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Centros Chilenos en el Exterior


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La justicia es puro verso

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La Nacion.cl Domingo 23 de diciembre de 2007   

Por Gabriela García 

SE ABRE EL EXPEDIENTE LITERARIO

En el libro "Jueces en la literatura chilena contemporánea", hombres como Juan

Guzmán, Lientur Escobar y Carlos Aránguiz sacan a la luz su pasión por la escritura. Cansados de llevarse puestos, confiesan sus soledades y desnudan sus contradicciones con

"Yo condené a Edith Baeza.

La condené a cinco años y un día de presidio, por el delito de tráfico de estupefacientes.

Yo la condené; lo confieso. Conforme a derecho la condené. De acuerdo al mérito del proceso y a las normas legales vigentes a esa época. Cinco años y un día y una multa absurda que jamás podría pagar: veinte ingresos mínimos mensuales, o seis meses de reclusión. Es decir, cinco años y medio de su vida.

No digo que no vendiera; ella vendió pasta base de cocaína. No digo que fuera inocente. ¿Acaso yo lo soy? No vendo droga, es cierto, pero quizá haga cosas peores".

Así comienza "Confesión", crónica publicada por el actual Ministro de la Corte de Apelaciones de Rancagua Raúl Mera Muñoz en la antología "Jueces en la Literatura Chilena Contemporánea", reciente publicación de Aristóteles España y la Asociación Nacional de Magistrados del Poder Judicial de Chile. El libro es un "fallo" de 200 páginas que contempla poemas, cuentos y crónicas de hombres que desligándose de su función, asisten a un careo silencioso entre ley y corazón.

CASO ARÁNGUIZ

"Se escribe para no morir, para aplazar la ejecución, para corromper al verdugo...", declara el Ministro de la Corte de Apelaciones de Rancagua, Carlos Aránguiz. La frase es de Bufalino y el magistrado que investigó como Ministro en Visita el bullado caso coimas (MOP-GATE) la saca a colación.

Aránguiz escribe desde niño. "Mi gran animador fue Homero Arce, secretario de Pablo Neruda. Él llevó a Neruda mis primeros versos y éste me los devolvió con muy pocas correcciones y otorgándome el título de poeta . Desde entonces escribo sin parar", cuenta.

En el libro "Jueces...", Aránguiz aparece como autor de dos cuentos: "El Juez en el Muelle" y "Ñancupel". El primero, transcurre en La Patagonia y habla de un Ministro en Visita que desde la cubierta de un barco, detiene la mirada en la brillante calva de un viejo juez que espera hace 20 años a su mujer.

Y de la ficción salta al realismo a golpe de sangre.

"A esta guagua la mataron", le advirtió un viejo detective amigo a Aránguiz, cuando se desempeñaba como juez de Los Andes y le tocó conocer la muerte de un lactante en la precordillera por bronconeumonía. El magistrado mandó a llamar a la madre y ordenó peripecias que develaron que al bebé le habían dado alcohol. "Al final la mamá confesó que la había asesinado dándole en la mamadera cerveza y luego dejándola a la intemperie, para llamar la atención del papá que creía los había abandonado", cuenta. "Apenas llegué a mi casa, me puse a escribir un largo poema con esa historia. Lo triste del caso, es que cuando concurrió el padre, dijo que jamás quiso abandonarles, que sólo había partido buscando trabajo", revela con pesadumbre.

MENTIRA LA VERDAD

"El 26 vendrás unos ratos robados al anillo, y sabrás que morirse/ De este amor no es sencillo". Estos versos están dedicados al fallecido cantante Gervasio Viera y corresponden al poema "Trilogía", del ex magistrado Lientur Escobar. La poesía nació tras una visita que el abogado (en ese entonces juez titular del Séptimo Juzgado del Crimen) realizó al autor de la canción "Con una pala y un sombrero" en una cárcel de Santiago.

Es 26 enero de 1988 y el cantante asiduo a protestas en contra de la dictadura militar de Augusto Pinochet, enfrenta una tercera acusación por abuso deshonesto sobre una chica de Maipú. "Yo lo tenía citado para hacer las primeras diligencias: o lo dejaba preso por la última violación que se le imputaba o en libertad por falta de méritos", cuenta Lientur Escobar. Finalmente, y luego de realizar un careo entre la cantante y las supuestas víctimas, Gervasio fue sobreseído de todos los juicios en su contra. "Ese 26 yo hablé con él en la cárcel y me dijo: A usted lo van a echar del poder judicial . Y yo le dije: No me interesa. Es una profecía auto cumplida ", asevera Lientur desde su actual oficina en la calle Huérfanos. Y agrega desafiante: "A mí nadie me va a sacar de la cabeza que a Gervasio lo mató un equipo de la CNI que lo perseguía, porque la persona de Maipú, me confesó que Renovación Nacional le había pagado una determinada cantidad de plata para involucrarlo".

El ex magistrado que estuvo 14 años en el poder judicial y que fue expulsado en 1993 mientras investigaba el paradero de detenidos desaparecidos en la ex Colonia Dignidad, asevera que en nuestro país existe "la justicia de la mentira". ¿Es esa disconformidad la que lo motiva a escribir versos como los de su poema "Hipócritas"?. "Y aún quieres, que te inviten a la mesa?/ Y si no te invitan te haces convidar. / Hipócritas!, está dicho, moriréis en soledad.", dispara en el libro. "El juez es una autoridad y por lo tanto tiene que ejercer poder. Y el poder tiene el grave problema del bien y el mal. Y el bello mal, que es aquello que es aparentemente bueno pero es malo. ¿Usted cree que los abogados no cuentan puras mentiras en los estrados? Obvio. En Chile, de acuerdo a todo el rigor y formalismo de la ley, quien dice la verdad jamás saldrá libre. Y la culpa de todo esto la tiene el sistema económico y la desigualdad social. Ese es el balcón desde donde mira un magistrado la literatura ", sentencia.

 

JUAN GUZMÁN: "NO SOY BATMAN"

"La profesión de juez es tan solitaria como la de un capitán de barco", reconoce el ex magistrado Juan Guzmán Tapia mientras recuerda los procesamientos al fallecido General Pinochet, "decide, almuerza y come solo. La responsabilidad es tan grande que sus únicos compañeros son la conciencia, el criterio y la historia", enfatiza.

En la selección de España, aparecen fragmentos biográficos que Guzmán publicó en el libro "En el borde del mundo" (Anagrama), donde devela sus orígenes en la literatura (su padre fue poeta, Gabriela Mistral su gran amiga, "Platero y yo" de Juan Ramón Jiménez su libro de infancia) y recuerda que brindó con champaña en el golpe de 1973 y que una vez dentro del poder judicial se fue enterando "del drama, la desaparición forzada, el secuestro y la tortura", dice el actual Decano de la Facultad de Derecho de la Universidad Central al teléfono.

Y aunque podría pensarse que a Guzmán lo persigue el sueño incumplido de no haber condenado a Pinochet, él dice tener la conciencia tranquila. "Hay cosas que nadie me va a poder quitar, como encontrar 20 cuerpos que fueron desaparecidos, ver el hallazgo de las osamentas en el Cementerio Municipal de Concepción o las encargaturas de reos que hice a Pinochet, en circunstancias que fue la Corte Suprema que revocó los procesamientos. Pero eso no es problema mío. No soy justiciero ni Batman", sentencia.

Guzmán sabe que "sin poesía estamos fritos". Por eso actualmente prepara una novela: "Muriel". "La pienso terminar en el verano y tiene que ver con una detenida desaparecida que ficcioné. La historia está basada en todas aquellas cosas que pasan en los centros de detención y tortura, los recursos de amparo rechazados, los padres y su desesperación", comenta.

LA MÁQUINA QUE LLORA

"La sentencia también puede ser un bello poema", advierte Roberto Contreras, Ministro de la Corte de Apelaciones de San Miguel, el mismo que en 1996 instruyó el proceso por asociación ilícita y tráfico de drogas al interior del Congreso cuando era juez del Tercer Juzgado del Crimen de Valparaíso.

A Contreras la literatura lo encontró de improviso, pensando poemas en voz alta cuando niño y mientras estudiaba derecho en la Universidad Católica de Valparaíso. Ahí pensó dejar leyes, pero la pelirroja escritora Stella Díaz Varín lo detuvo. "Le dije que quería dejar los estudios y dedicarme a la poesía. Y ella, con toda su sabiduría de nodriza sagrada, me dijo que esperara, que la vida de los poetas no era fácil", expresa el ministro.

Pero si los jueces, pese a su poder y su función social son tan mortales como el cesante de la Plaza de Armas, ¿alguna vez han condenado a un inocente?

El magistrado responde con poesía: "¿Puede equivocarse una puesta de sol? Es realidad, sucede, está allí. El proceso es el fruto de su propia dinámica, de sus luces y sombras, de sus certezas e inexactitudes. Es el reflejo de un mundo y uno lo vive allí, intensamente. Acá atardece, en Japón ya es madrugada". Sobre las contradicciones del oficio, explica: "Pase un caso judicial por un computador y vea que sale. ¿Qué hace al juez diferente a la máquina? Su sensibilidad, su posibilidad de amar y des-amar, la cotidiana conversación con el vendedor de diarios, su hija que le pide ayuda en las tareas, el dolor de muelas, la pesadilla que le despierta de madrugada, los jueces congregados, viejos y jóvenes, en un acto literario de lanzamiento de este libro, en que se reconocen humanos, simples, hermanos, sin pretensiones, compartiendo palabras".

EN BASE A LA PASTA

"Yo condené a Edith Baeza.

La condené a cinco años y un día de presidio, por el delito de tráfico...".

El poema que abre este reportaje pertenece al actual Ministro de la Corte de Apelaciones de Rancagua Raúl Mera Muñoz. En él, el magistrado plantea un conflicto moral como el que debió haber vivido al investigar el crimen de los máximos dirigentes del Frente Patriótico Manuel Rodríguez, Cecilia Magni y Raúl Pellegrin. Caso que, por falta de pruebas, le impidió en su tiempo someter a proceso a funcionarios de Carabineros del Gope y de Dipolcar vinculados a la denuncia. Actualmente sí procesados.

La disyuntiva interna que supone para un juez, lograr el equilibro entre ley y corazón, es una de sus tareas más difíciles. Y en el caso de Mera, fue uno de los motivos que lo impulsó a escribir: "Llegué a la literatura finalmente movido por la necesidad de expresar diversas emociones, desde la nostalgia de la niñez hasta la búsqueda espiritual, pasando por el peso que carga a veces el corazón cuando se asume la enorme tarea de juzgar al prójimo", declara.

Sobre la crónica que reflexiona sobre la condena a una prostituta y traficante de poca monta, cuenta que lo escribió cuando era Juez de Letras en Iquique. "Ciertamente en esa época la ley de drogas era más rígida y no permitía, como hoy, discriminar entre traficantes grandes o pequeños. Además existía ya esa histeria colectiva que a mi juicio ha contaminado el tema en nuestro país, de forma que se demonizaba a los procesados", afirma.

SI NO HAY JUSTICIA, HAY POESÍA

"Esta puerta estaba reservada solamente para ti. Ahora voy a cerrarla..." dice Kafka en "Ante la Ley". La frase la saca a colación el Juez del Juzgado de Letras y Garantía de Curepto Juan Mihovilovich, para explicar la compleja comunión que existe entre poeta y magistrado.

"Soy juez para sobrevivir y escribo para vivir", sentencia Mihovilovich quien ha figurado como finalista del Premio Planeta y ha sido traducido a más de 10 idiomas (su última novela "El contagio de la locura" acaba de ser trasladada al croata).

Pero ¿cómo se lidia con la soledad a minutos de condenar a otro? El juez responde: "Sencillamente no acostumbrándome a mirar a ese semejante como un dato estadístico. Ese que está ahí, frente al estrado, el día de mañana puedo ser yo, sin perjuicio de intentar comprender las motivaciones últimas o primeras de una conducta que es merecedora de sanción. Y luego la pregunta inevitable es ¿quién soy yo para hacerlo? ¿Quién me revistió de este poder? El mejor espejo es más tarde la propia conciencia individual, esa donde sólo cabe el dilema de ser juez y de ser humano".

-No tenemos justicia pero hay poesía

-Seguramente mucha gente debe sentirlo así y no se la puede condenar por eso. Como también afirmar que sí, que la poesía existe y está a nuestro alrededor y en nuestras fibras, al sonreír, al mirarnos, al amar y ser amados. Ese es un acto mínimo de justicia.

ARISTÓTELES ESPAÑA: “ES UN LIBRO HISTÓRICO”

El hombre que se ocupó durante un año de la selección de textos y la posterior edición y publicación del libro dice que estamos ante un texto que “no sólo devela el quehacer político y cultural del Chile del siglo XX, sino que están resumidos todos los géneros de la literatura chilena: hay poesía, relato, narración y crónica, además de verso libre, poemas escritos en castellano antiguo, erotismo, cuentos políticos, campesinos, urbanos y décimas. Es un libro histórico”, explica. Además, el ex Vicepresidente de la Sociedad de Escritores de Chile, cuenta que actuó “como un director de orquesta”. “Fue una experiencia, porque además de ser un libro único en su género en toda América Latina, los jueces se desnudan. Lo novedoso del libro también es que por primera vez aparece un ex presidente de la Corte Suprema de América Latina, como es Servando Jordán”, enfatiza. “Jueces en la Literatura Chilena” podría ser una de las aristas de un proyecto mayor: escribir la historia del poder judicial en Chile. Al respecto, España dice “estoy involucrado, pero no se puede adelantar nada por ahora”.

 

23/12/2007 14:28. Publicado por: Arístides Chamorro Rivas #. Justicia

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