelet, Ángela Jeria; varios ex colaboradores del Presidente Allende, así como también amigos, compañeros, militantes socialistas y simpatizantes de Allende.

La diputada Isabel Allende destacó que su padre “se ha convertido en un referente universal” y agregó que “los pueblos necesitan tener memoria, es la condición esencial para que puedan proyectarse”.

 

Yo viví en la casa de Allende

Yo viví en la casa de Allende

Por Tito Tricot

Yo viví en la casa de Allende, aunque nadie me crea. Allí en Aldunate, a los pies del cerro y a pasos de la Plaza Victoria que, sin querer, albergaba trofeos de una guerra lejana entre pueblos hermanos. Y dormí en la pieza de Allende, aunque nadie me crea. Allí, al fondo a la derecha, en el corazón de Valparaíso, arropado cada noche por el sempiterno viento porteño y el cántico de gaviotas de plata. Yo estudie en el liceo de Allende, aunque nadie me crea. Allí, en la calle Colón, que se moría de angustia apenas se asomaba el alba en medio de la melancolía de las animitas milagrosas. Eran tiempos antiguos, de aroma a brea y adobe,  que nadie parece recordar y muchos quieren olvidar. Claro, porque se estudiaba gratis en el colegio y en la universidad, en la mañana, en las tardes e incluso en las noches. Tiempos antiguos, entre el cerro y el mar de un puerto que oteaba orgulloso el horizonte sin imaginarse que una invernal madrugada de septiembre se estremecerían inapelablemente la casa, la pieza y el liceo de Allende. Y la sonrisa de aquel hombre a quien le acribillaron sin asco el sueño de un país sin pobres, porque los ricos matan cuando tienen que matar, como lo han hecho desde siempre en la historia de Chile. Porque los ricos generan la pobreza, pero no soportan el olor a pobre, que es el hedor del hambre, la miseria, el frío. Por eso mismo es que el doctor Ramón Allende, abuelo de Salvador, atendía gratis y regalaba remedios, alimentos y ropa a los marginados de siempre. Pero, además, fundó en Valparaíso la Escuela Blas Cuevas, la primera de carácter laico en el país, en los faldeos del cerro Cordillera. Eran tiempos antiguos, donde la ocredad del crepúsculo porteño iluminaba los paseos en la costanera de niños y niñas que estudiaban gratis y con los mejores profesores, cuando nadie pensaba en el lucro, sino que en el derecho de todos a una educación pública de calidad. Aunque nadie me crea. Por lo mismo es que el gobierno de la Unidad Popular consideraba a la educación como fundamental para el desarrollo del país y en su programa explícitamente proclamaba “el derecho de todo el pueblo a la educación y la cultura, con pleno respeto de todas las ideas”. Difícil de creer que haya sido hace apenas treinta años, meros cinco minutos históricos, que un presidente socialista abogara por el derecho a la educación, mientras hoy, otra presidente socialista se alíe con la derecha para realizar modificaciones a la Ley Orgánica Constitucional de Enseñanza para que, al final, todo siga igual. Claro, porque la nueva Ley General de Educación, si bien es cierto incorpora algunos criterios e instrumentos fiscalizadores de la participación de privados en el sistema educacional de los chilenos, no cambia la esencia del sistema que se orienta por la consecución del lucro. Y, no seamos ilusos, ello no es compatible con una educación gratis y de calidad para los sectores sociales marginados del Chile neoliberal. Esto lo tenía muy claro Salvador Allende y, en consecuencia, en el programa de gobierno sostenía claramente que “a  los dueños del capital les interesa ganar siempre más dinero y no satisfacer las necesidades del pueblo chileno…el grupo de empresarios que controla la economía, la prensa y otros medios de comunicación; el sistema público, y que amenaza al Estado cuando éste insinúa intervenir o se niega a favorecerlos, les cuesta muy caro a todos los chilenos”.

Democracia a la fuerza

Y le costó un golpe de Estado y una democracia a la fuerza que actúa sin vergüenza para proteger los intereses empresariales recurriendo  a la violencia policial para reprimir a estudiantes, mapuche, profesores y a toda manifestación social. Abisal diferencia con Salvador Allende quien puntualizaba en su programa que “la policía debe ser reorganizada a fin de que no pueda volver a emplearse como organismo de represión contra el pueblo y cumpla, en cambio, con el objeto de defender a la población de las acciones antisociales. Se humanizará el procedimiento policial de manera de garantizar efectivamente el pleno respeto a la dignidad y a la integridad física del ser humano”. Los centenares de estudiantes secundarios y universitarios golpeados, detenidos y humillados por carabineros son fidedigno testimonio de que la única reorganización de la policía ha sido con el fin de perfeccionar sus técnicas represivas: más motos todo terreno, mejores chalecos antibalas, mejores cascos, más gases, más terror, más programas en la televisión enalteciendo su labor y estigmatizando a poblaciones y sectores sociales cuyo único crimen es ser pobres y marginados del mismo sistema que protege la policía. Como premio por su violenta obsecuencia, el gobierno unge al fallecido general Bernales como santo de la corte de los ricos. Pero, jamás tendrá animitas en las poblaciones, ni en las escuelas públicas ni en las universidades, ni menos aún en las comunidades mapuche que conocen de la falsa santidad del general que instaló el terror en el sur. Es la democracia a la fuerza que no admite críticas ni expresiones de dignidad, menos de un pueblo antiguo que brega por seguir siendo antiguo y, por lo mismo, envían centenares de carabineros a ocupar territorio mapuche.

¡Qué diferencia con Allende que instaló sus ministerios en la provincia de Cautin para acelerar la  implementación de la reforma agraria y entregar tierra a campesinos y mapuche. Los mapuche recuperaron 154 mil hectáreas usurpadas. Pero todo ello nos costó un golpe de Estado y una democracia a la fuerza que parecen ser demasiado similares en algunos aspectos como para hablar sólo de simples coincidencias. Lo que sí es mera coincidencia es que yo viví en la casa de Allende, aunque nadie me crea. Y dormí en la pieza de Allende, aunque nadie me crea. Y estudié en el liceo de Allende, aunque nadie me crea. Sin embargo, aquella alegría de porteño de corazón se me nubla de una feroz ira cuando pienso en su frente orlada de un río de buganvillas el día de su muerte cuando, la verdad, merecía un pueblo en las calles defendiendo el derecho a ser libres. Como lo hizo el pueblo chileno durante la dictadura y como muchos lo hacen hoy: en las calles, en la palabra, en la denuncia, en la memoria, en el movimiento sísmico que, algún día, extenderá su teluridad hasta esbozar la sonrisa de Allende encaramado en un cerro de Valparaíso. Aunque nadie me crea.

 

Tito Tricot Sociólogo, Director Centro de Estudios Interculturales ILWEN Chile

Junio 2008

 

Imágenes: Allende vive

Imágenes: Allende vive

No es posible comprender la historia del país y de la izquierda chilena durante el siglo XX sin remitirse a la figura del médico Salvador Allende. Sólo así se explica la mística que concitan las diversas actividades planificadas para conmemorar los cien años del natalicio del Presidente que perdió la vida en el cruento golpe militar de 1973. Un acto en la Plaza de la Constitución y el lanzamiento de un sello postal han sido parte de la agenda del centenario allendista.

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Plaza de la Constitución fue escenario de emotivo homenaje a Salvador Allende

Plaza de la Constitución fue escenario de emotivo homenaje a Salvador Allende

La Nación / UPI 

 Jueves 26 de junio de 2008  | 16:04   

 Con la presencia de los representantes de los partidos de la Concertación, ministros de Estado, el presidente del Partido Comunista (PC), Guillermo Teillier; la madre de la Presidenta Michelle Bachelet, Ángela Jeria, y los familiares del ex Presidente Salvador Allende, se conmemoraron hoy jueves en un emotivo homenaje en la Plaza de la Constitución, los 100 años del natalicio del trágicamente fallecido Mandatario.

En una ceremonia que se extendió por un poco más de dos horas, hubo diversos oradores, música y manifestaciones paralelas en un público que bordeó los mil asistentes.

El primero de quienes dedicaron palabras al fallecido Presidente socialista, fue el timonel del PC, Guillermo Teillier, quien junto con destacar los valores del ex Mandatario y la "plena vigencia de su mensaje" aseguró que su partido continua siendo fiel a Allende "El Partido Comunista sigue siendo leal a Salvador Allende", declaró.

Posteriormente, fue el turno del secretario general del PPD, Alejandro Bahamondes quien recordó las obras del gobierno de Allende entre ellas la nacionalización del cobre y el medio litro de leche que se entregó a los niños más pobres del país.

El siguiente orador fue el democratacristiano Claudio Huepe, quien entre algunas pifias, hizo un llamado a reconciliarse con la historia y recordó que él junto a otros 12 militantes falangistas realizó una declaración dos días después del golpe de Estado de 1973, donde repudiaban el movimiento militar que terminó por derrocar el Gobierno de la Unidad Popular (UP).

Huepe leyó un extracto del documento antes mencionado y manifestó que fueron los votos de la Democracia Cristiana en el Congreso Pleno de 1970 los que ratificaron a Salvador Allende en la Presidencia del país.

El momento más complicado surgió con el discurso del presidente del Partido Socialista, senador Camilo Escalona, quien en medio de gritos y pifias en su contra comenzó sus palabras.

El parlamentario manifestó enfáticamente que "estamos aquí los que queremos que nunca más un Presidente democrático sea avasallado" y agregó "hoy los socialistas chilenos recordamos con gratitud al primero y más grande de los socialistas", sentenció, terminando su alocución entre aplausos.

Además, en el homenaje, el intelectual cubano Eusebio Leal hizo entrega a la Fundación Salvador Allende de documentos que se encontraban en ese país.

Por otra parte, se leyeron escritos del premio Nobel de literatura José Saramago y se recordaron palabras para Allende del general Carlos Prat, el poeta Pablo Neruda y el ex gobernante de Cuba, Fidel Castro.

Un momento particular se dio cuando la viuda del pintor nacional Roberto Matta, Germana Ferrari, hizo entrega a las hijas de Salvador Allende de una chaqueta que este último había regalado al artista.

Asimismo la viuda del pintor regaló un cuadro a la fundación que lleva el nombre del ex Mandatario.

La ceremonia concluyó cuando la cantante Isabel Aldunate entonó "Yo te nombro libertad" y los asistentes sacaron pañuelos de colores los que se mezclaron con los globos que fueron liberados.

 

Bachelet encabeza el principal acto por cien años de Allende

Bachelet encabeza el principal acto por cien años de Allende

La Nación 

26 de junio de 2008   

El Presidente nació el 26 de junio de 1908 en el puerto de Valparaíso

Tanto hoy al mediodía como en la tarde de mañana se realizarán actividades culturales y políticas en homenaje al Presidente Salvador Allende en la Plaza de la Constitución. Ayer la Presidenta de la República recibió a las delegaciones visitantes.

 Foto: La exposición de plástica se abrirá al público desde mañana en el centro cultural asociado a La Moneda. La muestra será inaugurada hoy por la Presidenta Michelle Bachelet a las 19:30 horas. Foto: Ricardo González

Hace cien años, en un desaparecido hospital de Valparaíso, nacía Salvador Allende Gossens, la figura capital de la izquierda chilena durante el siglo XX desde sus cargos de ministro, diputado, senador y Presidente de la República derrocado por un cruento golpe militar en 1973.

La historia reciente del país y la formación de una alianza entre el socialismo y el centro humanista cristiano ha permitido que para el centenario de Allende quien gobierne sea una mujer militante del mismo Partido Socialista al cual Allende entregó su vida.

La inauguración de la exposición "Homenaje y memoria: centenario Salvador Allende. Obras del Museo de la Solidaridad" será la actividad que definirá hoy la conmemoración.

La actividad -organizada por la Fundación Salvador Allende, la Sociedad Estatal para la Acción Cultural Exterior de España (Seacex), el Museo de la Solidaridad y el Centro Cultural Palacio de La Moneda- será inaugurada, a las 19:30 horas, por la Presidenta Michelle Bachelet.

La muestra -que permanecerá abierta desde mañana y hasta el 16 de agosto en el Centro Cultural Palacio de La Moneda- está conformada por más de 140 obras de destacados artistas del mundo.

La exposición termina con una estructura compuesta de cuatro módulos, instalada en el hall central del centro cultural, en cuyo interior se exponen los proyectos de los jóvenes artistas españoles Pablo Genovés, Daniel Canogar e Isidro Blasco y de la chilena Concepción Balmes, junto a la obra de Pablo Rivera y Víctor Hugo Bravo.

Además, la exhibición se complementa con una exposición de fotografías y una sala de audio que reproduce discursos del Mandatario.

La jornada comenzará horas antes, cuando a las 10:30 horas, Correos de Chile lance un sello postal en homenaje a Allende. Dos horas más tarde, en la Plaza de la Constitución, junto a su monumento, se realizará el encuentro "Cien años, mil sueños", donde habrá regalos, música y discursos recordando el legado del líder de la Unidad Popular. A esta acción asistirá la izquierda de la Concertación, el Partido Comunista y la Democracia Cristiana.

Para mañana en la tarde la izquierda extraparlamentaria y movimientos sociales tienen programada una nueva concentración de homenaje a Allende en el mismo lugar.

Ayer en el Salón Montt-Varas de La Moneda, la Presidenta invitó a las delegaciones extranjeras que asisten al natalicio. Asimismo participaron los ministros Edmundo Pérez Yoma, José Antonio Viera-Gallo, Francisco Vidal y Paulina Urrutia. Igualmente estaban presentes la senadora y presidenta de la DC, Soledad Alvear, y el presidente del PC, Guillermo Teillier.

Bachelet dijo que La Moneda era la casa de Allende y que para ella es un orgullo ser socialista y tener la misma profesión que Allende.

Asimismo, destacó los innumerables actos de celebración que se están llevando a cabo en Chile y el mundo. La diputada Isabel Allende agradeció las palabras de la Presidenta y manifestó su satisfacción por la presencia de Salvador Allende en el mundo.

Para hoy, en Cuba, se espera la colocación de la tradicional ofrenda floral ante el "Monumento Salvador Allende" de la Avenida de los Presidentes en La Habana. La Casa de las Américas ha organizado para mañana el concierto "Voces por la vida", donde importantes figuras de la Nueva Trova Cubana unirán sus voces a artistas chilenos.

La actividad principal del régimen cubano, en todo caso, será el 8 de agosto y contará con la presencia de la diputada Isabel Allende y las altas autoridades del Estado que hoy dirige Raúl Castro.

Quien también hará un homenaje a Allende será el Gobierno del Presidente venezolano Hugo Chávez. Éste encabezará esta tarde un masivo acto en el Teatro Teresa Carreño, el más grande de Caracas.

Para hoy estaba también fijado un homenaje a Allende en el Congreso brasileño, y a las 10 horas está planificado que legisladores mexicanos del PRI y del PRD depositen una ofrenda floral ante el busto de Allende ubicado en la Universidad Autónoma de Puebla.

En Australia la comunidad chilena ha organizado un acto en el Fairfield Park de Sydney en torno a un monumento que lo recuerda y habrá otra actividad en la central sindical australiana en Melbourne.


Un hombre unido a la historia

No es posible comprender la historia del país y de la izquierda chilena durante el siglo XX sin remitirse a la figura del médico Salvador Allende.

Éste intervino en la fusión que llevó a la formación del PS en los años 30 y ya en la década de los años 50 -con dos postulaciones presidenciales- se convirtió en líder indiscutido de una coalición anclada en el PC y el PS y que en 1970, en su cuarto intento -éste exitoso-, sumó al Partido Radical.

Su Gobierno de tránsito al socialismo duró casi tres años y condujo -a través de una dialéctica con la oposición- a una crisis que estalló con el golpe de Estado y la posterior dictadura militar.

A cien años del natalicio del Presidente

A cien años del natalicio del Presidente

La Nación

Domingo 15 de junio de 2008   

 Por Francia Fernández 

Quiso "devolver la cultura al pueblo" y en ese intento Dicap y Quimantú fueron nutrientes para todos. El 26 de junio se celebran 100 años de su nacimiento y José Balmes, Aníbal Palma, Pato Manns, Nissim Sharim y Vicente Larrea recuerdan su visión cultural. Además Joaquín Sabina y Joan Manuel Serrat coronan las actividades que celebran este cumpleaños en Chile y el mundo.

Foto: La foto de Allende acompañará el sello postal que Correos de Chile sacará en su honor

Quienes conocieron a Salvador Allende lo recuerdan como un hombre culto. Un gozador que apreciaba la literatura, la música y, sobre todo, la pintura. Y un "gentleman" con un sentido del humor extraordinario.

La preocupación del Mandatario por la cultura estuvo en el centro de su última campaña presidencial, que los artistas bautizaron con el lema "El pueblo tiene arte con Allende". Comenzaba 1970. Una enorme carpa de circo que Tony Caluga prestó para la ocasión, se desplegó en el Parque Forestal, frente al Museo de Bellas Artes. Allí había debates y exposiciones hasta la madrugada, cantantes y poetas se turnaban para ocupar el escenario; paralelamente, se remataban obras gráficas a beneficio de la campaña.

"Allende estaba al tanto de los movimientos artísticos, estaba al tanto de todo", afirma el pintor José Balmes, quien integraba el comité que lo seguía a todas partes. "Durante la campaña nos reuníamos todos los domingos al mediodía en la Galería El Patio, para programar lo que hacíamos. Los artistas de regiones también se sumaban".

Con Pablo Neruda a la cabeza, los creadores que apoyaban al Gobierno de la Unidad Popular (UP) y a Allende firmaron un manifiesto en el que se comprometían a "devolver la cultura al pueblo". Nunca antes una candidatura a la Presidencia ostentó un sello tan particular.

El programa presidencial también recogía esta responsabilidad. La medida número 40 estipulaba la "creación del Instituto Nacional del Arte y la Cultura". Algo que nunca llegó a cumplirse. Su rol fue suplido en parte por un Departamento de Cultura de la Presidencia.

"Políticas puede haber muchas, pero lo importante son las realizaciones", comenta al respecto Aníbal Palma, ex ministro de Educación de Allende. "Si uno analiza su Gobierno, durante los tres años hubo un auge cultural sin precedentes. Nuestra música siempre existió, pero la proyección internacional de los artistas chilenos, con el respaldo que se le dio a grupos como Inti-Illimani, ocurrió allí. El fomento a la lectura es otro hecho irrebatible", enfatiza.

"El aporte del Gobierno de Allende a la cultura chilena fue crear un nuevo estatus de cosas que permitieran a la sociedad un mejor florecimiento en todos los planos, no sólo de las artes, sino de los seres humanos que habitábamos este país", sostiene el actor Nissim Sharim. "Esto se vio desnaturalizado muy pronto, cuando con el golpe se cortaron sus esencias", agrega. "Es difícil hablar de concreciones específicas, porque fueron literalmente borradas del mapa".

Pero sí las hubo.

 

SABER POPULAR

La Editorial Quimantú fue el mayor logro en materia de cultura del Gobierno popular. Y, por otro lado, "el ejemplo más notable de una empresa estatal y eficiente", según apunta José Miguel Varas en un capítulo del libro "Salvador Allende, presencia en la ausencia", que acaba de lanzar Lom Ediciones.

De acuerdo al escritor, "Allende estaba convencido de que la lectura amplía los horizontes, los conocimientos y la imaginación". Fue así que el 12 de febrero de 1971 se firmó el acta de compra de Zig-Zag, entonces una de las editoriales más importantes del país, con la idea de poner los libros al alcance de todo el pueblo chileno.

Bajo la dirección del escritor costarricense Joaquín Gutiérrez, Zig-Zag pasó a llamarse Quimantú (en mapudungún, sol de saber). Y los libros se comercializaron a precios populares, al punto que un ejemplar llegó a costar lo que un paquete de cigarrillos.

En dos años y medio, la editorial publicó 12.093.000 volúmenes de 247 títulos diferentes. Se vendieron 11.164.000 unidades. "La población no pasaba de 10 millones de habitantes. Prácticamente se agotaron. Se creó una inquietud en la gente que no se ha vuelto a repetir. Si uno observa la realidad ahora, un escritor exitoso apenas alcanza los tres mil ejemplares", destaca Aníbal Palma.

Con tiradas de 50 mil ejemplares, la editorial abordaba diferentes temas a través de distintas publicaciones: "Cuadernos de educación popular", "Grandes obras de la literatura universal", "Quién es Chile. Serie hoy contamos" y revistas como "Ramona", "Cabro chico" y "Paloma".

Los libros se vendían en los quioscos y las gasolineras. "Si Chile hubiera continuado leyendo a ese ritmo, otro gallo cantaría hoy", dice el cantautor Patricio Manns, quien fue uno de los tantos intelectuales que escribieron en Quimantú y que, además, trabajó como periodista en las últimas dos campañas presidenciales de Allende.

TODAS LAS VOCES

A mediados de los sesenta surgieron en Chile diferentes voces. En la Peña de Carmen 340, o De los Parra, cantautores nacionales como Quilapayún o Víctor Jara encontraron un espacio para la canción comprometida con la reivindicación de la clase obrera y del sentir latinoamericano. Entonces surgió la Nueva Canción Chilena, de contenido social y raíces folclóricas.

"Yo llamo a ese tiempo la ‘década prodigiosa’", declara Manns, protagonista y testigo del movimiento. "En todo el mundo veían la luz experiencias nuevas. Aparecieron Los Beatles; la Nueva Trova Cubana, con Silvio Rodríguez y Pablo Milanés; la Nueva Canción Catalana, con Joan Manuel Serrat. Había efervescencia en el aire, se respiraba creatividad. Éramos una patota de locos felices, devorando una suerte de euforia inconcebible".

Allende era entonces senador y asistía con cierta regularidad a la peña. Fue precisamente durante su candidatura presidencial, a la par de los primeros festivales de la Nueva Canción Chilena, que este canto tomó fuerza. Y la recientemente inaugurada Discoteca del Cantar Popular (Dicap) se transformó en su principal vía de difusión.

"Antes de Allende, la música chilena fue censurada, no la tocaban en las radios. Primaba en ellas la Nueva Ola y trataban de proyectar una cosa banal y estúpida", asegura Juan Carvajal, ex director artístico del sello. "Después comenzaron a tocarla, porque tuvo un éxito comercial".

Dicap se convirtió en la segunda discográfica del país, tras RCA (nacionalizada como IRT), en los setenta. Entonces, Tito Fernández, el "Temucano", lideraba los rankings, con ventas que duplicaban a cualquier otro cantante. Le seguían Quilapayún; bastante más atrás, Víctor Jara e Inti-Illimani, y a muchos otros pasos de distancia, los Parra.

"Los opositores se iban a sellos comerciales como Odeón", relata Carvajal. "Pero nosotros, en el ’73, estuvimos a punto de grabar música de Mikis Theodorakis [quien musicalizó el ‘Canto general’ de Neruda], con Gloria Simonetti".

Otra característica de Dicap fue el desarrollo de carátulas que unían música y gráfica. En general, los discos de la época venían con una foto del intérprete y letras sin ningún diseño. De la mano de los hermanos Antonio y Vicente Larrea, y de Luis Albornoz, la compañía lanzó unas cien tapas con estilo propio, durante los cinco años que funcionó. Entre ellas, imágenes emblemáticas, como la de Víctor Jara "con el cigarrito".

Tras el golpe, los militares desmantelaron las dependencias de la compañía y quemaron material irrecuperable. Para siempre se perdió una grabación-homenaje a Neruda, que se hizo en el Estadio Nacional, cuando recibió el Nobel, con discursos de Salvador Allende y Carlos Prats. "La destruyeron en mi casa. Habría sido algo maravilloso tenerla en estos momentos", dice Carvajal. Este barítono y actual profesor de Canto e Interpretación de la Universidad Arcis, estaba en Roma, junto con Inti-Illimani, como parte de una misión cultural de Allende, el 11 de septiembre de 1973. Gracias a que llevó gran parte del catálogo, éste pudo reeditarse más tarde.

 

MUSEO DE LA SOLIDARIDAD

"Cuando vino la última campaña de desinformación de la derecha dura, el Gobierno armó la ‘operación verdad’. Invitó a intelectuales y políticos para que vinieran a ver la realidad chilena", explica José Balmes, quien era decano de la Facultad de Bellas Artes de la Universidad de Chile y formaba parte del Consejo de Cultura de Allende.

"Yo le propuse que invitara a José María Moreno Galván, un prestigioso crítico perseguido por la dictadura de Franco". Según recuerda, su invitado y él bajaban por Agustinas, cuando el español le comentó que quería proponerle un proyecto al Presidente. Entonces, Balmes le sugirió que fueran a verlo. A Moreno Galván le sorprendió la facilidad con que entraron por Morandé 80. "Le pareció peligroso... En fin, hablamos con Allende. Moreno le dijo que se podían traer obras del mundo a Chile, de los pintores antifranquistas, formar una gran colección de arte que apoyara al Gobierno popular, con trabajos que los artistas donaran".

Cientos de obras de figuras como Picasso, Miró, Siqueiros y Guayasamín arribaron al país. Y la primera exposición del Museo de la Solidaridad se inauguró en 1972 en el Museo de Bellas Artes, en momentos de gran tensión política.

Le siguió otra en el edificio donde se realizaría una conferencia de la Unctad y que Allende esperaba se convirtiera en un gran centro cultural. La construcción, levantada maratónicamente en apenas ocho meses, con la colaboración de numerosos ingenieros y artistas, se llamaría en el futuro Gabriela Mistral. Pero los planes de Allende acabaron irónicamente. Después del golpe, obras de artistas connotados que decoraban el lugar fueron saqueadas. Y con La Moneda bombardeada, éste se convirtió en el centro de operaciones de Pinochet, bajo el nombre de Diego Portales.

Para "el 11", una muestra del Museo de la Solidaridad se exhibía en el Museo de Arte Contemporáneo, ubicado en la Quinta Normal. Muchas obras se almacenaron en malas condiciones o fueron escondidas en pasillos subterráneos de la Escuela de Bellas Artes (el ahora MAC del Forestal). Recién, a mediados de los ochenta, Balmes, actual director del Museo de la Solidaridad Salvador Allende, y Pedro Miras, las pudieron recuperar.

Hoy, el museo reúne unas 2.500 piezas. "Y aún seguimos recibiendo obras, porque hay gente que quiere aportar", señala Balmes.

 

MURALES Y AFICHES

A comienzos de los setenta había en Chile un clima propicio para la creación y un apoyo a un movimiento de masas fuerte. Mientras la polarización política se gestaba, la participación ciudadana se desbordaba en las calles, cuyos muros amanecían pintados. Esta forma de expresión se había popularizado durante la campaña presidencial de Allende, en que brigadas muralistas, como la Ramona Parra, alcanzaron protagonismo.

La mayoría de los artistas plásticos también estaban involucrados. Junto a los muralistas, que a veces se disputaban los espacios con violencia, pintaron, por ejemplo, muros desde la Estación Mapocho hasta la Escuela de Derecho de la Universidad de Chile. Todo esto se prolongó a lo largo del país, en las carreteras.

Hasta Roberto Matta, invitado Chile por el Mandatario a fines de 1971, se contagió y se unió a la Ramona Parra para la creación del "Primer gol del pueblo chileno", en la Piscina Municipal de La Granja. El mural, de 25 metros de largo, fue bautizado así en referencia al cumplimiento de un año de Gobierno de la UP.

Los carteles también tapizaban las paredes. Los hermanos Larrea hicieron el afiche "Por ti venceremos", que cerró la campaña de Allende, por ejemplo. "El Gobierno de Allende marcó el período más popular del afiche en Chile", afirma Vicente Larrea. "Cumplía una función plenamente social. La idea era que un afiche fuera entendido por igual por todos los chilenos. No era una comunicación para elites. La gráfica reflejaba el espíritu del Gobierno de Allende, que era sumamente amplio".

Tanto como las anchas alamedas que él vislumbró para el hombre libre, y que, pese al valor de sus ideas, apenas logró pavimentar.

 

El último suspiro de Allende

El último suspiro de Allende

La Nación Jueves 5 de junio de 2008   

Por Gabriel Bahamondes

Habla el director y el actor del filme "1973, Revoluciones por minuto"

La película que ficciona los últimos momentos del Presidente en La Moneda, se inspiró en obra de teatro y se estrena el 19 de junio.

Foto: Rodada en Nueva York, el director dice “que es un filme profundamente chileno”.

 Un actor camina por las solitarias dependencias de un teatro en Nueva York. En tono reflexivo, recrea las últimas horas del Presidente socialista el 11 de septiembre de 1973. Se siente el sobrevuelo de los aviones de la fuerza aérea que bombardearán el palacio de gobierno. Solo y teniendo claro que es su última batalla, Salvador Allende recuerda a su familia, sus amores, el hijo que no tuvo y el complejo momento que enfrenta.

Este es el hilo conductor de "1973, Revoluciones por minuto", la nueva película (rodada en Nueva York) que narra las últimas horas del Mandatario. "Creo que es un filme profundamente chileno, que tiene una reflexión histórica, que apela a la memoria y que muestra sucesos que ocurrieron hace muy poco tiempo. Santiago y Nueva York comparten el 11 de septiembre, una fecha en que ambas ciudades han sufrido, que han pasado por momentos sumamente complejos en su historia", asegura su director, Fernando Valenzuela.

"Si Pinochet quiere verme, que venga a La Moneda", dice Ramiro Sandoval, el actor colombiano que encarna al Presidente en el largometraje inspirado en la obra teatral "La muerte de un Presidente" del argentino Rodolfo Queblen. La idea original del filme parte cuando Valenzuela y el productor Eduardo Larraín se enteraron de ésta realizada en Estados Unidos. "En la cinta, Allende recuerda con mucho cariño a la "Payita" (Miria Contreras), su secretaria y por supuesto a su esposa, la Tencha. Esta película tiene elementos de la tragedia griega que se acompañan con la voz en off encarnada en el Dante, quien lo va preparando para su final. ‘Hace tiempo que huelo la muerte, ¿será que voy a morir?’, dice Allende. Él siente la traición y habla de ella durante toda la película", asegura el director.

AVIONES TRAIDORES

En uno de los momentos más tensos del filme, Allende levanta la cabeza, mira al cielo y dice, "los aviones de Leigh, yo mismo lo condecoré", con un tono de profunda decepción. "En términos políticos, la cinta no ataca, no critica, no enjuicia. Tiene claramente una tendencia de izquierda, pero más que hacer una cinta sobre el ‘73, es una cinta sobre Allende y sus últimos momentos. De hecho, el teatro vacío representa la soledad del Presidente en esos instantes y solo un niño entra y sale de escena como una metáfora del niño que perdió la Tencha por su embarazo fallido", afirma el realizador.

Para el protagonista, Ramiro Sandoval, el filme refleja la soledad de un héroe en un mundo abandonado. "El personaje del doctor Allende nos cuenta conmovedoras historias que cubren importantes temas, la traición es el eje fundamental alrededor del cual tienden a gravitar temas como el amor de padre, de esposo, de amigo o de amante, de servidor público y de profesional (medico)". LN