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Centros Chilenos en el Exterior

El recuerdo de un viaje sin retorno

El recuerdo de un viaje sin retorno
Por RAFAEL POCH/LA VANGUARDIA

Hasta la construcción del muro de Berlín en 1961, tres millones de ciudadanos del este pasaron al oeste, la inmensa mayoría de los cuales lo hizo porque, según la propaganda occidental, se vivía mejor y había más oportunidades económicas.

Lunes 9 de noviembre de 2009

Para los dieciséis millones de ciudadanos de la República Democrática Alemana (RDA), la posibilidad de salir del país era un sueño sin parangón con los de sus semejantes de otros países del este. Desde 1972 se podía viajar a Polonia y la extinta Checoslovaquia con el carné de identidad, pero a partir de 1980 la aparición del sindicato no gubernamental polaco contra el Estado socialista, Solidaridad, eliminó a Polonia. Para ir a Hungría, Rumania y Bulgaria se precisaba un permiso de la policía que, a excepción de los disidentes, casi siempre se otorgaba al solicitante.

Excluyendo a la corona checa, el cambio de moneda se limitaba a una pequeña cantidad, lo que convertía el turismo en ejercicio de precariedad y lo condenaba a prácticas de intercambio. Los viajes a otros países del bloque, desde la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas (URSS) hasta Vietnam, pasando por Cuba, eran complicados, casi siempre organizados y oficiales. El viaje a la República Federal Alemana (RFA) era capítulo aparte.

PERMISOS ESPECIALES

Desde 1964, los jubilados con parientes en el otro lado podían visitar la RFA una vez al año, posibilidad a la que se acogían 1,3 millones de personas. A partir de 1972, varios miles de jóvenes también podían viajar por “razones familiares especiales”, como bautizos, bodas, enfermedades o fallecimientos de parientes occidentales.

En 1986, por ejemplo, la ahora Canciller Angela Merkel -que entonces trabajaba en un instituto científico de Berlín este- viajó a Hamburgo para asistir a la boda de su prima, oportunidad que aprovechó para recorrer la RFA de punta a punta.

El año anterior, 185 mil alemanes orientales habían usado dicha posibilidad que, como la de los jubilados, era consecuencia de iniciativas negociadas por los políticos de la RFA. En la misma época se registraban entre tres y ocho millones de visitas a la RDA desde la RFA y Berlín oeste.

La media de ciudadanos orientales huidos ilegalmente a través de la frontera era de unos tres mil anuales entre 1980 y 1985. Antes, la menor sofisticación del muro interalemán había permitido traspasar la frontera a más gente.

Hasta la construcción del muro de Berlín en 1961, tres millones de ciudadanos del este pasaron al oeste, la inmensa mayoría lo hizo porque, según la propaganda occidental, se vivía mejor y había más oportunidades económicas. De ellas, 33 mil eran encarcelados que el gobierno de la RFA “compró” a un precio que en 1988 alcanzó a algo más de 148 mil dólares por cabeza.

La frontera entre ambas Alemania se cobró más de 900 vidas de gente que intentó cruzarla por los medios más diversos. Varios centenares el número exacto se desconoce, murieron tiroteados por guardias fronterizos o instalaciones de disparo automático.

 

La apacible vida de la ex dama de hierro de la RDA en Chile

Margot Honecker, ex dama de hierro de la República Democrática Alemana y viuda del ex jerarca alemán Erich Honecker, lleva una vida apacible y discreta en Chile, donde vive desde hace 17 años.

Rodeada por un pequeño círculo íntimo conformado por líderes comunistas y ex refugiados chilenos en la RDA, y con su salud vigilada por el mismo médico que atiende a la Presidenta Michelle Bachelet, Honecker -de 82 años- evita las opiniones políticas y asistir a actos públicos.

Tras la caída del muro y un paso por la Unión Soviética, Margot viajó a Chile en 1992 acompañada por su hija Sonja, quien estaba casada con el chileno Leonardo Yáñez. Erich Honecker llegó a al país un año después, tras ser liberado de un juicio en Alemania por razones de salud. Murió de cáncer en Santiago el 29 de mayo de 1994.

La revista Qué Pasa reveló que la también ex ministra de Educación lee mucho, camina, se entera de las noticias a través de internet y tiene una gran nostalgia del régimen comunista.

Según el medio, el 7 de octubre Margot participó en la celebración en Santiago de los 60 años de nacimiento de la RDA, organizada por una veintena de chilenos que se exiliaron allí. En dicha reunión, leyó un manifiesto en que reivindicó el gobierno de su esposo.

"Ella vive tranquila y quiere seguir viviendo así. No quiere aparecer en los diarios, en la prensa, nada", comenta Luis Corvalán, ex secretario general del PC chileno y gran amigo de Margot Honecker.

 

El "Solidarpakt" ya no sería necesario

Veinte años después de la caída del muro de Berlín, la República Democrática Alemana (RDA) no necesitará de las inyecciones financieras del Pacto de Solidaridad, pero deberá olvidar la utopía de que alcanzará el mismo nivel de la Alemania occidental, según economistas.

Las nuevas tecnologías deben volverse el motor económico de la ex RDA, afirmó Ulrich Blum, director del Instituto IWH, en una entrevista con el semanario Wirtschaftswoche. "No hay razón alguna para prolongar el SOLI (o Pacto de Solidaridad) después de 2019", enfatizó a su vez Michel Hüther, director del Instituto de Investigación IW.

El "Solidarpakt" es el instrumento por el que el Estado alemán financia desde 1991 la reconstrucción de la ex RDA, por medio de un impuesto establecido para ello.

En total, los "nuevos Länder" (estados federados de la ex RDA) recibirán por esa vía unos 371 mil millones de dólares hasta 2019, fecha en que se prevé dejará de aplicarse el SOLI. Esto, pese a los desastrosos indicadores, como por ejemplo el del desempleo, que en los "nuevos Länder" llega a ser dos veces superior a la del oeste.

Ahora, según un estudio de la IW, la riqueza de la ex RDA es equivalente al 70% de la de la ex República Federal (en términos de Producto Interno Bruto por habitante), mientras que en 1991 era de sólo 30%. El instituto calcula que este porcentaje aumentará a 80% en unos diez años, pero considera que la igualdad perfecta es utópica.

La causa no reside en la división alemana, sino que se remonta a tiempos anteriores: el este siempre fue más rural y menos industrial que el oeste. Y esto sin tener en cuenta la emigración masiva hacia al oeste.

  

 

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