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Historia de Chile

José de San Martín y Matorras

 Imágenes

José de San Martín

 

LÁMINAS

Placa en homenaje al Abrazo de Maipú

Zoom Placa en homenaje al Abrazo de Maipú, hecho que fue considerado símbolo de la unidad chileno - argentina durante la Independencia.

 En 1812 retornó a Argentina con el propósito de colaborar en la lucha por la Independencia, y asumió varios destinos militares. Tres años después, se encargó de la gobernación de la provincia de Mendoza, donde con la colaboración de Bernardo O'Higgins, formó el ejército que liberó a Chile en 1817. Juntos, también emprendieron la organización de la Expedición Libertadora del Perú, país al cual San Martín dio el primer impulso independentista.

José Francisco de San Martín y Matorras, hijo de Juan de San Martín y de Gregoria Matorras, nació en Yapeyú -pueblo fundado por la Compañía de Jesús en el virreinato rioplatense- el 25 de febrero de 1778.

En 1781, su familia debió trasladarse a Buenos Aires y tres años después a España, donde José Francisco realizó sus estudios elementales en el Seminario de Nobles de Madrid para luego, en 1789, incorporarse como cadete al Regimiento de Infantería de Murcia. Allí iniciaría una carrera militar que lo llevaría a convertirse en uno de los más importantes libertadores de América.

En 1812, retornó a su patria con el firme propósito de colaborar en la lucha por la Independencia, y asumió varios destinos militares. Tres años después, se encargó de la gobernación de la provincia de Mendoza, donde con la colaboración de Bernardo O'Higgins, formó el ejército que liberó a Chile en 1817.

Juntos, también emprendieron la organización de la Expedición Libertadora del Perú, país al cual San Martín dio el primer impulso independentista.

Tras gobernar el antiguo virreinato entre 1821 y 1823, regresó a Chile camino a Argentina, desde donde partió al exilio en Europa. Olvidado por muchos de sus compatriotas, pero siempre ayudado por O'Higgins y por Chile, José de San Martín murió el 17 de Agosto de 1850 en Francia. Sus restos mortales fueron repatriados a Buenos Aires en 1880.

Carrera militar

José de San martín realizó diversos servicios militares en Europa y África, y en 1801 participó en la guerra entre España y Portugal. La invasión francesa de 1808 le proporcionó varias ocasiones de lucimiento militar. Combatió en Arjonilla -donde su valentía le hizo merecedor del grado de capitán- y luego, el 16 de julio del mismo año, en la célebre Batalla de Bailén.

Pero no sería en los campos de batalla europeos donde alcanzaría su mayor prestigio, sino en América. En 1811, solicitó autorización para retornar a su patria, pero las autoridades españolas -temerosas de que se sumara al bando revolucionario- solo le permitieron viajar a Lima.

Sin embargo, desde Londres, José Francisco se dirigió a Buenos Aires, puerto al que arribó a inicios de marzo de 1812. En esos momentos, la revolución de la Independencia argentina se enfrentaba a la dura resistencia que presentaban los realistas en el Alto Perú -actual Bolivia-.

Se incorpora a la lucha en Argentina

Al principio, José de San Martín fue mirado con cierta suspicacia debido a que procedía de España, pero rápidamente ganó las voluntades de quienes compartían la idea de Independencia. A una semana de su arribo, se le encargó la formación de un regimiento de granaderos a caballo, logrando dar forma a un cuerpo militar disciplinado y bien entrenado.

La primera prueba de fuego de esta tropa, que también fue la primera de San Martín en América, fue el Combate de San Lorenzo, a orillas del río Paraná. En este enfrentamiento, el futuro Libertador estuvo a punto de perder la vida al ser lanceado por un realista, pero por fortuna para él, uno de sus granaderos se cruzó en el camino. Con sus 120 hombres, San Martín derrotó a 250 infantes realistas.

¿Cómo vencer a los realistas?

Los ascensos militares no se hicieron esperar, al igual que los nuevos destinos. En enero de 1814, se hizo cargo de la comandancia del Ejército que combatió en el Alto Perú. Allí fue donde San Martín concibió una nueva planificación estratégica para derrotar al poderío realista que radicaba en el Perú: era necesario pasar a Chile y desde allí dirigirse por mar hacia la capital virreinal. Fue por esta idea que al poco tiempo solicitó al gobierno de Buenos Aires se le nombrase como Gobernador de la provincia de Mendoza, lo que se hizo efectivo en agosto de 1814.

Gobernador de Mendoza

Llevando pocos días a cargo de la gobernación de aquella provincia, llegaron a Mendoza las primeras noticias de la derrota revolucionaria chilena en Rancagua. San Martín, en consecuencia, adoptó medidas tendientes a resguardar el orden interno y se aprestó a recibir a los exiliados chilenos.

La presencia de estos últimos generó en la ciudad una serie de problemas que debían ser resueltos, tales como la alimentación y el alojamiento. Además, se presentó un difícil conflicto con José Miguel Carrera, quien pretendía continuar ejerciendo el mando militar y político de los chilenos con absoluta prescindencia de la autoridad local.

 San Martín y Carrera intercambiaron una serie de escritos en los cuales cada uno exponía sus puntos de vista, insistiendo el Gobernador en hacer valer su autoridad. Por otra parte, los seguidores de O'Higgins solicitaban la protección de San Martín. Carrera ya actuaba como señor absoluto en Mendoza y a fines de octubre de 1814, el Gobernador se vio en la obligación de reducirlo militarmente y enviarlo a Buenos Aires.

El Ejército de Los Andes

El resultado de la Batalla de Rancagua puso a la región de Cuyo en una peligrosa situación militar, pues era altamente probable que el general español Mariano Osorio intentara cruzar la Cordillera de los Andes. Ante ello, San Martín adoptó una serie de medidas militares que incluyeron la fortificación de Uspallata y la suspensión de toda comunicación y viaje hacia la banda oeste del macizo andino.
Luego, se abocó a la formación del Ejército de los Andes, difícil tarea en la que contó con el decidido apoyo de O'Higgins. Era necesario crearlo de la nada: formar tropas, adiestrarlas, equiparlas, planificar el cruce, los servicios, la alimentación y un sin número de otros aspectos, todos los que fue resolviendo con gran dedicación.

Uno de los objetivos que más costaba cumplir era reunir información sobre el estado de los caminos por los pasos de Los Patos y Uspallata. Para ello, ideó un ingenioso ardid: envió hacia Chile al ingeniero Antonio Álvarez Condarco, con el pretexto de entregar a Marcó del Pont una copia de la Declaración de Independencia de las Provincias Unidas. Álvarez, de acuerdo a lo presupuestado por el general, cruzó hacia Chile por el primero de los pasos nombrados y se devolvió a Mendoza por el segundo. A su regreso, todos los detalles que había advertido en el camino fueron traspasados a los mapas.

La liberación de Chile

El 18 de enero de 1817, la columna principal del ejército emprendió la marcha y a inicios de febrero siguiente la columna de San Martín se unió a la de Juan Gregorio de Las Heras en Curimón, en el Valle del Aconcagua. El 12 de febrero, estas fuerzas se enfrentaron a las tropas realistas que comandaba Rafael Maroto, derrotándolas en la cuesta de Chacabuco.

Pocos días después, San Martín rechazó, en Santiago, un ofrecimiento para gobernar el país. Ante ello, la asamblea de notables designó a O'Higgins.

Una nueva meta se presentó ahora en su horizonte: la formación de la Expedición Libertadora del Perú. Sin embargo, antes era necesario vencer un inesperado obstáculo, la llegada de una nueva fuerza militar realista al mando del general Mariano Osorio. El triunfo de Maipú (5 de abril de 1818) dio la tranquilidad para abocarse a los preparativos necesarios con el fin de realizar la gran gesta sanmartiniana.

Hacia 1820, la situación interna de Argentina se complicó, y el gobierno trasandino pidió a San Martín que cruzara la cordillera con sus tropas, pero el general desobedeció y permaneció en Chile. El 2 de abril de 1820, los jefes y oficiales del ejército, reunidos en Rancagua, lo confirmaron como jefe de dicho cuerpo militar y, en consecuencia, el 6 de mayo siguiente, el gobierno chileno lo designó general en jefe de la futura expedición.

La Independencia del Perú

A fines de agosto de 1820, la Expedición Libertadora del Perú -integrada por alrededor de 5.000 hombres- zarpó de Valparaíso y en septiembre desembarcó en Pisco. El Virrey del Perú -cuyo territorio, desde la Batalla de Maipú, había pasado a una postura muchísimo más defensiva- prefirió capitular a trabar combate, por cuanto las victorias obtenidas por el general Arenales, a quien San Martín había enviado hacia el interior, eran un antecedente bastante claro de lo que ocurriría. Por ello, San Martín pudo entrar en Lima sin disparar un tiro, y el 28 de julio de 1821 proclamó la Independencia del Perú. A los pocos días, fue nombrado Protector del Perú.

Rumbo al exilio

En 1823, José de San Martín delegó el mando político del Perú y partió hacia Guayaquil, a fin de entrevistarse con el Libertador Simón Bolívar. No se conoce exactamente lo que allí se trató, pero es dable presumir que en primer lugar conversaron sobre la pertenencia de Guayaquil, que era reclamada por Perú y también por el Ecuador, país que ya se había incorporado a la Gran Colombia creada por Bolívar. Probablemente también discutieron sobre quién concluiría la campaña en el Altiplano. Terminada la conferencia, San Martín regresó a Lima.

El 20 de septiembre, en la sede de la Universidad de San Marcos, inauguró el Primer Congreso peruano y al día siguiente se embarcó hacia Chile.

En enero de 1824 partió rumbo a Mendoza y luego a Buenos Aires. En febrero del año siguiente, obtuvo autorización para trasladarse a Europa acompañado de su hija Mercedes. Tras su estadía en Inglaterra, Escocia, Bruselas y diversos lugares de Francia, y de un complicado viaje al Río de la Plata (1829), en 1834 decidió radicarse definitivamente en Grand Bourg, cerca de París, donde murió

El Combate Naval de Abtao (7 de Febrero de 1866)

Días antes del Combate Naval de Papudo, el gobierno peruano fue depuesto por los revolucionarios y Mariano Prado asumió la Presidencia.

Prontamente se acordó el envío de su escuadra para unirse a la chilena en Chiloé y esperar allí el arribo de los nuevos blindados "Huáscar" e "Independencia", antes de iniciar operaciones ofensivas contra la flota española.

El 3 de diciembre de 1865, inician la travesía las fragatas "Apurímac" y "Amazonas", y 44 días después las corbetas "Unión" y "América".

En el interín, el recién ascendido Capitán de Navío Juan Williams Rebolledo, con la corbeta "Esmeralda", la goleta "Covadonga" y el vapor "Maipú", habían organizado el Apostadero Naval de Abtao, en Chiloé, en dos ensenadas colindantes a la isla del mismo nombre, ubicada en la ribera norte del canal Chacao.

Para este efecto, se artilló la isla y se contrató al constructor naval Juan Duprat para que montara una maestranza capaz de carenar y reparar las naves de las naciones aliadas.

El 10 y 14 de enero, zarpaban de Valparaíso, las fragatas enemigas "Villa de Madrid", al mando del Comandante Claudio Alvargonzález y la "Blanca", al mando del Comandante Juan B. Topete, en demanda de la escuadra aliada.

Una semana más tarde, el Gobierno dispuso el desplazamiento del vapor "Maipú" hasta Magallanes, a fin de interceptar los transportes hispanos "Odessa" y "Vascongada".

El 4 de febrero, se presentaron para el servicio en Abtao las corbetas "Unión" y "América," muy escasas en carbón y víveres.

Al día siguiente, el Capitán de Navío Juan Williams Rebolledo decidió ir con la "Esmeralda", a Ancud para procurar los elementos logísticos requeridos por las corbetas peruanas, dejando al mando al Jefe de la División Peruana, Capitán de Navío Manuel Villar.

Así las cosas, el 7 de febrero, el vigía del Apostadero anuncia a las 6.30 un buque a la vista que se creyó podría ser la corbeta "Esmeralda"; 90 minutos después, se identifica, sin lugar a dudas, a las fragatas enemigas que con una navegación muy lenta y precavida.

Recién a las 3 de la tarde enfrentaron al Apostadero, quedando los contendientes a la vista.

El tiempo disponible desde el avistamiento inicial fue suficiente y muy bien aprovechado para preparar la fuerza aliada para el combate. Se calentaron máquinas y fondearon las 4 naves en línea de fila estrecha, unidas con espías, de manera de cubrir con sus cañones los dos accesos a la ensenada.

Se completaron las dotaciones vacantes en las dos corbetas recién arribadas, los cañones montados en tierra fueron cubiertos y se estableció una enfermería de campaña.

A las 3.30 de la tarde, la "Apurímac" rompió el fuego, y fue seguida por todas las unidades aliadas a una distancia de alrededor de 1.500 mts.

Durante el combate se le cortó una espía a la corbeta "América". Ante ello, la "Covadonga", al mando de Manuel Thomson Porto Mariño largó la suya a la "Unión" y fue a remolcar a la "América" que se estaba presentando de enfilada al fuego del enemigo.

Pero cortado el remolque, decidió cañonear a la "Blanca", que se creía varada. La "Covadonga" se acercó a 600 metros de su enemiga, cañoneándola por sobre el istmo que forma la isla Abtao y que lleva ahora el nombre de Thomson.

El duelo artillero se prolongó por casi dos horas, intercambiando entre adversarios unos 2.000 tiros, sin resultados decisivos, porque las naves castellanas no se animaron a acortar la distancia, ya que implicaba para ellos un riesgo serio de varar por desconocimiento detallado de la hidrografía de Abtao.

Optaron por retirarse hacia Valparaíso sin haber podido dar cumplimiento a la misión asignada. La fuerza aliada había triunfado en el rechazo de las naves atacantes.

www.armada.cl

 

 

El soldado chileno que no regresó

El soldado chileno que no regresó

Se llamaría José María Basquez y habría pertenecido al Regimiento de Buin

Falleció durante la Guerra del Pacífico, en la batalla de Chorrillos, y su cuerpo fue descubierto hace ocho años en el cerro Zigzag, de Perú. Debería tener un funeral con honores como indica la ley para los veteranos de ese conflicto. Pero sus restos ni siquiera han sido repatriados.

www.lanacion.cl / Domingo
Por Oscar Valenzuela

Foto: Según el uniforme y el itinerario de la libreta del soldado chileno, éste habría pertenecido al Regimiento Buin y habría luchado desde el inicio de la Guerra del Pacífico.

Sangre y fuego. El humo no deja ver nada más y lo único que se escucha es el griterío de 60 mil hombres que chocan en la localidad peruana de Chorrillos. Corre el 13 de enero de 1881 y el Ejército chileno avanza sobre Lima, en la fase final de la Guerra del Pacífico. La resistencia defensiva es fiera y el choque de fuerzas se transforma en la batalla más grande registrada en el continente.

Los chilenos están bajo los embates de 300 cañones de alto calibre y la temida ametralladora Claxtong, un monstruo que disparaba proyectiles calibre 60, capaces de partir a un hombre por la mitad. Más allá, los chinos y zapadores entrenados por Arturo Villarroel –“General Dinamita”– ya habían sondeado el terreno para desactivar las mortíferas minas y ahora actuaban como camilleros.

Pese a tener en contra al enemigo y al accidentado terreno, el general Manuel Baquedano ordena avanzar de frente y la primera división cumple su cometido. A punta de coraje y sangre fría se alcanza la victoria en Chorrillos, pero el costo es altísimo. Cerca de 10 mil cadáveres de ambos bandos quedan esparcidos por el campo de batalla. Pero sólo uno de ellos, un chileno, fue enterrado ahí mismo, en el suelo arenoso del cerro Zigzag, como mudo testigo del horror que allí se vivió.

Se sabe que para esa fecha este soldado ya era un veterano de guerra y que venía avanzando desde territorio chileno. Faltando tan poco para la arremetida final del conflicto, recibió un balazo mortal que le robó el aire y lo obligó a desabotonarse la chaqueta y el pantalón. Está certificado que intentó en vano frenar la hemorragia con un pañuelo. Sus camaradas lo enterraron en el lugar, poco antes de que “los rotos” tomaran la capital peruana. Permaneció ahí, junto a sus pertenencias, durante 117 años.

El 10 de marzo de 1998, mientras se construía un cerco en terrenos de la Escuela de Oficiales de la Policía Nacional del Perú, se encontró el cadáver vestido con uniforme militar chileno. A su lado, un cinturón de municiones, una bayoneta, un morral de cuero, una manta y una libreta con itinerario militar y con un nombre: José María Basquez (sic).

 EL UNIFORME REVELADOR

Los camaradas del soldado chileno lo enterraron en el cerro Zigzag. El cuerpo pemaneció ahí, junto sus pertenencias, durante 117 años.

“Probablemente era uno de los 10 mil civiles voluntarios que fueron a la batalla en un acto meritorio. Hasta hoy nos admiramos de ellos”, reflexiona el investigador Marcelo Villalba, que mantiene un museo virtual de la Guerra del Pacífico y encabeza una campaña por Internet para traer de vuelta al soldado, cuyos restos aún se encuentran en Lima.

El cuerpo del llamado “soldado del Zigzag” permanece en el Museo de Arqueología y Antropología, del Instituto de Cultura Peruano. “Está en las cámaras de momias y su estado de conservación es muy bueno. Ha sido sometido a un exhaustivo estudio”, explica Juan Carlos Florez, presidente de la Sociedad de Estudios Históricos Coronel Arnaldo Panizo.

Según los estudios y peritajes, “son los restos completos de un mestizo joven, de 25 a 30 años, como de 1,75 de estatura. Cabello castaño y fino. Barba en el mentón y vello en las pantorrillas”, dice la antropóloga Hilda Vidal.

El uniforme de paño permitió conocer la nacionalidad, señala el informe de la antropóloga. La casaca marrón lleva diez botones de metal con el escudo chileno. El cuello y los puños son rojos, otra característica nacional. El pantalón es azul y está cubierto por otra prenda, de algodón beige, para diferenciarse de las fuerzas peruanas, como había ordenado el general Baquedano. Lleva también calamorros, botines que eran la marca registrada de las tropas nacionales. “No hay duda que era un militar chileno”, asegura la antropóloga y coinciden otros especialistas, pero no existe seguridad de que el nombre escrito en la libreta –José María Basquez– corresponda al cuerpo que la portaba en el momento de morir.

Sin embargo, en un foro de Internet que apoya la repatriación, los usuarios –en base a las listas de comisarios de la Guerra del Pacífico–, identificaron cuatro unidades que tuvieron en sus filas a un José Vásquez, aunque el uniforme y el itinerario de la libreta apuntan al Regimiento Buin, y que luchó desde el inicio de la contienda bélica.

El investigador Villalba cree que para obtener datos certeros se deberían realizar exámenes genéticos. “Tal como lo hizo Estados Unidos para ubicar a todos sus caídos en Vietnam. Por ley, los caídos en la Guerra del Pacífico deben ser enterrados con honores de general de la República, como sucedió con los restos encontrados en 1996 en el Morro de Arica”.

  APOYO PARA TRAERLO

Al otro lado de la Línea de la Concordia están conscientes de que el cuerpo debe ser repatriado. Pero también saben que la decisión final pasa por un tema político entre ambas naciones. “Ese cuerpo debe descansar en la tierra que lo vio nacer”, explica el experto peruano Juan Carlos Florez. “Muchas autoridades con las cuales hemos conversado ven positivamente esta idea”.

Florez arguye que para traerlo de vuelta ha faltado empuje del Gobierno chileno. “Las autoridades no están muy interesadas en el tema. Si no fuera por la presión civil, este hecho no tendría mucho eco”. Pese a ello, Florez cree que debido al acercamiento de Michelle Bachelet y Alan García, “no debería pasar mucho tiempo para que estos gestos de buena voluntad se materialicen, aunque todo está en manos políticas”.

El historiador peruano Óscar Ferreyra, del Instituto de Estudios Históricos del Pacífico y que participó en la exhumación de cuerpo, señala que “últimamente hemos colaborado con el Gobierno de Perú para que dicho combatiente vuelva a su patria”.

Sin embargo, Villalba ve lejana esa posibilidad. Su campaña de repatriación incluyó cartas al ministro secretario general de Gobierno, Ricardo Lagos Weber, y al canciller Alejandro Foxley. Ambas misivas fueron respondidas con documentos firmados por funcionarios subalternos. En la primera le indican que debe presentar el caso al Consejo de Monumentos Nacionales. Y en el Ministerio de Relaciones Exteriores le señalaron que debe fijar una reunión con el consejero a cargo de las relaciones con Perú.

“Después de la guerra quedaron platos servidos e hijos que quisieron conocer a su padre. Esos soldados dieron forma a lo que hoy es Chile. Y existe cero apoyo de nuestras autoridades para repatriar a uno que murió como héroe nacional”, comenta Villalba.

Del contenido de la libreta que estaba junto al cuerpo se sabe que la última anotación fue realizada el día anterior a la batalla de Chorrillos. “Llegada a Lurín 26. Partida de Lurín. Enero 12 de 1881”. Pocas horas después, José María tomó sus cosas y marchó rumbo a la guerra, como venía haciéndolo desde hacía dos años. Pero esa ocasión fue distinta. Estando tan cerca de su objetivo, cayó luchando. Seguramente murió pensando en su patria, a la que todavía no puede retornar. LND



Descendientes de soldados: “Es justo que vuelva a su país”

Orgullosos de sus antepasados, los descendientes de los chilenos que combatieron en la Guerra del Pacífico creen que es “justo que el hombre que murió por la patria pueda volver a su tierra. Si nosotros encontráramos a un soldado peruano tendríamos que devolverlo”, dice Patricia Roa, cuyo abuelo José de las Nieves Roa llegó hasta Lima con las tropas de Baquedano. El antepasado de Patricia se enroló voluntariamente cuando era un muchacho en Chillán. “Pasaron a buscar a los jóvenes para la guerra y su padre lo vistió de mujer para que no se lo llevaran. Pero él se escapó por una ventana y corrió hasta alcanzar a las tropas para que lo reclutaran”.

Jorge Landeta, concejal de Pirque y bisnieto del oficial Sofanor Parra, de los Cazadores a Caballo y de destacada participación en Huamachuco, cree que “esos restos son sagrados para todos los chilenos, porque es un soldado que dio su vida por el triunfo y le debemos mucho a todos los que murieron peleando”.

El cuerpo de Moquegua 

A principios de abril fue encontrado un cuerpo con uniforme militar en la zona peruana de Moquegua. El hallazgo se produjo mientras se instalaba un desagüe. Se informó que se trataba de osamentas datadas en la Guerra del Pacífico, y en los medios de comunicación se especuló que podrían pertenecer a un uniformado chileno. Pero la investigación posterior ha indicado que lo más probable es que los restos pertenezcan a un militar peruano. “Se puede ver en detalles específicos del uniforme, como el colorido tipo papagayo azul y amarillo, además de las tres hileras de botones, que no son propias de los uniformes chilenos”, explica Marcelo Villalba.

Lanzamiento a las actividades en conmemoración de los 100 años de la masacre obrera de Santa María de Iquique

Chile

Por: Ana María Olivares (DIARIO DE LA SOCIEDAD CIVIL)

Junto al presidente de la CUT se encontraba el actual Director de la Escuela Santa María de la ciudad de Iquique y diversos dirigentes políticos, sociales y culturales.

El Presidente de la Central Unitaria de Trabajadores, Arturo Martínez, dio a conocer hoy la invitación amplia para la conformación de una coordinadora nacional que llevará a cabo diversas actividades para conmemorar los 100 años de la masacre obrera en la Escuela Santa María de Iquique durante todo el año 2007.

En conferencia de prensa junto al presidente del Partido Comunista, Guillermo Tellier y con dirigentes de los partidos Socialista, de la Izquierda Cristiana y del PPD, Martínez se refirió a la inmensa significación que tiene 'esta gesta de los obreros del salitre que pedían mejoras a sus condiciones laborales en el año 1907, luchando hasta el final junto a obreros peruanos, bolivianos, argentinos y de otras nacionalidades, hermanados por una causa común' .

Se anunció en la ocasión que las actividades comenzarán en septiembre en la Oficina de San Antonio, convocada por una iniciativa local de la I región, y le sigue un gran acto cultural a realizarse el 21 de diciembre de este año en Santiago que inaugurará el año del Trabajo y de los Trabajadores 2007.

Para esa ocasión, ya confirmaron su presencia y adhesión los grupos Inti Illimani, Quilapayún -ambos en gira en estos momentos- y Sol y Lluvia, quienes también han comprometido su activa participación en todas las actividades que se realizarán durante el año y la semana del 14 al 21 de diciembre de 2007 en Iquique.

Entre la lista de convocantes se encuentran diversos partidos políticos y agrupaciones gremiales, sociales y culturales como la Sociedad de Escritores de Chile y la Sociedad de Pintores y Escultores.

Por su parte, el presidente del PC, Guillermo Tellier, señaló los compromisos que este próximo año se espera con esta conmemoración 'cuando aún tenemos un código laboral heredado de la Dictadura y con tantas injusticias para los asalariados de este país'.

Desde Iquique y en regiones

A la cita también llegó una delegación de Iquique compuesta por el director de la Escuela Santa María, Ubaldo Cabezas, y por un representante de la Intendenta de la I región, Guillermo Jorquera. Este último señaló asistir para comprometer todo el apoyo de la Intendenta Patricia Pérez a este evento, mientras que el Director señaló su emoción por estos cien años de la masacre 'en una escuela que sigue educando a miles de hijos de obreros y tiene entre sus profesores descendientes directos de algunos sobrevivientes a esta gesta obrera por mejoras laborales'.

Por su parte, Mario Medina, secretario ejecutivo de la FECH, señaló el claro compromiso de los estudiantes universitarios no sólo por rescatar la memoria, sino 'por seguir con el ejemplo de lucha como lo hicieran también los estudiantes secundarios hace poco tiempo', recalcó.

Entre las actividades programadas, se cuenta también con diversos concursos de cuentos, poesía, teatro y otros, dirigidos a estudiantes de básica, enseñanza media y universitaria cuya se realizará en Iquique para el evento masivo entre el 14 y el 21 de diciembre del 2007.

Además, se realizará una caravana cultural que tendrá escenarios en diversas partes de Chile y que comenzará a principios del 2007 en Punta Arenas, donde ya la Intendencia y la Municipalidad han comprometido su apoyo a estas actividades que, durante el año, se irán trasladando región por región hacia el norte hasta llegar a Iquique en diciembre.

Martínez señaló que aún restan muchas actividades por coordinar y definir, e hizo un llamado a todos los interesados a participar activamente de este gran evento social; al mismo tiempo, hizo un llamado a los descendientes de aquellos que participaron en la masacre obrera de 1907, pues se piensa hacer un gran encuentro en Iquique para la fecha conmemorativa. 'Ya hemos ubicado a algunos bisnietos de aquellos que estuvieron en ese horrendo escenario, pero queremos contar con el máximo de los descendientes', señaló.

Próximamente, se inaugurará una página web que contendrá toda la información pertinente a las actividades del Año del Trabajo y de los Trabajadores 100 años, con un registro para aquellos que deseen participar y colaborar.