Blogia
Centros Chilenos en el Exterior

La mina de carbón de Angelini y los Von Appen que amenaza los ecosistemas de La Patagonia

La mina de carbón de Angelini y los Von Appen que amenaza los ecosistemas de La Patagonia

19 de Mayo de 2009

Proyecto busca abastecer a las termoeléctricas del país

 La iniciativa de la sociedad Copec-Ultramar en Isla Riesco pretende suministrar gran parte del carbón que consumirá el mercado eléctrico nacional en 2013, a raíz de los proyectos termoeléctricos que esperan ser aprobados. La apuesta a tajo abierto implica la tala rasa de 4 mil hectáreas de bosque nativo y tiene consecuencias aún no dimensionadas en el ecosistema del lugar.

Por Claudia Urquieta Ch. (desde Punta Arenas)

Los 15 proyectos termoeléctricos a lo largo de todo el país que esperan la aprobación del Sistema de Evaluación de Impacto Ambiental (SEIA) cuentan con un excelente aliado en La Patagonia chilena.

A unos 140 kilómetros de Punta Arenas y al sur del Parque Nacional Torres del Paine, se gesta un proyecto carbonífero a tajo abierto, impulsado por Copec, del Grupo Angelini, y Ultramar, del Grupo Von Appen. Los inversionistas tienen sus ojos en el noreste de la Isla Riesco, donde en 2007 obtuvieron, a través de Corfo, las concesiones mineras de las minas Río Eduardo, Elena y Estancia Invierno, que se mantendrá en poder de BHP Billiton hasta 2017, fecha en que expira su contrato de concesión.

La apuesta de US $300 millones pretende abastecer al menos el 25 por ciento de los 10 millones de toneladas de carbón que se estima consumirá el mercado eléctrico nacional en los próximos cinco años. Cifra que duplica el actual escenario -que representa 15 por ciento de la capacidad energética- principalmente gracias a los proyectos termoeléctricos en carpeta, ubicados en su mayoría en la Cuarta y Quinta Región.

Estos proyectos incidirán en la multiplicación de las emisiones de CO2 del país, que se proyecta podrían aumentar unas 4 veces hacia 2030, superando el per cápita de países europeos. Lo que en el contexto del calentamiento global y las intenciones de Chile ingresar a la OCDE, no pinta positivamente.

Al respecto, el gerente general de Minera Isla Riesco, Jorge Pedrals, asegura que aumentar el consumo de carbón en la matriz energética "efectivamente tiene una connotación negativa, pero cuando miras lo que está pasando en Chile y el mundo, es uno de los combustibles que sigue creciendo en la matriz energética de manera importante. Entonces quiéralo o no estamos obligados a seguir teniéndolo". Recalcando, eso sí, que "ir con la tendencia implica construir centrales térmicas, pero que tengan cada vez más exigencias ambientales acordes a los tiempos que corren".

Hasta el momento, se han mostrado interesados en adquirir el combustible desde Magallanes el magnate brasileño Eike Batista, que está a la espera de la luz verde a su complejo termoeléctrico Castilla en la Región de Atacama, AES Gener y Eléctrica Guacolda.

 El lanzamiento

 El 6 de abril pasado, el nuevo hotel Dreams de Punta Arenas se vestía de fiesta. Ese día se presentaba oficialmente la apuesta carbonífera de Minera Isla Riesco, evento al que asistieron las autoridades más importantes de la región: el Intendente, Mario Maturana, el edil de Punta Arenas, Vladimiro Mimica, la alcaldesa de Río Verde, Tatiana Vásquez, e incluso el ministro de Energía, Marcelo Tokman.

En la ocasión, se destacó que la iniciativa generaría 800 empleos en la etapa de construcción y 700 permanentes en la fase de operación, así como la disminución de las importaciones de este mineral energético.

Los que no quisieron celebrar, pese a estar invitados, fueron los estancieros Eugenio Vilicic y Rodrigo Maclean. Ambos fueron demandados por el consorcio Copec-Ultramar, ya que sus tierras tuvieron la mala suerte de estar justo encima de buena parte de las enormes reservas carboníferas.

Y como el Código Minero favorece este tipo de proyectos antes que a los dueños de la superficie de los predios, el asunto es bastante complejo. Aunque, según explica el abogado Cristián Quinzio, dependiendo del tipo de suelo puede variar la situación.

Adiós a las ovejas

 En 1908 los abuelos maternos y paternos de Eugenio Vilicic desembarcaron en Isla Riesco desde Croacia. Cuarenta y dos años después el empresario, que es uno de los hombres más acaudalados de la zona, nació y vivió 8 años en la Estancia Gloria, que luego heredó junto a sus cuatro hermanos.

Años después, invirtió en cuatro nuevas estancias: Curtze, parte de Anita Beatriz -la otra parte quedó en manos de la familia Stipicic-, Río Cañadón y Rancho A2.

Las dos últimas son la manzana de la discordia con la minera, ya que de las 11 mil hectáreas que abarcan, casi 5 mil son parte fundamental para concretar el proyecto minero. Pero como Vilicic se negó a venderlas, en octubre del año pasado lo demandaron para poder obtener las servidumbres mineras.

Una de las demandas apunta al traspaso de 218 hectáreas en la estancia Río Cañadón para construir un puerto que permitiría la carga de barcos en Isla Riesco para el envío de carbón a las centrales de generación eléctrica en el norte y centro del país, así como eventualmente a Uruguay, donde la minera planea construir una central a base de este combustible.

El administrador del lugar, Fernando Gompertz, señala que en ese sitio es donde se ha invertido más en forraje y cercados. "Esta es la parte más afectada y la de mayor valor productivo. Si lo destruyen limitan enormemente el manejo de las estancias en su conjunto, ya que nos corta el predio por la mitad". Porque, explica, el sistema se maneja como una sola unidad ganadera, y con esto se rompe la planificación estratégica de los predios.

Por ende, augura que si el proyecto se concreta a la larga deberán despedirse del negocio.

El estanciero vecino, Gregor Stipicic, tiene la misma percepción. Aunque sus 750 hectáreas no son necesarias para concretar la construcción de un puerto o la mina,  el médico cirujano advierte un negro futuro para sus ovejas, ya que las condiciones en que trabaja cambiarán radicalmente si el proyecto se realiza.

Stipicic, que hace tres años tomó las riendas del lugar tras la muerte de su padre, asegura que aunque no ha sido demandado, igual se utilizarán sus terrenos para movilizar el carbón a través de correas transportadoras, ya que es factible que exploten un yacimiento ubicado a un kilómetro de su propiedad.

Además, le teme a las partículas de polvo y carbón que inevitablemente llegarán a sus terrenos y animales. Sobre todo en vista de los fuertes vientos que azotan la zona.

Lo que irremediablemente redundará en la calidad de la lana que produce, que está muy cercana a ser de calidad premium, para lo cual ha invertido en el mejoramiento de las praderas y también en genética.

El médico cirujano asegura que en ningún caso piensa dejar el predio, ya que "es fruto de varias generaciones y tiene un sentido más allá de lo material". Y recalca que todos los días se pregunta qué hacer. "Según mis abogados mantener un negocio sustentable sería imposible, ya que la contaminación que existirá lo hará inviable".

Tala rasa de bosque nativo

 En la estancia del joven médico, existe un bosque antiguo donde se alojan diversas aves. Entre ellas el carpintero negro, considerado una especie vulnerable. Más allá del ruido y la contaminación que lo afectarán, no se sabe a ciencia cierta de qué forma se verán comprometidas las napas subterráneas que nutren la red hídrica de la isla, lo que podría afectar la vegetación y el hábitat de los animales de la zona.

La incógnita se debe a que a diferencia del proyecto portuario, el proyecto minero aún no es ingresado al Sistema de Evaluación de Impacto Ambiental (SEIA), lo que según el gerente general de la minera, Jorge Pedrals, se haría a fines de junio.

En la estancia de Vilicic tienen la misma incertidumbre con respecto al agua. Pero además, enfrentan la posibilidad de que el juzgado falle a favor de la segunda demanda que el consorcio Copec-Ultramar presentó para obtener cinco mil hectáreas en servidumbres mineras, que afectarían a unas 4 mil hectáreas de bosque nativo.

Según Gompertz al intervenir la parte forestal el suministro de agua se verá afectado, ya que justamente allí se producen las mayores precipitaciones y la infiltración de ellas hacia las napas subterráneas que alimentan a los manantiales. Lo que unido a la tala rasa de bosques compuestos principalmente por lenga y coigüe, especies en peligro de extinción según CONAF, implicaría inevitablemente un desequilibrio del ecosistema.

Ballenas jorobadas

El Servicio Nacional de Pesca, uno de los servicios sectoriales que evalúa el proyecto del puerto para Minera Isla Riesco -que ya ha presentado dos adendas-, señala que es importante considerar  el impacto que puede causar el tráfico marítimo del proyecto portuario en las colonias de nidificación y reproducción del Pingüino Magallánico de las costas aledañas al proyecto. Así como tomar en cuenta que este sector corresponde a una  importante ruta migratoria de estas aves y de mamíferos como el Delfín Austral y la ballena jorobada.

En este sentido el biólogo marino de Fundación Centro de Estudios del Cuaternario (Cequa), Jorge Acevedo, explica que el mayor peligro para las ballenas es el posible choque con embarcaciones en el canal Jerónimo, donde se ha observado a algunas que se alimentan.

Acevedo señala que no existe evidencia de cual puede ser el impacto en la población de ballenas. Sobre todo si se considera que el área de alimentación está inserta en una ruta de trafico internacional y que hasta el momento no ha habido evidencias de choques con embarcaciones.

"Pero esto no deja fuera que un mayor trafico pueda provocar accidentes", explica el biólogo marino y agrega que en el caso de los delfines cercanos al puerto es probable que se vean afectados por las labores de descarga y carga de carbón, ya que se alimentan en esa área.

Y agrega que "por eso es muy importante hacer evaluaciones y mantener un monitoreo apropiado en el tiempo".

El proyecto de Tompkins

 A unos 110 kilómetros del lugar donde los Angelini planean instalar la minera, la Fundación Yendegaia, ligada al ecologista Douglas Tompkins, está impulsando la creación del Parque Nacional Alacalufes.

Para ello pretenden donar la estancia Cabo León de Isla Riesco -de 26.620 hectáreas- e incluir la actual Reserva Nacional Alacalufes, de más de 2 millones de hectáreas y que comprende parte de cuatro provincias de la XII Región.

El objetivo es proteger especies de fauna endémicas y con problemas de conservación, como el huemul, y preservar una importante superficie de bosques como la lenga.

Entre las principales amenazas al medio ambiente que el proyecto considera, esta la explotación carbonífera de las concesiones mineras entregadas por Corfo a Copec-Ultramar.

Consultada al respecto, la alcaldesa de Río Verde,  Tatiana Vásquez, opina que "tenemos que preservar y proteger el medio ambiente, pero también se necesita crear trabajo. La gente no vive del aire ni contemplando bellezas".

Por el momento, los tribunales deberán dirimir el destino de los terrenos que podrían convertirse en la mayor fuente de carbón para las termoeléctricas del país.

Publicado en el Diario electrónico El Mostrados.cl

Ver comentarios de los lectores a esta noticia

 

 

0 comentarios