Expertos dudan que el envío de más tropas de Estados Unidos cambie el curso de la guerra
Marcos Jesus Concepcion Albala
Marcos Jesus Concepcion Albala
Veinte céntimos
Por Alberto Cruz
El árbol de Iraq no nos deja ver el bosque de Oriente Medio (Líbano) y Lejano (Irán). Y más ahora, cuando tenemos la ejecución de Sadam Husein como entretenimiento de masas y literario. Cuando el Grupo de Estudio sobre Iraq (GEI) hizo público su informe todo el mundo se las prometía muy felices sobre la retirada de las tropas de ocupación de Iraq. Y no. Ni antes (1), ni entonces, ni ahora cuando Bush se reúne con su séquito en su rancho y decide darse más tiempo para “reconducir el rumbo” de la guerra. Un tiempo que coincide, como si fuese por casualidad, con el que la nueva Resolución del Consejo de Seguridad de la ONU concede a Irán para que ponga fin a su programa nuclear (2). Y en ambas situaciones existe el mismo hilo conductor: el petróleo.
El GEI hace 79 sugerencias al gobierno de Bush, pero merece la pena detenerse en tres de ellas y que ponen de manifiesto la razón principal de la invasión de Iraq. Son la 28, la 62 y la 63 y tienen un mismo común denominador: la privatización del petróleo. En Iraq se viene asistiendo a un paulatino incremento de la producción, modesto pero sostenido mes tras mes, de petróleo. La estrategia energética de Washington supone que a mediados de 2007 Iraq haya alcanzado los 2’8 millones de barriles diarios (ahora está en casi 2’1) y, así, garantizarse una importante baza de presión dentro de la OPEP para reducir el precio del barril de petróleo en una cifra cercana, por arriba o por abajo, a los 30 dólares. Hay que tener en cuenta que Iraq no participa de los compromisos de la OPEP para reajustar los precios según la evolución del mercado.
En estos momentos el precio está estabilizado en 61 dólares –llegó a los 74 durante la guerra de Israel contra Líbano del verano de 2006- tras la decisión de la OPEP, a iniciativa de Venezuela, de recortar la producción para impedir que los precios continuasen bajando. A ello hay que añadir el reciente ingreso de Angola a la OPEP, producido en la reunión celebrada el 14 de diciembre en Nigeria. Aparentemente este hecho no significa nada. Excepto para EEUU, que ve aumentar su dependencia inmediata del cártel petrolífero. The Financial Times lo ha reflejado a la perfección: “con el ingreso de Angola a la OPEP los EEUU han aumentado su nivel de dependencia hasta el nivel que tenían hace 15 años” (3). Según este diario, la entrada de Angola supone que la OPEP pasa a controlar el 54% del total de las importaciones de petróleo de los países industrializados, aunque esa entrada no se va a reflejar en un incremento del precio por el momento.
Como es sabido, el dólar es la moneda de transacción del petróleo. Hasta ahora. El pasado 18 de diciembre Irán anunció su decisión formal de adoptar el euro como moneda oficial de cambio, lo que implica que sus transacciones financieras internacionales se realizarán a partir de este momento en euros. Irán había venido anunciando a lo largo de todo el año 2006 su intención de poner en marcha una bolsa petrolera en euros (4), pero el paso dado va más allá. El efecto de esta medida no es inmediato. De hecho, Gholanhossein Nozari, director de la Compañía Nacional de Petróleo Iraní, estima que Irán recibirá en euros el 57% de sus exportaciones de petróleo. Como diría Chávez, “por ahora”.
¿Cómo hay que interpretar la decisión iraní? El país persa se justifica diciendo que el cambio de divisa significa que los países productores pierden menos dinero. El barril está en los 61 dólares, como se apuntaba más arriba, y ha estado en los 74. Pero si el precio hubiese sido reflejado en euros la fluctuación hubiese sido menor, de 48 a 58. “El dólar es débil y el euro fuerte”, dicen los iraníes, por lo que hay que comenzar a comerciar en una moneda fuerte como antes se hizo con el dólar tras el abandono del patrón oro, hace ya casi 40 años. Y se justifican diciendo que Rusia ya tiene la mitad de sus reservas económicas en euros y yenes y que los Emiratos Árabes Unidos habían anunciado que iban a convertir en euros el 8% del total de sus reservas monetarias, algo que se ha hecho efectivo el pasado 27 de diciembre (5). Añaden, además, que ya desde el mes de noviembre EEUU ha venido presionado a los bancos para que congelasen las cuentas iraníes por su supuesto “apoyo al terrorismo” (con mención expresa a Hizbulá y Hamás) y que como consecuencia de esta presión los europeos son cada vez más renuentes a tramitar las ventas iraníes en dólares o extender líneas de crédito en esta moneda. Hay al menos tres bancos que desde entonces retienen los activos iraníes: el Credit Suisse, el Credit Lyonnais y el HSCB.
La meta de cambio 1=1’50
Pero está claro que también es una medida política. Esta iniciativa de uno de los principales países productores de la OPEP significa un desafío sin precedentes a la economía estadounidense puesto que el comercio de petróleo es lo que sostiene el dólar.
No es la primera vez que ocurre, pues una medida similar ya puso en práctica Sadam Husein como gobernante de Iraq antes de la invasión, pero entonces la exportación de petróleo estaba sometida a un régimen de sanciones que, aunque se burlaba en ocasiones, era bastante eficaz y el precio estaba en los 30 dólares el barril. Una de las primeras medidas impuestas por los ocupantes a los colaboracionistas fue el retorno al patrón dólar en el comercio petrolífero, que se mantiene en la actualidad. La adopción del euro como moneda oficial de una nación productora de petróleo de la relevancia de Irán, con unos precios por encima de los 60 dólares, constituye una enorme amenaza estratégica para la economía de EEUU porque significa el principio del fin.
Los expertos economistas consideran que el colapso del dólar llegará cuando la tasa de cambio respecto al euro llegue al 1’50, aunque hay quien lo establece en 1’70. En estos momentos un euro equivale a 1’32 dólares. Veinte céntimos. Eso es lo que separa a EEUU del declive económico y el fin de su hegemonía como superpotencia. Por eso es importante la premura para imponer sanciones a Irán, amenazar con un plazo de 60 días para incrementar esas sanciones si este país no renuncia a su programa nuclear y enmarcar todo ello dentro del Capítulo VII de la Carta de la ONU, el que autoriza el uso de la fuerza. El déficit comercial de EEUU y el agujero sin fondo que supone Iraq obligan a la Administración Bush a reaccionar con fuerza frente a cualquier sugerencia, no ya constatación, de que los mercados internacionales pueden dejar de utilizar el dólar. La única solución sería recortar el gasto social, aumentar impuestos o ambos. Y en un año electoral como 2007 ninguna de estas medidas es popular.
En política internacional nada es por casualidad. Irán ha venido retrasando esta decisión todo lo que ha podido. Cuando ha tenido constancia de la resolución de la ONU ha sido cuando ha dado el paso. Una resolución que ha venido precedida de unas maniobras militares de EEUU, Gran Bretaña y algunos países árabes del Golfo; de las reuniones de los miembros de la Administración Bush con ocho países de la zona -Egipto, Jordania, Bahrein, Kuwait, Qatar, Omán, Arabia Saudí y los Emiratos Árabes Unidos – para sondear las posibilidades de crear un “baluarte suní” frente a Irán (6); del envío a la zona de una parte de la flota de guerra de EEUU, y de la declaración de Blair de que Irán es la principal amenaza para la paz y la estabilidad en Oriente Medio. Parece que el cerco se estrecha y que la guerra es inevitable.
Pero ¿lo es? Son muchos los intereses económicos en juego y una guerra contra Irán no se quedaría circunscrita únicamente al territorio de este país. Veamos algunos posibles escenarios.
En el ámbito económico, China, Rusia e India tienen intereses muy suculentos en Irán. Los chinos han firmado un acuerdo a 25 años para importar gas natural, los rusos apoyan el programa nuclear y han logrado que la planta de Busher no sea mencionada en la resolución de la ONU, los hindúes también han firmado contratos de suministro de gas y la construcción de un oleoducto conjunto Irán-Paquistán-India. A ello hay que añadir que en agosto de 2006 la Organización de Cooperación de Sanghai admitió a Irán como miembro en calidad de observador. El referente iraquí está muy presente para estos países. El gobierno de Sadam Husein firmó acuerdos comerciales con ellos y otros europeos, como Francia, que no fueron respetados por las potencias ocupantes tras la invasión de 2003 y temen que algo parecido ocurra en el caso de Irán.
En el ámbito militar, las instalaciones de petróleo y gas de los países del Golfo y Arabia Saudí son extremadamente vulnerables a un ataque de respuesta iraní si es atacado este país, lo que provocaría el pánico en los mercados financieros elevando el barril de petróleo a cifras cercanas a los 100 dólares. No hay que perder de vista, además, que en estos países el porcentaje de población shií no es nada despreciable: en Bahrein es del 80% (pese a que los suníes controlan el poder); en Kuwait es del 30%; Dubai - que se engloba en los Emiratos Árabes Unidos - es un centro de influencia iraní, donde se hacen negocios y viven 200.000 iraníes; Arabia Saudí tiene una minoría shií precisamente en la provincia donde se asientan las principales reservas de petróleo.
¿Qué queda, entonces? O bien una acción unilateral de Israel – y aquí hay que recoger lo que viene publicando la prensa israelí sobre la “falta de energía política de Bush para atacar a Irán, y un ataque americano a Irán es esencial para nuestra existencia” (7) y la necesidad de impulsar el lobby sionista en EEUU, especialmente dentro del Partido Demócrata para que apoye en público una acción militar contra Irán, aunque se termina diciendo que “si no actúan los americanos lo debemos hacer nosotros” – o bien la desestabilización interna, para lo que ya se está actuando en dos frentes: el occidental, con EEUU y Gran Bretaña a la cabeza, y el árabe, con los saudíes en el principal papel. Aquí los israelíes son muy claros: “debemos cooperar clandestinamente con Arabia Saudí de modo que persuada a EEUU para atacar a Irán” (8).
EEUU ya está manos a la obra en esta segunda opción. Ha instalado en Dubai su principal estación de espionaje (9) y se pretende influir en los residentes iraníes allí para que promuevan un cambio de régimen. Al hecho ya conocido de que el régimen de Bush incentiva la revuelta en Baluchistán, Azerbaiyán y Juzestán (10) se añade el contacto establecido con los kurdos iraníes, tal y como ha revelado Seymour Hersh (11). Pero el factor más importante es el enfrentamiento sectario, suníes contra shííes.
El pasado 12 de diciembre The New York Times informó que Arabia Saudí había hecho llegar a la Administración Bush un escrito con tres condiciones: que no se retirasen las tropas de Iraq antes del 2008, que no se iniciase ninguna negociación con Irán y que se reasumiesen “de inmediato” las negociaciones de paz entre Israel y la Autoridad Palestina para contrarrestar la creciente influencia de Irán en Hamás, cuyo primer ministro iba a viajar esos días a Teherán en busca de apoyo político y económico. Las tres condiciones se están cumpliendo a rajatabla.
El factor chino
La economía de EEUU es cada vez más vulnerable. Si la iniciativa de Irán se consolida será un golpe brutal, pero es China quien tiene la última palabra. Aunque no sea el momento de extenderse en ello, China vende una gran cantidad de productos a EEUU, proceso en el que acumulan dólares que luego prestan a los propios EEUU a cambio de bonos del Tesoro y hacen que EEUU se convierta, cada vez más, en el principal deudor de China. En el momento en que China corte el grifo, la crisis financiera será total. Una acción militar contra Irán de EEUU sería la señal para que ese momento hubiese llegado.
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(1) Alberto Cruz, “Muqtada al Sader, el verdadero problema de EEUU en Iraq” http://www.rebelion.org/noticia.php?id=41022
(2) Resolución 1737 del 27 de diciembre de 2006.
(3) The Financial Times, 2 de enero de 2007.
(4) Alberto Cruz, “Irán, la crisis nuclear y la bolsa petrolera” http://www.igadi.org/index.html
(5) Bloomberg, 27 de diciembre de 2006.
(6) The Financial Times, 29 de noviembre de 2006.
(7) Yediot Aharonot, 30 de diciembre de 2006.
(8) Ibid.
(9) Times, 16 de noviembre de 2006.
(10)Alberto Cruz, “Irán, la crisis nuclear y la bolsa petrolera” http://www.igadi.org/index.html
(11)New Yorker, 21 de noviembre de 2006.
El asesinato político de Sadam
Por: Lisandro Otero
Rebelión
La muerte de Sadam Husein fue otra frustración para Estados Unidos y el gobierno de Bush. Habrían deseado que el líder iraquí subiese al cadalso temeroso, cobarde, resquebrajado, lloroso, arrepentido. En lugar de ello fue un hombre íntegro el que se mostró allí: enérgico, imperturbable, ecuánime, categórico en sus criterios, con una altiva dignidad que habla mucho del temple de su carácter. Sus verdugos, en cambio, se movían en torno a él como grotescos gorilas, irrespetuosos, agresivos, frenéticos con su misión letal.
Sadam cometió crímenes contra su pueblo, fue un factor de desunión entre los árabes, fue excesivamente belicista y agresivo frente a sus vecinos, fue cómplice de Estados Unidos en su etapa inicial. Su derrocamiento, debido a sus numerosos errores, fue una sanción adecuada, pero no debió Bush llevar su venganza al extremo de cometer un crimen más.
Bush ha tratado de desligarse de este asesinato y trata de hacer creer al mundo que se trató de un juicio y ejecución enteramente iraquíes. Posiblemente los pasamontañas que cubrían a los ejecutores sirvieron para ocultar a fornidos marines yanquis encargados del asesinato. Nadie ha creído tal desvinculación. Los periódicos de todo el mundo destacan este homicidio como una fabricación norteamericana. También tratan de hacer ver que a la ejecución siguió un júbilo generalizado. Solamente pudieron mostrar a unas pocas docenas de funcionarios cómplices de los ocupantes, en Bagdad, y a un grupito de yancófilos en Michigan. Sin embargo, no han revelado las inmensas peregrinaciones que ya comienzan a marchar hacia Tikrit, para rendir su homenaje ante la tumba de Sadam.
La principal objeción es que el juicio no respetó las normas usuales de las prácticas de justicia ni los procedimientos habituales de la jurisprudencia. Hubo serias irregularidades durante el proceso. También resulta discutible que bajo una ocupación militar represiva pueda un país alentar un sistema judicial y hallar autoridades responsables como para juzgar con objetividad. Human Rights Watch denunció en un informe las deficiencias observadas en el juicio contra Husein y calificó de "poco sólido" el veredicto que lo condenaba a muerte.
En un comunicado difundido en Ginebra, la alta comisionada de Naciones Unidas para los Derechos Humanos, Louise Arbour, reiteró sus dudas sobre la probidad legal que rodeó el proceso. Los gobiernos de Brasil y de Chile condenaron la pena de muerte impuesta a Husein. A su vez, el presidente del gobierno español, José Luis Rodríguez Zapatero, rechazó la ejecución. El líder libio, Muamar Kadafi, criticó el crimen cometido: "Sadam Husein es un prisionero de guerra y fue derribado por las fuerzas de ocupación, no por el pueblo iraquí. Su juicio, por tanto, es ilegal y una mascarada", declaró ante diplomáticos árabes y occidentales.
En el reciente libro "Cien horas con Fidel" del periodista Ignacio Ramonet, se menciona que el presidente cubano expresó en una carta a Sadam, al referirse a la invasión de Kuwait, su preocupación por las graves consecuencias que tal acción tendría: "Considero muy probable que Estados Unidos... aprovechen la ocasión para intervenir militarmente en el conflicto y golpear fuertemente a Iraq." Y más adelante decía: "...la guerra se desatará inexorablemente si Iraq no está dispuesta a lograr una solución sobre la base de retirarse de Kuwait. Esa guerra puede ser sumamente destructora para la región..." Y así fue, efectivamente tal como el líder cubano previó.
Sadam fue una criatura de Estados Unidos. Reagan le envió a Rumsfeld para alentar la agresión a Irán, que entonces les preocupaba por la actitud independiente de Jomeini. Ahí está la famosa foto de Rumsfeld estrechando efusivamente la mano a Sadam. Con el apoyo a Sadam pretendían balancear el peso de Irán en la región, que era manifiestamente adverso a Reagan. Cuando comenzó la guerra Iraq-Irán Estados Unidos respaldó abiertamente a Sadam enviándole armamento y componentes químicos para artefactos de sofocación.
Ahora nos falta ver el juicio contra Bush por sus crímenes. Durante el régimen de los halcones petroleros se han violado, con la promulgación de la llamada "Acta Patriótica", los derechos constitucionales y las libertades civiles ampliando las posibilidades de registros ilegales, supervisión telefónica, juicios militares por delitos civiles, investigaciones de expedientes bancarios, médicos, psiquiátricos y estudiantiles, grabaciones telefónicas, pesquisas por internet y encarcelamiento por sospecha; medidas empleadas por el totalitarismo nazi fascista: graves violaciones de los derechos humanos.
Además, se legalizaron los encarcelamientos clandestinos, se concedió amnistía por crímenes de guerra, se impidió al Poder Judicial intervenir en las decisiones represivas del Ejecutivo y los acusados no tuvieron acceso a las pruebas de su inculpación. El rechazo a las convenciones de Ginebra fue una manifestación más de la barbarie que ha reinado en Washington. Ha sido abolido el derecho de habeas corpus, una de las conquistas de la humanidad que data de la Carta Magna inglesa, aprobada en el siglo XIII. Durante su período como gobernador de Texas Bush ordenó ciento sesenta ejecuciones.
La dinastía de los Bush tiene su origen en un oportunista, colaborador del nazismo, Prescott Bush, mercader de municiones, quien colaboró con el industrial alemán Fritz Thyssen en el rearme alemán conducido por Hitler en la década del treinta. Prescott se vinculó a algunas de las familias más reaccionarias de Estados Unidos como los hermanos Dulles y los financieros Harriman. Su hijo, George Herbert, se inició en los negocios petroleros en 1953 y fue cofrade de negocios de Muhammad Bin Laden, padre de Osama Bin Laden, cerebro del golpe contra las Torres Gemelas.
Las pesquisas de la Oficina General de Contabilidad han revelado que del presupuesto del Pentágono se defraudan cien billones, sí, billones de dólares anuales por firmas como Halliburton y Kellog, Brown & Root pertenecientes a Cheney y la camarilla de la Casa Blanca. El año 2006 terminó con la cifra de tres mil soldados estadounidenses muertos en Iraq, más que los fallecidos en las Torres Gemelas.
Entonces, ¿cuándo se va a constituir el nuevo tribunal de Nuremberg que juzgue a Bush? ¿Dónde se va a emplazar el cadalso que lo ejecute por sus numerosos crímenes y depredaciones?
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Marcos Jesus Concepcion Albala
Presidente de Argos Is-Internacional
MIEMBRO DE LA 'CAMACOL' Y DE LA 'FELAP'
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El ex presidente de Estados Unidos Gerald Ford murió en la madrugada de hoy a los 93 años de edad, según reportaron lascadenas de televisión estadounidenses en base a un anuncio de su viuda, Betty Ford.
"Mi familia comparte conmigo la difícil noticia de que Gerald Ford, nuestro querido esposo, padre, abuelo y bisabuelo, ha muerto a la edad de 93 años", dijo Betty Ford en un comunicado desde la oficina de su marido en Rancho Mirage. "Su vida estaba llena del amor de Dios, su familia y su país", agrega el documnto.
Elegido vicepresidente acompañando la fórmula encabezada por Richard Nixon, asumió en 1974 la presidencia tras la renuncia del jefe de Estado, acosado por el escándalo Watergate. Ford perdió luego las elecciones presidenciales de 1976 frente al demócrata Jimmy Carter.
Ford estuvo en los últimos tiempos en reiteradas ocasiones en tratamiento hospitalario por sus problemas de salud. En octubre pasado fue ingresado por cinco días, en tanto que en agosto se le había colocado en la Clínica Mayo de Rochester (estado de Minnesota) un marcapasos cardíaco. En julio había sido tratado por dificultades respiratorias y en enero de este año había padecido de una pulmonía.
Además había sufrido dos ataques leves de apoplejía.
"Laura y yo lamentamos profundamente la muerte del ex presidente Gerald R. Ford", dijo el presidente George W. Bush en un comunicado emitido hoy.
"Los estadounidenses siempre admirarán la devoción de Gerald Ford por el deber, su carácter y la honorable coducta de su gobierno.
Lamentamos la pérdida de un líder así; nuestro trigésimo octavo presidente siempre tendrá un lugar especial en la memoria de nuestra nación", añade.
El ex presidente, nacido el 14 de julio de 1913 en Omaha (estado de Nebraska), vivió tras su derrota electoral frente a Carter la mayor parte del tiempo en California.
Ford era, tras la muerte de Ronald Reagan hace dos años, el mayor de los ex mandatarios estadounidenses sobrevivientes. Los ex presidentes que siguen con vida son el padre del actual residente de la Casa Blanca, George Bush, de 82 años, Jummiy Carter, de 81 años, y Bill Clinton, de 60 años.
DPA
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Hizbulá lee a Gramsci
Alberto Cruz
“Feliz es el que aprende de otros, y desgraciado quien no aprende su propia lección” (proverbio árabe)
La ciudad de los dioses. Así llamaban los romanos a Baabek, una población situada en pleno corazón del valle de la Bekaa. De ella, sobre ella, han escrito muchos desde que Edward Gibbon la retratase a la perfección en su “Historia de la decadencia y caída del imperio romano”, una majestuosa obra en seis volúmenes que se fueron publicando entre 1776 y 1778. Las ruinas de los templos romanos de Júpiter, Baco y Venus son un lujo para los sentidos.
Ha llovido mucho desde entonces, y no todo para bien. Baalbek fue bombardeada casi a diario durante la guerra de agresión de Israel contra Líbano de este verano y estas ruinas sufrieron daños irreparables. Por ejemplo, los templos de Júpiter y Baco presentan fisuras en los dinteles de sus impresionantes columnas y la UNESCO dice que algunas de estas columnas se han espaciado como consecuencia de las vibraciones de los bombardeos israelíes. Y el zoco de la ciudad, así como casas históricas del centro, sufrieron muy serios daños durante los bombardeos. Además, aquí se libró el último episodio de la guerra. El 17 de agosto, una vez alcanzado el acuerdo de cese de hostilidades y en marcha la Resolución 1701 del Consejo de Seguridad de la ONU, un comando israelí pretendió secuestrar a un alto dirigente de Hizbulá, operación que se saldó con un rotundo fracaso para los agresores al ser detectados y muerto uno de ellos. Los iniciados en la situación de Líbano dicen que Baalbek es la cuna de Hizbulá. La presencia de esta formación político-militar es omnipresente y en las últimas elecciones consiguió la mayoría absoluta para todos los cargos del Ayuntamiento, de ahí el ensañamiento israelí con la ciudad.
La noche en Baalbek es especial. Manteníamos una sobremesa larga, muy larga, escuchando la música de Fairuz, la cantante de la tierra, uno de los símbolos de la música árabe de los últimos treinta años, y discutiendo sobre el papel de las organizaciones de izquierda en la nueva situación de Líbano, Hizbulá y la alianza que este movimiento político-militar está tejiendo con diferentes fuerzas políticas, laicas y cristianas, marxistas y burguesas. Nadia, una militante del Partido Comunista libanés que ha estudiado medicina en Cuba, dijo una frase que explica el éxito de Hizbulá: “ellos leen a Gramsci, si hoy alguien está aplicando a pies juntillas la política de alianzas de Gramsci son ellos, incluso el concepto de fuerza hegemónica”.
Conversábamos sobre la manifestación a que íbamos a acudir al día siguiente, en Beirut, contra el régimen pro-occidental de Fuad Siniora. Nadia repetía una y otra vez que en contra de lo que reflejaba la prensa occidental -¡nunca más cierto el viejo aserto de que el buen periodista es aquel que escribe de todo y no sabe de nada!- no era una concentración de Hizbulá, sino de todas las fuerzas patrióticas y antiimperialistas libanesas.
El 10 de diciembre amaneció radiante. El día se sumaba a la fiesta. La caravana de vehículos era impresionante, con cientos de banderas agitando sus colores al viento: amarillas, verdes, rojas, naranjas y nacionales libaneses. Sobre todo, nacionales libanesas. A medida que se iba pasando por las localidades del valle, Riyak, Aley, Bhamdoun, Sofar, la caravana iba aumentando y haciéndose cada vez más lenta. Se ascendía el Monte Líbano y los poco menos de 90 kilómetros desde Baalbek hasta Beirut iban a recorrerse en casi 4 horas. Una mezcla variopinta de utilitarios, furgonetas, autobuses y coches de lujo, un mezcolanza de personas de todo tipo de edad y condición, religión y status social, portando el hiyab o enseñando el ombligo. Familias enteras mostrando una esperanza: un gobierno nacional. Una buena galería de fotos de la marcha, aunque pone énfasis en el Movimiento Patriótico Libre de Michel Aoun, puede verse en la página de globalresearch (1).
Evaluar una concentración de más de un millón de personas, por citar la cifra más conservadora que se ha ofrecido de las personas que se congregaron en la Plaza de los Mártires y calles aledañas, es muy difícil. Líbano es un país que no llega a los 5 millones de habitantes, lo que da una idea de la magnitud de la convocatoria. Lo que se podía ver en la zona en la que estábamos era una mayoría obrera, gente sencilla cansada de que el régimen libanés se enriquezca con la especulación rampante, endeudando al país en más de 40.000 millones de dólares, con un desempleo del 35% y un salario mínimo de 250 dólares mensuales. Pero, sobre todo, cansados de un régimen dócil a las pretensiones imperialistas. La enorme pancarta que se podía observar, Siniora besando a Condolezza Rice cuando visitó Beirut durante la guerra, era suficientemente expresiva. Allí no había lemas islamistas, sino nacionales.
Un sistema injusto
La reacción de los patrocinadores del gobierno de Siniora es la que cabía esperar: se ha considerado esta muestra de fuerza como un intento de “golpe de estado” y de “agresión a las formas democráticas”. Es lo que han dicho la Unión Europea, Estados Unidos y, en menor medida, el Consejo de Seguridad de la ONU que en una nueva resolución del pasado día 12 (obsérvese que es sólo dos días después de la manifestación, pacífica, mientras que tardó 34 días en parar la guerra) manifiesta el “apoyo total al gobierno legítimo y democrático de Líbano” y condena los “intentos de desestabilización del país”. Curioso. Manifestaciones similares se impulsaron en Ucrania, Bielorrusia y otros lugares y fueron saludadas como una muestra de espíritu cívico y democrático. Lo mismo se dijo cuando las fuerzas que integran hoy el gabinete libanés salieron a la calle para reclamar la retirada de las tropas sirias en la primavera de 2005. Ahora es al revés, los manifestantes son antidemocráticos, lo que pone en su lugar a la UE, EEUU y la ONU, por no ir más allá. En medio, como siempre, la inoperante e ineficaz Liga Árabe.
Y la prensa árabe, aquella que alabó la lucha de Hizbulá contra Israel en la guerra de este verano, toma partido claramente por Siniora (es decir, toma partido por los suníes, en lo que ya es la nueva estrategia de división del mundo árabe ante el temor a que el auge del shiísmo haga temblar los privilegios de las élites suníes que gobiernan esos países, tal y como viene manifestando el diario Al Hayat) argumentando que “Líbano no es Ucrania puesto que hay un gobierno democrático” (2). El periódico que este verano rechazaba la estrategia imperialista de “fronteras de sangre” y alababa el nacionalismo frente al confesionalismo religioso ahora retrocede. Poco a poco, la lucha del pueblo libanés va poniendo a cada uno en su lugar.
En Líbano hay que matizar los calificativos de “legítimo y democrático” al referirse al gobierno. Los colonizadores franceses diseñaron el sistema en 1943 según un censo poblacional de 1932, hoy obsoleto. El virtud de la correlación de fuerzas entonces existente, el presidente tenía que ser católico maronita (al igual que el jefe supremo del Ejército libanés), el primer ministro suní y el presidente del parlamento shíi. Todo a mayor gloria de las élites políticas y económicas, maronitas y suníes, mientras que los shiíes eran los parias. El reparto de escaños era, también, favorable a los cristianos, aunque hoy hay una equiparación cristianos-musulmanes de 64-64 tras una modificación adoptada en 1989 en los Acuerdos de Taif que pusieron fin a la guerra civil pero que no tiene en cuenta, por ejemplo, que el 70% de la población es musulmana. Y ya que entramos en la cuestión religiosa, el 40% del total de la población de Líbano es de confesión shií.
Esto es lo que subyace en el trasfondo de la reivindicación de un gobierno de unidad nacional. Tras el triunfo en la guerra contra Israel, Hizbulá está en una posición de fuerza y exige que la situación del país se adecue a la nueva realidad. Ese nuevo gobierno tiene que ser más representativo, por lo que las demandas del frente patriótico que hegemoniza Hizbulá son justas. Comenzando por unas nuevas elecciones que pongan fin a la corrupta élite política que ha venido gobernando el país desde la independencia. El primer ministro, Fuad Siniora, tiene fuertes lazos con las altas finanzas internacionales, es un firme partidario del libre mercado y ha venido aplicando una política de claro corte neoliberal que ha hecho más ricos a los ya ricos y más pobres a los ya pobres. Estamos, por tanto, también ante un conflicto de clases.
Las alianzas que ha logrado Hizbulá (cristianos, una pequeña minoría de suníes y drusos, izquierdistas varios, baasistas, nacionalistas laicos y no pocos palestinos de los residentes en los campos de refugiados en Líbano) es consecuencia de lo anterior, así como de la inacción del gobierno libanés durante la guerra del verano. Si Israel perdió la guerra fue sólo por la asombrosa capacidad de lucha del brazo armado de Hizbulá, la Resistencia Islámica, a la que ayudaron otras fuerzas patrióticas especialmente de izquierda. Aquí jugó un papel nada despreciable el Partido Comunista libanés, por cierto.
A ello hay que añadir un dato más: la ayuda de Hizbulá a las familias que perdieron sus casas, campos y familiares durante la agresión israelí ha sido más eficaz, rápida y antisectaria que la del gobierno. También se ha encargado de la reconstrucción de lo destruido, facilitando una cierta vuelta a la normalidad que no ha sido capaz de hacer el gobierno de Siniora. No es extraño oír hoy a la izquierda libanesa lo siguiente: “Hizbulá ha impulsado un movimiento de masas, ha creado una nueva dinámica a nivel político libanés y ofrece un claro programa de cambio”.
El fin de EEUU en la región
Mientras la opinión pública europea está centrada en Iraq, siguiendo la moda que marcan los medios de comunicación estadounidenses, no es en este país donde se está jugando la estrategia de EEUU en Oriente Medio –desde luego no únicamente-, sino en Líbano. Por muy mal que vaya la guerra, que lo va, la producción de petróleo se mantiene estable y con pequeños incrementos en la producción mes a mes. Eso por no hablar de los ingentes negocios que están haciendo las corporaciones armamentistas, financieras, de servicios y hasta de mercenarios.
Quienes sigan esos medios para justificar unos análisis centrados en la moda que, por trágica que sea no deja de ser moda y nos remite a lo fácil para escribir artículos, deberían estar atentos a lo que Zbigniew Brzezinski, Consejero de Seguridad Nacional durante la presidencia de Jimmy Carter, publicaba el mes de octubre: “la política exterior estadounidense en Medio Oriente se acerca a una crisis muy seria, puesto que nos enfrentamos con la posibilidad de ser literalmente expulsados de allí” (3). Es de reseñar que Brzezinski sólo ha comenzado a hablar en estos términos después de la derrota que Hizbulá infringió a Israel en la guerra de este verano.
Otro que sigue la estela de Brzezinski es Richard Haass, presidente del influyente Consejo de Relaciones Exteriores y asesor del gobierno de George Bush: "el dominio estadounidense en Medio Oriente terminó, y una nueva era ha comenzado en la historia moderna de la región" (4). Esa nueva era está marcada por la preponderancia de “las fuerzas locales” frente a los “actores externos”, y dentro de esas fuerzas locales se destacan “los radicales, que ganan poder por la práctica distante [de la clase política árabe] y la corrupción”. Un fenómeno en el que las televisiones por satélite árabes, han jugado un papel central y, de forma relevante, por la situación en Iraq, Palestina y la última guerra de Líbano. Aquí hay que mencionar expresamente la importancia que ha tenido la televisión de Hizbulá, Al Manar.
Haass hace un repaso por toda la región, pero se centra en Líbano en tanto que considera que la guerra de este verano ha dejado muy débil a Israel y, por el contrario, ha acentuado el seguidismo que otras formaciones hacen del ejemplo de Hizbulá, “que han percibido que es la forma de actuar, creando o reforzando milicias donde hay un estado o autoridad débil”, mencionando expresamente a Palestina e Iraq, como anteriormente habían hecho otros analistas estadounidenses con el Ejército del Mahdi de Muqtada al Sader, claramente inspirado en Hizbulá (5).
Es más o menos lo mismo que dice Husein Rahal, portavoz de Hizbulá: “somos el enemigo principal de EEUU, si nos derrotan a nosotros pueden alcanzar otras metas [en Oriente Medio]. Entonces controlarán Palestina, y luego se lanzarán contra Siria y contra Irán”.
Nunca antes en la historia del mundo árabe (con la excepción de Sudán en 1985) se había asistido a una impresionante muestra de civismo como la que está proporcionando el pueblo libanés en lucha contra su gobierno. La diferencia de estas movilizaciones con las de marzo de 2005 que reclamaban la retirada de las tropas sirias es que aquí no hay apoyo occidental, lo que sí ocurrió entonces, y que está poniendo claramente de manifiesto que el único apoyo con que cuenta el gobierno de Siniora es, precisamente, occidental. Los regímenes árabes están muy atentos a lo que ocurra e intentan reconducir la situación porque ven, de nuevo, un ejemplo peligroso para sus países. Y, de nuevo, es Hizbulá quien lo promueve. Si antes fue con el ejemplo de lucha durante la guerra, ahora es con la movilización pacífica y eso marcará fuertemente la tendencia política en Oriente Medio, sin duda.
La geoestrategia imperialista en Oriente Medio no puede prosperar mientras no se “pacifique” Palestina y Líbano, perdida como está en el marasmo iraquí. Eso significa que los movimientos populares en estos países tienen que ser derrotados: Hamás en Palestina que, no hay que olvidarlo, fue elegido mayoritariamente por el pueblo en unas elecciones libres, y Hizbulá en Líbano.
Hay un sector de intelectuales que se reclaman de izquierda que abominan de Hizbulá y de lo que representa, pero hay que tener en cuenta la historia de este movimiento político-militar y partir de la premisa que, por encima de cualquier otra consideración, es un movimiento de liberación nacional. Como dice Nadia, “Marx nos enseñó a anteponer la contradicción principal a la secundaria, y la principal hoy en Líbano es que hay que parar los pies a un gobierno proimperialista. El gobierno libanés actual, patrocinado por los imperialistas franceses y estadounidenses no tiene ninguna esperanza sólida de mantenerse a menos que utilice la fuerza o si hay una intervención extranjera en su favor”. Eso es lo que está ocurriendo. La izquierda debería tener en cuenta que la lucha del pueblo libanés es de gran importancia no sólo para Líbano, sino para toda la región.
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(1) www.globalresearch.ca/index.php?context=viewArticle&code=20061210&articleId=4116
(2) Al Hayat, 8 de diciembre de 2006.
(3) IPS, 27 de octubre de 2006.
(4) Foreing Affairs, noviembre-diciembre de 2006.
(5) Alberto Cruz, “Muqtada al Sader, el verdadero problema de EEUU en Iraq”
http://www.rebelion.org/noticia.php?id=41022
De Pagina 12
Y se murió de viejito nomás. En una cama, del corazón (un corazón al que sólo acudió para morir tranquilo), rodeado de fascistas y dolorosamente impune. Cuesta encontrar las palabras para expresar la monstruosidad de este hombre. Cuesta expresar la tragedia que implicó en nuestras vidas. Inauguró el golpe sangriento, con torturas sin límite, con desaparecidos. Todo golpe cruento, asesino, tomó su nombre: pinochetazo. Aquí, a mediados del ’75, todos lo decían: “Lo que se viene es el pinochetazo”. Debimos saberlo desde el ’73. Debimos saber que el adversario no sólo era poderoso, sino que era criminal. Debimos haber puesto cautela en nuestra mano; no frenarla, no pararla, pero reflexionar que lo de Chile nos dejaba muy solos, era muy desmedido y reclamaba eso: cautela. Pero estábamos embalados. En septiembre de 1973 la Facultad de Filosofía y Letras dictaba muchas de sus materias en la calle Córdoba. Un lindo lugar con una capilla en el medio. Ivannisevich se sacó una foto pegándole con un pico a una pared, destruyendo el edificio. Prolijos, dejaron la capilla. Todavía está. Un pibe de la JUP me dijo del golpe y se me ofreció para levantar mi clase. Yo, uno se creía, aún, inmortal, le dije que la levantaba yo y llevaba a mis alumnos a la marcha. Salimos de las aulas en busca de las marchas. Sentíamos más la presencia de la JP en las calles, vivando a Allende, que la relación profunda, íntima, que la tragedia de Chile tenía con nosotros. En esa época las fronteras parecían más lejanas. Si algo pasaba en Chile, no tenía por qué pasar aquí.
En seguida llegó la foto del carnicero. Es la perfecta caricatura del general golpista sudamericano. La jeta erguida, bigote, anteojos negros. Después, la noticia de la muerte de Allende. Decían: se suicidó. Un periodista le pregunta a Ricardo Balbín qué haría él en una situación así. El compadrito de comité se mandó una histórica: “¡Ah, no! A mí no me hacen eso”. No recuerdo qué dijo Perón. Nada memorable, sin duda. Poco tiempo después cruzaba la cordillera y se entrevistaba con el carnicero. ¡Qué vivos están estos recuerdos! Los dos bien trajeados de milicos. Con capas y todo. Le gustaban las capas a Pinochet. Al día siguiente o a los dos días empezaron a llegar los exiliados, los que apenas habían salvado el pellejo o los que habían sido escupidos del Estado Nacional. Estaban desechos. En Ezeiza, el gobierno argentino les tomó huellas digitales hasta de los dedos del pie. Les tomaron todos los datos, los ficharon bien fichados, les hicieron saber que si algo raro hacían duraban media hora sin ser arrestados. El Descamisado publicó las fotos y tituló: “Esta vergüenza se hace en nombre del peronismo”. Claro que sí: eso hizo el peronismo. Lo habría hecho cualquier gobierno argentino. Pero el peronismo de esos días era pinochetista. Cosa que, en algún oscuro rincón de su alma, siempre puede volver a ser si es necesario.
López Rega habrá brindado con champán. El carnicero de Chile estaba enseñando cómo se arreglan las cosas con el marxismo internacional, con la sinarquía apátrida. Nosotros empezamos a enterarnos de las peores cosas. Las versiones que llegaban sobre las torturas y las violaciones del Estado Nacional estremecían. ¿Era posible tanta crueldad? Se sabía que estaba lleno de tipos de la CIA el Estadio. Que los de la CIA eran especialmente activos en torturar y hasta enseñaban a los empeñosos chilenos cómo hacerlo. Las mujeres que maltrataron a Allende con los cacerolazos salieron a festejar. Otros agarraban lo que tenían a mano y huían. “Yo –me contó años después un escritor– llegué a Perú, me metí en una pensión, abrí mi valija y puse en un estante los libros que me había llevado. Ahí estaba mi nueva biblioteca: un libro de Cortázar, otro de Lezama Lima y uno de Tolstoi. Era todo lo que tenía.”
Un día lo fue a ver Borges. El carnicero estaba orgulloso: el gran escritor había cruzado la cordillera y estaba feliz de verlo. Le puso una condecoración bien llamativa. El gran escritor –el que decía un mar de concheterías bobas cada vez que “comía”, porque un concheto no “almuerza” ni “cena”, “come”, en lo de Bioy Casares– le dijo al carnicero: “Me honra esta condecoración porque Chile tiene la forma de una espada”. También la Thatcher lo recibió y le habló con un inglés lento y vocalizado como para que el carnicero entendiera: “Le agradezco su ayuda en la guerra de las Falklands. Sin sus informaciones nuestros pilotos no podrían haber hecho los blancos que hicieron”. El carnicero sonrió, satisfecho, goloso.
Cierta vez estaba en una clínica en Londres. Golpean a su habitación. Entra una mujer joven y resuelta, treinta años, por ahí. El carnicero, siempre seductor, sonríe y dice: “Pasa, niña. Dime, ¿a qué vienes?” “A arrestarlo, general. Por violaciones a los derechos humanos.” Se enfurece y llama a sus matones: “¡Saquen de aquí a esta comunista!” Días después regresa a su país. Llega en silla de ruedas. No bien baja del avión se pone de pie y saluda a los suyos. ¡Pícaro el carnicero! Otra vez había engañado a todos.
No sirve para nada que se muera. Que estos tipos se mueran cuando ya mataron a todos los que querían matar es un pobre consuelo. Ni un cáncer vale desearle. Nadie va a revivir por eso. Nadie va a sufrir menos de lo que sufrió. Deja, para colmo, problemas. Los militares de su país (al que le aseguró la economía y todos sabemos cuánto aprecian esto los pueblos) lo honrarán desde las armas. Michelle Bachelet no lo honrará desde el Estado. Pero habrá que organizar actos en toda América latina. El New York Times ha anunciado su muerte como la de un cruzado contra el marxismo. Puño de hierro, dictador, pero un hombre que no dudó. Fue la suma de las peores cosas que un ser humano puede ofrecer: lo de asesino lo sabemos, pero fue, además, ladrón, mentiroso, cínico, se rió de sus adversarios y de sus muertos. Descansará en paz porque morirse es eso. Pero que no tenga paz su memoria. Que nadie olvide sus crímenes. La era de horror que inauguró. Que en las escuelas argentinas se sepa que Pinochet es parte de nuestra historia, porque prefiguró nuestra pesadilla, porque inspiró a nuestros verdugos. Que gane la verdad por sobre la mentira con que sus adeptos buscan protegerlo. Que su nombre infunda pavor y que ese pavor se transforme en coraje: nunca más un Pinochet. Que haya un busto suyo con una placa en todos los países del mundo. Que esa placa diga: “Augusto Pinochet, asesino”. Porque olvidarlo sería como olvidar Auschwitz, el Estadio Nacional, la ESMA.
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Aviso para latinoamericanos
La URSS ha muerto, ¡viva Eurasia!
(Primera de dos partes)
Por Edgar Schmid *
Estamos rodeados por dos grandes océanos y al norte, por tierra, tenemos a Brasil, un gigante que también es, entre otras cosas, una superpotencia naval. Somos el producto de dos imperios que cruzaron el mar (España y Portugal) luego desplazados por el imperio que fue dueño del mar (Gran Bretaña) y ahora su sucesor, Estados Unidos.
Nuestras épocas de avance fueron cuando el imperio hegemónico se hallaba desafiado desde Eurasia, sea desde Francia, Alemania, la Unión Soviética y hasta Vietnam. Con la caída de la URSS pareció que el imperio se había consolidado definitivamente, pero no es así. En Eurasia está surgiendo un nuevo desafío, no planteado en lo ideológico sino en el más puro de los intereses geopolíticos. No será monocefálico como lo era Moscú con relación a Europa Oriental sino pluricefálico, y no basado en la pura fuerza de uno sino en el consenso entre socios: Moscú y Beijing, los dos grandes, pero con participación creciente de Teherán, Nueva Delhi y hasta Berlín.
Esta vez no se trata de un enfrentamiento simétrico como lo era el Pacto de Varsovia frente a la OTAN sino completamente asimétrico, como varios lobos hostigando un gran alce macho. Es una estrategia concertada a largo plazo y basada en golpear el talón de Aquiles: el control del mercado de hidrocarburos y la hegemonía del dólar en estos mercados. No veremos una implosión dramática como fue la de URSS en 1991. Esta vez será un trabajo constante pero sin pausa de deterioro y corrosión.
La estrategia de los desafiantes también incluye dentro de América Latina al petróleo de Venezuela y levantar por parte del comandante Hugo Chávez las banderas no sólo del Bolívar, sino también continuar con muchas de la revolución cubana junto con el nacionalismo militar y su visión geopolítica que tuvo Perón.
Dejemos de lado las políticas municipales. Nos guste o no, acá se está jugando a lo grande. En este rincón, el triángulo hegemónico: Estados Unidos, Gran Bretaña e Israel. En el otro rincón, los desafiantes: Rusia, China, Irán, India, Venezuela y varios más que se sumarán a lo largo de la contienda. Que suene la campana.
Desinformación y colonialismo
Para tener una idea de cómo funciona la "desinformación" globalista, si leemos diarios "serios" o escuchamos analistas-exégetas de la globalización, vemos que omiten términos como la Organización de Cooperación de Shanghai (OCS) y la Organización del Tratado de Seguridad Colectiva (OTSC), aunque sobran referencias al poder de la OTAN o cómo Estados Unidos marca el paso y es la superpotencia única incuestionable.
La desinformación del Sistema omite a una organización compuesta por Rusia, China y las repúblicas de Tayikistán, Kazajstán, Kirgizstán y Uzbekistán, 1.500 millones de habitantes en 30 millones de kilómetros cuadrados. Si agregamos "observadores" como India e Irán, que ha solicitado membresía plena, se eleva a 2.800 millones. A Estados Unidos se le negó la condición de observador y ha estado siguiendo estrechamente la evolución de la OCS, sobre todo después que esta organización anunció recientemente que estaba creando un "club de energía".
En su pacto militar, la Organización del Tratado de Seguridad Colectiva (OTSC), se agregan Armenia y Bielorrusia y es al menos la segunda potencia militar del planeta.
De esta forma, "iluminando" sólo una parte del escenario, oscureciendo por completo la otra, muchísimos millones creen, por la inercia sucedida a la desintegración de la Unión Soviética, que "la Historia ha terminado" y sólo queda subordinarse a los dictados de Estados Unidos. Es el famoso "posibilismo" con el cual muchos ex "revolucionarios" ahora justifican su paso al campo enemigo y con armas y bagajes.
Pero ahora Rusia vuelve a escena desafiando al "imperialismo naval", aprovecha su posición geopolítica y los recursos de petróleo y gas, con una estrategia de energía que amenaza al mercado liberal controlado por Nueva York-Londres, con grandes lazos con Irán y Venezuela, y de la cual Argentina no escapará con una política ambigua pro-Chávez en lo formal y anti-Irán en lo real.
La pesadilla geopolítica de Mckinder
En 1904, con la conclusión del ferrocarril transiberiano, Sir Haltford Mckinder escribía que Gran Bretaña [1], el poder e imperio naval, podía ser enfrentada con éxito por la potencia -o alianza que controlara el corazón: heartland- de Eurasia y desde allí tuviera comunicación-alianza con los grandes imperios en las orillas de la masa terrestre -rimland- y desde allí desafiara al "imperio naval".
Desde al siglo XVI, el desarrollo del capitalismo mercantil fue de la mano de los grandes viajes de portugueses, españoles, franceses y holandeses, para quedar finalmente con la hegemonía inglesa. Ínterin no se desecharon formas de acumulación de capital como tráfico de esclavos, de oro, de armas, de opio, piratería y colonialismo. El gran "premio" era India y quien tuviera el monopolio de su comercio y extracción de riquezas, podía desde allí extraer toda la fuerza económica para transformarla en poder económico-militar con el cual enfrentar a sus rivales europeos. El "premio" siguiente era China, a la cual Inglaterra pudo doblegar con opio.
El control del Atlántico y el Índico, del cual se desalojó a los marinos musulmanes, era vital para esto y de allí se desprendió un primer axioma:
Quien controla el mar controla el comercio del mundo.
Quien controla el comercio del mundo, controla al mundo.
Esto siguió en vigencia hasta la aparición de las grandes vías ferroviarias, mientras imperios como chinos, indostanos, persas, otomanos, rusos, alemanes, estaban desconectados entre sí, limitados a un comercio interno dificultoso, mínimo -"ruta de la seda"- aislados y podían ser vencidos por separado por quien tuviese la flota que transportase masivamente tropas y mercaderías.
Esto cambia cuando Mckinder advierte que el Transiberiano de Moscú al Pacífico, pero también ferrocarriles como los que parten de Moscú al centro de Asia, y el proyectado Berlín-Bagdad (a las puertas del Golfo), le harían perder su ventaja a Gran Bretaña. Es ahí cuando escribe:
Quien controle Europa oriental controla el corazón de Eurasia.
Quien controla el corazón de Eurasia controla al mundo.
Casi un siglo después, alguien que sí entendió a Mckinder, Zbignieb Brzezynski, escribe para el New York Council on Foreign Relations en su revista Foreign Affairs de septiembre-octubre 1997:
Eurasia es la casa de la mayoría de los estados políticamente asertivos y dinámicos del mundo. Todos los pretendientes históricos al poder global se han originado en Eurasia. Los más populosos aspirantes a la hegemonía regional, China e India, están en Eurasia, como lo son todos los potenciales desafiantes políticos o económicos a la primacía americana. Después de Estados Unidos, las próximas seis economías más grandes y gastadoras en lo militar siguen allí, como lo son todos menos uno de los poderes nucleares abiertos del mundo, y todos menos uno de los encubiertos. Eurasia cuenta con el 75% de la población del mundo, 60% de su PNB [producto nacional bruto], y 75% de sus recursos de energía. Colectivamente, el poder potencial de Eurasia ensombrece hasta América.
El águila de dos cabezas
El águila bicéfala es una herencia y continuación de Bizancio, un imperio sobre Oriente y Occidente pero a la vez una contradicción permanente en la geopolítica rusa. Desde hace 500 años los peligros e invasiones llegan desde Occidente y pero la grandeza y fuerza de Rusia está en su expansión al Oriente. La geopolítica se divide así entre "atlantistas" y "euroasianos" [2].
El siglo XX comienza con la derrota ante Japón en 1905. Es una derrota "eurasiana" alentada por Gran Bretaña que no quería ver ni una Rusia fuerte en el Pacífico ni en el centro de Asia, donde amenazaba al imperio en India. Con la llegada de la "intelligentsia" liberal y atlantista, la geopolítica se vuelve "pan-eslavista" y se orienta hacia Europa oriental en un curso de colisión con el pan-germanismo, cosa que finalmente, para alivio del imperio naval, se produce en 1914. Mientras choquen alemanes y rusos, los ingleses están a salvo de que sean aliados contra Gran Bretaña. Divide et impera.
La revolución de 1917 es una reorientación de Lenin a la política "euroasiática", y comienza con el "Llamamiento a los trabajadores musulmanes" de diciembre de 1917 y se consolida cuando el Ejército Rojo llega al Pacífico y Asia Central, retirándose de Polonia.
Pero nuevamente el peligro llega desde Occidente, esta vez de un Hitler que no comprende a Karl Haushofer: no era la guerra sino la diplomacia la que debía unir Berlín, Moscú, Bagdad y Pekín, para desafiar al imperio naval.
A la muerte de Stalin las dos tendencias están encabezadas por el "atlantista" Khrushev y el "eurasiano" mariscal Zhukov [3], pero este último debe resignar el ministerio de Defensa. Los avances de Khrushev hacia Cuba, África, Medio Oriente, mientras rompe con China, es una muestra de "atlantismo" que confirma luego Gorbachov en su patética política frente a Occidente y mucho más Boris Yeltsin con el control total por parte de los liberales. Pero en diciembre de 1999, luego de la catástrofe socio-económica liberal, los eurasianos llegan al poder. Esta vez no con una ideología internacionalista sino con un enfoque ruso-céntrico y atendiendo los más crudos enfoques geopolíticos.
Neoconservadores agresivos
En 1999, un año antes de ser candidato republicano a vicepresidente, Richard Cheney pronuncia un histórico discurso en el London Institute of Petroleum [4]. En él señala no sólo la importancia del control del petróleo de Medio Oriente, como sea, sino también la importancia de terminar con las petroleras estatales.
Con el triunfo de George W. Bush llega entonces una coalición de nacionalistas agresivos (Cheney, Rumsfeld), fundamentalistas protestantes (Bush, Ashcoft), y neo-conservadores, un grupo de ex trotskistas (Perle, Wolfowitz, Libby, Khalilzad, Rodman, Abrams) nucleados en "tanques de pensadores" como el AIE y el PNAC, del Institute for Advanced Strategic and Political Studies, Jerusalem [5], otro "tanque de pensadores" pero israelí, dependiendo del Partido Likud [6]. Es éste el que, junto al tradicional lobby israelí, orienta ahora la geopolítica de Estados Unidos.
El aviso de Brzezynski
Cuando la invasión de Irak, Putin comprendió que "venían por él". Ya en 1998 Zbignieb Brzezynski había publicado El Gran Tablero de Ajedrez: primacía americana e imperativos geoestratégicos [7]. Zbig llama a toda esta región de Eurasia "los Balcanes de Eurasia" y dice:
En Europa, la palabra "Balcanes" conjura imágenes de conflictos étnicos y rivalidades de grandes-potencias regionales. Eurasia, también, tiene sus "Balcanes," pero los Balcanes de Eurasia son mucho más grandes, más poblados, más aun religiosamente y étnicamente heterogéneos. Ellos se localizan dentro de esa gran geografía oblonga que demarca la zona central de inestabilidad global (...) que abraza porciones del sudeste de Europa, Asia Central y partes de Asia del Sur [Pakistán, Cachemira, India Occidental], el área del Golfo Pérsico, y el Medio Oriente.
Los Balcanes de Eurasia forman el centro interno de ese gran oblongo (...) ellos difieren de su zona exterior de una manera particularmente significante: hay un vacío de poder. Aunque la mayoría de los estados localizados en el Golfo Pérsico y Medio Oriente también son inestables, el poder americano es esa región [significando Medio Oriente] el último árbitro. La región inestable en la zona exterior es así un área de única hegemonía de poder y es temperada por esa hegemonía. En contraste, los Balcanes de Eurasia son verdaderamente recordativos de los Balcanes más viejos, más familiares de Europa del sudeste: no sólo son sus entidades políticas inestables sino que tientan e invitan la intrusión de vecinos más poderosos, cada uno de los cuales se determina a oponer la dominación de la región por otro. Es esta combinación familiar de un vacío de poder y succión de poder que justifican la denominación "Balcanes de Eurasia."
Los Balcanes tradicionales representaron un premio geopolítico potencial en la lucha por la supremacía europea. Los Balcanes de Eurasia, a horcajadas sobre la red de transporte que está inevitablemente surgiendo para unir más directamente las extremidades occidentales y orientales más ricas y trabajadoras de Eurasia, también son geopolíticamente significativos. Es más, ellos son de importancia del punto de vista de seguridad y las ambiciones históricas a por lo menos tres de sus vecinos más inmediatos y poderosos, a saber, Rusia, Turquía, e Irán, con China también la señalizando un interés político creciente en la región. Pero los Balcanes de Eurasia son infinitamente más importantes como un premio económico potencial: una concentración enorme de gas natural y reservas de petróleo se localiza en la región, además de minerales importantes, incluso oro.
El consumo de energía del mundo está ligado para aumentar inmensamente durante las próximas dos o tres décadas. Las estimaciones por el Departamento de Energía americano anticipan que esa demanda mundial subirá por más de 50 por ciento entre 1993 y 2015, con el aumento más significativo en consumo que ocurra en el Lejano Oriente. La velocidad del desarrollo económico de Asia ya está generando presiones masivas para la exploración y explotación de nuevas fuentes de energía, y se sabe que la región asiática central y la cuenca Mar Caspio contienen reservas de gas natural y petróleo que empequeñecen las de Kuwait, Golfo de México, o Mar del Norte.
El acceso a ese recurso y compartir su riqueza potencial representan objetivos que revuelven las ambiciones nacionales, motivan los intereses corporativos, vuelven a encender demandas históricas, reavivan aspiraciones imperiales, y dan combustible a las rivalidades internacionales. La situación se hace toda más volátil por el hecho que la región no sólo es un vacío de poder sino también es internamente inestable.
Los Balcanes de Eurasia incluyen nueve países que una manera u otra encajan en la descripción anterior, con otros dos como candidatos potenciales. Los nueve son Kazakstan [ortografía alternativa y oficial de Kazakhstan], Kyrgyzstan, Tayikistán, Uzbekistán, Turkmenistán, Azerbaiján, Armenia, y Georgia todos ellos antes parte de la difunta Unión Soviética así como Afganistán.
Las sumas potenciales a la lista son Turquía e Irán, ambos mucho más viables política y económicamente, ambos oponentes activos por la influencia regional dentro de los Balcanes de Eurasia, y así ambos jugadores geo-estratégicos significativos en la región. Al mismo tiempo, los dos son potencialmente vulnerables a los conflictos étnicos interiores. Si cualquiera o los dos de ellos serían desestabilizados, los problemas interiores de la región se volverían inmanejables, mientras los esfuerzos por refrenar la dominación regional por Rusia pudieran volverse incluso fútil.
Para Putin, analista de inteligencia de la KGB, el mensaje llegó fuerte y claro: sólo con Rusia reducida a su mínima expresión, podía estar asegurado el dominio de Estados Unidos sobre una Eurasia rica en recursos y balcanizada.
Los antecedentes de Zbig, un polaco profundamente anti-ruso, cerebro y director de la Comisión Trilateral, asesor de Seguridad Nacional del trilateralista James Carter, impulsor de la ayuda al Talibán cuando la invasión soviética y estratega del "Arco de Crisis" -la convulsión de los islámicos al sur de la URSS, desde Turquía a Afganistán para golpear "el vientre suave"- hacía que sus palabras fueran tomadas muy en serio.
La purga de los "oligarcas rusos"
Mucho antes de que Gorbachov llegara al poder, los ingleses e israelíes habían detectado que los puntos débiles de la URSS eran la corrupción y las mafias. Con la llegada de la "Perestroika" no sólo que se impulsaron pequeños negocios vinculados a la importación desde Occidentes sino que se "blanqueó" el ingreso de George Soros, entre otros, y su fundación Open Society, que apoyó una fundación dirigida por Raisa Gorbacheva, esposa de Mikhail.
Los "empresarios rusos" se habían convertido en testaferros de empresas inglesas y quizás el caso más emblemático sea el de Mikhail Khodorkovsky -se quedó con Yukos Oil y Menatep Bank entre otros- fundó Open Russia Foundation, a semejanza de Open Society de Soros, y en cuyo directorio se sentaban Lord Jacob Rothschild y Henry Kissinger.
Entre estos "empresarios rusos" se destacan:
* Roman Abramovich que se quedó con Sibneft Oil, hoy está refugiado en Londres y es dueño del Chelsea Club.
* Boris Berezovsky, se quedó con AutoVAZ, Aeroflot, parte de Sibneft, canales de TV y multimedia, hoy está en Londres, donde era el patrón del ex espía ruso asesinado.
* Vladimir Gusinsky, ex barón de los medios y dueño de un banco. Hoy está en Israel y es reclamado en Moscú por lavado de dinero.
Cuando la invasión a Irak, eran principalmente el núcleo duro del liberalismo, y a punto de concretar la fusión Yukos-Sibneft que la pondría entre las Cuatro Hermanas Petroleras (ExxonMobil, Shell, ChevronTexaco, British Petroleum), y por intermedio de George Bush padre, en representación del Carlyle Group, vender parte de esta a ExxonMobil.
Los "oligarcas" tenían varios puntos débiles: evasión y fraude impositivo, levado de dinero, conexiones con la mafia, apoyo a los diputados anti-Putin, conexiones con los rebeldes de Chechenia, etc. La KGB actuó rápido, Khodorkovsky terminó preso, Berezovsky y Abramovich refugiados y Londres, Gusinsky en Israel, y todas las empresas de los cuatro tomadas por el Estado.
Reconstruyendo Eurasia
Cuando McKinder da el "alerta" en 1904, el medio más avanzado de comunicación de Eurasia era el ferrocarril. Cuando Karl Haushofer encara su geopolítica, plantea la alianza de Berlín Moscú, Bagdad y Pekín para enfrentar al "imperialismo naval."
Lo que aporta Putin es la "geopolítica de la energía", una muy vasta red de tuberías, la mayor del mundo, controlada por el Sistema Nacional (estatal), y esta vez lo que comunica es energía, de la boca del pozo al consumidor a miles de kilómetros. Esto se hace dentro de la Organización de Cooperación de Shanghai, una iniciativa de los chinos para no quedar aislados en los 90, ya en época de Yeltsin y a los cuales los liberales sólo habían visto como algo secundario a sus negocios, pero es ahora fundamental a la estrategia de Putin.
Y para analizar la "geopolítica de la energía" olvidemos los conceptos que datan de la Guerra Fría. Los rusos ya lo han hecho y ya no están dispuestos a sacrificar sus objetivos ruso-céntricos en aras de una ideología "internacionalista". Ahora parten de dos supuestos: a) tienen el suficiente poder militar como para defender sus fuentes energéticas, b) los consumidores externos no sacrificarán sus nuevas fuentes de energía en un enfrentamiento con Rusia.
La red de gasoductos-oleoductos semeja una inmensa telaraña con Putin-Moscú en el centro e hilos-tubos en cuatro direcciones [8]: a) del norte de Siberia al Báltico, y de Petrogrado por lecho marino, esquivando Polonia (hoy OTAN) hasta Alemania. El último tramo es de una empresa 50% alemana y 50% rusa. Su presidente es el ex canciller Gerhardt Schröder. Putin crea la gas-dependencia alemana y con esto la división de la OTAN en "Nueva Europa" - diez repúblicas ex Pacto de Varsovia- y la "Vieja Europa" -su núcleo es Alemania-Francia- que vieron a Estados Unidos invadir Irak para controlar el abastecimiento europeo de petróleo.
El premio mayor para Alemania sería el muy gigantesco yacimiento de Shtokman, en el Mar de Barents, y de acceder a él, Alemania se aseguraría el gas por el resto del siglo XXI. No importa que la canciller Ángela Merkl sea liberal, así como la realidad condiciona muchas veces a gobiernos de "izquierda", esta vez la realidad condiciona la vieja "marcha al Este" de Alemania porque es una necesidad de la muy importante industria alemana. No van a apoyar la OTAN si esto pone en peligro sus fuentes de energía.
La provisión de energía generaría una balanza favorable a Rusia que Alemania trataría de compensar. ¿Cómo? Transformándola en mercado para su tecnología.
El segundo brazo de la telaraña, va a Europa del Sur. Comienza en su viejo e histórico enemigo: Turquía [9]. Pero esta vez la geopolítica de Putin parece más cercana a la de Lenin en diciembre de 1917, cuando le avisó a los "Jóvenes Turcos" (Kemal Ataturk, Enver Bajá), sobre el Tratado Sykes-Picot y la forma en que los anglo-franceses se dividirían el imperio otomano.
Hoy Rusia y Turquía ya no tienen fronteras comunes por primera vez en una historia de siglos. Para Turquía ya no hay tanta necesidad de la OTAN para enfrentar a Rusia. Le conviene que el gasoducto ruso entre a Europa por Anatolia y se asegura la provisión por largo tiempo. Desde Turquía los gasoductos van a los Balcanes y Europa del Sur y Central.
El peligro ahora no viene de Rusia sino desde Occidente que piensa redibujar el mapa de Medio Oriente en un Nuevo Medio Oriente y un Nuevo Oriente Mayor. Turquía sería un perdedor con la creación de un Estado Kurdo y la amputación de su territorio Oriental.
Un componente de la "geopolítica de energía" sería poner a los países de la OTAN en la alternativa de comerciar por gas-petróleo o quedar sin energía. Ucrania vio en lo peor del invierno pasado como Rusia cortaba su gas. Ucrania renunció a ingresar a OTAN.
El tercer brazo va de Siberia central a China y esta ahora ya supera su propio "talón de Aquiles": la dependencia energética que tenía respecto a un Medio Oriente con hegemonía de EE.UU-Gran Bretaña-Israel. Liberada de esa traba se lanza a ser la mayor potencia industrial del mundo. Por supuesto que esa posición y ascenso la va a defender hasta militarmente. En el Pacífico ya hay maniobras navales conjuntas en las cuales la Flota Rusa juega el papel de US Navy y los chinos prueban el nuevo misil ruso anti-buque Sunburn (4.000 kph). China se ha convertido en la primera compradora de tecnología militar rusa y además en su mejor aliada militar dentro de la OTSC. Con eso Rusia cuenta con una alianza militar muy superior a lo que nunca tuvo la URSS. Se prolongaría incluso a las dos Coreas.
Existe también la posibilidad de que un tramo del oleoducto y gasoducto se prolongue hasta ambas Coreas.
El cuarto brazo es tiene bocas off shore y se encuentran en las Sakhalin, en el yacimiento más grande del Pacífico: Sakhalin I, de donde sacó a ExxonMobil, y Sakhalin II donde sacó a Shell, para abastecer a Japón y los "tigres industriales" de Asia-Pacífico.
Y con esto Rusia entra en el Pacífico, lo que Gran Bretaña quiso evitar cuando alentó a Japón en la guerra de 1905.
* Coautor, junto con el vicecomodoro Horacio Ricciardelli, de Los Protocolos de la Corona Británica (editorial Struhart, Buenos Aires, 2004)
Notas
[1] "El pivote geográfico de la Historia".
[2] Alexander Dugin, http://www.evrazia.org/modules.php?name=News&file=print&sid=350
[3] Idem.
4 http://www.energybulletin.net/559.html
[5] The Institute for Advanced Strategic and Political Studies, 16 Bilu Street, Jerusalem, Israel 93221, Tel. 02-563-8171 o 1020 Sixteenth Street, NW, Suite 310, Washington, D.C. 20036 Tel. (202) 833-9716, fax (202) 862-4981.
[6] http://www.atimes.com/atimes/Front_Page/HK22Aa01.html
[7] Zbigniew Brzezinski, The Grand Chessboard: American Primacy and Its Geo-strategic Imperatives, Basic Books, New York, 1998.
[8] http://www.geostrategymap.com/freepdfs/Russian_Energy_Moves.pdf 2ª página.
[9] Entre 1679 y 1875 hubo doce guerras entre rusos y otomanos.