Blogia
Centros Chilenos en el Exterior

Economía

Análisis marxista de la crisis mundial del capitalismo.

Análisis marxista de la crisis mundial del capitalismo.

La hecatombe del sistema financiero mundial es un hecho de tal magnitud, con tantas repercusiones en el plano económico, político, social y militar, que es difícil predecir todas sus consecuencias. En cualquier caso hay algunas incuestionables. Primero, que la economía del conjunto del planeta se encuentra al borde del abismo, precipitándose hacia la recesión más profunda desde la Segunda Guerra Mundial. En segundo lugar, y exactamente igual de trascendente que la anterior, el colapso económico está desvelando el auténtico funcionamiento de la llamada "democracia" burguesa, en realidad la dictadura del gran capital. Una dictadura en la que los gobiernos de EEUU y Europa ­-forma-dos por individuos con sueldos espectaculares que velan por los intereses de la clase dominante-, están conspirando para que los costes de esta brutal crisis los paguen las familias trabajadoras de todo el mundo.

Un cataclismo histórico

Un resumen somero de los acontecimientos proporciona una idea de la trascendencia de las jornadas que estamos viviendo.

1. La mayoría de bancos de inversión, aseguradoras y cajas de ahorros de EEUU han quebrado o se han colocado al borde de la suspensión de pagos. Hay que remontarse al crac de 1929 para encontrar algo semejante. Para evitar un colapso aún mayor, el gobierno Bush se lanzó a una gigantesca operación de rescate, que no evitó el desplome de los mercados durante todo el mes de septiembre.1

2. El terremoto, como era inevitable en una economía mundializada y con unos mercados financieros integrados a una escala nunca vista, ha contagiado a Europa que se arrastra hacia el precipicio.2 Las declaraciones de los gobiernos de Irlanda y Gran Bretaña asegurando por dos años los depósitos de los ahorradores, indican la extrema gravedad de la situación.

3. Desde agosto de 2007 hasta el 21 de septiembre de 2008, la administración norteamericana ha gastado más de ¡900.000 millones de dólares! y no ha logrado evitar el caos. A esta cantidad descomunal se suman las inyecciones de liquidez en el mercado interbancario por parte de la Reserva Federal de EEUU (FED), el Banco Central Europeo (BCE), el Banco de Inglaterra o el Banco Central de Japón, que superan generosamente el billón de euros. Pero todas estas aportaciones de capital no han conseguido ni restaurar la confianza ni evitar el estrangulamiento del crédito. Por un lado, las montañas de deudas bancarias y empresariales acumuladas en estos años de orgía especulativa son muy difíciles de recuperar en un momento en que la economía real, productiva, se desliza con fuerza hacia la recesión. Refinanciar la deuda de empresas en dificultades, cuyas expectativas de negocio van hacia abajo, no es una operación muy rentable. Éste es el caso de todas las grandes de la construcción y las inmobiliarias cuyos activos se han depreciado a un ritmo de vértigo y sus valores se derrumban en la bolsa. Al mismo tiempo los grandes bancos de todo el mundo, que están pillados en el apalancamiento generalizado de las últimas décadas, no tienen ninguna garantía de recuperar sus créditos; su pasivo aumenta y la capacidad de obtener liquidez en el mercado interbancario mengua porque nadie se fía de nadie. Los ladrones no se fían de los ladrones.

En estas condiciones y después de la experiencia vivida en este último año ¿Por qué razón va a funcionar el último plan de la administración Bush si es más de lo mismo? ¿Acaso 700.000 millones de dólares, que no tienen como destinatario la inversión productiva sino salvar los negocios de un puñado de especuladores y magnates, pueden resolver o modificar la tendencia general hacia la recesión de la economía real?

4. Los valores bursátiles de las empresas financieras, bancos de inversión, bancos comerciales, constructoras, eléctricas, telecomunicaciones, aeronáuticas, automoción..., vamos, del conjunto de la economía, se han construido sobre una montaña de créditos que ahora son impagables. El parón de la economía productiva, el descenso en las ventas, el crecimiento del desempleo y de la morosidad y, por supuesto, el crac financiero, han puesto punto y final a la fiesta. Tan sólo en un año (de agosto de 2007 a septiembre de 2008), las bolsas mundiales han perdido el 22% de su valor, una caída equivalente a 12,4 billones de dólares. Si se suma el desplome acumulado en septiembre la pérdida se acerca a los quince billones. En las bolsas estadounidenses se han evaporado cerca de cinco billones de dólares, una cantidad que supera el PIB de América Latina y el Caribe en 2007.

Por más que intenten transmitir confianza, el sistema capitalista está inmerso en un crac de proporciones difícilmente cuantificables. Sólo una cosa es completamente segura: el pánico se extenderá en las próximas semanas.

Como se incubó la catástrofe

Tan sólo hace veinte años, el colapso del estalinismo en la URSS y en Europa del Este provocaba la euforia de la burguesía mundial. No era para menos. Intoxicados por sus éxitos aparentes, los imperialistas norteamericanos se lanzaron en tromba para imponer su doctrina en todos los rincones del mundo: liberalización económica, privatizaciones, desregulación de los mercados financieros, saqueo de los países pobres, extensión de la precariedad laboral y aumento de la explotación, caída de los salarios, intervenciones militares y guerra al "terrorismo"...

En un contexto semejante, los "teóricos" de la economía y la sociología burguesa sentenciaron el fin de las crisis y de la historia; los políticos y los gobernadores de los bancos centrales hablaban sin recato de un "círculo virtuoso" de crecimiento sin fin; y los premios Nóbel de economía eran contratados por los grandes bancos de inversión para que aplicasen sus fórmulas matemáticas al negocio del dinero. La confianza lo inundaba todo. La OCDE en su documento de Perspectivas Económicas Mundiales de 1999 afirmaba: "Estamos en el umbral de una atractiva oportunidad: la posibilidad de un sostenido y largo boom de la economía mundial que se prolongará en las primeras décadas del próximo milenio (...) Una confluencia de factores podrían unirse para propulsar importantes mejoras en la capacidad de creación de riqueza y bienestar a escala mundial...".

Han pasado veinte años, un suspiro en la historia de la lucha de clases, y todas las expectativas se han transformado violentamente en su contrario arrasando con todas las certezas que parecían inexpugnables y barriendo la confianza de la clase dominante. El pesimismo y la incertidumbre son totales.

En medio de la euforia, los marxistas denunciamos las enormes contradicciones que el boom económico estaba creando en los cimientos del sistema. Nuestros análisis eran considerados  con desprecio y altanería por los sabihondos socialdemócratas, hipnotizados por los magníficos "resultados" de las cuentas de beneficios. También éramos despachados por los ex marxistas que pululan por los intersticios del movimiento obrero, esos escépticos desmoralizados que se impresionaron por los brillos del boom y que culpabilizaron a los trabajadores por su "bajo nivel de conciencia". Los hechos han respondido con claridad a todos estos elementos que abandonaron un punto de vista de clase.

Durante estos años, los marxistas hemos señalado que este boom económico no podía comparase, en ningún caso, con la época dorada del auge capitalista de la posguerra. Desde 1945 hasta 1970 los países capitalistas avanzados, especialmente EEUU y Europa Occidental, registraron tasas de crecimiento asombrosas, impulsando un desarrollo espectacular de las fuerzas productivas, del comercio mundial  y de la división internacional del trabajo sin parangón en ningún otro periodo de la historia del capitalismo. El motor de este crecimiento fue, sin lugar a dudas, las grandes inversiones en capital que hicieron aparecer nuevas ramas de la producción y multiplicaron la capacidad de crear manufacturas en masa. A diferencia de lo que plantean ahora los defensores de la "regulación", no fue la intervención del Estado en la economía lo que movió el sistema hacia adelante, sino la reinversión masiva en el proceso productivo de la plusvalía acumulada. Pero esta fase de ascenso también fue liquidada por las contradicciones insalvables del capitalismo, dando pasó a la recesión de los años setenta y sus consecuencias revolucionarias en todo el mundo. El descrédito de las teorías keynesianas, teorías que por otro lado no ponían en riesgo la propiedad capitalista, fueron reemplazadas por las viejas ideas del liberalismo y el monetarismo.

Aunque no disponemos de espacio para analizar en detalle la historia económica de estos últimos veinte años, un hecho sobresalía por encima de todos. En contraste con los años dorados de la posguerra, la rentabilidad que ofrecía la inversión productiva durante las últimas dos décadas se hacía cada vez menos atractiva para el capital. A pesar de la aparición de mercados como China, que atrajeron fuertes inversiones occidentales y suavizaron los efectos negativos de la recesión del sudeste asiático a mediados de los años noventa, la acumulación chocaba con los límites de un mercado mundial que reflejaba la tendencia a la sobreproducción. El fortalecimiento de China como potencia exportadora de manufacturas baratas agudizaba esta tendencia. Así, la sobreacumulación de capitales fortaleció el movimiento ascendente hacia la especulación y forzó una desregulación absoluta del mercado financiero. Como en su momento reconoció Alan Greenspan se trataba de un fenómeno imposible de parar en un sistema que se basa en la obtención del máximo beneficio.

La euforia en la que ha vivido la burguesía internacional creó, dialécticamente, las condiciones para el desastre. Miles de millones de dólares que no encontraban una colocación rentable en la producción de mercancías fluyeron con fuerza hacia el sector inmobiliario y provocaron un alza espectacular de los precios, que era sostenido a su vez por una masa de créditos baratos concedidos indiscriminadamente a particulares y empresas. A pesar de los serios avisos de entonces (la crisis asiática, el estancamiento de Japón o el hundimiento de los valores tecnológicos y de las empresas puntocom en el 2000), la gigantesca deuda hipotecaria que se iba generando era vendida como un "activo" sólido en el mercado bancario y bursátil, gracias a la intervención de la "ingeniería financiera creativa" (subprime y demás fondos basura).

Se trataba de una dinámica enloquecida: la espectacular burbuja inmobiliaria responsable de una cuarta parte del PIB norteamericano, de cuatro de cada diez empleos creados en EEUU en la última década, de la mitad del consumo doméstico y de una parte sustanciosa de los beneficios capitalistas, espoleaba la especulación bursátil y un endeudamiento empresarial y bancario sin precedentes en la historia. Desde finales de la década de los noventa y de manera cada vez más intensiva, el crédito y el endeudamiento se convirtieron en el factor decisivo para garantizar y sostener la producción y el consumo, a la vez que creaban las condiciones para el estallido actual.3

El capital ficticio se hizo omnipresente dando cumplido sentido a la máxima aspiración de todo capitalista: obtener capital del capital sin tener que pasar por la experiencia dolorosa de invertir en el proceso productivo. Esta masa flotante de billones de dólares de capital ficticio se elevó de tal manera por encima de la economía real que, finalmente, se ha transformado en una pesada losa justo en el momento en que la sobreproducción se ha hecho presente.

Debido a esto no hay ninguna duda de que la recesión adquirirá una dureza, extensión y profundidad formidable.

 ¿Quiénes fueron los responsables?

Todos los análisis de la prensa burguesa intentan presentar, como causa de la crisis, a la codicia de algunos banqueros sin escrúpulos y la ausencia de controles y de regulaciones en el mercado. Pero esta forma de envolver las cosas forma parte de toda una campaña para crear una cortina de humo que disculpe al conjunto del sistema.

La burbuja especulativa que ha estallado fue animada y celebrada, en primer lugar, por George W. Bush que facilitó una desregulación generalizada del sistema financiero internacional. El gobierno norteamericano y la Reserva Federal, con Greenspan al frente, fueron imitados, a su vez, por todos los gobiernos europeos, ya fueran conservadores o socialdemócratas. Desde Reagan hasta Margaret Thatcher; desde Helmult Kohl, hasta Chirac, pasando por Bush, Blair, Felipe González, Aznar, Schröder, Berlusconi, Sarkozy o Zapatero, todos han apoyado sin fisuras la política de desmantelamiento de empresas públicas vendidas a precio de saldo a los grandes monopolios (gas, agua, electricidad, telefonía, autopistas, siderurgias, minas, textil); han aplaudido entusiastamente la privatización de servicios sociales esenciales, como la sanidad y la educación, que se han transformado en un negocio lucrativo para los capitalistas. Todos ellos han aprobado reformas del mercado laboral, de las pensiones, y propiciado el hundimiento de los salarios; durante años se han vanagloriado de los pelotazos inmobiliarios y las megafusiones empresariales, aunque supusieran la destrucción de miles de empleos... Y todos ellos recibían en los palacios, sedes del gobierno, parlamentos y celebraciones oficiales a delegaciones nutridas de banqueros y empresarios que se han llenado los bolsillos en esta orgía sin fin.

El papel más despreciable en todo esto, ¡cómo no!, lo han jugado los dirigentes socialdemócratas que afirmaban, un día sí y otro también, que los cimientos estaban sólidos y que no había que preocuparse porque el capitalismo era el mejor sistema de los posibles. Según su esquema, los beneficios insultantes que acumulaban las grandes corporaciones, la gran banca y los especuladores eran la garantía de las inversiones de mañana y los puestos de trabajo de pasado mañana.

Ahora que pintan bastos, muchos de ellos intentan ocultar el rastro de sus actos y se presentan cual inocentes corderitos. Es el caso de personajes como Felipe González, quien publicó un artículo en El País titulado 'El capitalismo en el espejo': "Es una crisis extraña, incluso para reaccionar con una mínima coherencia" nos dice Felipe, "Por el momento ha liquidado la extendida creencia de que el mercado lo arregla todo y solo. Es decir, la teoría dominante desde los años noventa del 'todo mercado', con un rechazo fundamentalista a la intervención regulatoria". ¡Que cinismo! El mismo individuo que protagonizó la liquidación de cientos de empresas públicas en el Estado español, que alentaba a las multinacionales españolas para que no dejaran pasar las oportunidades que brindaba la globalización, que aconsejó a sus colegas en Latinoamérica que se desprendiesen de sus prejuicios ideológicos y privatizaran a precio de saldo el sector estatal para mayor beneficio de bancos, multinacionales y especuladores de toda ralea... ahora nos dice que es una crisis "extraña". ¡Que cara más dura!

Lo que Felipe González no comprende es que sus consejos, tan escuchados por la oligarquía latinoamericana, pusieron su granito en la explosión revolucionaria que recorre Venezuela, Bolivia, Ecuador, México... De hecho, desde el inicio del nuevo siglo, las decisiones estratégicas de la burguesía mundial han roto cualquier equilibrio político y social, espoleando una escalada de la lucha de clases en todo el mundo: huelgas generales en Europa, el movimiento de decenas de millones contra la guerra imperialista, la polarización social y política en EEUU y la mayoría de los estados europeos, el No francés e irlandés en los referéndum sobre la constitución europea, la derrota del PP en el Estado español después de movilizaciones masivas de la población... En definitiva, el hundimiento de la economía sólo ha confirmado el profundo cambio que ha experimentado toda la situación mundial.

Siguiendo con otros propagandistas del "capitalismo de rostro humano", hay una buena cantidad de economistas "progresistas" que sacan pecho con la actual crisis. Para ellos, la intervención de la FED y el Tesoro norteamericano intentando salvar Wall Street, confirma que el capitalismo tiene que "regularse". Lo que no dicen estos amigos es que la intervención del gobierno estadounidense, como la de los gobiernos europeos, tiene como único beneficiario a los capitalistas, a los cuales se les quiere cambiar sus bonos "tóxicos", es decir, insolventes, por dinero contante y sonante. Un dinero que saldrá del bolsillo de las familias trabajadoras estadounidenses, del recorte de los gastos sociales, de la sanidad y la educación pública, del seguro de desempleo..., y que no evitará la destrucción masiva de puestos de trabajo en todos los sectores productivos o el desahucio de millones de familias que no pueden hacer frente a sus hipotecas. Una vez que se desvela el truco de estas "nacionalizaciones", que sólo pretenden salvar a los inversores a costa del dinero de todos, es explicable que la rabia y la furia de la población ocupen espontáneamente las calles de EEUU, y la enorme presión que existe sobre sus señorías en la cámara de representantes.

Pero quienes se llevan la orla en el cuadro de honor de los defensores del capitalismo de "rostro humano", son los dirigentes de los sindicatos. Hace pocos días, en el Foro Nueva Sociedad, el secretario general de UGT, Cándido Méndez,  reclamó un "capitalismo renano o decente, el modelo europeo social de mercado". ¿No parece increíble? ¿Acaso Cándido Méndez no se ha enterado de los despidos en Volkswagen, Audi, Deutsche TeleKom, Deutsch Bank...? ¿No le llegaron las noticias sobre los recortes en el gasto social que aprobó el anterior gobierno socialdemócrata de Schröder y que ahora completa y profundiza el gobierno de coalición con los democristianos? Si Méndez se refiere al "capitalismo productivo" de los años sesenta está reclamando algo que no llegará. En medio de una caída general de las ventas, ¿qué puede empujar a los capitalistas a invertir en aumentar la producción o contratar a más trabajadores? No, los capitalistas guardarán sus capitales a buen recaudo y los dedicarán a fines más lucrativos.

Expropiar a los expropiadores: la única solución es la revolución socialista

Si queremos encontrar un responsable de la crisis no es difícil: es el propio capitalismo, la propiedad privada de los medios de producción y distribución, la dictadura tiránica del capital financiero, que impide que la inmensa riqueza creada con el trabajo de miles de millones de hombres y mujeres en todo el mundo se utilice para resolver las necesidades de la mayoría. El problema es de un sistema que, para asegurar el lujo obsceno en el que vive un puñado de multimillonarios que acumulan un patrimonio equivalente a los ingresos de dos terceras partes de la humanidad, no duda en destruir planificadamente la riqueza del mundo amputando una parte considerable de la capacidad productiva de la industria. Un sistema que provoca la barbarie saqueando continentes o iniciando guerras de rapiña en las que mueren cientos de miles de inocentes, si con eso se garantizan los sacrosantos beneficios de las grandes corporaciones. La auténtica causa de la crisis está claramente identificada: es la búsqueda del máximo beneficio en el espacio de tiempo más corto posible.

Estamos ante acontecimientos históricos. La crisis del capitalismo norteamericano se ha convertido en una crisis global, y nada impedirá que se extienda hasta el último rincón del planeta. Los sueños de que China o la India podrían sacar del atolladero al sistema y evitar la recesión se han esfumado con la rapidez con que se disipa el humo de un cigarro. La depresión del consumo en EEUU y Europa prepara un escenario de pesadilla para China, y esto profundizará a su vez la caída general.

La sacudida que ha empezado hará temblar los cimientos del capitalismo. Millones de trabajadores, de jóvenes, de campesinos se están preguntando hoy, ahora mismo, qué sentido tiene mantener este sistema decrépito. La crisis abrirá paso a las ideas de la revolución, a la necesidad de derrocar a la oligarquía financiera que nos gobierna y sus instituciones farsa. Y, por supuesto, fortalecerá a la revolución allí donde ya se ha iniciado, como en el caso de Latinoamérica.

Las ideas de Marx, Engels, Lenin, Trotsky y Rosa Luxemburgo han demostrado ser cien veces correctas. Sí, hay una solución a esta crisis, pero no es la de un capitalismo de rostro humano ¡Tal cosa no existe, es una vana utopía reaccionaria! La alternativa está en la lucha organizada de la clase trabajadora y la juventud, de todos los oprimidos, hasta conseguir la expropiación de los banqueros, de los grandes monopolios, de los terratenientes, y colocar la riqueza del mundo bajo el control democrático de la mayoría de la sociedad. Ésta es la única alternativa realista, expropiar a los expropiadores, y construir las bases de una economía planificada y socialista, donde la lucha por el máximo beneficio y la propiedad privada de los medios de producción sea enviada al basurero de la historia.

En estas condiciones sería absolutamente viable garantizar el pleno empleo, el derecho a una vivienda, a una sanidad y a una educación pública de calidad y, por supuesto, a la auténtica democracia, la democracia obrera. Con el control de las palancas fundamentales de la economía en manos de la clase obrera, la pesadilla de trabajar sesenta horas a la semana, tal como exigen ahora los capitalistas, sería eliminada de un plumazo. La reducción de la jornada, sin merma del salario, nos permitiría a la mayoría de la población poder participar de manera real en la vida social, controlando la política, la economía y la cultura, que dejarían de ser el monopolio de la clase dominante.

Sí, hay una alternativa para utilizar toda la creatividad maravillosa de la que es capaz el género humano y esa alternativa se llama SOCIALISMO MUNDIAL.

¡Que la crisis la paguen sus responsables: los capitalistas!

¡Expropiar a la banca y los monopolios bajo control de los trabajadores es la única solución!

¡Por una alternativa auténticamente socialista!

¡Proletarios de todos los países, uníos!

NOTAS 

1. Antes del verano fue Bear Stearn, vendida a precio de saldo con el aval del tesoro Público, y la intervención en IndyMac Bancorp. Después de las vacaciones, el colapso en bolsa de las grandes hipotecarias Fannie Mae y Freddie Mac (que concentraban la mitad de los créditos hipotecarios de los EEUU, 5,5 billones de dólares) obligó al gobierno a hacerse con el control de ambas asegurando una inyección de liquidez cercana a los 200.000 millones de dólares. En horas, la erupción arrastró a Merrill Lynch, que fue adquirida in extremis por Bank of America, y empujó el hundimiento de Lehman Brothers. La bancarrota de este banco centenario ha sido la más grande de la historia de los EEUU: 453.200 millones de euros. 48 horas después de la quiebra de Lehman, el gobierno norteamericano desembolsó 60.490 millones de dólares para hacerse con el control de 79% de las acciones de AIG (American internacional Group), la mayor aseguradora del planeta.

2. Luxemburgo, Holanda y Bélgica nacionalizaron las pérdidas del banco Fortis, uno de los grandes de Europa, y decidieron una inyección de 11.200 millones. En Bélgica, el gobierno extendió la operación de rescate al banco franco-belga Dexia, entidad especializada en financiación de administraciones locales, que tiene además unos 5,5 millones de clientes particulares. El alemán Hypo Real Estate fue rescatado, gracias a un crédito de 35.000 millones de euros, por un consorcio bancario y una garantía del Estado. En Dinamarca el Banco Central colocó bajo su garantía el banco Roskilde. En Gran Bretaña se nacionalizó Bradford & Bingley, mientras HBOS tuvo que fusionarse precipitadamente con Lloyds TSB para evitar su caída. HBOS cuenta con unos depósitos de 370.000 millones de euros, el 20% del total del país, pero más de 650.000 millones de euros prestados en el mercado inmobiliario (sus acciones cayeron en tres días de septiembre más de un 50% por miedo a una escalada descontrolada de impagos).

3. Algunas cifras pueden ilustrar el alcance del fenómeno: A) La gran banca recaudó en el año 2006 un 40% del total de las ganancias empresariales de los EEUU. En las décadas de 1950-60 este porcentaje era del 10-15%. B) La capitalización bursátil de todas las bolsas de EEUU pasó de 5,4 billones de dólares en 1994, a 17,7 billones en 1999 y 35 billones en 2007. A su lado, la especulación en Wall Street de los años veinte parezca un juego de niños. C) El déficit por cuenta corriente de EEUU es de un billón de dólares, por lo que necesita ingresar más de 100.000 millones al mes para financiarlo. D) El 90-95% de los movimientos actuales de capitales no responden a operaciones comerciales o de inversión, son puramente especulativos. En el caso de AIG , los datos son asombrosos: de una cartera contra posibles impagos de 441.000 millones de dólares que la compañía ofrecía como garantía a sus asegurados (bancos de inversión y fondos), AIG tenía colocados en el mercado de fondos ¡307.000 millones de dólares! Este mercado llamado Credit Default Swaps (CDS), mueve la friolera de 58 billones de dólares en las bolsas mundiales, sin ningún tipo de control o regulación. El mercado mundial de "derivados" mueve 500 billones de dólares, diez veces más que la producción mundial de bienes y servicios.

 

Rescate financiero, una gran oportunidad

Rescate financiero, una gran oportunidad

Howard Zinn

La Jornada

Es triste ver a ambos partidos apresurarse a lograr un acuerdo para gastar 700 mil millones de dólares del dinero de los contribuyentes para echarlos por el caño de las enormes instituciones financieras, que son notables por dos características: su incompetencia y su ambición.

Hay una solución mucho mejor para la actual crisis financiera. Pero requiere descartar lo que ha sido la "sabiduría" convencional durante demasiado tiempo: que la intervención del gobierno en la economía ("mucho gobierno") debe ser evitada como la peste, porque el "libre mercado" es de toda la confianza como guía hacia el crecimiento y la justicia mediante la economía. Por cierto, es bastante cómica la visión de un Wall Street que ruega al gobierno que lo ayude, sobre todo a la luz de su prolongada devoción por un "libre mercado" que no regule el gobierno.

Pero encaremos una verdad histórica: nunca hemos tenido un "libre mercado"; siempre hemos tenido que el gobierno interviene en la economía y, de hecho, tal intervención ha sido bien recibida por los capitanes de la industria y las finanzas. Estos titanes de la riqueza hipócritamente se quejan de "mucho gobierno" sólo cuando el gobierno amenaza con regular sus actividades, o cuando se dan cuenta de que algo de la riqueza de la nación es destinado a la gente más necesitada.

Nunca se han quejado de "mucho gobierno" cuando les sirve a sus intereses.

Comenzó siglos atrás, cuando los llamados Padres Fundadores se reunieron en Filadelfia, en 1787, a redactar la Constitución. Un año antes habían ocurrido rebeliones de agricultores en el oeste de Massachussets y otros estados (la Rebelión de Shays), cuyas fincas eran expropiadas por no pagar impuestos. Miles de agricultores rodearon los juzgados e impidieron que sus hogares fueran subastados.

Las cartas que se enviaban esos primeros padres en aquel entonces nos dejan ver con claridad que se preocupaban de que tales levantamientos se salieran de las manos. El general Henry Knox escribió a su hermano de armas, George Washington, quejándose de que el soldado ordinario que luchó en la revolución pensara que por haber contribuido a la derrota de Inglaterra merecía una tajada igual de la riqueza del país, o que "la propiedad de Estados Unidos debería ser la propiedad común de todos".

Al cuadrar la Constitución, los Padres Fundadores crearon "mucho gobierno", uno lo suficientemente poderoso como para derrotar la rebelión de los granjeros, recuperarle a sus dueños los esclavos evadidos y apagar la resistencia india conforme los colonos se movieron al oeste.

El primer gran rescate financiero fue la decisión de aquel nuevo gobierno de reintegrar el pleno valor de bonos casi nulos que tenían los especuladores. Éstos fueron pagados imponiendo contribuciones a los granjeros ordinarios, y si eso topaba con una resistencia, había un ejército nacional para apagarla -y eso fue lo que se hizo cuando los granjeros de Pennsylvania se levantaron contra las leyes fiscales.

Desde el mero comienzo, en las primeras sesiones del primer Congreso, el gobierno interfirió con el "libre mercado" estableciendo aranceles para subsidiar a los manufactureros y se hizo socio de los bancos privados con el fin de establecer un banco nacional.

Este papel de mucho gobierno, de respaldo a los intereses de la clase empresarial, continuó a todo lo largo de la historia nacional. Así, en el siglo XIX, el gobierno nacional subsidió canales de agua y la marina mercante. En la década anterior a la Guerra Civil y durante ésta, el gobierno nacional dio aproximadamente 40 millones 500 mil hectáreas de tierra gratis a los ferrocarriles, junto con préstamos considerables para mantener en el negocio a los interesados. Los 10 mil chinos y los 3 mil irlandeses que trabajaron en el ferrocarril transcontinental no obtuvieron tierras gratis, únicamente horas largas con poca paga, accidentes y enfermedades.

El principio de que el gobierno ayuda a los grandes negocios y rehúsa poner la misma generosidad a disposición de los pobres es algo que comparten ambos partidos: los republicanos y los demócratas. El presidente Grover Cleveland, un demócrata, vetó un decreto que le daría 100 mil dólares a los agricultores texanos para ayudarlos a comprar semillas durante una sequía, diciendo: "la ayuda federal en tales casos (...) alienta la expectativa de un cuidado paternalista por parte del gobierno y debilita la entereza de nuestro carácter nacional". Pero ese mismo año utilizó sus excedentes de oro para pagarle a los ricos poseedores de bonos 28 dólares por encima del valor de cada uno -un regalo de 5 millones de dólares.

Cleveland enunciaba el principio del "individualismo rudo" -aquel que reza que debemos hacer nuestras fortunas por nosotros mismos, sin ayuda del gobierno. En un artículo de 1931, aparecido en Harper's Magazine, el historiador Charles Beard catalogó con sumo cuidado 15 instancias en que el gobierno nacional había intervenido en la economía en beneficio de los grandes negocios. Beard escribió: "Por 40 años o más no ha habido un presidente, sea republicano o demócrata, que no haya hablado contra la interferencia del gobierno para luego respaldar medidas que añaden más interferencia a la enorme colección de las ya acumuladas".

Después de la Segunda Guerra Mundial la industria de la aviación tuvo que ser salvada mediante infusiones de dinero gubernamental. Después vinieron las asignaciones por escasez de crudo para las compañías petroleras y el enorme rescate financiero de la corporación Chrysler.

El razonamiento tras la toma de 700 mil millones de dólares de los contribuyentes para subsidiar a las enormes instituciones financieras es que, de algún modo, nos dicen, esa riqueza va a ser derramada en la gente que la necesita. Pero nunca ha funcionado.

La alternativa es simple y poderosa: tomar esa enorme suma de dinero y darla directamente a la gente que la necesita. Que el gobierno declare una moratoria a los embargos y le conceda ayuda a los dueños de casas para ayudarlos a pagar las hipotecas. Que se cree un programa federal de empleos para garantizarle trabajo a la gente que lo quiere y lo necesita, y para los cuales el "libre mercado" no ha llegado aún.

Tenemos un precedente histórico y que tuvo éxito. El gobierno, en los primeros días del Nuevo Trato, puso a millones de personas a trabajar y reconstruyó la infraestructura de la nación. Cientos de miles de jóvenes, en vez de irse al ejército para escapar de la pobreza, se unieron al cuerpo civil de conservación, que construía puentes y carreteras, limpiaba bahías y ríos. Miles de artistas, músicos y escritores fueron empleados por el programa federal de las artes para pintar murales, producir obras de teatro y escribir sinfonías.

El Nuevo Trato (desafiando los gritos de "socialismo") estableció la seguridad social, que junto con el decreto de derechos de los soldados, se convirtió en un modelo de lo que el gobierno puede hacer por su pueblo.

Eso podemos llevarlo más allá, con la "seguridad en salud" -atención a la salud gratis, para todos, administrada por el gobierno federal, pagada del tesoro nacional, dándole la vuelta a las compañías de seguros y a otros privatizadores de la industria de la salud. Esto funciona en otros países.

Todo eso es más de 700 mil millones. Pero el dinero está ahí. En los 600 mil millones del presupuesto militar, una vez que decidamos que ya no seremos una nación que emprende guerras. Y en las abultadas cuentas de banco de los súper ricos, una vez que los convirtamos en ricos ordinarios mediante impuestos vigorosos a sus ingresos y su riqueza.

Cuando suba el grito, sea de los republicanos o los demócratas de que esto no debe hacerse porque implica "mucho gobierno" (fue Bill Clinton quien prometió una era "donde ya no hubiera más ese mucho gobierno"), la ciudadanía debería soltar la carcajada. Y luego agitar y organizarse, según los principios de lo que la Declaración de Independencia prometía: que es la responsabilidad del gobierno garantizar derechos iguales para todos: "vida, libertad y la búsqueda de la felicidad".

Es ésta una oportunidad de oro para Obama para distanciarse de McCain y de los fosilizados líderes del Partido Demócrata, dándole vida a su lema de "cambio" y entonces barrer en su camino al cargo presidencial. Y si no actúa, será responsabilidad de la gente, como siempre ha sido, elevar un grito que se escuche por el mundo entero para forzar a los políticos a actuar.

Traducción: Ramón Vera Herrera

*Este texto apareció originalmente en The Nation el 9 de octubre. Se publica en La Jornada en su versión castellana con permiso expreso del autor.

 

G7: cinco puntos contra el caos

G7: cinco puntos contra el caos

Economía | 11.10.2008

Foto: Los ministros de Finanzas del G7 en Washington: "medidas urgentes".

El G7 acordó un plan de acción conjunto de cinco puntos para luchar contra la crisis financiera. La situación exige "medidas urgentes y extraordinarias" se lee en un escueto comunicado publicado en Washington.

Los ministros de Finanzas y directores de bancos centrales de los Estados Unidos, Japón, Alemania, Gran Bretaña, Francia, Canadá e Italia se pusieron de acuerdo el viernes por la noche en la capital estadounidense en recurrir "a todos los instrumentos a disposición" para evitar el colapso de "bancos importantes" , que pueda poner en peligro todo el sistema financiero.

De qué bancos se puede tratar en concreto naturalmente no se dijo, para no alertar a los mercados acerca de qué instituciones financieras pueden ser salvadas y cuáles no. La medida tiene como objetivo tranquilizar a los depositantes, para que no produzca una corrida, y facilitar el flujo de créditos entre los propios bancos, que actualmente está paralizado y es una de las principales causas de frenazo actual.

Foto: Corredores de bolsa de Fráncfort: confianza por los suelos.

El G7 también acordó garantizar los depósitos, de tal forma que los clientes dejen sus dineros en los bancos. Asimismo acordó apoyar el mercado de financiaciones hipotecarias, que peligra colapsar, sobre todo en Estados Unidos. El ministro de Finanzas norteamericano, Henry Paulson, resaltó que su gobierno no ha abandonado su plan de comprar acciones de bancos si fuera necesario, lo que equivale a una parcial estatización. Sería la primera vez que sucede algo así en EE. UU. desde la crisis de los años 30.

Proteger a los contribuyentes y a otros países

Foto: Filial del banco islandés Kaupthing Bank en Ginebra: actualmente los depositantes no tienen acceso a su dinero.

Las medidas nacionales que se tomen, se lee en el comunicado del G7, será elegidas de tal forma que se proteja lo más posible a los contribuyentes y se eviten consecuencias perjudiciales para otros países.

El ministro alemán de Finanzas, Peer Steinbrück, anunció luego del acuerdo la toma de rápidas decisiones para Alemania. Ya antes de la apertura de las bolsas el lunes habrá claridad acerca del programa alemán, prometió. Y hasta el fin de la semana próxima se crearán las condiciones para modificaciones en las regulaciones de balance de los bancos, resaltó Steinbrück, en una medida que apunta sobre todo a los problemas estructurales del sector.

Más detalles no quisieron mencionar ni Steinbrück ni el presidente del Bundesbank (banco central) alemán, Axel Weber. Primero ambos quieren conversar con los otros países miembros de la eurozona, que se reúnen este domingo en el marco de cumbre especial.

Las medidas no serán un regalo para los bancos

No obstante, algo ya está claro ahora: para los bancos afectados, las inyecciones de capital no serán un regalo, sino que, como contrapartida, deberán aceptar directivas del Estado en sus negocios y toma de decisiones. Ello no es otra cosa que una nacionalización, si bien parcial y por un tiempo limitado. Además, cuando a los bancos les vaya mejor, tendrán que reembolsar lo que Estado haya aportado.

Algo similar sucedió ya en los años 90 en Suecia, donde el Estado tuvo que intervenir urgentemente para salvar de la quiebra a bancos peligrosamente escorados. Luego de finalizada la crisis y ser "reprivatizados" los bancos, se constató que el Estado se había embolsado incluso una pequeña ganancia.

Desde hace algunos días se rumorea que también Alemania podría tomar en consideración la participación estatal en bancos privados en relación con la concesión de fondos frescos. La canciller federal, Angela Merkel, por lo menos no lo excluyó en sus últimas declaraciones.

¿Bastarán el plan de acción del G7 y las iniciativas nacionales para tranquilizar los mercados? Después de todo, durante semanas los gobiernos han lanzado salvavidas cada vez más grandes a los mercados financieros, sin que nada surtiera efecto.

En Alemania se es optimista. Steinbrück dijo que no ve razón alguna para una agudización de los problemas: «Estoy bastante seguro de que los mercados volverán a tranquilizarse». La primera señal se verá este lunes, cuando abran las bolsas.

Pablo Kummetz

DW-WORLD.DE

 

El dólar se disparó ante desplome de las bolsas y se cerró a 638

El dólar se disparó ante desplome de las bolsas y se cerró a 638

La causa de la alta cotización es una nueva caída en el precio del cobre, dijeron los operadores.

Cooperativa.cl  

El dólar cerró la jornada de este viernes con una fuerte alza, impulsado por un nuevo derrumbe de los mercados globales ante temores de que la crisis financiera internacional derive en una recesión mundial, dijeron operadores.

El peso se derrumbó este viernes al depreciarse 4,24 por ciento frente al dólar y cerró a 638 en el renglón vendedor en el mercado interbancario.

La causa de la baja es el desplome de los mercados mundiales y de una nueva caída en el precio del cobre, dijeron los operadores.

El cierre de este viernes es el valor más alto alcanzado en Chile por la divisa estadounidense desde el 16 de agosto de 2004 y determinó para el peso una caída acumulada de 69 unidades durante la semana.

La Bolsa de Santiago, en tanto, sufría una caída en torno al cuatro por ciento en medio de la incertidumbre de los mercados mundiales, que hacían caer fuertemente las principales plazas europeas a media jornada.

 

 

CRISIS ECONOMICA: ¿LA PRIMERA, LA ÚLTIMA?

CRISIS ECONOMICA: ¿LA PRIMERA, LA ÚLTIMA?

Por Dr. Edgardo Condeza Vaccaro

       La crisis económica actual es una crisis generalizada de sobreproducción inherente del sistema capitalista, que involucra al mundo entero. La espectacularidad del problema del  sector financiero ha enmascarado la esencia de toda  crisis.  

     Preocupado, el multimillonario Soros ha dicho:  "...Marx y Engels hicieron un análisis muy bueno del sistema capitalista hace 150 años, mejor en algunos aspectos  -debo decirlo- que la teoría del equilibrio de economía clásica..."(1) ¿ Que decía Marx?: "la razón última de toda verdadera crisis es siempre la pobreza y la capacidad restringida de consumo de las masas, con las que contrasta la tendencia de la producción capitalista a desarrollar las fuerzas productivas como sino tuvieran más límites que la capacidad absoluta de consumo de la sociedad." (2)

      Por una parte, personas con necesidades. (3) Por otra, capacidad creciente de  creación  como nunca antes en la historia de la humanidad. Pero en el sistema capitalista no puede haber armonía entre la satisfacción de las necesidades de los seres humanos y la  producción de bienes y servicios.  Aún cuando existan o abunden,  el libre acceso a ellos para miles de millones de personas  permanece vedado. Porque deben comprarlos y no tienen poder adquisitivo.       

      Antes, las crisis se originaban por escasez y desastres naturales. Hoy son producto de la abundancia.    

      El sistema capitalista ha producido enormes avances en el desarrollo. En un par de siglos crece la riqueza material a una velocidad inconcebible antes en la historia de la humanidad. Sin embargo, la consecuencia no ha sido una regulación planificada  racional, dirigida y administrada por la sociedad. El sistema capitalista se organiza en función de la ganancia. Las relaciones entre los hombres se producen a través de ese ente avasallador y dominante que es el mercado, inconmovible ante las preocupaciones y las angustias de los seres humanos.  

     Todo valor verdadero, real, se genera en los sectores  productivos y en los servicios. La base de las crisis es haber  producido más de lo que se puede vender. Se afecta  el comercio. El sector financiero (4) lucra por un tiempo de las angustias ajenas. Pero, dependiendo  de la magnitud de la cadena de deudas impagas, el sector financiero se tambalea. Agudiza y prolonga las crisis mediante los créditos. El crédito actúa como un elástico incentivando el desarrollo del sistema productivo y servicios más allá del poder adquisitivo. Cuando  la tensión corta el elástico y las obligaciones no pueden cumplirse, el sistema se recoge recordando bruscamente que en una economía de mercado la producción debe limitarse sólo a lo que pueda venderse. En la crisis actual los problemas se profundizaron  porque se engendró dinero del dinero, sin base alguna en el sector real de la economía.

    Aún cuando las crisis son inherentes a la estructura del sistema capitalista, existen medidas preventivas y atenuantes. Hay muy distintas formas de enfrentar los desafíos, desde el Estado de Bienestar hasta el Neoliberalismo. La equidad y las medidas para distribuir mejor los ingresos deben ser el centro de la preocupación. Ello no cambia la esencia del sistema, pero favorece la reproducción de la economía. No impide la crisis, pero retarda su aparición, disminuye su magnitud y sus efectos negativos. 

    En esta crisis son responsables quienes se favorecieron con la especulación pero sobretodo  quienes la permitieron por falta de regulación. Gran responsabilidad de los gobiernos, los parlamentos  y  los organismos internacionales que no establecen  límites, y permiten el libertinaje del lucro.     

     Es urgente que los seres humanos en su conjunto tomen en sus manos lo que entre todos han sido capaces de crear y establezcan relaciones sociales superiores, que permitan una coherencia y armonía entre  producción de bienes y servicios y su consumo para el bienestar de todos,  asumiendo  una planificación ecológicamente sustentable.

Un  sistema con tantas contradicciones y limitaciones, capaz de destruir producción, promover guerras, limitar hasta en lo más elemental la vida de miles de millones de seres humanos, que avanza a través de competencia y  egoísmo, basado en la ganancia de pocos, debe  quedar en el pasado.  El sistema capitalista quedará en la historia como un sistema progresista respecto a los anteriores, pero limitado.  Será el antepasado de un sistema superior en que los seres humanos estén por sobre cualquier otra consideración.

Dr. Edgardo Condeza Vaccaro

 Nota: en las próximas notas me referiré a las repercusiones de la crisis en Chile.

.1.--George Soros, La Crisis del Capitalismo Global" Editorial Sudamericana, 1999, página 29. 

2.-- Carlos Marx, libro El Capital, tomo 3, Fondo de Cultura Económico, 1974, página 455

3.--La mitad de la humanidad, 3.100 millones de personas viven con menos de  1.160 pesos diarios para satisfacer todas sus necesidades. Cada segundo mueren tres niños de hambre y enfermedad.

El PNUD, (Programa de Naciones Unidas para el Desarrollo), afirma que con 72 millones de dólares   sería posible proporcionar atención sanitaria a todos los habitantes del planeta, suprimir las formas graves de malnutrición y proporcionar agua potable a todo el mundo. Para salvar el sistema financiero norteamericano se aprobaron 700.000 millones de dólares.

4.-- "La esfera financiera llegó a representar más de 250 billones de euros, o sea seis veces el montante de la riqueza real mundial." Ignacio Ramonet http://www.attac.es/portalattac/index.php?option=com_content&task=view&id=338&Itemid=46

 "De este modo se configuró en el modelo neoliberalla hegemonía del capital financiero especulativo, haciendo que más del 90% de los movimientos económicos se dieran no en la esfera de la producción o del comercio de bienes, sino en la compra y venta de papeles en la Bolsa de Valores o de las deudas públicas de los gobiernos." Emir Sader, Le Monde Diplomatique Octubre 2008 página 8.

 

Banco Central decidió mantener la tasa de interés en 8,25%

Banco Central decidió mantener la tasa de interés en 8,25%

ADN Radio

Tras su reunión mensual de política monetaria, el consejo del Banco Central anunció que decidió mantener la tasa de interés de política monetaria en 8,25% anual, ante el escenario de "incertidumbre" a nivel internacional.

"Dada la incertidumbre de la economía global y su impacto sobre la inflación proyectada, el consejo estima que esta decisión es necesaria para reevaluar con mayor información el curso de la política monetaria contenido en el escenario base del IPoM", explicó el instituto emisor en su comunicado. 

Tras esta decisión, el diferencial de tasas con Estados Unidos (1,5%) llega hasta los 675 puntos base.

Respecto a la trayectoria futura de la tasa de interés, el organismo liderado por José De Gregorio explicó que será necesario evaluar "las implicancias que se derivan de los desarrollos financieros en curso sobre la inflación proyectada".

En el comunicado de la reunión, el consejo del Banco Central explicó que las "tensiones extraordinarias" sobre el sistema financiero global está "afectando la liquidez, el acceso al crédito y los precios de los activos".

Además planteó que los mercados anticipan una desaceleración global, en conjunto con una caída en el precio de los commodities, "en particular el cobre y el petróleo".

En el comunicado también se expresa que las condiciones actuales han generado que "diversos bancos centrales y autoridades gubernamentales han tomado medidas de excepción".

Inflación

El BC señaló que "la información disponible de actividad para el tercer trimestre es coherente con las perspectivas de que la expansión anual de la economía en el segundo semestre será mayor que en la primera mitad del 2008", considerando que "las condiciones financieras locales se han estrechado".

El instituto emisor considera que la cifra de septiembre (1,1%) estuvo sobre lo esperado, debido principalmente al alza en los precios de los combustibles a nivel local, aunque subrayó su compromiso por bajar estas cifras.

El consejo del Banco Central planteó que "reafirma su compromiso de conducir la política monetaria de manera de reducir la elevada inflación actual hacia 3%, en el horizonte de política".

Respecto a esto, aseguró que, si bien la trayectoria de la tasa de interés contempla nuevos ajustes (según lo dicho en el último Ipom), será necesario evaluar la evolución y las implicancias del desarrollo financiero sobre la inflación proyectada.

 

Crisis dispara precio del dólar en Chile

Crisis dispara precio del dólar en Chile

La Nación 

Jueves 9 de octubre de 2008   

Moneda norteamericana subió casi 30 pesos en tres días

Exportadores muestran cautela pero están felices con el boom que ha vivido el dólar en los últimos días.

 

Foto: Hasta 625 pesos se cotizó ayer el dólar en el mercado local, finalmente cerró en 611 pesos. Foto: UPI

En lo inmediato el efecto del alza del precio del dólar se verá reflejado en la variación de las bencinas en las próximas semanas.

Así por lo menos lo señalan expertos que analizan el rally que vive la divisa estadounidense que cerró ayer en 611,50 pesos y acumula sólo en esta semana un incremento de casi 30 pesos.

De hecho, ayer alcanzó a estar por largos minutos en 625,5 pesos lo que representaba un alza de 30 pesos sólo respecto a la jornada anterior.

Pese a que el precio del petróleo ha experimentado una baja en los últimos días debido a las estimaciones de menor demanda por el bajo crecimiento que debiera tener el mundo este año y el próximo, lo cierto es que este factor no alcanza para mitigar las alzas bruscas en el precio de los combustibles en el país.

Para el economista Luis Eduardo Escobar, de Chile 21, ambos factores pegan igual. "No se puede decir que el tipo de cambio o el petróleo pegan más alto, porque cualquiera sea el precio del petróleo después se tiene que convertir a pesos entonces ahí es donde los efectos se suman. En todo caso, la tendencia es que siga subiendo", dice.

Una opinión similar manifiesta el analista de BanChile inversiones Cristóbal Doberti quien sostiene que el alza de dólar "a futuro va a afectar (en el precio de la bencina), a menos que el escenario se revierta durante esta semana, pero es poco probable, así que se va a sentir en los próximos cálculos que realice la ENAP".

Pero la situación no es negativa para todos los chilenos. Pese a manifestar cautela, quienes están felices por el alza de la moneda estadounidense en los últimos días son los exportadores.

Rodrigo Echeverría, presidente de Fedefruta, expresó que "no podemos dejar de estar sorprendidos, porque la reacción del dólar la encontramos bastante violenta y así no son buenas para ningún mercado", aunque agrega que pese a esto "hay beneficio, vemos una oportunidad, pero también la tenemos que mirar con anticipación".

Una postura más optimista representa el titular de Chilealimentos Alberto Montanari, quien afirma que "a nosotros nos ayuda muchísimo, porque como somos grandes creadores de empleo, el precio del dólar tiene un tremendo impacto en nuestras ventas y utilidades. Es tremendamente beneficioso, porque bajan nuestros costos".

A su vez, la Asociación de Exportadores (Asoex) tuvo un planteamiento más cauto. "Si bien la evolución del tipo de cambio ha sido positiva, no es menos cierto que ello podría ser producto de la actual crisis financiera que sufren los mercados internacionales y por lo tanto, ser algo transitorio y que se ajustará, posiblemente, a un nivel distinto cuando la crisis se estabilice", señaló la entidad en un comunicado.

Donde sí hay preocupación es en la baja del precio del cobre. Ayer la libra del metal rojo se cotizó en 2,49 dólares y generó la reacción del líder de los empresarios, Alfredo Ovalle, quien señaló que "indudablemente, estas crisis internacionales afectan enormemente a productos de materia básica como el que tenemos nosotros. Ahora creo que ya está llegando al límite inferior y espero que no siga bajando de los 2,48 en que está hoy día. Y siempre soy optimista y creo que esto es fuerte, hay 120 mil dólares de pérdida por cada centavo que baja, pero lo vamos a recuperar", expuso el empresario.


Buscando la salida

Las multimillonarias inyecciones de dinero y otras medidas coyunturales, como la baja coordinada de tasas de interés no han logrado controlar la crisis. ¿La solución? Cambios estructurales al sistema proponen algunos.

Lo planteó el Presidente francés, Nicolas Sarkozy, quien propuso abordar el tema en el Grupo de los Ocho (G-8), que reúne a los países más industrializados del mundo.

Ayer, el Presidente ruso Dimitri Medvedev se sumó a la convocatoria de una reunión urgente antes de fin de año, pero pidió invitar a las economías emergentes. Desde EEUU, en la tarde, Paulson convocó al G-20 después de consultar con Brasil, que lo preside. Medvedev también habló de crear “nuevas” instituciones financieras internacionales. Mientras, en el continente, Hugo Chávez pedía la renuncia del FMI, que ayer entregó su informe anunciando recesión en Reino Unido, España e Italia para el próximo año.

En Chile, Velasco anunció subasta de dólares, una medida que ayer ya aplicó Brasil y México.

La crisis del siglo por Ignacio Ramonet

La crisis del siglo por Ignacio Ramonet

La crisis del siglo [ATTAC]

EL FIN DE UNA ERA DEL CAPITALISMO FINANCIERO

Por Ignacio Ramonet (*)

Los terremotos que sacudieron las Bolsas durante el pasado «septiembre negro» han precipitado el fin de una era del capitalismo. La arquitectura financiera internacional se ha tambaleado. Y el riesgo sistémico permanece. Nada volverá a ser como antes. Regresa el Estado.

El desplome de Wall Street es comparable, en la esfera financiera, a lo que representó, en el ámbito geopolítico, la caída del muro de Berlín. Un cambio de mundo y un giro copernicano. Lo afirma Paul Samuelson, premio Nobel de economía: «Esta debacle es para el capitalismo lo que la caída de la URSS fue para el comunismo». Se termina el período abierto en 1981 con la fórmula de Ronald Reagan: «El Estado no es la solución, es el problema.» Durante treinta años, los fundamentalistas del mercado repitieron que éste siempre tenía razón, que la globalización era sinónimo de felicidad, y que el capitalismo financiero edificaba el paraíso terrenal para todos. Se equivocaron.

La «edad de oro» de Wall Street se acabó. Y también una etapa de exuberancia y despilfarro representada por una aristocracia de banqueros de inversión, «amos del universo» denunciados por Tom Wolfe en La Hoguera de las vanidades (1987). Poseídos por una lógica de rentabilidad a corto plazo. Por la búsqueda de beneficios exorbitantes.

Dispuestos a todo para sacar ganancias: ventas en corto abusivas, manipulaciones, invención de instrumentos opacos, titulización de activos, contratos de cobertura de riesgos, hedge funds... La fiebre del provecho fácil se contagió a todo el planeta. Los mercados se sobrecalentaron, alimentados por un exceso de financiación que facilitó el alza de los precios.

La globalización condujo la economía mundial a tomar la forma de una economía de papel, virtual, inmaterial. La esfera financiera llegó a representar más de 250 billones de euros, o sea seis veces el montante de la riqueza real mundial. Y de golpe, esa gigantesca «burbuja» reventó. El desastre es de dimensiones apocalípticas. Más de 200 mil millones de euros se han esfumado. La banca de inversión ha sido borrada del mapa. Las cinco mayores entidades se desmoronaron: Lehman Brothers en bancarrota; Bear Stearns comprado, con la ayuda de la Reserva Federal (Fed), por Morgan Chase; Merril Lynch adquirido por Bank of America; y los dos últimos, Goldman Sachs y Morgan Stanley (en parte comprado por el japonés Mitsubishi UFJ), reconvertidos en simples bancos comerciales.

Toda la cadena de funcionamiento del aparato financiero ha colapsado. No sólo la banca de inversión, sino los bancos centrales, los sistemas de regulación, los bancos comerciales, las cajas de ahorros, las compañías de seguros, las agencias de calificación de riesgos  (Standard&Poors, Moody’s, Fitch) y hasta las auditorías contables (Deloitte, Ernst&Young, PwC).

El naufragio no puede sorprender a nadie. El escándalo de las «hipotecas basura» era sabido de todos. Igual que el exceso de liquidez orientado a la especulación, y la explosión delirante de los precios de la vivienda. Todo esto ha sido denunciado -en estas columnas - desde hace tiempo. Sin que nadie se inmutase. Porque el crimen beneficiaba a muchos. Y se siguió afirmando que la empresa privada y el mercado lo arreglaban todo.

La administración del Presidente George W. Bush ha tenido que renegar de ese principio y recurrir, masivamente, a la intervención del Estado. Las principales entidades de crédito inmobiliario, Fannie Mae y Freddy Mac, han sido nacionalizadas. También lo ha sido el American International Group (AIG), la mayor compañia de seguros del mundo. Y el Secretario del Tesoro, Henry Paulson (expresidente de la banca Goldman Sachs...) ha propuesto un plan de rescate de las acciones «tóxicas» procedentes de las «hipotecas basura» (subprime) por un valor de unos 500 mil millones de euros, que también adelantará el Estado, o sea los contribuyentes.

Prueba del fracaso del sistema, estas intervenciones del Estado -las mayores, en volumen, de la historia económica-  demuestran que los mercados no son capaces de regularse por sí mismos. Se han autodestruido por su propia voracidad. Además, se confirma una ley del cinismo neoliberal: se privatizan los beneficios pero se socializan las pérdidas. Se hace pagar a los pobres las excentricidades irracionales de los banqueros, y se les amenaza, en caso de que se nieguen a pagar, con empobrecerlos aún más.

Las autoridades norteamericanas acuden al rescate de los «banksters» («banquero gangster») a expensas de los ciudadanos. Hace unos meses, el Presidente Bush se negó a firmar una ley que ofrecía una cobertura médica a nueve millones de niños pobres por un costo de 4 mil millones de euros. Lo consideró un gasto inutil. Ahora, para salvar a los rufianes de Wall Street nada le parece suficiente. Socialismo para los ricos, y capitalismo salvaje para los pobres.

Este desastre ocurre en un momento de vacío teórico de las izquierdas. Las cuales no tienen «plan B» para sacar provecho del descalabro. En particular las de Europa, agarrotadas por el choque de la crisis. Cuando sería tiempo de refundación y de audacia.

¿Cuanto durará la crisis? «Veinte años si tenemos suerte, o menos de diez si las autoridades actúan con mano firme». vaticina el editorialista neoliberal Martin Wolf (1). Si existiese una lógica política, este contexto debería favorecer la elección del demócrata Barack Obama (si no es asesinado) a la presidencia de Estados Unidos el 4 de noviembre próximo. Es probable que, como Franklin D. Roosevelt en 1930, el joven Presidente lance un nuevo «New Deal» basado en un neokeynesianismo que confirmará el retorno del Estado en la esfera económica. Y aportará por fin mayor justicia social a los ciudadanos.

Se irá hacia un nuevo Bretton Woods. La etapa más salvaje e irracional de la globalización neoliberal habrá terminado.

Nota 1) Financial Times, Londres, 23 de septiembre de 2008

(*) Ignacio Ramonet es periodista y fundador de ATTAC