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Movimientos indígenas latinoamericanos: Un desafío

Movimientos indígenas latinoamericanos: Un desafío

Marcelo Colussi (especial para ARGENPRESS.info)

"Echamos por la borda las teorías racistas y/o paternalistas que,

con distinto nombre y en épocas sucesivas, presentaban a las

poblaciones indígenas (...) como un problema irresoluto al que

había que darle una solución definitiva, por el exterminio o por

el mestizaje programado, amén de la proletarización que exigían

los pensadores estalinistas de las izquierdas ortodoxas para

limpiar el camino que conduciría a la revolución. (...) Sin

embargo, en el último tercio del siglo XX todas esas teorías fueron

perdiendo terreno ante un hecho real: "la indiada" no sólo no se

acababa sino había crecido en número y en la toma de conciencia

de su situación. Alzó la voz, participó en los movimientos

revolucionarios y exigió derechos, respeto y participación activa en

la vida social global".

Carlos Guzmán Böckler

En el Artículo 68 de la Constitución de la República del Ecuador de 1830 se establece que: "Este Congreso constituyente nombra a los venerables curas párrocos por tutores y padres naturales de los indígenas, excitando su ministerio de caridad a favor de esta clase inocente, abyecta y miserable". Casi dos siglos después la situación ha cambiado bastante. Al respecto, en el informe "Tendencias Globales 2020 - Cartografía del futuro global", del consejo Nacional de Información de los Estados Unidos, dedicado a estudiar los escenarios futuros de amenaza a la seguridad nacional de ese país, puede leerse: "A comienzos del siglo XXI, hay grupos indígenas radicales en la mayoría de los países latinoamericanos, que en 2020 podrán haber crecido exponencialmente y obtenido la adhesión de la mayoría de los pueblos indígenas (...) Esos grupos podrán establecer relaciones con grupos terroristas internacionales y grupos antiglobalización (...) que podrán poner en causa las políticas económicas de los liderazgos latinoamericanos de origen europeo. (...) Las tensiones se manifestarán en un área desde México a través de la región del Amazonas". Para enfrentar esa presunta amenaza que afectaría la gobernabilidad de la región poniendo en entredicho la hegemonía continental de Washington y afectando sus intereses, el gobierno estadounidense tiene ya establecida la correspondiente estrategia contrainsurgente, la "Guerra de Red Social" (guerra de cuarta generación, guerra mediático-psicológica donde el enemigo no es un ejército combatiente sino la totalidad de la población civil), tal como décadas atrás lo hiciera contra la teología de la liberación y los movimientos insurgentes que se expandieron por toda Latinoamérica.

Hoy, como dice el brasileño Boaventura Sousa Santos refiriéndose al caso colombiano en particular y latinoamericano en general, "la verdadera amenaza no son las FARC. Son las fuerzas progresistas y, en especial, los movimientos indígenas y campesinos. La mayor amenaza [para la estrategia hegemónica de Estados Unidos] proviene de aquellos que invocan derechos ancestrales sobre los territorios donde se encuentran estos recursos [biodiversidad, agua dulce, petróleo, riquezas minerales], o sea, de los pueblos indígenas".

Así, quienes durante los siglos de colonialismo español fueron la "raza inferior" con cuya inmisericorde explotación se contribuyó en buena medida a la acumulación originaria del capitalismo europeo, ahora pasan a constituirse en un peligro para la seguridad hemisférica. Los movimientos indígenas de Latinoamérica están vivos y en pie de lucha.

Pero esto abre una serie de planteamientos: ¿qué son en realidad los movimientos indígenas en Latinoamérica? De hecho el término se aplica a una variada y bien heterogénea realidad donde confluyen puntos de vista muy diversos, a veces opuestos. De todos modos, más allá de esa dispersión, hay un común denominador de fondo: la reivindicación de una identidad cultural de base: "como indios nos conquistaron, como indios nos liberaremos".

No cabe la menor duda que esos movimientos, con diversidades dentro de cada Estado nacional, vienen creciendo, cobrando más fuerza, más solidez. En algunos países son ya actores políticos de la mayor importancia, y dentro de la lógica de democracias representativas "vigiladas" -para decirlo de alguna manera tolerable- que barren hoy Latinoamérica, no pueden ser ya excluidos del diálogo nacional como lo fueron durante siglos en las agendas de las aristocracias vernáculas, supuesta representación del "progreso" europeizante frente al "atraso" de los pueblos originarios. De hecho, en Bolivia existe el primer presidente de origen indígena de la historia: el aymará Evo Morales, producto de la movilización de las bases en históricas jornadas de lucha. Y en Ecuador, Perú, Guatemala, Chiapas en el sur de México son los actores más dinámicos del panorama político.

Vale hacer una consideración: el término "indígena", incluso, por tan amplio puede terminar no siendo preciso y contribuir a la exclusión. Por eso no faltan quienes plantean su eliminación: "Utilizar los nombres propios de cada pueblo (Kiché, Quechua, Cuna, Sami, etc.) eliminando el concepto "indígena" que generaliza y a la vez destruye nuestra identidad, es decir, construir un mundo sin indígenas y reconocer los nombres propios de los pueblos", según se propone en las Conclusiones del Encuentro "Proyecto Pueblos Indígenas" de la Organización Internacional del Trabajo, de 1996, realizado en la ciudad de Chimaltenango, Guatemala.

La aparición de los pueblos indígenas como nuevos actores políticos en el escenario latinoamericano, con una dinámica muy particular como no la habían tenido durante los siglos de colonialismo ibérico padecido, se caracteriza por un conjunto de dinámicas propias que no tienen otros movimientos sociales: 1) la reivindicación por sus derechos específicos como pueblos indígenas con su cultura y su autonomía, 2) la territorialización de su presencia, 3) el desarrollo de estructuras organizativas cada vez más complejas, 4) la dimensión nacional de sus demandas, 5) las relaciones que están tomando sus luchas con los Estados nacionales donde las mismas ocurren. Podría decirse que es un pedido generalizado, desde Chiapas hasta la Patagonia, el reclamo de reconocimiento del derecho a la diferencia, a que se reconozca y respete su especificidad étnico-cultural, a que no se les reduzca a algunas categorías sociales de la sociedad capitalista dominante, como la de "campesinos".

Las reivindicaciones más sólidas y articuladas de algunos movimientos indígenas se han encaminado hacia el planteamiento de Estados plurinacionales. Ello apunta a la modificación estructural de los Estados nacionales nacidos luego de la independencia formal de la corona española a principios del siglo XIX como "grandes fincas" manejadas por aristocracias criollas sin proyecto propio de nación -como sucedió, por el contrario, en la naciente Unión americana en Norteamérica, que desde el inicio (eliminando a todos los pueblos originarios, valga agregar)-, se planteó una real independencia política y económica. En Latinoamérica, donde en general los pueblos originarios -salvo algunas excepciones donde fueron prácticamente desaparecidos, como en Argentina y Uruguay- siguieron resistiendo la conquista en una interminable puja, estos nuevos planteamientos de plurinacionalidad buscan la representación efectiva de los mismos en las naciones modernas; naciones en las que se da la paradoja que, teniendo mayorías de población indígena que no pudieron ser totalmente asimiladas ni doblegas, presentan Estados calcados sobre los modelos liberales europeos desconociendo y marginando a los pueblos autóctonos, Estados centrados en las ciudades capitales y que tomaron el español como lengua oficial, siempre mirando hacia Europa o Estados Unidos abominando de su composición aborigen. La demanda de plurinacionalidad implica, en definitiva, el final del asimilacionismo político y cultural del que los pueblos indígenas han sido víctimas por cinco siglos.

"El problema del indio no es asunto de asimilación o integración a la sociedad "blanca, civilizada"; el problema del indio es problema de liberación", decía taxativo el líder indígena Fausto Reinaga en la década de los 70 del siglo pasado. Y agregaba, refiriéndose a esa posibilidad liberadora: "Europa nos ha impuesto su lenguaje, su religión, su historia, su moral, su cultura, su arte. Ahora pretende imponernos su versión de la revolución, sus estrategias y tácticas "correctas" de lucha".

Desde hace ya algunas décadas los pueblos indígenas de diferentes regiones de Latinoamérica -la tradicional mano de obra barata y sin organización sindical para las grandes fincas de las burguesías nacionales agroexportadoras, y por otro lado, el personal doméstico de las clases medias y altas urbanas- vienen llevando a cabo una serie de luchas en defensa de sus derechos plenos y de sus territorios, bajo distintas condiciones y valiéndose de estrategias variadas. En esa dinámica política encuentran como sus enemigos directos a los Estados nacionales donde habitan, que más que acogerlos como ciudadanos los han marginado y reprimido históricamente. En esa lógica se enfrentan a las fuerzas armadas y policíacas de los mismos países de los que son parte; a los terratenientes y sus grupos armados privados; a las empresas petroleras (en general extranjeras y afincadas en territorios que los Estados nacionales -excluyentemente racistas y capitalinos- les otorgan pasando por sobre los pueblos originarios); a las empresas forestales y mineras, así como a las empresas fraccionadoras y consorcios hoteleros, en un marco reivindicativo que va desde lo político hasta lo cultural.

Sin idealizaciones simplistas ni glorificaciones mistificantes, no hay dudas que todos estos movimientos indígenas constituyen un reto al discurso hegemónico capitalista occidental. Sin plantearse una opción revolucionaria en términos clasistas según la concepción marxista clásica, sin dudas son una "piedra en el zapato" para la concepción dominante. Con una tradición que viene de sus siglos de resistencia a la dominación española, los pueblos indígenas evidencian una democracia de base más genuina que las raquíticas democracias representativas surgidas en Europa y transplantadas al continente americano en una deslucida copia. Si las poblaciones indígenas, mayoritarias en varios de los actuales países latinoamericanos, profundizan esas prácticas de democracia directa en la forma de sus autoridades políticas, inmediatamente se tornan desafíos a los poderes tradicionales de sus países y al imperialismo estadounidense, pudiendo confluir con las tendencias más contestatarias de otros sectores sociales, como la clase obrera industrial, los desocupados urbanos y, en definitiva, todos los sectores que el sistema capitalista -y más aún las políticas neoliberales de los últimos años- han venido segregando y empobreciendo. En otros términos, los movimientos indígenas vienen emergiendo en el mismo nuevo horizonte común de cambio social y político que levantan otros colectivos igualmente marginados, apostando por nuevas formas de democracia directa, participativa, todo lo cual es un reto abierto al statu quo, tradicionalmente conservador y racista y con un profundo sentimiento "anti-indio".

Al respecto es interesante considerar la "Declaración de Quito" con la que concluyó el encuentro continental "500 Años de Resistencia India", en julio de 1990, preparatorio de la contracumbre de celebraciones que tuvieron lugar con motivo del "encuentro" (¿o encontronazo?) de dos mundos en 1492: "los pueblos indios además de nuestros problemas específicos tenemos problemas en común con otras clases y sectores populares tales como la pobreza, la marginación, la discriminación, la opresión y explotación, todo ello producto del dominio neocolonial del imperialismo y de las clases dominantes de cada país".

Sin ser una opción marxista en sentido estricto, los movimientos indígenas de Latinoamérica tienen un potencial de cambio social enorme. O, al menos, son una confrontación abierta para los poderes capitalistas dominantes, sean las aristocracias locales o los capitales transnacionales, especialmente los estadounidenses. Sus reivindicaciones específicas como pueblos ancestrales los convierten inmediatamente en sujetos políticos de cambio, en tanto reivindican cosas que los años de colonia y luego de capitalismo periférico cuando las independencias formales de los Estados en que se desarrollaron, les ha negado. El solo hecho de pedir respeto a su identidad, y más aún: el acceso a la tierra o a los servicios mínimos de las sociedades modernas (salud pública, educación pública de calidad, otros servicios que trajo aparejado el desarrollo de la tecnología capitalista como viviendas más confortables, agua potable, comunicaciones, etc.) los ha transformado en otro colectivo más que, sin ser el "proletariado industrial urbano" que levantaba el socialismo clásico, también es un factor de protesta no menor, con un gran poder de convocatoria y movilización. Para muestra: la cantidad de presidentes que sus luchas han contribuido a deponer en estos últimos años (en Bolivia, en Ecuador), creando situaciones francamente prerrevolucionarias.

Las izquierdas tradicionales de Latinoamérica -en general inspiradas en cosmovisiones europeizantes de marxismo ortodoxo, salvo chispazos alternativos como José Mariátegui en Perú o Carlos Guzmán Böckler en Guatemala, que han propuesto nuevas interpretaciones de la cuestión indígena, siempre como marxistas, pero entendiendo de otro modo el fenómeno- han tenido muchas reticencias para aceptar teórica y prácticamente el hecho de una "movilización política indígena" como una entidad propia, y de hecho su accionar político siempre se ha encaminado a integrar los movimientos indígenas en la lógica de lucha campesina. Como claramente lo expresa el pensador guatemalteco Guzmán Böckler, en la izquierda latinoamericana por años se esperó "la proletarización que exigían los pensadores estalinistas de las izquierdas ortodoxas para limpiar el camino que conduciría a la revolución". El "problema indígena" fue para la izquierda en muy buena medida justamente eso: un problema. No encajaba en la teoría, era un "obstáculo" para la revolución proletaria.

Pero si bien es cierto que las izquierdas mantuvieron una interpretación que subsumía a los grupos étnicos dentro de la categoría "campesinado", en los últimos años puede apreciarse cierto cambio hacia una valoración más positiva respecto a las reivindicaciones de los pueblos indígenas por parte de algunos intelectuales y organizaciones políticas. Aunque es cierto que los pueblos indígenas en su mayor medida son campesinos, mantienen en sus reivindicaciones puntos específicos que, más allá de la globalización uniformante que se expande sobre el planeta, les confiere un perfil propio como colectivo. Y es ese perfil propio, esa defensa irrestricta de su identidad, esa reivindicación cultural de sus raíces lo que, precisamente, los pone en marcha en tanto nuevo sujeto político que alza la voz.

Sin irse al extremo de un pintoresquismo romántico -o ingenuo- que ve en los pueblos originarios sólo una suma de bondades (con lo que se estaría reeditando el mito del "buen salvaje", mito eminentemente racista en definitiva), también es cierto que el fenómeno de los pueblos indígenas de Latinoamérica no se agota con una lectura desde los parámetros del economicismo marxista ortodoxo. Sin dudas los indígenas son campesinos, en muchos casos con limitado acceso a la tierra y con los mismos problemas que agobian a cualquier campesino pobre del continente, pero también tienen otras demandas específicas que no van a deponer. De ahí aquella expresión: "como indios nos conquistaron, como indios nos liberaremos".

No hay dudas que el colectivo "pueblos indígenas" encierra un gran potencial de cambio. La resistencia histórica de cinco siglos viene esperando en silencio. Por lo pronto su reivindicación de territorialidad es ya un desafío al gran capital, en tanto cuestiona el paso avasallador de las grandes empresas petroleras, mineras o explotadoras de la biodiversidad que justamente apuntan a los lugares donde ancestralmente habitan esos colectivos. Por el solo hecho de plantear una pertenencia histórica de esas tierras, eso ya constituye un obstáculo a la lógica de los grandes capitales. Mucho más aún si esas reivindicaciones van de la mano de organización política y articulación con "problemas en común con otras clases y sectores populares", tal como pedía la Declaración de Quito. La geoestrategia hemisférica de Washington ya lo intuyó, de ahí la caracterización de "peligroso" para los nuevos escenarios que le desafían su hegemonía en los próximos años con los movimientos indígenas en crecimiento. La opción, como siempre, es la represión. Pero también la asimilación. En esa lógica aparecen las "ayudas" que el Banco Mundial y otros organismos internacionales similares vienen otorgando para impedir que se consoliden sujetos colectivos indígenas, al menos en tanto opción alternativa real. El ecuatoriano Pablo Dávalos lo expresó con claridad: "Cuando los indios emergen en el 90 empieza también la cooperación para el desarrollo. Las ONG del desarrollo aterrizan en el corazón del movimiento. (...) La cooperación rompe las solidaridades e inaugura rivalidades entre las comunidades con la creación de organizaciones de segundo grado que empiezan a disputar los recursos de la cooperación".

El indigenismo por el indigenismo puro puede derivar en folclore, o en fundamentalismo. De eso no caben dudas. Pero negar la especificidad de las luchas de los pueblos indígenas convirtiéndolos mecánicamente en campesinos es un déficit en la acción política que pretende transformar la actual realidad político-social. Como siempre, la realidad es mucho más verde que el gris de la teoría.

Publicado por ARGENPRESS

 

 

HACIA LA UNIDAD ANTICAPITALISTA EN CHILE

1. Desde el término de la dictadura a fines de los 80, en Chile durante los gobiernos civiles la lucha de clases se ha ofrecido en términos encubiertos, puntuales, casi siempre economicistas.

2. En la década de los 90 se vivieron los ecos de la lucha antidictatorial en un marco de reflujo sustantivo de la organización y combate de los trabajadores y el pueblo. Por arriba, la Concertación logró desarticular el movimiento de masas que ya iba a la baja vertical inmediatamente después de que ganará el NO en el plebiscito de 1988. La paz social necesaria para garantizar la gobernabilidad burguesa sobre el formato de una democracia amañada por las decisiones de un puñado de direcciones partidistas autorizadas por el imperialismo norteamericano y la socialdemocracia europea, se apoyó sobre el continuismo neoliberal, el espejismo de la libertad de opción y participación, y la alienación del consenso, la unidad nacional, la democracia electoral y clientelista y el consumo. Esta nueva estrategia imperialista se impuso, prácticamente, en todo el Continente. Las dictaduras militares ya habían cumplido su labor y paulatinamente comportaban un riesgo para la estabilidad del modelo. Producto del avance exponencial de la organización resuelta de amplios sectores de trabajadores y pueblo latinoamericano durante los 60 y 70, como efecto ejemplar del triunfo de la Revolución Cubana, la guerra de Vietnam, la existencia de los llamados socialismos reales en un tercio del planeta, los movimientos antisistémicos en el corazón del principal Estado imperialista, y la relativa compensación de relaciones de fuerza entre capital y trabajo, se abrió un nuevo escenario global que en Chile cristalizó con la llegada al Ejecutivo de la Unidad Popular. Sin embargo, el imperialismo, desde sus costados fascistas, logró reestablecer el orden de sus intereses a través de dictaduras militares, patrón político demandado por el nuevo ciclo histórico fundado por la contrarrevolución capitalista. De este modo, fueron diezmadas materialmente las expresiones más decididas y anticapitalistas del Continente, descabezando los liderazgos construidos a lo largo de décadas por la clase trabajadora. Tras la estrategia política imperialista para la Región estaba la ofensiva del capital ante la baja tendencial de la ganancia y la crisis de sobreproducción de fines de los 60 y comienzos de los 70 que la burguesía mundial resolvió liberando el dólar de su convertibilidad en oro y expandiendo, sin regulación alguna, la internacionalización del capital financiero y especulativo. Las dictaduras militares y los gobiernos “democráticos” del capital en América Latina fueron los facilitadotes inmejorables para la recomposición de los intereses de las clases dominantes mundiales y, por extensión y subordinación, de las nativas. La división mundial del trabajo en los tiempos de los regímenes militares profundizó la dependencia de los países latinoamericanos, condenándolos, una vez más, a meros territorios exportadores de recursos naturales finitos, aniquilando rápidamente los incipientes procesos de industrialización pre-dictatoriales. El llamado neoliberalismo, que hizo sus primeras armas continentales –y acaso planetarias- en Chile por medio del imperio del capital sin báscula y la violencia de clase mandatada por los gobiernos de Reagan y Thatcher, impuso la privatización de los recursos económicos nacionalizados y los derechos sociales parcialmente estatizados en el período anterior; las relaciones comerciales asimétricas; la financiarización de la economía tutelada por las corporaciones bursátiles imperialistas y la represión política. La contrarrevolución se erige y erigió sobre un paradigma de acumulación capitalista más radical que el existente durante los inicios de la guerra fría. Primero a punta de metralla, y luego en los 90, con la anuencia de los gobiernos democrático burgueses, se destruyó todo vestigio de protección del trabajo, toda armadura jurídica acaudalada por las clases populares en años y años de lucha.

3. En los 90 y hacia la primera década del siglo XXI, en Chile campea la superexplotación del trabajo –de donde siempre deviene la valorización y la ganancia- mediante la flexibilidad laboral, la polifuncionalidad, la precarización del empleo, y la feminización y rostro juvenil de la pobreza. Tanto la seguridad social, como la movilidad social a través de la capacitación educacional formal son historias antiguas y puro relato de la propaganda de la clase en el poder. Sin embargo, como contraparte proveniente del desarrollo de las fuerzas productivas en el mundo y en Chile, y de la calificación superior demandada a la actual fuerza de trabajo, jamás los patrones resultaron más prescindibles para la conducción económica y política de la sociedad. Hoy, más que ayer, amplias fracciones de los trabajadores y el pueblo chileno cuentan con las facultades científico-técnicas para conducir la sociedad bajo un orden socialista capaz de combinar la igualdad con la libertad de ella parida. Naturalmente, ante estas evidencias históricas y estratégicamente peligrosas para la minoría en el poder, desde arriba se emplean diversas políticas de dominación y hegemonía que se expresan violentamente en los centros de trabajo; ideológica, cultural y propagandísticamente en los hogares mediante los dispositivos de alienación basados en los medios de comunicación de masas (si un buen día la gente dejara de comprar televisores, el poder los regalaría); y mediante el temor, el consumismo y el endeudamiento.

4. A diferencia de experiencias de impronta pro-popular en curso, como la venezolana y, más de cerca, la boliviana, en Chile la reorganización de la clase trabajadora y el pueblo ha tomado mucho más tiempo. La brutalidad con la que operó nativamente la contrarrevolución capitalista –a la cual es preciso agregar la cooptación política para el proyecto neoliberal de muchos cuadros dirigentes otrora anti-dictatoriales, resultó de una eficacia apabullante. Otro sector importante de militancia popular envejece en sus “cuarteles de invierno”, mientras lentamente se reconstruyen los nuevos relevos históricos para la conducción política desde los intereses profundos y luchas genuinas de las clases subordinadas.

5. Durante la primera década del siglo XXI, por abajo, se han ofrecido interesantes luchas como la de los estudiantes secundarios el 2006; la de los trabajadores subcontratistas del cobre y las forestales el 2007; combates originados por la demanda habitacional y luchas asociadas a polos sindicales acotados. El conjunto de las luchas parciales del siglo XXI en Chile ponen en vitrina de manera incipiente los límites de la democracia burguesa, hoy en un contexto de crisis económica y crisis de representatividad formal ante su descrédito creciente (sólo vota la mitad de los facultados para hacerlo). Cada uno de los episodios que descubren la lucha de clases en Chile, por sí solos e incluso todos juntos, todavía están lejos del “caracazo”, el “argentinazo” o la “guerra del agua” en Bolivia. Es decir, las luchas y organizaciones más estructuradas y estables de lucha aún resultan insuficientes como para hablar de un “movimiento social y popular en auge”. Lo realmente existente son las partículas dispersas y todavía embrionarias de un futuro movimiento político social capaz de probarse en batallas poderosas y con el tonelaje necesario para obtener victorias parciales significativas. Lo que realmente existe es la posibilidad –alentada objetivamente por la crisis económica mundial y su aterrizaje en Chile- de construir procesos de unidad política mínima para enfrentar el período. Aquí se habla de empeños anticapitalistas con independencia política de clase (de la patronal, del Estado y sus expresiones orgánicas), y convicción de poder y mayorías que, no obstante, recién están deshaciéndose de la desconfianzas mutuas, el encapsulamiento, el aparatismo, la ausencia del debate fecundo que requiere una política justa desde y para el conjunto de los trabajadores y el pueblo. Asimismo, apenas comienzan a desprenderse de atavismos y traumas político-ideológicos heredados de la Unidad Popular y la lucha antidictatorial. Aquí se habla de que existen las condiciones para establecer las matrices de la unidad de los empeños anticapitalistas en un continente político y social amplio, vasto, de masas, abierto y público, que no ponga en riesgo la subsistencia de cada empeño independiente como condición para ser parte del movimiento político común.

6. En términos de las condiciones para arribar a la unidad posible en clave de masas y como punto de arranque para constituirse en alternativa plausible mañana, ¿Cómo se puede empezar? Con el fin de salvar discusiones estrategistas, sobreideologizadamente estériles, o simplemente mezquinas y reñidas con la construcción colectiva radicalmente democrática que precisa la composición ancha de los intereses de los trabajadores y el pueblo, resultaría más eficaz, a través de una convocatoria amplia, convenir un programa mínimo o plataforma de lucha inclusiva y ordenadora de las batallas contra el capital y sus manifestaciones. Una llegada así resultaría transitoria y prometedoramente efectiva como prólogo de un derrotero cuyo horizonte sea la unidad política superior y a largo plazo. Y para ello se requieren luchas comunes, orgánica mínima, comunicaciones y recursos humanos y materiales básicos, y sobre todo, victorias parciales significativas que funcionen para visibilizar y prestigiar una alternativa político social eficiente y tangible para las grandes mayorías.

7. ¿La lucha electoral? Efectivamente es una lucha táctica determinada, en la medida que colabore con la construcción de la fuerza social transformadora, independiente y anticapitalista capaz de cambiar la vida de Chile en el futuro. Sin embargo, más allá de los devaneos teoricistas, las actuales condiciones de fuerza y experiencias cercanas pre-existentes, hoy, en enero de 2009, las elecciones sólo podrían ilustrar la debilidad de la semilla política unitaria popular. Si no se ha constituido el movimiento ancho, sus luchas mancomunadas y direccionadas, sus victorias parciales y la ocurrencia de hechos político-sociales que lo conviertan en actor visible e influyente en el escenario explícito de la lucha de clases y las demandas profundas de los trabajadores y el pueblo, ¿Qué sentido tiene en términos inmediatos, la participación electoral aquí y ahora, si aún no se genera siquiera la unidad mínima de las fuerzas realmente existentes del campo popular? Hasta la lucha electoral exige condiciones mínimas de fuerza para resultar efectiva política y propagandísticamente. Y en este artículo no se quiere abundar sobre el descrédito creciente respecto de la democracia formal; los magros resultados obtenidos por candidaturas populares incluso distintas a las de la izquierda tradicional; y en resumen, detallar las relaciones de fuerza concretas que aún predominan en Chile y que permanecen distantes todavía de su reversión (incluso bajo las concepciones más “revolucionaristas” de la historia y menos “etapistas” que se esgriman). Lo principal es convenir voluntades y partir por el principio. Como existe el aventurerismo y voluntarismo militarista, existe el aventurerismo y voluntarismo electoralista. Ambas son ilusiones infecundas para los intereses de los trabajadores y el pueblo.

Andrés Figueroa Cornejo
Enero 23 de 2009

 

 

José Antonio Viera-Gallo, resalta en un nuevo video en YouTube

José Antonio Viera-Gallo, resalta en un nuevo video en YouTube

El Ministro Secretario General de la Presidencia , José Antonio Viera-Gallo, resalta en un nuevo video en YouTube

www.youtube.com/segpres

o

http://www.youtube.com/watch?v=B9Nyvn5fWxU

que la reforma electoral aprobada por el Parlamento significa un paso irreversible en la renovación del padrón electoral a través de la incorporación de cuatro millones de nuevos electores, entre ellos los compatriotas residentes en el exterior.

Frases destacadas:

"La persona (chilena que reside en el extranjero y que sacó cédula de identidad en Chile o en un consulado) ya está inscrita en el Registro Civil, y por tanto cuando el Registro Civil le mande la nómina al Servicio Electoral de todos los chilenos mayores de 18 años, va a mandar también ese nombre".

"Esperamos terminar con la desconfianza que tiene la UDI sobre el padrón electoral, y queremos que ellos también entiendan que estamos interesados en un padrón que sea fiel, que no se pueda impugnar, que esté a prueba de cualquier fraude o manipulación, y que estamos abiertos a que haya auditorías externas para revisar el hardware y el software y toda la forma de constitución del padrón electoral".

"Es muy apresurado que un sector se pueda atribuir la preferencia de uno u otro (el nuevo electorado)... En todo caso, estamos haciendo esta reforma sin calculadora: la estamos haciendo por convicción democrática".

"En la ley se puede establecer algunos incentivos al voto: por ejemplo, habría que estudiarlo bien, una persona que vota puede tener un mayor puntaje para determinados beneficios del Estado".

"Hemos dado un paso irreversible, ya no hay vuelta atrás. Y lo tendremos listo lo antes que se pueda".

Prensa Minsegpres

SANTIAGO DE CHILE, enero 23 de 2009.

 

Paraguay: Hablemos de soberanía

Paraguay: Hablemos de soberanía

Foto: Paraguay - El presidente Fernando Lugo reunido con el Comandante de las Fuerzas Militares.

 Autor: PRESIDENCIA PARAGUAY.

José Antonio Vera (especial para ARGENPRESS.info)

Tras la bancarrota financiera en Estados Unidos, que ha generado esta nueva crisis económica global, cuya dimensión es impredecible aún porque no hay gobiernos ni sesudos expertos que encuentren soluciones, los poderosos consorcios y las potencias que han parido esta nueva estafa a los pueblos buscan reeditar la estrategia de aumentar el endeudamiento externo de los países que todavía no pueden liberarse de sus deudas de hace tres décadas y media, cuya acumulación reclama ser investigada.

En la línea imperialista de sometimiento de los pueblos ello es coherente, y hasta se justifica la predisposición a la obediencia de los gobernantes venales y vasallos.

En cambio, lo que resulta sumamente inexplicable, ilógico y carente del más mínimo sentido común, es la tendencia a caer en la trampa de la deuda de muchos gobiernos de tinte progresista que, con esa actitud, contribuyen a enterrar la agonizante soberanía de cada nación. Correa, el ecuatoriano, muy poca solidaridad está recibiendo.

A cuánto ascienden las reservas de los bancos centrales latinoamericanos?. Cientos de miles de millones, mucho más arriba de los 500 mil millones de dólares, sin duda, pero el mayor porcentaje duerme, sin ser invertido en programas de desarrollo, que eleven el nivel de vida de la gente, cuyo costo de nuevo se pretende financiar con capitales extranjeros, eternizando el sometimiento.

Sólo en el último medio siglo, cuánto dinero ha sido extraído de estos países y depositado en los paraísos fiscales, algunos de los cuales, incluso, tienen asiento en el continente?.

Con tanta plata, por qué hay que buscar más afuera?. Premiaran por ello?. Se dará también regalías como viene de ocurrir en Estados Unidos, con los gerentes que después de dar quiebra a varios grandes bancos, fueron indemnizados con muchos millones?. No hay novedad que en el mundo de las finanzas, quien actúa mal anda bien.

En Paraguay se mencionan cifras fugadas que oscilan en unos cinco mil millones del papel moneda USA, sin respaldo oro pero siempre predominante en las finanzas del mundo por efectos de las alianzas y del entreguismo de las clases dirigentes, aposentadas en la virtualidad financiera.

Respecto a ese capital desaparecido del país, hay sospechas bien fundadas de que casi en su totalidad es producto de operaciones ilícitas, iniciadas hace unos sesenta años, con la tiranía del General Alfredo Strossner, quien protegió toda clase de lavado de dinero y tráficos en fortunas malhabidas, drogas, armas, vehículos, bebés y otros.

Es imposible justificar la suntuosidad creciente de muchas residencias asuncenas, el lujo desmedido de numerosos locales comerciales y el derroche de dinero que se verifica en el parque automotriz circulante, en un país que produce una mínima parte de su consumo, que invierte mil millones de dólares por mes de importación de alimentos y que su principal producto de exportación, la soja, paga una nimiedad por impuestos.

La investigación del origen de las inmensas fortunas de familias encaramadas en la clase política y empresarial, es reclamada al Presidente Fernando Lugo desde su asunción, el 15 de agosto pasado, por las organizaciones campesinas, de defensa de las víctimas de la tiranía, de los sin techo, por los sindicatos y los movimientos en defensa de los derechos humanos.

Hasta ahora todo es infructuoso, aunque el exObispo, convertido en mandatario, sabe que "por sus frutos los conoceréis".

Hay muchos préstamos que se nos ofrecen y estamos estudiando aceptarlos, comentó días atrás, con suficiencia, un alto funcionario del Ministerio de Hacienda, quien pidió no mencionar su nombre, para no bombardear la fase actual de esos estudios, recurso cínico para ocultar la decisión ya tomada de endeudarse otro poco, u otro "demasiado mucho", como se dice en Paraguay.

La táctica, a nivel de la comunicación, la que no es transparente, como lo prometió Lugo al inicio de su mandato, es ganar tiempo, a los efectos de no agravar la desconfianza social que producen los enunciados de la política económica del titular de la cartera, Dionisio Borda, autor de una detestada reforma fiscal con el anterior gobierno. Se formó en oficinas del Fondo Monetario Internacional.

Recuperar la soberanía con apoyo popular

Diferente es la lucha de un grupo de patriotas paraguayos, de todos los orígenes sociales y políticos, por hacer respetar el carácter binacional de la represa de Itaipú, construida hace un cuarto de siglo con Brasil, cuyos beneficios acapara desde su inicio en un 95 por ciento, negando los principios de asociación e integración con igualdad de derechos.

Ese empeño sí habla de soberanía, la cual nada tendría que ver con el viejo patrioterismo o el chovinismo, sino con el respeto a los derechos de cada pueblo a disponer de sus recursos naturales que, sin ninguna ingerencia extranjera, pueden contribuir a una estrategia de desarrollo regional, que salvaguarde idiosincrasias e identidades culturales.

El Ingeniero Ricardo Canese, Diputado en el Parlasur y uno de los pioneros paraguayos en reivindicar la soberanía de su país sobre la mitad de las aguas del Paraná y del producido por la presa, destaca que el Gobierno de Brasil desde hace un par de meses ha comenzado a examinar el tema con representantes de Paraguay, "lo cual es un avance".

Renegociar el Tratado de hace 30 años es el objetivo, pues fue suscrito por dos dictaduras militares, sin legitimidad, pero hay que ir despacio y con firmeza en lo que estamos seguros será un proceso muy largo por la soberanía, para lo cual es fundamental conseguir la presión internacional, a partir de la movilización popular en Paraguay y de los sectores sociales brasileños y de Latinoamérica, sostiene Canese.

Un ejemplo de independencia que no se debería olvidar

En representación de un pueblo que entregó la sangre de muchos de sus hijos para expulsar a los colonialistas, este Gobierno está recibiendo préstamos extranjeros y los reembolsa regularmente.

En tanto país soberano, está facultado para destinar esos recursos financieros en los programas de desarrollo nacional que considere más prioritarios, sin aceptar ningún sometimiento a recetas foráneas, dijo hace 32 años el Jefe de Estado Argelino Houari Boumedien.

Henry Kissinger, su interlocutor, sorprendido, prefirió acariciar para evitar el choque y, consecuente con su oficio de pérfido aconsejador, respondió que comprendía y admiraba tal ética, aunque lo consideraba un error político.

Argelia recibía, en ese momento, el reconocimiento de las potencias mundiales, esas mismas que integran el tejido de la dominación global, al asumir la presidencia de la Asamblea General de Naciones Unidas, en la persona del que ahora manda y obedece y continúa traicionando a ese heroico pueblo, Abdelaziz Bouteflika.

Kissinger, otro demorepublicano con exitoso masterado en conducir varios Golpes de Estado en países con gobiernos progresistas, caso el Chile de Salvador Allende, en el inicio del Plan Cóndor, otro de sus diseños genocidas y rapiñeros, cuya práctica tanto estimuló, relató esa conversación con Boumedien a un pequeño grupo de periodistas, en el curso de una tarde tórrida, en un palacete morisco cercano a la costa mediterránea.

Acompañaba y festejaba a ese insólito premiado con el Nóbel de la Paz, Felipe González, con su perfil de simpático joven informal que tanto ha explotado en su carrera y que sigue seduciendo a tantos ingenuos.

El entonces Secretario de Estado, antecesor y guía de Condolezza Rice, con su bien estudiado aire de hombre abierto, transparente, explicó que su encuentro con Boumedien tenía doble misión. La primera, una mediación a favor de la cooperación norte-sur, encomendaba por el Banco Mundial.

Según ese personaje, con méritos suficientes para ser juzgado por un tribunal internacional por genocida, el Banco había puesto como condición, para otorgar el préstamo a Argelia, la privatización del agua, de los puertos y de los servicios de salud. Al igual que ahora, la anticooperación llamada cooperación.

Pero resultó que Boumedien había destinado ese crédito a convertir una inmensa zona cenagosa en una fértil pradera productora de alimentos, un jardín para quienes remontaban las colinas de Chrea, en tiempos que la revolución argelina prometía profundización, aunque ya la acosaba la corrupción y la traición de algunos de sus hijos más encumbrados.

La segunda misión de Kissinger fue pedirle a Boumedien que abandonara su nombre de guerra y recuperara el verdadero de familia Mohamed Berrouhaga, "lo cual beneficiará a su país, en un período en el que los conflictos ya están desapareciendo".

"Mientras ustedes existan, no sólo mantendré mi nombre de guerra, sino también mi fusil", me respondió el Presidente, "quien tenía el arma a sus espaldas", recordó un azorado Kissinger, bueno en dirigir matanzas en masa en todos los rincones del planeta, a quien hace honor el Estado Terrorista de Israel, asesinando poblaciones palestinas, con sus bombas barométricas y de racimo, apuntando ya a los libaneses, sirios y persas.

Publicado por ARGENPRESS en 18:22:00  

El tema de familia en Chile no es tema para la sociedad hoy en día

Sres. Parlamentarios y Medios de Comunicación.

Distinguidos señores

 "El  tema de familia en Chile no es tema para la sociedad hoy en día".

La  afirmación anterior es una realidad que estamos viviendo. Se pensó que con la llegada de los Tribunales de Familia muchas de las problemáticas de familia tenderían a solucionarse, pero eso no ha sido así. Las causas de una misma familia están dispersas en distintos tribunales y con participación de muchos jueces, que no logran conocer todos los antecedentes.

Además, los tribunales NO SANCIONAN aquellas falsedades que son evidentes. NO EXISTE sanción para las acusaciones cuando resultan ser falsas. No se sanciona a los abogados que usan la mentira para tramitar juicios y dilatar procesos.

NO EXISTEN entidades de gobierno que atiendan niños y niñas víctimas del síndrome de alienación parental (recuperar lazos paternos o maternos), La contraloría no fiscaliza a aquellas entidades "colaboradoras de la justicia" que continúan evaluando a los menores cuando ya existe sentencia definitiva.

El NO cumplimiento de las visitas debe ser sancionado tal como lo dice la ley.

LA MEDIACIÓN DEBE SER OBLIGATORIA. La mediación debe ser el primer paso ante un conflicto familiar y no la judicialización, pues aumenta la confrontación.

La tuición o custodia personal de los hijos debe ser COMPARTIDA (esta no es una semana o un año con la madre y otra con el padre; ES FOMENTAR LOS ACUERDOS, NO HABRÁ UN PADRE PERDEDOR Y OTRO GANADOR.

NO SE DEBE DISCRIMINAR A LOS HIJOS DE PADRES SEPARADOS.

Esperando una acogida favorable y pensando en nuestros hijos, creo que es URGENTE legislar para que los niños puedan compartir, ser amados y criados por ambos padres. Porque AMAMOS a nuestros hijos QUEREMOS TUICIÓN COMPARTIDA AHORA .

Atte.

Germán  Andaur Cáceres

 

BUSCO DESCENDIENTES familia LARRAIN-GRANJA

BUSCO DESCENDIENTES familia LARRAIN-GRANJA

Apreciados

Sres.

Busco descendientes de Carlos Larrain Caldera y Zarina Granja Navarro, mi mail es:

 mrosa51@hotmail.com

 

Proclamación presidencial del ex PS Jorge Arrate remueve cenizas del viejo partido de Allende

Proclamación presidencial del ex PS Jorge Arrate remueve cenizas del viejo partido de Allende

Martes 20 de enero de 2009

Llamó a tirar a la basura la Constitución de Pinochet

*Ernesto Carmona (especial para ARGENPRESS.info)

Foto: Jorge Arrate ex dirigente del PS chileno y candidato a presidente.

 Autor: EL CIUDADANO

El socialista de izquierda Jorge Arrate proclamó este domingo su candidatura presidencial en los comicios de diciembre 2009, en la sala de teatro La Comedia repleta por unos 400 militantes críticos y disidentes del partido Socialista, acompañados por un amplio espectro de simpatizantes de las ideas progresistas que sustentara el presidente Salvador Allende. Previamente, Arrate renunció el 14 de enero a su militancia de 46 años en el partido que en 1933 fundaran Allende, Eugenio Matte y Marmaduque Grove, entre otros.

La proclamación ocurrió un día después que la cúpula oficialista del partido formalizara su apoyo al senador demócrata cristiano Eduardo Frei en la disputa presidencial interna de la Concertación de Partidos por la Democracia, que gobierna Chile desde 1990. Frei, quien fuera presidente en 1094-2000, todavía debe disuadir las aspiraciones del también senador Antonio Gómez, jefe del partido Radical Socialdemócrata. Si eso no ocurre, una elecciones primarias zanjarían la cuestión.

Evocación de Allende

Arrate se propone rescatar el legado de Salvador Allende. Su proclamación estuvo signada por la evocación del líder popular en retratos e imágenes de video. "Allende nos convocó a abrir las alamedas, hoy cerradas por un sistema político excluyente, un modelo económico injusto y una clase dirigente que no escucha al pueblo", reza un panfleto que se distribuyó al público.

También reaparecieron las olvidadas banderas rojas que usaba antaño el partido del presidente inmolado. Arrate, economista y abogado que fuera dos veces ministro y también embajador de los gobiernos de la Concertación, renunció previamente a su militancia de casi medio siglo en el PS. "Decenas de miles de socialistas están marginados de toda actividad y en el hecho han suspendido su militancia; cada cual debe obrar según su propia conciencia, definiciones políticas y posibilidades", comentó en su carta-renuncia al jefe del PS, el senador Camilo Escalona.

En una sala atestada de público, el acto rechazó la era de capitalismo salvaje, que ha sido promovido durante dos décadas por la Concertación, con enormes beneficioso para los grandes grupos económicos. La proclamación transcurrió en un clima emocional signado por la evocación política Salvador Allende. Los oradores manifestaron esperanzas de una pronta reconstrucción de la izquierda chilena, para sintonizar al país con los cambios políticos en América Latina, particularmente en Venezuela, Bolivia, Ecuador, Nicaragua, Paraguay y, por supuesta Cuba, más otras naciones de la región.

La invitada especial Fabiola Letelier, abogada conocida por su constante defensa de los derechos humanos y su reclamo de justicia por el asesinato de su hermano Orlando Letelier, pidió la palabra para recordar a Jaime Robotham y Claudio Thauby, jóvenes socialistas desaparecidos por la dictadura de Augusto Pinochet en 1974, y reivindicó la urgencia de una asamblea constituyente que adopte democráticamente una nueva carta fundamental para abandonar la Constitución que todavía rige en Chile, aunque fue impuesta por Pinochet en 1980 y ha sido "legitimada" por sucesivas reformas cosméticas impulsadas por la Concertación en acuerdo con la derecha pinochetista que domina el Senado.

"El tiempo ido fue mejor"...

También asistieron Carlos Altamirano, secretario general del PS en los tiempos de Allende, los veteranos socialistas Alfonso Guerra, Andrés García, Lautaro Videla y muchos otros viejos cuadros del partido de Allende, el pintor José Balmes, de origen hispano y premio nacional de artes plásticas, el cinematografista Sergio Trabucco, el celista Gabriel Valenzuela (ex MIR), el cantante Jorge Coulón, los periodista Hugo Murialdo y Rubén Andino, Faride Zerán, también premio nacional de periodismo, entre muchos otros intelectuales, artistas, dirigentes sindicales, activistas y numerosa juventud integrada por hombres y mujeres.

También concurrió Víctor Pey, de 96 años, amigo personal de Allende y ex propietario del diario popular Clarín, quien arribó a Chile en el Winnipeg, el barco que trajo a los refugiados de la guerra civil española hace 70 años. Pey lleva sobre sus espaldas casi dos décadas de lucha tenaz contra los gobiernos de la Concertación para que el Estado Chile reconozca sus derechos y le devuelva su periódico y su infraestructura de edificios y máquinas confiscadas por la dictadura militar.

Parodiando al poeta hispano Jorge Manríque, hubo momentos en que la proclamación de Arrate sugirió que el "tiempo ido fue mejor", y flotó en los espíritus una refundación del viejo tronco del partido Socialista que arribó al ocaso atrapado por el neoliberalismo socialdemócrata promovida por la "renovación" que impulsaron sus cúpulas durante más de 20 años. El candidato dijo que la actual Constitución impediría al gobierno de Chile intervenir directamente en la economía en crisis estatizando bancos y empresas, como lo están haciendo EEUU y los países europeos, porque lo prohíbe expresamente la carta fundamental, que relegó al Estado a un rol "subsidiario" definido por los intereses de los grandes grupos propietarios que sustentaron a la dictadura y continúan apoyando a la Concertación neoliberal.

El programa de Arrate

La postulación de Arrate se presenta como un resurgimiento de las ideas socialistas de Allende. El abanderado dijo que como presidente no propiciaría ningún salvavidas para las Asociaciones de Fondos Previsionales (AFPs), que han perdido el 40% de los ahorros obligados de los trabajadores que aspiran a una jubilación, pero ha generado fabulosas ganancias para los propietarios del sistema privado de pensiones ideado por la dictadura e imitado en otros países de la región. El ex ministro de Trabajo y Educación explicó que impulsaría un sistema de seguridad social basado en la solidaridad, bajo la responsabilidad del Estado, similar al que existió en tiempos de Allende. Descartó una eventual AFP financiada con fondos públicos pero sometida a la competencia desleal de los fondos privados de pensiones.

El socialista disidente explicó que las políticas de Allende constituyeron los únicos cambios reales intentados en Chile en más de 400 años de historia. En oposición a los actuales sueldos mínimos de 159 mil pesos o unos 230 dólares, sugirió un "salario ético" de 250 mil pesos, de aproximadamente 400 dólares. Agregó que la Concertación ha duplicado el producto interno bruto pero los beneficios del crecimiento sólo se han orientado a los más ricos.

En resumen, el candidato propone:

-Una nueva constitución democrática consagrada por el voto popular

-Terminar con la exclusión política y las desigualdades sociales

-Recuperar para los chilenos la riqueza del cobre

-Terminar con el lucro en la educación

-Efectiva protección al medio ambiente

Recordando que Allende le asignó tareas jurídicas relacionadas con la nacionalización del cobre, que después fue devuelto por la dictadura a las transnacionales, afirmó que restituiría el principal recurso natural chileno al patrimonio nacional. Protestó por la llegada inminente de la cadena transnacional de supermercados Wal Mart, aduciendo que maltrata a los trabajadores en todos los países en que opera, y reclamó por los subsidios del Estado chileno a la industria salmonera extranjera que explota esa riqueza. Al final del acto, los asistentes entonaron el viejo himno partidario inspirado en la Marsellesa, que exhorta a los socialistas a luchar "contra el presente vergonzante".

Comentario final

Arrate, empero, no tiene posibilidades reales de resultar elegido, pero su postulación se propone reagrupar a las fuerzas dispersas de la izquierda y en particular a "los socialistas de verdad", explicó al término de la proclamación el antiguo ex dirigente socialista Andrés García. Consultada Fabiola Letelier, explicó que no milita en el PS pero ve con simpatías cualquier intento por hacer resurgir una izquierda coherente con los tiempos y que sea capaz de impulsar cambios en el sistema político sustentado por la Constitución pinochetista que excluye del parlamento a las ideas progresistas.

En el panorama electoral presidencial todavía quedan algunos paños por cortar. El ex presidente Frei, que en su gobierno privatizó el agua potable, fortaleció a las compañías eléctricas chilenas y españolas, terminó con la minería del carbón y prestó auxilio jurídico y político a Pinochet en 1998 -cuando el ex dictador fue detenido en Londres-, todavía enfrenta el desafío del radical Antonio Gómez, quien aspira a medirse en eventuales primarias de la Concertación. Por otra parte, están anunciadas las candidaturas del comunista Guillermo Tellier y del senador ex socialista y reciente fundador del MAS Alejandro Navarro. La derecha exhibe por primera vez un solo candidato, el multimillonario Sebastián Piñera, del partido Renovación Nacional, propietario de la línea aérea LAN y de un canal de televisión, entre numerosas otras compañías. Piñera es la versión chilena del magnate Silvio Berlusconi, que gobierna a Italia por segunda vez.Lo más probable es que la elección presidencial de diciembre sea una suerte de "gran primaria" para los sectores de izquierda, pero no está claro si en una segunda vuelta Piñera versus Frei, prevista para enero 2010, apoyarán de nuevo al "mal menor", como ha venido ocurriendo en casi dos décadas de interminable "transición a la democracia" ...regida por la Constitución heredada de la dictadura.

En las cuatro elecciones presidenciales anteriores Patricio Aylwin, Eduardo Frei, Ricardo Lagos y Michelle Bachelet usaron el cambio de la constitución como mera bandera electoral, en particular el socialdemócrata Lagos. Ningún partido del establihsment, ni la clase que dirige la política chilena -prefabricada por la carta magna pinochetista-, han manifestado entusiasmo sincero por convocar al pueblo a dirimir democráticamente una nueva carta fundamental en "elecciones libres", referéndum o plebiscito. La constitución actual es ilegítima. La asamblea constituyente es la única instancia capaz de restablecer el hilo constitucional que fue roto brutalmente por los militares en 1973. Quizás a Arrate le faltó una alusión a los grandes monopolios de la comunicación, que también forman parte de la estructura de poder que maneja este país, donde la "lucha de clases" está teóricamente "congelada" desde 1973 y sólo existen huelgas "clandestinas", invisibles para la gran prensa que exhibe un apoyo unánime al neoliberalismo garantizado por la Constitución. El cambio de la carta fundamental se ha convertido en una suerte de bandera republicana, levantada incluso por sectores de derecha, aunque -desde luego- todavía minoritarios.

*Ernesto Carmona es periodista y escritor chileno.

Publicado por ARGENPRESS en 18:17:00  

  

“EN NUESTRO BARRIO ESTÁN LAS CASAS DEL FUTURO”

Rosario Carvajal y José Osorio, motores del Movimiento por la Defensa del Barrio Yungay:

Rosario Carvajal y José Osorio son los líderes naturales de Vecinos por la Defensa del Barrio Yungay que luego de tres años de lucha y organización en pleno corazón de Santiago obtuvieron el pasado 14 de enero que el Consejo de Monumentos Nacionales concediera el estatus de Zona Típica al territorio que habitan, protegen y promueven. Su patria es el barrio, y el barrio es la síntesis de lo que ocurre en Chile. Ambos son jóvenes y con un par de gatos ruidosos comparten una casona sólida y alta como sus sueños. Hablan del sitio de Yungay con pasión cariñosa y bien blindada de principios.

El 20 de enero se cumplieron 170 años desde la fundación del Barrio Yungay, ¿Qué significa esta cifra voluminosa para un país tan joven como Chile?

José Osorio: “Los 170 años son reflejo de un país que hoy está intentando celebrar el bicentenario. El Barrio Yungay es el primer barrio planificado de Santiago. Y condensa en su geografía humana y arquitectónica, toda la historia de la República y sus diversas etapas, influencias culturales y migraciones.”

¿Cuáles son las motivaciones que gatillan el movimiento?

JO: “Nosotros queremos recuperar el barrio desde el sujeto popular que siente y crea cotidianamente. Esta es una opción de vida que se inserta en un territorio con las claves de su propia identidad. Nosotros apelamos al sentir profundo del sector. La celebración de los 170 años tiene que ver con reinventar nuestra historia.”

Rosario Carvajal: “Nuestra iniciativa fue construyéndose a través de un vínculo emocional con la localidad. Esto es transversal en términos políticos, etarios, religiosos, raciales (por la cantidad de inmigrantes que participan). La identidad del barrio se ha forjado por sus habitantes desde 1939 y no por las autoridades. Nosotros nos hemos autoconvocado por cosas muy fundamentales, como el amor por el lugar, la identidad de las esquinas, la feria de los domingos, el zapatero que está al frente de la Plaza Yungay.. Esto no es un rescate únicamente arquitectónico, sino que quiere relevar el patrimonio cultural, es decir, la vida que alberga nuestro patrimonio material. Aquí vivimos solidariamente. La gente se conoce, se saluda habitualmente, todavía existe espíritu comunitario.”

OTRO BARRIO ES POSIBLE

Algunos podrían pensar que ustedes reivindican el pasado contra el desarrollo…

RC: “Yo creo que esa dicotomía es falsa. Corresponde al discurso del mercado inmobiliario y los grandes capitales que dice “si usted está contra las nuevas construcciones, entonces usted se opone al desarrollo, al progreso.” Pero es todo lo contrario. Al defender nuestra identidad estamos impulsando otras formas de desarrollo asociadas a otra mirada.. Nos interesa fomentar el mercado popular contra el mercado de los mega consorcios comerciales. ¿Con la industria inmobiliaria se está desarrollando la ciudad? Yo diría que lo único que se desarrolla y crece son sus cuentas bancarias, pero no la calidad de vida. Creemos que las inmobiliarias emplean un discurso falso  que responde sólo a sus intereses.”

JO: “Las casas de nuestro barrio, las que todavía no han sido echadas abajo, son las casas del futuro. Son las casas que han sobrevivido 5 terremotos y que tienen más de 50, 70, incluso más de 100 años, y todavía están en pie. Sería interesante ver en unos años más –y esperamos que no ocurra- que podría pasar luego de eventuales sismos con las actuales viviendas que se construyen no sólo en nuestro barrio.”

¿A qué tipo de desarrollo aspiran?

JO: “Nosotros apelamos a un tipo de desarrollo que se contrapone al del mercado inmobiliario. Por eso defender estos espacios nuestros tiene que ver con una propuesta de desarrollo para el futuro. La nuestra no es una lucha “nostálgica”, no es una lucha por el pasado, es una lucha por el futuro. De esta manera debería vivir cualquier familia popular de Chile. ¿Por qué hoy una familia pobre debe vivir en una casa diminuta? Eso no tiene nada que ver con el avance de las sociedades los últimos 200 años. Esa es nuestra apuesta.”

¿Cómo definirían al Barrio Yungay?

RC: “Aquí hay un aire de pueblo. Se ve en la misma Plaza Yungay, con su iglesia. Falta el municipio, no más. Así también lo describía el argentino Sarmiento que vivió aquí luego de huir de la tiranía de Rozas, y que creó la primera escuela de profesores a nivel de América Latina. Él  describía nuestro territorio como “ La Villita ” a las afueras de Santiago. Y yo considero que siempre ha mantenido ese espíritu de pueblo. Uno va a comprar el pan y se demora una hora porque se encuentra con todo el mundo, entonces se pone a conversar. Pareciera que, en alguna medida, se hubiese congelado el tiempo. Ahora, la irrupción de los edificios nuevos implica una dinámica contraria a como hemos vivido.”

¿Existen relaciones con los vecinos que habitan los departamentos nuevos?

RC: “Nosotros hemos acogido a la gente de los edificios nuevos. Ellos han sido víctimas de estafas por la mala calidad de los edificios. Y la gente acoge nuestras actividades.”

LA COMUNIDAD AL CENTRO

¿De qué modo se ha incorporado el mundo vecinal al movimiento?

JO: “Estamos hablando de un trabajo de 3 años a partir de la lucha contra la basura , contra el plan regulador. Se ha trabajado meticulosamente incorporando a la comunidad a temas que son propios de la comunidad. Aquí cada cual debe poner su granito, ese ha sido el modelo. A veces nos ha ido muy bien y otras no tanto, pero en general ha funcionado. La comunidad debe ser parte protagónica de cada paso que demos. Aquí se construye todo desde abajo. No hay productoras de eventos ni grandes recursos. Si necesitamos un escenario, una organización lo pone; si necesitamos artistas, contamos con una red gigantesca de organizaciones culturales. Si requerimos  plata, se hacen actividades para colectarla. La comunidad le da sentido y profundidad a las propuestas y a las iniciativas. Nada que hemos realizado ha salido de un par de iluminados. Cada uno debe incorporar a otro y ese otro a un nuevo miembro. Por eso el Festival del Barrio Yungay o la Fiesta del Roto Chileno han tenido éxito y han sido capaces de convocar a miles de personas. Hay mucha sinergia y esfuerzos compartidos.”

¿Los esfuerzos se limitan al Barrio Yungay?

JO: “Paulatinamente hemos tenido la posibilidad de influir no sólo en el barrio nuestro, sino que en otros territorios. Y esto es producto del capital de relaciones humanas que hemos construido; el resto es accesorio.”

RC: “Este es un movimiento vecinal político, no en un sentido partidista, sino en tanto queremos que la comunidad se empodere en las decisiones que se tomen en el territorio. Yo diría que hay una especie de “utopía barrial”, que luego de tantas crisis y caídas de muros, finalmente nos hemos quedado con nuestra historia. Nosotros tenemos una mirada macro y desearíamos que nos constituyéramos en una suerte de referente de participación. Todo lo que hemos hecho ha surgido desde espacios colectivos. Y desde el barrio, también estamos pensando el país. Barrio es mi patria y mi familia. Finalmente, en un barrio se condensa toda la situación de un país.”

¿Desean reproducir la experiencia de Yungay en otros sitios?

JO: “Nosotros podemos ser referente, pero no en el sentido de que nuestro modelo se exporte a otras comunidades. Eso no está en nuestra concepción. Sí, efectivamente, creemos que existen elementos fundamentales que en lugares donde está más dormida la participación, hay que despertarla. Entonces nosotros decimos que si en Yungay ha funcionado la colaboración vecinal, por qué en otros sitios no podría funcionar también. Con sus particularidades, con su propia historia. Nosotros queremos contribuir al camino de la participación; pero no de los “convencidos”, sino de quienes usualmente no participan. Queremos compartir nuestra experiencia con otros barrios; provocar el hermanamiento de barrios. Ya lo hicimos con la gente del barrio Bellavista; estuvimos con la gente del barrio San Telmo en Buenos Aires, Argentina; en Las Canteras de Colina, a las afueras de Santiago. Queremos decirle a otros sectores que se puede seguir teniendo esperanza y que se puede ir ganando, paso a paso. La cuestión es sin recetas, sino que a través de experiencias profundas.

HACIA LA CONVERGENCIA URBANA

¿Cuáles han sido las repercusiones de su movimiento y cuáles son las expectativas que abrazan?

JO: “En El Mercurio y La Tercera han aparecido sendos reportajes sobre nuestro movimiento y el “peligro” que comportaría para la arremetida del capital inmobiliario. Ahora queremos dar un salto país, con cientos de organizaciones barriales para generar una política de convergencia urbana en torno a los distintos conflictos que genera el actual paradigma en nuestras ciudades.”

RC: “Si bien los especialistas hablan que nuestra lucha es un tema “emergente”, su horizonte aporta a la recomposición de un movimiento popular.”

¿Piensan envejecer en este barrio?

RC: “Absolutamente. Yo soy nacida y criada aquí. No me imagino en otro lado. Eso es parte del compromiso de la gente que trabaja con nosotros. No estamos de paso por el barrio. La nuestra es una lucha de aquí hasta la muerte. Esta es una opción de vida.”

JO: “Por supuesto. Yo no habiendo nacido ni sido criado en el barrio, me enamoré de este sector. Mi vida gira en torno a estas calles, a este territorio. Con mi pareja vivo aquí, trabajo aquí. Eso no obstruye la necesidad de relacionarse con otros para construir la unidad e impulsar las transformaciones que nuestro país requiere. Ese es nuestro desafío.”

Andrés Figueroa Cornejo