Centros Chilenos en el Exterior |
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Participen del Tema Yo Quiero Votar- "El hombre no puede ser separado de Dios, ni la política de la moral": Santo Tomás Moro Cel. de Contacto 15557877 |
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Se muestran los artículos pertenecientes al tema Opinión. 1. Mientras la recesión económica norteamericana intoxica los negocios del capital a escala planetaria, descubre los límites del neoliberalismo y destruye en los hechos el mito de la “mano invisible” del mercado; en Chile, la primavera no termina de estabilizarse, Sebastián Piñera (candidato presidencial de la derecha histórica del bloque en el poder) gana en todas las encuestas, un tercio de los chilenos teme perder el empleo, el desempleo sube oficialmente a 8,2 %, los ahorros para la jubilación administrados por privados a través de AFP’s facultadas para invertir en instrumentos financieros en el extranjero han perdido a septiembre de 2008, un promedio de un 13 % de rentabilidad; el gobierno continúa dando golpes al pueblo mapuche en lucha, y los trabajadores de la radio comunitaria Primero de Mayo sufren persecuciones y amenazas de muerte, al igual que bajo el régimen pinochetista. 1. Que la pureza es un invento para dominar, disciplinar, resolver problemas de mala conciencia, ofrecer sentidos altruistas a escala individual, mantenerse al margen de los acontecimientos altamente contradictorios, no lineales y que desborban los manuales y las academias. Que la pureza produce en sus víctimas, temblores de idealismo, orden para mirar, platonismos deslavados e improbables. Que la pureza es estupenda para reemplazar los somníferos, desdeñar al prójimo y enjuiciar desde los altares religiosos o laicos, valga la redundancia. En fin, que la pureza ideológica, política, sexual, retórica, resulta más bien un reflejo tranquilizador ante el movimiento dialéctico de las cosas, lo concretamente problemático de la realidad, el dinamismo multidimensional del paisaje humano. Y cuidado, porque la pureza no tiene que ver con la ética rebelde. Ella está prendida de errores y dudas, pero se fortalece en su concreción insobornable, en el comportamiento conciente y coherente, desalojado de egoísmos. La pureza es la ilusión del Opus Dei. La ética rebelde es la unidad de sentido incuestionable del Che y tantos otros y otras. 2. Ante la debacle política de las fuerzas de inspiración revolucionaria en Chile, primero vino el dolor sordo, luego la necesidad de resistir (en el sentido de sobrevivir), después más golpes, y finalmente el enfrascamiento, las maneras sectarias, el mundo cuesta abajo, y el maximalismo principista. La vocación de minoría resultante de un proceso complejo de vaciamiento político marca el derrotero malogrado de un conjunto de siglas sin más proyecto que la nostalgia, las evaluaciones parciales, el voluntarismo y el acuartelamiento en un leninismo convenientemente editado y un marxismo monumentalizado, vuelto máximas inmóviles, desnaturalizado de su propia realización y producción histórica. Los puros duermen bien, pero no transforman el orden de las cosas. En el mejor de los casos, convierten la realidad en materia de calzado mal fabricado para el pie alado de lo que debería ser, pero no es. CONTEXTO Y COYUNTURA 3. Después de 35 años del fin de la “vía chilena al socialismo”, el país es administrado por los intereses del gran capital, bajo la hegemonía inhumana de las relaciones económicas, políticas, culturales, simbólicas y sociales del fetiche de la mercancía y la supuesta teoría del libre mercado (que en la práctica, promueve los oligopolios, la concentración de la riqueza y osifica la sociedad y desigualdad de clases y la dependencia del capital financiero y especulativo). El pacto interburgués que puso término a la dictadura militar y abrió el actual período de gobiernos civiles, ha mantenido intactos los resortes profundos de los intereses del capital y su dinámica antipopular. Gobierno tras gobierno, la Concertación , primero acudiendo al temor de los cuartelazos, y luego actuando francamente desde el acomodo y la conveniencia, ha consolidado una sociedad estamental, sin derechos sociales asegurados para las grandes mayorías, y ha terminado de desmantelar y vender a privados las rémoras de la propiedad estatal. De esta manera, los gobiernos concertacionistas –cuya confianza la burguesía, recién a casi 20 años de elecciones, comienza a relativizar- han prometido cambios pro populares reiteradamente incumplidos; impedido la organización de los trabajadores y el pueblo; y castigado cualquier asomo de cabeza de los de abajo, muertos mediante. El Estado subsidiario, tutelado transitoriamente por la Concertación, ha reducido su “vocación ciudadana y democrática” a insuficientes programas sociales (que, sin embargo, han bajado las cifras de la extrema pobreza, pero que, en la práctica, evidencian la radicalidad y el saqueo del mismo modelo administrado por la dictadura), mientras en la realidad dominante ofrece señales de descomposición, envejecimiento de horizontes de sentido (si es que lo tuvo, más allá de la buena publicidad de los primeros años), corrupción, reformas aparentes, alienación, desastres en el ámbito educacional, sanitario y medioambiental, precariedad y pésimo pago del empleo. 4. De este modo, Chile padece la mutación y extinción del Estado tal como se conoció hasta 1973. El aparato fiscal, históricamente de contenido burgués, actualmente se expresa anémicamente en su peso burocrático, poderosamente en su papel militar, y defensor a ultranza de la propiedad privada en materia jurídica. Hoy el Estado parece ser una caja fuerte repleta de dólares para la contención parcial de eventuales conflictos sociales (Transantiago, Fondo de Estabilización del Precio Petróleo, bonos miseria) y útil como aval de los poderosos en apuros; tiene el monopolio de la fuerza militar; es el guardia privado de la burguesía; y sostiene un parlamento monocorde y legitimador del poder de los privilegiados. La extraña transparencia sin contradicciones del rol del Estado chileno en una sociedad de clases, mandata la reconstrucción de las fuerzas anticapitalistas al calor de la lucha entre capital y trabajo, en sus maneras más desnudas, multidimensionales y originarias. 5. Las cifras oficiales de 2008 hablan que el promedio de los trabajadores gasta más de lo que gana y adeuda un año de salario; menos de la mitad de la fuerza laboral está contratada; apenas un 8,7 % puede negociar colectivamente (independientemente de los magros resultados de los convenios); el desempleo se empina sobre el 8 % a nivel nacional (aunque números más reales superan con creces la cifra oficial) ; la inflación para el 40 % más pobre está en un 20 %; la pobreza es femenina y juvenil; el subcontratismo y la precariedad laboral campean y el descrédito del sistema político supera el 50 %. Asimismo, la desaceleración económica producto de la crisis cíclica del capital financiero parasitario y del alza estructural de los precios de los alimentos y la energía, destruyen el poder adquisitivo de las remuneraciones, mientras el Banco Central aumenta las tasas de interés para paliar la inflación a costa de las grandes mayorías. Las proyecciones del Ministerio de Hacienda en materia de crecimiento varían a la baja. Al respecto, el 2008 el país crecerá alrededor de un 4 %, el número más bajo de la región. 6. El modelo de reproducción capitalista inaugurado a mediados de los 70 del siglo pasado, y hoy perfeccionado, legitimado y consolidado por la Concertación de Partidos por la Democracia, sólo ha profundizado la diferencia de clases que ha convertido a Chile en uno de los países más desiguales del mundo (entre las 15 naciones de peor distribución del ingreso del planeta). El 60 % de los chilenos sobrevive con menos de $ 82 mil pesos mensuales, en tanto el producto por habitante es cuatro veces mayor. De 1990 al 2005, la brecha entre el 5 % más privilegiado de la sociedad respecto del 5 % más pobre, aumentó de 110 a 220 veces (hoy la distancia es superior). Los estándares educativos son extraordinariamente deficitarios (de paso, destruyendo el mito burgués de la educación como vehículo de movilidad social, y proletarizando a la marginalidad social juvenil mediante los 12 años de escolaridad obligatoria); existe una insuficiente e ineficiente salud pública (donde se atiende el 80 % de los chilenos); hay crisis de la vivienda y creciente demanda de los derechos sociales básicos insatisfechos. La tasa de cesantía entre los trabajadores jóvenes oscila entre el 15 % y 20 %, y Santiago es la séptima ciudad del mundo donde más horas se trabaja. 7. Asimismo, por arriba, el poder criminaliza y reprime “a la antigua” la movilización social y laboral, las demandas históricas del pueblo mapuche, y emplea como mano de obra barata la fuerza de trabajo femenina, adolescente e inmigrante. 8. En el país, los grupos económicos más poderosos y diversificados son los Angelini, Luksic y Matte, cuyos capitales puestos en la explotación cuprífera, forestal, pesquera, industrial, eléctrica, portuaria, y comercio, se convierten, en un mismo movimiento, en capital financiero a través de la propiedad de bancos y entidades financieras de crédito y colocaciones, como el Banco Chile, BICE y otros. Es decir, los patrones de Chile, cuyos capitales hace tiempo están transnacionalizados, han concentrado extraordinariamente sus beneficios y diversificado sus propiedades. 9. De este mismo modo, el Ministerio y la Dirección del Trabajo –donde se atrincheran restos del “progresismo” concertacionista- emplea groseramente a la CUT –multisindical más numerosa del país, pero presa una mañosa burocracia funcional- como apéndice y extensión de sus políticas. 10. Lo cierto es que en Chile aumenta sostenidamente el sector de trabajadores contratistas y subcontratistas (más del 70 % de la fuerza productiva y de servicios del país ya está tercerizada); en general, las mujeres ganan un tercio menos que los hombres por realizar el mismo trabajo, y la línea de la pobreza está delimitada arbitrariamente en los $ 50 mil pesos; cifras, en general, que consolidan el funcionamiento de una democracia antipopular y una burguesía sin proyecto de desarrollo para el conjunto de la sociedad. 11. Un 70 % de la fuerza laboral en Chile cambia de empleo (o de relación contractual) entre 3 y 4 veces al año y menos de la mitad cuenta con un contrato de trabajo indefinidido. Por su parte, la fuerza laboral ligada a la explotación de productos agrarios sufre condiciones laborales todavía peores que los trabajadores de las grandes ciudades. Su situación de obrero agrícola, empeora aún más en el llamado "sector temporero" donde los salarios son miserables y los trabajadores (normalmente mujeres y adolescentes) laboran en peligrosas condiciones de higiene y seguridad. Sólo marginalmente logran cristalizar sus demandas a través de una pequeña expresión sindical. 12. En la actualidad, los países capitalistas centrales, como efecto de la llamada “burbuja inmobiliaria” originada en Norteamérica, viven una crisis económica que ha pasado de una “desaceleración económica”, a una eventual recesión de dimensiones todavía insospechadas. Pese a la clásica “tendida de mano” y liquidez proporcionada por los bancos centrales de USA, la Unión Europea y Canadá, entre otros, a las entidades financieras en riesgo de quiebra, se transita de una crisis crediticia a una crisis de mercado. Resumidamente, se asiste a un proceso de contracción de la demanda de consumo de los norteamericanos (que representa el 72 % del crecimiento imperial) con inciertas consecuencias. Según los analistas de la propia burguesía, el enorme crecimiento de China (alrededor de un 12 %) ha ralentizado el despliegue de la crisis a escala mundial. Gran parte de la producción cuprífera chilena se exporta a los países asiáticos, y en especial a China. Sin embargo, un reflujo de los niveles de consumo de las grandes economías podría incidir en la demanda del cobre chileno, cuyos valores sometidos a la mundialización del capital financiero y especulativo importaría la crisis a un país tan frágil –aunque con importantes ahorros todavía (30 mil millones de dólares)- como Chile. 13. Durante el 2006, las masivas protestas escolares contra la bancarrota de la educación pública, y luego el 2007 los trabajadores forestales, los subcontratistas del cobre, y otros múltiples sectores menos estratégicos para el capital, rompieron la paz de cementerio reinante en el país, realizando largas huelgas por reivindicaciones económicas, cuyas demandas políticas (renacionalización del cobre, por ejemplo) se diluyeron al no contar con un movimiento popular debidamente organizado. Sin embargo, los trabajadores -la clase que produce la riqueza de Chile- retoman paulatinamente su rol histórico tras el cual debe ordenarse el conjunto de rebeldías anticapitalistas y demandas multisectoriales del país. El escenario de emergencias laborales parece reiniciar lentamente un nuevo ciclo de lucha de clases. Ante el pavor de la burguesía, hasta la iglesia católica ha denunciado las ominosas inequidades del modelo y propuesto un salario mínimo, incluso mayor que el negociado por la CUT de Martínez. Del mismo modo, el gobierno ha instalado una "Mesa de Equidad Social" y habla de pacto y cohesión social (acordados por los de arriba y sin pueblo) para "aligerar" la violencia de la explotación frente a eventuales movimientos de los de abajo que podrían espantar inversionistas y aminorar ganancias. 14. Como resulta histórico –salvando algunas nuevas maneras-, los dispositivos materiales que reproducen el sostén cultural e ideológico de la alienación requerida por el capital se encuentran en la escuela, el ejército, la iglesia, la empresa, el relato político dominante y el control monopólico de la clase en el poder de los medios de comunicación de masas (en especial, de la televisión). En su conjunto, los dispositivos de la alienación propalan la resignación, la igualación del consumo a la felicidad, la fatalidad del actual orden de cosas, el temor, la espectacularización de los acontecimientos y sus personajes, el espejismo de la enseñanza formal como palanca social, los metadiscursos para especialistas, la mala conciencia, la participación bajo control e irrelevante, el analfabetismo funcional, el consenso como imposición vertical, la lumpenización de las relaciones sociales, la idiotez indolente y el egoísmo. 15. Históricamente, las posibilidades de la construcción de la hegemonía de los intereses de los trabajadores y el pueblo están ligadas a las luchas concretas contra las relaciones de dominación, el capital y los patrones; la alfabetización política; la arquitectura sincrética, mestiza, creativa, cultural y simbólica devenida de las necesidades y experiencias concretas propias de las grandes mayorías; la religión liberadora; la ética insobornable; la solidaridad; la dignificación de los contenidos y formas genuinas de las clases dominadas; y la edificación incesante del malestar colectivo frente a los privilegios de la minoría en el poder. MATERIALES PARA UNA TÁCTICA 16. El archipiélago microscópico de los empeños anticapitalistas de toda laya, como efecto complejo y dinámico de un período todavía no explícito y franco de lucha de clases, se debate entre el movimientismo autoreferente y restringido temáticamente, el localismo insuficiente, el aparatismo político social, y la ausencia de un nuevo proyecto histórico emancipador de los trabajadores y el pueblo que contenga potencias nacionales, vocación necesariamente internacionalista, de mayorías y de poder. 17. Por su parte, la dirección de los partidos de la izquierda tradicional y un conjunto de iniciativas menores y parciales apuestan a la inclusión sistémica crítica, subordinando los embriones de movimiento social a sus agendas políticas y de supervivencia orgánica. Al respecto, la crisis de conducción de la izquierda tradicional se manifiesta a través de desprendimientos que adquieren carácter orgánico autónomo, marcha a otros empeños políticos, o simplemente, destrucción de militancia popular. 18. Por otro lado, en potencia, con algunas certezas y abundantes dudas, agrupaciones anticapitalistas todavía simbólicas, pero involucradas concretamente en episodios de lucha social, ya comienzan a arriesgar y producir volitivamente ciertas condiciones para dar pasos hacia la unidad. Se trata, diferenciadamente, de organizaciones estudiantiles secundarias (y cierta presencia universitaria), organizaciones poblacionales ligadas a la demanda por la vivienda y contra el alza del costo de la vida, iniciativas sindicales de pelea que implícita o abiertamente apuestan a la independencia política de las clases subalternas y critican dura y fundadamente la conducción progubernamental de la CUT; originarios por la defensa de recursos vitales (agua, tierra) y proyecciones identitarias; grupos por una Asamblea Constituyente (con todas las consideraciones críticas al respecto), la renacionalización del cobre, el fortalecimiento de la sociedad civil, mediombientalistas resueltos, autonomistas e, incluso, genuinos colectivos socialdemócratas antineoliberales, entre otros. Cada uno de estos capítulos de reorganización popular todavía camina por vías paralelas, pese a que, de acuerdo a las prácticas y los discursos allí dominantes, existe un diagnóstico general más o menos común del actual período. En cada uno de estos polos de reagrupación hay una sólida sintonía en torno a la necesidad de la lucha directa contra el poder y sus expresiones; formas democráticas de funcionamiento y constitución; preeminencia de la lucha de masas; e independencia del sistema de partidos políticos hegemónico y a las instituciones que sostienen el modelo. Sobre las estrategias respecto del poder, la discusión sobre el papel de la participación en la democracia electoral, los sujetos principales de la transformación necesaria y los bordes de las convergencias, todavía se hacen a puerta cerrada, mirando hacia atrás y para los territorios transfronterizos. El debate tarda en comenzar, pero sus piezas iniciales ya existen. 19. Cada una de estas iniciativas, por sí solas, e incluso todas juntas, todavía no contienen el tonelaje suficiente para influir significativamente en el escenario político nacional. Sin embargo, en la potenciación combinada y organizada de sus luchas se abren posibilidades, hoy inexistentes aún, de convertirse en referente de trabajadores y pueblo (o pueblos como distinguen algunos). En rigor, son embriones de pueblo para-sí, que de manera parcial irrumpen incidentalmente en la arena de la lucha social, lejos del calendario gastado de las izquierdas tradicionales. Su composición tiene de microorgánicas de inspiración rebelde (más que de marxistas y revolucionarias de acuerdo a las categorías de la década de los 60 y 80 del siglo pasado), grupos de inspiración ácrata, independientes antisistémicos, generaciones jóvenes, ex militantes de destacamentos populares, etc. El camino para concertar los tiempos necesarios para su unidad (sin perder identidad, ni subsumirse al sector eventualmente más arropado políticamente) tiene mucho de voluntad, trabajo en terreno, construcción de confianzas, respeto mutuo y superiores alturas políticas. Aquí se habla de empeños que efectivamente consideran su visibilización y la lucha real en perspectiva de superar los aparcelamientos y las miradas cortoplacistas y puramente económicas o testimoniales. 20. Si el malestar social y político que resume cada uno de estos empeños respecto de las desigualdades, injusticias y mala vida que ofrece el actual modelo a las grandes mayorías lograra, paso a paso, dinámica y flexiblemente, constelarse en tiempos relativamente acotados y mediante la producción de incidentes unitarios, sin duda, resultaría un avance de calidad ante el panorama reinante. 21. ¿Pero cómo alcanzar la unidad? Si el punto de llegada táctico para la etapa se resumiera en la construcción de un Frente Anticapitalista (regido por la independencia política de la clase y con el nombre que se convenga), es decir, una expresión político social amplia, con vocación de masas, de mayorías, con convicción de lucha, multisectorial, de existencia nacional, éticamente incuestionable, democráticamente devenida; fuertemente propagandística (en su sentido polidimensional), prácticamente solidaria, inclusiva, porosa, como una suerte de continente de los de abajo, cuyo total sea más que la suma de sus partes, y constituya la superación concreta de la agregaduría de siglas vacías, ya se estaría frente a un nuevo actor político popular que, en potencia, podría formalizarse como alternativa en el futuro. 22. Pero un Frente Anticapitalista es un punto de llegada. En cada activo de intervención y construcción genuina de trabajo político de masas, las organizaciones convocadas deben ser capaces, premeditadamente, de condensar las demandas, formas de organización y tramado concreto que explicite la necesidad de la unidad bajo los contenidos antes anotados, y que, a la vez, sea capaz de provocar los hechos político sociales, en alta sintonía popular y democrática, que precipiten no tan sólo el encuentro, sino que la necesidad del encuentro, la materia básica, irreductible, de la necesidad de la consolidación y frecuencia del encuentro. 23. El punto de arranque táctico está en las iniciativas políticas de masa concretamente existentes. La facultad dinamizadora de las organizaciones sociales y políticas (o político-sociales) debe considerar un puñado de contenidos tremendamente nítidos, elementales, simbólicamente decodificables para amplias franjas de trabajadores y pueblo. Esos contenidos subyacen en cada una de las luchas sociales actualmente en situación embrionaria. El rol del motor político constituyente es la traducción sintética de las demandas más acuciantes y que, al mismo tiempo, faciliten la acción directa y la confrontación de acuerdo a las proporciones del continente de fuerzas en construcción. Ni vanguardismos, ni economicismos posibilistas. Y asimismo debe rastrear los métodos más adecuados, más simples e incuestionables, más básicos y amigables, y ponerlos rápidamente en práctica. 24. El establecimiento de un Frente Anticapitalista no se crea en frío. Sus componentes iniciales ya existen como dispersión, e iniciativas locales, sectoriales y regionales. Al respecto, las voluntades políticas deben poner en tensión sus habilidades, multiplicar sus empeños y colocarse a disposición de un horizonte táctico claro, evaluable periódicamente, rectificable, autocrítico, perfectible. La voluntad política convocada, paulatinamente se acera en el ejercicio de la unidad popular, y comparte, obligatoriamente, los modos y contenidos de la recomposición premeditada y concordada democráticamente de las fracciones de los trabajadores y el pueblo en disposición creciente de lucha. Andrés Figueroa Cornejo Septiembre 21 de 2008 Por Fernando Bossi* Luego de una reunión que mantuvo el comandante Daniel Ortega con diferentes dirigentes latinoamericanos, un grupo de periodistas se acercó al presidente hondureño Manuel Zelaya y, entre preguntas y respuestas atinadas se oyó: "¿Se incorporará al ALBA, Presidente Zelaya? Estamos haciendo todas las gestiones para hacerlo. Mientras tanto, Petrocaribe sigue incorporando nuevos integrantes: Guatemala y Costa Rica son dos nuevos miembros. La política de integración y unidad bolivariana, avanza sin descanso en toda Nuestra América. El vicepresidente de Guatemala Rafael Espada afirmó recientemente: "Si Centroamérica y América Latina no se unen, vamos a estar muy desperdigados en nuestras fuerzas. La fuerza de América Latina es esa Unión de la sangre latina, en la que debemos trabajar todos juntos". Venezuela, Cuba, Bolivia, Nicaragua, la Mancomunidad de Dominica, tal vez en un breve lapso de tiempo Honduras, Ecuador y Paraguay son países del ALBA o próximos al ALBA. Tampoco podemos olvidar que, de ganar el Frente Farabundo Martí para la Liberación Nacional las elecciones presidenciales del 2009, El Salvador sería un país de muy probable incorporación; la fórmula Mauricio Funes-Sánchez Cerén lideran con importante ventaja todas las encuestas. Es por lo tanto claro que la Alternativa Bolivariana para los Pueblos de Nuestra América comienza a presentarse para diferentes gobiernos latinoamericanos caribeños como una posibilidad real de "espacio de unidad" sobre nuevos parámetros. Más allá de los gobiernos nacionales que han firmado el ALBA o están en posibilidad de hacerlo, este espacio, como ningún otro, ha generado una expectativa mayúscula en los movimientos sociales de la región, como asimismo en una infinidad de gobiernos locales. No es temerario afirmar entonces, que el ALBA ya es más que los países cuyos gobiernos lo han firmado, porque existen fuertes organizaciones sociales y gobiernos locales de países cuyos gobernantes no adhieren al ALBA que sí desearían incorporarse. Cuando en la VI Cumbre del ALBA, realizada en Venezuela en enero de este año, se presentó oficialmente el Consejo de Movimientos Sociales del ALBA, se dio un paso importante para avanzar en la ampliación del espacio. Un avance cuantitativo, en cuanto a posibilidad de sumar a movimientos sociales fuera de los países cuyos gobiernos no adhieren al ALBA, y cualitativo al sumar a los pueblos en la construcción de la unidad solidaria y participativa. El Consejo de Movimientos Sociales del ALBA por lo tanto, debe asumir una destacada tarea como promotor, articulador y ejecutor de las políticas de unidad emanadas de los acuerdos Grannacionales ya alcanzados, como asimismo la de proponer nuevos proyectos Grannacionales elaborados por los propios movimientos sociales. Dieciocho proyectos están hoy en marcha sostenidos sobre los principios de la complementación, la colaboración y la solidaridad. Como decía uno de los documentos de la VI Cumbre: "los Proyectos Grannacionales materializan y dan vida concreta a los procesos sociales y económicos de la integración y la unión y abarcan desde lo político, social, cultural, económico, científico e industrial hasta cualquier otro ámbito que puede ser incorporado". Es así que debemos prever que en la brevedad los movimientos sociales tendrán que incorporarse a las Mesas Técnicas del ALBA, aportando así su cuota de saberes, experiencias, conocimientos y participación concreta. Los movimientos sociales tienen una inmensa tarea y responsabilidad: apoyar, sostener y construir junto a los gobiernos revolucionarios de la región y comprometerse protagónicamente en la articulación en pos de la unidad popular latinoamericana caribeña. El Documento Político de la V Cumbre del ALBA señala: "... es con el nacimiento del ALBA que las fuerzas revolucionarias hemos podido pasar a una nueva situación que bien pudiéramos definir como de acumulación de la fuerza política necesaria para la consolidación del cambio que se ha producido en la correlación de fuerzas políticas de nuestro continente...". Consolidar esta nueva correlación de fuerza a favor del campo popular impone la presencia y acción de los movimientos sociales empujando en la misma dirección que sus gobiernos revolucionarios. Más para que esto sea así, es atinente insistir en la necesidad de que los movimientos sociales del ALBA y aquellos que aspiran a ingresar, entiendan que hemos entrado en una nueva etapa de la lucha revolucionaria en Nuestra América. De la resistencia al modelo neoliberal de la década de los 90, hemos pasado, como bien lo destaca Emir Sader, a otra fase, "la de construcción de alternativas y de la disputa por una nueva dirección política"; y agrega: "Quien no entiende esa nueva fase, dejó de captar la marcha de la lucha antineoliberal. Quien persiste en la "autonomía de los movimientos sociales" quedó relegado al corporativismo, oponiendo autonomía a hegemonía y renunciando a la lucha por la construcción del "otro mundo posible", que pasa por la conquista de gobiernos, para afirmar derechos - dado que el neoliberalismo es una máquina de expropiación de derechos". La lucha de los movimientos sociales entonces, debe de acompañar permanentemente a la de los gobiernos revolucionarios, impulsando las transformaciones estructurales de la sociedad, combatiendo en todos los frentes a la contrarrevolución y acelerando los procesos de unidad nuestramericana; en síntesis: asumiendo la dimensión política acorde al momento histórico. Como lo ha marcado el Presidente Chávez: "se impone de nuevo lo que pudiéramos llamar la revancha de la política, que la política vuelva a la carga y que tome la vanguardia de los procesos de integración". Esa orientación, que asumió desde su nacimiento el Congreso Bolivariano de los Pueblos, al incluir en un mismo espacio a fuerzas sociales y políticas, fue un acierto a veces poco valorado. Siguiendo con Emir Sader, el intelectual brasileño, nos dice: "Los movimientos sociales son un componente, muy importante, pero no el único, del campo popular o del campo de la izquierda, como se quiera llamar, al que pertenecen también las fuerzas políticas, gobiernos locales, estaduales (provinciales) o nacionales. Nunca los movimientos sociales, autónomamente, dirigirán o han dirigido un proceso de transformación en la sociedad. Para hacerlo, tuvieron que - como en Bolivia - construir un partido, en este caso el MAS (Movimiento al Socialismo); esto significa restablecer, de una nueva forma, las relaciones con la esfera política, para poder construir una hegemonía alternativa". Concluyendo: el ALBA existe gracias a la iniciativa de gobiernos populares y revolucionarios que lo lanzaron a andar; asimismo estos gobiernos, con sus partidos políticos revolucionarios (Partido Comunista de Cuba, Partido Socialista Unido de Venezuela, Movimiento al Socialismo de Bolivia y Frente Sandinista para la Liberación Nacional de Nicaragua), han entendido que la participación del pueblo es esencial a la hora de construir Patria Grande. Los movimientos sociales del ALBA tendrán que trabajar mancomunados, en unidad monolítica, junto a los gobiernos y partidos políticos comprometidos en alcanzar la Unidad Latinoamericana Caribeña. El momento actual requiere de unidad más unidad, y los movimientos sociales no están ajenos a esta necesidad. Unidad en el movimiento obrero, campesino, indígena, de mujeres, estudiantil, de técnicos y profesionales, los jóvenes, los movimientos barriales, etcétera, de cada uno de los países que conforman el ALBA y de aquellos que aspiran a ingresar. Así, los movimientos sociales unidos, junto a los gobiernos y partidos políticos revolucionarios lograremos el objetivo estratégico. Como bien lo decía Simón Bolívar: "Unidad y seremos invencibles". * Secretario de Organización del Congreso Bolivariano de los Pueblos Por Andrés Figueroa Cornejo 1. La experiencia grabada a fuego de los mil días de la Unidad Popular fue, entre muchas cosas, el resumen de un largo derrotero de luchas populares, altibajos, derrotas, maduraciones y aprendizajes colectivos, los cuales se tradujeron en múltiples fenómenos asociados al fortalecimiento de la Central Única de Trabajadores (CUT), el crecimiento de los partidos obreros y de los de origen pequeño burgués e inspiración socialista, y el agotamiento del proyecto imperialista vehiculado por la Democracia Cristiana de Frei Montalva (años después asesinado por la dictadura pinochetista, pese al apoyo brindado a la junta militar por la dirección de su tienda). Asimismo, el gobierno del doctor Salvador Allende (que obtuvo mayoría relativa ante una burguesía dividida, y cuya victoria debió ser refrendada condicionadamente por el Congreso Nacional) expresó los límites históricos del Estado burgués de impronta nacional desarrollista, en un marco internacional extraordinariamente gravitante para un país de 9 millones de habitantes, signado por la guerra fría, la revolución cubana, la guerra de Vietnam, y las luchas de liberación nacional anticolonialistas. La denominada “vía chilena al socialismo” confirmó trágicamente las leyes de hierro de la lucha de clases en una fórmula política que ofreció territorios y tiempo suficientes para el rearme de las clases dominantes. Nunca antes en el planeta, a través de elecciones generales y sobre un poderoso soporte de organización de sustantivas franjas de los trabajadores y el pueblo, gobierno alguno alcanzó nacionalizaciones y transformaciones de carácter estratégico en áreas de la economía intocables hasta entonces (cobre, banca, tierra), ni más serios intentos de redistribución de la riqueza y propulsión de derechos sociales, sin reprimir a la minoría oligárquica históricamente arriba. Sin la existencia de la descrita constelación de variables nacionales e internacionales (relativa simetría en la pugna capital / trabajo a escala mundial), habría resultado imposible imaginar siquiera el fenómeno de la Unidad Popular. Se estaba en presencia de un Estado fuerte que lograba influir notablemente en la economía y dotaba al conjunto social de un altísimo porcentaje de empleo fiscal, y frente a una burguesía golpeada duramente en Chile y el mundo ante el avance incontenible del campo de la conciencia y la organización de los trabajadores y el pueblo. Si bien, Allende siempre notificó que su gobierno sería nacional, popular, antiimperialista y revolucionario, pero que sólo estaba construyendo las condiciones necesarias para implementar la hegemonía de relaciones de vida socialistas, los patrones y el imperio acudieron al recurso castrense para echar abajo el proyecto de sociedad más avanzado de la historia de los chilenos. Cuando ocurría el golpe de Estado de 1973, la intelectualidad tecno-económica amaestrada en las escuelas más ortodoxas del capitalismo en Usamérica, apenas balbuceaba el paradigma ultra liberal que implementaría, primero en Chile y luego en grandes extensiones del planeta, las nuevas modalidades y contenidos de la refundación del reinado del capital que transformarían estructuralmente el patrón de acumulación burgués, el Estado, la geo-política global y las relaciones de poder en todas sus dimensiones. No por accidente, los fundamentos económicos emanados de los acuerdos de Bretton Woods en 1944 (“época dorada” del capitalismo denominado de bienestar, y período de creación del Fondo Monetario Internacional y del Banco Mundial, prestamistas y formateadores político-económicos de los países dependientes), terminaron ante la crisis de la convertibilidad del dólar en oro en 1973. En Chile, con más de 10 años de anticipación, se impuso a sangre y fuego el paradigma neoliberal consolidado mediante el Consenso de Washington, que en sus claves nucleares instaló la liberalización del comercio internacional asimétrico, las privatizaciones de los recursos de propiedad estatal y social, y la financiarización de los derechos conquistados en el período anterior. El deseo devorador del capital y su movimiento creciente, expansivo y productor de desigualdades se sintetiza hoy, como nunca, en la hegemonía del capital financiero imperialista, transnacionalizado, monopólico y especulativo. Ante la descompensación de fuerzas entre el capital y el trabajo a favor del primero, el Estado de bienestar se convierte en pieza de museo y gobierna por medio de la versión más brutal y radicalizada del capitalismo que garantiza –a costa de humanidad y naturaleza- la ganancia demandada por la minoría dueña de todo. 2. Después de 35 años del fin de la experiencia trágica y luminosa de la “vía chilena al socialismo”, el país es administrado por los intereses del gran capital, bajo la hegemonía inhumana de las relaciones económicas, políticas, culturales, simbólicas y sociales del fetiche de la mercancía y la supuesta teoría del libre mercado (que en la práctica, promueve los oligopolios, la concentración de la riqueza y osifica la desigualdad de clases y la dependencia del capital financiero y especulativo). El pacto interburgués que puso término a la dictadura militar y abrió el actual período de gobiernos civiles, ha mantenido intactos los resortes profundos de los intereses del capital y su dinámica antipopular. Gobierno tras gobierno, la Concertación, primero acudiendo al temor de los cuartelazos, y luego actuando francamente desde el acomodo y la conveniencia, ha consolidado una sociedad estamental, sin derechos sociales asegurados para las grandes mayorías, y ha terminado de desmantelar y vender a privados las rémoras de la propiedad estatal. De esta manera, los gobiernos concertacionistas –cuya confianza la burguesía, recién a casi 20 años de elecciones, comienza a relativizar- han prometido cambios pro populares reiteradamente incumplidos; impedido la organización de los trabajadores y el pueblo; y castigado cualquier asomo de cabeza de los de abajo, muertos mediante. El Estado subsidiario, tutelado transitoriamente por la Concertación, ha reducido su “vocación popular” a insuficientes programas sociales, mientras en la realidad dominante ofrece señales de descomposición, envejecimiento de horizonte de sentido (si es que lo tuvo, más allá de la buena publicidad de los primeros años), corrupción, reformas aparentes, alienación, desastres en el ámbito educacional, sanitario y medioambiental, precariedad y pésimo pago del empleo; pan caro y mal circo. De este modo, Chile padece la mutación y extinción del Estado tal como se conoció hasta 1973. El aparato fiscal, históricamente de contenido burgués, actualmente se expresa anémicamente en su peso burocrático, poderosamente en su papel militar, y defensor a ultranza de la propiedad privada en materia jurídica. ¿Qué puede ofrecer como objeto de demanda un Estado impotente, enrejado en las tramas de la subordinación del gran capital? ¿Qué más recursos le quedan a un Fisco, sino los ahorros millonarios devenidos del alza provisional del precio del cobre? Hoy el Estado parece ser una caja fuerte repleta de dólares para la contención parcial de eventuales conflictos sociales (Transantiago, Fondo de Estabilización del Precio Petróleo, bonos miseria) y útil como aval de los poderosos en aprietos; tiene el monopolio de la fuerza militar; es el guardia privado de la burguesía; y sostiene un parlamento monocorde y legitimador del poder de los privilegiados. La extraña transparencia sin contradicciones del rol del Estado chileno en una sociedad de clases, mandata la reconstrucción de las fuerzas anticapitalistas al calor de la lucha entre capital y trabajo, en sus maneras más desnudas, multidimensionales y originarias. 3. Las cifras oficiales de 2008 hablan que el promedio de los trabajadores gasta más de lo que gana y adeuda un año de salario; menos de la mitad de la fuerza laboral está contratada; apenas un 8,7 % puede negociar colectivamente (independientemente de los resultados de los convenios); el desempleo se empina sobre el 8 % a nivel nacional; la inflación para el 40 % más pobre está en un 20 %; la pobreza es femenina y juvenil; el subcontratismo y la precariedad laboral campean y el descrédito del sistema político supera el 50 %. Asimismo, la desaceleración económica producto de la crisis cíclica del capital financiero parasitario y del alza estructural de los precios de los alimentos y la energía, destruyen el poder adquisitivo de las remuneraciones, mientras el Banco Central aumenta las tasas de interés para paliar la inflación a costa de las grandes mayorías. Las proyecciones del Ministerio de Hacienda en materia de crecimiento varían a la baja en tanto pasan las semanas. Al respecto, el país crecerá alrededor de un 4 %, el número más bajo de la región. 4. Como resulta histórico –salvando algunas nuevas maneras-, los dispositivos materiales que reproducen el sostén cultural de la alienación requerida por el capital se encuentra en la escuela, el ejército, la iglesia, la empresa, el relato político dominante y el control monopólico de la clase en el poder de los medios de comunicación de masas (en especial, de la televisión). En su conjunto, los dispositivos de la alienación propalan la resignación, la igualación del consumo a la felicidad, la fatalidad del actual orden de cosas, el temor, la espectacularización de los acontecimientos y sus personajes, el espejismo de la enseñanza formal como palanca social, los metadiscursos para especialistas, la mala conciencia, la participación bajo control e irrelevante, el analfabetismo funcional, el consenso como imposición vertical, la lumpenización de las relaciones sociales, la idiotez indolente y el egoísmo. 5. Históricamente, las posibilidades de la construcción de la hegemonía de los intereses de los trabajadores y el pueblo están ligadas a las luchas concretas contra las relaciones de dominación, el capital y los patrones; la alfabetización política; la arquitectura sincrética, mestiza, creativa, cultural y simbólica devenida de las necesidades y experiencias concretas propias de las grandes mayorías; la religión liberadora; la ética insobornable; la solidaridad; la dignificación de los contenidos y formas genuinas de las clases dominadas; y la edificación incesante del malestar colectivo frente a los privilegios de la minoría en el poder. 6. Pero “¿De dónde saldrá el martillo, verdugo de esta cadena?”. Sobre todo de los trabajadores precarizados y tercerizados del conjunto de las áreas económicas; de los jóvenes excluidos; de los estudiantes arrojados al mal empleo y la expoliación; de las mujeres; de los mapuche cuya pelea rime con la de los mestizos castigados; de los ecologistas auténticos cuyas luchas se contraponen al capital; de los intelectuales críticos; de los artistas incómodos; de los sexualmente marginados; del pueblo profundo que advierte su desgracia como potencia y necesidad liberadora. Y de los militantes populares provenientes de esas fuentes. De la memoria y la recreación de la convicción de poder. En este sentido, la independencia política de los intereses de los trabajadores y el pueblo es el eje determinante a la hora de recomponer las fuerzas y el proyecto emancipador de los de abajo. De no cautelar con celo metálico este principio, se corre el riesgo alto de, al igual que bajo la dictadura pinochetista, de entregar la hegemonía política a fracciones sociales formalmente democráticas y pro populares, pero incapacitadas para transformar el orden estructural de las cosas. De ganar el empresario derechista Sebastián Piñera las elecciones presidenciales de fines de 2009, los cuadros de la Concertación deberán aterrizar –al menos en algún porcentaje significativo- al territorio popular que abandonaron hace 20 años. Al respecto, sólo la convicción y madurez política de las agrupaciones anticapitalistas estarán en condiciones de jugarse políticamente en la disputa. Y toda política de alianzas debe conducirse sobre esta matriz. La diáspora de los empeños políticos anticapitalistas e inspiración emancipadora deben abandonar la autoreferencia infructuosa, cobrar fuerzas e incorporarse desde el seno mismo de las luchas concretas de los trabajadores y el pueblo. De lo contrario, simplemente, no existe sintonía entre el empeño político y los intereses, modos, ritmos y expresiones mixtas del pueblo, y se corre rápidamente hacia el encapsulamiento sin porvenir. En el mejor de los casos, sus ilustraciones propagandísticas se convierten en puro lema estrategista, deseo o máxima edificante, pero jamás en comunicación o política justa para el período. Lo que sí tiene sentido es la promoción popular de la lucha directa y llana contra los enclaves patronales, donde, de algún modo, se produce la mayor densidad de lucha de clases. En el actual período, los trabajadores y el pueblo están recién comenzando un nuevo ciclo de luchas sociales, el cual, si supera su fragilidad sensible, puede aspirar a sostenerse sobre dos pies. La frecuencia de la lucha, la urgencia de victorias parciales, el aumento de su tonelaje, junto a la recomposición de los embriones aspirantes a compartir la conducción política, al menos, territorial y sectorial, son las condiciones para la multiplicación y reunión de las fuerzas anticapitalistas. La incipiente organización del o los futuros destacamentos orgánicos y políticos de los intereses de los trabajadores y el pueblo serán fruto de la lucha de clases, su naturaleza, composición, maneras nuevas y continuidad liberadora. Más allá de los segmentos sociales ordenadores, los sujetos centrales y las formas de lucha adecuadas al estadio potencial de los de abajo, hoy debe abrazarse toda lucha que atente contra el imperio del capital. La cualidad del conflicto no es escindible de sus posibilidades de futuro multiplicado. 7. De cara a la actual coyuntura, entregada la lectura sobre la naturaleza del Estado chileno y sus extensiones, se advierte la debilidad menos que relativa del cuerpo legislativo, la realidad tangible de habitar una democracia sin pueblo y oligárquica (como condición sin la cual el capital no podría gozar de las tasas de ganancia que luce, ni la burguesía podría llevar un tren de vida primermundista a expensas de la sobrevida de la mayoría) y, por tanto, el papel probadamente adjetivo que comporta la participación en las elecciones de los poderosos. Los empeños anticapitalistas no pueden desdeñar por principio ningún modo de lucha, aunque sea en el ámbito testimonial de un parlamento sin fueros y reflejo fiel de la hegemonía de los intereses de la burguesía. Pero las iniciativas capilares de los empeños anticapitalistas diseminados deben reconcentrase en la formulación de las fuerzas populares por abajo. Aun para aquellos que todavía consideran que es posible reeditar una experiencia meridianamente parecida a la Unidad Popular de 1970, como para quienes apuran su cabeza, manos y corazón en la transformación integral de la sociedad, no esquivan el poder como objetivo, y comprenden la política emancipadora como un conjunto complejo de construcción de fuerzas, incluso más allá de las fronteras acotadas que enjaula el concepto de país en la era de la mundialización del devenir en todas las esferas del quehacer humano. Andrés Figueroa Cornejo Miembro del Polo de Trabajador@s por el Socialismo Julio de 2008 Ingrid Betancourt, - no solo ella, mucha más gente - se estará preguntando ¿Que, he hecho yo, para merecer el Novbel de la paz? Aunque es solo un propuesta del gobierno de Michelle Bachelet, esta no deja de llamar la atención por dos razones; una formal y otra de contenido, la primera; es su inmediatez, cosa bastante común en los gobiernos concertacioncitas , y la otra mucho mas de fondo, se refiere a los meritos que debería tener el postulante para merecer este reconocimiento. Ingrid Betancourt, ha tenido que soportar por 7 años el tormento del secuestro a manos de sus captores, las FARC, hecho que también afecto a otros protagonistas de esta dolorosa historia, en la que se encuentra sumido el pueblo Colombiano desde hace décadas. Existen tantos secuestrados en manos de las FARC, como "prisioneros" de las FARC en manos del ejercito Colombiano, todos, absolutamente, victimas del horror de la guerra, una guerra que ha superado largamente las expectativas de sus actores y de los expertos que se dedican a analizar el conflicto regional basados en los manuales de insurgencia y contra insurgencia que este conflicto a dejado como obsoletos, al menos en aquellos capítulos que abordan los métodos para concluir con el mismo. Dejemos a los expertos el análisis del conflicto, sus causa y efectos, y abordemos sus incidencias que, curiosamente, son tan contradictorias como el conflicto que las origina, como es el caso de la propuesta de Bachelett, y aquí, se puede recurrir a cierta lógica que instala el propio conflicto regional y que crea un contexto propicio para que se desarrolle la otra batalla, la política. Es claro que el conflicto Colombiano es el de mayor incidencia regional, y que las acciones dirigidas sobre su contexto tienen también una incidencia mayor que las realizadas sobre otros aspectos del tensionado continente latinoamericano. Pero quien pretenda instalar una visión de claro contenido ideológico para interpretar el conflicto regional, con la idea de erigirse como la vanguardia de ciertos postulados, se debe tomar la tarea de actuar sobre todo el contexto y de la manera más rápida posible. La política Express del gobierno chileno para los asuntos regionales, cuenta con un bochornoso antecedente en la era del "Laguismo", el apoyo al golpe de estado contra el gobierno constitucional del presidente Chávez en Venezuela a solo dos días de haberse producido este, y que dejo con la boca abierta hasta a los mas papistas en materia de alineación ideológica continental con los postulados librecambistas del modelo neoliberal. La fiebre por instalar en terreno este discurso, conlleva ciertos riesgos de convertir una política en caricatura, o de que el medio se constituya en el fin de los objetivos perseguidos. Cuando desde el gobierno chileno se propone a Ingrid Betancourt para el premio Nobel de la paz, lo que se hace es mezclar los hechos que corresponden a su cautiverio, que todo el mundo condena como aberrantes, con las implicancias políticas que por extensión tiene la prepuesta de Bachelet. Betancourt, que de ser candidata a la presidencia de Colombia, paso a ser la secuestrada mas importante en manos de las FARC, es la actora de una situación que es explotada por todas las derechas latinoamericanas y algunos gobiernos Europeos, - Francia e Italia - principalmente, para relanzar la vieja y trillada concepción moral sobre los métodos aplicados en la guerra por los bandos en pugnas, "El fin, no debe justificar los medios". Por este barranco pacifista, descendieron miles de humanistas en todos los conflictos en que el hombre ha sido protagonista. Siempre esgrimiendo el tratado moralista de la participación independiente en los hechos. En algunos casos dejaron su impronta positiva en la consecución del objetivo pacificador, en otros - oriente medio, por ejemplo - estas intervenciones, son el comienzo de nuevas etapas en la escalada de violencia. La otra interpretación "El fin justifica los medios" Que hace poner los pelos de punta a los pacifistas y a los moralistas, propone la utilización de todos los medios disponibles, como el camino mas corto para terminar con la violencia. La historia de la humanidad registra algunos acontecimientos prácticos al respecto - Hiroshima y Nagasaqui - como los más emblemáticos, en donde los medios dieron absoluta justificación al fin, según los criterios de quienes los aplicaron, el gobierno Norteamericano en el contexto de la segunda guerra mundial. Esta concepción "El fin, no debe justificar los medios "que es tan subjetiva como tendenciosa, debido al carácter empírico de la base cultural e ideológica que le da sustento, lo que logra es imponerse, antes que fundamentarse, ya que la guerra lo que hace es desatar las facetas mas agudas de la perversidad humana, comportamiento que es desarrollado por los dos bandos en pugna, diferenciados solo por los medios técnicos y operativos de las fuerzas con los que concurren a la guerra. El ejercito colombiano cuenta con medios sobradamente superiores a los que poseen las FARC. Sin contar con los medios no "Formales" - las fuerzas paramilitares - a los que la guerrilla debió combatir en simultáneo durante décadas, y que son los responsables de desatar los horrores más grandes que registra el conflicto colombiano. Si la paz como medio de superación del conflicto, es promotora de condiciones que establezcan un nuevo escenario de las condiciones objetivas que llevan a un pueblo al enfrentamiento armado entre hermanos, se debe entonces levantar y sostener esta consigna, con elementos tangibles, que concurran en la superación de las tensiones que originaron el conflicto y desechar aquellos argumentos puramente subjetivos y mediáticos como es el hecho de proponer a Betancourt como premio Nobel de la paz, que no ayuda en nada a este objetivo y lo que hace es capitalizar, de forma oportunista, la atención de la opinión publica internacional instalando un símbolo convencional, que en el mejor de los casos, pasara a formar parte de la ornamentación espiritual conquistada por los humanistas latinoamericanos, actores cada ves mas versátiles del tironeo al que son sometidos por el conflicto social regional, con algunas honrosas excepciones. Una interpretación más penetrante, tanto del contenido etimológico, como del de la práctica de la Paz, nos sugiere como factor destacable de esta concepción, aquella fase, que de forma coadyuvante, se relaciona con las partes en pugna y promueva desde esta relación, un vínculo con la realidad mas sustantiva del conflicto, que permitan el reconocimiento del carácter de identidad común que envuelve a los bandos en pugna, tanto de los históricos como de los futuros. El oportunismo de la propuesta chilena, no medita sobre la generosidad del concepto de Paz en toda su extensión, al contrario, lo hace añicos, no solo por la inmediatez de la misma que pretende instalar la idea de resultados positivos, afianzados estos, en la parcialidad del análisis, además del claro contenido doctrinario que impulsa la propuesta. Si la política exterior chilena estuviera desprovista de su actual contenido ideológico que obliga al gobierno a mantener una alta exposición internacional actuando en la coyuntura de la misma con el solo propósito de protagonizar para exponer sus concepciones basadas en la publicidad del "axioma" neoliberal, quizás, entonces, volvería su mirada sobre la abogada Clara Rojas, para proponerla a la opinión publica mundial, como un símbolo que ubica al humanismo del siglo XXI en la búsqueda del ser posible y no, en la del ser ideal. Ingrid Betancourt, nunca se aparto de la lógica conceptual de hacer y de entender la política. Arrastrando todo el acerbo cultural burgués al que pertenece, lanzó su candidatura a la presidencia de Colombia, con un proyecto político enmarcado en las mismas relaciones de producción capitalista que originaron el conflicto, en su corta carrera política, nunca manifestó una preocupación cierta de abordar el conflicto interno de su país, con una vocación pacifista clara y manifiesta, oportunidad que ahora le otorgan las circunstancias para demostrar que es un actor potencialmente capaz de revertir su sufrimiento y convertirlo en un arma en favor de la paz, que todo su pueblo esta esperando. Roberto Tello CHILE: LA CONTINGENCIA Y UN DESTELLO DEL FUTURO 1. En 1987, Alvaro Erazo, estudiante de Medicina de la Universidad de Chile y miembro de la Juventud Rebelde Miguel Enríquez (rama juvenil de la fracción del Movimiento de Izquierda Revolucionaria, MIR, dirigida por Nelson Gutiérrez), se presentó como candidato a las elecciones presidenciales de la Federación de Estudiantes de la Universidad de Chile (FECH), organización histórica del país. Su programa era uno de los más adelantados de la época, y estaba cruzado, tanto por la lucha contra la dictadura pinochetista de refundación capitalista, como por la defensa intransigente de la Educación Pública. Muchos jóvenes de la época gastaron vida en la campaña de Erazo. 21 años después, Alvaro Erazo es militante de la Concertación –rostro gobernante del bloque en el poder- e Intendente de Santiago. Él fue quien no permitió el pasado 8 de julio la concentración de estudiantes, profesores y trabajadores en el bandejón central de la estación del metro Los Héroes y es el responsable político inmediato de la dura represión ante la movilización contra el lucro en la enseñanza propiciada por la Ley General de Educación (LGE) y pactada entre concertacionistas y la derecha histórica. La LGE consolida una educación de clases inaugurada durante la “era Pinochet”, y la privatización de la mitad del sistema escolar en Chile. Ya fue aprobada por la Cámara de Diputados y es posible que se ratifique por el Senado mientras los estudiantes estén en vacaciones de invierno, próximamente. La protesta se ofreció desordenadamente debido a la actuación de las Fuerzas Especiales de Carabineros y término con cientos de detenidos, cuestión que se ha vuelto práctica habitual del Gobierno frente a la recomposición y expresión de los movimientos sociales de cualquier naturaleza en Chile. Efectivamente, es dable hipotetizar que si la convocatoria de la Central Unitaria de Trabajadores se hubiera realizado en la Plaza Almagro (distante del centro de Santiago y donde no está prohibido reunirse) podría haberse desarrollado un acto compacto, masivo, y se habría manifestado mayor fuerza tras el objetivo de instalar el “No a la LGE” (demanda insuficiente y oblicua, toda vez que la contradicción sustantiva se encuentra entre una buena educación pública, de propiedad social y administración y superior financiamiento estatal versus la privatización de la enseñanza vía subvenciones). Si se piensa bien, los dirigentes de la CUT buscaron imponer un itinerario legítimamente propio y visible en el centro de Santiago. Si se piensa mal, el Presidente de la CUT, el socialista Arturo Martínez, optó por un recorrido sabidamente expuesto a la represión debido a la no autorización de la Intendencia, con los efectos de apresurar la intervención clásica de Fuerzas Especiales, la dispersión prematura de la manifestación, y la puesta en vitrina de una aparente debilidad del justo movimiento, mayoritariamente estudiantil. Cada cual debe sacar sus conclusiones. 2. Mientras a escala internacional, son 12 ya los países desarrollados declarados en recesión económica como efecto de la crisis cíclica del capital, esta vez originada por las hipotecas subprime en USA, y la crisis estructural devenida de la especulación del precios del petróleo, anidada en las principales bolsas de los llamados “países centrales”, en Chile, la desaceleración económica se despliega parcialmente ralentizada por el alto precio del cobre. El Indicador Mensual de Actividad Económica (IMACEC) de mayo marcó un 2,1 %, lo que redundará en un pobre crecimiento anual proyectado de alrededor de un 4 %. Al mismo tiempo, según las convenientemente cautelosas cifras gubernamentales, la cesantía promedia el 8 % (el porcentaje de trabajadores empleados que contabiliza el Gobierno considera cualquier actividad, formal o informal, con horario o sin horario, con contrato o sin él, que redunde en algún tipo de compensación económica, no importando su monto), y la inflación acumulada desde junio de 2007 es de casi un 10 % (que para el 40 % de los chilenos en realidad es de más de un 20 %), producto de las alzas energéticas y los insumos alimenticios. Al respecto, ofendiendo la estatura poética del país, el Vicepresidente de la República, Edmundo Pérez Yoma, dijo que, ante los números derrumbados de la economía, “hay que apretar los dientes y seguir adelante”. La extraña figura literaria significa en concreto que, una vez más, los trabajadores y el pueblo deberán pagar las crisis del capital a través de la destrucción de trabajo y fuerzas productivas, inflación creciente e indeterminada, precarización de las condiciones laborales y profundización de la mala calidad de vida de la mayoría nacional. Cuando en los 90 del siglo pasado, Chile llegó a crecer más de un 7 % anual, entonces se hablaba por arriba de un país “jaguar de América Latina”, y que pronto la riqueza desbordante acortaría las brechas sociales de una de las naciones más asimétricas en la distribución del ingreso del planeta. Naturalmente, no ocurrió nada de ello. En dictadura, los militares ocupaban la metáfora más campechana de “apretarse el cinturón” frente a las crisis. Hoy los trabajadores y el pueblo tienen que “apretar los dientes y seguir adelante”. ¿Adelante hacia dónde? En tanto, la Presidenta Bachelet, a poco más de un año de finalizar su magro mandato, se fotografía en Nueva York con el fascistoide Arnold Schwarzenegger (¿Sabrá el musculoso sheriff dónde queda Chile?), promueve a Premio Nóbel de la Paz a Ingrid Betancourt (!), y agenda una reunión entre el Presidente de la Confederación de la Producción y el Comercio (CPC, gremio patronal) y el Ministro de Hacienda, Andrés Velasco, para que convengan criterios (¿Son posibles más acuerdos y mejor sintonía entre ambos?). Por su parte, el líder de la CPC, Alfredo Ovalle –que llama a la crisis económica, “remezón”-, afirmó que los empresarios deben aportar “tratando de no despedir trabajadores, siempre que sea posible evidentemente.” Evidentemente, no será posible garantizar la tasa de ganancia del capital sin aumentar la cesantía, congelar y/o reducir los salarios, y reprimir y criminalizar la organización de los trabajadores. Lo cierto es que los asesores comunicacionales de la Presidenta Bachelet han ingresado a una fase de franco descalabro creativo, dejándola en ridículo deportivamente ante la indiferencia mortal de los chilenos. 3. Por arriba, en el sistema político dominante -expresión de las diversos intereses del capital y la estrategia única de la reificación de la propiedad privada y la reproducción de los privilegios de una minoría a costa de la sobrevida de la mayoría |