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DC pide claridad en investigación por muerte de Frei Montalva

DC pide claridad en investigación por muerte de Frei Montalva

La Democracia Cristiana manifestó su “inquietud” por las informaciones periodísticas que respaldan la tesis del asesinato del ex mandatario. Presidenta Bachelet indicó que está “horrorizada” con estos antecedentes.

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La directiva de la Democracia Cristiana en pleno manifestó su inquietud y horror por los nuevos antecedentes que avalan la tesis de que el ex Presidente Eduardo Frei Montalva habría sido asesinado.

La timonel del partido de la flecha roja, senadora Soledad Alvear, indicó que es vital que exista “claridad en este caso” y no descartó que la colectividad en el futuro se haga parte de las acciones legales.

Anoche el programa Informe Especial de TVN difundió un reportaje en que respaldan la tesis de que Frei Montalva fue asesinado mientras permanecía internado en la clínica Santa María.

Al respecto Alvear expresó "nuestra profunda preocupación y horror una vez más ante nuevos antecedentes que han aparecido en medios de comunicación relativos a lo que pudiera haber sido un asesinato del ex Presidente".

Y agregó que "como directiva de la DC el partido político donde el Presidente Frei militó durante toda su vida" pedirán que se realicen todas las pesquisas necesarias que permitan definir las circunstancias que rodearon este deceso.

Bajo la premisa de que “el país necesita que haya claridad”, Soledad Alvear dijo que es vital que se esclarezca el proceso que tramita el ministro Alejandro Madrid, pues dijo podríamos estar a las puertas del "primer magnicidio, el primer homicidio de un Presidente".

Presidente horrorizada

En tanto, la Presidenta Michelle Bachelet, afirmó que “estas revelaciones tienen evidencias fundadas sumamente graves y espero que puedan llegar al juez Alejandro Madrid para que pueda rápidamente avanzar en este proceso que investiga la muerte del Presidente Frei y también de otros presos políticos".

Para la mandataria si esto es verdad "nos horroriza, nos produce una sensación de consternación".

Con respecto a la versión que también difundió TVN de que podría haber miembros de la Democracia Cristiana de esa época que participaron en esta eventual conspiración, la Presidenta se limitó a decir que "lo importante no es que esta Presidenta califique sino que se entregue esa información sobre esas declaraciones, sobre esos testimonios al juez correspondiente".

Ministro de Justicia: Datos son “extremadamente graves”

El ministro de Justicia, Isidro Solís, calificó hoy de "delicadas" y "extremadamente graves" las últimas revelaciones y evidencias sobre el caso Frei.

"Me parece extremadamente grave y nosotros confiamos en que el Poder Judicial va a poder llevar las investigaciones hasta el final y lo importante es que operen los mecanismos de la justicia en cuanto a encontrar y castigar a los responsables", declaró Solís.

DC expresa profunda preocupación y horror ante nuevos antecedentes en muerte de Frei Montalva

María José Henríquez y Tomás Martínez del Río

Fecha edición: 24/08/2006 12:09

 

La directiva de la Democracia Cristiana (DC) en pleno manifestó su profunda preocupación y horror con los nuevos antecedentes que surgieron en torno a la muerte del ex Presidente Eduardo Frei Montalva. Anoche, el programa Informe Especial de TVN entregó nuevos datos que confirmarían la tesis de un asesinato del ex mandatario.

Visiblemente emocionada y acompañada de toda la mesa de la tienda falangista, la timonel Soledad Alvear manifestó "nuestra profunda preocupación y horror una vez más ante nuevos antecedentes que han aparecido en medios de comunicación relativos a lo que pudiera haber sido un asesinato del ex Presidente".

En ese sentido, agregó que "como directiva de la DC el partido político donde el Presidente Frei militó durante toda su vida" pidió que se realicen las todas las investigaciones necesarias para aclarar las causas de la muerte e instó a todas las personas a que tengan antecedentes a que los hagan llegar a la justicia para que se aclare el "primer magnicidio, el primer homicidio de un Presidente".

Asimismo, señaló que "el país necesita que haya claridad", por lo que demandó investigación y celeridad.

Junto con destacar que desde que asumió la directiva se puso a disposición de la familia Frei, expresó su solidaridad con el clan reconociendo sus esfuerzos para que se conozca lo que realmente pasó en este caso.

Al mismo tiempo no descartó que el partido se haga parte de las acciones legales si es necesario.

En la oportunidad, Alvear aprovechó también de resaltar el "tremendo legado" del gobierno de Frei especialmente en el ámbito social.

BACHELET LLAMA A ENTREGAR ANTECEDENTES A LA JUSTICIA
En tanto, tras sostener un encuentro con los empresarios, la Presidenta Michelle Bachelet opinó que "estas revelaciones tienen evidencias fundadas sumamente graves y yo creo que esta información debe llegar al juez Alejandro Madrid para que pueda rápidamente avanzar en ese proceso que investiga la muerte del Presidente Frei y también que investigue la muerte de algunos presos políticos por botulismo".

La mandataria agregó que "es muy importante que esto, que si es verdad, nos horroriza, nos produce una sensación de consternación pero creo que lo más importante no es que esta Presidenta califique, porque no le corresponde calificar, sino que se entregue toda esa información, declaraciones y testimonios al juez correspondiente para que pueda avanzar y tomar las decisiones que compete y ahí se verán las responsabilidades que corresponden".

 

Militante DC presuntamente involucrado con la CNI

La senadora Soledad Alvear señaló que es la Justicia la encargada de investigar el posible vínculo de militantes de la Democracia Cristiana con los organismos de seguridad del gobierno militar, pero indicó que en caso de confirmarse dichos antecedentes, serán enviados inmediatamente al Tribunal Supremo de la tienda falangista.

Las palabras de la presidenta de la DC son la respuesta a un reportaje del diario The Clinic en el que se asegura que el constructor civil Luis González Sepúlveda, quien se desempeñó como inspector fiscal del Ministerio de Obras Públicas durante el gobierno del ex Presidente Eduardo Frei Ruiz-Tagle, y que militaba en las filas del partido desde 1969, era además informante de la Central Nacional de Informaciones (CNI).

Según la investigación, González Sepúlveda formaba parte del grupo de la CNI encargado de espiar al ex Presidente Eduardo Frei Montalva. Sin embargo el ingeniero asegura haber abandonado las filas del organismo de seguridad el año 1980, más de un año antes del fallecimiento del ex mandatario.

Ex CNI que siguió a Frei Montalva entregó pista sobre venenos

Ex CNI que siguió a Frei Montalva entregó pista sobre venenos

Raúl Lillo Gutiérrez tenía como informante al chofer del ex mandatario

En su testimonio reveló que el químico de la DINA, Eugenio Berríos le aseguró que inoculó toxinas para intentar asesinar a dos miristas en 1981, e hizo lo mismo en los ‘70 con Carmelo Soria y Renato León, ex Conservador de Bienes Raíces.

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Jorge Molina Sanhueza

Foto: Esta es la primera fotografía publicada del ex agente Raúl Lillo Gutiérrez quien siguió a Frei Montalva hasta su muerte, a través de su chofer, Luis Becerra.  

Un ex agente de la Central Nacional de Informaciones (CNI) perteneciente a la Brigada Político Sindical y que siguió durante varios años al ex Presidente de la República Eduardo Frei Montalva, entregó una pista clave al ministro en visita Alejandro Madrid sobre la fabricación de venenos.

En una declaración que consta a fojas 6.710 a 6.714 del tomo XIX del expediente, el ex CNI y ex miembro de la Unidad Especial de la Dirección de Inteligencia del Ejército (DINE), Raúl Lillo Gutiérrez, reveló al magistrado una conversación que mantuvo con el químico de la DINA Eugenio Berríos, mientras lo cuidaba estando clandestino en Uruguay.

De acuerdo con su relato, Berríos le comentó que en diciembre de 1981, logró introducir una toxina preparada por él, en unos tarros de conserva a la ex cárcel pública, donde estaban presos los militantes del MIR Ricardo y Elizardo Aguilera, Guillermo Rodríguez Morales -“El Ronco”- y Adalberto Muñoz Jara. Todos estuvieron al borde de la muerte por haber contraído misteriosamente botulismo. “El le inoculó esa sustancia capaz de producir envenenamiento”, declaró Lillo Gutiérrez.

Valija secreta

La cepa de esta toxina llegó a Chile por valija diplomática de la Cancillería en junio del mismo año al Instituto de Salud Pública (ISP), por petición del jefe del Laboratorio de Guerra Bacteriológica del Ejército –dependiente entonces de la DINE-, el doctor Eduardo Arriagada Rehren.

La importancia que tiene la declaración de Lillo Gutiérrez para el proceso, es que al mismo tiempo, desde sus tiempos de la DINA pasando por la CNI, hasta que Frei murió, fue el agente de control de Luis Becerra, chofer y hombre de confianza del ex Mandatario, quien actuó como su informante hasta mediados de la década de los ´90, cuando trabajaba con Andrés Zaldívar.

En ese contexto, de acuerdo con fuentes allegadas a la investigación, el relato de Lillo Gutiérrez -cuya chapa era Manuel Arriagada- concatena perfectamente con la cronología de los hechos históricos y judiciales que tiene Madrid en el expediente. Y esto, porque Frei se enferma por primera vez el mismo día 8 de diciembre cuando los miristas se enferman de botulismo, según consta en el informe Investigaciones, preparado por la detective Palmira Mella.

“Es dable señalar la fecha del día 8 de diciembre de 1981, día en que se intoxicaron cuatro reos comunes y cuatro reos subversivos -miristas- en la ex Cárcel Pública de Santiago por toxina botulínica, es el mismo en que el ex Presidente de la República Eduardo Frei Montalva, sufrió una grave infección, donde fue intervenido nuevamente con diagnóstico de peritonitis aguda”, señala el documento.

De allí en adelante, serán sólo semanas para que Frei fallezca misteriosamente el 21 de enero de 1982 en la Clínica Santa María.

Otros hechos

Pero Lillo, en su testimonio, entrega también otros detalles que le entregó el mismo Berríos, vinculados al homicidio del diplomático español Carmelo Soria y del Conservador de Bienes Raíces, Renato León. Según el relato del ex CNI, Berríos le aseguró que ambos fueron envenenados por toxinas preparadas por él.

“Berríos se explayaba bastante conmigo, tenía una afinidad con mi persona que no la tenía con nadie de la Unidad Especial de la DINE que le cuidaba en Uruguay. Él me decía que era amigo de Manuel Pérez Santillán y pienso que esa amistad nació porque ambos trabajaron en la Brigada Mulchén de la DINA, junto a Patricio Quilhot y Jaime Lepe Orellana”, dijo al juez.

Este último punto es interesante, ya que Madrid estableció que Lepe, quien fuera el secretario general del Ejército en 1993 y uno de los hombres más cercanos a Pinochet, ordenó a los agentes del Batallón de Inteligencia del Ejército (BIE) que siguieran al ex DINA José Remigio Ríos San Martín otro miembro de la Brigada Mulchén quien lo inculpó de participar en la muerte de Soria. Finalmente, Lepe lo citó a una reunión en el restaurante la Casa Vieja, donde lo conminó a cambiar su declaración a cambio de una camioneta, hecho acreditado en el proceso y revelado este lunes por La Nación. LN

Otra vez, Berríos y la toxina botulínica

Quizá uno de los episodios hasta ahora más reveladores de cómo Eugenio Berríos es quien recorre desde el laboratorio de la Brigada Mulchén de la DINA hasta la muerte de Frei, está también avalado por lo dichos que Michael Townley prestó en Estados Unidos a los detectives chilenos.

En su relato en las seis páginas que constan en el cuaderno separado B-IX entre las fojas 2.993 a la 2.999 del proceso, Townley, asegura que el ex jefe de la DINA, Manuel Contreras Sepúlveda, quiso asesinar a su reemplazante de la CNI, general Odlanier Mena. El ex agente relata que en noviembre de 1977 el “Mamo” le pidió que preparara una sopa de bacterias para “incapacitar a Mena”.

“Hablé con Eugenio Berríos, ya que el laboratorio de la DINA lo habían desmantelado y después de algunos días me dijo que lo haría con tétano o toxina botulínica (que provoca el botulismo) y que las podía conseguir con el director del ex Instituto Bacteriológico (hoy ISP), pero me pidió una incubadora... El producto se lo pasó al mayor Vianel Valdivieso... para introducir este producto bacteriológico en el té...”.

El asesino de Trelew

El asesino de Trelew El asesino de Trelew
Capitán de Corbeta Luis Emilio Sosa

La Fogata

 Sosa, el capitán de corbeta. Sosa, el que se comprometió -en presencia de un juez y frente a testigos- a trasladar a los evadidos nuevamente al penal de Rawson, Sosa, el que les garantizó que no los recluiría en la Base Aeronaval Almirante Zar. Sosa, el que se mostró ofendidísimo cuando los presos políticos le manifestaron que su negativa a quedar detenidos en una base de la Marina obedecía a experiencias personales de torturas y vejámenes por parte de personal de esa fuerza. Sosa, el mismo que se asombró porque alguien pudiera temerle. Sosa, el mismo que traicionó su palabra de ¿honor? y apenas los diecinueve jóvenes se entregaron, después de deponer sus armas, los subió a un colectivo para hacer exactamente lo opuesto a aquello que había pactado. Sosa, el que se sintió dueño y señor de hacer su voluntad y que los depositó, seguramente con regocijo, en la Base Aeronaval donde consumaría su masacre.

El asesino de Trelew
Capitán de Corbeta Luis Emilio Sosa

Quién es este Sosa ¿Dónde está? Sosa? ¿Dónde lo escondieron? El capitán de corbeta Luis Emilio Sosa recibió adiestramiento en Fort Gulick, Panamá.

¿Lo adiestraron para qué? Para ser un idóneo en la "lucha antiguerrillera".
Aprendió bien.

Cuando mata, mata.
Ahora, para mentir hace falta un poquito de inteligencia, y de eso no pudieron inyectarle en Fort Gulick.

En la revista Marcha, del 8 de setiembre de 1972, en la nota titulada Trelew.. la obra de los marines, Martín Virasoro refiere, con bronca contenida pero explícita, la insólita versión suministrada por el capitán de corbeta de que los evadidos habían muerto en un intento de fuga en un relato totalmente inverosímil, al que Virasoro describe como "cuento infantil el relato del militar que asevera que "el guerrillero Pujadas, mediante un golpe de karate lo arrojó al suelo (a Sosa) y le quitó el arma, no obstante lo cual él, Sosa, logró zafarse y dio la orden de reprimir suena raro definitivamente". Y continúa: "Diecinueve a cero es una cifra concluyente para estimar que Sosa es una especie de Batman, si no fuese porque corresponde simplemente denominarlo con el nombre correcto: criminal, asesino, psicópata. Pujadas y el resto del grupo, incluida la mujer de Santucho, grávida de ocho meses, sabían perfectamente que no tenía sentido alguno pretender huir, como lo asevera la versión oficial. Ni estando completamente locos podrían tener la esperanza de que, dada la voz de alarma, pudiesen hacer nada, aun con una metralleta, contra los dos mil hombres de la guarnición, contra  los tanques, los carriers, las tanquetas. Y menos todavía en la inhóspita zona a la que debían ingresar, supuesto de que hubiesen logrado salir de la Base. Por eso soportaron todas las provocaciones, escupitajos incluidos del capitán Sosa El cronista de Marcha saca la conclusión más coherente: "Sosa la pensó bien, No debía haber soldados conscriptos. Sólo oficiales y suboficiales de los más fieles, los más gorilas. Por eso eligió la hora que eligió. Nada de testigos que, al volver a ser civiles al terminar la conscripción, no puedan con su conciencia y refieran la verdad. De todos modos la imaginación gorila es corta para todo lo que no sea represión y violencia.

De ahí que, alrededor de las 4 de esa madrugada, cuando Lanusse fue despertado telefónicamente por el general Betti, quien le refirió la primera versión (la de Sosa), estalló en los más gruesos improperios del repertorio de la caballería y los coronó con preguntas tales como: ¿Ni siquiera cinco heridos, general?; ¿cómo, tampoco uno solo entre los nuestros con heridas ¿Qué le vamos a decir al país ahora?-.

Aunque a las Fuerzas Armadas nunca les importó dar explicaciones creíbles, la de Sosa era tan pueril que hasta a los más recalcitrantes representantes de la dictadura los dejaba sin respuestas. Cuando el contralmirante Hermes Quijada concluyó de brindarle a la prensa otra versión oficial (parecida, pero diferente), un periodista le preguntó si Sosa estaba herido. La respuesta de Quijada -que como se recordará tuvo su bautismo como aviador naval ametrallando a los civiles en la Plaza de Mayo el 16 de junio de 1955- sonó tan absurda como la versión: "No puedo contestar. Es secreto de sumario". La nota de Virasoro concluye con una gráfica sentencia: "El capitán de corbeta Sosa no es un torturador, no le gusta eso. Prefirió el nombre de asesino".

Y a Sosa, el fusilador, no se lo volvió a ver por los alrededores de Trelew. Ni por ningunos otros alrededores. Se tejieron muchas versiones: que la Marina lo guardaba" para protegerlo era una de ellas. Otra decía que lo "guardaba" para utilizarlo en situaciones similares, que era un "duro" entrenado para "misiones especiales" (léase asesinar a víctimas indefensas). Lo cierto es que no se supo nada de él.

Pero el Boletín Oficial de la República Argentina, que registra a diario los textos de decretos, leyes y resoluciones del Gobierno, publicó en junio del 73 el último decreto firmado por Lanusse a sólo veinticinco días de entregar el poder: el 30 de abril de 1973 la dictadura lanussista parió el decreto 3.495 cuyo el texto completo dice: VISTO, lo informado por el señor comandante en jefe de la Armada y lo propuesto por el Ministerio de Defensa y CONSIDERANDO: que es muy conveniente para la Armada Argentina que un oficial jefe realice el curso de infantería para Infantería de Marina, en los Estados Unidos de América; que por la naturaleza de la comisión, la misma no puede ser cumplida por integrantes de nuestra representación diplomática, debiendo estar integrada por personal seleccionado, teniendo en cuenta la necesidad de una continuidad de la experiencia que se obtenga y su futura actividad dentro del servicio; que la fecha de iniciación de la presente comisión está prevista a partir del 15 de mayo de 1973, con una duración de trescientos sesenta y seis (366) días, incluyendo los tiempos de traslados.«que tal providencia se halla incluida en el programa de viajes al exterior - Armada Argentina- año 1973, a elevarse oportunamente al Poder Ejecutivo; Por ello, el Presidente de la Nación Argentina decreta: Artículo 1º - Nómbrase para prestar servicios en la Agregaduría Naval a la Embajada de la República Argentina en los Estados Unidos de América y Canadá en "misión transitoria" y por el término de trescientos sesenta y seis (366) días, al señor capitán de corbeta de Infantería de Marina don Luis Emilio Sosa, a fin de que realice el curso de infantería para Infantería de Marina.

Artículo 2º - El citado oficial jefe, percibirá en compensación de todo gasto, hasta un máximo diario de cuarenta dólares estadounidenses (u$s 40).

Artículo Y - Los gastos que demanda la presente comisión deberán ser imputados a la partida del ejercicio 1973 que se indica: 2. 10; 52; 0.379; 1; 1233; 228; 01; 2.10; 52; 01; 0.379-1 1; 12; 1223; 2371, 13.

Artículo 40 - En las oportunidades que lo solicite el Comando en Jefe de la Armada, se procederá a girar los importes correspondientes a los haberes mensuales respectivos Artículo 5º - Por el Ministerio de Relaciones Exteriores y Culto, se extenderá el pasaporte correspondiente.

Artículo 6º - Comuníquese, publíquese dése a la Dirección Nacional de Registro Oficial, al Tribunal de Cuentas de la Nació y a la Contaduría General de la Nación. anótese ,, archívese en el Ministerio de Defensa. Comando en Jefe de la Armada.

Dirección General del Personal Naval. Agustín LANUSSE, Carlos G.N. CODA, Eduardo E, AGUIRRE OBARRIO, Eduardo F. MCLOUGLILIN.
La revista Marcha, que en su edición del 30 de junio del 73 lo publicó íntegro, con el título de El último decreto de Lanusse hizo los siguientes comentarios: "Lanusse era Comandante en Jefe del Ejército; Coda, su colega en la Armada nacional; Agarre Obarrio, ministro de Defensa nacional; y McLouglilin, ministro de Relaciones Exteriores y Culto. El capitán Sosa era segundo jefe de la base aeronaval Almirante Zar, de Trelew, Chubut, la madrugada del 22 de agosto de 1972, cuando fueron fusilados a mansalva, sin juicio previo y sin aviso, dieciséis presos políticos, salvándose milagrosamente otros tres aunque con graves heridas. El valiente y pundonoroso marino, que ya había recibido instrucción "antiguerrillera" en bases de Estados Unidos con antelación a su hazaña del 22 de agosto, fue el oficial jefe que dirijio la matanza. Cumplido su patriótico deber, descansará de sus fatigas occidentales y cristianas en otra base yanqui, lejos de las miradas acusadoras de sus compatriotas y camaradas de oficio. El reposo del guerrero".

La pregunta que cabe es sobre qué antecedentes se lo consideró a Sosa "personal seleccionado" y, en todo caso, seleccionado para qué. Lo que es obvio, a la luz de los años de plomo que se vivirían en la Argentina, es para qué las Fuerzas Armadas sentían como imprescindible la necesidad de una continuidad (de la experiencia que se obtenga y su futura actividad dentro del servicio. En particular de los Sosa que repetirían una y otra vez, treinta mil veces, su accionar de machos bravíos.

Como para ratificar que Sosa aún continuaba en su período de reinstrucción antiguerrillera en una base yanqui, un escrito presentado en 1974 por el doctor Jorge Carlos Ibarborde -en respuesta a uno de los juicios entablados contra la Armada por la masacre de Trelew - daba cuenta de que el fusilador y sus cómplices "no podrian concurrir a declarar en las audiencias señaladas, por cuanto ,se encuentran en el extranjero" y, genti1mente, indicaba los domicilios de los homicidas para que, la parte que los propuso adopte las medidas que considere Capitán de Corbeta D. Luis Emilio Sosa. Agregaduría Naval Argentina S 1, 6 Corcoran St. N W. Washington D.C. - EE.UU.", el mismo domicilio consignaba para su brazo derecho y coejecutor en la Masacre de Trelew el Teniente de Fragata D. Roberto Guillermo Bravo".

Luego durante años, su paradero fue uno de los secretos guardados con más por la Armada. Según la revista Hechos y Noticias, del 19 de agosto de 1984 "durante la guerra de las Malvinas se sostenía que el fusilador estaba anclado en Puerto Belgrano. Un año más tarde, aparecía como agregado militar en la Embajada argentina en Honduras. Y ¡oh sorpresa!, con el advenimiento del gobierno democrático una foto de la agencia oficial Télam (de] 21 de junio último - 1984-) revela que el capitán de navío Luis Emilio Sosa está aquí, No usa más distintivo de Infantería de Marina ni de paracaidista militar; utiliza el del Crucero General Belgrano Sin embargo, esté donde esté, Sosa puede sentirse orgulloso. Ni la masacre de 23 de enero de 1989 contra los miembros del Movimiento Todos por la Patria (MTP) ejecutada en La Tablada por nuestras Fuerzas Armadas contra jóvenes que depusieron sus armas, ni la del 22 de abril de este año realizada por los centuriones de Fujimori contra los integrantes del Movimiento Revolucionario Tupac Amaru (MRTA), en Perú, superan su hazaña. Las lamentables excusas que "en nombre de la democracia y las instituciones" esgrimen los los justificadores de estas trágicas muertes sustentan el pobre argumento de que los subversivos estaban armados. Los muertos de Sosa eran detenidos políticos y estaban indefenso ni siquiera sospechaban que él tenía una guerra personal contra ellos, contra su juventud y sus utopías- los masacrados de Trelew, inermes, no sabían de su sed sangre, no conocían su vampirismo. Si aún ronda por este mundo, el asesino Sosa puede sentirse seguro de que nadie batió su récord, aunque sus fusilamientos no hayan sido transmitidos por televisión.   

 

El último secreto del crimen de Soria abre la puerta para condenar a brigadier (R) Lepe

El último secreto del crimen de Soria abre la puerta para condenar a brigadier (R) Lepe

En 1993 ordenó a los agentes del Batallón de Inteligencia seguir a testigo confeso

El entonces secretario general de Pinochet se reunió en secreto en el restaurante “La Casa Vieja”, donde conminó al ex DINA José Remigio Ríos San Martín a cambiar su declaración a cambio de una camioneta. La revelación la hicieron los mismos agentes que dieron protección al encuentro secreto.

www.lanacion.cl Jorge Molina Sanhueza

Foto: El brigadier (R) Jaime Lepe, quien usó a los agentes del Batallón de Inteligencia del Ejército para evitar verse involucrado en el crimen de Carmelo Soria.

Luego de casi 13 años, el secreto mejor guardado del proceso por el homicidio del diplomático español Carmelo Soria ocurrido el 14 de julio de 1976- llegó a su fin. Y el principal articulador de la verdad es el ministro en visita Alejandro Madrid, quien sustancia la causa por el secuestro y homicidio del químico de la DINA Eugenio Berríos.

El magistrado, junto al detective Nelson Jofré, establecieron que el principal testigo confeso de haber participado en el crimen de Soria, el suboficial mayor (R) José Remigio Ríos San Martín, fue seguido y detenido en 1993 por agentes del Batallón de Inteligencia del Ejército (BIE) para que modificara la declaración que había prestado ante Investigaciones. Pero no es todo. Madrid aclaró que la orden provino del entonces secretario general del Ejército, brigadier (R) Jaime Lepe, quien precisamente era el imputado activo con mayor preponderancia en el caso. Este último fue vetado para ascender a general por el ex Presidente Eduardo Frei Ruiz-Tagle en 1997, tras las protestas de Carmen Soria, hija del asesinado diplomático español.

Pero Lepe participó además en una reunión secreta junto al comandante (R) Patricio Quilhot, otro de los imputados de este proceso. En el encuentro, realizado en el restaurante “La casa vieja” de calle Chile-España Nº 249 se tejió toda la conspiración en contra de Ríos San Martín y la acción de la justicia, cuyos detalles los entregó el propio equipo operativo del BIE encargado de montar el anillo de seguridad para el encuentro.

Debido a estos hechos, que en su momento no fueron conocidos por la justicia, ni menos por el Estado español que vanamente intentó que se juzgara a los implicados, la Corte Suprema aplicó la ley de amnistía y los responsables quedaron sin castigo, al menos hasta ahora.

La búsqueda

La operación se realizó porque la inteligencia militar de la época sabía que Ríos San Martín estaba colaborando con la ministra en visita a cargo del caso, Violeta Guzmán, y que entre los antecedentes que había entregado en su confesión a los detectives no sólo mencionaba a Lepe, sino también a otros ex DINA.

Este hecho preocupó no sólo al entonces brigadier, sino también a Pinochet, ya que el primero era muy cercano al ex dictador y uno de sus preferidos en la institución.

Las declaraciones de los agentes que destaparon este hecho histórico se encuentran en el tomo XVI del proceso sustanciado por Madrid.

Uno de los primeros en confesar esta historia fue el ex jefe de la Unidad de Contraespionaje del BIE, el mayor (R) Patricio Belmar Hoyos.

“Estando de jefe del BIE el comandante Fernán González, recibí una orden para ubicar a José Ríos San Martín que estaba involucrado en el homicidio de Carmelo Soria y al cabo de algunos días, con mi gente, entre ellos “el Gitano”, el suboficial Roa Vera, lo ubicamos en un sector de Santiago y procedí a dar cuenta de su domicilio”, dijo Belmar Hoyos en una se sus declaraciones policiales a fojas 5.981 del expediente.

La información, sin embargo, no fue entregada directamente a Fernán González, sino a la comandancia en Jefe del Ejército, puntualmente al brigadier Lepe.

“Recuerdo haber concurrido a la comandancia en Jefe a hablar con el comandante Jaime Lepe Orellana que me dio las instrucciones para ubicar a San Martín. Después me correspondió ubicarlo en distintas oportunidades. En una de ellas para comunicarle que Jaime Lepe y el comandante que ya se había retirado, Patricio Quilhot, querían conversar con él”, sigue el relato judicial.

Varios fueron los encuentros entre Ríos San Martín, Quilhot y Lepe, pero hubo uno más importante que los anteriores.

“En una oportunidad se concretó una reunión entre Lepe y San Martín en el restaurante “La Casa Vieja”, donde me correspondió junto a mi personal dar protección con un anillo de seguridad, donde me enteré que Lepe le ofreció una camioneta que se le entregó después”, declaró Belmar Hoyos.

El hombre invisible

Otra confirmación la entregó el suboficial (R) Manuel Carreño Arriaza, quien relató cómo la operación tuvo un error que la develó. “... Se me dio instrucciones de realizar un seguimiento a esta persona por varios días y por 24 horas, pero en una oportunidad Ríos San Martín se percató que era seguido por nosotros y enfrentó a uno de mi grupo, al cabo Cornejo, a quien lo increpó”, dijo a la policía.

Ríos San Martín era comando, paracaidista, perteneció a la brigada Mulchén de la DINA, autora del crimen de Soria y, de acuerdo al testimonio del ex agente del servicio secreto, suboficial mayor (R) Luis Herrera Mansilla, cambió abruptamente de personalidad.

“Después que pasó a retiro, como tenía mujer y conviviente, ellas le quitaron todo el desahucio con el que pretendía comprarse un taxi, pero quedó sin ningún peso e hizo una especie de voto de pobreza, prácticamente no comía, vivía en lugares marginales y frecuentaba la capilla de Las Ánimas y librerías de calle San Diego”.

Para los agentes fue muy difícil seguir a Ríos San Martín. Así se ve reflejado en el testimonio del mayor (R) Juan Vladilo Villalobos que también participó en la operación.

“Este seguimiento era una situación bastante rara, ya que Ríos San Martín supo de inmediato lo que sucedía. Se metía a calles sin salida y desaparecía, se subía y bajaba de las micros y circulaba por distintos sectores de la ciudad”, dijo.

Crimen emblemático

El crimen de Carmelo Soria es uno de los casos emblemáticos de las violaciones de los derechos humanos y la declaración que Ríos San Martín prestó ante la policía en 1993 fue clave para tratar de establecer judicialmente los hechos.

El ex DINA testimonió que los miembros de la brigada Mulchén estaban dirigidos por el entonces capitán Guillermo Salinas Torre. Este último ordenó a los oficiales del Ejército Jaime Lepe Orellana, Pablo Belmar Labbé, Juan Delmás Ramírez y el suboficial Pedro Aqueveque que se disfrazaran de carabineros para interceptar el auto Volkswagen en el que viajaba Soria la tarde del 14 de julio de 1976.

La DINA sospechaba que Soria pertenecía al Partido Comunista (PC). De ahí la decisión de detenerlo. Una vez en la casa de Vía Naranja en el sector de Lo Curro (la misma de Townley), fue torturado y, como nunca entregó información, le aplicaron gas Sarín. Luego, lo “destestuzaron”, dijo Ríos San Martín, haciendo palanca contra un escaño por medio de la torsión de la cerviz.

Michael Townley (izquierda) en una entrevista que otorgó a TVN en 1993 reconoció que Soria fue asesinado por la DINA y que Lepe también participó.

De esta manera el testimonio entregado por el ex agente de la DINA, Michael Townley en Estados Unidos a fines de 1992 quedó confirmado con una segunda declaración. Entonces fue que se desató la máquina de la justicia militar y la inteligencia del Ejército para encubrir los hechos, porque además de los seguimientos y la reunión relatada arriba, Ríos San Martín también fue llevado a la justicia militar.

En noviembre de 1993 la Segunda Fiscalía Militar, a cargo de Sergio Cea Cienfuegos, trabó una contienda de competencia, siendo esta resuelta el 16 del mismo mes por la Segunda Sala (Penal) de la Corte Suprema a favor de la justicia castrense. Dos días más tarde, el mismo Cea decretó la prohibición de no informar a los medios de comunicación.

El gobierno de la época tenía pleno conocimiento de la declaración de Ríos San Martín y Carmen Soria, hija del diplomático español, presionaba junto a la Embajada de España para que la causa quedara en la justicia civil y se nombrara un ministro instructor de la Corte Suprema.

El contexto se complicaba, pero el desaparecido diario “La Época”, en su edición del 22 de noviembre de 1993, rompió la prohibición y publicó, aunque sin nombre, los antecedentes entregados por Ríos San Martín. La fiscalía militar requisó una serie de ejemplares para evitar su difusión.

El tema se zanjó el 3 de diciembre de 1993, cuando el máximo tribunal desechó nombrar a un magistrado especial para el caso en una estrecha votación de siete votos contra seis. El 6 del mismo el juez militar de Santiago, Hernán Ramírez, aplicó la amnistía. El 10, la Corte Suprema revirtió todo y nombró al ministro marcos Libedinsky para llevar el caso. El 30 de diciembre, sin embargo, el magistrado nuevamente amnistió el caso.

Sigue la batalla

Pero la pelea no quedó allí, porque el 7 de abril de 1994 el proceso fue reabierto por la Primera Sala de la Corte Suprema y se decretaron cinco diligencias: careos, declaración del ex jefe de la DINA, Manuel Contreras, exhorto al ultraderechista cubano Virgilio Paz, reconstitución de escena y, la más importante, un informe siquiátrico a Ríos San Martín. En esta última pesquisa estaba la mano del BIE y la principal estrategia castrense: inhabilitar al testigo clave.

Días más tarde, el abogado querellante de la familia Soria, Alfonso Insunza, presentó a Libedinsky una recusación amistosa, la que éste último aceptó. La Suprema quedó entonces en posición de nombrar a un nuevo magistrado. Y así fue: la responsabilidad recayó en Eleodoro Ortiz, recientemente fallecido.

La investigación de Ortiz se extendió hasta mayo de 1995. El 25 de ese mes la sala penal de la Suprema sometió a proceso al mayor (R) Guillermo Salinas y a Ríos San Martín. Uno de los votos disidentes fue del ministro Roberto Dávila, otrora auditor del Ejército y sin carrera en el Poder Judicial, quien señaló en su voto que no había elementos de ninguna especie para encausarlos.

Paralelamente, la inteligencia militar de la época seguía hostigando a los oficiales de Investigaciones que llevaban éste y otros casos de violaciones de los derechos humanos.

Un hecho relatado por el detective Nelson Jofré Cabello en una orden de investigar contenida a fojas 6.003 es elocuente: “El 8 de septiembre de 1995, oportunidad en que oficiales policiales de la Brigada de Homicidios trasladaban a una testigo relevante para el caso Berríos, se percataron que eran seguidos por el agente del BIE, dependiente de la Dirección de Inteligencia del Ejército (DINE) Víctor Rojas Zúñiga, quien conducía un vehículo marca Peugeot 605 de propiedad de la institución castrense, de cargo del director de la DINE, general Eugenio Covarrubias, el que resultó involucrado en una triple colisión en la esquina de Alameda con avenida España, tomando el procedimiento Carabineros y agentes del BIE que rodearon el lugar, logrando los detectives trasladar a la testigo a pie hasta el Sexto Juzgado del Crimen, donde declaró”, declaró el policía.

Pese a estos hechos, el 5 de junio de 1996 Ortiz volvió a aplicar la amnistía. El 24 de agosto, como era de esperarse, la Segunda Sala del máximo tribunal confirmó la decisión. La batalla de los Soria estaba perdida, al menos en Chile.

Lo que siguió

La decisión judicial provocó una acusación constitucional contra los ministros de la Suprema que resolvieron el fallo de la amnistía, una demanda contra el Estado de la familia Soria por 2 mil 700 millones de pesos y el compromiso del gobierno de Eduardo Frei, secundado por España, para entregar una reparación a la familia del diplomático español.

Lepe siguió en el Ejército como secretario general, pero ya había cumplido el tiempo de brigadier y debía ser ascendido a general. Así el 5 de noviembre de 1997, Frei vetó el ascenso de Lepe. Así se creó un nuevo criterio para los ascensos: “las situaciones públicas y notorias que involucren a la persona de índole tal como para afectar negativamente su imagen ante el país o ante sectores importantes de la ciudadanía”.

Lepe anunció querellas contra los medios junto a su abogado Jorge Balmaceda. Este último además envió una carta al diario “La Época”, donde aseguró que el otrora testigo clave del caso Soria, el suboficial (R) Ríos San Martín, modificó su declaración policial ante el ministro Eleodoro Ortiz, durante la reconstitución de escena. Éste, nunca reconoció a Lepe. Además un informe del Servicio Médico Legal establecía que tenía “una personalidad anormal”.

“Que en relación a mis declaraciones de fojas 737 y siguientes, ellas nos las ratifico en su totalidad, por cuanto estimo que fui influenciado por personal de Investigaciones a través de orientaciones”, declaró el propio Ríos San Martín, eso sí, después de las reuniones con Lepe.

Balmaceda llegó al paroxismo en su escrito ante el desaparecido matutino, cuando señaló que “para los abogados no puede pasar inadvertido y que refleja la totalidad tranquilidad del brigadier Lepe en su no participación en los hechos... ya que habiendo sido investigados por cinco jueces ... ninguno de ellos lo acusó... en consecuencia es absolutamente falso que existan pruebas que lo inculpen en cualquier otra calidad procesal en el homicidio de Carmelo Soria”.

En 1997 aún existía el delito de obstrucción a la justicia y la lógica de cualquier juez investigador habría colegido que la conducta de Lepe y los agentes del BIE algo buscaban esconder.

Quizás Balmaceda no supo de la reunión ni de los seguimientos, pero el secreto que Lepe guardó por tantos años, indica que su participación en la muerte de Carmelo Soria fue tan importante como la cantidad de medios que usó para encubrirla. LN



Rios San Martín reconoció hechos al juez y Lepe lo negó

El ex agente José Remigio Ríos San Martín prestó declaración ante el ministro Madrid hace algunos meses. En la oportunidad reconoció los seguimientos del BIE, como también las reuniones con Lepe y Quilhot, en el restaurante de la comuna de Ñuñoa. En su testimonio, dijeron fuentes allegadas a la investigación, también aseguró haber recibido una camioneta como pago por su silencio. Los trámites de transferencia fueron realizados por su abogado, Sergio Miranda Carrington. A San Martín le siguió el propio Lepe, quien en una declaración ante el magistrado negó cualquier vínculo con los hechos, pese a las declaraciones de los agentes del BIE que le inculpan directamente. Por ahora, Madrid está buscando a los últimos miembros que le falta por interrogar y que pertenecieron a la Brigada Mulchén de la DINA, entre ellos el propio Quilhot, quien se encontraría en Punta Arenas, dijeron las fuentes consultadas. Una vez terminada esa fase, vendrán los autos de procesamiento.


“Suprema debe reabrir el caso”

Carmen Soria, hija del diplomático español, manifestó ayer al ser consultada por este diario que debido a la aparición de estos nuevos antecedentes, la Corte Suprema debiera revocar la aplicación de la Ley de Amnistía decretada en el caso. “Si la Suprema hubieras sabido sobre estos hechos, quizás otro habría sido el criterio”, dijo. En esa línea recordó que en España sigue abierto un juicio por parte del juez Baltasar Garzón, quien arriba al país este fin de mes, como también otro en Estados Unidos, quejándose de que el Gobierno chileno no ha cumplido con el acuerdo de reparación económica que suscribió con la OEA y acusó a RN y la UDI de bloquear la iniciativa en el Senado. Los antecedentes hallados por el ministro Madrid, dijo Soria, “de seguro servirán para llevar adelante otros procesos que él tramita”, como la muerte de Frei. Por último, Carmen Soria recordó que, con la declaraciones hechas por los agentes del BIE se confirmó que Lepe, sencillamente, “logró esconderse del brazo de la justicia, pero ésta última tarda pero llega”.

“Fue una asociación ilícita”

El abogado querellante en este caso, Alfonso Insunza, confirmó la información que obtuvo este diario y manifestó que se abren grandes posibilidades de juzgar a los responsables, aunque el caso haya sido amnistiado. Expresó que “el tiempo y las declaraciones de estos agentes demuestra que en muchos procesos, pero particularmente en éste, hubo una asociación ilícita destinada a que un militar que estaba a punto de contar la verdad ante una magistrada, cambiara su testimonio para salvar a Lepe”.

Por ahora Insunza no quiere adelantar cuál es el tipo penal que se le puede aplicar a Lepe, a los agentes y a los otros miembros de la brigada Mulchén de la DINA. Y esto, porque el ministro Madrid mantiene en secreto cuál será el razonamiento para generar, una suerte de megaproceso desde la misma agrupación, pasando por la muerte de Frei y llegando al homicidio del químico Eugenio Berríos”.

ANATOLIO ZÁRATE, EL EX PRISIONERO QUE INCULPA AL ALCALDE DE PROVIDENCIA

ANATOLIO ZÁRATE, EL EX PRISIONERO QUE INCULPA AL ALCALDE DE PROVIDENCIA

“Yo fui torturado por Labbé”

El ex presidente de la pesquera Arauco presentó el viernes pasado una declaración jurada donde asegura que fue torturado por el ex guardaespaldas de Augusto Pinochet, último ministro secretario general de Gobierno del dictador y actual alcalde de Providencia. LND acompañó a Zárate al Regimiento de Tejas Verdes, donde revivió el infierno y tuvo un dramático encuentro con otros ex detenidos.

www.lanacion.cl

Por Miguel Paz y Javier Rebolledo

Para el 11 de septiembre de 1973, el oficial de la marina mercante Anatolio Zárate se desempeñaba como presidente y jefe de flota de la estatizada pesquera Arauco en San Antonio. Como tal, representaba al Presidente Salvador Allende en el directorio de la empresa. Además, Zárate era militante del Partido Socialista, hijo de un connotado ginecólogo y amigo personal de Allende. Su hermano era ahijado del Presidente. Motivos suficientes para encabezar la lista de los más buscados en el puerto.

El día del golpe de Estado fue detenido en su casa de calle Luis Alberto Araya de San Antonio por un oficial de reserva del Ejército y un grupo de conscriptos. Los militares allanaron la residencia, lo interrogaron por casi dos horas y le comunicaron que estaba bajo arresto domiciliario. Nueve días después, el 20 de septiembre de 1973, fue enviado al Regimiento de Ingenieros Militares de Tejas Verdes, donde permaneció detenido hasta el 30 de octubre, acusado –al igual que muchos- de participar en el falso Plan Z.

En ese recinto comenzó su calvario. En diciembre de 2004, Zárate prestó declaración ante el juez Alejandro Solís en el marco de la investigación por la querella presentada por las víctimas de Tejas Verdes.

“Al llegar al regimiento me tuvieron con la frente apoyada en un muro, las manos atadas a la espalda y las piernas separadas desde las diez de la mañana hasta las siete y media de la tarde, aproximadamente. Después (...) me llevan al campamento de prisioneros, lugar donde permanezco 15 días a la intemperie, durmiendo al aire libre”.

Días después hicieron dormir a los prisioneros en mediaguas construidas por ellos mismos. En ese período, Zárate asegura haber visto al regidor y presidente de la CUT de San Antonio, Luis Norambuena, y Ceferino Santis, dirigente del PS de la ciudad, que actualmente figuran como detenidos desaparecidos.

En la declaración de 2004 que dio Zárate, uno de los últimos en ser llamado a testificar ante Solís, relata los vejámenes que escuchó y los apremios a que fue sometido: “Nos hacían esperar debajo de la sala de torturas, donde escuchábamos los gritos de los torturados, los gritos de las mujeres que pedían que no las violaran. En la sala de tortura me aplicaban electricidad, sufrí colgamientos, golpes de pies y manos y el submarino de excremento”.

También nombró a otros ex detenidos de San Antonio, entre ellos Ana Becerra, Mariela Bacciarini y Luis Sepúlveda. Además, Zárate declaró ante Solís que en su último interrogatorio logró ver a “un teniente que era uno de los principales torturadores; era alto, macizo, rubio, pecoso, pelo liso, muy salvaje y sé que se llamaba teniente Labbé, no sé su nombre de pila”.

Al año siguiente el ex presidente de Pesquera Arauco se querelló contra Cristián Labbé, Manuel Contreras y otros militares. En dicha presentación detalló que cuando hablaba del “teniente Labbé” se refería a Cristián Labbé Galilea.

El sumario de Tejas Verdes aun permanece abierto. Hay varios procesados, entre ellos el mayor (R) de Ejército Mario Jara Seguel, el ex prefecto de Investigaciones Nelson Patricio Valdés y el doctor Vittorio Orvietto Teplizky, identificados por Zárate como las personas que lo torturaron.

Sin embargo, el juez de la causa no ha estimado pieza suficiente de convicción la declaración de Zarate de 2004 para procesar, hasta la fecha, al alcalde de Providencia. Fuentes cercanas a tribunales aseguran que Solís no ha seguido con esa línea investigativa puesto que los abogados querellantes hasta ahora no habían entregado nuevos antecedentes ni solicitado otras diligencias.

“ERA ÉL”

El reencuentro de Anatolio con sus compañeros detenidos en Tejas Verdes

El viernes pasado la abogada de Anatolio Zárate, Alejandra Arriaza, entregó al tribunal una declaración jurada de su cliente, agregando antecedentes que sindicarían al coronel (R) Cristián Labbé Galilea como uno de los presentes mientras lo torturaban.

“Nos parece fundamental que se determine la responsabilidad de Labbé ya que hay más de un testigo que reconoce haberlo visto en Tejas Verdes. La motivación del señor Zárate para entregar este nuevo testimonio judicial es la búsqueda de la verdad y ratificar sus dichos para que se acelere la investigación de su querella”, dice Arriaza.

Anatolio Zárate vive en un departamento ubicado en Providencia, muy cerca del municipio que dirige Labbé. Hoy asegura que en una de las sesiones de tortura a las que fue sometido lo reconoció claramente: “Era el teniente Labbé que hoy es la misma persona que es el alcalde (...) Yo fui torturado por Labbé. Desde el momento que él estaba en la sala de tortura, independiente si ponía o no la corriente, él participó”. Cuenta que en dicha ocasión lo tenían con las manos amarradas tras la espalda, colgando de una cuerda en la posición de tortura conocida como “la palomita”. Se encontraba en el subterráneo de la Escuela de Ingenieros de Tejas Verdes. Señala que le aplicaron golpes de electricidad: “Me ponían corriente alternada en los pezones, en el ano, en los testículos. Uno se movía mucho o sentía que se movía mucho. Cuando a uno le ponen corriente uno siente que es una llamarada que le sale desde dentro de la cabeza”.

A continuación relata que después de desnudarlo le habían colocado una gruesa capucha que no dejaba entrar ni siquiera la luz eléctrica de la habitación ni le permitía respirar. El interrogador se dio cuenta que estaba en malas condiciones. “Llamó al doctor y éste me auscultó. El facultativo le ordenó a una enfermera que me soltara la capucha porque me estaba asfixiando. Ahí sentí que me entró más aire”, dice a LND.

En su nuevo testimonio judicial agrega que escuchaba a sus torturadores murmurar, excepto cuando le hacían preguntas: “Sólo las preguntas claras, como dónde está el arma o qué hiciste, eran fuertes”.

Los golpes de corriente se sucedían vertiginosamente. Su cuerpo se contorneaba hasta que la cuerda que lo sostenía se cortó y Zárate cayó de bruces al piso. “Instintivamente di vuelta la cara y veo al doctor [Vittorio] Orvietto y a una enfermera rubia de la Cruz Roja. Entonces doy vuelta la cara hacia el otro lado y veo al capitán Mario Jara, al teniente Cristián Labbé y a [Nelson Patricio] Valdés [de la Policía de Investigaciones]. Estaban mirando así, como que no les importaba nada que yo me hubiera golpeado brutalmente contra el suelo. Entonces viene un tipo de atrás que no supe quién fue y, ¡tap!, me dio un tacazo en la columna. Ahí me quebraron una vértebra. Después del golpe en la espalda me volvieron a colgar y siguieron las torturas”, se lee en la declaración jurada.

El dolor fue insoportable y la fractura marcó su destino. Debido a la gravedad de las lesiones, el 30 de octubre de 1973 fue enviado al hospital de San Antonio, donde llegó con peligro de muerte. “Pese a que la ficha clínica dice que fui trasladado al Hospital San Juan de Dios, una completa mentira”, añade a LND visiblemente afectado por los recuerdos.

Nunca más volvió a pisar Tejas Verdes. Hasta esta semana, cuando lo acompañamos a ese lugar donde se enfrentó con su pasado.

REENCUENTRO

Lo esperaban algunos de sus ex compañeros en el campo de concentración de Tejas Verdes. No se veían desde esos ingratos días. “Tengo sentimientos encontrados”, dijo Zárate momentos antes de bajar del automóvil y encontrarse con los integrantes del Comité de Derechos Humanos de San Antonio. Luis Sepúlveda, presidente del organismo, lo reconoció de inmediato. Se dieron un fuerte abrazo. Un poco más atrás estaba Ana Becerra, detenida cuando tenía sólo 17 años. A Anatolio le costó reconocerla: ahora ella tiene algunos años más.

“Soy Ana Becerra”, le dice.

“Mi padre me contó que la había traído al mundo a ella y a sus hermanos”, responde Zárate mientras la abraza.

Aparece un tercer ex detenido. Se trata de Luis Barrera. En una ocasión se encontraron en la enfermería de la Cárcel Pública de San Antonio.

Según Zárate, ahí fue derivado tras la fractura de su columna. Los constantes traslados se debieron a que, a los pocos días de ser internado en San Antonio, llegaron médicos de la ONU. “Los doctores se fueron satisfechos, ya que comprobaron mi estado de salud. Pero a mí de inmediato me trasladaron a la Cárcel Pública de Santiago, donde me mantuvieron escondido durante mucho tiempo”.

Mientras los ex detenidos están parados sobre el puente que da al campo de concentración, los recuerdos comienzan a aflorar. “Ahí estaban las mediaguas, y los baños, allá”, comentan en el preciso instante que un grupo de conscriptos realiza ejercicios de guerra en el recinto.

Más tarde, el grupo visitó el Cuartel Rocas de Santo Domingo, ubicado a pocos kilómetros y desde donde desaparecieron decenas de presos políticos. Es el único lugar que Cristián Labbé reconoce haber pisado.

LA VERSIÓN DEL ALCALDE

El alcalde de Providencia, Cristián Labbé, negó en Tribunales haber estado en Tejas Verdes.

En varias ocasiones, Cristián Labbé ha declarado por el caso Tejas Verdes. En su declaración del 22 de diciembre de 2003 ante Solís negó haber estado allí. El 2005 fue llamado a declarar nuevamente. Reiteró que nunca visitó el centro de detención.

Este medio accedió al testimonio de Raúl Humberto Quilodrán Alcayaga, prisionero en Tejas Verdes y querellante en la misma causa que sustancia Alejandro Solís, que lo contradice. En su declaración del 14 de enero de 2005 señala: “El 11 de Enero [de 1974] nos sacan de la celda y nos forman en el patio y un señor con voz enérgica nos dice: ‘Por órdenes superiores, a contar de este momento quedarán en libre plática’, y ordena que nos saquen la venda. Es así como los soldados nos quitan la venda y logro ver que la persona que se dirigió a nosotros era Manuel Contreras Sepúlveda y al lado de él, para ser más exacto, al lado izquierdo de Contreras, se encontraba Cristián Labbé y varios funcionarios más, todos vestían uniformes. De eso estoy seguro porque son rostros inolvidables para mí por la situación que estaba viviendo”.

Aunque han transcurrido más de tres décadas de ese capítulo, Quilodrán recuerda el hecho como si fuera hoy. Consultado por este medio recordó que el encuentro con Labbé relatado en su declaración tuvo sentido años más tarde un día frente a la televisión: “Estaba en una campaña política y al verlo no me cupo duda. Estaba un poco más viejo, pero sus facciones, como el lunar en la cara, son inconfundibles. Estoy seguro que la persona que vi es el actual alcalde de Providencia, el señor Cristián Labbé, que estaba al lado de Contreras. En Tejas Verdes los dos parecían muy cercanos. No portaban las armas. Dos soldados rasos a su lado eran los que se encargaban de eso”.

EN LAS ROCAS

En su declaración por el caso Tejas Verdes del 22 de diciembre de 2003, Labbé señaló que estuvo en el Cuartel Rocas de Santo Domingo para hacer clases de educación física. “Pero sólo permanecí dos o tres días (...) Luego de este período fui nuevamente enviado a Santiago, para hacerme cargo de la seguridad del Presidente Pinochet”.

Su aseveración es retrucada por Samuel Fuenzalida Devia, ex agente de la DINA y uno de sus “alumnos” en Santo Domingo. Fuenzalida ha sido uno de los principales testigos en causas que comprometen a la organización que dirigía el general (R) Manuel Contreras. En octubre de 1976 huyó a Francia, desde donde comenzó a colaborar con la justicia. Afirma que los dichos de Labbé no son verídicos. “Él estuvo bastante tiempo más [en Rocas de Santo Domingo]. Éramos cerca de 600 alumnos de la DINA. Mi instrucción fue en diciembre de 1973 y duró unas tres semanas”.

Fuenzalida dice que el trabajo de Labbé no se limitaba a las clases de educación física. Algo negado por el alcalde cuando fue careado con él. “El curso que me dictó era de inteligencia: cómo registrar, cómo seguir y reducir a una persona. En este trabajo funcionaba de la mano y coordinado con Miguel Krassnoff e Ingrid Olderock. Todos usaban el mismo manual que presentó Krassnoff en su defensa”, dice Fuenzalida.

Se refiere a la argumentación del abogado de Krassnoff, Luis Valentín Ferrada, cuando presentó en 2004 estos manuales ante la justicia para probar que su cliente recibía órdenes del Ejército y que las torturas no fueron excesos individuales, sino una política de Estado. Ferrada entregó 19 documentos originales y mostró varios dibujos que explicitan el trato a los prisioneros y técnicas de tortura.

Fuenzalida recuerda que algunos de sus compañeros de generación en Rocas de Santo Domingo, durante diciembre de 1973, fueron Basclay Zapata, Luis Torres Méndez, Luis Pampillioni, Luis Escobar, Raúl Toro Montes, Luis Espinace y Luis Gordillo, todos agentes de la DINA, que después fueron destinados a centros de tortura como La Venda Sexy, Londres 38 y Villa Grimaldi. Algunos de ellos se hicieron célebres por el nivel de crueldad que alcanzaron.

“Labbé visitaba constantemente los centros de la DINA durante 1974”, dice Fuenzalida. “Lo vi en Marcoleta 90, el cuartel general, en Villa Grimaldi y en Londres 38”. No lo vio entrar a sesiones de tortura debido a que generalmente él estaba en la puerta. Agrega que Labbé pasaba directamente a las oficinas de las autoridades de cada uno de esos lugares.

Otro ex agente de la DINA, a condición de resguardar su identidad, afirma que recibió instrucción de Labbé y que éste permaneció al menos entre uno y dos meses en Rocas de Santo Domingo. En su caso, las clases fueron sólo de educación física.

CASA DE VERANO

Después de tantos años, el lugar donde Krassnoff y Labbé hicieron clases parece abandonado. El grupo de ex detenidos está expectante. Desde afuera se ve el conjunto de cabañas “A” que antes del golpe servía de centro de veraneo para los trabajadores de la CUT. Más tarde se transformó en uno de los más cruentos centros de tortura de Chile. El recinto sigue perteneciendo al Ejército y hasta hace dos años era utilizado como lugar de esparcimiento para el personal castrense. Dos de las integrantes de la agrupación que acompañan a Zárate en su visita al lugar, Ana Becerra y Teresa Soto, fueron torturadas ahí. “Pídeme que te hable de las torturas de Tejas Verdes, pero no en las Rocas de Santo Domingo. Es demasiado duro”, dice Becerra.

Las puertas de las cabañas están abiertas. Ana y Teresa se cuelan hacia el interior. Antes de ingresar, Ana dice: “Recuerdo que aquí estaban los camarotes”. Y ahí están todavía. Se acuesta sobre una cama. Le parece estar sobre el mismo somier. Lo recuerda bien porque durante un mes estuvo casi siempre tendida ahí. Teresa se sienta en una silla. Por la altura y ancho del respaldo, la siente como su silla de tortura. Extrañamente, tiene un hermoso tallado del rostro de Cristo. LND

Episodio retiro de televisores en Calama

www.elmostrodor.cl 16 de Agosto del 2006

Ejército se niega a entregar hoja de vida de general Miguel Trincado

Por  Jacmel Cuevas P.

Pese a que los querellantes consideran que ese es un elemento fundamental para determinar si este uniformado, actual comandante de la II División del Ejército, participó o no en la operación de remoción de cuerpos en el cerro Topater, a fines de 1975, la institución castrense sólo envió datos generales, sin precisar el lugar de destinación. En tanto, el ministro Carlos Gajardo reactivó la investigación de Mulchén.

Pese a que hace nueve meses atrás la policía de Investigaciones solicitó al Ejército la hoja de vida del actual Comandante en Jefe de la II División de Ejército, Miguel Trincado Araneda, en el marco de la indagatoria por la remoción de cerca de 26 cuerpos en el cerro Topater de Calama, hasta la fecha sólo se consiguió el "encuadramiento" de sus funciones durante su carrera militar.

Si bien la finalidad de esta solicitud busca aclarar si el mencionado uniformado estuvo destinado en el regimiento de dicha ciudad, a fines de 1975, ello no se logró ya que la escueta respuesta de la institución castrense sólo detalló años y funciones, pero no los lugares específicos de destinación en los que ha estado el oficial en cuestión.

Pese a esta negativa, un informe de la Brigada de Asuntos Especiales y Derechos Humanos da cuenta que a través de este encuadramiento de funciones "se confirma que dicho oficial de Ejército se encontraba en el Regimiento de Infantería Nº 15 'Calama', en la fecha que se realizó la operación de la exhumación de los cuerpos de prisioneros políticos ejecutados en 1973".

Trincado apareció mencionado en este episodio denominado "retiro de televisores" en el Cerro Topater a raíz de la declaración de un suboficial (r) Manuel Aguirre Cortés, quien sostuvo en el proceso que participó en el desentierro y posterior colocación en sacos blancos de los restos de dichos opositores, junto al suboficial Misael Ramírez Pizarro (actualmente fallecido) y al entonces capitán y ahora comandante de la II División del Ejército.

"Esperamos que amaneciera y yo junto con el capitán Miguel Trincado nos fuimos en el camión, que era conducido por él, sin haber nadie más al interior del vehículo. Salimos cerca de las 07.00 horas del sector de la quebrada, pero yo sin saber a donde nos dirigíamos. El camino que tomamos fue la carretera en dirección a Calama y nos desviamos hacia el aeródromo de la ciudad, donde entramos a la pista de aterrizaje, estacionándonos en el extremo este de la pista. Cuando íbamos en el camino Trincado me dijo que iríamos al aeródromo a esperar un avión", afirmó el ex uniformado.

Si bien este es el testimonio más directo que vincula al militar activo en estos hechos, también es cierto que existen otras declaraciones de ex integrantes de este regimiento que confirman que Manuel Aguirre sí prestó funciones en dicha repartición, durante el segundo semestre de 1975.

Ante este escenario, abogados querellantes en el caso sostuvieron que es de suma importancia que el Ejército entregue una copia certificada de la hoja de vida anual del general Trincado, ya que luego de ello se estaría en condiciones de tomarle una nueva declaración como inculpado para que luego el tribunal se pronuncie sobre su situación procesal.

Este caso permaneció paralizado varios meses, luego de que la jueza Patricia Almazán jubilara. Pero desde hace un par de semanas asumió la investigación la ministra en visita Rosa María Pinto, ex titular del 16º Juzgado del Crimen de Santiago, quien ha reactivado la investigación relacionada con la desaparición de dos opositores al régimen militar, para luego dictar más diligencias en esta arista sobre la remoción de cuerpos.

Episodio Mulchén

En tanto, quien sí decretó nuevas diligencias para intentar aclarar el oscuro capítulo de las remociones de los cuerpos de detenidos desaparecidos es el ministro de fuero Carlos Gajardo, quien está a cargo del capítulo "Mulchén".

Hasta ahora dicha investigación cuenta con las confesiones de dos suboficiales (r) del Ejército que dicen haber participado en la tétrica tarea de rescatar los restos que fueron enterrados originalmente en la zona precordillerana de la Novena Región.

Por ello, es probable que en los próximos meses el magistrado ordene excavaciones en el sector, ya que incluso existe la posibilidad que aún se encuentren enterrados en ese lugar un par de cuerpos que corresponderían a los ejecutados políticos de dicha localidad durante 1973.

Junto a ello, el magistrado se encontraría realizando interrogatorios a otros miembros de las unidades militares existentes en la zona durante la época y, además, solicitó todos los antecedentes que en su momento fueron recopilados por la justicia a raíz de las denuncias por presunta desgracia que interpusieron los familiares de las víctimas, durante los primeros años del régimen militar.

jcuevas@elmostrador.cl

DDHH: General Trincado fue interrogado por exhumación de cuerpos

www.elmostrador.cl 21 de Julio del 2005

Militar debió responder en calidad de inculpado ante el ministro Víctor Montiglio, quien asumió las causas por violaciones a los derechos humanos que sustanciaba el jubilado juez Juan Guzmán.

Un segundo interrogatorio por su supuesta responsabilidad en la exhumación y traslado de 26 víctimas de la Caravana de la Muerte en la ciudad de Calama, debió enfrentar el comandante de la II División del Ejército, Miguel Trincado.

Según el matutino La Nación, el militar debió responder en calidad de inculpado ante el ministro Víctor Montiglio, quien asumió las causas por violaciones a los derechos humanos que sustanciaba el hoy jubilado juez Juan Guzmán Tapia. El año pasado ya había sido interrogado por este último magistrado.

La diligencia se produjo previamente a que el propio Montiglio se declarara incompetente para seguir conociendo el proceso, originado a partir de una querella presentada por familiares de ejecutados de la nortina ciudad.

Por esta razón, el caso fue asumido por la ministra Patricia Almazán, de la Corte de Apelaciones de Antofagasta.

De acuerdo al diario gubernamental, esta magistrada podría viajar en los próximos días a Santiago para interrogar por tercera vez al alto uniformado.

Trincado fue vinculado al caso por el suboficial retirado del Ejército Manuel Aguirre Cortés, asegurando que el primero fue quien comandó el desentierro de los cuerpos y su traslado al aeródromo de Calama.