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En Colombia: retorno al estilo de viejas dictaduras latinoamericanas

En Colombia: retorno al estilo de viejas dictaduras latinoamericanas

Lunes 29 de diciembre de 2008

 Apolinar Díaz - Callejas (especial para ARGENPRESS.info)

Una honda reflexión y la revisión de las grandes novelas latinoamericanas sobre las dictaduras en la región, me llevó a hojear de nuevo textos que creía superados. Tuve que volver al Tirano Banderas de Ramón del Valle Inclán, Yo el supremo de Gustavo Roa Bastos, El Señor Presidente, de Miguel Ángel Asturias, El Recurso del Método de Alejo Carpentier, El Otoño del Patriarca de Gabriel García Márquez, La Fiesta del Chivo, de Mario Vargas Llosa, y otros textos referidos al trabajo en ensayos y escritos diversos sobre las peculiaridades de los países latinoamericanos en una literatura novelística que ha cumplido la trascendental labor histórica de retratar y hacer reflexionar sobre las características, y crímenes políticos en los países víctimas de esas dictaduras de nuestra región..

He tenido la fortuna de recibir un libro espectacular y bellamente escrito de la española Mercedes Fernández Durán, titulado Novela y Dictadores en América latina. La identidad en ficción, pensamiento y forma, editado por el "Taller de Edición Rocca", de Bogotá, donde también han sido publicados muchos de mis propios libros. Esta obra de la escritora española que le toco vivir y sufrir los crímenes de la derecha de Chile, que apoyada por gobiernos imperiales norteamericanos, organizaron y desataron el golpe militar contra el gobierno del Presidente Salvador Allende, a quien asesinaron en el propio Palacio de la Moneda.

A lo anterior se agregó la información que he seguido día a día del asesinato en Grecia de un adolescente por disparos de la policía de ese país el pasado 6 de diciembre. Es una sola persona la asesinada. Sin embargo, toda Grecia se ha lanzado durante estos 17 días a denunciar el crimen. Miles de griegos se tomaron la capital y otras ciudades protestando y exigiendo castigos al criminal y al gobierno de ese país que ha tolerado esa clase de acciones policiales, contra el cual también hay una protesta unánime. En todas las ciudades de Grecia la protesta ha sido constante y vigorosa. Miguel Ángel Bastenier periodista español del diario El País dice que: "se trata de una protesta protagonizada por jóvenes de respetable procedencia, que deberían estar próximos a integrarse en el mercado de trabajo y no saben cómo hacerlo".

Esta reflexiones me permiten enjuiciar de nuevo al régimen violento y autoritario del Presidente colombiano Álvaro Uribe Vélez, que ha tolerado y dejado crecer la violencia criminal en los campos y en las ciudades, desarrollando una acción represiva tan barbara, como la que ha sufrido Colombia en siglo XX y en lo que está corriendo del siglo XXI, en que Uribe se instaló en la presidencia con el apoyo abierto, confesado por grandes barones electorales de todo el país, vinculados a las acciones, apoyo financiero y armado de los mayores capos del narcotráfico de cocaína y otros productos de esa misma naturaleza criminal. Varias decenas de Senadores y miembros de la Cámara de Representantes que apoyaron y apoyan al Presidente Uribe Vélez, convirtiéndose en sus principales electores, están en las cárceles públicas, y Colombia toda sabe que varias decenas más de ellos que forman parte actualmente del Senado y de la Cámara de Representantes, son también parte de las fuerzas electorales en que se apoya el Presidente Uribe Vélez, que no puede ni podrá quitarse de encima la carga que para él representa haber recibido y haberse apoyado en políticos que formaban parte o están vinculados con los narcotraficantes y grupos regionales ligados al narcotráfico que llevan entre sus manos, la bandera electoral del actual Presidente colombiano.

El presidente Uribe Vélez ha empezado una feroz campaña de represión contra los movimientos indígenas colombianos que se han convertido en activos y valientes expresiones de oposición a las formas dictatoriales utilizadas por Uribe contra los movimientos indígenas y populares en general. Son varios cientos de indígenas los asesinados durante el gobierno de Uribe. El último caso es el de Edwin Legarda, compañero y marido de Aida Quilcué, joven líder del Consejo Regional Indígena del Cauca, que parece, según los medios de comunicación, era el objetivo principal del crimen ejecutado por miembros del ejército colombiano. Hasta el periódico de la derecha española, El Tiempo de Bogotá del 23 de diciembre, suministra una grande información en que rechaza la versión de los militares y del gobierno de Uribe de que la muerte del dirigente indígena fue "porque no paró en un retén oficial", cuando se trataba de una camioneta roja conocida por todas las autoridades como propiedad del Concejo Regional Indígena del Cauca, adquirida hacía mas de 6 meses, en la que frecuentemente se transportaba la propia Aida Quilcué, esposa de Legarda, como se ha dicho miembro principal del Concejo Regional Indígena del Cauca, como fue puesto en conocimiento de las autoridades departamental y nacionales en la región del crimen. Por eso la propia líder Aida Quilcué, enterada del crimen contra su esposo, denunció que quien iba a ser asesinada era ella misma. Colombia ha creído en sus palabras.

En el departamento de Córdoba por ejemplo donde tiene su más grande finca el presidente Uribe Vélez, fueron asesinadas a bala 7 personas, según el diario el Universal de Sincelejo. A su vez, el diario de la derecha española en Colombia, El Tiempo, registra que en el departamento de Córdoba la ola criminal dejó en menos de 24 horas otras 10 víctimas en operación que podría "relacionarse con un nuevo método de intimidación de bandas de narcos para lograr el silencio de la población ante sus acciones delictivas". A la vez, El Espectador del 19 de diciembre de este año denuncia que el narcotraficante Raúl Emilio Hasbún, alias Pedro Bonito aceptó que participó en el envío desde la región de Urabá al departamento del Meta del grupo de criminales que ejecutó el asesinato de 30 personas en Mapiripán. Además, El Tiempo del 20 de diciembre informa de la terminación de la carrera militar de los "mayores Javier Hermida Benavides y Luis Heraldo Barrero Calderón por "participar en el montaje de al menos 3 actos terroristas ocurridos entre julio y agosto del 2006 para cobrar recompensas y obtener reconocimiento" que ha sido una política puesta en práctica por el gobierno Uribe Vélez para premiar a delincuentes que se presentan como salvadores de la patria en combates. A su vez el propio diario colombo-español del 23 de los corrientes informa que en una fosa ubicada en Santander de Quilichao (Cauca) fueron exhumados 3 cadáveres de indígenas paeces. Los cadávers que tenían signos de tortura, fueron hallados a 500 metros de la finca donde residían.

 

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