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Centros Chilenos en el Exterior


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"El hombre no puede ser separado de Dios, ni la política de la moral": Santo Tomás Moro

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EL HISTÓRICO ROL DE LA DEMOCRACIA CRISTIANA EN EL CHILE DE HOY

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En este enrarecido clima electoral, es bueno recordar que hay un partido político con trayectoria y praxis histórica que puede ser el aval ético para contener el notable avance de la alianza estratégica de la UDI con la organización Opus Dei.

Chile a cambiado y mucho. Desde el gobierno popular del presidente Allende, pasando por la brutal dictadura de Pinochet y sus aliados civiles, hasta el largo proceso de transición a la democracia con cuatro gobiernos consecutivos de la Concertación que ahora aspira a su quinto mandato. Hoy  con un candidato de las filas de la Democracia Cristiana que, al parecer, no cuenta con un equipo de apoyo sólido y compacto para alcanzar y ganarle al candidato de la derecha que lleva años en masiva campaña.

Pero hemos de remontarnos al período presidencial anterior al de la Unidad Popular para entender ciertas claves políticas y de poder que de alguna manera se manifiestan hoy. Nos referimos al notable triunfo de Eduardo Frei Montalva en 1964. Con su famosa revolución en libertad y la emblemática marcha de la Patria Joven que cautivó a miles de jóvenes cristianos con principios e ideales bien definidos a favor de las mayorías oprimidas y postergadas por décadas.

En este escenario se debe considerar la presencia histórica de una derecha política sagaz, operatoria y experta en alianzas de todo tipo cuando se trata de conseguir el poder político y resguardar con firmeza sus privilegios. Respecto a otros poderes como el económico y militar, para esta derecha no es un problema mayor, ya que sus cuadros y aliados tienen una presencia in situ desde los tiempos de la independencia hasta ahora.

Pero la estela de cambios y transformaciones sociales que impulsó la revolución en libertad, potenciada y profundizada, posteriormente, en los tres años del gobierno popular del presidente Allende han dejado una huella profunda en la memoria colectiva ciudadana chilena y, como lo reconocen los historiadores, latinoamericana.

En todo este período de más de medio siglo, nunca la derecha política con el apoyo irrestricto de un sector minoritario de la Iglesia Católica ha alcanzado el poder en las urnas. Distinto fue el violento golpe de Estado de 1973, en que esa misma derecha económica teñida de un catolicismo ultra conservador, accedió al poder con mano ajena. Solo un ejemplo para graficar la idea central. Todos los ideólogos de la dictadura y sus cambios en políticas país importantes como la economía y el nuevo orden institucional, fueron llevadas a cabo por economistas, constitucionalistas y estrategas comunicacionales formados en la pontificia Universidad Católica.

En este nuevo siglo, por diferentes y atendibles circunstancias sociopolíticas, la derecha chilena se apresta a librar la madre de todas las batallas en diciembre próximo con un candidato a la presidencia bastante sui generis. Es un próspero empresario, liberal en temas valóricos, con una visión flexible en materia económica y que supo integrar a su discurso, transversalmente, vocablos como la alternancia en el poder, seguridad ciudadana y, una postura ambigua que lo ajusta según las circunstancias y audiencia.

Por eso es que a estas alturas de la carrera presidencial, los poderes fácticos unidos a la férrea disciplina de ciertos movimientos integristas católicos, unen sus esfuerzos para centrar su artillería "ideológica" en contra de lo que es y postula la Democracia Cristiana. Simplemente porque es la única organización política con experiencia y capacidades diversas capaces de contrarrestar esta marea neoliberal tanto en lo ideológico (desde la ciencia política) como en lo espiritual (enseñanza social de la Iglesia).

Teniendo presente este preámbulo histórico y considerando el actual mapa de navegación de la Democracia Cristiana, nadie se debe extrañar que a continuación de la visita del español José María Aznar y de las supuestas "molestias" de la Unión Demócrata Cristiana Alemana (CDU), vengan otras manifestaciones públicas de fuerte contenido mediático para recargar las baterías ofensivas y provocativas en contra del candidato Eduardo Frei y de la Democracia Cristiana en las próximas semanas.

La derecha política y el integrismo católico no entienden ni aceptan que la DC en su V Congreso reivindicara con claridad, por ejemplo, que la justicia social; "es luchar contra la pobreza y la desigualdad como prioridad para los democratacristianos..." O,  que se deben hacer todos los esfuerzos para "mejorar la calidad de la política y urgentemente se deben abordar un conjunto de cambios y reformas tendientes a crear una nueva Constitución Política". Por lo tanto, la cuestión de fondo no es si el candidato Frei es buen o mal comunicador, o si su gobierno tuvo éxito o no en la gestión económica financiera bajo la crisis asiática, lo de fondo es que existe un Programa audaz que va en sintonía plena con las urgentes aspiraciones ciudadanas en este nuevo siglo.

Es esta nueva acción programática que propone tanto la Democracia Cristiana, como el conglomerado concertacionista que lo apoya, la que no acepta la derecha más dura -heredera del pinochetismo- en alianza estratégica con movimientos ultraconservadores como lo son los Legionarios de Cristo, de triste historia, o como el Opus Dei con su conocida intolerancia. Para estos pequeños grupos que tienen una altísima incidencia en el mundo del alto empresariado financiero y bancario, nunca citan o tienen a la vista, por ejemplo, la enseñanza social de la Iglesia reflejada claramente en el Concilio Vaticano II o, la reciente Conferencia de los obispos de Aparecida. Las ignoran!

Para estos cruciales momentos que vive Chile ad portas de la elección presidencial, lo que haga o deje de hacer la Democracia Cristiana es determinante. No será la derecha ni su candidato empresario el que efectivamente avance en mitigar el dolor y la exclusión de los pobres. Serán partidos de reconocida posición de izquierda que han sufrido la persecución y el martirio por causa de la justicia y la libertad, junto a otros conglomerados políticos que reconocen el valor de la democracia los que han de triunfar para no detener el camino hacia una sociedad justa y buena para todos sin exclusión.

Los cristianos estamos llamados a dar razón de nuestra fe y nuestra esperanza y seguir creyendo que los rostros de los hambrientos, de los sin techo, de las mujeres doblemente explotadas... son los rostros del Jesús sufriente. Así, daremos testimonio creíble en toda circunstancia, electoral o no,  que es Dios mismo quien no se olvida de los pobres, precisamente para que "la esperanza de los pobres nunca se frustre" (Salmo 9, 19).

Jaime Escobar es Sub director de Crónica Digital.

Santiago de Chile, 13 de octubre 2009
Crónica

 

 

14/10/2009 21:35. Publicado por: LUISA EUGENIA TORO #. Presidenciales

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gravatar.comAutor: ABEL REYES TELLEZ

EL SOCIALCRISTIANISMO CRISTIANO

El cristianismo es el nombre con que es conocida la santa religión fundada por Jesús, que tuvo por cuna la ciudad de Jerusalén, en Judea, en tiempos del emperador Tiberio.
El cristianismo es el nombre bajo el que se agrupa a todos los cristianos. A través de más de 2.000 años de Historia, los cristianos nos hemos ido agrupando en familias más o menos bien avenidas, dependiendo del tiempo histórico. Hoy las relaciones entre las distintas familias son de hermandad

En los Evangelios, en las epístolas de San Pablo y en los escritos de los demás apóstoles es donde hemos de ir a buscar la esencia del Cristianismo. Y en tales documentos lo primero que salta a la vista es la dignidad superior, trascendental y divina de Jesucristo. Él es el Mesías

Es un intento de construir el socialismo desde el cristianismo. Existen diferentes versiones e interpretaciones de estas tendencias, dependiendo de la versión de cristianismo profesada y la afiliación o no a alguna iglesia cristiana.

Algunos aseguran que el socialismo cristiano proviene desde la misma época de Jesús, indicando que Jesús predicaba y practicaba la igualda

También Doctrina Social Cristiana es un conjunto de normas y principios referentes a la realidad social, política y económica de la humanidad basado en el Evangelio y en el Magisterio de la Iglesia Católica. El Compendio de la DSI y el Catecismo Católico la definen como un "cuerpo doctrinal renovado, que se va articulando a medida que la Iglesia en la plenitud de la Palabra revelada por Jesucristo y mediante la asistencia del Espiritusanto, lee los hechos según se desenvuelven en el curso de la historia

El objetivo de la doctrina social de la Iglesia no es sólo intelectual o cognitivo, sino también eminentemente práctico y personal. Debería cambiar nuestras vidas y ayudarnos a asumir nuestras propias responsabilidades con respecto al bien común, especialmente por lo que tiene ver con esa mayoría que está en necesidad.

Me propongo desarrollar esta breve presentación de la doctrina social de la Iglesia en tres partes: su definición, su naturaleza y sus fundamentos.

Según las palabras del magisterio, es la formulación exacta de los resultados de la cuidadosa meditación de las complejas realidades de la existencia humana, en sociedad, y en un contexto internacional, a la luz de la fe y de la tradición viva de la Iglesia.

Es un conjunto de principios, criterios y directrices de acción, con el objeto de interpretar las realidades sociales, culturales, económicas y políticas, determinando su conformidad o inconformidad con las enseñanzas del Evangelio sobre la persona humana y su vocación terrenal y trascendente.


El Nuevo Testamento hace un claro contraste entre la justicia que es por la Ley de Moisés, la justicia propia, y la justicia que es de Dios por la Fe de Jesucristo. Véanse, por ejemplo, los claros capítulos de san Pablo en Gálatas 3, Romanos 10 y Filipenses 3, entre otros. La fe en Jesucristo por la que se aplica la justificación de Dios, es también el medio por el que el cristiano se apropia de las provisiones espirituales de Dios en Cristo para la vida práctica e integral de todo cristiano, en lo individual y en lo corporativo.

Principios y valores fundamentales. La doctrina social adquiere sus principios básicos de la teología y la filosofía, con ayuda de las ciencias humanas y sociales que la complementan. Estos principios incluyen la dignidad de la persona humana, el bien común, la solidaridad, la participación, la propiedad privada, y el destino universal de los bienes. Los valores fundamentales incluyen la verdad, la libertad, la justicia, la caridad y la paz.

que camina con toda la humanidad y está sujeta, juntamente con el mundo, a la misma suerte terrena, pero que al mismo tiempo es « como fermento y como alma de la sociedad, que debe renovarse en Cristo y transformarse en familia de Dios



Pero NO debemos entender que el contraste neotestamentario entre justicia propia y justicia de Dios por la fe, significa abrirle las puertas a la herejía del Antinomianismo; según algunos, como dice San Pedro, malentendieron a Pablo y según se le acusaba injustamente. Por el contrario; es el mismo San Pablo el que claramente explica que el Régimen del Espíritu, bajo la gracia y en la Fe de Jesucristo, hace que poseamos la dinámica suficiente para el cumplimiento de la Ley; o más bien, de la justicia de la Ley, incluso de manera magnificada. De manera que podemos decir confiadamente que los cristianos somos instruidos en justicia y preparados para toda buena obra, individual o colectiva, personal, eclesial, social y hasta gubernamental, mediante el uso legítimo y espiritual de la Ley y de todo el Antiguo Testamento también. La Biblia entera pasa a ser reconocida como Palabra de Dios que tiene algo importante que decirnos hoy.

El primer principio clásico es el de la dignidad de la persona humana, que proporciona el fundamento para los derechos humanos. Para pensar correctamente sobre la sociedad, la política, la economía y la cultura uno debe primero entender qué es el ser humano y cuál es su verdadero bien. Cada persona, creada a imagen y semejanza de Dios, tiene una dignidad inalienable y, por tanto, debe ser tratada siempre como un fin y no sólo como un medio.

Por otra parte, el Nuevo Testamento, instruido por el Antiguo, nos enseña también el lugar y el papel que tiene el Estado en la sociedad secular como garante de la disuación contra el mal, de su prevención y castigo, y como promotor del bien. Corresponde, pues, al Cristianismo, dar ejemplo al Estado, enseñarle, e incluso participar plenamente en su institución, respecto también de este importante aspecto de la justicia social. El mal contra la justicia social debe ser tratado en la sociedad secular por el Estado. También es llamado el Estado a promover la justicia social. Un modelo macro-económico y socio-político de inspiración cristiana, no puede dejar de contar con la asertada y suficiente intervención estatal. El Estado debe aprender del Cristianismo, quien a su vez aprende de la Palabra misma de Dios qué cosas implica la práctica de la justicia social.

Cuando Jesús, usando la imagen del buen pastor, hablaba de la oveja perdida, nos enseñaba lo que Dios piensa del valor de la persona humana individual. El pastor deja a las 99 en el aprisco para buscar a la perdida. Dios no piensa en los seres humanos en masa, o en porcentajes, sino como individuos. Cada uno es precioso para él, irreemplazable.

De la Palabra de Dios nos llegan valores perennes que informan la correcta organización de la sociedad en base a la justicia que es fundamento de la paz y la prosperidad. No habrá prosperidad sin paz, ni paz sin justicia social. Dios no nos dejó abandonados ni desprotegidos en este planeta. Su Voluntad manifiesta ha sido el de la equidad en la posesión de la herencia planetaria, territorial y concomitante. La distribución equitativa, gratuita y por suerte de la tierra, según el censo de las familias, con aplicación de las figuras jurídicas del jubileo, el rescate, la remisión, la conservación ecológica, la estabilidad monetaria del siclo del Santuario y sus relaciones, de precios, de intercambios, de oportunidades, con intervención estatal, la erradicación de la usura, la organización de la justicia con participación popular, etc., son todos elementos básicos para la realización de la justicia social.

De ahí que la Iglesia no piense primero en términos de naciones, partidos políticos, tribus o grupos étnicos, sino más bien en la persona individual. La Iglesia, como Cristo, defiende la dignidad de cada individuo. Comprende la importancia del estado y de la sociedad en términos de servicio a las personas y a las familias, en vez de en sentido contrario. El estado, en particular, tiene el deber de proteger los derechos de las personas, derechos que no son concedidos por el estado sino por el Creador.

En la Palabra de Dios, NO son las fuerzas del mercado libre quienes deben determinar el valor. El valor, en la Biblia, proviene de la determinación divina, según el siclo del Santuario, la cual debe representar el Estado. Además, también nos informa la Palabra de Dios acerca de la preferencialidad en la resolución de las urgencias de los más necesitados primeramente. Dios establece el Trono sobre la justicia social. En el Nuevo Testamento, la atención de los más necesitados no es cuestión de mera misericordia paternalista, sino cuestión de justicia, de devolver los derechos a aquellos a quienes la estructura social se los ha arrebatado. La igualdad en este tiempo es también un valor del Nuevo Testamento. No todo depende del trabajo, sino también de la oportunidad, y mucho de la herencia. El Estado debe garantizar la equidad en la distribución de la herencia de Dios a los hombres, y la equidad de las oportunidades; a la vez que evita las prácticas monopólicas que tienden a fomentar la inequidad.

El objetivo de la doctrina social de la Iglesia no es sólo intelectual o cognitivo, sino también eminentemente práctico y personal. Debería cambiar nuestras vidas y ayudarnos a asumir nuestras propias responsabilidades con respecto al bien común, especialmente por lo que tiene ver con esa mayoría que está en necesidad.

La dimensión social, la doctrinal social, del Evangelio y de la doctrina cristiana

La participación política de un joven Social Cristiano debe ser diferente, y no por un hecho de marcar puramente la diferencia, sino porque creer en los valores social cristianos, nos exigen una manera distinta de actuar, ya que nuestros valores no se consumen en nuestra vida personal, son esencialmente una representación de una sociedad ideal, que día a día trabajamos para conseguir, porque creemos efectivamente que representa lo mejor para la sociedad. Desde esta posición, el actuar de un joven Social Cristiano en política, primero que todo debe ser Honesta, la verdad por delante en la vida partidaria y en la gestión política-social, Fraterna, porque es importante los afectos, esto no se construye con proyectos personales, y así otra característica es la Comunidad, ser Cristiano y Social Cristiano, es ser parte de una gran familia, de una familia de amigos, de esas que tu eliges.

La solidaridad debe captarse, ante todo, en su valor de principio social ordenador de las instituciones, según el cual las « estructuras de pecado », que dominan las relaciones entre las personas y los pueblos, deben ser superadas y transformadas en estructuras de solidaridad, mediante la creación o la oportuna modificación de leyes, reglas de mercado, ordenamientos. La solidaridad es también una verdadera y propia virtud moral, no « un sentimiento superficial por los males de tantas personas, cercanas o lejanas. Al contrario, es la determinación firme y perseverante de empeñarse por el bien común; es decir, por el bien de todos y cada uno, para que todos seamos verdaderamente responsables de todos ». La solidaridad se eleva al rango de virtud social fundamental, ya que se coloca en la dimensión de la justicia, virtud orientada por excelencia al bien común, y en « la entrega por el bien del prójimo, que está dispuesto a "perderse", en sentido evangélico,

ABEL REYES TELLEZ

PRESIDENTE NACIONAL

PARTIDO SOCIAL CRISTIANO NICARAGUENSE . P S C

TEOLOGO CRISTIANO

EMAIL.PSCNICARAGUA@HOTMAIL.COM

TEL.505.2249 3460.

MANAGUA NICARAGUA

Fecha: 03/09/2010 19:09.


gravatar.comAutor: ABEL REYES TELLEZ

LA DEMOCRACIA CRISTIANA Y LA LIBERTAD DE EXPRESION




La Democracia Cristiana es una idiologia Politica que nace como
respuesta de las grandes iniquidades de mediados del siglo pasado al

amparo de la visión renovada de la Iglesia Catolica. Es un partido que
defiende los derechos humanos, la libertad de expresión y la
profundización de la democracia.


La Democracia Cristiana por principios está en contra de todo tipo de

presiones políticas sobre los medios de comunicación y nunca apoyará
medidas que establezcan un sistema jurídico que limite la libertad de
expresión, afecte el derecho de informar, promueva la autocensura y
restrinja el derecho de ser informados.



La posición de la Democracia Cristiana es la libertad de prensa.


Por estas mismas razones, el derecho a la libre expresión es uno de
los más amenazados, tanto por gobiernos represores que quieren impedir

cambios, como por personas individuales que quieren imponer su ideología
o valores personales, callando los otros.


La lucha por la libertad de expresión nos corresponde a todos, ya que
es la lucha por la libertad de expresar nuestro propio individualismo.

Respetar la libertad de los demás a decir cualquier cosa, por más
ofensiva que la consideremos, es respetar nuestra propia libertad de
palabra.


El la Democracia cristiana derecho a la libre expresión es uno de

los más fundamentales, ya que es esencial a la lucha para el respeto y
promoción de todos los derechos humanos. Sin la habilidad de opinar
librememte, de denunciar injusticias y clamar cambios - el hombre está

condenado a la opresión.


Toda persona tiene derecho a la libertad de pensamiento y de
expresión. Este derecho comprende la libertad de buscar, recibir y
difundir informaciones e ideas de toda índole, sin consideraciones de

fronteras, ya sea oralmente, por escrito o en forma impresa o artística,
o por cualquier otro procedimiento de su elección y gusto.


La libertad de expresión y el derecho a la información, y numerosa
legislación comparada, destinados a garantizar el pluralismo y la

diversidad informativa. Sostiene también la legitimidad de los límites
legales a la concentración de la propiedad de los medios, de las
restricciones a la conformación de redes permanentes de programación, y
de la fijación de pisos mínimos de producción local e independiente.



El derecho a la libertad de expresión protege los derechos de toda
persona a expresar libremente sus opiniones y puntos de vista. Es,
esencialmente, un derecho que debe promoverse al máximo posible debido

al papel decisivo que juega sobre la democracia y la participación
pública en la vida política. Pueden existir ciertas formas extremas de
expresión que necesitan ser acotadas para la protección de otros
derechos humanos. Limitar la libertad de expresión en tales situaciones

resulta siempre un buen acto de ponderación. Una forma particular de
expresión que está prohibida en algunos países es la apología del odio.


La libertad de expresión. Se utiliza una diversidad de leyes para

restringir la expresión legítima de la opinión y la disidencia. Algunas
personas siguen enfrentándose a procesamientos penales infundados, así
como a acoso e intimidación por parte de agentes de policía y de la

seguridad del Estado, por expresar y difundir información u opiniones
críticas con el gobierno. Las restricciones ilegítimas de la libertad de
expresión se ven sustentadas por otras restricciones de los derechos

humanos, como el derecho a la libertad de asociación, reunión pacífica y
circulación. Las autoridades utilizan frecuentemente la detención
arbitraria, los interrogatorios y advertencias en estaciones de policía y

otras formas de detención temporal para intimidar a quienes critican el
sistema estatal imperante. El efecto acumulativo de esas prácticas ha
sido la creación de un clima de temor en la sociedad





Este derecho es importante para el desarrollo personal y la dignidad
de cada persona, y es fundamental para el disfrute de otros derechos
humanos. La libertad de expresión ha sido siempre parte esencial .



Los Gobiernos han utilizado históricamente la “seguridad nacional”
como excusa para acallar la oposición política y las críticas. En los
últimos años se han invocado tanto el temor al "terrorismo" como la

seguridad para justificar un aumento de la represión de las personas y
los grupos que ejercen su derecho a la libertad de expresión.


Por otra parte, existen otros derechos y libertades ( o "derechos a

la libertad ejemplo: derecho a la libertad de reunión, manifestación,
ejercicio de cultos, etc) conjuntamente con el derecho a la libertad de
expresión. Así el derecho a la libertad de expresión no es un derecho

absoluto ni ilimitado, como tampoco lo es ningún otro derecho o
libertad.




La censura informal se refiere a una variedad de actividades de los
oficiales públicos- que varían de las llamadas y amenazas telefónicas

hasta los ataques físicos- diseñadas para prevenir o sancionar la
publicación de material crítico. El derecho de los reporteros a proteger
sus fuentes es también importante para asegurar el libre flujo de
información en asuntos de interés público. Los mecanismos

internacionales y regionales de derechos humanos han afirmado que los
periodistas nunca deberán ser obligados a revelar sus fuentes excepto
bajo ciertas condiciones (Que sea necesario para una investigación
criminal o para la defensa de una apersona acusada de un delito penal;

se les ordena hacerlo por una corte, después de una oportunidad completa
de presentar su caso; 'necesario' implica que la información no puede
ser obtenida en otra instancia, que es de gran importancia y que el

interés público en su revelación pesa más que el daño a la libertad de
expresión por la revelación).


Otros ejemplos de 'censura estructural', por ejemplo el uso de
medidas económicas por parte del gobierno para controlar la información,

incluyen la asignación preferencial de la publicidad gubernamental, el
control gubernamental sobre las publicaciones, las redes de distribución
o la impresión de noticias, y un uso selectivo de los impuestos.



La libertad de expresión está consagrada como un derecho humano
fundamental y en un sistema de gobierno democrático debe ser promovido y
defendido por el gobierno y los gobernados.


La libertad de expresión es una de las libertades esenciales, de la

cual dependen muchas otras. Es la primera forma que una persona tiene
para comunicar una idea, promover un cambio político pacífico,
transmitir una información, buscar el acuerdo con otras personas. Debido
a esta función primordial que la libertad de expresión cumple en las

sociedades democráticas, la protección que se le otorga es, en líneas
generales, más generosa que respecto de otros derechos. Esta libertad
presenta un abanico de derivaciones: a) Libertad de expresar ideas u

opiniones; b) Libertad de informar sobre acontecimientos de la realidad;
c) Libertad de difundir dichas ideas, opiniones o informaciones a
través de la prensa; d) El derecho a exigir al gobierno información
sobre sus actos.



La libertad de expresión es esencial para posibilitar el
funcionamiento de la democracia y de la participación pública en la toma
de decisiones. Los ciudadanos no pueden ejercer su derecho al voto de
manera efectiva o participar en la toma pública de decisiones si no

cuentan con un libre acceso a la información y a las ideas, y si no
pueden expresar sus opiniones libremente. Por ende, la libertad de
expresión no sólo es importante para la dignidad individual, sino
también para la participación, la rendición de cuentas y la democracia.

Las violaciones a la libertad de expresión frecuentemente van de la mano
con otras violaciones; particularmente del derecho de libre asociación y
reunión.


La libertad de expresión es una de las libertades esenciales, de la

cual dependen muchas otras. Es la primera forma que una persona tiene
para comunicar una idea, promover un cambio político pacífico,
transmitir una información, buscar el acuerdo con otras personas. Debido
a esta función primordial que la libertad de expresión cumple en las

sociedades democráticas,




Debe ser, por lo tanto, muy apreciada en su justo valor la contribución
que la prensa, el cine, la radio, la televisión y los demás instrumentos
de comunicación social ofrecen para el incremento de la cultura, la

divulgación de las expresiones artísticas, la distensión de los ánimos,
el mutuo conocimiento y comprensión entre los pueblos,


Pero si bien la grandiosidad del fenómeno, que involucra ya a cada
uno de los individuos y a toda la comunidad humana, constituye un motivo

de admiración y de complacencia, sin embargo también ofrece motivos de
preocupación y de temores. En efecto, al mismo tiempo que estos
instrumentos, destinados por su naturaleza a difundir el pensamiento, la
palabra, la imagen, la información y la publicidad, influyen sobre la

opinión pública y, por consiguiente, sobre el modo de pensar y actuar de
los individuos y los grupos sociales, ejercen también una presión sobre
los espíritus que incide profundamente sobre la mentalidad y la
conciencia del hombre, incitado como está por múltiples y opuestas

solicitaciones y casi sumergido en ellas.

¿Quién puede ignorar los peligros y los daños que estos instrumentos,
aunque nobles, pueden acarrear a cada uno de los individuos y a la
sociedad, si no son utilizados por el hombre con sentido de

responsabilidad, con recta intención y de acuerdo con el orden moral
objetivo.


A quienes ejercen el periodismo, el Estado debe darles acceso a la información pública,

no cárcel.







ABEL REYES TELLEZ

PRESIDENTE NACIONAL

PARTIDO SOCIAL CRISTIANO NICARAGUENSE .PSC .

TEOLOGO ESCRITOR CRISTIANO.

E MAIL.PSCNICARAGUA@HOTMAIL.COM

Fecha: 13/12/2010 06:18.


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