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Centros Chilenos en el Exterior

¿SOBRA TERRITORIO O FALTA POBLACIÓN?

(Con un nota final sobre la vergonzosa inequidad social)

Por Juan Gabriel Labaké - jglabake@telviso.com.ar
 

 La principal característica socio-económica de nuestro país, que condiciona su estrategia nacional y el consiguiente modelo de desarrollo integral, es su escasa densidad demográfica, fruto de dos fenómenos que son las dos caras de la misma moneda: un extenso territorio y una escasa población.
Entre los países importantes de Europa, el menos densamente poblado es España (contando, además, a Francia, Alemania, Gran Bretaña, Italia y Polonia). España tiene una densidad de 78 habitantes por km2. Para llegar a esa densidad demográfica (la del país grande menos densamente poblado de Europa, insisto), nosotros deberíamos tener unos 220 millones de habitantes, sin  contar la fracción argentina de la Antártida.
Lamentablemente, los argentinos no tenemos asumido en forma cabal el dato de nuestra baja densidad de población que es, más que condicionante, definitorio de cualquier estrategia nacional de desarrollo. Baste pensar en la inversión que requerirá la construcción del ferrocarril transpatagónico (me refiero a la deseada traza cordillerana), y su más que problemática rentabilidad. En Europa, cualquier ferrocarril de esas dimensiones (unos 2.000 km) atraviesa zonas que albergan varios millones de personas. El nuestro recorrerá un semidesierto habitado por no más de 500.000 argentinos.
Tampoco otorgamos a nuestro territorio la importancia vital que tiene para el futuro del país. Es más, entre 1810 y 1827 (Dorrego), y de 1853 (Mitre) a 1880 (Roca), la extensión del territorio era percibida por la dirigencia nacional como un inconveniente. Por ello, conciente o inconscientemente, “corrimos” a los paraguayos, dejamos que nos separaran de Uruguay, cedimos las  cuatro provincias hoy bolivianas (ante el asombro y la contrariedad manifiesta del propio Simón Bolívar, que no podía creer tanta “generosidad” de nuestra parte), etc. Sarmiento llegó a pregonar que la enfermedad de la Argentina era su exceso de territorio…
La otra cara de la misma moneda, la población y sobre todo su racional distribución en el territorio nacional, muy pocas y contadas veces ha sido objeto de la preocupación oficial y de los institutos de estudio. Hasta hace unos 20 ó 25  años, existió OIKOS, un grupo privado de especialistas entre quienes cabe mencionar a Patricio Randle, su “alma mater”, Rey Balmaceda, Marcelo Lascano y Arias Pelerano. OIKOS redactó y editó importantes obras sobre política territorial. Al disolverse OIKOS, su material pasó al CONICET, donde la Lic. Analía Conte y su equipo prosiguieron los estudios. Por otro lado, el Dr. Juan Roccatagliata, desde algunos cargos oficiales no siempre estables, y con la permanente ayuda de la Fundación Hernandarias que dirige el Dr. Eugenio Gómez, edita sus trabajos geográficos. Los tres nombrados (Conte, Roccatagliata y Gómez) hacen lo que pueden y algo más. Pero ello no basta. No tienen el apoyo y la comprensión indispensables del Estado. Menos aún tienen la posibilidad de que sus recomendaciones se concreten en políticas racionales y de largo aliento.
 

Son dignos de apoyo. Comprendo su impotencia.
 

Mientras fui embajador y asesor presidencial de Menem (1989/1992) dediqué todo mi tiempo y mis esfuerzos a elaborar e impulsar un plan de nuevos asentamientos en 19 puntos de las llamadas zonas de frontera de todo el país. El objetivo era crear 19 polos agroindustriales integrados, desde la producción agraria y su industrialización “in situ”, hasta su comercialización en los mercados internacionales. Busqué los 19 puntos (en otras tantas provincias), los países que pudieran  dar población apta, los grupos que financiaran el operativo, unos más que distribuyeran los productos manufacturados. Por cada puesto de trabajo para un inmigrante que aportara su cuota de capital necesaria (de él, de su país, o de terceros, en préstamo o en subsidio), otro puesto sería para un argentino desocupado, preferentemente provincianos emigrados a las grandes ciudades que quisieran regresar. Cuando todo estuvo previsto y estudiado, hasta la financiación (de empresas alemanas distribuidoras de alimentos envasados, para tres planes piloto de 200 familias inmigrantes cada uno) lo presenté a Menem. Se opuso sorpresiva y tenazmente la Dirección Nacional de Migraciones, a cuyo frente estaba el capitán de navío Carlos Aurelio “Za-Za” Martínez. Logré descubrir el motivo de tal oposición: en cuatro meses (enero a abril de 1990) habían ingresado ilegalmente al país 3.000 chinos como “empresarios y hombres de negocios”… de China comunista, pagando una coima de 6.000 dólares cada uno. 3.000 dólares quedaban en el Consulado argentino que daba los papeles falsos en China. Los otros 3.000 se perdían en algún bolsillo de la Dirección  N. de Migraciones que hacía la vista gorda ante tal falsificación. Denuncié todo a Menem y a su ministro del Interior, Mera Figueroa. Mis proyectos murieron. “Za-Za” Martínez permaneció en su cargo porque “era inocente, lo habían engañado” y, además, “lo protege el comandante en jefe de la Marina”…
En 1992 me dejaron cesante por criticar la política oficial.
En 1995, el tándem Menem-Cavallo-Ruckauf modificó la legislación sobre zonas de fronteras, y desde entonces una empresa extranjera puede comprar libremente la cantidad de hectáreas que desee en la zona que le guste y convenga. El país no tiene siquiera un  registro de esas ventas.
Cuando asumió este gobierno, presenté desinteresadamente un detallado informe al nuevo canciller, Rafael Bielsa. Se mostró entusiasmado, me pidió carpetas y un proyecto de Ley General de Tierras (por sugerencia mía), para evitar de paso la venta masiva a extranjeros. Le  entregué todo a Bielsa en junio de 2003.  Insistí 5 ó 6 veces. Aún estoy esperando alguna respuesta.
Quizás llegue… tarde.
Para que se tenga una idea de la magnitud de este tema y de nuestro despilfarro de recursos territoriales, consigno los datos comparativos de Suiza y de nuestra región lacustre cordillerana patagónica (aunque son cifras viejas, de 1980, sirven a este fin comparativo):
Suiza tiene una superficie de 41.378 km2; nuestra región, 32.000; ambas tienen muy semejante proporción de tierras aptas para pastoreo, para agricultura y estériles.
En Suiza vivían 6 millones de habitantes; en nuestra región, sólo 200.000 (hoy, quizás sean 300.000 ó un poco más).
Ellos producían un millón de ton. de granos, otro tanto de papas, 500.000 ton. de manzanas, y criaban 2 millones de vacunos, 330.000 ovejas, 2.100.000 cerdos y 7 millones de aves. Nosotros sólo teníamos cantidades insignificantes de tales producciones.
¿Nos sobra territorio o nos falta conciencia territorial?
 
Buenos Aires, 20 de febrero de 2006.
 
Nota:
Varias veces he afirmado que la reforma impositiva es una de las medidas clave para mejorar la inhumana distribución  de la riqueza existente en nuestro país. El gobierno (INDEC) ha debido reconocer que la cifra es espantosa, como nunca en nuestra historia. Hoy, el 10% más rico gana 30 veces más que el 10% más pobre.
Para tener una idea de la magnitud de esta atrocidad, se debe tener presente que en 1975, el peor año del último gobierno que merece ser calificado de peronista, ese índice era de 4,5 veces, aunque hoy parezca increíble. Éramos el cuarto país del mundo en  cuanto a equidad social, incluyendo los países comunistas. Con Martínez de Hoz-Videla, llegó a 9,5. Con Alfonsín trepó bien por encima de 10. Menem hizo lo suyo para que superara la barrera de 20. De la Rúa y Duhalde siguieron la corriente. Y Kirchner logró dos récordes históricos:
1.- hizo trepar ese maldito índice a un poco más de 30, y
2.- tal “hazaña” la logró gracias al país serio y a la nueva política que supo conseguir para nuestra felicidad…
Insisto, una medida básica para comenzar a revertir ese atropello a la dignidad humana es una profunda reforma impositiva, que fuerce la redistribución de la riqueza y fomente la inversión verdaderamente productiva.
Hace dos días, los voceros oficiales anunciaron que, ¡al fin!, esa reforma sería encarada. Pero 24 horas después, el presidente en persona se creyó en la obligación de desmentir la esperanzadora noticia. “No habrá reforma impositiva”, dijo. Conviene leerlo bien: “No habrá redistribución de la riqueza”. La próxima estadística del INDEC demostrará que habremos batido nuevamente nuestro propio récord en materia de injusticia social. Para un gobierno que se dice de “izquierda” y “progresista”… no está mal, aunque va a estar peor. Al menos, ya no se proclama peronista.
 

Juan Gabriel Labaké

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