Centros Chilenos en el Exterior |
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Participen del Tema Yo Quiero Votar- "El hombre no puede ser separado de Dios, ni la política de la moral": Santo Tomás Moro Cel. de Contacto 15557877 |
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Se muestran los artículos pertenecientes al tema Historia de Chile. Obispo de San Bernardo, Juan Ignacio González, en su homilía en el Te Deum del 18 de septiembre, recordó la preocupación de O'Higgins por propagar la fe y citó a Benedicto XVI en su mensaje para la sociedad de hoy. "La Iglesia afirma también que para que en una nación la justicia y el orden, el progreso y la paz social se asienten y hagan posible el bien común, es necesario fundar nuestra vida, nuestras normas de convivencia y nuestras leyes, sobre la verdad y esa verdad exige que Dios y lo que El nos ha querido revelar tenga su lugar no solo en el corazón sino en la vida social, económica, política y cultural." Queridos hermanos y hermanas, compatriotas de esta tierra chilena que amamos y en la cual nacimos. EL RECUERDO Y EL LEGADO ESPIRITUAL DEL PADRE DE LA PATRIA Una vez más nos reúne esta Iglesia Catedral para dar gracias a Dios en el día en que celebramos la Independencia Nacional. Junto al pueblo de Chile, a sus autoridades civiles, militares y espirituales, queremos todos unidos, como hijos de una misma tierra y del Padre común al que todos reconocemos, cantar las alabanzas que los buenos hijos dan siempre a su madre. Lo hacemos en el recuerdo agradecido de los Padres de nuestra historia y particularmente en la persona del Libertador don Bernardo O'Higgins Riquelme, que sentó las bases de la nación de la que hoy gozamos, de la independencia que celebramos y de los valores espirituales en la que fundamos nuestra convivencia nacional. Fueron dos grandes de nuestro historia, los generales José Miguel Carrera y Bernardo O'Higgins, quienes tuvieron la feliz idea de dar gracias a Dios mediante la celebración de una Misa solemne, como en la que hoy participamos, por los acontecimientos de la independencia nacional. En Carta firmada por ambos al vicario Capitular de Santiago, de fecha 5 de diciembre de 1811, decían "Bien pueden unirse la celebración de los asuntos políticos con las festividades de la Divinidad, si siendo religiosos los que traten su empresa y su obra, unen ambas las atenciones cristianas. El Gobierno cree de necesidad hacer una Misa solemne de gracias por el resultado de la revolución del 2 último. El mayor decoro exige que sea en la Santa Iglesia Catedral y a la brevedad indispensable. Sólo le asiste la duda, si empezando el octavario de la Purísima el domingo inmediato, será embarazoso unir dos funciones en el mismo día. La Santísima Virgen que se celebra es la protectora de la patria y a ella han de dirigirse nuestros himnos"1. La memoria histórica de un pueblo: un legado que mantener y una herencia que aumentar. Esta es la fuente histórica de la celebración que hoy, llenos de alegría, conmemoramos en esta Iglesia Catedral, siguiendo el ejemplo que nos legaran los padres fundadores de nuestra nación. Su trascendencia radica en la actitud de Acción de gracias a Dios, y también en mantener la memoria histórica, que desde los inicios de la Independencia Nacional hasta nuestro días se conserva como un legado intocables, que expresa también nuestro amor y reconocimiento a los héroes de nuestra patria chilena. Escribe el Libertador O'Higgins al General Carrera en los primeros días de abril de 1813, después del ataque a Linares con los que dio inicios a la campaña contra las tropas realistas: "En el día de hoy se ha celebrado una Misa de gracias con Te Deum para dar gracias al Omnipotente por la protección y felicidad con que visiblemente comienza a proteger las armas de la Patria" 2 Cuando después de la derrota de Rancagua, fue necesario organizar un nuevo ejercito para remontar la cordillera desde Mendoza, antes de partir, San Martín y O'Higgins, dispusieron que se celebrara una Misa Solemne, trayendo de propósito desde el cercano convento franciscano la imagen de la Virgen del Carmen, en cuyas manos el General argentino puso su bastón de mando y la expedición que se iniciaba. Horas antes de la gran batalla de Chacabuco, los soldados del ejército de los Andes, renovaron el juramento de Patrona del Ejército a la Virgen de Carmen. Pocos días más tarde, el 16 de febrero de 1817. Bernardo O'Higgins, recibía en Santiago el nombramiento de Director Supremo del Chile. La fe cristiana como fundamento de las virtudes y valores cívicos. Fue el Padre de la Patria un sincero católico, respetuoso de la conciencia de otros que no profesaba su fe y convencido de que la educación religiosa en las escuelas era un elemento esencial en la formación de los hábitos y en las virtudes ciudadanas. En el Reglamento sobre las escuelas públicas que hizo publicar contempló normas sobre la instrucción religiosa, prescribiendo el uso de catecismo de Astete, la participación de los escolares en las rogativas y procesiones de acción de gracias por la independencia, su asistencia a la misa y las predicaciones cuaresmales. En ese reglamento, se decía "todos los días, al concluir la escuela por la tarde, rezaran las letanías de la Virgen, teniendo por patrona a nuestra Señora del Carmen; y el sábado a la tarde rezaran un tercio del rosario"3 Quiso el Director Supremo que se abriera de nuevo el colegio de Chillan, donde el mismo había realizado su primera enseñanza enviado por su padre el Virrey, pero ello no fue posible, pese a que lo había pedido por carta al Provincial de los franciscanos, en febrero de 1819. Entre los documentos del libertador, guardados por su secretario John Thomas, se encuentra traducido al inglés un discurso que nos habla del alma religiosa del prócer: "(...) estas murallas encerraban en su tiempo una hermandad de hombres piadosos, que se dedicaron en plácido aislamiento a una vida de meditación religiosa y literaria. Mi idea es resucitar dentro de ese venerable recinto la misma piedad y sabiduría (...) Es mi deseo establecer aquí un cuerpo de hombres dedicados al culto de Dios, de Chile de la humanidad; hombres que lleven a todos los confines del mundo un testimonio del saber y de afecto de este país y que propaguen con el Evangelio el arte de suavizar la vida social" Conciente de la importancia de la moral cristiana para la vida de los habitantes de Chile, hizo cuanto era necesario para reprimir los atentados en su contra y coadyuvó con la autoridad religiosa a no permitir la circulación de pinturas obscenas, como quedó de manifiesto en una nota escrita en julio de 1817 al gobernador del Obispado, don José Ignacio Cienfuegos.4 Una vez hecha la promesa de levantar una templo en homenaje a la Inmaculada Reina de los Ángeles, como el mismo la llamó, adhirió a ella sin titubeos y el 5 de mayo asistió a la acción de gracias por la batalla de Maipú, disponiendo salvas de artillería al iniciarse la Santa misa y al momento de la consagración y urgió a los Intendentes para que se trabajara con esmero en la recolección de fondos para la construcción del templo, como consta en circular a los funcionarios de las provincias de 25 de junio de 1818. Un futuro cara a la eternidad. Su tiempo de destierro, en su tierra de la Haciendan Montalbán, en el Perú, fue para el Libertador una época de gran religiosidad. El General Cruz, que pasó por ella durante la Guerra de la Confederación lo visitó, en 1838 y 1839, se admiraba del cuidado que ponía en la formación moral y religiosa de los campesinos. Mantenía, dice, en la hacienda un capellán para que les celebrase la Misa y les explicase la doctrina cristiana, y no se les permitía casarse sin estar impuestos de ella y demás oraciones precisas para la confesión y la comunión. Tuvo gran preocupación por el avance del escepticismo religioso y la necesidad de que las Iglesia Cristianas ---él era un católico convencido--- se unieran y era tal su convicción de esta necesidad, que llegó a preparar un borrador de nota dirigida al Papa para proponerle la convocatoria de un concilio ecuménico destinado a este propósito. En dicho documento, escrito en inglés, entre otras cosas decía, "desde la revolución francesa en 1789, el libre pensamiento sobre la religión ha cambiado a un extremo horrendo. La idea del escepticismo se ha esparcido profunda y ampliamente". Gracias a don Benjamín Vicuña Mackenna, conocemos muchos datos de sus últimos meses, pues en 1860 el célebre historiador interrogó en Lima a los que fueron testigos de los últimos días de nuestro prócer. Durante su reposo en Lima, en 1841, habitaba O'Higgins una casa en la calle de Espaderos y la proximidad de los conventos de San Agustín y la Merced, le permitió asistir a diario a la Misa. En ese tiempo se hizo hermano tercero de la Orden Franciscana para gozar del beneficio de morir amortajado con su hábito, como aconteció. Recordaba quizás nuestro prócer con mucho cariño la formación y cercanía que de joven tuvo con los franciscanos de Chillan, su tierra natal. Vicuña Mackenna, narra que "el ilustre moribundo consagró esos días exclusivamente a las prácticas que debían ataviar su alma para el viaje a la eternidad. Había hecho ---dice--- colocar delante de su lecho un altar portátil en que oía todas las mañanas las misas llamadas de San Gregorio y durante el día y parte de la noche tenía a su lado a un joven dependiente (que era empleado del Consulado en Lima en 1860, con el nombre de Carpio), y a quien le hacía leer los oficios destinados por la Iglesia a los agonizantes".5 Queridos hermanos y hermanas, de este corazón religioso y amante de su patria nació nuestra tierra a la Independencia. He traído todas estas consideraciones a nuestra reflexión para que en un día solemne, de paz y unidad, cada uno de nosotros, bajo la severa cúpula de este templo, examinemos nuestra propia vida y nos preguntemos delante del mismo Dios al que rindió sencillo homenaje y reconocimiento el Libertador de nuestra tierra, si hemos mantenido el legado que a todos nos ha dejado como herencia y camino para nuestra convivencia como nación de hermanos. ¡Qué importante es conocer el alma profunda de los hombres que marcan nuestra tierra con su impronta y más aun nosotros que vivimos en una ciudad fundada por el Padre de la Patria! El verdadero fundamento de la realidad: Dios Es cierto que hay muchas cosas en las cuales cada uno tiene el legítimo derecho de tener sus propias opiniones, pero también lo es que hay otras en que no podemos negar la herencia que hemos recibido. O'Higgins no consideró su fe como algo particular y privado, por el contrario, comprendió muy bien que las virtudes cívicas verdaderas sólo podían tener un fundamento real en la fe cristiana y en el reconocimiento de Dios como Supremos Hacedor y Señor de cada uno de nosotros. El Padre de la Patria anheló que todos los habitantes de nuestra tierra y en particular nuestros pueblo originarios conocieran el cristianismo y así lo escribió en 1833 al comerciante de Santiago don Mariano Ramón Aris, con quien al mismo tiempo de condolerse de la miseria de nuestros hermanos, agregaba "Ya es tiempo que la civilización de esas reducciones errantes y salvajes se encontrase en progresos de lo que absolutamente ignorar, que es la religión cristiana y, consiguientemente, una pura moral". Hace pocos meses atrás, durante su primer viaje a América, el Papa Benedicto XVI decía a un grupo de los Obispo del Brasil: "El ministerio episcopal nos impele al discernimiento de la voluntad salvífica, en la búsqueda de una pastoral que eduque el Pueblo de Dios a reconocer y acoger los valores trascendentes, en la fidelidad al Señor y al Evangelio. Es verdad que los tiempos de hoy son difíciles para la Iglesia y muchos de sus hijos están atribulados. La vida social está atravesando momentos de confusión desorientadora. Se ataca impunemente la santidad del matrimonio y de la familia, comenzando por hacer concesiones delante de presiones capaces de incidir negativamente sobre los procesos legislativos; se justifican algunos crímenes contra la vida en nombre de los derechos de la libertad individual; se atenta contra la dignidad del ser humano; se extiende la herida del divorcio y de las uniones libres. Aún más: en el seno de la Iglesia, cuando el valor del compromiso sacerdotal es cuestionado como entrega total a Dios a través del celibato apostólico y como disponibilidad total para servir a las almas, dándose preferencia a las cuestiones ideológicas y políticas, incluso partidarias, la estructura de la consagración total a Dios empieza a perder su significado más profundo".6 Luego, reflexionando acerca de la realidad de nuestro continente en el orden económico, social y político, se preguntaba "Como primer paso podemos responder a esta pregunta con otra: ¿Qué es esta "realidad"? ¿Qué es lo real? ¿Son "realidad" sólo los bienes materiales, los problemas sociales, económicos y políticos? Aquí está precisamente el gran error de las tendencias dominantes en el último siglo, error destructivo, como demuestran los resultados tanto de los sistemas marxistas como incluso de los capitalistas. Falsifican el concepto de realidad con la amputación de la realidad fundante y por esto decisiva, que es Dios. Quien excluye a Dios de su horizonte falsifica el concepto de "realidad" y, en consecuencia, sólo puede terminar en caminos equivocados y con recetas destructivas"7 Y continúa, "la primera afirmación fundamental es, pues, la siguiente: Sólo quien reconoce a Dios, conoce la realidad y puede responder a ella de modo adecuado y realmente humano. La verdad de esta tesis resulta evidente ante el fracaso de todos los sistemas que ponen a Dios entre paréntesis. Pero surge inmediatamente otra pregunta: ¿Quién conoce a Dios? ¿Cómo podemos conocerlo? No podemos entrar aquí en un complejo debate sobre esta cuestión fundamental. Para el cristiano el núcleo de la respuesta es simple: Sólo Dios conoce a Dios, sólo su Hijo que es Dios de Dios, Dios verdadero, lo conoce. Y Él, "que está en el seno del Padre, lo ha contado" (Jn 1,18). De aquí la importancia única e insustituible de Cristo para nosotros, para la humanidad. Si no conocemos a Dios en Cristo y con Cristo, toda la realidad se convierte en un enigma indescifrable; no hay camino y, al no haber camino, no hay vida ni verdad" . La Iglesia y su misión en la vida nacional Luego enfocando el tema de las estructuras justas necesarias para enfrentar los graves problemas sociales y políticos que aquejan a nuestros pueblos, el Papa decía: "¿cómo puede contribuir la Iglesia a la solución de los urgentes problemas sociales y políticos, y responder al gran desafío de la pobreza y de la miseria? Los problemas de América Latina y del Caribe, así como del mundo de hoy, son múltiples y complejos, y no se pueden afrontar con programas generales. Sin embargo, la cuestión fundamental sobre el modo cómo la Iglesia, iluminada por la fe en Cristo, deba reaccionar ante estos desafíos, nos concierne a todos. En este contexto es inevitable hablar del problema de las estructuras, sobre todo de las que crean injusticia. En realidad, las estructuras justas son una condición sin la cual no es posible un orden justo en la sociedad. Pero, ¿cómo nacen?, ¿cómo funcionan? Tanto el capitalismo como el marxismo prometieron encontrar el camino para la creación de estructuras justas y afirmaron que éstas, una vez establecidas, funcionarían por sí mismas; afirmaron que no sólo no habrían tenido necesidad de una precedente moralidad individual, sino que ellas fomentarían la moralidad común. Y esta promesa ideológica se ha demostrado que es falsa. Los hechos lo ponen de manifiesto. El sistema marxista, donde ha gobernado, no sólo ha dejado una triste herencia de destrucciones económicas y ecológicas, sino también una dolorosa destrucción del espíritu. Y lo mismo vemos también en occidente, donde crece constantemente la distancia entre pobres y ricos y se produce una inquietante degradación de la dignidad personal con la droga, el alcohol y los sutiles espejismos de felicidad.8 "Las estructuras justas son, ---sigue diciendo el Papa--- una condición indispensable para una sociedad justa, pero no nacen ni funcionan sin un consenso moral de la sociedad sobre los valores fundamentales y sobre la necesidad de vivir estos valores con las necesarias renuncias, incluso contra el interés personal. Donde Dios está ausente ---el Dios del rostro humano de Jesucristo--- estos valores no se muestran con toda su fuerza, ni se produce un consenso sobre ellos. No quiero decir que los no creyentes no puedan vivir una moralidad elevada y ejemplar; digo solamente que una sociedad en la que Dios está ausente no encuentra el consenso necesario sobre los valores morales y la fuerza para vivir según la pauta de estos valores, aun contra los propios intereses".9 "Este trabajo político no es competencia inmediata de la Iglesia. El respeto de una sana laicidad ---incluso con la pluralidad de las posiciones políticas--- es esencial en la tradición cristiana auténtica. Si la Iglesia comenzara a transformarse directamente en sujeto político, no haría más por los pobres y por la justicia, sino que haría menos, porque perdería su independencia y su autoridad moral, identificándose con una única vía política y con posiciones parciales opinables. La Iglesia es abogada de la justicia y de los pobres, precisamente al no identificarse con los políticos ni con los intereses de partido. Sólo siendo independiente puede enseñar los grandes criterios y los valores inderogables, orientar las conciencias y ofrecer una opción de vida que va más allá del ámbito político. Formar las conciencias, ser abogada de la justicia y de la verdad, educar en las virtudes individuales y políticas, es la vocación fundamental de la Iglesia en este sector. Y los laicos católicos deben ser concientes de su responsabilidad en la vida pública; deben estar presentes en la formación de los consensos necesarios y en la oposición contra las injusticias. Las estructuras justas jamás serán completas de modo definitivo; por la constante evolución de la historia, han de ser siempre renovadas y actualizadas; han de estar animadas siempre por un "ethos" político y humano, por cuya presencia y eficiencia se ha de trabajar siempre. Con otras palabras, la presencia de Dios, la amistad con el Hijo de Dios encarnado, la luz de su Palabra, son siempre condiciones fundamentales para la presencia y eficiencia de la justicia y del amor en nuestras sociedades"10. Queridos hermanos y hermanas, autoridades que hoy asisten a esta solemne celebración. El Libertador O'Higgins creyó firmemente que nuestra nación sólo podría ser concebida desde la herencia del cristianismo, tal como lo hemos señalado. La Iglesia afirma también que para que en una nación la justicia y el orden, el progreso y la paz social se asienten y hagan posible el bien común, es necesario fundar nuestra vida, nuestras normas de convivencia y nuestras leyes, sobre la verdad y esa verdad exige que Dios y lo que El nos ha querido revelar tenga su lugar no solo en el corazón sino en la vida social, económica, política y cultural. Este es el eje articulador de una verdadera sociedad republicana y democrática, es decir el reconocimiento que hay valores y principios que nunca podemos transgredir sin pasar a llevar con ello la libertad de los hijos de esta tierra, sus derechos y su dignidad. Hoy en un día para que a los sones del Te Deum con que agradeceremos a Dios la tierra común, los bienes que nos ha dado, la historia que nos antecede y el destino común como nación "fuerte, principal y poderosa", como cantó Ercilla, nos preguntemos como sociedad, como comunidad de hombres y mujeres libres, por el lugar que Dios y la moral cristiana ocupan en nuestra vida personal y social. Hoy es un día para mirar el pasado ---con sus aciertos y sus yerros, con sus éxitos y sus fracasos--- y preguntarnos que hemos de hacer en el futuro para no continuar alejándonos de Dios y por tanto construyendo nuestra visión de la realidad sin su verdadero fundamento. Todos somos responsables del presente y del futuro de nuestra Patria y la generaciones futuras ---nuestros jóvenes y niños de hoy--- nos demandaran a nosotros ---especialmente a quienes han sido llamados al ejercicio de la autoridad--- por el Chile que soñó O'Higgins, Carrera y los próceres de nuestra Independencia nacional. Queridos hermanos y hermanas, compatriotas, elevemos agradecidos el corazón al Señor de los Cielos y hagamos el propósito firme, personal y colectivo, de que ésta tierra chilena, a la que amamos más que a nadie después de Dios, siga siendo la casa común, que cantamos en nuestro Himno Nacional, Vivamos con humilde orgullo el tiempo presente, sabiéndonos herederos de una pasado glorioso y deudores de un futuro que exige que entreguemos a las nuevas generaciones una patria donde reine el amor y la caridad con Dios y con los hombres y mujeres que la habitan. Alza, Chile, sin mancha la frente; conquistaste tu nombre en la lid; siempre noble, constante y valiente te encontraron los hijos del Cid. Que tus libres tranquilos coronen a las artes, la industria y la paz, y de triunfos cantares entonen que amedrenten al déspota audaz. Que María, Patrona de esta tierra nuestra y San Bernardo, predicador de la paz y la concordia entre los cristianos, nos ayuden en este propósito. Así sea. Juan Ignacio González Errázuriz Obispo de San Bernardo Composición del Primer Congreso Nacional, 1811. El primer Congreso Nacional que tuvo nuestro país se instauró solemnemente el 4 de julio de 1811, en la sala de deliberaciones de la Real Audiencia, bajo juramento de fidelidad al Rey Fernando VII y protección a la religión católica, siendo convocado como resultado de la orden emanada de la Primera Junta de Gobierno, instalada el 18 de septiembre de 1810. La elección de diputados se realizó en el país por medio de los Cabildos, que citaron a los vecinos más respetados a votar en su sala de sesiones, en medio de un ambiente lleno de agitación y propaganda política, en el que destacaban distintos escritos que propiciaban abiertamente una completa independencia respecto de España. Esto último provocó una violenta reacción de los grupos realistas, lo que derivó que el 1 de abril de 1811, fecha en que debía realizarse la elección para el Congreso, que el militar español Tomás de Figueroa Caravaca se sublevara junto con las tropas a su mando, conocido por la historia como "El Motín de Figueroa". Aun cuando este motín fue rápidamente sofocado y su cabecilla encarcelado, juzgado y fusilado al día siguiente en la Cárcel Pública, el hecho llenó de temor a la capital, pues señalaba que la posibilidad de una contrarrevolución aún estaba vigente. El movimiento llevó a una derrota eleccionaria para los realistas. Luego de esta manifestación se realizaron las elecciones para el nuevo Congreso Nacional, el 6 de mayo, que inicialmente iba a estar compuesto por 36 diputados, pero su número se incrementó en 6, debido a que el Cabildo de Santiago reclamó el derecho a tener 12, en atención al mayor número de habitantes que el resto de las circunscripciones. En esta elección participaron solo los hombres de las familias más importantes y acaudaladas del país, por lo que se creyó que iba a ser un grupo de ideas homogéneas. Sin embargo, no fue así. En el se manifestaron claramente tres tendencias, que fue el inicio de las ideas políticas definidas como: la realista, la moderada y la exaltada. Antes de la ceremonia inaugural, los 42 diputados electos, se reunieron en el Palacio Presidencial y de allí se dirigieron hacia la Catedral. Después de oír misa, oficiada por fray Camilo Henríquez, prestaron juramento. Presidió la sesión Juan Antonio Ovalle Silva, que posteriormente fue confirmado como Presidente y se designó como Vicepresidente a Martín Calvo de Encalada. En esta sesión Juan Martínez de Rozas Correa señaló las obligaciones de los diputados y declaró disuelta la Primera Junta Nacional de Gobierno, elegida el 18 de septiembre de 1810. El Congreso recibió gran parte de la autoridad gubernamental, ya que tuvo que ejercer poderes ejecutivos y judiciales, además de sus funciones propias, mientras se constituía una Junta provisoria. Pero desde un comienzo el accionar del Congreso fue confuso, debido tanto a la falta de experiencia política como a la división que se observó en su interior entre la mayoría moderada liderada por José Miguel Infante Rojas, los exaltados, compuesta por 12 diputados, entre los que destacaban Bernardo O'Higgins Riquelme y Manuel de Salas Corbalán y los realistas, que solo reconocían al Consejo de Regencia de Cádiz, oponiéndose a cualquier medida. Desesperados los exaltados por la inacción del Congreso, comenzaron a tramar una acción de fuerza para cambiar su fisonomía. Sin embargo, durante todo el mes de julio y los primeros días de agosto, el movimiento, por diversas razones, debió ser postergado. Así fue que en medio de este ambiente, irrumpió en la escena política José Miguel Carrera Verdugo, quien se transformó en el nuevo líder de los exaltados y, por ende, de los sectores que propiciaban la libertad política. El 4 de septiembre de 1811, Carrera junto a sus hermanos, Juan José y José Luis, dio un golpe militar, y derribó a la mayoría conservadora del Congreso, sin mediar resistencia armada alguna. De esta manera, los exaltados quedaron en mayoría y designaron una nueva Junta de Gobierno, que creó el Supremo Tribunal Judiciario. Adicionalmente, ordenó levantar cementerios alrededor de las ciudades; creó la provincia de Coquimbo; oficializó las relaciones con la Junta de Buenos Aires y otorgó la libertad de vientre, la cual, declaraba la libertad de los esclavos nacidos en Chile y prohibía el ingreso de nuevos esclavos al territorio nacional. Pero Carrera no tardó en darse cuenta de que los hombres que él había elevado al poder mediante el golpe militar del 4 de septiembre, trataban de alejarlo del gobierno, por lo tanto, y de acuerdo con sus hermanos, decidió dar un segundo golpe militar el 15 de noviembre de 1811. Finalmente, como el Congreso cortaba sus iniciativas, lo disolvió por la fuerza el 2 de diciembre de 1811. “Primera Junta”, cuadro de Nicolás Guzmán, de 1889. Francisco García Carrasco. Invitación al Cabildo Abierto. En la mayoría de los reinos hispanos de América se crearon Juntas de Gobierno. En el cuadro, firma del acta de independencia de Venezuela, de Martín Tovar. El 18 de septiembre de 1810 se efectuó un Cabildo Abierto en Santiago. Los principios libertarios de la Revolución Francesa y la independencia de Estados Unidos, ocurridas a fines del siglo XVIII, fueron un importante estímulo para el sector progresista de las colonias españolas en América. En 1808 murió el gobernador de Chile Luis Muñoz de Guzmán, y en su reemplazo se designó a Francisco García Carrasco, quien, por sus medidas, se ganó la oposición de la Real Audiencia (tribunal de justicia) y el Cabildo de Santiago (similar a una municipalidad). Accediendo a la presión patriota, Toro Zambrano convocó a un Cabildo Abierto para el 18 de septiembre. Un tema que pareciera nadie lo ha trabajado con la profundidad necesaria. En el año 1848,, llegaban al sur los primeros colonos alemanes "sus mujeres agradecían a Dios, haberlos librados de la PATRIA ALEMANA" el Hambre el despotismo, el desprecio por Valores humanos mínimos (La Basura es mas cara que los Hombres decía el primer multimillonario Hamburges, al comenzar la revolución industrial)el apego y servilismo- Prusianos guardias Pretorianas de las cortes reales - kaiser y su la cultura de la muerte "obligaban a las familias de todos los diferentes contornos del REICH a abandonarlo", era la clase trabajadora, los artesanos dejados de lado por la industrialización, más tarde llegaron, ya no a pulso propio los "VON", la nobleza abatida por la historia, con planes de integración desarrollados por el estado chileno, un sueño seria por estos días de Exiliados y emigrantes, 2.500.000 mt/2 por colono más créditos a 30 años más subvención por el equivalente a 1 1/2 de un sueldo se un funcionario publico grado medio alto, cuanto seria eso hoy en día al equivalente en cualquier país Europeo, así partió la COLONISACION de nuestro chile que solo existen nuestra fantasía inocente, incrédula de tantos horrores ajenos a nuestra cultura a nuestra pregnada por la generocidad de la Raza. El 1881 se destacaba el primer Alemán "ADOLF HÖLLER", algo así como Adolfo del Infierno matando chilenos del sur "INDIOS", su desprecio intrínseco traído de su PATRIA, se desataba, desde aquella época, cuando se habla de la revolución del 81, aparecen la influencia Germana, que no para en nuestra Historia no escrita por nadie hasta hoy. Matando chilenos al servicio de las clases criollas que sueñan ser como las Europeas, no como los Indios - los rotos, las mismas que en los 70 con cacerolas marchan con el "chicho", cuando se escriba la historia de verdad, se vera la influencia de esta casta..Quien a revisado el apellido de los generales del Golpe...Sergio A.STARK - A.LUTZ - para una muestra solo un botón, muchos esconden sus raíces en el segundo apellido, si miran veran que son muchos y los determinantes. Todos los grandes problemas de desarrollos, topan con una legislación que coarta el desarrollo de l pueblo, su constitución es la madre de la EXCLUCION, y esta es hija de los Alemanes su padre "DIETER BLUMENWITZ", guru de GUZMAN + I.MATTE L.; Protector jurídico de COLONIA DIGNIDAD en ALEMANIA, por mas de 20 años detuvo el Proceso de Amnistía Internacional contra esta, (ver CEP-PORTAL = Dieter Blumenwitz i sus teorías sobre un Estado moderno...el mismo Protector de la avanzada de la Gestapo en chile COLONIA DIGNIDAD acaso no trabajaron con- WALTER RAUFF, camiones de la muerte-,,acaso no dejaron salir de chile a los traficantes de armas SCHREIBER, y son hoy pedidos por chile para su extradición, que farza, acaso no se sabe en todo el mundo que ALEMANIA, no extradita a nadie, pero lo mejor viene .... la prensa chilena y Tv alemana, informaran sobre la compra de "BOMBAS ATOMICAS POR PARTE DEL GENERAL BRADY en LONDRES EN LA SEGUNDA PARTE DE LOS AÑOS 90...no es esta la cultura de la muerte que se nos quieren IMPONER QUE NOS DOBLEMOS, esta es la constitución que fue el verdadero motivo del Golpe,,preparar las condiciones Legales para ROBARSE CHILE, por los hoy llamados GENIOS DE LA GLOBALIZACION del país con el mayor numero de tratados internacionales de libre comercio, con mayor seguridad de investición, pero con mayor desigualdad de repartion de ingresos del mundo -PROGRESISTA-... LÁMINAS En 1812 retornó a Argentina con el propósito de colaborar en la lucha por la Independencia, y asumió varios destinos militares. Tres años después, se encargó de la gobernación de la provincia de Mendoza, donde con la colaboración de Bernardo O'Higgins, formó el ejército que liberó a Chile en 1817. Juntos, también emprendieron la organización de la Expedición Libertadora del Perú, país al cual San Martín dio el primer impulso independentista. José Francisco de San Martín y Matorras, hijo de Juan de San Martín y de Gregoria Matorras, nació en Yapeyú -pueblo fundado por la Compañía de Jesús en el virreinato rioplatense- el 25 de febrero de 1778. En 1781, su familia debió trasladarse a Buenos Aires y tres años después a España, donde José Francisco realizó sus estudios elementales en el Seminario de Nobles de Madrid para luego, en 1789, incorporarse como cadete al Regimiento de Infantería de Murcia. Allí iniciaría una carrera militar que lo llevaría a convertirse en uno de los más importantes libertadores de América. En 1812, retornó a su patria con el firme propósito de colaborar en la lucha por la Independencia, y asumió varios destinos militares. Tres años después, se encargó de la gobernación de la provincia de Mendoza, donde con la colaboración de Bernardo O'Higgins, formó el ejército que liberó a Chile en 1817. Juntos, también emprendieron la organización de la Expedición Libertadora del Perú, país al cual San Martín dio el primer impulso independentista. Tras gobernar el antiguo virreinato entre 1821 y 1823, regresó a Chile camino a Argentina, desde donde partió al exilio en Europa. Olvidado por muchos de sus compatriotas, pero siempre ayudado por O'Higgins y por Chile, José de San Martín murió el 17 de Agosto de 1850 en Francia. Sus restos mortales fueron repatriados a Buenos Aires en 1880. José de San martín realizó diversos servicios militares en Europa y África, y en 1801 participó en la guerra entre España y Portugal. La invasión francesa de 1808 le proporcionó varias ocasiones de lucimiento militar. Combatió en Arjonilla -donde su valentía le hizo merecedor del grado de capitán- y luego, el 16 de julio del mismo año, en la célebre Batalla de Bailén. Pero no sería en los campos de batalla europeos donde alcanzaría su mayor prestigio, sino en América. En 1811, solicitó autorización para retornar a su patria, pero las autoridades españolas -temerosas de que se sumara al bando revolucionario- solo le permitieron viajar a Lima. Sin embargo, desde Londres, José Francisco se dirigió a Buenos Aires, puerto al que arribó a inicios de marzo de 1812. En esos momentos, la revolución de la Independencia argentina se enfrentaba a la dura resistencia que presentaban los realistas en el Alto Perú -actual Bolivia-. Al principio, José de San Martín fue mirado con cierta suspicacia debido a que procedía de España, pero rápidamente ganó las voluntades de quienes compartían la idea de Independencia. A una semana de su arribo, se le encargó la formación de un regimiento de granaderos a caballo, logrando dar forma a un cuerpo militar disciplinado y bien entrenado. La primera prueba de fuego de esta tropa, que también fue la primera de San Martín en América, fue el Combate de San Lorenzo, a orillas del río Paraná. En este enfrentamiento, el futuro Libertador estuvo a punto de perder la vida al ser lanceado por un realista, pero por fortuna para él, uno de sus granaderos se cruzó en el camino. Con sus 120 hombres, San Martín derrotó a 250 infantes realistas. Los ascensos militares no se hicieron esperar, al igual que los nuevos destinos. En enero de 1814, se hizo cargo de la comandancia del Ejército que combatió en el Alto Perú. Allí fue donde San Martín concibió una nueva planificación estratégica para derrotar al poderío realista que radicaba en el Perú: era necesario pasar a Chile y desde allí dirigirse por mar hacia la capital virreinal. Fue por esta idea que al poco tiempo solicitó al gobierno de Buenos Aires se le nombrase como Gobernador de la provincia de Mendoza, lo que se hizo efectivo en agosto de 1814. Llevando pocos días a cargo de la gobernación de aquella provincia, llegaron a Mendoza las primeras noticias de la derrota revolucionaria chilena en Rancagua. San Martín, en consecuencia, adoptó medidas tendientes a resguardar el orden interno y se aprestó a recibir a los exiliados chilenos. La presencia de estos últimos generó en la ciudad una serie de problemas que debían ser resueltos, tales como la alimentación y el alojamiento. Además, se presentó un difícil conflicto con José Miguel Carrera, quien pretendía continuar ejerciendo el mando militar y político de los chilenos con absoluta prescindencia de la autoridad local. San Martín y Carrera intercambiaron una serie de escritos en los cuales cada uno exponía sus puntos de vista, insistiendo el Gobernador en hacer valer su autoridad. Por otra parte, los seguidores de O'Higgins solicitaban la protección de San Martín. Carrera ya actuaba como señor absoluto en Mendoza y a fines de octubre de 1814, el Gobernador se vio en la obligación de reducirlo militarmente y enviarlo a Buenos Aires. El resultado de la Batalla de Rancagua puso a la región de Cuyo en una peligrosa situación militar, pues era altamente probable que el general español Mariano Osorio intentara cruzar la Cordillera de los Andes. Ante ello, San Martín adoptó una serie de medidas militares que incluyeron la fortificación de Uspallata y la suspensión de toda comunicación y viaje hacia la banda oeste del macizo andino. Uno de los objetivos que más costaba cumplir era reunir información sobre el estado de los caminos por los pasos de Los Patos y Uspallata. Para ello, ideó un ingenioso ardid: envió hacia Chile al ingeniero Antonio Álvarez Condarco, con el pretexto de entregar a Marcó del Pont una copia de la Declaración de Independencia de las Provincias Unidas. Álvarez, de acuerdo a lo presupuestado por el general, cruzó hacia Chile por el primero de los pasos nombrados y se devolvió a Mendoza por el segundo. A su regreso, todos los detalles que había advertido en el camino fueron traspasados a los mapas. El 18 de enero de 1817, la columna principal del ejército emprendió la marcha y a inicios de febrero siguiente la columna de San Martín se unió a la de Juan Gregorio de Las Heras en Curimón, en el Valle del Aconcagua. El 12 de febrero, estas fuerzas se enfrentaron a las tropas realistas que comandaba Rafael Maroto, derrotándolas en la cuesta de Chacabuco. Pocos días después, San Martín rechazó, en Santiago, un ofrecimiento para gobernar el país. Ante ello, la asamblea de notables designó a O'Higgins. Una nueva meta se presentó ahora en su horizonte: la formación de la Expedición Libertadora del Perú. Sin embargo, antes era necesario vencer un inesperado obstáculo, la llegada de una nueva fuerza militar realista al mando del general Mariano Osorio. El triunfo de Maipú (5 de abril de 1818) dio la tranquilidad para abocarse a los preparativos necesarios con el fin de realizar la gran gesta sanmartiniana. Hacia 1820, la situación interna de Argentina se complicó, y el gobierno trasandino pidió a San Martín que cruzara la cordillera con sus tropas, pero el general desobedeció y permaneció en Chile. El 2 de abril de 1820, los jefes y oficiales del ejército, reunidos en Rancagua, lo confirmaron como jefe de dicho cuerpo militar y, en consecuencia, el 6 de mayo siguiente, el gobierno chileno lo designó general en jefe de la futura expedición. A fines de agosto de 1820, la Expedición Libertadora del Perú -integrada por alrededor de 5.000 hombres- zarpó de Valparaíso y en septiembre desembarcó en Pisco. El Virrey del Perú -cuyo territorio, desde la Batalla de Maipú, había pasado a una postura muchísimo más defensiva- prefirió capitular a trabar combate, por cuanto las victorias obtenidas por el general Arenales, a quien San Martín había enviado hacia el interior, eran un antecedente bastante claro de lo que ocurriría. Por ello, San Martín pudo entrar en Lima sin disparar un tiro, y el 28 de julio de 1821 proclamó la Independencia del Perú. A los pocos días, fue nombrado Protector del Perú. En 1823, José de San Martín delegó el mando político del Perú y partió hacia Guayaquil, a fin de entrevistarse con el Libertador Simón Bolívar. No se conoce exactamente lo que allí se trató, pero es dable presumir que en primer lugar conversaron sobre la pertenencia de Guayaquil, que era reclamada por Perú y también por el Ecuador, país que ya se había incorporado a la Gran Colombia creada por Bolívar. Probablemente también discutieron sobre quién concluiría la campaña en el Altiplano. Terminada la conferencia, San Martín regresó a Lima. El 20 de septiembre, en la sede de la Universidad de San Marcos, inauguró el Primer Congreso peruano y al día siguiente se embarcó hacia Chile. En enero de 1824 partió rumbo a Mendoza y luego a Buenos Aires. En febrero del año siguiente, obtuvo autorización para trasladarse a Europa acompañado de su hija Mercedes. Tras su estadía en Inglaterra, Escocia, Bruselas y diversos lugares de Francia, y de un complicado viaje al Río de la Plata (1829), en 1834 decidió radicarse definitivamente en Grand Bourg, cerca de París, donde murió Días antes del Combate Naval de Papudo, el gobierno peruano fue depuesto por los revolucionarios y Mariano Prado asumió la Presidencia. Prontamente se acordó el envío de su escuadra para unirse a la chilena en Chiloé y esperar allí el arribo de los nuevos blindados "Huáscar" e "Independencia", antes de iniciar operaciones ofensivas contra la flota española. El 3 de diciembre de 1865, inician la travesía las fragatas "Apurímac" y "Amazonas", y 44 días después las corbetas "Unión" y "América". En el interín, el recién ascendido Capitán de Navío Juan Williams Rebolledo, con la corbeta "Esmeralda", la goleta "Covadonga" y el vapor "Maipú", habían organizado el Apostadero Naval de Abtao, en Chiloé, en dos ensenadas colindantes a la isla del mismo nombre, ubicada en la ribera norte del canal Chacao. Para este efecto, se artilló la isla y se contrató al constructor naval Juan Duprat para que montara una maestranza capaz de carenar y reparar las naves de las naciones aliadas. El 10 y 14 de enero, zarpaban de Valparaíso, las fragatas enemigas "Villa de Madrid", al mando del Comandante Claudio Alvargonzález y la "Blanca", al mando del Comandante Juan B. Topete, en demanda de la escuadra aliada. Una semana más tarde, el Gobierno dispuso el desplazamiento del vapor "Maipú" hasta Magallanes, a fin de interceptar los transportes hispanos "Odessa" y "Vascongada". El 4 de febrero, se presentaron para el servicio en Abtao las corbetas "Unión" y "América," muy escasas en carbón y víveres. Al día siguiente, el Capitán de Navío Juan Williams Rebolledo decidió ir con la "Esmeralda", a Ancud para procurar los elementos logísticos requeridos por las corbetas peruanas, dejando al mando al Jefe de la División Peruana, Capitán de Navío Manuel Villar. Así las cosas, el 7 de febrero, el vigía del Apostadero anuncia a las 6.30 un buque a la vista que se creyó podría ser la corbeta "Esmeralda"; 90 minutos después, se identifica, sin lugar a dudas, a las fragatas enemigas que con una navegación muy lenta y precavida. Recién a las 3 de la tarde enfrentaron al Apostadero, quedando los contendientes a la vista. El tiempo disponible desde el avistamiento inicial fue suficiente y muy bien aprovechado para preparar la fuerza aliada para el combate. Se calentaron máquinas y fondearon las 4 naves en línea de fila estrecha, unidas con espías, de manera de cubrir con sus cañones los dos accesos a la ensenada. Se completaron las dotaciones vacantes en las dos corbetas recién arribadas, los cañones montados en tierra fueron cubiertos y se estableció una enfermería de campaña. A las 3.30 de la tarde, la "Apurímac" rompió el fuego, y fue seguida por todas las unidades aliadas a una distancia de alrededor de 1.500 mts. Durante el combate se le cortó una espía a la corbeta "América". Ante ello, la "Covadonga", al mando de Manuel Thomson Porto Mariño largó la suya a la "Unión" y fue a remolcar a la "América" que se estaba presentando de enfilada al fuego del enemigo. Pero cortado el remolque, decidió cañonear a la "Blanca", que se creía varada. La "Covadonga" se acercó a 600 metros de su enemiga, cañoneándola por sobre el istmo que forma la isla Abtao y que lleva ahora el nombre de Thomson. El duelo artillero se prolongó por casi dos horas, intercambiando entre adversarios unos 2.000 tiros, sin resultados decisivos, porque las naves castellanas no se animaron a acortar la distancia, ya que implicaba para ellos un riesgo serio de varar por desconocimiento detallado de la hidrografía de Abtao. Optaron por retirarse hacia Valparaíso sin haber podido dar cumplimiento a la misión asignada. La fuerza aliada había triunfado en el rechazo de las naves atacantes. Se llamaría José María Basquez y habría pertenecido al Regimiento de Buin Falleció durante la Guerra del Pacífico, en la batalla de Chorrillos, y su cuerpo fue descubierto hace ocho años en el cerro Zigzag, de Perú. Debería tener un funeral con honores como indica la ley para los veteranos de ese conflicto. Pero sus restos ni siquiera han sido repatriados. Sangre y fuego. El humo no deja ver nada más y lo único que se escucha es el griterío de 60 mil hombres que chocan en la localidad peruana de Chorrillos. Corre el 13 de enero de 1881 y el Ejército chileno avanza sobre Lima, en la fase final de la Guerra del Pacífico. La resistencia defensiva es fiera y el choque de fuerzas se transforma en la batalla más grande registrada en el continente. Los chilenos están bajo los embates de 300 cañones de alto calibre y la temida ametralladora Claxtong, un monstruo que disparaba proyectiles calibre 60, capaces de partir a un hombre por la mitad. Más allá, los chinos y zapadores entrenados por Arturo Villarroel –“General Dinamita”– ya habían sondeado el terreno para desactivar las mortíferas minas y ahora actuaban como camilleros. Pese a tener en contra al enemigo y al accidentado terreno, el general Manuel Baquedano ordena avanzar de frente y la primera división cumple su cometido. A punta de coraje y sangre fría se alcanza la victoria en Chorrillos, pero el costo es altísimo. Cerca de 10 mil cadáveres de ambos bandos quedan esparcidos por el campo de batalla. Pero sólo uno de ellos, un chileno, fue enterrado ahí mismo, en el suelo arenoso del cerro Zigzag, como mudo testigo del horror que allí se vivió. Se sabe que para esa fecha este soldado ya era un veterano de guerra y que venía avanzando desde territorio chileno. Faltando tan poco para la arremetida final del conflicto, recibió un balazo mortal que le robó el aire y lo obligó a desabotonarse la chaqueta y el pantalón. Está certificado que intentó en vano frenar la hemorragia con un pañuelo. Sus camaradas lo enterraron en el lugar, poco antes de que “los rotos” tomaran la capital peruana. Permaneció ahí, junto a sus pertenencias, durante 117 años. El 10 de marzo de 1998, mientras se construía un cerco en terrenos de la Escuela de Oficiales de la Policía Nacional del Perú, se encontró el cadáver vestido con uniforme militar chileno. A su lado, un cinturón de municiones, una bayoneta, un morral de cuero, una manta y una libreta con itinerario militar y con un nombre: José María Basquez (sic). EL UNIFORME REVELADOR Los camaradas del soldado chileno lo enterraron en el cerro Zigzag. El cuerpo pemaneció ahí, junto sus pertenencias, durante 117 años. “Probablemente era uno de los 10 mil civiles voluntarios que fueron a la batalla en un acto meritorio. Hasta hoy nos admiramos de ellos”, reflexiona el investigador Marcelo Villalba, que mantiene un museo virtual de la Guerra del Pacífico y encabeza una campaña por Internet para traer de vuelta al soldado, cuyos restos aún se encuentran en Lima. El cuerpo del llamado “soldado del Zigzag” permanece en el Museo de Arqueología y Antropología, del Instituto de Cultura Peruano. “Está en las cámaras de momias y su estado de conservación es muy bueno. Ha sido sometido a un exhaustivo estudio”, explica Juan Carlos Florez, presidente de la Sociedad de Estudios Históricos Coronel Arnaldo Panizo. Según los estudios y peritajes, “son los restos completos de un mestizo joven, de 25 a 30 años, como de 1,75 de estatura. Cabello castaño y fino. Barba en el mentón y vello en las pantorrillas”, dice la antropóloga Hilda Vidal. El uniforme de paño permitió conocer la nacionalidad, señala el informe de la antropóloga. La casaca marrón lleva diez botones de metal con el escudo chileno. El cuello y los puños son rojos, otra característica nacional. El pantalón es azul y está cubierto por otra prenda, de algodón beige, para diferenciarse de las fuerzas peruanas, como había ordenado el general Baquedano. Lleva también calamorros, botines que eran la marca registrada de las tropas nacionales. “No hay duda que era un militar chileno”, asegura la antropóloga y coinciden otros especialistas, pero no existe seguridad de que el nombre escrito en la libreta –José María Basquez– corresponda al cuerpo que la portaba en el momento de morir. Sin embargo, en un foro de Internet que apoya la repatriación, los usuarios –en base a las listas de comisarios de la Guerra del Pacífico–, identificaron cuatro unidades que tuvieron en sus filas a un José Vásquez, aunque el uniforme y el itinerario de la libreta apuntan al Regimiento Buin, y que luchó desde el inicio de la contienda bélica. El investigador Villalba cree que para obtener datos certeros se deberían realizar exámenes genéticos. “Tal como lo hizo Estados Unidos para ubicar a todos sus caídos en Vietnam. Por ley, los caídos en la Guerra del Pacífico deben ser enterrados con honores de general de la República, como sucedió con los restos encontrados en 1996 en el Morro de Arica”. APOYO PARA TRAERLO Al otro lado de la Línea de la Concordia están conscientes de que el cuerpo debe ser repatriado. Pero también saben que la decisión final pasa por un tema político entre ambas naciones. “Ese cuerpo debe descansar en la tierra que lo vio nacer”, explica el experto peruano Juan Carlos Florez. “Muchas autoridades con las cuales hemos conversado ven positivamente esta idea”. Florez arguye que para traerlo de vuelta ha faltado empuje del Gobierno chileno. “Las autoridades no están muy interesadas en el tema. Si no fuera por la presión civil, este hecho no tendría mucho eco”. Pese a ello, Florez cree que debido al acercamiento de Michelle Bachelet y Alan García, “no debería pasar mucho tiempo para que estos gestos de buena voluntad se materialicen, aunque todo está en manos políticas”. El historiador peruano Óscar Ferreyra, del Instituto de Estudios Históricos del Pacífico y que participó en la exhumación de cuerpo, señala que “últimamente hemos colaborado con el Gobierno de Perú para que dicho combatiente vuelva a su patria”. Sin embargo, Villalba ve lejana esa posibilidad. Su campaña de repatriación incluyó cartas al ministro secretario general de Gobierno, Ricardo Lagos Weber, y al canciller Alejandro Foxley. Ambas misivas fueron respondidas con documentos firmados por funcionarios subalternos. En la primera le indican que debe presentar el caso al Consejo de Monumentos Nacionales. Y en el Ministerio de Relaciones Exteriores le señalaron que debe fijar una reunión con el consejero a cargo de las relaciones con Perú. “Después de la guerra quedaron platos servidos e hijos que quisieron conocer a su padre. Esos soldados dieron forma a lo que hoy es Chile. Y existe cero apoyo de nuestras autoridades para repatriar a uno que murió como héroe nacional”, comenta Villalba. Del contenido de la libreta que estaba junto al cuerpo se sabe que la última anotación fue realizada el día anterior a la batalla de Chorrillos. “Llegada a Lurín 26. Partida de Lurín. Enero 12 de 1881”. Pocas horas después, José María tomó sus cosas y marchó rumbo a la guerra, como venía haciéndolo desde hacía dos años. Pero esa ocasión fue distinta. Estando tan cerca de su objetivo, cayó luchando. Seguramente murió pensando en su patria, a la que todavía no puede retornar. LND Descendientes de soldados: “Es justo que vuelva a su país” Orgullosos de sus antepasados, los descendientes de los chilenos que combatieron en la Guerra del Pacífico creen que es “justo que el hombre que murió por la patria pueda volver a su tierra. Si nosotros encontráramos a un soldado peruano tendríamos que devolverlo”, dice Patricia Roa, cuyo abuelo José de las Nieves Roa llegó hasta Lima con las tropas de Baquedano. El antepasado de Patricia se enroló voluntariamente cuando era un muchacho en Chillán. “Pasaron a buscar a los jóvenes para la guerra y su padre lo vistió de mujer para que no se lo llevaran. Pero él se escapó por una ventana y corrió hasta alcanzar a las tropas para que lo reclutaran”. Jorge Landeta, concejal de Pirque y bisnieto del oficial Sofanor Parra, de los Cazadores a Caballo y de destacada participación en Huamachuco, cree que “esos restos son sagrados para todos los chilenos, porque es un soldado que dio su vida por el triunfo y le debemos mucho a todos los que murieron peleando”. El cuerpo de Moquegua A principios de abril fue encontrado un cuerpo con uniforme militar en la zona peruana de Moquegua. El hallazgo se produjo mientras se instalaba un desagüe. Se informó que se trataba de osamentas datadas en la Guerra del Pacífico, y en los medios de comunicación se especuló que podrían pertenecer a un uniformado chileno. Pero la investigación posterior ha indicado que lo más probable es que los restos pertenezcan a un militar peruano. “Se puede ver en detalles específicos del uniforme, como el colorido tipo papagayo azul y amarillo, además de las tres hileras de botones, que no son propias de los uniformes chilenos”, explica Marcelo Villalba. Junto al presidente de la CUT se encontraba el actual Director de la Escuela Santa María de la ciudad de Iquique y diversos dirigentes políticos, sociales y culturales. |