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Centros Chilenos en el Exterior

Ex conscriptos revelan identidad del Príncipe

Ex conscriptos revelan identidad del Príncipe

Miércoles 27 de mayo de 2009   

 Por L. Narváez / A. Carmona / La Nación 

Se trataría del ex teniente Nelson Haase Mazzei

 Ex conscriptos revelan identidad del "Príncipe"

José Adolfo Paredes Márquez fue sometido a proceso como uno de los autores materiales del crimen del Víctor Jara. Su declaración dejó al descubierto la participación de quienes estaban al mando del pelotón. Haase, posteriormente, fue miembro de la DINA y a pesar de las imputaciones niega haber pisado el Estadio Chile.

Foto: José Adolfo Paredes Márquez (arriba), disparó hacia sus superiores en su paso por tribunales. El otro ex conscripto, Francisco Quiroz Quiroz, (a la ezquierda), fue dejado en libertad. Fotos: Leandro Chávez  

 La jornada más importante que se recuerde en el proceso judicial que busca determinar a los asesinos del cantautor Víctor Jara, se vivió ayer en tribunales.

Por primera vez, se sometió a proceso como autor material de homicidio a una persona que confesó haber sido uno de los fusileros que lo acribilló el 15 de septiembre de 1973.

Pero también, quedó claro que tras este paso, viene otro tan o más decisivo que este: identificar al oficial que dio la orden de muerte.

Las últimas diligencias realizadas por la Brigada Investigadora de Delitos contra los Derechos Humanos de la PDI permitieron ir sustentando la nueva tesis de que el cantante y actor fue ultimado en el interior del Estadio Chile.

También, se estaría comprobando que en el hecho participó un contingente del Regimiento de Ingenieros Tejas Verdes, con asiento en San Antonio, Región de Valparaíso, que estaba al mando de Nelson Edgardo Haase Mazzei, como teniente y Pedro Barrientos, como subteniente.

El nombre de Haase es absolutamente nuevo en la retina de todos los actores que hasta hoy participan como querellantes en este caso.

Se trata de un oficial que, trascendió, tenía una férrea doctrina de mando durante esos días, la que se vio reflejada en su ascendente carrera que lo llevó a integrar, al año siguiente, la primera camada de la Dirección de Inteligencia Nacional, DINA.

La semana pasada, tras haber interrogado a varios de los ex conscriptos que estuvieron en el Regimiento de Tejas Verdes, cumpliendo el servicio militar, la policía dio con el testimonio de José Adolfo Paredes Márquez (54).

Ante los detectives reconoció haber formado parte del pelotón que fusiló a Víctor Jara. Cuando los policías lo llevaron para que declarara lo mismo ante el juez Juan Fuentes Belmar, el hombre titubeó, pero mantuvo su decisión, junto con dar varios nombres de compañeros de arma de ese momento.

Tras quedar detenido e incomunicado ese día -tal como lo adelantó La Nación en su edición de ayer-, el ex soldado se reasentó ayer, nuevamente, ante el juez con la intención de retractarse.

La incomunicación es una medida del viejo sistema procesal penal que quedó anulada con la nueva justicia, por considerar que vulnera garantías de los imputados.

Durante cinco días, el ex conscripto no tuvo ningún contacto con el exterior ni con su familia; no tuvo derecho a asearse en una ducha ni tuvo entretención de ningún tipo.

Solo en la celda de aislamiento de la Cárcel de Alta Seguridad, el hombre volvió a enfrentar al juez con la intención de retractarse.

Entre llantos, Paredes expuso esto ante Fuentes, sin embargo, la decisión del magistrado no varió: lo sometió a proceso, pero levantó la incomunicación.

LA ORDEN

Junto con Paredes, también estuvo detenido otro conscripto. Pero finalmente, Francisco Quiroz Quiroz (55), corrió con otra suerte porque el juez lo dejó en libertad por falta de antecedentes.

Otros dos ex conscriptos concurrieron al tribunal para entregar su testimonio. Uno de ellos, Carlos Espinoza, negó haber formado parte de ese destacamento, pero confirmó que fueron dos secciones de la Segunda Compañía de Tejas Verdes las que estuvieron destinadas a labores de custodia de prisioneros en el Estadio Chile.

"Yo no participé en eso. Todos conocíamos a Víctor Jara y escuchamos que estaba allí. Pero nosotros no fuimos".

A su paso desde el despacho privado del juez (en el cuarto piso del Palacio de Tribunales) hasta el calabozo del tribunal (en el subterráneo), Paredes confirmó que formó parte de ese tribunal.

"Yo era un simple pelao, los altos mandos son los responsables". El ex conscripto confirmó que había entregado el nombre de sus superiores jerárquicos.

Uno de esos nombres, el de Haase Mazzei, es el que capta en estas horas la atención, tanto del tribunal como de la policía.

Al terminar su jornada, el magistrado confirmó que "se decretaron varias diligencias para recabar más antecedentes, pero no puedo pronunciarme sobre el contenido".

Sin embargo, fuentes consultadas por La Nación confirmaron que una de las órdenes de investigar corresponde a determinar la participación del ex teniente en los hechos que se están configurando.

El abogado querellante, Nelson Caucoto, dijo que "donde hubo acción de un conscripto hay la orden de un oficial y deben ser tratados con el máximo rigor de la ley, porque los soldados solo fueron la carne de cañón".

El profesional valoró la colaboración de los conscriptos y aseguró que "ellos son la clave para identificar a los autores intelectuales e insisto en un llamado para que colaboren. Nosotros no los hemos perseguido, no nos interesa, prueba de ello son los caso de Paine donde se procesó a los altos mandos y no a los de más bajo rango".

En las próximas horas se determinará si Haase fue quien dio la orden y si finalmente cumple o no con la descripción del llamado "Príncipe".

La nueva hebra

El ministro de fuero Juan Eduardo Fuentes Belmar sometió a proceso como autor de homicidio calificado del cantante Víctor Jara al ex conscripto José Adolfo Paredes Márquez (54).

Éste formaba parte del contingente de 60 hombres que envió Manuel Contreras desde el Regimiento de Ingenieros de Tejas Verdes al Estadio Chile. Tras su confesión, quedó al descubierto la identidad del jefe de la sección de la segunda compañía de dicha unidad militar: Nelson Haase Mazzei.

El teniente estuvo al mando del grupo que el 15 de septiembre de 1973 acribilló con 44 balazos al cantor popular al interior del Estadio Chile. La Brigada de Derechos Humanos de la PDI tiene en su poder una orden judicial para investigar la responsabilidad de Haase Mazzei en el crimen.

En conversación con La Nación, el ex teniente negó toda participación en el asesinato y aseguró que el día de los hechos estaba en el sur del país.

Haase pasó a ocupar un puesto en la lista de sospechosos de ser el personaje que los prisioneros del Estadio Chile sindican como el “Príncipe”.

Durante las diligencias realizadas ayer, el juez dejó en libertad por falta de antecedentes a otro ex conscripto, Francisco Quiroz Quiroz.

Nelson Caucoto, abogado querellante, dijo que lo que importa ahora es la detención de los oficiales y que no perseguirán a los jóvenes que, en esa época, apenas sobrepasaban los 18 años y cumplían órdenes de superiores.

 

 

 

DECLARACIÓN PÚBLICA DEL MOVIMIENTO DE LOS PUEBLOS Y LOS TRABAJADORES ANTE LA MUERTE DE MAURICIO MORALES

DECLARACIÓN PÚBLICA DEL MOVIMIENTO DE LOS PUEBLOS Y LOS TRABAJADORES ANTE LA MUERTE DE MAURICIO MORALES

Por MPT (Chile) 

Lunes, 25 de mayo de 2009 

Mauricio Morales Duarte tenía 27 años, era estudiante de Historia e hijo de una familia obrera. Fue profesor rural y organizó una biblioteca del pensamiento humanista. De acuerdo a versiones difundidas profusamente, durante las primeras horas del viernes 22 de mayo, Mauricio fue víctima trágica del estallido de un explosivo de fabricación artesanal, en el sector Avenida Matta, en Santiago de Chile.

Inmediatamente después del infeliz acontecimiento, el Estado y sus policías desplegaron un operativo arbitrario y sobreactuado sobre viviendas donde habitan jóvenes que simpatizan con la cultura anarquista, corriente de pensamiento fundada en la emancipación social, la libertad, la igualdad y el antifascismo. La prensa de los que mandan ha afirmado, sobre suposiciones no comprobadas, que Mauricio estaría vinculado a un conjunto de acciones "reñidas con la ley".

Los medios de comunicación de masas, sujetos a los intereses de la minoría oligárquica que gobierna en Chile, han transformado la muerte de Mauricio en un espectáculo sensacionalista, sin contexto, cuyo tratamiento periodístico es un ejemplo inmoral de cómo se intenta manipular groseramente a la opinión pública. De paso, los medios de quienes dominan, colaboran obedientemente con la construcción de condiciones para legitimar la represión policial, la impunidad, los allanamientos a discreción, las detenciones y hasta la incautación de computadores y literatura.

Mientras cada día que pasa, los efectos de la crisis capitalista mundial golpean con mayor violencia a los pueblos y los trabajadores chilenos, multiplicando la cesantía y la mala vida, el bloque en el poder emplea cualquier medio -desde la gripe porcina hasta la muerte infortunada de un joven rebelde- para tratar de que las grandes mayorías se atemoricen y posterguen su organización necesaria para enfrentar las calamidades de la crisis.

Más allá del debate sobre las formas, el Movimiento de los Pueblos y los Trabajadores solidariza fraternalmente con la familia, los amigos y compañeros de Mauricio Morales que en esta hora dura son objeto de amedrentamientos y represión, y condena el uso mediático y policial de la muerte de un joven cuyos ideales son parte de la lucha definitiva por acabar  con una sociedad estructuralmente injusta, desigual y opresora.

Movimiento de los Pueblos y los Trabajadores - MPT

Ejecutivo Provisorio

Santiago de Chile

Mayo 23 de 2009

 

C A M P A Ñ A: ¡NO A LA VIOLENCIA ESTATAL Y RACISMO INSTITUCIONAL EN CHILE!

C A M P A Ñ A: ¡NO A LA VIOLENCIA ESTATAL Y RACISMO INSTITUCIONAL EN CHILE!

Carta Abierta al Gobierno de Chile y Senadores/As de la República:

¡Fin a la Violencia estructural y al racismo institucional del Estado chileno contra los Pueblos Indígenas!

Quienes suscriben, en representación de expresiones de ciudadanía, de organizaciones y movimientos sociales concientes y solidarios, vienen a expresar ante Uds. nuestra preocupación por la grave situación que vienen enfrentando los Pueblos Indígenas con respecto a sus Derechos Humanos y como consecuencia de violentas políticas de Estado.

- Los Pueblos Indígenas han tenido que sufrir en el devenir histórico agresivas políticas racistas, colonialistas, genocidas, patriarcales, de enorme violencia estructural, las que, lamentablemente, se siguen proyectando hasta nuestros días, particularmente a causa de nefastos proyectos de industrias extractivas y energéticas (Forestales - celulosas - Obras Viales - basurales - Plantas químicas - Hidroeléctricas - Pesquera - Mineras - Aeropuerto - entre otras) a favor de grupos económicos y en desmedro de grandes mayorías, sus Derechos, sus soberanías, su seguridad colectiva, de bienes comunes y el medio ambiente.

- Asimismo, frente a la falta de control del estado, más bien, su complicidad y/o sometimiento, existen reiterados abusos cometidos por Corporaciones económicas, causando graves daños e impactos a los tejidos sociales y sus organizaciones ancestrales, políticas que para más, en reiteradas ocasiones, vienen acompañadas de acciones estatales represivas y brutales, de criminalización, judicialización y persecución política contra la protesta social de personas y organizaciones que son vistas como "enemigos internos".

- Ante esto, hacemos un urgente llamado a Uds. Que se dice, son las representaciones públicas y populares de la ciudadanía y de los Pueblos, dentro de la estructura del estado chileno, a velar por ello y a reaccionar y trabajar activamente para terminar con este tipo de prácticas de sistemáticas violaciones de Derechos Humanos, como asimismo, para la protección efectiva del medio ambiente, del planeta, en la cuota que corresponde en este País frente al calentamiento global y a no seguir avalando actividades industriales dañinas y contaminantes. Es su deber hacerlo.

- Asimismo, hacemos un urgente llamado a retirar el actual Proyecto de Reforma Constitucional que no recoge el sentir profundo y mayoritario de las organizaciones indígenas en Chile; y que tampoco se ubica a la altura del estándar internacional sobre los Derechos Indígenas. Imponer, que la nación chilena es única e indivisible y negar que los Pueblos Indígenas sean sujetos y titulares de sus Derechos, y solo reconocerlos en aspectos identitarios, culturales y folklóricos, son actos de mala fe, de racismo institucional y que contraviene la progresividad en estas materias que ocurre en el mundo. De suceder, seria un enorme retroceso y una muy mala señal internacional.

- Del mismo modo, conminamos a implementar como corresponde, la obligación del estado chileno para un proceso de consulta sobre Reforma Constitucional, que debe recoger las normas internacionales (Convenio 169 de la OIT y Declaración de las Naciones Unidas sobre los Derechos de los Pueblos Indígenas), atendiendo a los mecanismos y formas de implementación y que han sido recomendadas por el propio Relator de las Naciones Unidas sobre Pueblos Indígenas, Sr. James Anaya.

- Más aún todavía, anhelamos por el bien de Chile y sus Pueblos, que existan las aperturas necesarias para que no se siga anclado al pasado con una constitución hecha en su origen por poderes de facto y dictatorial; y se abra un nuevo proceso constituyente, se terminen los reformismos y se asuman temas de fondo para la transformación de un Estado tendiente a una mayor y mejor democracia, participación, inclusión, respeto y tolerancia, bajo la premisa del reconocimiento de su diversidad y resguardo a las soberanías de los Pueblos.

Agradeciendo vuestras atenciones y consideraciones.

 

 

Polémica portada de diario peruano contra Bachelet

Polémica portada de diario peruano contra Bachelet

Martes 26 de mayo de 2009  | 13:20   

 Lanacion.cl 

 El periódico La Razón catalogó de "bocones" a la Mandataria, al ministro de Defensa Francisco Vidal y al almirante de Armada Rodolfo Codina y los retrató con una especie de mordaza en sus bocas.

Foto: Esta es la portada de hoy del diario La Razón.  

El diario La Razón de Perú publicó hoy una provocativa portada que decía "Basta de Payasadas ¡Cuadran a bocones chilenos!", con una foto en donde aparecían la Presidenta Michelle Bachelet, el ministro de Defensa Francisco Vidal y el almirante de Armada Rodolfo Codina presenciando la parada del 21 de mayo en Valparaíso, pero con una especie de mordaza en sus bocas.

El periódico reaccionó de esta manera en contra de las declaraciones de Codina, que señaló que nuestro país poseía la segunda Armada más poderosa de Latinoamérica.

La publicación aparece con declaraciones del presidente de la Comisión de Defensa del congreso peruano, Edgar Núñez, afirmando que "en América Latina el Perú tiene una tradición, hace más de 20 años, de tener capacidad de destrucción a través de nuestros submarinos, un sumergible de nuestro país tiene la capacidad de dar en el blanco a 160 kilómetros mar adentro, no tenemos que asustarnos ni preocuparnos de sus bravuconadas que no ayudan a consolidar la paz de la región".

Yehude Simon, presidente del Consejo de Ministros, añadió que Chile busca "provocar constantemente" y que "así como Codina sostiene que Chile tiene el mayor poderío naval, nosotros podemos decir que tenemos los mejores marineros del mundo".

Otro que se refirió al tema fue el ex comandante general del Ejército peruano, Edwin Donayre, diciendo que "hay un lenguaje verbal ofensivo y provocador por parte de Chile desde que Perú presentó su demanda de límites marítimos en la Corte de la Haya. Y va en aumento".

Además pidió "la participación de Cascos Azules de la ONU en la frontera con Chile para que observen la situación y se eviten esos posibles roces".

 

 

Los estremecedores testimonios de cómo y quiénes asesinaron a Víctor Jara

Los estremecedores testimonios de cómo y quiénes asesinaron a Víctor Jara

Enviado por ALERTA CIPER

26 Mayo, 2009.

A casi cuatro meses de conmemorarse 36 años de la muerte del destacado folclorista chileno, el tesón de su viuda Joan Turner y de sus hijas, logró que la investigación judicial llegara al punto que se creía imposible: individualizar al grupo de oficiales y conscriptos que perpetraron el asesinato. Las confesiones de los involucrados, entre ellos un conscripto que participó en forma directa en el crimen, permiten conocer las estremecedoras últimas horas de vida de Víctor Jara: un subteniente jugó a la ruleta rusa con él hasta que le descerrajó un tiro en su cabeza. Después ordenaron acribillarlo en un camarín de un subterráneo del Estadio Chile. También revelamos la historia nunca antes contada de cómo se rescató su cuerpo desde la Morgue. Junto al artista, fueron acribilladas otras 15 personas, entre los que se encontraba el ex Director de Prisiones, Litre Quiroga. Los detalles del homicidio fueron recabados en la presente investigación de Ciper.

Por Jacmel Cuevas P, especial para CIPER

El caos, la incertidumbre y el miedo que reinaron en el país durante los primeros días tras el golpe militar de 1973 parecían, hasta ahora, haberse conjugado de manera perfecta para que el asesinato del destacado folclorista Víctor Jara siguiera siendo un enigma judicial, llevando incluso al juez que instruye el proceso, Juan Eduardo Fuentes, a cerrar el caso a mediados del año pasado, con un solo procesado como responsable del crimen: el comandante (r) César Manríquez Bravo, jefe del improvisado campo de prisioneros que se instaló en el Estadio Chile a partir del 12 de septiembre de ese año.

La decisión del magistrado fue cuestionada por los querellantes del caso, quienes incluso obtuvieron el respaldo del entonces subsecretario del Interior Felipe Harboe, para pedir la reapertura de la investigación, llamado al que se sumaron varios parlamentarios de la Concertación. La urgencia por revocar la decisión de Fuentes fue tal que incluso la autoridad gubernamental se sumó al emplazamiento público que hizo la viuda del artista, Joan Turner, para que cualquiera de las cerca de 6.000 personas que pasaron por el recinto deportivo en esa fecha (entre detenidos y uniformados), que pudiera tener antecedentes del asesinato se acercara a entregarlos, incluso, bajo la más estricta reserva.

Nelson Caucoto, abogado de la familia Jara Turner, relata que se recibieron muchas colaboraciones que podían aportar a esclarecer el homicidio, lo cual le permitió presentar un escrito solicitando más de 90 nuevas diligencias al juez. Y Juan Eduardo Fuentes reabrió el caso.

Sin embargo, ninguno de estos datos entregó pistas concretas para llegar a los responsables del crimen, cuyas identidades quedaron bajo el secreto de un grupo reducido de oficiales y conscriptos que estuvieron a cargo de interrogar a los detenidos en los camarines ubicados en los subterráneos del Estadio Chile. Fue la exhaustiva búsqueda de los conscriptos de distintos regimientos que estuvieron después del golpe en el Estadio Chile, la que terminó por dar las pistas de quienes fueron los uniformados que ultimaron con ráfagas de fusil a los cerca de 15 detenidos -entre ellos Víctor Jara- que fueron apartados de los restantes prisioneros al producirse su traslado al Estadio Nacional, entre el 16 y 17 de septiembre de 1973.

Las primeras horas del final

En la madrugada del 11 de septiembre de 1973, personal de varios Regimientos militares ubicados en regiones se trasladaron a Santiago, bajo la excusa de realizar los preparativos de la Parada Militar, para conmemorar el día de las Glorias del Ejército. Así arribaron a Santiago las unidades de La Serena y el Maipo, las que se constituyeron en el Regimiento Tacna. Otros efectivos provenientes de Calama y de la Escuela de Ingenieros de Tejas Verdes - comandada por el coronel Manuel Contreras Sepúlveda, quien a los pocos días iniciaría la organización de la Dirección de Inteligencia Nacional (DINA)- lo hicieron en las dependencias de Arsenales de Guerra.

Cerca de las cinco de la mañana de ese día, las tropas apostadas en esta última repartición fueron informadas del golpe de Estado, bajo la arenga del teniente Pedro Barrientos, quien los emplazó a participar en la toma del territorio capitalino bajo la premisa que en esa misión no habían rangos, que todos eran importantes en ese crucial y patriótico acontecimiento. El episodio ha sido relatado en las declaraciones judiciales de varios conscriptos de los regimientos Maipo y Tejas Verdes que llegaron desde la Quinta Región.

Tras el bombardeo a La Moneda y la muerte de Salvador Allende, cerca de 600 estudiantes y profesores se amotinaron en la Universidad Técnica Metropolitana (actual USACH) para resistir la ocupación militar. Sin llegar a producirse enfrentamientos, ya que casi no tenían armas, fue muy poco el tiempo durante el cual pudieron oponerse a la entrada de los uniformados.

Pasadas las dos de la tarde del 12 de septiembre comenzó el desalojo de los académicos y alumnos. Entre escenas de gran violencia y dramatismo fueron detenidos y trasladados al Estadio Chile. En ese grupo se encontraba Víctor Jara Martínez, profesor de esa casa de estudios. El procedimiento fue dirigido por el entonces capitán Marcelo Moren Brito, quien luego se transformaría en uno de los más temidos agentes operativos de la DINA. Al momento de ingresar al Estadio Chile, convertido en campo de prisioneros, a los detenidos se les quitaban sus especies de valor, se les anotaba su nombre y filiación política.

Antes de ello, durante la tarde del 11 de septiembre, después de encargarse del funeral de Salvador Allende, el comandante César Manríquez fue encomendado por el general Arturo Viveros (jefe del CAAE) para crear el primer recinto de detención que se debía instalar en el Estadio Chile. A la mañana siguiente, Manríquez se constituyó en el recinto. Poco después comenzaron a llegar los miles de detenidos que arribaban en buses de la locomoción colectiva y camiones del Ejército.

Según las propias declaraciones de Manríquez que, hasta ahora, era el único procesado en el caso, lo ocurrido al interior del recinto deportivo -construido sólo cuatro años antes de los hechos- era un escenario "dantesco" debido a la gran cantidad de prisioneros (5.600, según sus cálculos). El ex uniformado asegura que sólo contó con personal de apoyo del CAAE para custodiar el recinto, pero que en los subterráneos del edificio se constituyeron oficiales de Inteligencia de las distintas Fuerzas Armadas, cuyas identidades desconocía, ya que no habrían estado bajo su mando.

Esa es la razón con la que justificó haber montado una escena de terror para amedrentar a los detenidos. Colocó dos ametralladoras punto 50 -usadas en la Segunda Guerra Mundial- en los balcones del edificio, las que eran publicitadas por los parlantes como las "sierras de Hitler, capaz de partir a una persona en dos". En el segundo piso también se instalaron potentes focos de luz, que permanecían encendidos día y noche, provocando que todos los que permanecieron al interior del Estadio perdieran la noción del tiempo.

Los primeros días de encierro fueron caóticos, ya que incluso se reventaron algunos alcantarillados, generando problemas de insalubridad. Tampoco tenían alimentos ni para los soldados ni menos para los prisioneros. La escasez de comida incluso provocó que los mismos militares saquearan negocios aledaños al recinto. Sólo al cuarto día, el 16 de septiembre, se recibieron algunas raciones para los soldados, según declaró el capitán David González Toro, encargado de abastecimiento del recinto.

Se desconoce la hora a la que ese miércoles 12 de septiembre arribaron los miembros de los servicios de Inteligencia de las Fuerzas Armadas. Lo que sí se sabe es que, tras su llegada, comenzaron a interrogar a los detenidos. Todo se anotaba en una ficha previamente confeccionada, donde se consignaba el nombre, la cédula de identidad, domicilio, filiación política, antecedentes de la detención y observaciones. En la parte inferior del documento, se añadía un pronunciamiento del interrogador en el que debía calificarlo como prisionero bajo las siguientes premisas: ley de control de armas, marxista o comunista y sobre la necesidad o no de someterlo a Consejo de Guerra.

Según diversos testigos que han declarado en el caso, previo al traslado al Estadio Nacional hubo muchos hechos de violencia en contra de los prisioneros. Se ha determinado que al menos tres personas habrían perdido la vida en las graderías del recinto. Una persona de contextura pequeña y delgada que muchos confundieron con un niño y que en un acto de desesperación se abalanzó sobre un conscripto, quien reaccionó descargando una ráfaga en su abdomen. Según testimonios, el comandante Manríquez felicitó al soldado por su "heroica labor". Otro prisionero se lanzó del segundo piso gritando ¡Viva Allende!, mientras que un hombre joven fue muerto a golpes de culata en su cabeza por haberse negado a cumplir órdenes de los militares.

A esta cifra se suman otras 15 personas que habrían sido acribilladas junto a Víctor Jara en los subterráneos del Estadio, según la confesión del primer hombre en ser individualizado por la justicia como uno de los autores del asesinato del destacado folclorista.

Los hombres de Tejas Verdes

En sus declaraciones, todos los conscriptos que viajaron desde la Escuela de Ingenieros de Tejas Verdes (dirigida entonces por el coronel Manuel Contreras) a Arsenales de Guerra, en Santiago, coinciden en que las tropas venían bajo el mando del capitán Germán Montero Valenzuela, sumando un contingente de aproximadamente un centenar de soldados y una veintena de oficiales.

El 12 de septiembre, al llegar al Estadio Chile, el contingente quedó a cargo del comandante Mario Manríquez. Entre los oficiales que participaron en esta misión, los conscriptos mencionan a los tenientes Nelson Haase y Rodrigo Rodríguez Fuschloger, y a un subteniente que tendrá un papel decisivo en el asesinato de Víctor Jara.

La primera confesión que obtuvo el juez Fuentes sobre el crimen fue la del ex conscripto José Alfonso Paredes Márquez (55 años). El entonces joven de 18 años llegó a Santiago durante en la madrugada del 11 de septiembre de 1973, proveniente de la Escuela de Ingenieros de Tejas Verdes, donde desde abril de ese año realizaba su servicio militar.

Durante el día en que la vida de los chilenos se partió en dos, su sección fue enviada, al mando del teniente Pedro Barrientos, a custodiar el camino Padre Hurtado. Paredes dice haber sido una suerte de guardaespaldas del teniente Barrientos.

Al mediodía del 12 de septiembre, el contingente se trasladó, primero a Arsenales de Guerra y luego a la Universidad Técnica (actual USACH). Allí, pasadas las dos de la tarde, procedieron a trasladar a los detenidos al Estadio Chile. El mencionado oficial, junto a Paredes, acompañaron a bordo de un jeep la caravana de buses de la locomoción colectiva que trasladaron a los prisioneros. Una vez la misión cumplida, regresaron a Arsenales de Guerra.

El 16 de septiembre, cerca de las 18.00 horas, el escuadrón de militares llegó hasta el Estadio Chile, donde se presentaron ante un oficial de rango superior cuya identidad desconoce, quien les ordenó vigilar las casetas de transmisión del recinto. Y en el interior del Estadio, los otros conscriptos comentaban que ahí estaban detenidos el Director de Prisiones, Litre Quiroga; el cantautor Víctor Jara y el Director de Investigaciones, Eduardo "Coco" Paredes.

Siempre según la confesión de Paredes, al día siguiente, fue enviado al sector del subterráneo. Y permaneció como centinela en la puerta de uno de los camarines destinados a los detenidos. En ese camarín había 5 ó 6 oficiales de otros regimientos, con tenida de combate, cuya identidad desconoce desconoce. Los vio escribir en unos papeles los datos que le respondía un detenido al que observó sentado frente a un escritorio. En otro ángulo del camarín, Paredes vio a otros prisioneros mirando hacia la pared.

Unas horas después, llegaron a la habitación el teniente Barrientos y el subteniente que bajo las órdenes de Haase y Rodríguez estaba a cargo de los conscriptos. Traían a un detenido. Fue entonces que dice haber sido llamado, junto al conscripto Francisco Quiroz Quiroz (55 años), y que se les comunicó que el detenido era Víctor Jara. El grupo lo comenzó a insultar por su condición de comunista. Paredes lo miró y lo reconoció. Víctor Jara quedó allí, en ese camarín, custodiado por Quiroz.

Más tarde, recordará el principal testigo, el teniente Barrientos lo mandó nuevamente al subterráneo, al mismo camarín. Pero esta vez Paredes no encontró a nadie: ni interrogadores ni detenidos y tampoco a Víctor Jara. Pasaron las horas hasta que Paredes vio nuevamente llegar a los oficiales interrogadores. La orden fue precisa: traer a los detenidos que figuraban en una lista que uno de los oficiales le entregó a un cabo. Y nuevamente el mismo procedimiento: interrogatorio y las anotaciones en cada una de las fichas.

Y llegó la noche. Paredes se encontraba de centinela en el mismo camarín del subterráneo cuando observó el ingresó de unos quince detenidos. Y entre ellos reconoció a Víctor Jara y también a Litre Quiroga. Ambos fueron lanzados contra la pared. Detrás de los prisioneros, Paredes vio llegar al teniente Nelson Haase y al subteniente que también estaba a cargo de los conscriptos. Y fue testigo del minuto preciso en que el mismo subteniente comenzó a jugar a la ruleta rusa con su revólver apoyado en la sien del cantautor. De allí salió el primer tiro mortal que impactó en su cráneo.

El cuerpo de Víctor Jara cayó al suelo de costado. Paredes observó cómo se convulsionaba. Y escuchó al subteniente ordenarle a él y a los otros conscriptos que descargaran ráfagas de fusiles en el cuerpo del artista. La orden se cumplió. Todo lo que ocurrió fue presenciado por Nelson Hasse, quien se encontraba sentado detrás del escritorio de interrogación. Según el protocolo de autopsia, el cuerpo del cantautor tenía aproximadamente 44 impactos de bala en su cuerpo.

Pocos minutos después, el mismo subteniente que le disparó en la cabeza solicitó el retiro del cuerpo. Llegaron unos enfermeros con camilla, lo levantaron y metieron al interior de una bolsa y luego lo cargaron hasta la parte trasera de una vehículo militar estacionado en el patio trasero del recinto, al costado nororiente.

No fue fácil para José Alfonso Paredes Márquez confesar ante el juez lo que vio y protagonizó. Primero fue renuente a reconocer su real participación en los hechos. Y finalmente se quebró, empezó su relato y ya no paró. Este obrero de la construcción que fabrica casas en la zona del litoral central, reveló haber guardado el secreto durante casi 36 años, sin siquiera habérselo contado a su mujer. También hizo una aclaración ante el juez: durante los días posteriores al golpe, y como trabajaban casi 24 horas al día, la oficialidad les entregaba estimulantes para evitar el sueño y el hambre, por lo cual su relato podía no ser exacto en las fechas.

Lo que sí Paredes y otros conscriptos recordaron es lo que pasó luego que el cuerpo de Víctor Jara desapareció del camarín. Los otros 14 detenidos que venían con el cantautor y director teatral fueron acribillados con fusiles percutados por los propios conscriptos y oficiales presentes. Entre las víctimas cayó asesinado Litre Quiroga. Sus cuerpos también fueron cargados en el mismo vehículo. Poco después y al amparo de la noche, todos ellos fueron abandonados en la vía pública.

El último vía crucis de Víctor Jara

Durante la reconstitución de los hechos, los testigos pudieron recrear el miedo y el caos reinante en el Estadio Chile, clima al que tampoco escapaban. Escenas que enlazadas permiten reconstruir en forma difusa las últimas horas de vida de Víctor Jara y en las que aparecen nuevamente personajes ya conocidos.

Durante sus cuatro días de cautiverio, Jara fue reconocido por un oficial de Ejército que se hacía llamar "El Principe". Otros testigos señalan que ese reconocimiento lo hizo un militar que no coincide con las características del mítico personaje del Estado Chile (ver recuadro), quien fue descrito como de una estura superior a 1.80 centímetros, rubio, de tex blanca, cara redondeada y de contextura atlética.

En lo que sí coinciden los testimonios de los prisioneros es en que Víctor Jara fue interrogado al menos dos veces en los camarines del recinto, ubicados en la zona nororiente del subterráneo. Allí fue sometido a diversas torturas, entre ellas la fractura de sus manos a golpes de culata.

Tras la segunda de esas sesiones, Víctor Jara logró acercarse a personas que habían sido detenidas en la UTEM, quienes lo limpiaron y trataron de cambiar su aspecto cubriéndolo con una chaqueta azul y cortándole su pelo negro rizado con un cortaúñas. Los últimos detenidos que lo vieron con vida han dicho que estaba muy golpeado, con la cara hinchada y sus manos fracturadas. Muchos coinciden en que durante el traslado al Estadio Nacional, que duró muchas horas, su cuerpo sin vida fue visto en el hall del recinto, junto a otros cadáveres.

Se estima que el cuerpo de Víctor Jara fue encontrado el 17 de septiembre en las afueras del Cementerio Metropolitano, por funcionarios de la Primera Comisaría de Carabineros de Renca, quienes lo trasladaron como N.N. al Instituto Médico Legal.

Un funeral sin flores y en silencio

En los últimos meses de la investigación se han rescatado reveladores testimonios inéditos que ayudan a entender por qué, a diferencia de los otros prisioneros asesinados en el Estadio Chile, el cuerpo de Víctor Jara fue encontrado por su familia y pudo ser enterrado de manera clandestina en el Cementerio General.

Después de guardar silencio durante 35 años, Héctor Herrera Olguín, ex funcionario del Registro Civil y quien actualmente reside en Francia, relató ante el ministro Juan Eduardo Fuentes lo que vivió en esos días. Herrera explicó que el 15 de septiembre de 1973, el oficial designado como director interino del Registro Civil lo envió en comisión de servicio al Instituto Médico Legal (IML), lugar en donde se le ordenó medir, tomar las características físicas y las huellas de los cuerpos apostados en el estacionamiento del recinto.

Herrera calcula que había unos 300 muertos apostados en ese lugar, entre los cuales vio niños y mujeres. Unos veinticinco estaban rapados. Todos eran jóvenes. Le dijeron que correspondían a extranjeros. Durante todo el día Herrera vio llegar camiones del Ejército con más cuerpos. Y cada vez los mismos movimientos: los conscriptos los tiraban al suelo al interior del estacionamiento y luego, con algo más de delicadeza, funcionarios del IML los recogían y los apilaban en distintas partes de ese sector.

La investigación deberá determinar la fecha exacta en que fue asesinado Víctor Jara. Pero lo cierto es que el ex funcionario del Registro Civil recordó ante el juez que el 16 de septiembre, alrededor de las 9.00 horas, una persona a la que identifica como "Kiko", oriundo de Chiloé, le señaló que entre los cuerpos apilados parecía estar el de Víctor Jara. Y con sigilo lo llevó frente al cuerpo. Al principio Héctor Herrera dudó que se tratara del mismo famoso cantautor. Estaba muy sucio, con tierra en las heridas, el cabello apelmazado entre tierra y sangre. A simple vista se le notaban heridas profundas en ambas manos y en la cara. Y tenía sus ojos abiertos, pero con una mirada tranquila. En una de sus muñecas vio un alambre con un pedazo de cartón donde estaba anotado "Octava Comisaría".

Para salir de la duda, Héctor Herrera a escondidas anotó su número de ficha, sus características físicas y sus huellas dactilares. Para ello tuvo que abrir sus manos. No fue fácil: las tenía empuñadas, muy rígidas. Lo hizo con la ayuda de "Kiko", comprometiéndose ambos a no decirle a nadie lo ocurrido. Terminada la misión, dejaron el cuerpo en el mismo lugar.

A primera hora del día siguiente, Herrera se fue directo a la sección dactiloscópica del Registro Civil, en calle General Mackenna. Allí y en la más completa reserva, le pidió a la funcionaria Gelda Leyton, que le buscase la ficha de Víctor Jara. A eso del mediodía, ambos comprobaron que efectivamente habían asesinado a Víctor Jara. Volvió a revisar los registros del cantautor. Y se percató que era casado. Anotó los datos de su esposa, Joan Turner Robert, y su dirección.

Ya había amanecido cuando el 18 de septiembre, en la casa de Víctor Jara, en calle Plazencia, en Las Condes, Joan Turner escuchó que alguien llamaba a su puerta. Salió a mirar desde una ventana del segundo piso. Un hombre al que no conocía le dijo que necesitaba hablar con Joan Turner. Ella bajó y se acercó a la reja de la casa. Herrera recuerda haberla visto muy nerviosa. Se identificó como funcionario del Registro Civil y le relató lo que había vivido.

Poco después ambos partieron de la casa en la renoleta de Joan Turner en dirección al IML. Entraron juntos. Pero no encontraron el cuerpo de Víctor Jara en el lugar donde Herrera recordaba muy bien haberlo dejado la tarde anterior. Se inició la búsqueda. Y llegaron al segundo piso del edificio, sitio a donde habían llevado los cadáveres que estaban para las llamadas "autopsias económicas". En el lugar nº 20 estaba el folclorista. El cuerpo fue abrazado por su esposa, quien lloró en silencio tratando de no despertar sospechas. Estaba muy consciente de que no tenía autorización alguna para estar ahí.

El trámite del certificado de defunción lo realizaron en el primer piso. Para poder sacar el cuerpo en día feriado, Herrera invocó su calidad de funcionario del Registro Civil. Al ser consultado en la ventanilla por la causa de muerte y fecha de la misma, requisito indispensable para llenar el documento de defunción, Herrera sólo atino a decir que falleció por herida de bala el 14 de septiembre a las 5.00 horas. Fue el apresurado cálculo que logró hacer en esos pocos minutos al recordar que el cuerpo de Víctor Jara habría llegado al IML antes que él lo descubriera. La hora la sacó de un poema que le vino a la memoria sobre fusilados.

Como el cuerpo debía ser sacado en una urna y la esposa de Víctor no tenía dinero para comprarla, Héctor Herrera se contactó con su amigo Héctor Ibaceta Espinoza, a quien le pidió ayuda. Juntos fueron hasta calle Agustinas, en el centro de Santiago, a buscar el dinero. Pero Ibaceta decidió acompañarlos.

Alrededor del mediodía de ese 18 de septiembre, llegaron con el ataúd al IML. Sólo los dos hombres ingresaron a buscar el cuerpo de Víctor Jara. Su cadáver desnudo fue trasladado en una camilla metálica con su ropa doblada a los pies. Recogieron el cuerpo y lo pusieron dentro de la urna. La ropa fue depositada a sus pies. Lo cubrieron con un poncho nortino que traían y encima la mortaja. Cerraron la urna. El ataúd lo ubicaron en una sala que se utilizaba como velatorio.

-Nos prendieron unas cuatro ampolletas e hicimos entrar a Joan para que se quedara a solas con él, para que se despidiera de su marido. Estuvo alrededor de una hora -recordó el ex funcionario del Registro Civil.

Herrera agregó: "Posteriormente, concurrí al Cementerio General, ubicado al frente, para solicitar un carrito para trasladar el cuerpo, ya que era muy caro hacerlo en una carroza. Una señorita me indicó que no se podía hacer eso, pero al ver el nombre del occiso me dijo que para él si se podía. Volví al IML en compañía de un funcionario del Cementerio. Entre los cuatro colocamos el ataúd en el carro y lo trasladamos al campo santo, enterrando a Víctor Jara en un modesto nicho al final del recinto donde se encuentra hasta hoy. Fue enterrado sin flores y con la sola presencia de nosotros tres".

Héctor Herrera siguió trabajando en el Registro Civil hasta 1975. Desde 1969 y hasta el día en que se fue se desempeñó en el departamento de Carné de Identidad. Debió abandonar al país como miles de otros chilenos llevando consigo un secreto que Joan Turner también guardó para protegerlo y que hoy le pertenece a todos los chilenos que podrán cantar con nuevas esperanzas "Levántate y mírate las manos. Para crecer, estréchala a tu hermano".

El oficial al que llamaban "Príncipe"

Casi como mito urbano, la figura de un despiadado oficial de Ejército, de contextura atlética, estatura superior a 1.80 centímetros, ojos claros y pelo rubio, quien habría vociferado entre los detenidos que no necesitaba micrófono para hablar porque tenía "voz de príncipe", ha sido adjudicada a por lo menos dos ex militares que habrían estado entre los uniformados que custodiaron el Estadio Chile.

Varios de los detenidos han declarado que este fue el uniformado que más se ensañó con Víctor Jara, siendo uno de los primeros que apartó desde el grupo de detenidos de la UTEM. Algunos de los testimonios apuntaron al ex agente de la DINA Miguel Krassnof Martchenko como el que actuó en contra del cantautor. Sin embargo, otros lo niegan rotundamente, ya que señalan que es más bajo de estatura (1.70 centímetros aproximadamente) y que su color de pelo es más oscuro que el militar que se ha tratado de identificar.

Con el correr de los años, surgió otra identidad que podía corresponder a "El Principe", la del ex teniente Edwin Dimter Bianchi, quien fue uno de los militares detenidos por la sublevación del Regimiento Tacna en junio de 1973, movimiento golpista que fue desarticulado, dando origen al llamado "Tanquetazo". En ese episodio Dimter ingresó con un tanque hasta el Ministerio de Defensa.

Efectivamente, Dimter coincide con las características del Príncipe, pero varios de los testigos que estuvieron detenidos en el Estadio Chile también han descartado que se trate de la misma persona.

Lo importante es que fue el propio Dimter, con su primera declaración judicial de 2006, quien dio luces sobre otros oficiales que también podrían corresponder a la identidad de "El Príncipe". El ex uniformado, quien fue expulsado del Ejército en 1976 por diversos actos de indisciplina, reconoce haber custodiado a los prisioneros de ese recinto, pero asegura no haber tenido relación con las golpizas y el asesinato de Víctor Jara.

Acto seguido, señala que él no era el único oficial con esas características, y que al menos habían otros dos que podían coincidir con las señas de "El Príncipe": los entonces tenientes Rodrigo Rodríguez Fuschloger y Nelson Edgardo Haase Mazzei, ambos de la Escuela de Ingenieros de Tejas Verdes. Este último oficial (R) fue mencionado en la declaración del primer conscripto confeso de participar en el crimen.

Aunque Haase, al ser interrogado en el caso, negó rotundamente haber estado en el Estadio Chile, declaraciones de otros oficiales presentes en el recinto respaldan la versión de Dimter.

Haase fue uno de los hombres de confianza del ex jefe de la DINA, Manuel Contreras, y fue jefe del recinto de detención clandestino ubicado en calle Bilbao, conocido como "Cuartel Bilbao". Diversos testimonios y documentos, entre ellos el entregado por la agente de la DINA Luz Arce, indican que el inmueble -habilitado desde 1976- tenía como fachada un aviso luminoso que decía "Implacate".

El historial del teniente también lo registra como miembro de la Sociedad Pedro Diet Lobos, pantalla comercial de la DINA para encubrir actividades tanto en Chile como en el exterior del país. A lo largo de los años, quienes sobrevivieron lo han descrito como arrogante, prepotente y despiadado; de hecho se llegó a decir que se enorgullecía de llevar permanentemente en su automóvil una picota para usarla en los allanamientos.

Las pocas veces que Haase salió de su anonimato en los últimos años fue cuando -junto a otros ex uniformados- manifestó públicamente su total respaldo a la sublevación del general (R) Raúl Iturriaga Newman, quien intentó evadir la primera condena de cárcel efectiva en su contra, por el crimen del militante del MIR Dagoberto San Martín Vergara, según consta en la página del "Movimiento 10 de septiembre".

Tras retirarse del Ejército, el ex uniformado formó en 1994 una empresa de cajas de madera para vinos de exportación, llamada Envases Haase o Envases Exportables. Desde entonces es proveedor de varias de las empresas del rubro, lo que le ha permitido codearse con ese ambiente. De hecho, el 2007 participó en el Quinto Campeonato de Golf "Copa Viñas de Chile", en el Club de Golf Los Leones, a beneficio de la Fundación Escúchame. En el website de esta última aparece una foto del equipo de "Envases Exportables", en la que Nelson Haase figura junto al ex vicecomandante en jefe del Ejército, general (r) Guillermo Garin, el brigadier general (r) Juan Lucar y el ex jefe del Estado Mayor del Ejército, general (r) Richard Quaas.

La esposa de Haase, María Isabel Blaña Lüttecke, recibió del Ministerio de Agricultura $ 5.595.466 en febrero y abril de este año, en virtud de un "Programa Sistema de Incentivos para la Recuperación de Suelos Degradados", según consta en la información de transparencia activa de esa cartera.

 

Crimen de Víctor Jara: Juez se centra en Tejas Verdes

Crimen de Víctor Jara: Juez se centra en Tejas Verdes

Martes 26 de mayo de 2009  | 13:38   

Por Luis Narvaez / Lanacion.cl 

Los dos ex conscriptos detenidos, cuya suerte debe decidir el magistrado Juan Fuentes, pertenecían a ese Regimiento de San Antonio.

A la espera de que el juez Juan Eduardo Fuentes Belmar resuelva si procesa a los dos ex conscriptos detenidos por el asesinato del cantautor Víctor Jara, se supo hoy que el magistrado ha centrado las indagaciones en determinar la participación de un contingente del regimiento Tejas Verdes.

El juez Fuentes indaga el eventual rol de esa unidad militar de San Antonio en labores de custodia, tortura y fusilamiento de prisioneros al interior del Estadio Chile tras el Golpe Militar de 1973.

Los dos detenidos, José Adolfo Paredes Márquez (54) y Francisco Quiroz Quiroz (54), formaban parte de la segunda sección de una de las compañías de dicho regimiento.

Hasta ahora la participación de Tejas Verdes no se conocía por lo que el antecedente abre nuevas tesis sobre los autores intelectuales del homicidio, es decir los que dieron la orden de asesinar a Víctor Jara el 15 de 1973.

Paredes y Quiroz, que para el Golpe Militar tenían 18 años y cumplían servicio militar obligatorio, quedaron detenidos luego de extensos interrogatorios tras ser llevados ante el juez el viernes último.

Nadie conocía sus nombres porque no pertenecían a ninguna de las dotaciones militares que se había chequeado y que participaron en las detenciones ilegales de alumnos y académicos de la Universidad Técnica del Estado (UTE) y en la custodia de los prisioneros en el ex Estadio Chile.

En esta jornada, hasta el Palacio de Tribunales han llegado otros cuatro ex conscriptos citados por el magistrado para contrastar la versión sobre la responsabilidad de las dos personas que están detenidas.

 

El Mercurio y la Dictadura

El Mercurio y la Dictadura

La historia de una colusión

Daniela Estrada

IPS

La cobertura y el tratamiento dado por el poderoso y conservador diario El Mercurio a los casos de violaciones a los derechos humanos en los 17 años de dictadura en Chile es tema de una acuciosa investigación realizada por cinco jóvenes periodistas.

El libro, presentado el 18 de este mes, "otorga muchísimos ejemplos concretos de lo que significó la colusión entre El Mercurio y la dictadura, informaciones que avergüenzan al ejercicio del periodismo", resumió para IPS Juan Pablo Cárdenas, premio Nacional de Periodismo 2005 y fundador de la desaparecida Revista Análisis.

Cárdenas fue uno de los entrevistados para el libro "El Diario de Agustín. Cinco estudios de casos sobre El Mercurio y los derechos humanos (1973-1990)", publicado por el Instituto de la Comunicación e Imagen de la estatal Universidad de Chile (ICEI) y editorial LOM.

En 2006 y comienzos de 2007, seis egresados de periodismo de esa casa de estudios fueron convocados por el director de cine Ignacio Agüero, el productor y periodista Fernando Villagrán y los directivos del ICEI para que realizaran en conjunto sus memorias de titulación sobre un tema específico: la forma en que El Mercurio informó sobre los atropellos a los derechos humanos cometidos por la dictadura de Augusto Pinochet.

Todo el proceso de investigación fue registrado por Agüero y Villagrán, quienes dieron vida al galardonado documental "El Diario de Agustín", un filme de 80 minutos estrenado con gran éxito en Buenos Aires en octubre pasado y hasta hace poco exhibido en las salas chilenas.

La segunda parte del proyecto fue la publicación del libro homónimo de 378 páginas, cuyos siete capítulos analizan casos como el "Plan Z", el crimen del diplomático chileno-español Carmelo Soria, la "Operación Colombo", los desaparecidos de la localidad de Lonquén y las diferencias de cobertura de El Mercurio en la década del 70 y 80.

"Como somos jóvenes que no vivimos el golpe de Estado no estábamos tan prejuiciados" para llevar a cabo esta investigación sobre el diario más poderoso e influyente del país, comentó a IPS Paulette Dougnac, una de las autoras del texto junto a Elizabeth Harries, Claudio Salinas, Hans Stange y María José Vilches.

Todos periodistas que asumen que tienen las puertas cerradas para trabajar en la Empresa Periodística El Mercurio S.A.P, propietaria de El Mercurio de Valparaíso (fundado en 1827), El Mercurio de Santiago, La Segunda, Las Últimas Noticias y 21 diarios regionales, más la red de radios FM Digital.

"Vimos que el fondo era bastante más complejo de lo que uno podía esperar, porque hay muchos matices. Por un lado estaba la autocensura del diario y por el otro la de los periodistas. Y encima la censura que imponía el gobierno", observó Dougnac.

La metodología de trabajo fue colectiva y cooperativa, explica la editora del libro, Claudia Lagos. Esto permitió producir, preparar y compartir más de 100 entrevistas y generar información propia, como el listado completo de colaboradores, periodistas, fotógrafos, editores, corresponsales y responsables editoriales del diario entre 1973 y 1990.

"En estas casi 400 páginas que hoy presentamos no sólo están el rigor y la acuciosidad investigativa de sus autores y autoras, también están las páginas más negras del periodismo chileno que sistemáticamente violó cada uno de los preceptos que hacen de la ética periodística la esencia de nuestra profesión", señaló en la presentación del texto la directora del ICEI, Faride Zerán.

El libro no es "una caza de brujas", observó el periodista chileno Cristóbal Peña, del Centro de Investigaciones Periodísticas (CIPER), quien fue invitado a comentarlo, sino que se trata de un esfuerzo por entender la mecánica que operó en esa época, indicó.

"La falta de autorización por parte del diario para reportear ciertos temas, la autocensura de los propios periodistas por temor a represalias --ya sea del gobierno o por parte del mismo diario-- y la ignorancia del tema por falta de interés son los tres factores que explican el silencio" sobre las violaciones a los derechos humanos, se enfatiza en el libro.

PROMOTOR DEL GOLPE

El 11 de septiembre de 1973, el hoy fallecido general Augusto Pinochet (1915-2006) encabezó el sangriento golpe militar perpetrado contra el gobierno democrático del socialista Salvador Allende (1970-1973), quien era apoyado por la Unidad Popular (UP), un conglomerado de fuerzas de izquierda.

Hasta ahora, los informes de la verdad promovidos por los gobiernos de la centroizquierda Concertación de Partidos por la Democracia, que se sucedieron desde la recuperación de la democracia en 1990, han consignado más de 3.000 opositores ejecutados y detenidos- desaparecidos y cerca de 35.000 torturados por el régimen de Pinochet.

"Hay suficiente información desclasificada que confirma las gestiones de (Agustín) Edwards (Eastman, todavía presidente de El Mercurio) en Estados Unidos ante el gobierno de (Richard) Nixon (1969-1974) para apoyar y promover un golpe de Estado contra el gobierno de la UP", asegura el libro.

"Él (Allende) pataleaba, contestaba, hacía cualquier cosa, pero respetaba la libertad de prensa, con lo cual nosotros pudimos hacer toda la campaña", reconoció en una entrevista con los autores el ex subdirector y director del diario Arturo Fontaine Aldunate.

Tres son los principios que siempre han sustentando la línea editorial de El Mercurio: la defensa de la propiedad privada, el respeto al libre mercado y el rol subsidiario del Estado, declaró por su parte el gerente general del diario, Jonny Kulka. Esto explica porqué El Mercurio vio en el proyecto socialista de Allende una amenaza, reflexionan los jóvenes profesionales en el texto. "Hablar de El Mercurio es hablar más que de un diario, de una institución nacional", señala el libro. La familia Edwards compró El Mercurio de Valparaíso en 1879 y fundó el de Santiago en 1900. Por su presidencia han pasado cinco generaciones de "Agustines Edwards", como indica la investigación.

"Es difícil entender la historia de Chile sin El Mercurio", declaró en la celebración del centenario del matutino en 2000 el entonces presidente Ricardo Lagos (2000-2006). Por su amplia influencia social, juega el papel de un partido político, observa el texto.

Es el diario preferido de los sectores más acomodados del país, por lo cual acapara el mayor porcentaje de inversión publicitaria. También se lleva gran parte de la estatal.

OPERACIÓN DE DESINFORMACIÓN

"No había mucho que censurar, pues los medios se autocensuraban suficientemente. Tampoco los ‘pauteabamos', aunque se entregaban 'orientaciones' para el buen uso de ciertas informaciones", dijo a los autores de "El Diario de Agustín..." Federico Willoughby, quien fue asesor en comunicaciones de Pinochet.

En sus ejemplares, El Mercurio construyó el "mito fundacional" de la dictadura, como lo llama Claudio Salinas. Se trata del supuesto "Plan Z" atribuido al gobierno de Allende para eliminar a la cúpula de las Fuerzas Armadas el 11 de septiembre de 1973 y dar un autogolpe que lo perpetuara en el poder. Esto justificaba el golpe militar, según Pinochet y El Mercurio.

Este medio de prensa, junto a otros diarios nacionales, también participó en el montaje de comunicaciones conocido como "Operación Colombo", que enmascaró el asesinato de 119 opositores de izquierda como una purga interna ocurrida en Argentina y Brasil.

Ese montaje informativo fue concebido en el marco del Plan Cóndor, la coordinación represiva de las dictaduras de Argentina, Bolivia, Brasil, Chile, Paraguay y Uruguay en las décadas del 70 y del 80, con la anuencia de Estados Unidos, y cuyo propósito era perseguir, secuestrar, asesinar y hacer desaparecer a opositores de izquierda y activistas sociales.

Por su parte, el crimen del diplomático chileno-español Carmelo Soria, perpetrado en 1976 por agentes de la dictadura, fue informado por El Mercurio como un accidente automovilístico. La botella de pisco y la carta encontradas en el vehículo siniestrado hablaban, según difundió el diario, de un hombre borracho afectado por una supuesta infidelidad de su esposa.

"En el caso de Carmelo Soria se pone en marcha una de las estrategias estrella del régimen militar: el encubrimiento de las violaciones a los derechos humanos como casos propios de la crónica roja", dice la autora del capítulo, María José Vilches.

El caso de los "desaparecidos de Lonquén", una localidad ubicada a 50 kilómetros al sudoeste de Santiago, también fue cubierto en un principio como una noticia policial.

Pero a medida de que fue avanzando la investigación judicial, El Mercurio se sumó a la teoría esgrimida por la dictadura de que tal vez los 15 cuerpos de opositores hallados en diciembre de 1978 en dos hornos abandonados de Lonquén eran "consecuencias de la guerra civil iniciada en 1973 por lo marxistas", como apunta Hans Stange.

La justicia determinó que estas personas fueron arrestadas por efectivos de carabineros (policía uniformada) en octubre de 1973. Y aunque sus familiares acudieron a todas las instancias denunciando los hechos, prácticamente fueron inexistentes para El Mercurio.

El libro termina con el capítulo escrito por Dougnac: "Yo hice una comparación de la cobertura noticiosa en los años 70 y 80 y vi que en la parte informativa hubo una apertura bien grande en los años 80, sin embargo constaté que en la parte editorial seguía la línea dura de negación de las violaciones a los derechos humanos", comentó a IPS.

Además de "documentar y difundir algunas verdades, que de alguna manera eran sentido común para el mundo del periodismo", el libro "se plantea legítimamente, a partir de casos específicos de un momento determinado de la historia de Chile, la pregunta sobre qué es hacer periodismo", explicó a IPS la editora Claudia Lagos.

Esto lleva a pensar críticamente el actual ejercicio del periodismo chileno. En estos momentos, "hay esfuerzos de periodistas por hacer bien su trabajo, pero también es cierto que todos los días nos indignamos con pequeños errores o con grandes desastres en términos de la cobertura y del tratamiento de los más pobres, los mapuches, las mujeres, las minorías sexuales y de una larga lista", apuntó.

El documental de Agüero, que se ha conocido más masivamente, ya ha abierto espacios de diálogo sobre estos temas, sostuvo Lagos.

A la presentación del libro también estuvo invitado el periodista argentino y presidente del humanista Centro de Estudios Legales y Sociales de ese país, Horacio Verbitsky, quien calificó de "serio y riguroso" el trabajo de los jóvenes profesionales.

"Que periodistas investiguen el medio de comunicación más significativo del país es muy estimulante y no ocurre en otras naciones", indicó. "Se trata de una investigación ejemplar porque contribuye a crear ciudadanía en una sociedad más libre e informada", concluyó.

Pese a las acusaciones y constataciones que pesan sobre él, El Mercurio nunca ha hecho un "mea culpa" sobre su actuación durante el gobierno de Allende y los 17 años de dictadura militar, como sí lo han intentado hacer otros medios de comunicación.

Sólo una periodista que trabajó en el diario en los años 80, María Angélica de Luigi, pidió perdón a través de una carta publicada en el periódico The Clinic, en 2000.

http://www.ipsnoticias.net/print.asp?idnews=92191

 

 

 

Que hay detrás del acuerdo del Partido Humanista y Enríquez Ominami

Que hay detrás del acuerdo del Partido Humanista y Enríquez Ominami

Celso Calfullan

Correo semanal

El escenario político podría cambiar radicalmente en las próximas semanas, la hegemonía y el cogobierno de la Concertación y la derecha, podría estar siendo puesto en peligro, si el probable acuerdo del Partido Humanista y la candidatura presidencial de Marco Enríquez Ominami se consolida

Después de meses de que el Partido Humanista fuera ninguneado por la Concertación y el PC, decidieron dar por terminada sus negociaciones con la Concertación y salirse de los intentos de acuerdo del Juntos Podemos y abrirse a la posibilidad de un acuerdo con Marco Enríquez Ominami y levantar una lista parlamentaria única en todo el país, según sus palabras "una lista parlamentaria amplia y diversa".

Cansados de esperar que los mañosos negociadores de la Concertación le entregaran el distrito 25, Macul-San Joaquín y La Granja, decidieron dar por terminados sus esfuerzos de llegar a dicho acuerdo. Dado que cada vez era mas evidente que a ellos no se les entregaría nada y también porque se dieron cuenta que la dirección del PC ya había aceptado esta situación, cuando el Partido Comunista presento solo a sus candidatos a diputados, cuyos cupos ellos si los tenían garantizados. "Todos los negociadores son iguales, aunque algunos son mas iguales que otros"

Cuando los "negociadores de la Concertación y el PC" se dieron cuenta que no las tenían todas con ellos, tuvieron que retroceder rápidamente, aunque después de meses de ningunear al PH, esto aparentemente ya era demasiado tarde, aunque en política siempre es mejor esperar a que las cosas se consoliden, antes de darlas por definitivas.

A río revuelto ganancia de pescadores

La Concertación y el PC le entregaron en bandeja el Partido Humanista a Marco Enríquez Ominami, al que además ya lo apoya el Partido Ecologista, ahora él no necesita juntar firmas para presentar su candidatura presidencial, que era a lo que apostaban en la Concertación para que no pudiera presentarse como candidato a la presidencia.

Esta situación abre un cuadro totalmente distinto al de hace solo una semana atrás y a puesto en desesperación a la Concertación y a la cúpula del PC.

Como el cinismo no conoce limites, ahora los dirigentes de la Concertación y del PC dicen no "comprender" la salida del Partido Humanista de la negociación. El demócrata cristiano Jorge Pizarro ha llegado a decir frente a la salida del PH de las negociaciones que "Si así lo resuelven, van a generar mucho daño y a favorecer que la derecha, por ejemplo, doble en Las Condes". La Concertación a sido la que a blanqueado a los pinochetistas y le a pavimentado el camino a la derecha para que llegue al poder.

El PC queda muy complicado en sus planes de arribo al Parlamento

Si de verdad se conforma una lista electoral por fuera del acuerdo Concertación-Juntos Podemos, que tenga un cierto perfil de izquierda, el PC prácticamente estaría quedando fuera de juego y no le serviría de mucho a la Concertación, ni siquiera para la segunda vuelta, dado que su candidato presidencial Jorge Arrate, no prende entre los militantes y electores de izquierda y en las encuestas todavía menos. Arrate probablemente terminara siendo un candidato que ni siquiera se acerque a los umbrales de votación que han sacado los últimos candidatos de la izquierda extraparlamentaria y menos todavía si tiene al frente a un candidato con el perfil de Marco Enríquez Ominami, que además esta planteando un cambio generacional, que sectores importantes de la población piden a gritos.

Lo interesante de Marco Enríquez Ominami, que siendo más de lo mismo, de cara a la gente común y corriente da la impresión de ser algo distinto y al ser atacado por los barones de la Concertación, la gente que ya esta cansada de las mismas caras viejas de siempre y que añoran un cambio, sienten aun más simpatías por este candidato joven, buenmozo y emparentado con la farándula, que nos guste o no, le da un plus extra en las simpatías de la gente.

La izquierda tradicional ya no es alternativa

La izquierda tradicional ya no es alternativa y no por que no pueda serlo, sino por que no quiere serlo, el PC prefiere intentar llegar a acuerdos con los dueños del poder, en vez de enfrentarlos y mostrarse como una alternativa seria.

Con la destrucción del Juntos Podemos llevada a cabo por las políticas de la dirección del PC, que ha terminado negociando con la Concertación y llamando a votar por ella en la segunda vuelta presidencial, se produjo una dispersión importante, tanto al interior del propio PC, como dentro del Juntos Podemos y se perdió una oportunidad histórica de reconstruir una verdadera fuerza de izquierda.

Necesitamos construir una verdadera alternativa de izquierda

Lo que esta claro frente a este desolador panorama político, es que es urgente construir una verdadera fuerza de izquierda, si no queremos terminar con la disyuntiva de terminar votando por el mal menor, que en este caso lo representaría Marco Enríquez Ominami, que claramente no es un militante de izquierda y cuyas propuestas políticas y económicas buscan apuntalar a un sistema capitalista, que hace tiempo ya esta oliendo a podrido.

Los trabajadores y pobladores necesitamos construir una alternativa de clase, un nuevo partido de los trabajadores y los pobres de Chile, que realmente defienda nuestros intereses y no los de empresarios y ricos de este país.

Un partido que se plantee claramente la necesidad de terminar con el capitalismo y por la construcción de una sociedad socialista democrática.