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Centros Chilenos en el Exterior

Opinión

SOBRE LA ILEGITIMIDAD DE PINOCHET (1973-1990)

Enviado por: "Germán F. Westphal" westphal@umbc.edu   gfwestphal

Hace algunos días el Senador socialista Camilo Escalona andaba por ahí diciendo que el régimen de Pinochet había sido ilegítimo. Después, la Presidenta le negó funerales de Estado como ex Presidente de la República y solamente autorizó funerales como ex Comandante en Jefe del Ejército pues había sido nombrado como tal por Salvador Allende, un Presidente legítimo, con la obvia implicación de que la Presidencia de Pinochet no lo había sido. Hoy, los senadors socialistas Jaime Gazmuri y Jaime Naranjo, la Diputada Isabel Allende de la misma tendencia, la Senadora y los Diputados demócrata cristianos Soledad Alvear, Jorge Burgos y Roberto León, el Senador radical social demócrata José Antonio Gómez, y el Diputado pepe deísta Marco Núñez, vuelven a negar legitimidad a Pinochet como ex Presidente de la República y afirman que su busto no debería estar en la Galería de los Presidentes de Chile del Palacio de la Moneda, contrariamente a lo que ha declarado, muy a su pesar, la Ministra de Defensa, Vivianne Blanlot.

Desde luego, a ninguno de estos representantes de la clase política chilena se les ocurre pensar que ellos mismos, de una manera u otra, legitimaron a Pinochet cuando le otorgaron, nada menos que en virtud de una reforma constitucional, la tal llamada "dignidad" de ex Presidente de la República, le dieron el fuero que el bandido utilizó repetidamente en sus intentos para dilatar su procesamiento criminal y asignaron una jugosa dieta equivalente a la de un Senador de la República. Pero claro, en aquel entonces, de lo que se trataba era sacarlo del Senado por el obvio interés de que su falsa demencia no quedara en evidencia. Así, todos pusieron el grito en el cielo de que cómo iba a poder ejercer como Senador Vitalicio alquien que había sido declarado legalmente loco, siguiendo la estrategia acordada con el ministro británico de paja para mantener la acción de la justicia a raya. Por tanto, le sugirieron que era mejor que abandonara su toga y curul, se fuera tranquilito para casa y que ellos le mantendrían el blindaje legal del fuero y una suculenta dieta que no era precisamente de pollo.

En fin! Esa era la conveniencia política del momento que justificaba echarse los principios al bolsillo, como de hecho se los echaron. Ahora la cosa ha cambiado! La alimaña no está sólo muerta sino que hecha polvo, el objetivo último de que muriera impune "muy a pesar nuestro" ha sido logrado y, así, podemos reivindicar nuestros principios!

Bueno, ciertamente, hay ocasiones en que es necesario ser políticamente práctico, pero si lo que hoy dicen es auténticamente honesto, veamos si encuentran la fórmula para declarar formalmente que el gobierno encabezado por Augusto Pinochet Ugarte (1973-1990) carecía de toda legitimidad, de modo que no corresponde rendirle honores de ninguna especie. Ciertamente pueden usar a tal efecto los Artículos 3, 4 y 22 de la Constitución de 1925 que Pinochet violó a sangre y fuego para hacerse con el poder. Incluso, podrían seguir, por ejemplo, el modelo de acuerdo con que en agosto de 1973 la Cámara de Diputados declaró, por simple mayoría, que el Gobierno de Salvador Allende Gossens había caído en la inconstitucionalida d.

En efecto, como la Ministra Blanlot ha declarado que habría que colocar el busto de Pinochet en la Galería de los Presidentes, la Cámara de Diputados bien podría adoptar un acuerdo relativo a la ilegitimidad del gobierno de Pinochet en virtud del Artículo 48, inciso 1, letra a) de la Constitución Política vigente y transmitírselo a la Presidenta. La coalición de gobierno tiene la mayoría de votos que necesita y, además, cuenta a su favor con la muy valiosa experiencia que la Democracia Cristiana tuvo sobre este tipo de acuerdos el 22 de agosto de 1973.

Bueno, lo siento! La idea no es mala, pero el problema es que ya se fueron de vacaciones.. . En un par de días es Noche Buena y al día siguiente, Navidad. Después viene Año Nuevo y en de ahí, el verano. En marzo nadie se acordará del busto, excepto del que exhibió o vio en la playa. Además están muy ocupados con esta cuestión de la corrupta corrupción... Y, por último, ¿qué es esto de andar revolviendo la historia?

 

Pinochet no fue un monstruo

Por: Erasmo Magoulas  ARGENPRESS.info  

Hay un interés mezquino, tergiversador y antihistórico por parte de la gran prensa transnacional y sus clientes y asociados menores vernáculos de América Latina sobre el caso de la muerte de Pinochet.

Todos y cada uno de estos medios nos han llamado y posiblemente nos sigan llamando, por un cierto tiempo, a un ejercicio esquizofrénico, propio de la más burda prensa policial clase “c” o la de los famosos clase “d”, de lo que fue (y sigue siendo) Pinochet para la clase trabajadora, las mayoritarias clases sociales excluidas y los intelectuales orgánicos con la transformación social en Chile.

El encuadre que le han querido dar y necesitan darle, es el de un “monstruo”, como aquel que se escapa de la norma y de la lógica, aquel extraño y singular, el extravagante fenómeno.

Matriz de opinión y matriz político-cultural que no tiene otro propósito que el de deslindar las responsabilidades de clase nacionales e internacionales sobre el genocidio chileno, su retraso histórico como país, su desigual crecimiento burdamente trampeado por lo que falsimedia llama “desarrollo”, la grotesca concentración de la riqueza cada vez en menos manos, la imposición de un modelo dependiente y exportador que retrotrajo al país austral a una situación de neo-colonia.

Una suerte de trabajo de “asesores de imagen” para los verdaderos responsables.

Pinochet no fue más que un taimado y cobarde ejecutor, representante de la oligarquía y de la alta burguesía chilenas, dependientes para su supervivencia (que es lo mismo que decir para seguir usurpando los resortes hegemónicos de las finanzas y la economía) del capital transnacional y fundamentalmente del imperialismo Usamericano.

Falsimedia quema un fusible, para salvaguardar y perpetuar la funcionalidad del sistema de dominación global neo-colonial y de sus clases clientes en los países periféricos.

Abre brecha entre el ejecutor y los responsables intelectuales: el Banco Mundial, FMI, el Departamento de Estado, la CIA, la Kennecot, la Anaconda, el consorcio Braden y Guggenheim, Asociated Press, el New York Time, el Washington Post, El Mercurio, etc.

Pinochet no fue un sanguinario asesino en serie sino el ejecutor a las órdenes de una clase asesina de clase y de un sistema político-económico asesino de pueblos. Borró del mapa político, social, económico y cultural, a sangre y fuego, a todo aquel que pudiera interferir en el establecimiento del modelo que le dictó el imperialismo Usamericano y los sectores de clase chilenos dependientes del mismo.

La imagen de monstruo que la prensa aliada a Pinochet quiere enrostrarle hoy, no es más ni menos que una patraña.

No hay extravagancia ni fenómeno paranormal o parapsicológico en la figura de Pinochet, ni en el golpe de estado imperialista y oligárquico del 11 de septiembre de 1973.

Por el contrario hay una lógica fría ejecutada a punta de bayonetas y de misiles, hay una norma enmarcada en perpetuar los intereses y privilegios de unos pocos por sobre los intereses y los derechos de la mayorías.

No busquemos esa lógica, ni esa normativa, en la prensa transnacional ni en los analistas que le sirven de voceros, para entender lo que paso en Chile a partir del año 1973, porque no las encontraremos.

Y no las encontraremos porque falsimedia es parte del fraude de la información, de la verdad y de la realidad de los hechos históricos.

Es un verdadero cuento de camino el “dilema” entre un “capitalismo humano” y Pinochet, cuento que quiere marcar y sellar el “aparato cultural y noticioso globalizado de la mentira”, falsimedia o los CCD (Centros Corporativos de Des-Información), que son lo mismo.

Pinochet fue la expresión y la necesidad de los sectores contrarios al avance de la historia. Pinochet fue una necesidad y la expresión más lógica y coherente de los sectores del privilegio, nacionales e internacionales, en la coyuntura chilena del 73.

Pinochet no fue un fenómeno aleatorio y extravagante sino una respuesta medular, lógica y consecuente del capitalismo y del imperialismo frente al avance de los sectores populares chilenos, consientes de sus derechos y de la necesidad de reivindicarlos.

Por eso también entra dentro de esa lógica, que un mercenario de la comunicación como Jorge Lanata (periodista argentino) se pregunte de dónde salen estos monstruos, cómo una sociedad los crea, por qué la sociedad los tolera y se pone bajo su égida, qué cosas mantienen a las dictaduras cuando se encaraman en el poder.

Lo conocemos a Lanata, sabemos hacia donde apunta esa matriz simplona, ese silogismo barato que plantea.

Según Lanata los responsables del “fenómeno” Pinochet son todos los chilenos, no hubo, según Lanata, clases ferozmente castigadas ni clases pornográficamente privilegiadas.

Por eso Lanata se “sorprende” de un Pinochet descubierto como ladrón. El ladrón para Lanata fue Pinochet, en cuestión de robos, según el periodista argentino, el capitalismo, la privatización de las empresas públicas, la precarización y flexibilidad laboral, la tasa de desempleo, las reformas estructurales neoliberales, las 3000 familias chilenas dueñas del 80 % de las tierras cultivables, no son parte del robo. Por eso también Lanata dice que Pinochet pagó sus crímenes con el escarnio de haber sido descubierto como ladrón. Vaya que sentido de la justicia el de don Jorge. Sin eufemismos mediante, eso es clamar por borrón y cuenta nueva.

Lo que me da miedo no es Lanata, porque él no es un ignorante, es un periodista orgánico y funcional de la desinformación, sino los ingenuos, candidos, que todavía no se han caído de la higuera y aun no se han dado cuenta que esto de la información es una guerra entre los que batallamos por una verdadera equidad y participación del conocimiento contra los que usan la desinformación para perpetuar sus privilegios.

Que a Lanata le den espacio los medios que mienten y tergiversan, es comprensible, pero que voces como esas se filtren en espacios y medios que por su naturaleza y principios asumen la categoría de prensa popular y alternativa es intolerable y denota el largo camino que tenemos que recorrer todavía para entender donde estamos pisando.

El papel del estado chileno en la muerte de Pinochet

Pascual Serrano
Rebelión

El seguimiento informativo de las exequias de Pinochet nos ha permito apreciar qué papel ha adoptado el estado chileno ante la situación. El estado lo hemos podido visibilizar mediante la presidenta Bachelet, la ministra de Defensa, los militares y las fuerzas de orden. Bachelet, al puro estilo plano de la socialdemocracia al uso, ha reaccionado con comentarios vacíos. Dijo que ha tenido que tomar decisiones pensando en el bien de “todos los chilenos” y para evitar el enfrentamiento entre las partes. Consideró que la muerte del ex dictador ha simbolizado la partida de un referente de ''divisiones, odio y violencia''. Volvió a recordar que en 1990, los chilenos ''recuperamos la democracia'' y que las exequias del ex dictador se desarrollaron con ''la tranquilidad debida'' y ''respetando a los dolientes''. Explicó que durante los últimos días le ha correspondido tomar decisiones como Presidenta de ''todos los chilenos'' y pensando en el bien de los ciudadanos, aludiendo a la determinación de su gobierno de implementar las fuerzas de seguridad para evitar que se ''desbordaran'' los ánimos tras la muerte del ex dictador. Y calificó como un ''éxito'' las medidas tomadas en los últimos días, porque en el país se mantuvo el orden público y sólo se registraron algunos focos localizados de protestas.

Dijo algo tan original como que ''en Chile caben todos'' y que aspira a que su nación sea ''un país integrado''. Por supuesto no hizo ningún comentario sobre la decisión de la familia Pinochet de colocar sobre el féretro del ex dictador la banda presidencial.

Por su parte, la ministra de Defensa asistió al funeral, dio el pésame a la familia, puso a disposición del evento toda la infraestructura y boato del ejército y soportó los insultos, abucheos y humillaciones a que le sometieron los seguidores del dictador. También escuchó respetuosamente todas las soflamas fascistas de los familiares que hablaron ante el féretro.

Finalmente las fuerzas de seguridad reprimieron violentamente al pueblo chileno que se manifestaba indignado para expresar su rechaza a los crímenes y violaciones de los derechos humanos que se produjeron durante la dictadura.

Con este repaso al protagonismo de los diferentes estamentos del estado chileno cada uno puede intentar deducir donde se ha situado el gobierno de Chile. Eso sí, se llama socialista.

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Un nuevo acto de provocación.

La presentación del diputado de la UDI, Iván Moreira, de construir un monumentos a Augusto Pinochet en las ciudades de Santiago, Iquique y Valparaíso, es un acto de provocación hacia el pueblo de Chile y a la comunidad internacional. La derecha chilena aún asume, y así lo demostró en el funeral del dictador, una posición irreflexiva sobre el legado de un hombre, que por la fuerza de las armas se encaramó en poder para servir los intereses de compañías y grupos transnacionales y a un sector de la burguesía criolla.
Un monumento al dictador es simplemente ignorar las violaciones a los derechos humanos que nuestra América haya conocido. Dolor que no solo es sensiblemente presente en miles de familias chilenas, sino que además se inserta en  los Estados Unidos, Europa y muchos países de nuestra América Latina. El solo hecho del desprecio por la vida humana, el uso de la tortura como política oficial del Estado, las desapariciones de miles de ciudadanos y su lanzamiento al mar para no dejar huellas, son hechos que la comunidad internacional conoce muy bien y que los condena con la misma fuerza e intensidad, como lo hace mayoritariamente el pueblo chileno.
Pero no solo eso. Un monumento al dictador, significa avalar y reconocer  como “normales” las acciones ilícitas de apropiarse de caudales públicos en beneficio personal y de su familia. Es legitimar el robo, el descaro y la desvergüenza. Es llevar al bronce los hábitos de ignominia y cleptomanía como valores lícitos para las nuevas generaciones del país.
Se aduce también, como una forma de justificar su construcción, una supuesta prosperidad económica y estabilidad política. ¿De qué prosperidad económica me hablan? De la prosperidad que le significó hacerse de empresas del Estado a precios irrisorios a un puñado de seguidores incondicionales, que habrían estado dispuestos a vender a sus propias madres a cambio de ser parte del botín de guerra contra un pueblo desarmado, que siempre confió en sus Fuerzas Armadas y que no tardaron en comprobar que eran solo guardias pretorianas de las elites oligárquicas y plutocráticas, herederas del capitalismo hispano.
O me están hablando del modelo neo-liberal, que un 84% de la población de Chile lo condena y pide un cambio sustantivo, ya que él beneficia solo a minorías inescrupulosas que se enriquecen a costa del sacrificio de la mayoría del país.
¿De qué virtudes del sistema democrático me hablan? De una democracia protegida, amarrada para silenciar a la prensa independiente, a las organizaciones sociales y a un parlamento que perdió, por la Constitución de 1980, el poder de iniciativa, de control y de representatividad ciudadana, en las funciones que le fueron tradicionales a partir de la Constitución de 1925. La estabilidad política se alcanza sólo cuando el pueblo, en su conjunto, es el real protagonista de la construcción de la historia y del bienestar del país, cosa que hoy se le niega absolutamente por el sistema autocrático impuesto arbitrariamente en la Constitución pinochetista.
Hacerle un monumento al dictador es poner sal en las heridas de la comunidad internacional y del Chile, que aun espera justicia, dignidad y ser parte de la construcción histórica de su país.
Espero, desde Australia, que surjan en Chile cabezas lúcidas que impidan esta nueva afrenta de la derecha, que desafortunadamente ha encontrado nuevamente un eco en la Fuerzas Armadas, como quedó demostrado en el funeral del dictador.
 
Gustavo Mártin Montenegro

Master es Español y Estudios Latinoamericanos

Universidad de New South Wales
Sydney - Australia


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LA MUERTE DEL TIRANO

LA MUERTE DEL TIRANO

Marcos Roitman Rosenmann

La Jornada

 El Periódico Nuevo Enfoque (PNE). - Un sabor agridulce queda por encima de la muerte del tirano. No sera la justicia quien dicte sentencia frente a uno de los personajes que menos ha merecido el cargo de general en jefe de las fuerzas armadas chilenas y de presidente constitucional gracias a los acuerdos de la transición. Si hacemos memoria, su fama no es propia sino ajena. Fue bajo un discurso anticomunista y de fe católica, en medio de la guerra fría, cuando logro concitar en su entorno a miles de bienintencionados e ingenuos cuyas mentes seguían a pies juntillas los esloganes de la propaganda de la derecha política.

Muchos de ellos, gobernando Salvador Allende, se unieron a la cruzada de creer que el marxismo era una doctrina come niños cuyo objetivo era convertir el país en provincia de la Unión Soviética. Ante semejante futuro creían necesario una respuesta. El prototipo de golpe de estado se generalizó tras el triunfo de la revolución cubana. Valga como ejemplo, la publicidad electoral que me tocó vivir siendo niño durante la campaña presidencial de Eduardo Frei Montalva en 1964 y que guardo en el recuerdo. 

Se trata de un montaje publicitario, la mentira en política no es nueva, un cartel, donde guerrilleros fusilan a un sacerdote en cuclillas con una frase sobrepuesta: ((Chileno, esto ocurre en Cuba, no permitas que suceda en Chile!!. Tenia nueve años y cuando llegue a casa mi imaginación ya había construido un mundo en Cuba y en Chile.

Desde luego no quería otra Cuba. Mi padre, viejo republicano español, escucho y deshizo el entuerto. Pero el cebo era para haber mordido y tragado todo el anzuelo.

Seis años mas tarde, durante el gobierno de la Unidad Popular, comprendí la eficacia de tal mentira. Había calado hasta los huesos en la sociedad chilena. Y ademas mostraba el camino a seguir en caso de triunfo de los rojo: el alzamiento nacional y el golpe de Estado. La España de progreso del General Francisco Franco daba luz. Caudillo por la gracia de Dios. Esos argumentos se escucharán en Chile durante tres años (1970-1973), obteniendo carta de ciudadanía y verisimilitud, se transforman en opción política. Estaban en boca de mucha gente que lentamente se decanto por la desestabilización. Fue el método para sabotear al gobierno y mas tarde justificar el golpe militar, con el apoyo de los Estados Unidos. Nixon y Kissinger fueron los interlocutores para los socios criollos, la democracia cristiana, el partido nacional y sectores de las fuerzas armadas. Entre ellos buscaron los mecanismos para destruir la ciudadanía republicana y la vía chilena al socialismo.

Tal vez un tercio de la población creyó que Chile sufría el cáncer del comunismo, la ingerencia cubana y de un plan destinado a matar a los chilenos contrarios a la Unidad Popular que pasó a llamarse AZ@. Ante tan negro futuro, faltaba encontrar en las fuerzas armadas los iluminados, los redentores de la Patria. La trama civil del golpe se urde sobre bases concretas. Son Patricio Alwyn, Zaldívar, Freí, entre otros, junto a dirigentes del partido nacional quienes ponen en contacto a militares por medio de reuniones privadas en sus casas. Los convites de asados, parrilladas y cumpleaños son la excusa. Así se reconocen y organizan el complot, acabar con el gobierno de la Unidad Popular. No existía un nombre. Era indiferente el personaje. La construcción de la identidad de Pinochet es a posteriori. Su protagonismo le obligará a eliminar a sus iguales. Destruir toda prueba que descubra su relato. Por ese motivo asesina a dos generales Bonilla y Lutz, este último jefe de los servicios de inteligencia el día 11 de septiembre. Verdaderos artífices de la trama pre-golpe. El, simplemente sintetiza una opción. Mas tarde acabara destituyendo al general Leigh de la junta militar y ejerciendo como presidente de la junta militar.

Este personaje oscuro, sin ideas propias, ni principios éticos, con deseos de grandeza, termina aislado como Hitler en el bunker familiar, presa de sus delirios y vitoreado por unos cuantos cientos de fanáticos. No serán muchos los que sientan su muerte. Los otros, los compañeros de viaje en 1973, los mas representativos, los anticomunistas de guerra fría y de los sectores medios lo tildan corrupto y de haberse lucrado durante su mandato. Ser un Traidor a sus ideales. Ese tercio de chilenos, que lo apoyaron, lo vitorearon, lo tira a la cuneta. Ese es el peor castigo al cual Pinochet se enfrentó en vida. Saberse al mismo tiempo instrumento de otros para destruir el orden democrático y no poder terminar como héroe ni siquiera para una derecha que lo desconoce e incluso lo escupe. El general, ya atisba su futuro una vez muerto. No habrá funeral de Estado y pasará a la historia en los libros de texto como asesino, responsable de crímenes de lesa humanidad.

Tal vez debería haber sido juzgado y condenado. De esa manera se haría justicia. Pero la estatura de la magistratura y la élite política chilena no estuvo a la altura de sus víctimas y detenidos desaparecidos, a quienes sigue perteneciendo la dignidad de la lucha por la democracia. Pero vale la pena señalar que con la muerte de Pinochet sigue abierto el juicio por crímenes de lesa humanidad, ya que las responsabilidades de ministros, asesores y responsables políticos que participaron en su gobierno les hace cómplice y los compromete directamente con la violación de los derechos humanos. La justicia internacional seguirá sin archivar la causa.

Por último, no podemos olvidar la escasa talla intelectual del finado. Ambición de poder, amor por el dinero, el lujo, el derroche y la ostentación. Todas cualidades que reflejan cobardía y corrupción de carácter que destruyen el mito de heroicidad y patriotismo que con tanto esmero se dedicó a construir para justificar la infamia del 11 de septiembre de 1973. Sin embargo, el descubrimiento de sus cuentas secretas y sus múltiples actos de corrupción demuestran que rompió con la dignidad de militar y el deber de soldado. Era un ejecutor de la doctrina del enemigo interno y un creyente de tres dogmas: la familia, dios y anticomunismo. Su trabajo consistió en aniquilar el proyecto cultural, la condición humana y la vida, por tanto en mandar a matar y asesinar. En este sentido, si su muerte concita un solo día de duelo o las fuerzas armadas lo entierran con honores militares constituirá un oprobio para las víctimas de la tiranía, un desprecio a las instituciones, y una señal de que la democracia no funciona en Chile. 

 

 

Hace tiempo que no sentía un Ambiente Navideño tan confuso...

Por Valeria Bustos ArriagadaConsejera Nacional

Los noticieros de antaño difundiendo costumbres extranjeras (y a veces nuestras)

Inundando nuestras pantallas de T.V. con viejos pascueros, papás noel, santas claus, renos, campanas, trineos, nieve (de la verdadera  y la otra)...

Mitos, leyendas, Rojo-Verde-Blanco-Dorado

Niños pobres sin regalos, empresarios ricos entregando limosnas, familias solidarias compartiendo lo poco, el Hogar de Cristo y Correos de Chile con sus campañas de juguetes, los curas, los animadores de t.v., futbolistas, ofertas 2 por 1 , lleve hoy y endéudese mañana

Cuba censurando al viejo pascuero, Rusia con viejo pascuero, tío sam vestido de viejo pascuero...y mas y mas y mas...

Pero hoy siento algo distinto en el ambiente : La muerte del dictador un 10 de Diciembre ,una semana después de la  Teletón , que es como nuestra pre-navidad, me hace ver Chile un poco diferente, sinceramente en mi fuero interno siempre creí que moriría antes que Pinochet, sin duda mis años de juventud, al igual que de cientos de miles de chilenos, no fueron exentos de riesgos, en los gloriosos  años 80 vivíamos la Cultura de la Muerte, pero con ganas, con verdades, con transparencia, con luchas, sueños y energía juvenil .El objetivo era claro y poníamos todo nuestro empeño en lograrlo.

Hoy, pese a la alegría de la desaparición física del responsable de tanto dolor para nuestro Pueblo, queda ese sabor amargo de saber  que murió de viejo, en impunidad y llevándose al infierno secretos tan valiosos para los familiares de los Detenidos Desaparecidos.

Ayer vecinos de Las Condes aprueban cambiar a una importante Avenida de su comuna el nombre por Presidente Pinochet...entonces ¿De qué reconciliación estamos hablando?

Considerando nuestra realidad como sociedad, con la pena que esto significa, ya estoy que le digo a mi hija de 5 años que el Viejo Pascuero no existe...que son los papás los que compran los regalos y que pese a que sueña con una muñeca que vio en la tele, no voy a endeudarme, porque mi contrato a Honorarios vence el 31 de Diciembre y no tengo certeza que me lo renueven.

 

Juicio al general

Juicio al general

Análisis sobre Pinochet está marcado por la dicotomía

Historiadores, sociólogos y analistas desmenuzan la figura del ex comandante en jefe y el rol que cumplió en el país.

La dicotomía es el elemento que marca y seguramente marcará por muchas décadas cualquier intento de interpretación acerca de la figura de Augusto Pinochet Ugarte y el papel que cumplió en la convulsionada historia chilena del siglo 20.

Para el doctor en Historia y docente de la Pontificia Universidad Católica de Chile Joaquín Fermandois, el régimen militar que encabezó Pinochet será bien o mal percibido en los años venideros, de acuerdo a cómo se desarrolle la situación en el frente interno.

En tanto, el historiador de la Pontificia Universidad Católica de Valparaíso Baldomero Estrada opina que, al evaluar, las violaciones a los derechos humanos pesarán siempre más que la transformación económica o el nuevo orden político.

El doctor en Sociología y consultor Eugenio Tironi maneja una percepción similar en su última columna: "Para algunos, su figura está identificada indeleblemente con la muerte, la desaparición, la tortura, el exilio, el despido, la humillación, el miedo, el silencio; para otros, a la salvación de una amenaza que ponía en peligro el orden, la propiedad, la libertad, el progreso económico y hasta la vida".

Tironi, en todo caso, introduce el matiz del destino: "¿Fue acaso un personaje excepcional, que a fuerza de genio o de valor marcó a su tiempo? No lo creo: Fue más bien un hombre empujado por la historia a tomar un protagonismo que nunca imaginó y que tuvo la astucia de seguir" sin resistencia. Recuerda que no organizó el golpe de Estado, pero al momento de las definiciones lo encabezó; que "hizo una revolución capitalista de corte liberal que sacudió a Chile hasta sus raíces, fractura cuyos efectos siguen vigentes hoy", pero afirma que ese proceso ocurrió casi accidentalmente; o que aceptó dejar el poder sólo al percatarse de que habían desaparecido las condiciones que lo habían instalado en él.

"Pinochet ha muerto", dice el analista, "y es la hora de reflexionar sobre nuestra sociedad, que en un momento lo creó y lo respaldó, para finalmente expulsarlo. Pinochet ya no está, pero esas misteriosas fuerzas siguen en nosotros".

DE DICTADOR A LIBERADOR

"Si se ensaya una proyección de los imaginarios colectivos a partir de la actual sociedad chilena, aún polarizada ideológicamente en un alto grado en forma manifiesta o subyacente, como resultado de un largo proceso que tiene como gran factor la creciente desigualdad económica y social, los chilenos recordarán a Pinochet dicotómicamente: como el dictador que violó sistemáticamente los derechos humanos o como el general que libró al país de una dictadura comunista y sentó las bases del crecimiento económico". Así piensa Juan Orellana, director de Sociología de la Universidad de Valparaíso.

Agrega: "Si en el futuro la conciencia colectiva aumenta su grado de lucidez, y los chilenos logran comprender que el general Pinochet surge en un proceso de crisis integral del sistema institucional, caracterizado por el choque de los poderes económicos y políticos, y las profundas transformaciones sociopolíticas emprendidas en las décadas del 60 y 70 que buscaban reducir la desigualdad económica y social, es posible que su figura se contextualice y se entienda que fue parte de una lucha de poderes donde las responsabilidades políticas aún no han sido dilucidadas".

Rodrigo Figueroa Weitzman, profesor del Departamento de Artes y Humanidades de la Universidad Andrés Bello, concluye que "aventurar el juicio de la historia sobre Pinochet no es un ejercicio fácil. Personajes tan controvertidos no suelen generar unánimes análisis en torno a su persona y tampoco, en este caso, a su gobierno".

Opinión de Eugenio Tironi "Es hora de pensar en nuestra sociedad, que creó y respaldó a Pinochet para finalmente expulsarlo. Él ya no está, pero esas misteriosas fuerzas siguen".

www.diariollanquihue.cl

 

Pinochet merecía otro final

Pinochet merecía otro final

Imagen: AFP     

  Por Santiago O'Donnell

La muerte de Pinochet, icono universal del tirano sanguinario, estuvo cargada de símbolos que dieron la vuelta al mundo.

La noche de furia en las calles de Santiago tras el anuncio del fallecimiento el domingo pasado, que reeditó el clásico estudiantes versus carabineros, molotovs versus cañones de agua.

El cortejo con Pinochet, de uniforme de gala, paseándose en carroza por las calles de Santiago.

El escupitajo de Francisco, el nieto del general Prats, en la cara de Pinochet para reivindicar la historia de su abuelo.

Los jóvenes pinochetistas haciendo el saludo nazi sobre el cadáver del dictador.

El homenaje a Allende frente al Palacio La Moneda, con la foto gigante del Chicho presidiendo una fiesta regada de música de Víctor Jara.

El discurso de Pinochetito reivindicando la dictadura en el entierro de su abuelo.

El vestido negro que eligió lucir Michelle Bachelet el día que enterraron a Pinochet.

La invocación que hizo al día siguiente a la memoria de su padre, el general Alberto Bachelet, apresado como ella tras el golpe del '73, torturado como ella en cárceles pinochetistas, que murió de un ataque al corazón sin recobrar la libertad.

Miramos con los ojos que tenemos y desde acá nos cuesta entender tanto homenaje, tanto uniforme de gala, tanto luto. Que Bachelet tenga que justificar por qué no fue al funeral y por qué no le permitió un funeral de jefe de Estado, en vez de justificar por qué le prestó la Escuela Militar y mandó a su ministra de Defensa para decorar la pomposa puesta en escena de las hienas de doña Lucía.

Al mundo también le cuesta entender. Los corresponsales extranjeros fueron el blanco de los abucheos en el funeral, como si fueran los malos de la película. En Chile los principales diarios y noticieros todavía no lo llaman "ex dictador", no lo llaman "asesino", no lo llaman "corrupto".

Pinochet tuvo el funeral que tuvo porque Bachelet lo pactó con el sucesor de Pinochet, el general Juan Emilio Cheyre, siendo ella ministra de Defensa de Lagos y él comandante en jefe de las Fuerzas Armadas. Bachelet y el sucesor de Chayre, Oscar Izurieta, respetaron ese pacto: funeral militar con todos los honores a cambio de subordinación a la decisión del gobierno de no ir más allá.

Cheyre fue el primer comandante en jefe de la democracia chilena y durante el gobierno de Patricio Aylwin sentó las bases de la llamada "doctrina Cheyre", según la cual el ejército rompió formalmente con el pinochetismo bajo la consigna de que no es la función de las fuerzas armadas opinar sobre lo hecho por gobiernos anteriores.

Dieciséis años después queda claro que ese pacto no impidió que los militares responsables por miles de asesinatos se refugiaran en un cono de silencio, una ley de amnistía de la dictadura y el andamiaje legal construido por el pinochetismo para no pagar por sus crímenes, salvo excepciones, al menos hasta ahora.

Chile no es Argentina. No hay que olvidar que recuperó la democracia siete años después, pero con Constitución pinochetista y el dictador atornillado a su sillón de senador vitalicio.

Para gran parte de la opinión pública chilena, el manejo que hizo la presidenta de la situación provocada por la muerte del dictador estuvo bien.

"Bachelet se fortaleció ante la opinión pública porque se puso por encima de todos, permitió dos manifestaciones simultáneas, con los pinochetistas en un barrio alto y adinerado y los allendistas en el corazón de la ciudad. Los jefes militares también ganaron puntos. Organizaron el funeral, echaron al nieto de Pinochet del ejército por dar un discurso político no autorizado y al otro día no dudaron en echar a un general por lo mismo, algo inédito desde el retorno a la democracia. Además reafirmaron su apego al gobierno democrático rodeando y protegiendo con sus figuras a la ministra de Defensa durante el funeral, y mostrándose junto a Bachelet al día siguiente en La Moneda, cuando la presidenta enfrentó a los medios por primera vez desde la muerte del dictador", analizó el sociólogo Eugenio Tironi, jefe de prensa durante el gobierno de Patricio Aylwin, en diálogo telefónico con Página/12.

Está bien. Tiene su lógica. ¿Pero era necesario que se vistiera negro?

"Yo creo que hizo lo correcto porque es una manera de respetar la decisión de las Fuerzas Armadas de velar a su comandante en jefe. Sobre Pinochet pesaba una condena moral pero no legal y en Chile somos extremadamente legalistas. En la Argentina cruzás la calle por la senda peatonal y los autos te atropellan", grafica José Zalaquett, profesor titular de la cátedra de Derechos Humanos en la Universidad de Chile, integrante de la Comisión de la Verdad de 1998 y miembro de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIHD).

Zalaquett aconseja no dejarse llevar por la simbología del funeral y destacó que Chile no le va en zaga a la Argentina en materia de derechos humanos y que en todo caso sigue un camino más predecible.

"En los casos de derechos humanos la Justicia chilena ha avanzado y se ha frenado, pero nunca hubo retrocesos. A diferencia de Argentina y Uruguay, durante los gobiernos democráticos no se aprobaron leyes de Caducidad, ni de Punto Final ni de Obediencia Debida ni indultos a los jefes militares. El jefe de Inteligencia de Pinochet, Manuel Contreras, fue encarcelado y otros altos jefes fueron juzgados o procesados. Actualmente hay aproximadamente 50 militares sirviendo sentencias o con sentencias cumplidas. A diferencia de la Argentina, donde las estimaciones de los desaparecidos oscilan entre los 30.000 y 9.000, en Chile no hay disputas sobre las cifras. El número de asesinatos cometidos por el gobierno de Pinochet que publican los diarios de derecha y las principales organizaciones de derechos humanos sólo varían en un 5 por ciento. La Comisión de la Verdad que integré registró unos 3500 asesinatos, incluyendo unos dos mil casos donde los restos fueron devueltos a los familiares y otros 1400 que permanecen desaparecidos. Dos años más tarde otra Comisión de la Verdad sobre tortura y trato de prisioneros políticos registró unos 37.000 casos de detenciones ilegales y pudo establecer que la tortura era una práctica generalizada. Hubo muchos más casos, pero ésos fueron los que se denunciaron. Los familiares de las víctimas recibieron una compensación del Estado, lo mismo que aquellas personas que se tuvieron que exiliar y quienes perdieron sus empleos públicos por razones políticas después del golpe del '73. La verdad, al menos la parte fundamental, se conoce y la condena moral existe. Pero la Justicia es lenta y Pinochet supo cubrir su huellas", explicó el profesor desde Santiago.

"Bachelet no podía hacer otra cosa. No podemos rebajarnos al nivel de los que festejaron con champagne cuando murió Allende", concluyó el jurista.

El argumento suena razonable, civilizado, republicano y garantista, pero no repara la injusticia. Pinochet merecía otro final.

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