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EL GRAN CHILENO

EL GRAN CHILENO

 Un capítulo más de la guerra cultural que se vive en Chile. Se prepara un ajuste curricular en Ciencias Sociales, cuya aplicación contribuirá, sin duda, al intento de implantar en Chile una nueva memoria histórica.

            Alguna polémica ha originado el concurso de TVN "El gran chileno", destinado a elegir al personaje más destacado de la historia de nuestro país. Hace poco concluyó una de las etapas principales de aquél, que consistió en someter a votación de alumnos y profesores una lista de 60 personas, preparada por un grupo de 18 académicos y premios nacionales, para seleccionar a 10.

            Los resultados de esa selección han promovido un debate acerca de lo que ellos significan. Uno de nuestros más destacados historiadores ha subrayado la irrelevancia de la iniciativa. Pero el resultado de la selección hecha por un universo de 100 mil personas tiene un profundo significado. Un respetado investigador de la historia reciente de Chile ha apuntado a que esta selección ---que ha permitido eliminar a O'Higgins, Portales, Bello, Barros Arana y Balmaceda, entre muchos otros, dejando a Neruda, Gabriela Mistral, Violeta Parra, Alberto Hurtado, Manuel Rodríguez, Arturo Prat, Lautaro, Víctor Jara, José Miguel Carrera y Salvador Allende--- es un capítulo más de la "guerra cultural" que se vive en Chile y que ha erigido a Allende en, virtualmente, un héroe.

            Esta confrontación, de la que una serie del Canal 13 sobre personajes de nuestra historia ha sido otro capítulo, ha surgido del sostenido intento, proveniente de dependencias del Ministerio de Educación, de imponer una forma muy excluyente de comprender la historia. Esta disciplina ha sido, tanto en Chile como en el extranjero, el instrumento preferido en muchos casos para difundir entre los estudiantes visiones ideológicas afines a las de los gobernantes. En los regímenes totalitarios, como el cubano, es muy sencillo el logro de ese propósito. En un país como el nuestro, en que en teoría existe la libertad de enseñanza, resulta más ostensible. Un primer paso ha sido convertir la historia en una parte de las llamadas Ciencias Sociales, que congrega a otras disciplinas como derecho, economía, sociología, geografía y ciencia política. Como el estudiante, carente de claras nociones temporales, está incapacitado para abrirse a las complejidades del pasado, opta por mirarlo todo desde la perspectiva del presente. El riesgoso resultado es que, careciendo de las herramientas para una crítica bien fundada frente a los hechos que le entregan en el aula, llega a aceptar las simplificaciones más elementales.

            En muchos aspectos, estas iniciativas han seguido el modelo español que puso en práctica el primer gobierno del PSOE, como en su momento lo subrayó uno de sus prohombres. A este respecto, es ilustrativo el cambio producido en las generaciones jóvenes peninsulares respecto del descubrimiento y la conquista de América, que quedó muy bien reflejado en 1992, con ocasión del quinto centenario de la gesta colombina.

            Muy determinante en la política educacional de la Concertación ha sido la fijación de los objetivos fundamentales y los contenidos mínimos obligatorios, que han significado una pérdida de libertad de los colegios en el diseño de los planes y programas de estudio. Ahora se está preparando un ajuste curricular en Ciencias Sociales, cuya aplicación contribuirá, sin duda, al intento de implantar en Chile una nueva memoria histórica.

 "El Mercurio"

16 de Diciembre de 2007

 

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