Blogia

Centros Chilenos en el Exterior

A la muerte de un canalla

Por: Mario Benedetti

Los canallas viven mucho, pero algún día se mueren

Obituario con hurras
Vamos a festejarlo
vengan todos
los inocentes
los damnificados los que gritan de noche
los que sueñan de día
los que sufren el cuerpo
los que alojan fantasmas
los que pisan descalzos
los que blasfeman y arden
los pobres congelados
los que quieren a alguien
los que nunca se olvidan
vamos a festejarlo
vengan todos
el crápula se ha muerto
se acabó el alma negra
el ladrón
el cochino
se acabó para siempre
hurra
que vengan todos
vamos a festejarlo
a no decir
la muerte
siempre lo borra todo
todo lo purifica
cualquier día
la muerte
no borra nada
quedan
siempre las cicatrices
hurra
murió el cretino
vamos a festejarlo
a no llorar de vicio
que lloren sus iguales
y se traguen sus lágrimas
se acabó el monstruo prócer
se acabó para siempre
vamos a festejarlo
a no ponernos tibios
a no creer que éste
es un muerto cualquiera
vamos a festejarlo
a no volvernos flojos
a no olvidar que éste
es un muerto de mierda.

 

El ex dictador Augusto Pinochet murió en el Día Internacional de los Derechos Humanos y cumpleaños de su mujer

Por Ernesto Carmona  / Argenpress.infp

Gran parte de Chile festeja la muerte del ex dictador Augusto Pinochet Ugarte, mientras sus partidarios protagonizaban desórdenes públicos en los alrededores del Hospital Militar. El ex dictador murió de manera repentina en el Día Internacional de los Derechos Humanos y tras celebrar el cumpleaños de su mujer, Lucía Hiriart.

El deceso ocurrió exactamente a las 14:15 horas del domingo 10 de diciembre, a causa de una inesperada descompensación cardiaca. Un comunicado de prensa del centro médico castrense informó en la mañana que Pinochet 'estaba muy bien, en plena recuperación', pero a las 13:30, el ex dictador sufrió una crisis cardiaca. Trasladado a la unidad de cuidado intensivo, los médicos no pudieron resucitarlo y 45 minutos más tarde ya era cadáver.

Pinochet fue internado el pasado domingo 3, por un infarto al miocardio y un edema pulmonar, pero después de una rápida recuperación fue retirado de la unidad de terapia intensiva e incluso se esperaba el alta médico para que abandonara el hospital el martes. El cuerpo será velado en la Escuela Militar.

Carnaval en Santiago

En menos de una hora, la noticia desató un carnaval en Santiago. Según informes de radioemisoras y fuentes del ministerio del Interior, a partir de las 15 horas comenzó a concentrarse gente en diversos sectores de la capital a fin de exteriorizar su alegría, a pesar del intenso calor. Mientras los automóviles
hacían sonar sus bocinas, gente con banderas salió a las calles para celebrar con gritos, champagne, vino, refrescante cerveza o simplemente agua. Se leyeron letreros que rezaban “Gracias, Viejito Pascuero”, nombre chileno de Papa Noel o Santa Claus.

La mayor cantidad de gente se concentró en la Plaza Italia, o Plaza Baquedano, de Santiago. Asimismo, hubo champagne y masivas manifestaciones de alegría en el monumento de Salvador Allende frente al palacio gubernamental de La Moneda, en la comuna de La Florida y Ñuñoa, además en las poblaciones Villa Francia, La Victoria, La Pincoya y otros sectores. También hubo manifestaciones en las principales ciudades del país. Carabineros agredió inesperadamente a los manifestantes de Valparaíso con gases, balines de goma y carros lanza agua. Se ignora si fue una iniciativa propia de la policía o una orden gubernamental. Al fin de la tarde partió una marcha multitudinaria desde Plaza Italia, por la Alameda, la avenida más importante de Santiago, rumbo a La Moneda y el monumento a Salvador Allende en la Plaza Constitución.

En la otra cara de la medalla, los partidarios de Pinochet se congregaron en las afueras del hospital Militar, hasta donde acudieron el alcalde de Providencia, el ex oficial de la DINA coronel (r), Cristián Labbé, el senador UDI Juan Antonio Coloma y otros adherentes. Los manifestantes pro pinochetistas piden duelo nacional, banderas a media asta y funeral de Estado. Dos mujeres exaltadas bajaron a media asta dos banderas del centro médico, pero fueron detenidas. Durante la semana que permaneció internado, Pinochet no fue visitado por los jefes de los dos partidos pinochetistas chilenos, la Unión Demócrata Independiente (UDI) y Renovación Nacional (RN). Los desórdenes en el Hospital Militar fueron permanentes pero Carabineros no intervino.

Los medios de comunicación, excepto el diario La Nación, se refieren a Pinochet como “ex presidente”, “ex mandatario”, “ex jefe de estado”. Sólo La Nación ha venido titulando en primera página con la expresión “dictador” o “ex dictador”.

La muerte le ganó a la justicia

Para algunos opositores a la dictadura, es lamentable que Pinochet haya muerto sin haber sido condenado por la justicia en ninguno de los numerosos procesos por crímenes de lesa humanidad y violaciones de derechos humanos, mientras la mayoría simplemente celebra su muerte. Sergio Bitar, Presidente del PPD, anunció que su partido está contra los honores de jefe de Estado simplemente porque no fue elegido por el voto popular.

Muchos partidarios del ex dictador destacan su “modernización del país” y sus discutibles “éxitos económicos”. Pero Mireya García, dirigente de la Agrupación de Familiares de Detenidos Desaparecidos, recordó que “se va con 1.127 desaparecidos y 3.000 ejecutados. ¿De qué Chile moderno se habla?”, preguntó Mireya García.

El vicepresidente de la Democracia Cristiana, diputado Jorge Burgos, recomendó “actuar con respeto y respetar el sentimiento de la gente”, aunque admitió que “la dictadura fue dañina, pero ya pasó y lo que hay que mirar ahora es el presente y el futuro, ser capaces de respetar el dolor”. Añadió que para “quienes somos creyentes será Dios quien decida el destino de quien sojuzgó”, etcétera.

La mayoría de los anti pinochetista no se hacen mayores problemas para celebrar la muerte de Pinochet. Parodiando la célebre frase de Fidel Castro, durante el juicio por el Asalto al Cuartel Moncada, un manifestante dijo que por fin ha muerto y sólo cabe expresar: “¡Absolvedme, no importa, la historia me condenará!”.

Fiesta de cumpleaños de Lucía

El día domingo fue dulce y agraz para los familiares de Pinochet. Pese al estado de salud del ex dictador, vivieron desde temprano una jornada de fiesta, con motivo del cumpleaños 84 de su cónyuge, Lucía Hiriart. Con los más allegados, entre ellos el alcalde Labbé, la familia conmemoró el cumpleaños en la capilla del Hospital Militar, donde aprovecharon de orar por la pronta recuperación del ex dictador. En las afueras del recinto médico, uno que otro adherente al procesado y entonces convaleciente Pinochet quisieron entregarle una torta a Lucía Hiriart.

Radio Bío Bío informó que Lucía Hiriart sufrió una repentina alza de presión al conocer el deceso de su cónyuge, mientras su hijo Augusto (Agustito) se mostró destrozado por las manifestaciones de alegría que brotan en diversos puntos de la ciudad.

Duelo del Ejército

Hasta el cierre se esta información se ignoraba qué decidirá el gobierno de Michelle Bachelet sobre el carácter del funeral. Mientras se discute si habrá o no ceremonia de Estado y duelo nacional, el Ejército tiene la prerrogativa de decretar un “duelo institucional”, exclusivo para el ámbito del arma, pero está descartado un funeral de Estado, con la presencia de la jefa del Estado Michele Bachelet. A lo sumo asistiría al entierro la Ministra de Defensa Viviane Blanlot. En horas de la tarde, la bandera fue puesta a media asta en la Escuela Militar, escenario del velatorio del ex dictador. Al fin del día, la bandera fue izada a media asta en todos los edificios militares. Se anunció que el entierro se realizará el martes en la mañana.

Una fuente allegada al ministerio del Interior señaló que probablemente haya un funeral militar pero discreto, sin honores de jefe de Estado, “quizás con un par de milicos disparando unas salvas”, pero sin la fanfarria de cureñas con que fueron sepultados otros ex comandantes en Jefe, como el general René Schnneider, asesinado en 1970 por su lealtad con el proceso constitucional que eligió Presidente a Salvador Allende.

Para la biografía de Pinochet, ver “Proyecto de Obituario para un ex dictador” en http://www.argenpres.info/nota.asp?num=037546


* Ernesto Carmona, periodista y escritor chileno.

 

Declaración de FEDACh ante la muerte de Pinochet

10 de Diciembre Día de los Derechos Humanos

La figura del general Pinochet quedará en la historia como emblema de muerte, tortura, exclusión social,  desaparición de personas, robo. Permanente violador de los Derechos Humanos. No solamente dividió a los chilenos, sino también a la última parte de nuestra historia. En los últimos 33 años hay nítidamente un Chile antes y uno después de Pinochet. Hizo que la  comunidad chilena residente en el exterior se incremente en forma desproporcionada.  

Desde 1973, se generó un crecimiento explosivo de la emigración chilena que llegó a superar al millón de compatriotas residentes en todo el planeta.

Una migración que comenzó con la salida de los exiliados políticos protegidos por los países democráticos; continuó con la éxodo de miles de chilenos a los países vecinos para proteger sus vidas y las de sus familias; prosiguió con aquellos compatriotas presos y torturados políticos que partieron a otras latitudes conmutando detenciones y penas de juicios arbitrarios; para culminar con el exilio económico, principalmente a Argentina, de miles de chilenas y chilenos que debieron dejar el país ante la reconversión económica del gobierno de la dictadura militar, en los años '80, conducida por Augusto Pinochet Ugarte.

La diáspora chilena en el exterior es obra de la acción política, social y económica de la dictadura militar, conducida por el General Pinochet en sus 17 años de gobierno, y no producto de la globalización, como quieren hacerlo creer los economistas y administradores adeptos del modelo económico, imperante desde entonces en Chile.

La población chilena en el exterior no influye en los índices nacionales de la actividad laboral, ni en las demandas sociales, educativas, previsionales, de salud y vivienda, economizando al  presupuesto nacional, el equivalente a una población como la actual IX Región " La Araucanía " (870.000 habitantes).

Sin embargo, la muerte de Pinochet, no termina con la exclusión social y política de esta población chilena. El régimen y modelo social y económico que él originó y representa, aún está vigente y no registra a esta población de más de un millón de compatriotas residentes en el resto del mundo.

En el día de su fallecimiento: "Día de los Derechos Humanos", es nuestra voluntad que ilustre a nuestros gobernantes y clase política, para que reparen los derechos y la participación ciudadana de nuestra población, excluida de los 15.117.000 compatriotas que habitan en nuestro querido Chile.

Consejo Directivo de FEDACh

Federación de Asociaciones Chilenas

Residentes en la República Argentina

Buenos Aires, domingo 10 de diciembre de 2006

 

 

LA PROFECIA DE ALLENDE

Enviado por: "Maria Stella Cáceres"

http://ar.f607.mail.yahoo.com/ym/Compose?To=msedu@rieder.net.py&Subj=%20RE%3ALA%20PROFECIA%20DE%20ALLENDE

Dom, 10 de Dic, 2006 3:35 pm (PST)

  La muerte de Pinochet en el día internacional de los DDHH, es una cuestión para pensamientos inquietantes. El 16 de agosto,murió otro dictador genocida, Alfredo Stroessner, media hora antes que el edificio de la ex Técnica (centro de torturas instalado con apoyo de la CIA en Paraguay, 1956) fuera cedido en convenio por el Ministerio de Educación y Cultura a la Fundación Celestina Pérez de Almada y a la

MESA MEMORIA HISTORICA Y ARCHIVOS DE LA REPRESION.

Una agenda como ésta no fue preparada por las víctimas, ni los pícaros abogados defensores del dictador, sino por Dios. Este hecho provoca muchas reflexiones.

Más allá de la justicia humana, lenta, escasa e inoperante, Dios permite a partir de hoy, abrir con mayor tranquilidad el juicio de los pueblos y la condena libre, pública y explosiva de las víctimas, cuyas memorias inexorablemente trasparán los tiempos y los libros oficiales y marcará a fuego la identidad social de nuestros pueblos.

La fama, tan amada, por los hombres poderosos y sobre la cual organizan su estrategia de terror y permanencia, paulatinamente, se agudizará como la del gran ladrón, el gran corrupto y profundizará la imagen del genocida. Inexorablemente la memoria de las víctimas se trasmitirá de persona a persona, de copla en copla, quíen fue este hombre monstruoso y cómo se convirtió en el antiparadigma de los DDHH: Augusto Pinochet y su corte criminal.

Surgirán las pruebas, los documentos, los recuerdos ...el miedo empezará a desaparecer y los jóvenes que se agitaron a principios del gobierno de Michelle Bachelet, podrán aprender de sus padres, de las víctimas y finalmente, los programas de historia del sistema educativo, la secuencia de hechos por la cual, Pinochet y su corte se convirtieron en una dictadura más sangrientas y corruptas de América Latina.

A los que lo lloran hoy, en el día de los DDHH, basta tener en cuenta que hoy mismo, un joven argentino, en Santiago de Chile, se encontró con los restos de su padre argentino y de su madre mexicana, que habían huído a C hile, huyendo de la persecusión política argentina. Viviana Díaz, presidenta de Familiares de Detenidos Desaparecidos de Chile, relató que ambos fueron fusilados. El joven argentino, era en ese momento, un niño de dos años y "estaba en brazos de su madre". No conocemos detalles, pero él sobrevivió y hoy se encontró con los restos de su padre. El acontecimiento familiar, humano, íntimo, debe ser considerado un símbolo, de lo que fue el Operativo Cóndor , el pacto criminal que unió a los países latinoamerecanos a instancias de la CIA que determinó la muerte de miles y miles de ciudadanos latinoamericanos.

Por eso, la muerte de Pinochet es significativa en este día, porque el 10 de diciembre de 1948, los representantes de cientos de Estados de todo el mundo suscribián la Declaración Universal de los Derechos Humanos, para ratificar Valores, Derechos y Deberes en relación a la vida de cada persona en cualquier lugar del mundo. Compromisos y desafíos que todos los seres humanos tenemos desde ese momento.

En nuestro caso, es conveniente recordar la intensa y larga amistad de Pinochet y Stroessner y sus respectivas cortes genocidas, fruto del cual consolidaron el Operativo Cóndor a instancias de Kinsinger y la CIA. Basta concurrir al Centro de Documentación y Archivos para la Defensa de los Derechos Humanos y ver la denominada "Acta de Nacimiento del Operativo Cóndor" y otros documentos que muestran su existencia. Esos documentos presentados oportunamente por Martín Almada ante los tribunales de España, Argentina, Francia, Suiza, Chile y Uruguay, provienen del descubrimiento del llamado "Archivo del Terror" que produjimos el 22 de diciembre de 1992. Mañana, 11 de diciembre, Martín Almada declarará como víctima del Operativo Cóndor, en los tribunales de Montevideo, contra los militares uruguayos de la dictadura de los 70.

A las 14,15 del domingo 10 de diciembre, desde mi corazón andino y latinoamericano, comenzará a cumplirse la profecía del Presidente Salvador Allende en su discurso final " mucho más temprano que tarde de nuevo, se abrirán las grandes alamedas por donde pase el hombre libre, para construir una sociedad mejor" (Tito Drago, Allende , un mundo posible. RIL, Editora , Santiago, 2003)

MARIA STELLA CACERES A.
Periodista y Educadora
Asunción, Paraguay, 10 de diciembre de 2006

 

LA MUERTE INOPORTUNA

http://www.entrechilenos.com.ar/ 

Por Rafael Araya Masry    

Cuándo nos íbamos a imaginar los chilenos que padecimos la dictadura en nuestro país, que nos encontraríamos un día uniendo nuestros ruegos para que el ex dictador gozara de la salud suficiente hasta el momento en que la valentía de algún juez -que por supuesto nunca llegó- le dictara la necesaria condena por las atrocidades de las que fué responsable directo o indirecto durante el tiempo en que ejerció, sin pudores ni contrapesos, el poder sobre la vida y la muerte de toda una nación.  Porque es desde los días de la gran traición al Presidente Allende que Pinochet tenía asuntos pendientes con la justicia, con el honor que había jurado defender "hasta rendir la vida si fuese necesario"; con la ética y con la moral, conceptos que sin duda le quedaron grandes y distantes o que directamente jamás conoció.  

Y se murió así, casi a traición. Como lo hizo todo. Como honrando una vez más lo que fué su conducta de vida, la misma con la que negó hasta el día de su muerte cualquier responsabilidad en la tragedia en que él sumergió a Chile, obedeciendo a oscuros y ocultos intereses provenientes desde fuera y dentro del país. Aquella que le hizo traicionar a sus propios subalternos camaradas de armas que, convencidos y cómplices, obedecieron ciegamente sus designios en una sinfonía de atrocidades que hasta el día de hoy permanecen impunes en su gran mayoría. También a ellos traicionó al negar cualquier vinculación con las órdenes de asesinar impartidas de su puño y letra.  

Y así pasó todo durante tantos años. Y la bestialidad del dictador alcanzó al propio Presidente Allende, Orlando Letelier, Bernardo Leighton y su esposa Anita Fresno, el General Carlos Prats y su esposa por nombrar a los más emblemáticos, todos estos últimos fuera del país al momento de los criminales atentados. El dictador pensaba que su largo brazo asesino no tenía fronteras ni límites. El exilio forzoso, los pasaportes con esa maldita letra L que significaba el estigma de los "indeseables", la represión salvaje al interior del país, José Carrasco Tapia, Manuel Parada, Santiago Nattino, Manuel Guerrero, Gécar Negme, la Caravana de la Muerte, Víctor Jara, Miguel Enríquez. Se aborbotonan los nombres y las situaciones de padecimiento infinito de tantos compatriotas. También los cesantes de su régimen macabro, ese 50% de desocupados a principios de los 80, cuando él entregaba graciosamente y a precio vil las empresas del estado chileno a esos mismos que se rasgan hoy las vestiduras en nombre de la democracia que ellos conculcaron y que se enriquecieron a costa del hambre y la expoliación de otros chilenos, silenciosos y trashumantes, anónimos y estoicos. 

 Fué demasiado tiempo de impunidad, fué excesiva la contemplación jurídica para con quien encarna lo peor que ha dado la historia de nuestro país en los años recientes. La maldita política de los consensos -a veces útil y otras no tanto- también contribuyó a que esa "intocabilidad" jamás fuera cuestionada, hasta que el Juez Baltazar Garzón demostró en los hechos que sí se podía. Que el alto muro de seguridad institucional del que se había proveído al dictador se derrumbara estrepitosamente, a pesar de los elocuentes esfuerzos del propio gobierno chileno de la época por sacarlo indemne del ridículo al que un juez español estaba sometiendo al vitalicio senador de entonces. Porque no olvidemos que para conservar sus inmunidades hizo ratificar una constitución hecha a la medida de sus necesidades de seguridad. Y no sólo conservó el cargo de Comandante en jefe del Ejército una vez restituída la democracia, sino que además, ocupó desfachatadamente una banca en el Senado de la República, ese mismo senado al que acceden prominentes ciudadanos munidos del respaldo de muchos votos y muchas voluntades.  

Por eso nos queda esta sensación amarga de lo que no fué realizado, de pensar que pudimos ser mejores en el arte de administrar justicia. Justicia para tantos, vivos y muertos. Justicia para aquellos niños que padecieron la orfandad producto del crimen contra sus padres. Justicia para los anónimos y olvidados que no encajaron nunca en las bondades del modelo que tan eficientemente se sigue aplicando en nuestro país hasta nuestros días, sin atisbos de que se modifique un ápice sus perversos contenidos, excluyentes y marginadores. Justicia para los desaparecidos, para aquellos que un día por orden del dictador se llevaron y jamás regresaron al seno de sus hogares.  

Pero será la memoria del pueblo de Chile la que castigará de forma perenne lo que nuestra justicia no fué capaz  de sancionar. Y ahí no servirán las presiones de los gobiernos a los jueces para morigerar los efectos de una sanción. Ya no habrá ministros ni subsecretarios diligentes intentando explicarle a la justicia la inconveniencia de una sentencia condenatoria al dictador infame. Ya no veremos corriendo a los abogados del tirano para declararlo "loco de urgencia" a fin de evitarle un mal rato o que quede esa condena como un baldón en su historial de vida. Es la muerte conveniente para familiares y adictos a él. Una muerte que impide que se le retire y despoje de cualquier honor recibido en vida.  

Tal vez ha llegado el momento de mirar de cara al pueblo para preguntarle dónde han estado las equivocaciones. Y de que todos nos preguntemos en dónde quedaron los frutos de una política de "no pisar callos", de una poítica de estar rindiendo examen permanente ante una derecha impiadosa que jamás ha tenido contemplaciones a la hora de negar derechos que signifiquen defender a los más desvalidos.  

Sin duda asistiremos a una nueva etapa en la vida de Chile. La era sin Pinochet. Es de esperar que la lucidez acompañe a nuestros dirigentes y gobernantes para que la memoria  de Chile no le guarde un lugar de privilegio al peor tirano de nuestra historia. En nombre de nuestros muertos, en nombre de los desaparecidos, en nombre de los exiliados, en nombre de los cesantes que regulan el mercado laboral, en nombre de los que sufren hambre y exclusión. En nombre de los desposeídos y los desheredados de nuestra patria. Que así sea.

Augusto Pinochet, asesino

Augusto Pinochet, asesino

 De Pagina 12

Y se murió de viejito nomás. En una cama, del corazón (un corazón al que sólo acudió para morir tranquilo), rodeado de fascistas y dolorosamente impune. Cuesta encontrar las palabras para expresar la monstruosidad de este hombre. Cuesta expresar la tragedia que implicó en nuestras vidas. Inauguró el golpe sangriento, con torturas sin límite, con desaparecidos. Todo golpe cruento, asesino, tomó su nombre: pinochetazo. Aquí, a mediados del ’75, todos lo decían: “Lo que se viene es el pinochetazo”. Debimos saberlo desde el ’73. Debimos saber que el adversario no sólo era poderoso, sino que era criminal. Debimos haber puesto cautela en nuestra mano; no frenarla, no pararla, pero reflexionar que lo de Chile nos dejaba muy solos, era muy desmedido y reclamaba eso: cautela. Pero estábamos embalados. En septiembre de 1973 la Facultad de Filosofía y Letras dictaba muchas de sus materias en la calle Córdoba. Un lindo lugar con una capilla en el medio. Ivannisevich se sacó una foto pegándole con un pico a una pared, destruyendo el edificio. Prolijos, dejaron la capilla. Todavía está. Un pibe de la JUP me dijo del golpe y se me ofreció para levantar mi clase. Yo, uno se creía, aún, inmortal, le dije que la levantaba yo y llevaba a mis alumnos a la marcha. Salimos de las aulas en busca de las marchas. Sentíamos más la presencia de la JP en las calles, vivando a Allende, que la relación profunda, íntima, que la tragedia de Chile tenía con nosotros. En esa época las fronteras parecían más lejanas. Si algo pasaba en Chile, no tenía por qué pasar aquí.

En seguida llegó la foto del carnicero. Es la perfecta caricatura del general golpista sudamericano. La jeta erguida, bigote, anteojos negros. Después, la noticia de la muerte de Allende. Decían: se suicidó. Un periodista le pregunta a Ricardo Balbín qué haría él en una situación así. El compadrito de comité se mandó una histórica: “¡Ah, no! A mí no me hacen eso”. No recuerdo qué dijo Perón. Nada memorable, sin duda. Poco tiempo después cruzaba la cordillera y se entrevistaba con el carnicero. ¡Qué vivos están estos recuerdos! Los dos bien trajeados de milicos. Con capas y todo. Le gustaban las capas a Pinochet. Al día siguiente o a los dos días empezaron a llegar los exiliados, los que apenas habían salvado el pellejo o los que habían sido escupidos del Estado Nacional. Estaban desechos. En Ezeiza, el gobierno argentino les tomó huellas digitales hasta de los dedos del pie. Les tomaron todos los datos, los ficharon bien fichados, les hicieron saber que si algo raro hacían duraban media hora sin ser arrestados. El Descamisado publicó las fotos y tituló: “Esta vergüenza se hace en nombre del peronismo”. Claro que sí: eso hizo el peronismo. Lo habría hecho cualquier gobierno argentino. Pero el peronismo de esos días era pinochetista. Cosa que, en algún oscuro rincón de su alma, siempre puede volver a ser si es necesario.

López Rega habrá brindado con champán. El carnicero de Chile estaba enseñando cómo se arreglan las cosas con el marxismo internacional, con la sinarquía apátrida. Nosotros empezamos a enterarnos de las peores cosas. Las versiones que llegaban sobre las torturas y las violaciones del Estado Nacional estremecían. ¿Era posible tanta crueldad? Se sabía que estaba lleno de tipos de la CIA el Estadio. Que los de la CIA eran especialmente activos en torturar y hasta enseñaban a los empeñosos chilenos cómo hacerlo. Las mujeres que maltrataron a Allende con los cacerolazos salieron a festejar. Otros agarraban lo que tenían a mano y huían. “Yo –me contó años después un escritor– llegué a Perú, me metí en una pensión, abrí mi valija y puse en un estante los libros que me había llevado. Ahí estaba mi nueva biblioteca: un libro de Cortázar, otro de Lezama Lima y uno de Tolstoi. Era todo lo que tenía.”

Un día lo fue a ver Borges. El carnicero estaba orgulloso: el gran escritor había cruzado la cordillera y estaba feliz de verlo. Le puso una condecoración bien llamativa. El gran escritor –el que decía un mar de concheterías bobas cada vez que “comía”, porque un concheto no “almuerza” ni “cena”, “come”, en lo de Bioy Casares– le dijo al carnicero: “Me honra esta condecoración porque Chile tiene la forma de una espada”. También la Thatcher lo recibió y le habló con un inglés lento y vocalizado como para que el carnicero entendiera: “Le agradezco su ayuda en la guerra de las Falklands. Sin sus informaciones nuestros pilotos no podrían haber hecho los blancos que hicieron”. El carnicero sonrió, satisfecho, goloso.

Cierta vez estaba en una clínica en Londres. Golpean a su habitación. Entra una mujer joven y resuelta, treinta años, por ahí. El carnicero, siempre seductor, sonríe y dice: “Pasa, niña. Dime, ¿a qué vienes?” “A arrestarlo, general. Por violaciones a los derechos humanos.” Se enfurece y llama a sus matones: “¡Saquen de aquí a esta comunista!” Días después regresa a su país. Llega en silla de ruedas. No bien baja del avión se pone de pie y saluda a los suyos. ¡Pícaro el carnicero! Otra vez había engañado a todos.

No sirve para nada que se muera. Que estos tipos se mueran cuando ya mataron a todos los que querían matar es un pobre consuelo. Ni un cáncer vale desearle. Nadie va a revivir por eso. Nadie va a sufrir menos de lo que sufrió. Deja, para colmo, problemas. Los militares de su país (al que le aseguró la economía y todos sabemos cuánto aprecian esto los pueblos) lo honrarán desde las armas. Michelle Bachelet no lo honrará desde el Estado. Pero habrá que organizar actos en toda América latina. El New York Times ha anunciado su muerte como la de un cruzado contra el marxismo. Puño de hierro, dictador, pero un hombre que no dudó. Fue la suma de las peores cosas que un ser humano puede ofrecer: lo de asesino lo sabemos, pero fue, además, ladrón, mentiroso, cínico, se rió de sus adversarios y de sus muertos. Descansará en paz porque morirse es eso. Pero que no tenga paz su memoria. Que nadie olvide sus crímenes. La era de horror que inauguró. Que en las escuelas argentinas se sepa que Pinochet es parte de nuestra historia, porque prefiguró nuestra pesadilla, porque inspiró a nuestros verdugos. Que gane la verdad por sobre la mentira con que sus adeptos buscan protegerlo. Que su nombre infunda pavor y que ese pavor se transforme en coraje: nunca más un Pinochet. Que haya un busto suyo con una placa en todos los países del mundo. Que esa placa diga: “Augusto Pinochet, asesino”. Porque olvidarlo sería como olvidar Auschwitz, el Estadio Nacional, la ESMA.

 

© 2000-2006 www.pagina12.com.ar

La Muerte del Dictador

Por José Salvador

Este 10 de diciembre comenzó temprano, a las 10:00 horas un grupo de compañer@s se juntan en el Memorial del Ejecutado Político en el Cementerio General a participar de un recordatorio a 20 años de la muerte en enfrentamiento de José Modesto Amigo Latorre y Luis Alberto Barra García, dos combatientes del Movimiento de Izquierda Revolucionaria que resistieron la Dictadura Militar. Por la noche se recordaría el Dia Internacional de los DDHH en la Villa Grimaldi, ex centro de Tortura, desde donde fueron vistos por última vez muchos de nuestros detenidos desaparecidos. A las 14:15 horas, de este mismo Día Internacional de los DDHH moría el dictador chileno. Tantos años deseando Verdad y Justicia, deseando que reconozca y pague sus culpas, la muerte le ganaba a la Justicia. La incredulidad daba paso a la alegría, no logramos ponerlo entre rejas, pero esta será la primera navidad sin el Dictador, después de 33 años de desearlo.

El mandato intuitivo era llegar a la Plaza Italia, lugar donde nos hemos acostumbrado a celebrar nuestros triunfos políticos y deportivos.Subirnos al metro y llegar a la Plaza Italia fue todo uno, gitos, cantos y algarabía general: “Adios carnaval, Adios Criminal, no puedo creer en la cosa que veo, por las calles de Santiago veo” así reza un canto popular. Se destaparon una, dos muchas botellas de champagne, globos, challas, banderas chilenas, cubanas, venezolanas, aymarás, mapuche, rojas comunistas, rojas socialistas, de la izquierda cristiana, con imágenes del Ché, era una vez más el pueblo en las calles. Nos abrazabamos entre todos, cantamos al son de la barra de Los de Abajo, de la Garra Blanca, y de la FUNA. “olé olé, olé olé, celebraremos cuando muera Pinochet” y llegó ese día y celebramos, gritamos y cantamos. A las 18:30 horas debía partir la Marcha desde la Plaza Italia hasta el Palacio de La Moneda. Encabezaron la marcha quienes más merecen la celebración: las agrupaciones de DDHH, la Agrupación de Ejecutados Políticos, la Comisión Funa, el Colectivo de los 119, etc. Y era una fiesta, más que una marcha, nos autoconvocábamos para celebrar, hombres y mujeres de todas las edades, ancianos y niños, muchos niños… la fuerzas policiales no se veían… y no las estrañábamos porque no la necesitábamos… todo estaba bién, normal, tranquilo. Al llegar a La Moneda, el termómetro marcaba 31º, por lo que cuando llegaron los Carros Lanza Aguas, en vez de arrancar gritábamos “Uf, uf que calor tiren agua por favor”, y tiraron agua, esa agua que sabemos que es pestilente, pero ahí nos quedamos, una vez más porfiados, resistiendo, el calor y la alegria eran superior, pero para “Esa policia verde, esa que no deja ver, esa que nos torturaba, cuando estaba Pinochet”, nuestro acto de rebeldía era intolerable, no estaban ellos para protegernos como lo estaban en el Hospital Militar, ellos estaban ahí donde estábamos nosotros para lo que están acostumbrado: REPRIMIR, y entonces vinieron las lacrimógenas, y correr fue la orden, y gritamos y corrimos para todos lados, cuidando a los más débiles de no atropellarlos, las mujeres, ancianos y niños, esos niños que no entendían como una fiesta puede transformarse en tragedia. Nuestra celebración se trasladó a las calles aledañas a la Alameda, donde los automovilistas hacían lo suyo, tocar la bocina y enarbolar banderas. A las 20:00 horas ya la celebración dio paso a la manifestación más radicalizada de los grupos anarcos en el centro y a las manifestaciones en los barrios populares, como sabe hacelo el pueblo en su poblaciones: con barricadas.
Mañana será otro día, ya sin el dictador, recibirá los honores que le corresponden como Comandante en Jefe del Ejército, la cordura primó y no recibirá los honores de Jefe de Estado, no pondremos la bandera a media asta. Más la muerte de Pinochet no cierra el capítulo más oscuro de la historia de Chile, una etapa que estuvo marcada por gravísimas violaciones de derechos humanos y por la impunidad. Cabe recordar que según el Informe elaborado en 1991 por la Comisión Rettig (Comisión Nacional de Verdad y Reconciliación de Chile) , 3.196 personas murieron como consecuencia de la violencia política durante el régimen de Pinochet. De éstas, 1.185 continúan desaparecidas. Desde 1998, Pinochet fue acusado de decenas de violaciones de derechos humanos pero hasta la fecha no se enfrentó a juicio debido a barreras legales - en particular , la inmunidad de que disfrutó como ex presidente y ex senador -  y a problemas de salud. Al momento de su fallecimiento Pinochet estaba procesado ante los tribunales chilenos en relación con una investigación financiera – el caso Riggs – y cinco causas de derechos humanos: Villa Grimaldi, Operación Colombo, Operación Cóndor, la Caravana de la Muerte y el Caso Prats. Ahora está en manos del Poder Judicial Chileno evitar que reine la impunidad en el país llevando ante los tribunales a todos los responsables de graves violaciones de derechos humanos durante el gobierno militar.
En tanto desde mi corazón chileno, después de la celebración y la represión, aún nos quedan resonando las palabras proféticas de nuestro compañero Presidente Allende en su discurso final. “mucho más temprano que tarde de nuevo, se abrirán las grandes alamedas por donde pase el hombre libre, para construir una sociedad mejor”
Testimonio de una compañera, con la que hemos compartido décadas de lucha
Un abrazo para todos
José Salvador


 

REPUDIAMOS REPRESIÓN A MANIFESTANTES CHILENOS, ANTE LA MUERTE DEL INFAME GENOCIDA AUGUSTO PINOCHET

Repudiamos la represión contra los manifestantes chilenos que salieron a las calles de todo el país a celebrar la muerte del exdictador Augusto Pinochet, a expresar su dolor por la falta de justicia y a homenajear a las víctimas del genocida. La represión que los carabineros realizaron contra los manifestantes se desató, justamente, cuando la movilización intentaba trasladarse hacia el monumento a Salvador Allende, para rendir un merecido tributo al eterno líder revolucionario chileno, víctima del siniestro general Pinochet.

Y aunque no se le rendirán honores como jefe de Estado, el hecho de que se permita el duelo en la institución militar, con la excusa de que estos honores están en los reglamentos del Ejército, constituye un nefasto mensaje para las Fuerzas Armadas chilenas y latinoamericanas, al concederles homenajear a quien violó la Constitución y las leyes de su país; violó su juramento de defender a la Patria; violó todos los derechos humanos siendo responsable de torturas, desapariciones y asesinatos; entregó el país al imperialismo; organizó la Operación Cóndor con auspicio de la CIA, junto a las otras dictaduras sudamericanas; traicionó a su pueblo y también traicionó a la hermana República Argentina, colaborando con Inglaterra en la Guerra de Malvinas, miserable servicio al imperialismo británico q ue mereció el envío de condolencias por parte de su cómplice, la criminal Dama de Hierro, Margaret Thatcher.

Ambos hechos, la represión a los manifestantes y el homenaje que se le hará en la institución militar, revelan la persistencia del poder pinochetista y dejan al descubierto la debilidad o los oscuros intereses que operan tras las decisiones del gobierno chileno.

La muerte de Pinochet revela los conflictos irresueltos de la sociedad chilena.

Lamentamos que su deceso se ha producido sin que se haya hecho justicia, sin que se lo haya condenado por sus horrendos crímenes.

Enviamos nuestro mensaje de solidaridad a las víctimas de Pinochet y a todo el pueblo chileno, quien no sólo debe enterrar al dictador, sino al continuismo de la dictadura, expresado en el modelo económico chileno y en la impunidad.

¡Deshonor y repudio eterno al infame genocida Augusto Pinochet!.

¡Gloria inmortal a Salvador Allende y a los héroes y mártires chilenos! ¡Venceremos!

Mónica Saiz
Secretariado de Organización
Congreso Bolivariano de los Pueblos