CHE: Simbolo del Mundo
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Ernesto "Che" Guevara, un mito viviente.
En Tréveris, en la casa natal de Carlos Marx, autor de la filosofía comunista que Ernesto Guevara de la Serna siguió, se venden carteles y otros artículos con su imagen. No hay librería que no tenga al menos tres de los 30 libros que sobre él se han escrito. O simplemente está presente en el imaginario colectivo.
Bildunterschrift: Großansicht des Bildes mit der Bildunterschrift: El actor alemán Antonio Wannek en la Berlinale 2002.“El Che forma parte de la cultura pop alemana”, explicó Günter Maihold, sociólogo y especialista en política latinoamericana. “Se ha convertido en un símbolo iconográfico usado por distintas fuerzas políticas o jóvenes que lo asumen como emblema de revelación contra ciertas situaciones”. Uno de los ejemplos de que el mito de este protagonista de la revolución cubana ha traspasado fronteras geográficas y generacionales lo constituye el Bar “Che Guevara” en el centro de Bonn, adornado con pinturas e imágenes de su inspirador. “Desde niño lo admiro porque era un hombre valiente que luchó hasta el final”, dijo su propietario, el afgano Aziz Funke, de 31 años. “En mi país todos lo conocen”.
Bildunterschrift: En su juventud Ernesto Guevara hizo distintos viajes por América Latina.¿Qué saben hoy los alemanes de él?. “Era médico y ayudó a Fidel Castro a derrocar a un dictador” o que “fue un idealista... de origen argentino”, dice la gente, aunque después Cuba le otorgó la nacionalidad.
Los ex habitantes de la República Democrática Alemana lo recuerdan como un dios menor entre los próceres del socialismo, a diferencia del Oeste donde era idolatrado.
Proveniente de una familia rica, Ernesto Guevara nació el 14 de junio de 1928. Muy joven dejó lujos para realizar una serie de periplos por América en los que conoció su realidad socio-política, a los hermanos Fidel y Raúl Castro y a sus tantas mujeres.
Itzel Zúñiga
Según los escritos norteamericanos desclasificados, y que fueron citados por La Vanguardia, muestra que lejos de ordenar matarle, la CIA dio instrucciones a su gente en Bolivia para que lo capturaran vivo: "Keep him alive".
Documentos desclasificados publicados ayer por el diario La Vanguardia contradicen la versión hasta ahora sostenida y afirman que Estados Unidos quiso capturar vivo al "Che" Guevara. El artículo sostiene que la CIA se sorprendió ante el asesinato del guerrillero y se basa en una serie de documentos hallados por dos investigadores italianos en los archivos nacionales de Estados Unidos, que aclararían las últimas horas del ícono revolucionario.
La documentación norteamericana citada por La Vanguardia muestra que lejos de ordenar matarle, la CIA dio instrucciones a su gente en Bolivia para que lo capturaran vivo: "Keep him alive", cogedlo vivo, ordenaron desde Washington a sus dos agentes incrustados en el destacamento de rangers bolivianos que combatían al grupo guerrillero que dirigía el "Che".
El plan, según los escritos desclasificados, era atraparlo y llevarlo preso a Panamá para mostrarlo al mundo como un trofeo y echar públicamente en cara a Fidel Castro los intentos de expansión de la revolución que se dijo pretendían convertir Latinoamérica en un nuevo Vietnam.
Esta tesis establece que fue René Barrientos, el militar dictador de Bolivia de entonces, quien ordenó por radio desde La Paz, en cuanto supo por el mismo medio que el "Che "había sido capturado, la ejecución del prisionero.
En tanto en una postura diametralmente opuesta, el pedagogo paraguayo Martín Almada, Premio Nobel alternativo de la Paz 2002, entregó al director de la Fundación "Che" Guevara, Osvaldo "Chato" Peredo, un mensaje fechado el 3 de octubre de 1966, que evidenciaría la coodinación entre los servicios de inteligencia latinoamericanos para perseguir al "Che" Guevara.
El texto en cuestión es un aviso del ejército brasileño al paraguayo, sobre la supuesta entrada al país del comandante Guevara, enmascarado con una barba, prueba irrefutable según Almada del rol protagónico que le cupo a la agencia de inteligencia de EEUU en la muerte del "Che".
"Por lo visto la Agencia Central de Inteligencia lo mismo informa que desinforma a sus propios elementos", bromeó Peredo, dirigente de la Fundación.
En una nota publicada por el diario oficial Granma, El líder cubano rindió sus respetos y expresó su agradecimiento al revolucionario argentino Ernesto "Che" Guevara a 40 años de su muerte.
"Hago un alto en el combate diario para inclinar mi frente, con respeto y gratitud, ante el combatiente excepcional que cayó un 8 de octubre hace 40 años", manifestó Castro, alejado del poder desde hace 14 meses debido a una severa crisis de salud.
En su editorial titulado "El Che", el presidente cubano agradeció a Guevara "por lo que trató de hacer y no pudo en su país de nacimiento, porque fue como una flor arrancada prematuramente de su tallo".
Castro destacó "el ejemplo" que legó el Che al frente de la columna "que atravesó los terrenos pantanosos" en provincias del sureste de Cuba cuando luchó en la Sierra Maestra, y tomó la central ciudad de Santa Clara, donde se celebra hoy el acto de conmemoración por el 40 aniversario de su fallecimiento.
José Ignacio Gracia Hamilton, escritor e historiador de renombre, recordó al líder guerrillero Ernesto “Che” Guevara al cumplirse 40 años de su muerte.
“Hay dos Che Guevara”, aclaró el especialista. “Uno es el médico rosarino, criado en una familia acomodada, que estaba al servicio de los pobres”, relató a través del aire de Radio 10.
Para cuando el líder guerrillero forma parte de las milicias cubanas a fines de los años 50 para derrocar el sangriento régimen del dictador Batista, el perfil del personaje histórico cambió por completo.
Una vez alcanzada la revolución en Cuba, “se establece un Tribunal Militar para juzgar a los colaboradores de Batista”, señaló García Hamilton.
En declaraciones a Radio 10, el historiador recordó un hecho atroz, cuando el régimen liderado por Fidel Castro y Guevara condenó a muerte a un chico de 16 años.
“Es en ese momento que el Che se convierte en una máquina de matar”, analizó el escritor, al tiempo que aclaró que la madre del menor asesinado le había pedido clemencia al argentino pero el guerrillero desoyó el reclamo y el niño fue ejecutado.
“Otra característica del Che era que quería salvar al mundo cuando en realidad no atendía ni a sus propios hijos”, reveló García Hamilton.
Fuente: elpais.com España
REPORTAJE: EL CHE ÍNTIMO
Documentos inéditos facilitados por su viuda, Aleida March, revelan aspectos íntimos del mítico guerrillero convertido en icono global
Foto: El Che, con su mujer Aleida March y sus hijos- OFICINA DE ASUNTOS HISTÓRICOS DEL CONSEJO DE ESTADO CUBANO
MAURICIO VICENT 07/10/2007
Ernesto Guevara (1928-1967) no es sólo el guerrillero convertido en icono global. Hay otro Che. El que leía a Marx y Lenin, pero también a Goytisolo, Baroja y Papini. El que escribía a su mujer, Aleida: "Te podría decir que te extraño hasta el punto de perder el sueño". Cuarenta años después de su muerte, la viuda ha facilitado a EL PAÍS materiales inéditos que muestran al Che más íntimo y desconocido.
"Voy a ser catedrático del Capital a fuerza de releerlo (cada vez con más ganas, como el Quijote)"
A León Felipe: "En Cuba, dormir, dejar un tiempo sin llenar con algo, es pecado de lesa dirigencia"
Alfredo Guevara: "El Che no era espejo [de Fidel]. Era un igual, quizá el único de nosotros"
En su diario de lecturas había obras de Lenin y Engels; también de Onetti, Goytisolo y Baroja
Mi única: aprovecho el viaje de un amigo para mandarte estas letras; claro que podrían ir por correo, pero a uno le parece más íntimo el camino paraoficial. Te podría decir que te extraño hasta el punto de perder el sueño, pero sé que...". Escrita el 2 diciembre de 1966 en el campamento guerrillero de Ñancahuasú, en Bolivia, esta carta fue la última que recibió Aleida March de su esposo, Ernesto Guevara de la Serna, más conocido como el Che. Cuatro meses después comenzaron los combates con el ejército boliviano y, el 8 de octubre de 1967, convertido ya en un mito revolucionario, Guevara fue capturado en la Quebrada del Yuro. Al día siguiente, el Che cayó bajo las balas de la ametralladora del soldado Mario Terán en la escuela pública del poblado de La Higuera.
Terán cumplía órdenes del Gobierno de Bolivia y éste a su vez de la Agencia Central de Inteligencia norteamericana (CIA). La única consigna precisa que recibió de sus superiores para el asesinato fue no disparar al guerrillero en la cara.
La orden tenía sentido. La participación del Che junto a Fidel Castro en la lucha insurgente de Sierra Maestra y el papel que jugó después como comandante y ministro de la revolución cubana, así como su vocación por liberar a las bravas al Tercer Mundo, habían cincelado una biografía impecable de héroe rebelde.
En 1965, cuando renunció a todos sus cargos para marchar a combatir en el Congo, y después a Bolivia, Guevara escaló a la categoría de ejemplo peligroso. Por eso, aquel mediodía en La Higuera, la CIA lo quería muerto y bien muerto, pero con el rostro reconocible, para exhibir el trofeo y acabar con la leyenda.
La estrategia no tuvo éxito. En pleno siglo XXI, el Che sigue siendo un icono revolucionario muy poderoso. Millones de personas han pasado por su mausoleo en la ciudad cubana de Santa Clara, y la famosa foto que le tomó Alberto Korda en 1960, con boina y la mirada extraviada, aparece tanto en barricadas de izquierda como en camisetas y productos de marca.
Para sus enemigos, lo más relevante de su vida son sus fracasos. Aun así, 40 años después de su muerte, en el despacho oficial del actual presidente de Bolivia, Evo Morales, hay una foto de Guevara.
En la misma casa de La Habana que fue su hogar durante años -hoy, parte de las instalaciones del Centro de Estudios Che Guevara-, Aleida March guarda numerosos documentos, cartas y textos inéditos que ofrecen una visión íntima del hombre tras el mito de piedra.
Está, por ejemplo, la carta que le escribió el 14 de agosto de 1965 desde la selva del Congo, y que hoy se publica por primera vez. El Che le cuenta, con sentido del humor y medio en clave, que, a falta de combates, pasa gran parte del tiempo escribiendo y dedicado al estudio. "Estoy manejando aceptablemente bien el idioma, mis matemáticas van bien y voy a ser catedrático del Capital a fuerza de releerlo (cada vez con más ganas, como el Quijote)".
Junto al fusil y las balas, Guevara llevaba un índice de lecturas en una vieja agenda de teléfonos. Durante aquella frustrada experiencia guerrillera del Congo, entre abril y noviembre de 1965, anotó a Carlos Marx, Lenin y Mao Tse Tung, pero también a José Martí; Pío Baroja; La Ilíada y La Odisea, de Homero; México insurgente, de John Reed, y la polémica obra de teatro La noche de los asesinos, del dramaturgo cubano José Triana, que acababa de publicarse meses antes y que después sería convertida en una obra maldita en la época más gris de la cultura cubana. En 1966, mientras preparaba el que sería su último combate, además de los clásicos marxistas, en el plan de lecturas del Che estaban Shakespeare, Papini, Lezama Lima y Goytisolo.
"Leía todo el tiempo y de todo, le apasionaba la literatura", recuerda Aleida, su compañera de luchas guerrilleras en Villa Clara y madre de cuatro de sus cinco hijos: Aleida, Celia, Camilo y Ernesto.
Muchas de las cartas que le escribió desde el Congo, y después desde Tanzania, Praga y Bolivia, no se han publicado nunca. Otros textos y apuntes sobre economía y filosofía que elaboró en ese mismo periodo han empezado a conocerse recientemente. Coincidiendo con el cuadragésimo aniversario de su muerte, Aleida March ha puesto a disposición de EL PAÍS algunos materiales inéditos y otros escasamente divulgados en Europa que descubren a un Ernesto Guevara poco conocido.
En estas páginas aparece el Che que supo anticipar el fracaso del socialismo soviético 25 años antes de la desaparición de la Unión Soviética; el Che que se carteaba con poetas como León Felipe y que escribía poesía el mismo; el hombre de acción que a la vez era un teórico que trabajó en dos textos, uno sobre economía política y otro sobre filosofía, muy críticos con los manuales que convirtieron el marxismo-leninismo en "una Biblia".
Temprano, siendo ministro de Industria, el Che fue capaz de señalar lo malo de la revolución con palabras como éstas: "Lo que menos me agrada es nuestra falta de valentía en ocasiones para afrontar ciertas realidades, a veces económicas y a veces políticas (...)". A veces -admitió durante un encuentro con estudiantes norteamericanos- "hemos tenido compañeros que siguen la política del avestruz, de esconder la cabeza. En los problemas económicos le hemos echado la culpa a la sequía, al imperialismo".
"¿Y el ejército, qué?"
Materiales como el anterior, incluido en el libro Che desde la Memoria y otros recogidos en el polémico Apuntes críticos de la Economía Política, han sido publicados recientemente por el Centro de Estudios Che Guevara sin omitir los juicios más ácidos del guerrillero cubano-argentino sobre el socialismo supuestamente real.
Foto: El Che, en el Congo, en 1965.- FOTO CEDIDA POR EL CENTRO DE ESTUDIOS CHE GUEVARA
Para los más ortodoxos, este Che punzante e iconoclasta aún no es fácil de digerir.
"Por desgracia, tras su muerte, muchos convirtieron al Che en un ídolo acartonado y vacío de matices críticos y de la complejidad de su pensamiento", asegura un ex dirigente cubano que colaboró con él al triunfo de la revolución.
La mayoría de los apuntes económicos -y los filosóficos que todavía no se han editado- los redactó o sistematizó el Che entre 1965 y 1966, durante los meses que pasó en Tanzania y Praga después de salir del Congo. Son comentarios y señalamientos al entonces vigente Manual de Economía Política de la Academia de Ciencias de la URSS, en su edición al español de 1963. Guevara somete a revisión todo el texto, escrito en época de Stalin, y hace observaciones como estas: "Hay muchas afirmaciones en este libro que se parecen a la fórmula de la Santísima Trinidad; no se entienden pero la fe lo resuelve".
En algunos casos llega a la irreverencia, como cuando comenta el capítulo sobre la "construcción de la economía socialista en los países europeos de democracia popular". "La puntilla", dice. "Esto parece escrito para niños o para estúpidos. Y el ejército soviético ¿qué? ¿Se rascó los huevos?".
En uno de los textos que será incluido en los Apuntes filosóficos se muestra a un Che en guerra contra los esquemas y dogmas al comentar un pasaje de Ludwig Feuerbach y el fin de la filosofía clásica alemana, de Federico Engels.
"Los científicos", afirma Guevara, "han hecho aportaciones valiosas al campo de la filosofía y de la economía, pero la base idealista los lleva por caminos extraviados. Hay que liquidar el dogmatismo y abordar los nuevos problemas que se plantean con el espíritu abierto a cierto agnosticismo científico".
Estos textos del Che, desde luego, no son los de un revisionista. Todo lo contrario. Guevara no reniega de su visión del hombre nuevo, ni de sus posiciones radicales contra todo lo que sean "concesiones" al capitalismo o a la economía de mercado. El Che era un marxista convencido y su lucha por despojar el marxismo-leninismo de ataduras doctrinarias, y de enfrentar lo que Néstor Kohan llama las "tendencias burocráticas que pretendían congelar la revolución, reducirla a un solo país y aprisionarla en los pasillos ministeriales", era para asegurar el éxito del socialismo, no para cuestionar su validez.
"Al dogmatismo intransigente de la época de Stalin ha sucedido un pragmatismo inconsistente. Y, lo que es trágico, esto no se refiere sólo a un campo determinado de la ciencia; sucede en todos los aspectos de la vida de los pueblos socialistas, creando perturbaciones ya enormemente dañinas, pero cuyos resultados finales son incalculables", escribió Guevara al justificar la necesidad de sus apuntes.
Según señala Aleida March a EL PAÍS, "la relevancia de estos documentos, inéditos o no, reside en que a través de ellos se pueden comprender mejor sus sueños y aspiraciones, su vasta cultura y sobre todo su obra creadora en la construcción de la nueva Cuba. Su lucha teórica no es sólo contra la interpretación estalinista de la historia, es sobre todo una lucha contra los dogmas que encerraron al marxismo y pretendieron eliminar partes muy sustanciosas, como es el humanismo marxista".
Cartas a León Felipe
El 21 de agosto de 1964, meses antes de partir hacia la guerrilla del Congo, Guevara escribía al poeta español León Felipe: "Maestro: hace ya varios años, al tomar el poder la revolución, recibí su último libro dedicado por Ud. Nunca se lo agradecí, pero siempre lo tuve muy presente. Tal vez le interese saber que uno de los dos o tres libros que tengo en mi mesa de cabecera es El Ciervo ; pocas veces puedo leerlo porque todavía en Cuba dormir, dejar el tiempo sin llenar con algo o descansar, simplemente es un pecado de lesa dirigencia...".
El 27 de marzo de 1965, días antes de que el Che entrara clandestinamente al Congo, el poeta, ya a punto de cumplir 81 años, le escribía desde México: "Mi querido amigo Che Guevara. Le escribo a Ud. ya muy viejo y muy torpón, pero le debo a Ud. un abrazo que no quiero irme sin dárselo. (...) Le envío como recuerdo el autógrafo del último poema que escribí hace unos días. Salud y alegría".
León Felipe murió en 1968, un año después del asesinato del Che.

Foto: El Che, fumando-
Junto a la correspondencia privada y de Estado, Aleida conserva numerosas cartas y notas breves que Guevara le escribió a ella y a sus hijos, como una postal enviada a Camilo (hoy abogado) desde Dar-es-Salaam, capital de Tanzania: "Camilito: hoy hablé con mi amigo Pepe el Caimán y le conté que a ti no te gusta mucho la escuela y que estás un poquitín malcriado. Lo fotografiamos en el momento en que me estaba diciendo que podías venir a su escuela, que él te enseñaría muchas cosas buenas.
[En el reverso, un cocodrilo amenazador tiene la boca abierta]".
Durante 40 años, Aleida guardó celosamente estos recuerdos, hasta que escribió Evocación, un libro de memorias íntimas que revela el lado más desconocido del mito revolucionario. Evocación será publicado el próximo año en España, e incluye cartas, reflexiones, postales, poemas y otros textos inéditos de Guevara, junto al testimonio de la mujer que estuvo a su lado ocho años y que quizá mejor conoce la psicología de un hombre que antepuso sus ideales revolucionarios a su propia vida.
En uno de los capítulos, Aleida cuenta cómo "bajo la influencia directa del Che", que "de forma permanente ejercitaba su capacidad de persuasión", poco a poco ella se fue "enrojeciendo". "Trataba de enseñarme y convencerme, paso a paso, sobre mi equivocación del comunismo, sin que yo sintiera ninguna imposición".
Tras el triunfo de la revolución y debido a los severos ataques de asma que sufría el Che, la pareja se instaló temporalmente en una casa en Tarará, a las afueras de La Habana. Pronto esa casa se convirtió en un centro de conspiración revolucionaria, cuando todavía el Gobierno cubano incluía partidarios de tendencias moderadas. "Fidel nos encargó preparar en secreto un grupo de leyes revolucionarias; la principal, la ley de reforma agraria", recuerda Alfredo Guevara, hombre muy cercano a Fidel Castro desde los tiempos de la universidad y desde entonces vinculado al partido comunista.
El equipo estaba integrado por varias personas, además del mismo Alfredo: el Che; Raúl Castro y su esposa, Vilma Espín; el geólogo Antonio Núñez Jiménez; por supuesto, Fidel, y algunos invitados ocasionales. "A veces venían sólo algunos, a veces todos, y a veces estaban solos el Che y Fidel", recuerda Aleida de aquellas sesiones de trabajo que duraban hasta la madrugada.
Según Alfredo, todos estaban aprendiendo sobre la marcha, pero el que más preparación y conocimientos teóricos de marxismo tenía era el Che. "Y era el que iba más lejos en sus planteamientos". La primera ley de reforma agraria se promulgó el 17 de mayo de 1959 y supuso la confirmación del carácter radical que tomaría la revolución, marcando el comienzo del enfrentamiento directo con Estados Unidos.
Una de las grandes preguntas de la revolución es qué papel jugo en verdad el Che en su rumbo, qué peso tuvieron sus posiciones radicales en aquellos primeros momentos que definirían el futuro; en definitiva, cuánto influyó el Che en Fidel Castro.
Según Alfredo Guevara, el Che estuvo en todas las decisiones importantes. "Fidel encontró en su vida demasiados espejos; el Che no era espejo, tenía cultura y criterio propio. El Che le hablaba de igual a igual, era un igual, quizá el único de nosotros", afirma. "El Che sabía que Fidel era el jefe, y Fidel escuchaba y respetaba al Che; era una complicidad perfecta".
"Un día llegó Fidel y dijo que a partir de ese momento nos reuniríamos una vez a la semana en el Banco Nacional, que no se podía dirigir un país sin saber cómo funcionaba el banco", recuerda Alfredo Guevara. El 26 de noviembre de 1959, el Che fue designado presidente del Banco Nacional de Cuba. Antes había sido jefe militar en la fortaleza de la Cabaña y jefe del Departamento de Industrialización del Instituto Nacional de la Reforma Agraria; después, a partir de 1961 y hasta su salida de Cuba, ministro de Industria.
ia."Yo lo respetaba como militar; después, no. Como dirigente fue un desastre". El ex comandante de la revolución Eloy Gutiérrez Menoyo, que pasó 22 años en una cárcel por alzarse en armas contra Fidel Castro, resume los argumentos de los detractores del Che: su papel en los fusilamientos de los primeros meses de la revolución; "su extremismo, que le hizo ser un fiero defensor del centralismo y la estatización absoluta, lo que desarboló la economía y Cuba todavía lo está pagando ahora"; su teoría del hombre nuevo y contra los estímulos materiales -"fíjese lo que la gente está pidiendo hoy"; y, por supuesto, "su aventurerismo".
¿Héroe o villano? Después de 40 años, todavía continúa la discusión. Según Alfredo Guevara, el Che se mostró consecuente con sus ideas y "estuvo siempre dispuesto a convertir lo que pensaba en acción, pero acción inteligente. El hombre más allá del icono era un intelectual riguroso y antidogmático, y eso se conoce poco o no se quiere conocer".
El 14 de agosto de 1965, el Che escribe a Aleida desde el Congo: "Hay momentos en que casi veo crecer a los muchachos y leyendo a Hugo (leo a destajo por aquí) me enternezco. Son los días míos, pero no del estudio [la actividad militar], no rindo lo que debiera. Además, la vuelta se hace más lenta así". En Tanzania, meses después, mientras esperaba la preparación de una nueva operación guerrillera -todavía no tenía definida cuál-, el Che siguió trabajando en sus apuntes filosóficos. El 4 de diciembre le escribe una carta al dirigente cubano Armando Hart: "En este largo periodo de vacaciones le metí la nariz a la filosofía, cosa que hace tiempo pensaba hacer. Me encontré con la primera dificultad: en Cuba no hay nada publicado, si excluimos los ladrillos soviéticos que tienen el inconveniente de no dejarte pensar; ya el partido lo hizo por ti y tú debes digerir".
El Che le comenta que elaboró un plan de estudios para él y que podría ser mejorado y servir de base para el estudio de la filosofía en Cuba. Bromea sobre la revolución: "Ya hemos hecho mucho, pero algún día tendremos también que pensar". Dos años más tarde, una ráfaga de ametralladora acabó con su vida en la pequeña escuelita de La Higuera. Es la historia conocida. Después comenzó el mito.
Cuando el Che recitaba los versos de Machado a Líster
"...DE MONTE A MAR esta palabra mía: / si mi pluma valiera tu pistola / de capitán contento moriría". En septiembre de 1956, poco después de salir de la cárcel en México y dos meses antes de partir hacia Cuba en el yate Granma, el Che, en la clandestinidad, visita a su primera esposa, la economista peruana Hilda Gadea, y a su hija Hildita en la casa en que vivían en el Distrito Federal.Ambas fallecieron ya, pero antes de morir, Gadea contó que ese día el Che les recitó los versos que Antonio Machado dedicó al general Líster.El Che siempre tuvo gran cercanía al exilio republicano español. Tras el triunfo de la revolución mantuvo buenas relaciones con el militar Alberto Bayo, que había entrenado al grupo de Castro en México y con quien jugaba al ajedrez, así como con intelectuales españoles que residían en la isla, como el jurista José Luis Galbe y el científico Julio López Rendueles. Veinte años antes, en 1937, en el pueblo argentino de Altagracia, Guevara tuvo su primera noción de la guerra civil española al llegar a vivir a su casa los hijos de un médico republicano. Tenía nueve años. Con sus amigos seguía los partes de guerra y llegó a aprenderse los nombres de todos los generales republicanos. Luego estudió medicina, pero abandonó la profesión para recorrer América y dedicar su vida a la revolución.Los manuales soviéticos que el Che tanto criticó siguieron estudiándose en Cuba hasta finales de la década de los ochenta, cuando el campo socialista se derrumbó. Mario Terán, el sargento que terminó con la vida de Ernesto Guevara, recuperó el año pasado la visión gracias a un programa de salud cubano que ofrece tratamientos gratuitos de la vista en toda América Latina.La noticia trascendió hace una semana por casualidad, cuando el hijo de Terán escribió una carta a un periódico boliviano en agradecimiento a los médicos cubanos.
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Domingo 7 de octubre de 2007
Por Jon Lee Anderson / lanacion.cl
Hace 40 años nació el mito
Ícono pop y símbolo de la revolución, se cumplen 40 años del asesinato de Ernesto "Che" Guevara. Aquí, un texto de Jon Lee Anderson reconstruye el día de su muerte y Kevin Johansen escribe sobre el guerrillero y el marketing. Además, el fotógrafo Luis Navarro analiza dos de las imágenes más importantes de la historia.
La noChe del 9 de octubre, cuando el "Che" estaba maniatado y tendido en el suelo de la escuela en La Higuera, Aleida se despertó bruscamente con una sensación inexplicable de que su esposo estaba en grave peligro. La premonición fue tan fuerte que a la tarde siguiente, cuando aparecieron en su puerta los hombres enviados por Fidel desde La Habana, ella los esperaba.Durante meses había recibido las noticias de Bolivia con angustia creciente: Fidel la visitaba regularmente para mantenerla al tanto y ella sabía que la situación del "Che" era mala. Aleida se encontraba en los montes Escambray, donde había conocido al "Che", para realizar una investigación de campo. Había reanudado sus estudios de Historia en la Universidad de La Habana, como la había instado él para "mantenerse ocupada".
En La Habana, Fidel analizaba los informes de Bolivia con una mezcla de recelo y preocupación creciente. El 9 de octubre informaron de que el "Che" había caído y luego que estaba "muerto a causa de sus heridas". Cuando llegó la primera fotografía del cuerpo que se decía que era suyo, Fidel observó un cierto parecido, pero no pudo creer que aquel cadáver demacrado fuera el del hombre que había partido de Cuba once meses antes.
Apenas llegó a La Habana, Aleida se reunió con Fidel y juntos estudiaron los informes y las fotografías. Al principio se negaron a creerlo, pero cuando Aleida identificó la caligrafía del "Che" en las fotos del diario secuestrado, ya no quedaron dudas.
En medio de la ola de rumores, Fidel se dirigió a la nación el 15 de octubre en un discurso televisado. Confirmó que los informes sobre la muerte del "Che" eran "desgraciadamente ciertos", decretó tres días de duelo oficial y anunció que desde entonces el 8 de octubre sería el "Día del Guerrillero Heroico" en conmemoración del último combate del "Che".
Aleida sufrió un colapso emocional. Fidel la llevó con los niños a su casa y la atendió durante una semana. Después los instaló en otra casa, donde estaban incomunicados y lejos de la atención del público. La visitaba todos los días, y gradualmente ella empezó a recuperarse.
Orlando Borrego (N. de la R.: uno de sus más cercanos colaboradores) sufrió una crisis emocional que duró varios meses. Según él, la muerte del "Che" lo afectó más que la de su padre. Al principio su dolor quedó en suspenso mientras reconfortaba a Aleida y los niños, pero luego lo golpeó con fuerza. "Fue como si perdiera el equilibrio. No podía hacerme la idea de que el "Che" estaba muerto, tenía sueños recurrentes en los que se me aparecía con vida", recordó.
COMO EL "CHE"
La noche del 18 de octubre, en la Plaza de la Revolución de La Habana, Fidel se dirigió a uno de los auditorios más grandes de su vida. Casi un millón de personas asistieron al velatorio nacional del "Che". Con voz enronquecida por la emoción, Fidel rindió un fervoroso homenaje a su antiguo camarada, al que exaltó como la encarnación de las virtudes revolucionarias. "Si queremos un modelo de hombre, un modelo de hombre que no pertenece a este tiempo, un modelo de hombre que pertenece al futuro, ¡de corazón digo que ese modelo sin una sola mancha en su conducta, sin una sola mancha en su actitud, sin una sola mancha en su actuación, ese modelo es el "Che"! Si queremos expresar cómo deseamos que sean nuestros hijos, debemos decir con todo el corazón de vehementes revolucionarios: ¡queremos que sean como el "Che"!".
La tarde del 9 de octubre, el cuerpo empapado de sangre del "Che" fue colocado en una camilla sujeta al tren de aterrizaje de un helicóptero y transportado sobre los áridos cerros de Vallegrande. Lo acompañaba Félix Rodríguez, vestido con uniforme de capitán del Ejército boliviano. Poco después de aterrizar se perdió en la multitud y desapareció.
Días después se encontraba nuevamente en Estados Unidos para informar a sus jefes en la CIA. Llevaba consigo algunas reliquias de su viaje, entre ellas uno de varios relojes Rolex del "Che" y un resto de tabaco a medio fumar sacado de su pipa y envuelto en papel; más adelante lo pondría en una burbuja de cristal encajada en la culata de su revólver preferido. Pero el recuerdo más insólito que aún conserva es la falta de aliento que empezó a padecer poco después de su llegada a Vallegrande. "Al caminar en el aire fresco de la montaña, me di cuenta de que jadeaba y se me hacía difícil respirar. El "Che" estaba muerto, pero su asma, un mal que nunca había padecido en mi vida, se me había transmitido. Aún hoy mi crónica falta de aliento es un recuerdo constante del "Che" y sus últimas horas de vida en la aldea de La Higuera", escribió Rodríguez 25 años después.
Colocado sobre una pila de hormigón en el lavadero del jardín del Hospital Nuestro Señor de Malta, de Vallegrande, el cuerpo del "Che" permaneció en exhibición esa noche y todo el día siguiente con la cabeza alzada y los ojos pardos muy abiertos. Para detener la descomposición, un médico le abrió la garganta y le inyectó formaldehído. Una multitud de soldados, pobladores curiosos, fotógrafos y periodistas desfilaron junto al cuerpo, que daba la macabra impresión de estar vivo. Entre las monjas del hospital, la enfermera que lavó el cadáver y las mujeres de Vallegrande se difundió rápidamente la impresión de que presentaba un parecido extraordinario con Jesucristo; varias de ellas cortaron mechones de su cabello para conservarlos como talismanes.
DESAPARECIDO
El teniente coronel Andrés Selich y el mayor Mario Vargas Salinas se hicieron fotografiar junto al cuerpo. Selich se llevó el portafolio de cuero del "Che" y uno de varios relojes Rolex; el capitán Gary Prado se quedó con otro. El verdugo Mario Terán se llevó la pipa. El coronel Zenteno Anaya se llevó como trofeo personal la dañada carabina M-2 y autorizó a Prado a repartir el dinero hallado en poder del "Che" varios miles de dólares y una buena cantidad de pesos bolivianos entre los suboficiales y la tropa.
A esas alturas se había resuelto que el "Che" no tendría tumba. Sus restos, como los de sus camaradas que habían muerto antes, acabarían "desaparecidos". Para contrarrestar las expresiones de incredulidad procedentes de La Habana, el general Alfredo Ovando Candía propuso decapitar al "Che" y conservar su cabeza como prueba. Félix Rodríguez, quien aún se encontraba en Vallegrande, dice que calificó la propuesta de "excesivamente bárbara" y propuso que conservaran un dedo. Ovando Candía cedió en parte: le amputarían las manos. La noche del 10 de octubre se realizaron dos máscaras mortuorias de cera y se tomaron las impresiones digitales; se amputaron las manos para ser conservadas en frascos de formaldehído. Dos peritos forenses de la policía argentina llegaron para comparar las huellas con las del expediente de "Ernesto Guevara de la Serna" en Buenos Aires; coincidían totalmente.
En las primeras horas del 11 de octubre, el cuerpo del "Che" fue enterrado, como siempre, por el teniente coronel Andrés Selich, acompañado, según él, por el mayor Mario Vargas Salinas y otro oficial en calidad de testigo. La viuda de Selich dice que lo arrojaron a una tumba secreta abierta por una excavadora bajo la maleza cerca del campo de aviación de Vallegrande; en otra tumba colectiva enterraron a seis de sus camaradas.
Esa mañana llegó Roberto, el hermano del "Che", con la esperanza de identificarlo y llevarse los restos, pero ya era tarde. El general Ovando Candía dijo que lo lamentaba, pero ya habían incinerado el cadáver. Esta y otras versiones contradictorias de los generales bolivianos empezarían a circular durante los días siguientes, y el paradero de los restos del "Che" sería un enigma sin solución durante los 28 años siguientes.
A Roberto, de expresión sombría y traje oscuro tan parecido a su célebre hermano y a la vez tan distinto , no le quedaba otra cosa que hacer que volver a Buenos Aires, donde lo esperaban su padre y sus hermanos. Todos aceptaron la triste noticia menos la tía Beatriz, quien jamás reconoció la muerte de su sobrino preferido ni aceptó hablar del asunto.
Fragmento del libro ""Che" Guevara, una vida revolucionaria", de Jon Lee Anderson. El periodista norteamericano pasó cinco años investigando para escribir una biografía indispensable. El texto se publica con autorización del sello Anagrama, editor del libro.| Vea esta noche “Los últimos días del Che Guevara” en The History Channel a las 22:00. Además Discovery Channel emite dos documentales sobre el guerrillero; a las 21 horas “El Che que conozco” y a las 22 “Che Guevara”. |
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Lanacion.cl / EFE
Susana Osinaga, una de las enfermeras que vio el cuerpo del guerrillero, desmiente la versión oficial del asesinato de Guevara y manifestó que un balazo directo al corazón fue el que le dio muerte
Foto: La enfermera boliviana Susana Osinaga que lavó el cadáver de Ernesto "Che" Guevara en 1967. Foto: EFE
La enfermera boliviana que lavó el cadáver de Ernesto "Che" Guevara cuando fue asesinado en 1967, Susana Osinaga, afirmó hoy que entonces sólo vio tres heridas de bala, una de ellas mortal, en el pecho, y no las nueve que indican los informes oficiales.
La versión oficial narra que el "Che" fue asesinado el 9 de octubre con una ráfaga disparada por el sargento Mario Terán en la escuela de La Higuera, aldea de una región montañosa del sureste de Bolivia, y hay también versiones no confirmadas sobre un posible tiro de gracia de otro militar.
"Mentira, mentira. La única (herida) que lo ha matado es la que ha ido directo al corazón", y al voltear el cuerpo se vio "que no tenía salida", dijo Osinaga, que cada año por estas fechas ve alterada su rutina con la llegada de seguidores del "Che" y decenas de periodistas que quieren entrevistarla.
Ya con 74 años, la enfermera pone en duda el contenido del certificado de defunción y el protocolo de autopsia que los médicos del hospital de Vallegrande (a unos 60 kilómetros de La Higuera y 779 de La Paz) firmaron el 9 de octubre de 1967, tras revisar el cadáver del "Che".
Sobre esos documentos, el Ejército de Bolivia dijo hace pocos días que se mantienen "clasificados", al responder a un diario que quiso fotografiarlos.
Sin embargo, muchos periodistas, biógrafos e investigadores, entre ellos militares que han escrito libros sobre la guerrilla del "Che", han transcrito su contenido.
Osinaga asegura que no conoce el informe oficial sobre las nueve heridas de bala, entre nuevas y antiguas, que reportó su jefe de entonces, el doctor Jorge Martínez Caso, e insiste en que solo vio tres.
"Una en el pecho, la que lo ha matado; después, en el brazo y en la canilla, que eran secas", apuntó Osinaga, insinuando que estas dos últimas eran antiguas.
"Sí, nosotros lo hemos desvestido, lo hemos bañado, y no había balas de la ametralladora que dicen. Con eso lo hubieran desecho. ¿Cómo estaría la cara? Pero (estaba) con la cara flamante como Cristo", rememoró.
La enfermera lavó el cuerpo de Guevara junto con su colega Adela Zabala, ya fallecida, así como el también enfermero Remigio Flores y el médico Martínez Caso, todos empleados del hospital Señor de Malta.
Osinaga cree que el alma de Guevara la protege con vida para "seguir dando los testimonios" de lo sucedido "y que nadie más sabe".
El periodista boliviano Carlos Soria Galvarro, uno de los mejor documentados sobre Guevara, asegura que la versión más extendida relata que Terán le disparó una ráfaga de balas, pero que también es posible que los documentos oficiales sobre su muerte hayan sido alterados.
"Estos protocolos de autopsia que se realizaron pareciera que hubieran sido un poco manipulados en la versión oficial que se dio", agregó Soria Galvarro, y recordó que un médico de apellido Ustarez, que también atendió el caso en aquella época, puso en duda los informes.
Ustarez "afirma en su libro que ese protocolo de autopsia no tiene mayor valor, porque fue acomodado a la versión oficial de la muerte", dijo el periodista.
Esa versión oficial, según Soria Galvarro, menciona "una ráfaga que, por instrucciones de los verdugos al ejecutor, no fue con disparos a la cara, sino al cuerpo. Son varios disparos en el cuerpo y por lo menos hay uno que está en la zona del pecho, en el corazón".
A su juicio, es necesario indagar más porque Ustarez dice que los protocolos de autopsia fueron "fraguados" y que se acomodaron a la versión militar.
Ante la decisión de los militares de mantener en secreto los protocolos de la autopsia, aunque se conoce su contenido, Soria Galvarro dijo: "No sería raro que se hubieran perdido, porque los militares han perdido muchos documentos".
"O puede ser que estén, pero no los quieren mostrar, porque hay confusión sobre lo que es secreto o lo que no es secreto. Mi opinión es que esa información debería ser desclasificada, catalogada, publicada o entregada al Archivo Nacional", agregó el investigador, de visita en Vallegrande para presentar sus nuevos libros sobre el "Che".