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Centros Chilenos en el Exterior

Ecosistema

La cara no visible de la industria salmonera en Chile

Por Yafza Reyes *

Hace años que las grandes industrias multinacionales han comenzado a “colonizar” los países en desarrollo, con el fin de adueñarse de materias primas tales como maderas, frutas; nuestro preciado y ahora tan de moda cobre, y en el sur de Chile: los peces. La industria salmonera en Chile parece ser el gran negocio del siglo XXI, pero ¿saben a qué a precio?

Nuevamente caminando hacia un lugar, me enteré de la “escandalosa” – y por qué no decir “vergonzosa” – realidad de uno de los negocios más fructíferos y bien vistos de nuestro país: la gran y “desarrollada” industria del salmón.

Hace años que las grandes industrias multinacionales han comenzado a “colonizar” los países en desarrollo, con el fin de adueñarse de materias primas tales como maderas, frutas; nuestro preciado y ahora tan de moda cobre, y en el sur de Chile: los peces. Esto por lo general se hace con el menor costo para los inversionistas extranjeros y los peores perjuicios para los trabajadores de nuestro país, no existiendo leyes efectivas que regulen dichas situaciones.

Hoy en día, Chile es el mayor productor de salmones de nuestro continente, de hecho se sitúa en el segundo lugar del mundo, siendo sólo superado por Noruega, y la industria del salmón es la actividad económica más importante de la región austral de Chile, concentrándose principalmente en la décima región.

Las exportaciones de este preciado pez chileno – en los mercados orientales principalmente - se han superado desde las 20.000 toneladas a más de 200.000 sólo, en los últimos diez años. Lo cual ha generado, para las industrias salmoneras ingresos superiores a los 1000 millones de dólares. Sin embargo, lo que a muy simple vista parece un éxito rotundo, esconde una cara nada maravillosa.

La contaminación a nuestro medio ambiente producida por las salmoneras, es realmente aterradora. Sólo la industria del salmón, contamina en la décima y décima primera región, cuatro veces más que los propios desechos de sus habitantes. Esto no sólo significa la pérdida de ecosistemas del sur de Chile – únicos en el planeta -, sino que atenta directamente con la fuente de trabajo de los pescadores artesanales, quienes ven mermados sus recursos marinos, poniendo en grave riesgo una tradición económica y cultural de los habitantes de la zona austral de nuestro país.

Se suma a ello, el problema del “alimento” para los salmones (negocio patentado por las grandes transnacionales), que alcanza los quinientos millones de dólares y que por supuesto no deja ganancias en Chile. Y peor aún, para alimentar a los salmones se necesitan cuatro o cinco kilos de estos peces “alimento”, lo cual continúa mermando la labor de los pescadores artesanales.

Los trabajadores de la industria salmonera (alrededor de treinta y cinco mil puestos de trabajo generados) han denunciado abusos en las leyes laborales; despido de trabajadores que se sindicalizan; discutibles condiciones laborales y sueldos que en algunos casos no superan el mínimo. También se ha detectado en la zona, un aumento considerable de abortos espontáneos de parte de las trabajadoras, las cuales son “despedidas” si se embarazan, sumado a ello el exceso de trabajo al cual son sometidas. Una realidad que nos suena conocida en nuestra zona, por los abusos que sufren temporeros y temporeras de los packing de la zona central.

La realidad de las salmoneras es aún “desconocida” para gran parte de la población de nuestro país, sobretodo para quienes vivimos en la zona norte y central de Chile. La explotación a los trabajadores del salmón es definitivamente una realidad escandalosa que se da en todos los niveles económicos y políticos de estas industrias, ya sean nacionales o extranjeras.

Las consecuencias laborales, medioambientales y culturales de la industria salmonera en chile son, al parecer, realmente devastadoras y esto se debe, en gran medida a los actuales modelos de producción y consumo que no “planifican” y no “comprenden” la necesidad de construir estrategias de desarrollo que aseguren los recursos naturales para nuestro futuro y más importante aún, no entienden que los trabajadores necesitamos condiciones mínimas de seguridad social, laboral, económica y humana.

De nosotros depende ejercer un verdadero control ciudadano, denunciando estas situaciones de explotación y asegurando con ello, un nuevo trato para los temporeros de la fruta y ahora trabajadores asalariados del salmón. www.ecoportal.net


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El interminable saqueo de la naturaleza y de los parias del sur del mundo

Medio Ambiente - 15/06/2006 | Renán Vega Cantor

El hemisferio norte contiene la mayor parte de la moderna tecnosfera y la riqueza que la misma genera. El hemisferio sur contiene la mayor parte de la gente, casi toda desesperadamente pobre. El resultado de esta división es una dolorosa ironía global: los países pobres del sur, sufren los riesgos ambientales generados por la creación de esta riqueza en el Norte.

En los actuales momentos de expansión imperialista hasta el último rincón del planeta, ocurre una acelerada destrucción de los ecosistemas y una drástica reducción de la biodiversidad. Es un resultado directo de la generalización del capitalismo, de la apertura incondicional de los países a las multinacionales, de la conversión en mercancía de los productos de origen natural, de la competencia desaforada entre los países por situarse ventajosamente en el mercado exportador, de la caída de precios de las materias primas procedentes del mundo periférico, de la reprimarización de las economías, en fin, de la lógica inherente al capitalismo de acumular a costa de la destrucción de los seres humanos y de la naturaleza.

El capitalismo es una relación profundamente desigual y el gran desarrollo productivo y la capacidad de consumo se concentran en los países centrales (Estados Unidos, la Unión Europea y Japón), donde se producen también millones de toneladas de desperdicios. No otra cosa son los automóviles, teléfonos, televisores, neveras, pilas… que, rápidamente inservibles, van a parar a la basura... y a los países pobres considerados receptáculo de las deyecciones que origina el consumo desenfrenado de los opulentos del Norte. Según el ecologista Barry Commoner, el planeta está dividido en dos:

El hemisferio norte contiene la mayor parte de la moderna tecnosfera, sus fábricas, plantas de energía eléctrica, vehículos automóviles y plantas petroquímicas y la riqueza que la misma genera. El hemisferio sur contiene la mayor parte de la gente, casi toda desesperadamente pobre. El resultado de esta división es una dolorosa ironía global: los países pobres del sur, a pesar de estar privados de una parte equitativa de la riqueza mundial, sufren los riesgos ambientales generados por la creación de esta riqueza en el Norte [1].

Esa dualidad no es resultado de cierta disposición divina o natural, sino que se convierte en uno de los objetivos del nuevo desorden mundial capitalista y debe considerarse en sentido estricto como una característica propia del imperialismo ecológico. Así, (…) la explotación masiva del medio ambiente en el Tercer Mundo incluye la conversión de residuos letales en mercancías, y el comercio internacional con ellos. También involucra la imposición por parte del capital de trueques de deudas por medio ambiente, la construcción de inmensos incineradores y vertederos, y muchos otros proyectos aparentemente sin sentido [2].

Todas esas acciones son mecanismos propios de la dominación imperialista, las cuales generan resistencias por parte de los explotados y oprimidos del orbe enfrentando los crímenes ambientales que están destruyendo nuestra madre tierra y poniendo en peligro la supervivencia de nuestra especie. Para que el asunto no quede en enunciación retórica, deben precisarse las principales características del imperialismo ecológico, a fin de entender las novedosas formas asumidas por el imperialismo contemporáneo: es lo que intentamos hacer en este ensayo.

1. Destrucción acelerada de ecosistemas en los países dominados

La noción de ecosistemas ayuda a entender la magnitud de los problemas ambientales que hoy padecemos, en la medida en que su destrucción se constituye en la principal manifestación de la inviabilidad ambiental del modo de producción capitalista. Por ecosistemas puede entenderse a los conjuntos o escenarios en que se reproduce la vida. Un ecosistema determinado está definido por "el medio abiótico físico-químico y las manifestaciones bióticas a las que sirve de soporte: microbios y bacterias, plantas, animales" [3]. Para las sociedades los ecosistemas han sido fuentes de riqueza y bienestar, en la medida en que no solamente son ensamblajes de especies sino de "sistemas combinados de materia orgánica e inorgánica y fuerzas naturales que interactúan y se transforman". La energía que permite el funcionamiento del sistema proviene del sol, siendo dicha energía (…) absorbida y convertida en alimento por plantas y otros organismos que realizan la fotosíntesis y que se encuentran en la base misma de la cadena alimentaria. El agua es el elemento crucial que fluye a través del sistema. La cantidad de agua disponible, junto con los niveles extremos de temperatura y la luz solar que un determinado sitio recibe, determinan en lo fundamental el tipo de plantas, insectos y animales que habitan en ese lugar y la manera en que se organiza el ecosistema [4].

Los ecosistemas reportan beneficios directos e indirectos a los seres humanos. Entre los directos se destacan la obtención de plantas y animales como alimentos y materias primas o como recursos genéticos y los indirectos toman la forma de servicios como control de la erosión, almacenamiento de agua por parte de plantas y microorganismos o la polinización por dispersión de semillas por insectos, aves y mamíferos.

Los ecosistemas tal y como los conocemos en la actualidad han evolucionado durante millones de años y no pueden ser sustituidos ni recuperados por procedimientos tecnológicos. La desaparición de cualquier ecosistema supone eliminar posibilidades de subsistencia para los seres humanos por la sencilla razón de que "los ecosistemas hacen que la Tierra sea habitable purificando el aire y el agua, manteniendo la biodiversidad, descomponiendo y dando lugar al ciclo de nutrientes y proporcionándonos todo un abanico de funciones críticas" [5].

En términos económicos inmediatos, el aprovechamiento de las riquezas naturales es una base de subsistencia y de empleo, sobre todo en los países del sur, puesto que la agricultura, la explotación forestal y la pesca generan uno de cada dos empleos que existen en el mundo y, además, en todo el planeta las actividades relacionadas con la madera, los productos agrícolas y el pescado son más importantes que los bienes industriales. Por esta razón, la disminución de la capacidad productiva de los ecosistemas tiene efectos devastadores sobre los seres humanos y de manera directa sobre los pobres que dependen de aquéllos para su subsistencia.

Existen antecedentes históricos de que determinadas sociedades han colapsado por la destrucción de la riqueza natural y de los ecosistemas (como los Mayas en Mesoamérica). Sin embargo, tales colapsos fueron completamente distintos a lo que está pasando en la actualidad en términos de escala y velocidad, porque antes de la emergencia del capitalismo la degradación ambiental afectó a sociedades perfectamente localizadas y fue un proceso de deterioro gradual a lo largo de varios siglos, mientras que ahora la destrucción de los ecosistemas se efectúa a un ritmo acelerado y cubre hasta el último rincón del planeta tierra.

Los ecosistemas son dinámicos y se regeneran constantemente en forma natural, pero en la medida en que las fuerzas destructoras del capitalismo se generalizan pueden desaparecer, en razón de que cada ecosistema interactúa de manera compleja con el ambiente y la comunidad biológica que lo habita, lo cual a su vez lo hace particularmente vulnerable. Las presiones generadas por la explotación intensiva de recursos para satisfacer el consumo voraz de grupos reducidos de la población (las clases dominantes de todo el mundo), y sobre todo de los países imperialistas, destruyen los ecosistemas. Cada uno de los ecosistemas existentes ha sufrido un notable deterioro, como se constata con algunas cifras elementales: el 75% de las principales pesquerías marinas está agotado por el exceso de pesca o ha sido explotado hasta su límite biológico; la tala indiscriminada de árboles ha reducido a la mitad la cubierta forestal del mundo; el 58% de los arrecifes coralinos está amenazado por destructivas prácticas de pesca, por el turismo y por la contaminación; el 65% de los casi 1.500 millones de hectáreas de tierras de cultivo que hay en todo el mundo presenta algún nivel de degradación del suelo; y el bombeo excesivo de aguas subterráneas por parte de los grandes agricultores en todo el mundo excede las tasas naturales de reposición en por lo menos 160.000 millones de metros cúbicos por año [6].

Está perfectamente establecido el diferente impacto de la acción de los opulentos y de los pobres sobre recursos, materiales y energía. A nivel mundial existe una geografía desigual del consumo, puesto que un habitante de un país "desarrollado" consume el doble de grano y pescado, el triple de carne, nueve veces más papel y once veces más petróleo que un habitante de un país neocolonial. Es necesario subrayar que semejante diferencia en los niveles de consumo es posible porque hay una apropiación directa de los recursos disponibles en todo el mundo para disfrute de una escasa minoría, ya que ésta no gasta solamente los recursos que encuentra en sus propios países (por el contrario, trata de preservarlos durante más tiempo, o por lo menos eso es lo que afirman de dientes para afuera). Incluso, en la mayor parte de las ocasiones el consumidor del Norte ignora de dónde proceden los materiales y la energía que consume diariamente y el impacto que su producción tiene en sus lugares de origen, como se ejemplifica con el caso de las tuberías de cobre que se usan en las grandes ciudades de los Estados Unidos:

Un constructor de viviendas en Los Ángeles instala tuberías de cobre, pero no tiene forma de saber que ese cobre proviene de la infame mina de Ok Tedi en Papúa Nueva Guinea. Esta gigantesca mina, propiedad de un consorcio internacional, arroja diariamente 80.000 toneladas de desechos de minería sin tratar al río Ok Tedi, lo que destruye la mayor parte de su vida acuática y perturba los medios de subsistencia de la comunidad wopkaimin. La globalización implica que los propietarios eventuales de las viviendas que se benefician de las tuberías de cobre no tienen conocimiento de su nexo con la deteriorada cuenca del Ok Tedi ni cargan con sus costos ambientales [7].

En la vida diaria, unos pocos consumen mercancías que se han originado a partir de la explotación intensiva de los ecosistemas de todo el mundo, como se ejemplifica con algunos datos elementales: (…) un ciudadano estadounidense requiere más o menos cinco hectáreas de un ecosistema productivo para mantener su consumo promedio de bienes y servicios, comparadas con menos de 0,5 hectáreas que se necesitan para sostener el consumo de un habitante de un país en desarrollo. Las emisiones per cápita anuales de CO2 ascienden a 11.000 kilogramos en los países industrializados, donde hay muchos más automóviles, industrias y electrodomésticos, comparados con menos de 3.000 kilogramos en Asia [8].

Sin embargo, quienes más directamente dependen y viven con los ecosistemas, indígenas, campesinos y mujeres, son los que menos disfrutan los productos que allí se generan, tienen un peor nivel de vida y además se ven perjudicados en forma inmediata y directa por su destrucción. Esto es causado por la apropiación privada de los ecosistemas por parte del capitalismo, lo que da como resultado que quienes detentan más capital y dinero tengan un mayor nivel de consumo y muchas más posibilidades de beneficiarse de los bienes y servicios que originan los diversos ecosistemas. Cuando se contamina un río o una costa, reduciendo la pesca, quienes lo sufren en carne propia no son los consumidores de las engalanadas mesas del Norte, sino los pescadores y sus familias que habitan en las costas o en los ríos de los países del Sur.

Para concluir este primer parágrafo puede decirse con plena seguridad que es imposible la existencia de las sociedades humanas sin ecosistemas, ya que éstos son en realidad "los motores productivos del planeta". En forma ineludible, (…) los ecosistemas están a nuestro alrededor: bosques, praderas, ríos, aguas costeras y profundidades marinas, islas, montañas e incluso ciudades. Cada uno entraña la solución a un desafío particular de la vida, solución ésta que se ha configurado a lo largo de los milenios; cada uno codifica enseñanzas de supervivencia y eficiencia, a medida que incontables especies compiten por luz solar, agua, nutrientes y espacio. Si se la privara de sus ecosistemas, la Tierra se parecería a las imágenes desoladas y sin vida que proyectaron desde Marte las cámaras de la NASA en 1997 [9].

Pretender que la vida humana es posible sin los ecosistemas, tal y como afirman ciertos economistas y tecnócratas, no pasa de ser una falacia justificatoria del irracional modelo de acumulación capitalista, como si así se pudiera eludir los límites naturales existentes que cuestionan la creencia absurda en un crecimiento económico ilimitado. Sólo individuos cínicos o mentirosos, engreídos por su culto a la tecnología y al consumo ostentoso, pueden decir barbaridades que rayan en la demencia. Por ejemplo, Adrian Berry llegó a sostener que (…) contrariamente a la creencia del Club de Roma, no hay "límites al crecimiento". No hay ninguna razón por la que nuestra riqueza global, o por lo menos la riqueza de las naciones industriales, no siga creciendo indefinidamente a su promedio anual actual de un 3 o un 5%. Aunque se demuestre finalmente que los recursos de la tierra son finitos, los del Sistema Solar y los de la Gran Galaxia que lo rodea son, para todos los fines prácticos, infinitos [10].

Tal nivel de estupidez y de arrogancia con respecto a la naturaleza es notable pero no sorprendente, porque ella hace parte de la lógica capitalista que se ha enseñoreado del mundo. Esa lógica la expresan mejor que nadie los economistas neoliberales, porque "quien crea que el crecimiento exponencial puede durar eternamente en un mundo finito, o es un loco o es un economista" [11].

2. La acentuación del saqueo de materias primas y recursos naturales

En los últimos años se ha acentuado la explotación de materias primas, incluyendo petróleo, recursos forestales, cobre, café, banano, minerales, metales preciosos, diamantes, a despecho de la propaganda sosteniendo que ya no son importantes esas materias primas ni los recursos naturales, porque la sociedad posindustrial -en la que supuestamente nos encontraríamos- ya no los necesita, dado que ahora lo que contaría es el conocimiento y la información [12]. Esos supuestos de la "era de la información" no tienen nada que ver con la realidad, ya que los polos dominantes en el mercado mundial capitalista siempre deben recurrir a las fuentes materiales de producción, porque para elaborar automóviles, televisores, computadores, teléfonos portátiles y todo tipo de objetos no se pueden violar las leyes físicas ni producir cosas materiales a partir de la nada. Es necesario extraer la materia y la energía de los lugares donde se encuentre, e incluso, en los casos en que se avanza en la producción de materiales sintéticos que sustituyan a determinados productos, no puede eludirse la dependencia material de otro tipo de recursos (si en la producción de determinadas partes del automóvil se prescinde del hierro y se sustituye por plásticos, eso supone la incorporación de mayores cantidades de petróleo).

Que los recursos materiales son y seguirán siendo importantes para el capitalismo y el imperialismo ha quedado demostrado en los últimos años con las guerras y conflictos azuzados o llevados a cabo por las potencias imperialistas. Dado el agotamiento de los recursos naturales no renovables y que otros renovables, en razón de su explotación desaforada se están convirtiendo en no renovables (plantas, animales y agua), los países imperialistas compiten entre sí para usufructuar esos recursos. Los Estados Unidos, el país del mundo que más consume y despilfarra materia y fuentes de energía, ha proclamado como un asunto de seguridad nacional el control de las fuentes de petróleo y de materias primas estratégicas, y las guerras y genocidios que ha organizado en los últimos años están relacionados con la apropiación de importantes reservas de crudo [13]. Basta recordar que en el documento Santa Fe IV se sostiene que el control de los recursos naturales de América Latina no sólo es una prioridad de los Estados Unidos, sino una cuestión de seguridad nacional.

Desde luego, esa guerra mundial por los recursos que se libra entre las potencias (pero no en sus países sino en los territorios del Sur, convertidos en campos de batalla) tiene consecuencias ambientales evidentes al aumentar la presión sobre los ecosistemas, tendencia que es una continuación de procesos típicos del capitalismo desde la Revolución Industrial, como se evidencia al recordar que entre 1770 y 1995 la tierra perdió más de un tercio de los recursos existentes, una cifra impensable en cualquier otro momento de la historia humana y que "un 70% del bosque tropical seco ha desaparecido, junto con un 60% de los bosques de la zona templada y el 45% de la selva tropical húmeda" [14]. El saqueo de los recursos materiales y energéticos que se encuentran en los países dominados del Sur y del Este se ha institucionalizado a través del impulso a las exportaciones por la vía de los Planes de Ajuste Estructural, lo cual ha producido un regreso a las economías primarias tradicionales en muchos países del mundo. Eso explica que el culto a las exportaciones y al comercio exterior haya adquirido tanta legitimidad política y justificación teórica (reviviendo el mito de las "ventajas comparativas") y se haya convertido en parte del imaginario político y económico de las clases dominantes de los países periféricos, deseosas de regalar en forma rápida todos los recursos naturales con que cuente el territorio de un país, en aras de ser competitivos en el mercado mundial. Esta ideología exportadora -que cuenta como sus principales exponentes al Banco Mundial, al Fondo Monetario Internacional y a la Organización Mundial de Comercio- es justificatoria del saqueo de materias primas y recursos naturales y oculta conscientemente los impactos ambientales que eso produce o, lo que es todavía peor, pretendiendo que eso beneficia los ecosistemas al dejarlos bajo la regulación del capital privado para capitalizar la naturaleza a su antojo, lo que finalmente nos beneficiará a todos. Este cinismo se encuentra detrás del discurso "verde" de todos aquellos interesados en llevarse hasta el último pedazo de selva virgen que pueda quedar en algún lugar del mundo, dejando a su paso miseria y desolación.

3. Biopiratería y saqueo de la diversidad biológica y cultural de los países dominados

El desarrollo de la ingeniería genética y de la biotecnología se está haciendo a partir de la base genética natural existente en los diversos ecosistemas del mundo, como las selvas húmedas tropicales, los páramos y los manglares, muchos de los cuales habían permanecido al margen del saqueo de compañías y estados imperialistas. Con los avances tecnológicos en la investigación biológica y biomédica en los laboratorios de las multinacionales -principalmente de los Estados Unidos-, esos recursos naturales gestados durante miles o millones de años pasan a convertirse en un ansiado botín mercantil de las multinacionales o los centros científicos de investigación del Norte. En este sentido, puede hablarse de un verdadero expolio de los recursos biogenéticos existentes en el Sur del mundo por parte del Norte, donde las empresas multinacionales empiezan a explotarlos comercialmente como expresión de lo que se ha denominado capital genético. Este es un capital que parte de una base natural ya existente, que debería pertenecer a los pobladores de las regiones o localidades donde se encuentra pero es apropiado en forma fraudulenta por grandes compañías, las que a partir de esa base genética desarrollan o reproducen medicamentos o productos que luego son patentados y apropiados por las compañías multinacionales. Así, la biodiversidad se ha convertido en el nuevo coto de caza del imperialismo genético, cuyo interés fundamental es apropiarse de esa riqueza. El nuevo colonialismo genético supone, desde luego, un proceso de expropiación en el que existen, en términos sociales, ganadores y perdedores. El bando de los ganadores está constituido por las grandes compañías multinacionales de la biotecnología y sus investigadores y el bando de los perdedores está formado por millones de campesinos e indígenas (expropiados de sus saberes ancestrales, de sus recursos, de sus plantas y animales) y la población pobre de los países situados en el Sur del mundo. Desde este ángulo, existe un intercambio genéticamente desigual, caracterizado por el traslado masivo y tramposo de la riqueza natural que se alberga en los trópicos hacia los países imperialistas, muy poco biodiversos y con una alta homogeneización genética [15].

El ataque del imperialismo genético contra la biodiversidad acentúa el ecocidio contra las selvas y sus habitantes y reduce todavía más la maltrecha fuente de alimentos de la humanidad, ya que el 90% de nuestra dieta cotidiana está constituido por unas 15 especies agrícolas y 8 especies de animales. Con la Revolución Biotecnológica se acentúa la homogeneización genética de los principales cultivos, la desaparición de las variedades locales que aun existen y la imposición del latifundismo genético, impulsado por las grandes empresas multinacionales de la alimentación y los agroquímicos.

La expropiación de las riquezas biológicas de las selvas y bosques tropicales forma parte de una nueva fase de dominación imperialista, tan rapaz y genocida como los anteriores períodos de saqueo colonialista del planeta. La expropiación genética constituye uno de los soportes del tan alabado avance de la biotecnología en los centros imperialistas, donde se consuma la reducción de los seres humanos y de todas las formas de vida a simples mercancías para valorizar grandes capitales, sin que importen los efectos perversos de esa lógica criminal y depredadora.

4. El traslado de desechos tóxicos (nucleares y radiactivos) del Norte al Sur

El capitalismo genera una gran cantidad de desechos tras la obsolescencia de las mercancías. Si para confeccionar productos se usan materiales tóxicos o radiactivos, como en efecto sucede con la industria microelectrónica y otras ramas de la producción industrial, es obvio que se originen desechos radioactivos. Para los países capitalistas del centro se hace imprescindible liberarse de esos desechos tóxicos y convertir su comercialización en una lucrativa industria y es "una estrategia central del Nuevo Orden Mundial, una forma intencionada de cercar tierras y recursos -el mismísimo aire que respiramos-, previamente de propiedad común, y establecer el comercio en ‘derechos de polución’" [16]. El capitalismo "descubrió" que hasta los desechos tóxicos pueden convertirse en una mercancía susceptible de ser vendida a los países más desprotegidos y miserables, y ha procedido a poner en práctica esa estrategia comercial, lo que ha dado como resultado que "prósperos empresarios" de los países imperialistas, en alianza con sus respectivos estados, estén asumiendo la tarea de envenenar el suelo, el mar y el aire de países enteros, con la consiguiente enfermedad y muerte de seres humanos y animales.

Los Estados Unidos encabezan la lista de países que anualmente envían miles de toneladas de residuos tóxicos, encubiertos como fertilizantes, que son vertidos en las playas y tierras productivas de Bangla Desh, Haití, Somalia, Brasil, y otros países. La administración de Bill Clinton (1993-2001), por ejemplo, aceptó que las grandes corporaciones estadounidenses mezclaran cenizas de incineradores -que tienen altas concentraciones de plomo, cadmio, y mercurio- con productos agroquímicos. Este veneno químico se vende a agencias y gobiernos extranjeros que, o no sospechan de ese contenido o simplemente hacen la vista gorda [17]. El traslado de desechos tóxicos al Sur del planeta no es el resultado de imprevisiones o fruto necesario del "progreso técnico", sino que hace parte de la lógica de un explícito racismo ambiental que tiene como finalidad expresa la contaminación de seres humanos y de países considerados como inferiores. La lógica criminal del racismo ambiental se basa en el supuesto de que unos grupos humanos tienen el derecho a consumir hasta el hartazgo, sin miramientos con los que viven en condiciones infrahumanas de vida, y luego enviarles los residuos tóxicos a sus territorios. Semejante práctica genocida se sustenta en la convicción de las clases dominantes de todo el mundo de que su sola existencia es beneficiosa para el planeta, y los otros seres humanos deben resignarse a aceptar ese destino inexorable en el que sólo los ricos y opulentos tienen derecho a una vida sana y limpia. Es la típica ilusión NIMBY (Not in My Blacyard- No en mi jardín) que concibe como posible mantener al mismo tiempo un aumento incontrolable en el consumo de productos y preservar el medio ambiente circundante en condiciones adecuadas, para lo cual no importa contaminar el jardín del vecino con tal de mantener limpio el mío.

El traslado de residuos contaminantes a los países dominados se ha convertido en un lucrativo negocio para ciertas compañías de los países imperialistas. Aunque la mayor parte de las materias primas utilizadas en la producción de las mercancías proceden del mundo pobre y dependiente -cuando esas materias tenían un valor de uso, es decir, se podían utilizar- se convierten en basura inservible luego de que han sido utilizados por los usuarios y consumidores del Norte y por sus pocos émulos en los países del Sur. Y es en este momento cuando nuevamente se piensa en esos países pobres como receptáculo de los desperdicios que origina el consumo desenfrenado de los opulentos del Norte. Los países altamente industrializados, se encuentran literalmente inundados de desechos y productos tóxicos, tal y como sucede en los Estados Unidos. Sus ríos y lagos están tan contaminados que las grandes empresas han abierto mercados para sus "apetecidos" residuos tóxicos, como ya se hizo desde mediados de la década de 1980 cuando vertieron miles de barriles de residuos de mercurio en los ríos sudafricanos [18].

La exportación de residuos tóxicos por parte de los Estados Unidos está estrechamente emparentada con sus estrategias políticas ante los países pobres del mundo. La destrucción ecológica, la pobreza forzada, la guerra de contrainsurgencia, la corrupción y brutalidad política y el vertido de residuos tóxicos provenientes del extranjero forman parte de la misma estrategia. El comercio de residuos tóxicos es una estrategia central del nuevo desorden mundial con la finalidad de apropiarse de las tierras y recursos de los pueblos más pobres, incluyendo el propio aire que respiramos, para establecer el comercio de derechos de polución. Pero, al mismo tiempo, es un medio de proletarizar a campesinos y aldeanos, conduciéndolos a nuevas formas de explotación del trabajo y también una manera de arrasar con los ecosistemas del Sur.

Mientras en el Norte se hacen más fuertes las regulaciones ambientales, sus empresas y capitalistas se encargan de impulsar la contaminación en el Sur y el Este del mundo. Los Estados Unidos se oponen a la reglamentación del transporte de residuos peligrosos y también han bloqueado las propuestas de otros países encaminadas a prohibir los embarques de residuos hacia los países pobres. No es de extrañar, pues, que al mismo tiempo haya convertido a martirizados países como Haití, Guatemala, Salvador y Somalia en zonas de descarga de sus residuos industriales, una forma premeditada de envenenamiento de los países neocolonizados.

5. El desconocimiento de la deuda ecológica que el imperialismo le debe al mundo dependiente

Por deuda ecológica debe entenderse el no pago por parte de los países altamente industrializados de los daños causados durante varios siglos por la explotación indiscriminada de los recursos naturales destinados a la exportación, sin que se contabilizaran los impactos negativos sobre los ecosistemas y el hábitat locales. En forma más concreta se puede considerar como (…) la deuda contraída por los países industrializados del Norte con los países del Tercer Mundo a causa del saqueo de los recursos naturales, los daños ambientales y la libre utilización de espacio ambiental para depositar desechos, tales como los gases de efecto invernadero, producidos por esos países industrializados [19].

En consecuencia, los verdaderos deudores son las clases dominantes de todo el mundo, en primer lugar las de los países colonialistas e imperialistas.

En contra del sentido común de los tecnócratas neoliberales, de los banqueros y de los representantes del capital financiero y de las transnacionales, la noción de deuda ecológica destaca que los países del Norte le deben a los pobres del mundo por haber ocasionado un "déficit terrestre (...) provocado por el aniquilamiento de los sistemas vitales básicos del planeta debido al abuso de su aire, sus suelos, las aguas y la vegetación". La responsabilidad de este déficit recae en forma desigual para los pobres y los opulentos, en la medida en que el consumo y el nivel de vida son diferentes entre unos y otros. Por esa razón, la deuda ecológica está relacionada con el racismo ecológico, ya que quienes más soportan los efectos de la devastación ambiental son los pobres, los campesinos, los indígenas, las mujeres humildes y los trabajadores. En otros términos, para comprender la deuda ecológica es menester introducir un análisis de clase, de género y de etnia, que permita determinar la forma como los más pobres son afectados por la degradación ambiental.

En una perspectiva histórica, durante los últimos cinco siglos los habitantes de los países imperialistas han contraído una deuda con los pobres del mundo, como resultado de una diversidad de procesos mutuamente relacionados entre los que sobresalen: la extracción de los recursos (minerales, marinos, forestales y genéticos) en los países del Sur; la consolidación de un intercambio ecológicamente desigual, como resultado del cual se exportan bienes primarios sin evaluar económicamente el impacto social y ambiental generado por su extracción o producción; el saqueo, destrucción y devastación de hombres y culturas desde la era colonial; la apropiación de conocimientos tradicionales de los pueblos indígenas sobre semillas y plantas medicinales, en los que se sustentan las modernas agroindustrias y la biotecnología; la destrucción de las mejores tierras de cultivo y de los recursos marinos para la exportación, debilitando la autosuficiencia alimentaria y la soberanía cultural de las comunidades del Sur; la contaminación de la atmósfera por parte de las naciones industrializadas debido a la excesiva emisión de gases que han afectado a la capa de ozono, provocando el efecto invernadero y desestabilizando el clima; la apropiación desproporcionada de la capacidad de absorción de dióxido de carbono que tienen los océanos y bosques del planeta; la producción de armas químicas y nucleares, cuya puesta a punto se hace con frecuencia en los países del Sur; y la venta de plaguicidas que no son usados en el Norte y el almacenamiento de desechos tóxicos en los países del Sur [20].

Con respecto a las relaciones entre deuda externa y deuda ecológica cabe destacar dos aspectos: 1º) los precios de las exportaciones no incluyen los diversos costos sociales y ambientales, que no se contabilizan (es decir, son gratuitos) y los saberes (por ejemplo el conocimiento exportado desde América Latina sobre el manejo de determinados productos, como la papa o el maíz) tampoco se pagan. Pero al mismo tiempo las emisiones de gas carbónico que se producen a gran escala en el Norte son absorbidas gratis por la vegetación o los océanos de todo el mundo, incluyendo al Sur del planeta. Es como si los ricos del mundo se hubieran "arrogado derechos de propiedad sobre todos los sumideros de CO2, los océanos, la nueva vegetación y la atmósfera" [21]; 2º) la cancelación de la deuda externa degrada la naturaleza, puesto que para pagarla debe aumentarse la producción lo cual por lo común se hace a costa del empobrecimiento de la gente y de una mayor extorsión de la naturaleza. En la medida en que se dedican más recursos para exportación con la finalidad de pagar la deuda externa, ésta aumenta y al mismo tiempo los países pierden sus riquezas naturales. Esta es una muestra palpable de injusticia económica y ambiental, propia del sistema capitalista e imperialista. Como parte de esa injusticia, la deuda externa se sigue cobrando -y pagando, que es lo peor- cumplidamente, pero la deuda ecológica contraída por los países imperialistas nunca se menciona, como si no existiera.

Existe una estrecha relación entre la deuda externa (financiera) que desangra a los países dependientes y la deuda ecológica (nunca reconocida por los países dominantes en el sistema mundial), debido a que las divisas destinadas al pago de los intereses y amortizaciones de la deuda externa aumentan la extracción de recursos naturales, para convertirlos en exportaciones al mercado externo con el fin de obtener dinero para seguir pagando las deudas. El costo ambiental de ese proceso se materializa en hechos como los siguientes:

- Acelerada deforestación que destruye la biodiversidad y convierte en desiertos vastas superficies de tierras anteriormente fértiles. "Desde 1970 las áreas arboladas han disminuido de 11,4 kilómetros cuadrados por cada mil habitantes a sólo 7,3 kilómetros cuadrados".

- La utilización de las mejores tierras de cultivo para la exportación ha forzado a los campesinos a cultivar tierras marginales. Por ejemplo, la utilización para el cultivo de laderas escarpadas, vulnerables a la erosión, ha favorecido los fatales deslizamientos de lodo que recientemente han afectado a Honduras, Nicaragua y Venezuela.

- Incremento del uso de plaguicidas y fertilizantes químicos. Por ejemplo, la industria bananera de diversos países utiliza el plaguicida DBCP, que provoca esterilidad masculina.
- Destrucción de los manglares para la cría del camarón, favoreciendo así las inundaciones en las zonas costeras. En Ecuador, el 70% de los manglares ha sido destruido para instalar criaderos de camarón para la exportación, afectando con ello la supervivencia de los pescadores tradicionales y aumentando las posibilidades de inundaciones provocadas por el fenómeno de El Niño.

- Consumo excesivo de combustible, disminución del valor nutricional e incremento del uso de conservantes, provocados por el transporte de alimentos a grandes distancias.

- Sustitución de la diversidad biológica por monocultivos y bosques artificiales. La explotación comercial de las plantaciones forestales extrae la madera y destruye el resto por considerarlo "desechos".

- Pesca excesiva: "Las existencias mundiales de pesca están en declive, con una cuarta parte ya agotada o en vías de serlo y otro 44% explotado al límite de su continuidad biológica".

- Destrucción de hábitats naturales y humanos como resultado de los riesgos de la extracción de petróleo. Por ejemplo, los daños provocados por la Shell en el delta del río Níger, hogar del pueblo Ogoni [22].

Un procedimiento adecuado para sopesar la deuda ecológica contraída por los voraces consumidores de los países imperialistas y los subconsumidores del Sur consiste en comparar sus respectivas huellas ecológicas. Por huella ecológica se entiende la cantidad de "tierra cultivable, zonas de pastoreo, bosques, producción oceánica y capacidad de absorción de dióxido de carbono que es consumida por una persona promedio en un área geográfica determinada" [23]. Esa noción apunta a medir el impacto de los modelos de consumo con relación a la capacidad de carga del planeta, por lo cual se entiende el máximo de población de una determinada especie que puede sobrevivir en cierto hábitat sin provocarle daños irreversibles. En el caso de un país determinado, la huella ecológica mide la superficie biológicamente productiva que es necesaria para mantener el nivel de recursos de ese país y para absorber sus desechos:

Cuando la huella ecológica de un país es mayor que su capacidad ecológica de carga, ese país tiene que "importar" capacidad de carga de algún otro sitio y/o consumir su capital natural a un ritmo mayor que el de la regeneración de la naturaleza. Esto se logra importando alimentos, combustible o productos forestales o agotando su provisión de recursos renovables y no renovables (por ejemplo, combustibles fósiles). También puede "exportar" desechos, como el exceso de emisiones de dióxido de carbono que su masa forestal o los océanos circundantes no pueden absorber [24].

Se ha establecido que la huella ecológica promedio de un habitante humano en el planeta es de 7,7 hectáreas, pero que los países altamente industrializados superan con creces esa media en tanto que los países dependientes están sensiblemente por debajo de la misma. De esta forma, por ejemplo, Canadá tiene una capacidad ecológica de carga de 9,6 hectáreas per capita, mientras que en el otro extremo Bangla Desh, con una huella ecológica de sólo 0,5 hectárea per cápita dispone de una capacidad de carga de tan solo 0,3 hectárea por persona. Considerando los resultados de la huella ecológica por países se encuentra que a escala mundial el 77% de la población humana tiene una huella ecológica menor que la media, de sólo 1,02 hectárea, pero el otro 23% -los verdaderos deudores ecológicos- ocupa el 67% de la huella de toda la humanidad. Esto quiere decir que sólo un quinto de la población utiliza dos tercios de la capacidad de carga. Es esa quinta parte de deudores ricos la responsable de que la humanidad esté consumiendo un 40% más de recursos de los que pueden regenerarse sosteniblemente. Por cada persona que utiliza el triple de lo que en justicia le corresponde de la capacidad de carga del planeta, hay tres que sobreviven con sólo un tercio de lo que realmente les correspondería [25].

6. Intercambio ecológico desigual

Cuando se analiza la dominación imperialista suele hablarse del intercambio económico desigual expresado en la célebre formulación teórica del deterioro de los términos de intercambio, con lo que se quiere expresar que en el mercado mundial tienden a depreciarse los productos primarios y a encarecerse los bienes manufacturados. Mirada en el largo plazo esta tendencia perjudica a los países productores de materias primas. Pero sin desconocer la importancia de este intercambio desigual en términos económicos, es necesario considerar el intercambio ecológico desigual, algo poco estudiado. Por tal puede entenderse el resultado ambiental -negativo para los países dependientes- de la importación por parte de los países altamente industrializados de productos del Sur a bajos precios, que no toman en consideración el agotamiento y perennidad de tales recursos [26]. Esto sucede hoy con recursos naturales, como la madera (de la cual el Japón es uno de los primeros compradores del mundo), minerales, petróleo y especies exóticas. También debe considerarse como parte de ese intercambio ecológico desigual el envenenamiento de aguas, aire, tierras y seres humanos que se produce como resultado de la aplicación de plaguicidas en las plantaciones agrícolas de empresas imperialistas en países dependientes (como hicieron en Nicaragua las compañías bananeras). Mientras que las compañías transnacionales se llevan el producto para ser vendido y consumido en su país de origen, en las zonas productoras queda la desolación, la muerte y el veneno por todos lados.

En pocas palabras, intercambio ecológicamente desigual "significa el hecho de exportar productos de países y regiones pobres, sin tomar en cuenta las externalidades locales provocadas por estos productos o el agotamiento de los recursos naturales, a cambio de bienes y servicios de regiones más ricas" [27]. Y lo más importante radica en que esa noción tiene implicaciones políticas, al destacar que la pobreza y la carencia de soberanía y autonomía por parte de las regiones exportadoras, debido a su condición dependiente y subordinada en el plano mundial, están en la base de ese intercambio desigual que finalmente perjudica a los pobres de dichas regiones, en virtud de la irremediable destrucción de sus ecosistemas sin que la misma sea asumida por los países imperialistas y sus empresas, que lucran con los productos que allí se generan.

7. Violación de las aguas territoriales de los países dependientes por parte de las flotas pesqueras de las grandes potencias

El ritmo infernal de pesca que se ha practicado durante las últimas décadas, a medida que aumenta el consumo de pescado o productos derivados en los países del Norte, ha agotado los principales bancos de peces en todo el mundo, comenzando por los mares y ríos de esos mismos países. Un buen ejemplo al respecto es el del bacalao, un producto esencial para la subsistencia de miles de pescadores artesanales en las costas canadienses de Terranova, que, por la acción de los grandes pesqueros comerciales, ha sido diezmado, terminando no sólo con el recurso sino también con los propios pescadores [28]. Como resultado del agotamiento de los bancos de peces en las aguas del Atlántico norte, grandes buques pesqueros de los países europeos, de los Estados Unidos y de Japón, incursionan en las aguas de todo el mundo para depredar literalmente todo lo que encuentran a su paso. Ahora, la pesca en alta mar está dominada por grandes barcos que operan a gran velocidad y "llevan detrás inmensos sistemas de redes que barren todo a su paso, sin tener en cuentas los cupos de peces y con una total indiferencia hacia el medio ambiente" [29]. Esto ha ocasionado la extinción de cientos de especies marinas y una drástica reducción del volumen de pesca a nivel mundial. También ha significado el empobrecimiento o la ruina de los pequeños pescadores artesanales en diversos lugares del mundo, una consecuencia dramática porque en los países de la periferia existen millones de personas cuya vida se ha desenvuelto durante cientos o decenas de años en torno a la pesca [30].

8. Exportaciones forzadas de especies animales y vegetales

Este comercio desigual que se hace siempre en la dirección Sur-Norte es realizado por mafias organizadas y tiene como objetivo transportar mascotas de compañía o producir mercancías exóticas a partir de partes animales (piel, marfil, dientes) para adornar a la burguesía de los países industrializados. Este comercio ilegal es tan significativo que se considera como la segunda actividad comercial subterránea, solamente superada por el comercio de estupefacientes. Anualmente circulan en forma ilegal 50 mil primates, 4 millones de aves, 350 millones de peces tropicales, de todos los cuales mueren en el viaje entre el 60 y el 80%. [31]. Para que este negocio funcione existen complejas redes de traficantes de animales, emparentadas con otras actividades como el narcotráfico, en las que participan funcionarios estatales y empresarios privados tanto de los países pobres como de los países ricos. Solo de esa forma pueden ser extraídos de la Amazonía brasileña, para señalar el caso más aberrante de expoliación imperialista, 12 millones de animales, de los cuales muy pocos llegan vivos a su destino final, puesto que sólo uno de cada diez resiste las travesías, el cambio de hábitat, la suciedad o el maltrato [32]. No es coincidencia, entonces, que en el Brasil 208 especies están seriamente amenazadas [33].

El mercado de los animales y de las plantas exóticas está claramente definido en términos económicos y geográficos: la oferta la suministran los países tropicales y la demanda se concentra en los países industrializados. En estos últimos se presenta un consumo insostenible de fauna exótica, abastecido por países en los cuales los campesinos y los trabajadores soportan peores condiciones de existencia. En ese mercado internacional existen consumidores conspicuos que buscan ejemplares raros, pero también debe incluirse a la industria farmacéutica, que compra por ejemplo especies venenosas como arañas y serpientes para experimentar y producir nuevos medicamentos y productos.

La Unión Europea es el principal consumidor de animales exóticos, siendo el primer importador mundial de pieles de reptil, de loros, de boas y de pitones y el segundo importador, después de los Estados Unidos, de primates y felinos. En ese mercado internacional de seres vivos España desempeña un papel significativo, por su posición geográfica que sirve de puente entre África Ecuatorial, América Latina y el sudeste asiático, con los Estados Unidos y otros lugares de Europa.

9. A manera de conclusión: el capitalismo y la ecología son mutuamente excluyentes


La crisis ambiental de nuestro tiempo ha sido producida por el modo de producción capitalista, debido a su carácter mercantil orientado a producir no para satisfacer necesidades sino para incrementar la ganancia individual. Este hecho aparentemente elemental que rige el funcionamiento del capitalismo constituye la base del agotamiento de los recursos naturales, expoliados a un ritmo nunca antes visto en la historia de la humanidad, al mismo tiempo que produce desechos y contaminación de manera incontrolable. Desde este punto de vista el capitalismo tiene dos características claramente antiecológicas: la pretensión de producir de manera ilimitada en un mundo donde los recursos y la energía son limitados; y originar desechos materiales que no pueden ser eliminados -cosa imposible en concordancia con las leyes físicas- y que deben ir a alguna parte, lo cual supone exportarlos a los países más pobres de la tierra. Como bien lo dice James O’Connor (…) la naturaleza es un punto de partida para el capital, pero no suele ser un punto de regreso. La naturaleza es un grifo económico y también un sumidero, pero un grifo que puede secarse y un sumidero que puede taparse. La naturaleza, como grifo, ha sido más o menos capitalizada; la naturaleza como sumidero está más o menos no capitalizada. El grifo es casi siempre propiedad privada; el sumidero suele ser propiedad común [34].

Está absolutamente demostrado por todos los indicadores de deterioro ambiental que la ecología y el capitalismo son polos opuestos de una contradicción insalvable, puesto que el capitalismo se basa en la lógica del lucro y de la acumulación sin importar los medios que se empleen para lograrlo, ni la destrucción de recursos naturales y ecosistemas que eso conlleve. Se podría argüir en contra de esta afirmación que hoy el capitalismo tiene un discurso ecológico y preocupaciones "verdes". Desde luego que sí, pero detrás de ese discurso se esconden los grandes grupos corporativos interesados en expoliar hasta el fin al medio ambiente y de convertirlo en una mercancía muy rentable que genere pingües beneficios. En otros términos, hasta la ecología y el medio ambiente se han convertido en una mercancía más, lo cual tiene implicaciones negativas sobre las mismas posibilidades de existencia y reproducción de la vida en sus más diversas manifestaciones, y esa mercancía ecológica (expresada en la retórica insulsa del pretendido "desarrollo sustentable" y el "capital verde") también se ha mundializado como resultado de la expansión imperialista de las últimas décadas.

En esa perspectiva, pueden señalarse los tres nudos problemáticos que, en términos ambientales, ha generado el capitalismo, tal y como lo ha analizado en varias investigaciones el teólogo brasileño Leonardo Boff: el nudo de la extinción de los recursos naturales; el nudo de la sostenibilidad de la tierra; y el nudo de la injusticia social mundial. En cuanto a la extinción de los recursos naturales estamos asistiendo al más acelerado exterminio de especies de seres vivos, la peor de los últimos 65 millones de años, ya que diariamente desaparecen para siempre unas 10 especies y anualmente unas 20.000. Esta cifra adquiere relevancia si se considera que en la última gran extinción de especies desaparecían dos o tres por año. Otro de los recursos que se agota rápidamente es la tierra fértil, convertida en desierto rural o urbano, deforestada y seca. Al mismo tiempo, la sostenibilidad de la tierra está seriamente en duda ante los procesos en curso, entre los que sobresale el calentamiento global, con sus consecuencias nefastas de alteración climática en todo el orbe, aumento en el nivel de los mares, inundaciones, sequías, huracanes, etcétera, fenómenos todos que pueden llegar a alterar el equilibrio químico-físico y biológico de la tierra. En lo que respecta a la injusticia social mundial, que se manifiesta en la concentración del ingreso y la prosperidad en reducidos sectores de las elites dominantes en todo el mundo al lado de la miseria y la pobreza de millones de seres humanos, tiene una relación directa con la apropiación de recursos y energía por esa minoría opulenta [35].

En este artículo se han descrito y analizado en forma apretada algunas de las características del imperialismo ecológico, sin que hayamos considerado todos los aspectos que pueden ser estudiados a partir del uso de dicha categoría. Simplemente, se ha pretendido demostrar la utilidad de esta noción para entender y enfrentar algunos de los problemas ambientales más álgidos de nuestro tiempo, los cuales no son resultado, ni mucho menos, de catástrofes naturales o fuerzas incontrolables, como se ha dicho tan reiteradamente durante todo el año 2005, después del tsunami en el Océano Indico en diciembre de 2004 o del huracán que asoló a Nueva Orleáns. Teniendo en cuenta los elementos expuestos, es evidente que el imperialismo ecológico tiene múltiples dimensiones, que ameritan ser consideradas, tanto para entender la voracidad del imperialismo contemporáneo como para organizar luchas de resistencia y defensa de los ecosistemas por parte de todos aquellos que sentimos que la naturaleza se ha convertido en el último coto de caza de la mercantilización ecocida del capitalismo mundial.

* Renán Vega Cantor es profesor de la Universidad Pedagógica Nacional, Bogotá-Colombia, y colaborador de la revista Herramienta. Este artículo fue publicado en Revista Herramienta Nº31-Buenos Aires, marzo 2006 -Boletín informativo - Red solidaria de la izquierda radical –y Ecoportal.net

Conama aprueba Pascua Lama definitivamente

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ORGANISMO MEDIOAMBIENTAL INSISTE EN QUE GLACIARES NO PODRÁN SER INTERVENIDOS

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Del total de 46 reclamaciones acogió sólo dos sugerencias para complementar la resolución de calificación ambiental. Mientras la canadiense Barrick Gold reafirmó ante la opinión pública su proyecto de “minería responsable”, los habitantes del Valle del Huasco se mostraron decepcionados: “¿Quién va a responder cuando se afecte la salud de las personas?”, se preguntaron.

www.lanacion.cl

La Comisión Nacional del Medio Ambiente, (Conama), decidió no acoger la mayoría de las reclamaciones presentadas para la aprobación del proyecto Pascua Lama de la compañía canadiense Barrick Gold.

Del total de 46 reclamaciones, Conama acogió sólo dos sugerencias en torno a complementar la resolución de calificación ambiental, dejando intacta la aprobación del proyecto sujeta a las más de 400 condiciones fijadas por la Corema Tercera Región en febrero pasado.

De esta manera se da luz verde al proyecto definitivamente y también se completa el proceso de aprobación del estudio de impacto ambiental presentado en diciembre del año pasado.

Barrick ya fue notificada oficialmente de la decisión por la Conama y a través de un comunicado de prensa demostraron su satisfacción por la resolución, ya que según la trasnacional, esto “reafirma la confianza de la compañía en su proyecto y en su viabilidad ambiental, técnica y social”.

“Al igual que en todas sus operaciones en todo el mundo, en Chile Barrick trabajará bajo la filosofía de minería responsable, con un proyecto que cumplirá con la normativa vigente y respetará plenamente la institucionalidad ambiental chilena, en particular las resoluciones de aprobación del proyecto”, señaló el director adjunto de Barrick en Chile, José Antonio Urrutia.

También a través de un comunicado de prensa, la Conama recordó que el espacio de reclamaciones sólo correspondían a un paso siguiente a la decisión de la Corema de Atacama, dado a conocer el 15 de febrero pasado, la cual se mantiene intacta. Es decir, el organismo confirma que resolvió impedir cualquier tipo de intervención en los glaciares Toro I, Toro II y Esperanza.

Ambientalistas indignados

Las organizaciones ecologistas que han presentado sus reparos al proyecto desde que éste saliera a la luz pública. Por eso no comprenden la decisión adoptada por el organismo medioambiental.

Antonia Fortt, ingeniera ambiental de Oceana y encargada de la campaña de contaminación, señaló que aunque la aprobación del proyecto es lamentable, se trata de una decisión previsible. “Las señales del Gobierno y de la Concertación estuvieron desde un principio a favor de Barrick”. Pero no es todo: “Lamentablemente no bastó con nuestra advertencia, ahora tendremos que esperar a que se dañe la salud de las personas del valle para que las autoridades chilenas comiencen a pedir nuevos estudios y comisiones investigadoras. Esta vez no serán cisnes muertos como en Valdivia, esta vez se va a tratar de personas”.

En la misma línea, el director de Terram, Rodrigo Pizarro, señaló que “no sorprende el pronunciamiento de Conama sobre Pascua Lama” y destacó que la aprobación del proyecto “deja al descubierto, una vez más, las graves falencias que presenta la institucionalidad ambiental vigente en nuestro país”. Por eso, advirtió que desde la sociedad civil estarán atentos a todos los pasos que realizará la empresa en torno al proyecto, sobre todo al cumplimiento de las 400 medidas establecidas, dentro de la Resolución de Calificación de Ambiental.

Pesar en el Valle

Mirna Inostroza, microempresaria turística de Vallenar y una de las voceras del Comité de Defensa del Valle del Huasco, señaló a La Nación su decepción por la noticia. “Sabemos que todo se aprueba políticamente y nos damos cuenta que las opiniones de los ciudadanos pasan totalmente advertidas. Ojalá que esto termine con el Ministerio del Medio Ambiente. Para que no se siga regalando el patrimonio humano a las trasnacionales. Ahora yo me pregunto ¿quién va a responder cuando se afecte la salud de las personas y el recurso hídrico contaminado no nos permita beber el agua?”, concluye indignada.

EL CAMINO DEL ORO

El proyecto Pascua-Lama de Barrick Gold Corporation consiste en la explotación a rajo abierto de un yacimiento de minerales de oro, plata y cobre, ubicado en la Cordillera de los Andes, sobre el límite internacional chileno-argentino, unos 150 kilómetros al suroriente de la ciudad de Vallenar en Chile y unos 300 kilómetros al norponiente de la ciudad de San Juan en Argentina. Los minerales serán procesados para obtener como productos metal doré (oro y plata) y concentrado de cobre. El proyecto tendrá obras y operaciones mineras tanto en territorio chileno como argentino. Las empresas que desarrollan el proyecto son: Compañía Minera Nevada S.A. en Chile y Barrick Exploraciones Argentina S.A. y Exploraciones Mineras Argentinas S.A., en Argentina.

Chile: La destrucción del altiplano

Por Arnaldo Pérez Guerra *

Los problemas ambientales siempre han estado presentes, aunque se han agudizado. El agua lentamente se agota, mientras su explotación se acrecienta de la mano de lo que las autoridades llaman "desarrollo". A dos mil y tres mil metros de altura, los caseríos de Socoroma, Putre y Belén, entre otros, se abastecen de agua de vertientes y nevadas.

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Los aymaras habitan desde las orillas del lago Titicaca y la cordillera de los Andes, hasta el noreste argentino, en territorios que fueron fragmentados y repartidos tras la independencia de España. En Chile, sobreviven en el altiplano y la franja precordillerana de las regiones de Tarapacá y Atacama. Sus rituales sagrados se desarrollan al ritmo de las estaciones, coexistiendo sincréticamente tradiciones prehispánicas y cristianas. Basan su economía en la explotación agrícola de subsistencia en los oasis y vertientes a lo largo de Azapa, Lluta, Camarones, Camiña, Tarapacá, Pica y Quillagua, donde producen choclos, ajos, orégano, tomates y ají, principalmente. Quienes viven en el altiplano crían auquénidos, mientras los habitantes de la precordillera se dedican al cultivo de quinoa, verduras, frutas y semillas, gracias al uso de terrazas. Son pastores y agricultores trashumantes, y en su cosmovisión la naturaleza y la pachamama -la madre tierra-, es sagrada. Evo Morales Aima, actual presidente de Bolivia, es un aymara, y bien sabe que las fronteras no tienen ninguna importancia: "Debemos explotar juntos nuestros recursos naturales, para resolver juntos nuestros problemas sociales y económicos", dijo en el Estadio Nacional.

Finalizada la guerra del Pacífico -más propiamente guerra del Salitre y el Guano-, se inició en Tarapacá y Atacama la forzada "chilenización". La guerra entre Chile, Perú y Bolivia, ocurrió en territorio aymara: "A comienzos del siglo XX se impuso forzadamente la cultura chilena, reprimiendo la nuestra. Muchas familias se vieron obligadas a abandonaran sus tierras, que comenzaron a ser escrituradas por el fisco, no obstante seguíamos ocupándolas. La violenta 'chilenización' hizo que nuestra cultura se practicara clandestinamente. Se prohibió, incluso, el uso de nuestra lengua, iniciado 1920", señala Alfredo Chipana, integrante de la Comisión Jurídica Indígena Urbana de Iquique.

Muchos perdieron su identidad. La dictadura de Pinochet inició una segunda "chilenización", erigiendo regimientos y concentrando a la población escolar rural en las llamadas "escuelas de frontera": "Se rompió el lazo que teníamos con el Alto Perú, y nuestra economía que se basaba en el intercambio de productos entre los distintos pisos ecológicos como la puna y la costa se desestructuró completamente. Familias quedaron separadas por fronteras. Además, grandes trechos de territorio donde habita el aymara, fueron minados", agrega.

Unos 90 mil aymaras viven en Chile, aunque el Censo de 2002 sólo contabilizó 48.501 que representan un 7 por ciento de la población del país. Más de un 80 por ciento ha migrado a ciudades, incrementándose los procesos de aculturación, debilitamiento de los lazos de parentesco y degradación del ecosistema altiplánico. Las causas del abandono de los pueblos y caseríos son la sequía, el conflicto con las mineras, problemas educacionales, la presión social, la falta de trabajo. Pero siguen resistiéndose a perder su forma de vida y el sueño de constituir una gran nación andina. Muchos ven con asombro y alegría como en Bolivia un aymara asumió la presidencia. Hay muchas esperanzas que sus problemas se resolverán, y eso puede empujar mejores tiempos para los aymara que "por accidente" viven en Chile.

Antonio Mamani, secretario ejecutivo de la Asociación de Municipios Rurales de Tarapacá, oriundo de Cancosa, señala que es urgente defender los derechos de su pueblo y la participación plena, que no se ha logrado por culpa de las autoridades de turno: "La interculturalidad no es lo mismo que la integración. La interculturalidad debiera ser uno de los elementos básicos para el entendimiento entre los diferentes sectores de la sociedad. El gobierno habla de 'integración indígena' y eso es un error. Para nosotros, la territorialidad y el patrimonio también son conceptos importantes. Queremos conservar nuestra cultura y lo que ello implica: tierra, agua y forma de vida. ¿Podemos ser capaces de entender nuestro entorno, defender la biodiversidad y producir un desarrollo armónico que respete la existencia complementaria de naturaleza, ser humano y animales? El neoliberalismo y la globalización destruyen nuestra cultura, dejan contaminación y muerte. Eso no es desarrollo sino atentar contra la naturaleza, nuestra vida y la de las generaciones futuras".

Incertidumbre permanente

El terremoto de junio de 2005 afectó a las comunidades y ciudades en donde se concentra la mayor parte de la población aymara, y puso de relieve su exclusión social y desprotección. "A pesar del abandono histórico que nuestras comunidades han vivido, sentimos que las autoridades no se han sensibilizado, sino más bien utilizan este trágico hecho para la propaganda de otros asuntos, sin que se tomen medidas concretas y urgentes a favor de las comunidades indígenas afectadas", reclamó el Consejo Nacional Aymara, que agrupa a la mayoría de los representantes y dirigentes comunitarios. Exigían conocer el presupuesto asignado por el Estado, luego que Tarapacá fuera declarada zona de catástrofe y el destino de los dineros: "Nunca respondieron. Además, solicitamos que las autoridades tuvieran en cuenta nuestra identidad cultural para la reconstrucción de las viviendas, lo que tampoco se cumplió eso", dice David Esteban Moscoso, dirigente aymara.

Para Antonio Mamani, el gran problema es la extracción y explotación del agua por parte de las grandes mineras: "El agua es cada vez más demandada por transnacionales, lo que no tiene ningún correlato con nuestra cosmovisión. La legislación permite que soliciten el agua como un bien. Esa lógica nuestras comunidades no la entienden. El agua siempre ha sido ocupada por las comunidades. Hay una contradicción entre el derecho consuetudinario y la legislación. El perdedor, lamentablemente, es el indígena. Extraen minerales desde nuestros territorios con la promesa de trabajo y desarrollo, pero dejan sólo contaminación y sequía. En Puchuldiza, cerca de Colchane, una minera afectó los géisers y continuarán tratando de construir pozos. ¿Qué es el desarrollo si cada vez somos más pobres? Es cierto que hay políticas y algunos espacios, subsidios y recursos pero son para 'integrarnos' o producir un 'desarrollo con identidad', como dicen. Ese no es nuestro desarrollo ni nuestra cosmovisión. ¿Educación? Se habla de 'interculturalidad', pero no hay un intercambio entre las dos culturas en escuelas o universidades".

Un largo y difícil proceso de organización han vivido las comunidades aymara en Chile. Hoy su máxima organización es el Congreso Nacional Aymara, que lleva unos diez años. En julio del año pasado, en Pozo Almonte, realizaron el V Congreso, y fue todo un éxito. Emiliano Choque, dirigente, señala: "Hemos vivido momentos tormentosos de división ocasionado por falta de identidad, liderazgo y conducción. El gobierno, a través de Mideplan y la Conadi, ha querido manejarnos a su antojo usando sus recursos económicos. Quieren ver a nuestro pueblo de rodillas y dividido a cambio de migajas". David Esteban, ex presidente de la comisión organizadora del V Congreso, agrega: "Al gobierno no le interesa apoyarnos, nos quiere divididos para seguir sometiéndonos a su colonialismo. Pero hemos logrado discutir sobre la defensa de los territorios, la explotación del agua, y la participación plena con autonomía y libre determinación, el Convenio 169 y el reconocimiento constitucional de los pueblos indígenas. También temas del derecho internacional, la identidad y nuestra cultura y modo de vida. Tenemos nuevos consejeros nacionales, quienes asumieron sus cargos en una ceremonia sagrada: Nelson Challapa, por Iquique; Orlando Bueno, por Huara; Rodrigo Mamani, por Alto Hospicio; Carmen Ayavire, por Pica; Bartola Mamani, por Cariquima; David Esteban, por Pozo Almonte; y Emiliano Choque, por a Camiña. En Putre también dirigentes de diferentes comunidades, asociaciones y juntas de vecinos rurales indígenas de Arica, Camarones, General Lagos y Putre, participan de la iniciativa. Allá se ratificó a los consejeros existentes: Richard Fernández, de Arica; Bibiano Flores, de Camarones; Isabel Condori, de Putre, y Rosa Maita, de General Lagos". A mediados de año se pretende realizar el VI Congreso Nacional Aymara, esta vez en la comuna de Camarones.

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Los problemas ambientales siempre han estado presentes, aunque se han agudizado. El agua lentamente se agota, mientras su explotación se acrecienta de la mano de lo que las autoridades llaman "desarrollo". A dos mil y tres mil metros de altura, los caseríos de Socoroma, Putre y Belén, entre otros, se abastecen de agua de vertientes y nevadas. Cualquier alteración del ecosistema, por mínima que sea, pone en riesgo la vida de la comunidad: "Es una lucha constante por sobrevivir. Los pueblos desaparecen poco a poco porque muchos emigran. Las mineras y grandes transnacionales se apoderan de nuestros recursos. No les interesa el equilibrio de la naturaleza sino el dinero y la explotación", dice David Esteban.

Pesan sobre ellos varios peligros. Entre 1992 y 1998, el gobierno autorizó la construcción de pozos altiplánicos que buscaban -se dijo- abastecer la creciente demanda de agua potable de Arica. Al año siguiente, se perforaron pozos -que extraen agua a 4 mil metros de altura- en el Valle de Lluta. El 2000 las autoridades reformularon su discurso diciendo que "los pozos servirían para revitalizar la actividad agrícola del Valle de Azapa". Los grandes empresarios de Azapa y Arica presionaban por más agua para sus negocios. Se extraerían 300 litros por segundo en los 7 pozos construidos. Pero éstos sirvieron para entregar el vital recurso a faenas mineras, perjudicado las vertientes y trayendo más sequía y extinción de humedales y bofedales. El 2004, organizaciones aymara y ecologistas iniciaron una campaña de denuncia para objetar la explotación de los pozos y la aprobación del Estudio de Impacto Ambiental (EIA) refrendado por la Corema. En marzo de 2005, finalmente, el proyecto fue rechazado, pero aún se teme que sea repuesto en un futuro no lejano. Si las obras siguen sujetas a la voluntad política del gobierno de turno, los aymara vivirán en permanente incertidumbre.

Agua perpetua y gratis

El proyecto empresarial, avalado por autoridades ambientales, que pretendía explotar reservas de agua en el Parque Nacional Lauca y construir más pozos para las mineras y trasnacionales es calificado como "un atentado genocida contra nuestra cultura y forma de vida" por David Esteban. Por su parte, Magdalena Choque, de Parinacota, denuncia que "hay efectos de sequía en muchos bofedales y, por consiguiente, serios problemas en la alimentación de nuestros animales y en el consumo de agua de riego. Ya está seca la laguna Cotacotani, que abastecía de agua a los poblados de la zona". Otro conflicto ocurrió el 2003. Debieron movilizarse tras el anuncio que Codelco explotaría aguas subterráneas en el poblado de Mocha, al interior de Huara. Héctor Cayasaya, de Mocha, señala: "Si Codelco explota el agua las pocas personas que viven en el poblado terminarán muriéndose ya que se les agotará el principal recurso de subsistencia. Inscriben las aguas y eso no corresponde ya que nos pertenecen ancestralmente". Señala que el peligro no ha acabado porque posee antecedentes de que el proyecto minero se iniciará el 2012. Desde Mocha se abastecen de agua las quebradas de Tarapacá, Aroma y Coscaya.

El problema del agua no se ha resuelto. Las disputas con las mineras se arrastran por más de una década, tiempo más que suficiente para denunciar su extracción no sustentable y el inicio de una crisis hídrica que afecta a la población, agricultura y el turismo. Están en riesgo los salares altoandinos. La nueva autoridad ambiental deberá resolver cómo hacer frente a una minería que apuesta a seguir creciendo de la mano de una débil legislación. En Chile la explotación del agua es gratis. El actual Código de Aguas permite que el primer interesado en determinado acuífero tenga el derecho preferente a quedarse con él si lo registra ante la Dirección General de Aguas (DGA). Si cumple los requisitos que estipula la ley, los derechos que recibe son definitivos y puede vender, arrendar o beneficiarse económicamente con el agua. La cacareada reforma al Código de Aguas -junio de 2005-, no terminó con la gratuidad del recurso: si el agua no se usa, el dueño sólo debe pagar una patente anual. La permisiva ley y la indolencia de las autoridades incentivan la especulación. "Una sentencia de la Corte Suprema zanjó la controversia sobre la gestión de las aguas subterráneas, resolviendo sobre un recurso de protección de la empresa Aguas Andinas señaló que la DGA debe en el futuro, 'al resolver sobre las solicitudes presentadas respecto de derechos de aprovechamiento de aguas subterráneas, en sectores acuíferos en que existen derechos ya constituidos verificar la disponibilidad jurídica de aguas a nivel de fuente o acuífero y no limitarse a la constatación de la mera existencia física del recurso hídrico'", dice el abogado Pablo Jaeger. Pero, sin embargo, para la Contraloría "la determinación de la disponibilidad del recurso hídrico es una materia técnica y de competencia exclusiva de la DGA". Se siguen otorgando derechos sobre aguas subterráneas sólo comprobando la existencia del recurso y cuando no hay decretada alguna medida de limitación a la explotación o prohibición, simplemente se otorga el permiso de explotación.

El año 1992, a través de un decreto se mandató al Ministerio de Obras Públicas (MOP) para que perforara pozos para extraer aguas de la cuenca del río Lauca. En 1998, el proyecto vuelve a tomar vigencia. Sólo 15 días antes que se aprobara por la Conama, las organizaciones aymara lograron frenar la explotación. El impacto negativo que causó la muerte del bofedal cercano al pozo número 4, se tomó como antecedente. Sin embargo, los pozos 1 al 10 fueron perforados y habilitados, en 1992 y 1993, en la cuenca del río Lauca, por orden del MOP. Se efectuaron pruebas de bombeo determinándose que los pozos 1 a 3 carecían de interés y que en los pozos 5 a 10 era posible una extracción de aguas subterráneas. En 1999, la empresa Ambar S.A. presentó un EIA a la Dirección de Riego del MOP.

Sequía y contaminación

Según las comunidades, la indiscriminada explotación de vertientes subterráneas ha secado grandes extensiones de bofedales y continúa agotando el agua, lo que afecta a los aymara de la comuna de General Lagos y otras zonas fronterizas. Señalan que la construcción del canal Lauca provocó una evidente baja del lago Cotacotani y la sequedad de bofedales en Parinacota y Chucuyo. No es algo nuevo, pues el túnel Lauca construido en 1960 para la central hidroeléctrica Chapiquiña agotó las vertientes y ojos de agua en la quebrada de Murmuntani, obligando a sus habitantes a emigrar o morir. Estos proyectos afectaron los bofedales aledaños a los pozos perforados y ponen en peligro el río Lauca y su reserva. Mientras, el MOP señala que "habrá mayor disponibilidad de aguas para nuevos desarrollos productivos a nivel multisectorial, en proyectos relativos al agua rural, incorporación de nuevas tecnologías de riego y diversificación de cultivos". En agosto de 2004, la Corporación Nacional Forestal (Conaf) emitió un informe sobre el proyecto del MOP de habilitar los pozos construidos en el Parque Nacional Lauca, señalando que las perforaciones no cumplían con la normativa ambiental vigente. Causarán la disminución del agua superficial del río Lauca de hasta el 20 por ciento, y la extinción de algunas especies: "Las obras generarán la pérdida de 66 hectáreas de área bofedal, y la disminución del 70 por ciento de especies". Estudios ejecutados por Codeff y la Comisión Aymara del Medio Ambiente (Cadma), han detectado que los pozos del Lauca no tienen paredes sólidas y que las aguas tienen igual características que las superficiales del río, lo que indica que el agua subterránea alimenta al río. El entonces ministro Etcheberry puntualizó que el proyecto no era inminente y que no se iniciará al menos en los próximos dos años.

Magdalena Choque, presidenta de Cadma, duda de los informes oficiales: "El pozo número 4 fue explotado durante un año por Obras Hidráulicas y el resultado fue que se secó el bofedal aledaño. La explicación que dieron fue que había fisuras en el tubo del pozo y que en los otros las van a sellar, pero nada nos garantiza que ese sellado será efectivo. Ya hay filtraciones en el pozo 8", dice. El Parque Nacional Lauca se ubica a 4.600 metros de altura, a las orillas del lago Chungará y fue declarado en 1981 reserva mundial de la biosfera por la Unesco. Los aymara señalan que sólo el uno por ciento del Parque Nacional Lauca es Fiscal, y que el 99 por ciento restante está a nombre de familias que poseen títulos que datan de 1900, pero el gobierno no los reconoce.

A David Esteban le preocupa las decenas de pozos de sondaje situados en el Salar de Huasco y cuyo "evidente destinatario" será la minera Collahuasi: "La extracción de agua afectará la biodiversidad del Salar y la vida de los aymara que habitan Pica. La administración del agua debiera estar bajo control aymara", señala. En el poblado de Parca, la contaminación por micropartículas es responsabilidad de otra minera: Cerro Colorado, a ocho kilómetros del pueblo: "No cuenta con permisos de la Corema respecto de los sistemas de monitoreo que se usan para medir la calidad del aire. Por lo tanto, los datos que recogieron durante todos estos años, no son válidos. El polvo contaminante afecta el agua superficial, flora, fauna y vida humana", dice Arturo Araya.

Zonas en peligro

Laguna Cotacotani: extracción de agua para hidroeléctrica.
Salar de Surire: extracción deulexita (mediana minería).
Lagunillas y Huantija: extracción de agua para minería del cobre.
Salar de Huasco, Coposa y Michincha: extracción de agua para minería del cobre.
Salar de Ascotán: extracción de agua para minería del cobre y minería no metálica.
Salar de Tara y Pujsa: potencial extracción de aguas (derechos concedidos principal afluente y tramitación de explotación para minería no metálica).
Salar de Atacama: extracción de aguas freáticas para minería no metálica, aprovechamiento de aguas superficiales para minería del cobre).
Salar de Punta Negra: extracción de agua para minería del cobre y emplazamiento de tendidos eléctricos.
Salar de Maricunga: extracción de agua para minería del cobre. www.EcoPortal.net

Fotografías:

1. Los aymara basan su economía en la explotación agrícola, los oasis y vertientes a lo largo de Azapa, Lluta, Camarones, Camiña, Tarapacá, Pica y Quillagua.
2. La extracción y explotación del agua por parte de las grandes mineras ha secado los bofedales y quebradas. Continúan tratando de construir pozos. En Chile la explotación del agua es gratis.

(*) Una versión de este artículo fue publicada por Punto Final.

Documental español denuncia 'recolonización' hispana en zona de Alto Bío Bío

23 de Mayo del 2006

Se ha exhibido en más de 40 festivales
Documental español denuncia 'recolonización' hispana en zona de Alto Bío Bío

por  El Mostrador.cl

''Apaga y vámonos'', del catalán Manel Mayol, se centra en las acciones de Endesa en la Araucanía, y las condiciones de vida de las comunidades mapuches, luego de que fueran reubicados para construir la represa de Ralco. La polémica cinta, que no tiene fecha de estreno en Chile, podría sacar más de una roncha con sus ataques.

www.elmostrador.cl

Una suerte de neocolonización española en la zona de la Araucanía. Eso es, para el cineasta catalán Manel Mayol, lo que está haciendo la empresa ibérica Endesa en el Alto Bío Bío. Esa es, también, la teoría que sostiene la cinta “Apaga y vámonos”, que fue estrenada recientemente en España, y que ya ha participado en numerosos festivales internacionales.

El documentalista recorrió el sur de Chile durante el invierno de 2004, rodando un documental sobre las actuales condiciones de vida de los mapuche, de cara a la construcción de la central hidroeléctrica de Ralco. Claro que lo suyo no es indigenismo, sino una ácida mirada del progreso y los costos que implica, especialmente para las culturas ancestrales.

Filmado en cinco semanas, el eje del trabajo está en las acciones de Endesa en la zona y su relación con las comunidades mapuches, a las que reubicó para inundar la zona en la que habitaban. “La idea de Apaga y Vámonos es tratar de denunciar la recolonización de América latina por parte de las grandes corporaciones de origen español. En este caso, Endesa. No nos interesaba contar una historia sobre los indígenas o los pehuenches, con esa visión paternalista de algunos directores. Más bien nos interesaba mostrar a Endesa y sus actuaciones fuera de España”, declaró el realizador en entrevista con Azkintuwe.

Así, ciudades como Praga, Toronto, Munich, Atenas, Foie (Francia) y Varsovia pueden enterarse del proceso por medio del cual fue construida la central y el impacto que ha causado en las comunidades locales. A pesar de tratarse de un tema específico, el director le otorga universalidad con la reflexión acerca de la nueva arremetida ‘colonial’, en este caso de tinte puramente económico.

En entrevista con el diario español El Mundo, Mayol dijo que, además de mostrar este proceso, su interés era denunciar cómo “el Estado chileno -que funciona como una democracia- ha utilizado una ley antiterrorista con testigos sin rostro para castigar a mapuches sin pruebas.”

Según la polémica cinta del cineasta barcelonés –en la que aparecen entrevistados el abogado Roberto Celedón, el senador Alejandro Navarro, y el abogado y ex ministro de Agricultura, Juan Agustín Figueroa, entre otros- “la situación de esos indígenas no ha mejorado nada desde entonces. Siguen igual o peor”.

El filme, que tiene programadas presentaciones en alrededor de cuarenta festivales en todo el mundo, no tiene fecha de estreno en Chile, aunque Mayol asegura que le interesa especialmente saber si los ejecutivos de Endesa en nuestro país la verán.

REALIZARÁN CABILDO CIUDADANO EN TOME POR LOS PELIGROS DEL DUCTO DE CELULOSA NUEVA ALDEA

REALIZARÁN CABILDO CIUDADANO EN TOME POR LOS PELIGROS DEL DUCTO DE CELULOSA NUEVA ALDEA

Comienza a formarse un movimiento fuerte de oposición al ducto en zona de Concepción.

Un cabildo ciudadano que reunirá a la comunidad local y autoridades municipales junto a organizaciones de pesca artesanal, recolectores y buzos mariscadores se realizará mañana martes 21 de marzo a partir de las 14.30 horas, en la comuna de Tomé, actividad civil que pretende nivelar información y plantear estrategias frente al posible peligro ambiental que significaría la construcción del ducto de la Celulosa Nueva Aldea en la zona de Boca Itata.

El encuentro ciudadano se gestionó la semana pasada ante el Consejo Municipal de Tomé por el sindicato de pescadores de Cocholgüe y el sindicato de algueras de Coliumo, y en él se pretende comunicar a la comunidad y a las diversas organizaciones costeras de los peligros para la salud humana y al medio ambiente del emisario submarino que verterá al mar los residuos industriales líquidos (riles) del proceso industrial del Complejo Forestal e Industrial Nueva Aldea.

José Luis Gallego, de la Asociación de Armadores y Productores Pelágicos de la Octava Región (Arpropelar) explicó que uno de los principales objetivos del cabildo es articular la oposición al ducto en lo que es la costa norte de esta Región.

 ¿Partir por Tomé, después por Talcahuano y de ahí por Hualpén y Coronel, sensibilizar a la comunidad y a los distintos actores pesqueros que conforman la comuna para proveer de distintos seminarios e información sobre las consecuencias al corto y al largo plazo que nos va a acarrear la construcción del ducto, enfatizó.

RECURSO DE RECLAMACIÓN

 Amparados por la Ley 19.300 de Bases del Medio Ambiente, las organizaciones pesqueras y la comunidad costera de la Octava Región tiene un plazo de 15 días para presentar un recurso de reclamación ante las autoridades ambientales con las observaciones del Estudio de Impacto Ambiental.

¿Nosotros como Arpropelar y ellos, como comunidad de Tomé ya han hecho sus observaciones, lo que nosotros queremos es que esas observaciones las vuelvan a ratificar en la apelación y está corriendo un plazo de 10 días hábiles para eso¿, puntualizó el vocero.

Más información: José Luis Gallego Carrasco.

Fono: 56 ¿ 9 8180180

E-mail: joseluis_gallegoc@hotmail.com

Ingresado por: Francisco Soto

Pascua Lama y la participación ciudadana

Pascua Lama y la participación ciudadana

UNA DE LAS principales características que han destacado los medios de comunicación del Gobierno de Michelle Bachelet es el alto grado de participación que adquirirán los ciudadanos en la toma de decisiones. Ésta es una esperanza compartida por la sociedad civil en su conjunto y un elemento importante para la consolidación de nuestra democracia.

Por Antonia Fortt   Ingeniera ambiental de Oceana

UNA DE LAS principales características que han destacado los medios de comunicación del Gobierno de Michelle Bachelet es el alto grado de participación que adquirirán los ciudadanos en la toma de decisiones. Ésta es una esperanza compartida por la sociedad civil en su conjunto y un elemento importante para la consolidación de nuestra democracia.

El primer gran momento para confirmar esta pretensión democratizadora se da ahora, en el contexto de la aprobación de Pascua Lama. Los habitantes del valle del Huasco presentaron una serie de reclamaciones para impedir la materialización de este proyecto minero. Esta instancia de participación está contemplada en la ley ambiental y permite que sean los propios afectados quienes tengan influencia directa en el Estudio de Impacto Ambiental (EIA).

Los representantes del Consejo de Defensa del valle del Huasco llegaron hasta la Comisión Nacional del Medio Ambiente (Conama) en Santiago para hacer valer estos derechos y presentar los recursos administrativos, que cuentan con el apoyo de distintas organizaciones sociales y ambientales. Los argumentos de las reclamaciones de los integrantes del consejo del Huasco se sustentan en que el proyecto no asegura que los glaciares no vayan a ser afectados negativamente por el material particulado que genere la minera y que al depositarse en la superficie del hielo produce un aumento de la temperatura, que a su vez puede acelerar el derretimiento.

Las aguas subterráneas bajo la zona de influencia de la mina -bajo los depósitos de estériles y bajo el rajo- pueden verse seriamente afectados también por contaminantes como mercurio y arsénico, al filtrarse hacia la napa. El proyecto no asegura que materiales tóxicos, como el cianuro, no sean transportados por la ladera del río Huasco. Por lo tanto, existe la posibilidad cierta de que un accidente contamine sus aguas. Sumado a estas razones ambientales, sigue en duda la transparencia del proceso de SEIA debido al acuerdo firmado entre algunos directores de la Junta de Vigilancia del valle del Huasco y Barrick Gold, que les pagará 60 millones de dólares para que no se opongan a su proyecto. Y, por otro lado, es insólito que se pida apoyo a la minera para no intervenir las culturas huascoaltinas o apoyar a los agricultores, teniendo en cuenta los graves impactos al suelo y al paisaje que cualquier minera puede traer.

Por todo esto, los habitantes del valle del Huasco tienen el derecho de exigir un nuevo Estudio de Impacto Ambiental previo a una visita de expertos independientes a Pascua Lama. Este proyecto será el primer gran conflicto medioambiental que deberá enfrentar el nuevo Gobierno, y demostrará hasta qué punto la participación ciudadana es efectivamente un elemento central de su gestión. Es la prueba para demostrar lo que ha prometido. Ojalá los habitantes del valle sean escuchados y de esta forma se impida una catástrofe ambiental que se avizora con la materialización de Pascua Lama.

Ingresado por: Francisco Soto
Fuente: La Nación

Alerta verde para Bachelet

Alerta verde para Bachelet

Problemas y conflictos ambientales para el próximo Gobierno

Alerta verde para Bachelet

La contaminación de aguas fluviales y marinas, los basurales y la sobreexplotación pesquera y forestal son los grandes conflictos ambientales que enfrentará el Ministerio de Medio Ambiente que creará Michelle Bachelet. Eso, sin contar problemas como la depredación del bosque nativo, la desertificación de los suelos y varios miles de especies animales y vegetales en peligro de extinción. Todos son problemas directamente relacionados con el modelo de desarrollo económico.

www.lanacion.cl

Nación Domingo   Por Elizabeth Harries, Claudio Salinas y Hans Stange
 

EL AGUA

El acceso al agua es un problema en todo el norte de Chile, más grave aun cuando actividades industriales utilizan y ensucian los ríos que alimentan frágiles valles agrícolas o que sustentan diversos ecosistemas. Es el caso de las quebradas de Lluta y San José, donde más de cien especies de aves están amenazadas por el relave de pequeñas mineras, o la extracción de aguas subterráneas de la laguna del Huasco por parte de la minera
Collahuasi. Esas mismas aguas alimentan la pampa del Tamarugal y poblaciones como Iquique, Pica y Matilla.
No es un problema de fácil solución, pues la actividad minera representa una parte muy importante del producto bruto de la región.
 

ANTOFAGASTA: EL ARSÉNICO

Antofagasta, en la II Región, es una verdadera trampa para sus habitantes. Los niveles de arsénico en el agua potable de la ciudad son cuatro veces más altos que los que la Organización Mundial de la Salud considera tolerables, a pesar de que están dentro de la norma chilena. De hecho, registran los índices más altos del país en cuanto a muertes por cáncer a la vejiga, pulmón y piel; además de cáncer a los riñones, hígado y próstata.
 

ESAS ODIOSAS MINERAS

En 2002, Conama aprobó un proyecto para la explotación de cobre y oro en el cerro Casale, en la III Región. Se trata de una inversión de más de 1.600 millones de dólares de la compañía canadiense Placer Dome, que involucra una mina a tajo abierto, plantas y depósitos de relave y filtrados. Las instalaciones se ubican en el cerro Casale y en el puerto de Caldera, ambos conectados por un acueducto que cruza nada menos que por el medio de dos parques nacionales: Nevado Tres Cruces y la Laguna del Negro Francisco. El impacto del proyecto es enorme: consumirá casi mil litros de agua por segundo y contempla la utilización de cianuro para la lixiviación de los minerales.
Pero si se trata de mineras, la madre de todos los conflictos es hoy Pascua Lama, una inversión de la compañía canadiense Barrick Gold por más de 1.700 millones de dólares para la explotación de yacimientos de oro a 130 kilómetros de Vallenar. Los opositores al proyecto son otros sectores productivos (agrícolas y vitivinícolas) que temen que sus aguas sean contaminadas por los relaves de la minera. También ven amenazado el ecosistema y los cultivos del valle de Huasco ante la posibilidad de que se remuevan glaciares milenarios.
 

LA NUBE NEGRA DEL CARBÓN

Desde 1998, varias centrales termoeléctricas que suministran energía para el Norte Grande, Guacolda y Gener entre ellas, comenzaron a utilizar petcoke, un residuo del carbón y las borras de petróleo más barato que el carbón puro y que tiene usos combustibles. La idea era reducir los costos para competir con el gas natural. Cuando el suministro del gas se descontinuó desde Argentina, el petcoke cobró aún más valor.
El problema es que la combustión de este residuo incrementa las partículas de dióxido de azufre, níquel y vanadio, los que son respirados directamente por las poblaciones de Mejillones y Tocopilla. Y mientras más impuro –y, por tanto, más contaminante–, más barato. Un material con altas concentraciones de azufre puede llegar a costar tan sólo un dólar la tonelada y, de todas formas, es en promedio un 20% más barato que el gas natural.
 

MUERAN LAS INDUSTRIAS

Los ecologistas de la V Región han señalado como sus enemigos a los complejos industriales. La refinería Ventanas ha sido denunciada por saturar su área con emisiones de dióxido de azufre, nocivo para el aparato respiratorio humano. En 2002 se presentó un incendio en la planta, y al año siguiente hubo un derrame de petróleo en el puerto de Ventanas. Pese a ello, en 2003 se le otorgó el Premio a la Gestión Ambiental.
Otra planta de historial polémico es la Refinería de Petróleo Concón (RPC). En los últimos años ha sido multada en varias ocasiones por accidentes asociados a la fatiga de material y casi nulas medidas de seguridad. En mayo de 2002, la RPC derramó más de 35 mil litros de petróleo crudo en la desembocadura del río Aconcagua. La planta produce mil toneladas diarias de petcoke con altos niveles de azufre, que son distribuidas a varios mercados nacionales e internacionales.
Las centrales termoeléctricas San Isidro y Nehuenco I también han estado en el ojo de los “verdes” desde que comenzaron a operar con petróleo en lugar de gas natural. En el caso de la central Nehuenco no existe un oleoducto, por lo que el transporte debe hacerse mediante camiones cisterna. Los agricultores del valle de Aconcagua reclaman que se afectará la producción y exportación frutales. Claro, las centrales representan una inversión conjunta de 440 millones de dólares, bastante más que la inversión agrícola de la región.
 

SANTIAGO, EL HOYO NEGRO

Si de contaminación se trata, la capital saca el premio mayor. Erosión de los suelos, calcificación de las tierras de hoja, ruidos excesivos, esmog... La contaminación acústica de Santiago sobrepasa largamente el límite de 65 decibeles, lo que genera que el 80% de la población esté expuesta a algún tipo de sordera, mientras el 70% presenta algún tipo de trastorno del sueño.
La expansión de la ciudad trae aparejados, además, diversos problemas relativos a la inutilización de los suelos, la concentración de población y la pérdida de paisajes naturales. En diez años se urbanizaron casi siete mil hectáreas de terreno aledañas a la ciudad.
Otro problema es el esmog. En Santiago sobra el ozono, las partículas suspendidas, el monóxido de carbono, el dióxido de nitrógeno y de azufre. Más del 50% de esta contaminación es producida por el transporte. Sus efectos sobre las personas son variados y conocidos: alergias, migrañas, irritación de las mucosas y enfermedades bronconeumonales. Para los asmáticos, por supuesto, es un infierno.
 

POR CULPA DE LA HIERBA MALA

El daño ambiental que provocan las empresas que utilizan pesticidas afecta al suelo, al aire y a la salud de las personas. En la VI Región se estima que casi la mitad de la población se encuentra expuesta, en diversos grados, a estos agroquímicos.
El hospital de Rancagua elaboró un estudio sobre los recién nacidos con malformaciones congénitas, el cual determinó un riesgo atribuible del 40% de concebir un hijo con malformaciones debido a las exposición de los padres a los plaguicidas.
 

POSIBLES VINOS CON SABOR A HUMO

A 17 kilómetros de Rancagua, en la comuna de Requínoa, la empresa Gener (EEUU) pretende instalar la central termoeléctrica Totihue. Esta inversión alcanzaría los 345 millones de dólares. Cerca de esta localidad se ubica el 10% de las productoras de vino de exportación del país, cuyas ventas representan entre 20 y 25% de los casi 600 millones de dólares anuales que Chile exporta. Aquí también se encuentra el 95% de la inversión francesa en viñas nacionales.
La posible instalación de una planta generadora en este lugar pone en riesgo el prestigio de la producción limpia, certificación que ha puesto a Chile entre uno de los más cotizados productores mundiales de vino y fruta.
 

NUEVA ALDEA, VIEJOS PROBLEMAS

La planta de celulosa Nueva Aldea (ex Itata) es un proyecto de la empresa Celco, que está operativo en su primera fase desde diciembre de 2004. La segunda fase se pretende poner en marcha en el primer semestre de 2006. Ubicada en la comuna de Ranquil, a 30 kilómetros de Chillán, su construcción estima una inversión de mil millones de dólares.
Ya hace unas semanas la planta Nueva Aldea fue protagonista del primer accidente radiactivo de nuestro país, cuando tres trabajadores sin preparación ni equipos de seguridad apropiados fueron irradiados por una cápsula de iridio perdida.
 

SALMONES EN FUGA

Los principales problemas que produce la salmonicultura son el exceso de sedimentos en el fondo marino (alimentos y fecas), el escape o fuga de salmones que pueden depredar a otras especies, e incluso la contaminación visual que afecta al ámbito del turismo.
La salmonicultura se ha convertido en un sector estratégico para la economía de la X Región, constituye la principal fuente de empleos y el mayor rubro de exportaciones de la zona, alcanzando un 80%.
Los salmoneros pretenden duplicar sus retornos hacia el 2010, con miras a trasformarse en el primer productor mundial. Proyectan ganancias por sobre los 2.250 millones de dólares en el período (2003-2010).
 

EL DESAMPARO DEL ALERCE

En Chile existen 263 mil hectáreas de alerce, un 7,3% de todo el bosque nativo de la X Región. En nueve años se han presentado 268 denuncias por tala ilegal de alerce o incumplimiento de los planes de manejo. Estimaciones ambientalistas señalan que el negocio de la tala ilegal ha generado cerca de 150 millones de dólares en ganancias, las cuales se obtienen principalmente producto de las exportaciones clandestinas.
 

EL PATITO FEO DE CELCO


La planta Valdivia, ubicada en la comuna de San José de la Mariquina, pertenece a la empresa Celco (grupo Angelini). Actualmente está en funcionamiento y su inversión alcanzó los 1.200 millones de dólares.
La firma se ha visto envuelta en numerosas irregularidades en relación al impacto ambiental que ha provocado su funcionamiento. Es conocido el desastre de los cisnes en el santuario de Río Cruces, y algunos ambientalistas estiman que las actividades de Celco afectarán más de 2.500 empleos directos e indirectos asociados a los tranques fluviales.
Lo que ahora preocupa es la posibilidad de que los “riles” (residuos industriales líquidos) se descarguen directamente al mar.
 

La planta Valdivia, ubicada en la comuna de San José de la Mariquina, pertenece a la empresa Celco (grupo Angelini). Actualmente está en funcionamiento y su inversión alcanzó los 1.200 millones de dólares. La firma se ha visto envuelta en numerosas irregularidades en relación al impacto ambiental que ha provocado su funcionamiento. Es conocido el desastre de los cisnes en el santuario de Río Cruces, y algunos ambientalistas estiman que las actividades de Celco afectarán más de 2.500 empleos directos e indirectos asociados a los tranques fluviales.Lo que ahora preocupa es la posibilidad de que los “riles” (residuos industriales líquidos) se descarguen directamente al mar.

RÍOS DE AGUA VIVA

La región de Aysén es la más rica del país en aguas dulces. Posee el 31% del caudal nacional, más las reservas de siete mil kilómetros cuadrados de los Campos de Hielo. Existen cuatro proyectos hidroeléctricos por parte de Endesa, que esperan ser implementados en los próximos 15 años: dos en el río Baker (Chacabuco y El Saltón) y dos en el río Pascua (Pascua y San Vicente), que significan 2.800 megavatios de potencia, con una inversión de 1.500 millones de dólares.
Los derechos de Endesa provienen de cuando la empresa pertenecía a la Corfo, que fueron entregados en los años ’50. Colbún y Gener también poseen autorizaciones para la generación de 1.300 megavatios.
Este proyecto, aún no materializado, cuenta con la desaprobación de los ambientalistas, que temen que la construcción de un embalse inunde zonas en donde la flora y la fauna son una reserva de vida para el planeta. LND