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Centros Chilenos en el Exterior

Médico chileno trabaja en vacuna contra el sida

Médico chileno trabaja en vacuna contra el sida

La Nación 

Jueves 31 de julio de 2008   

Por Cristina Espinoza

Doctor Jorge Rodrigo Mora lidera investigación sobre inmunología en EEUU

 Pudo ser un médico más ejerciendo en la Araucanía, pero su vocación de investigador lo llevó a Estados Unidos. Tiene su propio laboratorio al alero de la Universidad de Harvard y sus estudios han sido publicados en la revista Nature. Hoy trabaja en el desarrollo de una vacuna contra el VIH.

 Foto: El doctor Mora ha establecido colaboraciones con más de 20 laboratorios en EEUU y Europa, “con lo cual anticipamos que podremos abordar y trabajar en diseñar una vacuna efectiva contra el VIH”, dice.

Una historia de esfuerzo llevó a Jorge Rodrigo Mora, médico oriundo de Lautaro, a ser un investigador que lidera un laboratorio de la Universidad de Harvard (el Massachussets General Hospital Harvard Medical School), en Estados Unidos. Tiene 37 años, estudió medicina en la Universidad de La Frontera, Temuco, pero apenas egresó partió a Santiago a especializarse en inmunología clínica, becado en la Universidad de Chile. Fue entonces cuando constató que su "real pasión estaba en la investigación".

Trabajó junto a los doctores Gustavo Hoecker (primer decano de ciencias de la Universidad de Chile, fallecido en marzo) y Alicia Ramos, que se convirtieron en sus mentores. Gracias a ese primer soporte, Mora realizó su tesis de posgrado en el laboratorio de Mario Rosemblatt y María Rosa Bono, del Instituto Milenio de Medicina Fundamental y Aplicada (Mifab), y desde ahí contactó a Ulrich von Andrian, del Harvard Medical School, en Boston, Estados Unidos, y partió a realizar una pasantía de seis meses.

Su primer período en Norteamérica no fue fácil, debía viajar entre cinco y seis horas diarias para llegar a la universidad. "Pero esa perseverancia fueron premiadas y las cosas resultaron mucho mejor de lo que esperábamos, ya que durante ese corto período obtuve importantes resultados experimentales", dice. Por ello, Von Andrin le ofreció post doctorarse en su laboratorio.

"Harvard es un lugar extremadamente competitivo, donde gente muy seleccionada y de todo el mundo viene a dar lo mejor de sí y a tratar de triunfar. No todos soportan esta presión implícita, por lo tanto, además de vocación y aptitud por la ciencia, se requiere tener la piel muy dura", asegura el inmunólogo.

Al inicio, hubo momentos buenos y otros no tanto, asegura, pero el apoyo de su esposa (Ingrid Ramos) y sus hijos (Margaret y Christopher) fueron fundamentales para soportarlo. Finalmente sus investigaciones comenzaron a dar resultados y tuvo la oportunidad de presentarse en diversos congresos internacionales, donde se relacionó con destacados colegas de la inmunología. "Fue muy importante, porque contrario a lo que algunos puedan pensar, la ciencia no se hace aislada, sino que es una actividad eminentemente social", resalta.

Su investigación

La mucosa intestinal del ser humano tiene la superficie similar a la de una cancha de tenis y alberga la mayoría de los linfocitos T y B del organismo -las células que se encargan de defender el organismo de agentes patógenos- explica Mora. Para que los linfocitos puedan ejercer su función protectora (contra infecciones y tumores) o dañina (enfermedades autoinmunes), deben migrar desde la sangre y entrar a los diferentes órganos y tejidos del organismo. La migración de linfocitos o "homing" es un proceso en el que estas células deben expresar "códigos postales moleculares" especiales en su superficie que les permitan entrar al órgano o tejido atacado, pero cuando lo hacen no pueden entrar a ningún otro tejido del organismo. Esto permite concentrar sus fuerzas de ataque del sistema inmune donde más se necesiten en un momento determinado y no en el sistema nervioso, por ejemplo, donde pueden ser dañinas.

Sus investigaciones lograron determinar cómo los linfocitos adquieren estos "códigos postales" para migrar a la mucosa intestinal. "Descubrimos que las células encargadas de presentarles los microbios a los linfocitos, las llamadas células dendríticas, también deciden cuáles "códigos postales" serán inducidos en los linfocitos al momento de activarlos en una respuesta inmune", dice.

Dicho de otro modo, estas células "programan" a los linfocitos para migrar eficientemente de vuelta al intestino y así cumplir su función defensora". Son verdaderas guías de los linfocitos.

El descubrimiento podría ser la entrada a la producción de vacunas efectivas. "Si una vacuna determinada genera una respuesta inmune contra un microorganismo o tumor, esta respuesta no será efectiva si los linfocitos no son capaces de llegar al tejido donde se les necesita, no importando cuán efectiva sea esta vacuna en la sangre (donde habitualmente se miden estas respuestas inmune) o en otros tejidos", indica Mora. El VIH es uno de los virus que podrían ser combatidos a partir de esta investigación. "Este se alberga en la mucosa intestinal, motivo por el cual futuras vacunas contra el VIH deberán diseñarse a modo de inducir respuestas inmunes protectoras en el intestino", enfatiza.

Actualmente, el laboratorio del doctor Mora trabaja en el diseño de vacunas con células dendríticas que sean capaces de producir ácido retinoico y así inducir respuestas inmunes específicas en la mucosa intestinal. Sus potenciales aplicaciones incluyen mejorar vacunas contra patógenos intestinales, como el rotavirus y la salmonella, pero además podrían ser efectivo contra tumores. La investigación evalúa, si bloquear la producción o función del ácido retinoico es una estrategia útil para tratar enfermedades autoinmunes y alérgicas que afectan la mucosa intestinal.

Mora ha establecido colaboraciones con más de 20 laboratorios en EEUU y Europa, de los que destaca el trabajo con el Partners AIDS Research Center, en Harvard, "con el que trabajaremos en el desafío de diseñar una vacuna efectiva contra un formidable adversario como el VIH. Respecto al cáncer, las aplicaciones que vislumbramos están orientadas a tumores que afecten la mucosa gástrica e intestinal", enfatiza.


LABORATORIO PROPIO

Durante los últimos dos años de su postdoctorado le ofrecieron varias oportunidades para comenzar su propio laboratorio en Estados Unidos. Después de barajar diferentes alternativas, decidió establecerse en el hospital de la escuela de medicina de la Universidad de Harvard, en la unidad gastrointestinal, donde en la actualidad trabaja junto a otros dos postdoctorados -el japonés Sen Wang y el chileno Eduardo Villablanca-.

Como investigador principal ya ha obtenido financiamiento para continuar sus estudios. Los fondos iniciales para establecer su laboratorio superan el millón de dólares para cuatro años, a lo que se suma el financiamiento obtenido por reconocimientos (como el Howard M. Goodman y el Massachusetts Life Sciences Center), que pasan de los 800 mil dólares. “En el Massachussets General Hospital, y en Harvard en general, el nivel de los investigadores está entre los mejores del mundo, por lo tanto la competencia es extrema. Ser elegido entre esta elite constituye en sí mismo un gran mérito”, asegura.

Hasta el momento, Mora no conoce ningún otro científico chileno que tenga su laboratorio asociado a Harvard, por ello, espera que sus logros “puedan servir de inspiración y aliciente para otros jóvenes chilenos que tengan inquietud, aptitud y vocación científica”, afirma.

 

 

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